jueves, 15 de noviembre de 2018

FACHO



   El tipo un metro noventa, con un traje impecable, corte de pelo a lo Hitler y unas manotas con cinco boletas disfuncionales, Arba, Afip, Anses, Grimoldi y Frávega.
   ─Quiero pensar que hubo un error. Dijo el hombre gigante.
   Se acercaron todos los empleados al escritorio del flaquito, encargado del Departamento de Equívocos. Una inofensiva y menuda persona ─¿Puedo ayudarle en algo, Sr. Debucchi? Estoy a su disposición.
   El tipo dando con los zapatos al piso, como un caballo brioso ─¿Las deudas son veraces?
   El menudo, luego de mirar la compu, respondió: ─Absolutamente Sr. Debucchi.
   El tipo le arrebató las boletas, las hizo un bollo y le pidió al empleado menudo que abriera la boca, le metió el bollo y lo empujaba con los dedotes.
   Cuando se fue, los empleados hablaban de la pinta del tipo, la forma de conducirse, su inefable potencia, era “El Hombre”.
   La admiración excesiva los hizo olvidar del compañero que le faltaba el aire, murió como las personas prescindibles, sin que nadie lo advierta.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

HACER COMO SE DEBE



   Le dieron un Certificado trucho de Acompañante Terapéutico. Un amigo lo ayudó. —Te presentás con un jogging importado, zapatillas yanquis, recién bañado, uñas cortas impecables, el pelo estilo nazi. Te regalo todo, llegó en un conteiner y nadie lo reclamó. Mi novia te hace un currículum extenso, vas a ver que la Madre, cuando lo reciba, lo pasará por el corta tiras, ¿cómo se llama la familia?
   —Chichi y Onorato  Del Vulgo.
   Paco quiso darle ánimos. —Los conozco, el hijo les nació fallado, la vieja lo quería. Lo quería tener lejos, con Niñeras, Psicólogos, Fisioterapeutas y Kinesiólogos. Los Padres se iban a dormir sin saludarlo. Si te recibe la Madre, tené cuidado, le apasionan los jóvenes y seduce todo el tiempo, si no le das bola te dirá: “Quiero que lo lleve en su silla de ruedas Maxi Cooper a tomar sol, o frío, aún si llueve, él estará encantado vive en una habitación cerrada con llave, por cualquier cosa.”
   Al día siguiente, a las ocho hs, allí estaba Robin, esperando al minusválido cuyo nombre era Hood. Se presentaron solos: —Yo soy Robin, el encargado de llevarte a pasear.
   —Yo me llamo Hood, ¡Es genial, Robin Hood!
   Les decía piropos a cuanto culo pasaba. Nadie se ofendía, pensaban que estaba mal de la cabeza. Muy irónico, la cabeza era lo más sano que tenía. Un día le propuso una carrera, él con silla y Robin corriendo a su lado. Ganó Hood y con su boca instalada en la mejilla derecha, dijo: —Tenés un premio consuelo, esta Maxi Cooper tiene un microasiento, tras de mí. Vamos a tomar la calle, tengo habilitado un permiso para ir a la velocidad que quiera.
   Robin se adaptó al pequeño asiento, usaron la bajada para discas, Hood tomó la avenida hasta el río, a 200 km/h. El río estaba color plata. Mientras comían con placer un inmundo sánguche de chorizo: —Robin, ahora que somos amigos, Mamá te dio la llave de mi dormitorio, para no tener que ocuparse de abrir. Tengo un plan y necesito tu ayuda. Debemos proceder con hiper discreción y sigilo.
   Robin tuvo algo de temor, pero no podía dejarlo solo. Vio en sus ojos que sin él su plan fracasaría.
   —Mis Padres se van a Europa, odian el invierno y les permite olvidar al adefesio que vengo a ser yo. Tres meses tenemos ¡Tres meses!, Robin, el mundo será nuestro.
   A Robin le gustó la adrenalina de la tarea, más el frasquito que le hizo tomar Hood. El Personal de Servicio viajó con Chichi y Onorato Del Vulgo. Chichi curtía con el Mayordomo y Onorato con la Mucama. Hood gritaba: —Vamos, Robin, quitá la araña de caireles, debajo del círculo de yeso está el baúl, si obturás el botón izquierdo, bajará lentamente, te ayudo a llevarlo a la terraza, donde un helicóptero nos espera, vamos hasta Ezeiza y de allí a Estambul.
   Robin le pone cara de terror. —Robin, tenemos todo falso, menos 200.000 millones de dólares genuinos. Quiero llegar pronto, tengo una virgen que sabe de mi aspecto, me quiere por lo que pienso. Estaba harto de las películas porno, ausentes de pasión. Es grosero confesarlo, ella está enterada de mi miembro XXL y me espera desnuda y sin camisón. Robin, para vos hay de lo que quieras. Después nos compramos una isla, la más grande del mundo, donde encontraremos amor y paz. Allí hay una clínica donde se ejerce Medicina de última generación. Luego de tres operaciones, caminaré sobre mis piernas, mi cara será simétrica y los cruces de los músculos tan dolorosos, volverán a postura normal. Robin, ¿me podrás cuidar?  

martes, 13 de noviembre de 2018

AMORES CONTIGO



   Vos me hablabas todo el tiempo de él y las virtudes, caprichos, inventos para nadie. Ni bien descubrió que cantabas y vivías al lado, apareció, en bata, golpeó despacio, vos estabas en camisón.
   Te dijo: —Portamos la ropa correcta, para dar una vuelta en cama.
   La mina piensa y…me dieron celos, somos amantes desde el secundario y quisimos seguir así, aunque otras circunstancias, se nos cruzaran en la vida, siempre estuviste sola, no quiero dejarte sin él.
   —Sé que soy generosa, respeté los deseos ajenos, postergando los propios. Ahora no quiero, te casaste, felicitaciones, pero nosotros seguiremos siendo amantes. No le preguntes, una de sus virtudes es no herir, sabe de tu fragilidad.
   ¿Cómo se atreve a contar todo junto?, me lo banco porque es mi hermana, ni siquiera considero que me hayan traicionado. Los actos de amor no son crímenes, nadie murió, nadie mató. Todos quisimos. Nos casamos porque llovía y justo pasamos por una iglesia.
   Están hablando las hermanitas, la mayor seguirá siendo mi amante, de todos los días, un espacio nuestro, yo le enseñé, ella me enseñó. No sé quién, pero ni necesidad tenemos de decirnos que es para siempre. La más chica estaba sola, tocando la guitarra y su tristeza, atravesaba la pared de mi bulín.
   Cuando escuché los primeros acordes, golpeé despacio, ella estaba en camisón y yo en bata. Se produjo el principio.

lunes, 12 de noviembre de 2018

TAN AGRADABLE



   Clemencia puso un cartelito impreso: “SE ALQUILA”.
   Llegó un matrimonio de ancianos, con la plata en mano, alquilaron.
   —¿Uds tienen muchos años de casados?
   El viejito la miró con extrañeza. —Somos hermanos, los únicos que estamos vivos, los más viejos de diez hermanos.
   Les mostró la mínima vivienda, pero los hermanos eran tan pequeños, que la casita parecía grande.
   —Tenemos pocos muebles, una cama, una mesa, dos hamacas vaivén y cuatro sillas. Con el tiempo nos achicamos, con mi hermano fuimos altos, pero ahora medimos un metro cincuenta. Nuestros nietos nos regalaron el mobiliario en miniatura, que de chicos tenían para jugar. Podemos movernos con libertad, nada nos pesa. Es importante ser libre a los…
   —Ya le vas a decir nuestra edad a la Señora.
   Clemencia sintió curiosidad.
   —Por educación le digo que yo tengo 98 y él 99, soy menor, él dice que es lo mismo, pero no es igual, lo dice de envidioso. Más quisiera él tener 98.
   Ella ya se retiraba, pero pensó,: —Si necesitan algo, me tocan esta campanita.
   Los viejitos sonreían complacidos. —Es Ud muy amable, Señora Clemencia, pero nosotros casi no comemos, una sopita, un huevo duro…pavadas, vaya tranquila, no la molestaremos.
   Y fue cierto, a los tres meses fallecieron los dos juntos…hasta tocaron la campanita en el último suspiro, para anoticiar a Clemencia. Ella quedó triste, sostenían charlas del tiempo de antes, que la dejaban más feliz que mirar su teleteatro. Volvió a poner el cartel de “SE ALQUILA”.
   El mismo día apareció una chica sola y a punto de parir, mientras firmaban el contrato, tuvo las primeras contracciones. Soledad sintió dolores, por suerte Clemencia había sido Partera de toda la vida y la atendió con tranquilidad de oficio. Soledad se recostó en una camilla antigua. Tres pujos y salió un niño menudo, otro pujo y salió una niña y cuando Clemencia pensó que ya estaba todo, asomó el último, gordo y cabezón.
   La casita se extendió a la de Clemencia, que todavía guardaba cunitas del Hospital que las dio de baja y Soledad las pintó y les tejió frazaditas al crochet. La casa y la casita se llenaron de alegría. Clemencia, muy creyente, pensó que Dios le había regalado una familia.
   Quedó sentada mirando el capítulo final de su teleteatro. Llegó a las últimas escenas dormida, soñó con los hermanos ancianos, la aparición de Soledad y su prolífico parto.
   El cartel de “SE ALQUILA” estuvo a cargo de Clemencia, confeccionado por propia voluntad, para traerle “merde” a las actuaciones.
   Cuando finalizó el teleteatro, se festejó en vivo, el personaje de Clemencia lamentó no ser ella, Soledad lloró frente a cámaras por su esterilidad que le hubiera impedido tener tres hijos al hilo. Los Ancianos se quedaron en “La Casa Del Teatro”, donde vivían.
   —Fue nuestro último trabajo, hermana.
   No los llevaron al Canal, porque temieron que tan emotiva despedida les paralizara el corazón.
   Los muchachos que realizaron la Escenografía, la desarmaron con tristeza, el más viejo se llevó el cartel de “SE ALQUILA”, de recuerdo.

domingo, 11 de noviembre de 2018

EN ALPARGATAS



   Iba con mis Abuelas de vacaciones y no me dejaban jugar con los hijos de los peones. Decían que tenían feas costumbres, sucias costumbres.
   A los doce seguí escribiendo historias del campo, con lenguaje citadino.
   —Nos gusta que vengas seguido,  el ojo del amo engorda el ganado.
   Me parecieron palabras esclavistas y los reuní a todos, les autoricé la casita vieja, para terminar el hacinamiento y la ganancia de cuatro parcelas, para cultivo y pastoreo de media docena de ganado vacuno.
   En medio de tanto silencio y amaneceres de pájaros y mugidos, tenía espacios en la cabeza, que promovían ideas para mis cuentos. Cumplí mis estudios de Letras a Distancia y viajaba a Buenos Aires para los finales.
   Mis Abuelas ancianas percibían ciertos cambios que los atribuían a la habilidad de su nieta. Algunos días me reunía con los peones, sus mujeres y niños. Comíamos juntos. Daba placer escuchar bombo y guitarras, las risas de los chicos.
   —Nena, estuvimos pensando que pasaras más días en Buenos Aires, sino te vas a quedar para vestir santos o peor, casada con un peón, te suponemos sensata. Tus dos libritos se vendieron bien.
   Pensé en el asco de Bs As y en los amigos de allá, cuyo único objetivo, era el dinero. Yo no tenía buena comunicación, ni ellos conmigo, antes de pasar una tarde en un Country, prefería tomar mate bajo el ombú, el perfume de los aromos y las mujeres sencillas, intoxicadas de eses, pero con historias de vida que usaba en mis cuentos. Después les leía algunos, donde aparecía la historia de una.
   —Qué lindo que sale ahí, donde lo escribiste, es lo que te conté pero con palabras más lujosas.
   Y otra decía: —A mí me gusta cuando usás mi nombre, pero me da vergüencita, ¿vistes?
   Eché raíces en ese lugar, aprendí a cambiar ruedas de tractor, gracias a Cayetano que me enseñó. A mí me sudaba la cara y él sacaba un trapo de por ahí y me secaba la frente. A la siesta, como decía Cayetano, íbamos al tanque australiano, quedaba lejos y nos metíamos con ropa y todo.
   Mis Abuelas no vinieron más. —Mirá, Nena, estamos muy ancianas para tanta zarandaja, alguna vez venite vos.
   Caminando entre girasoles, un día nublado iba con Caye, (le decía así para abreviar su nombre), se largó a llover, perdí una alpargata y el resbalón me hizo caer encima de Caye, fue la primera vez que le vi los ojos, siempre andaba con una boina enjaretada. Me quise morir, eran iguales al mar tranquilo, se vio que no me quería ayudar a salir de encima de él, me apretaba fuerte y el pecado original se hizo presente.
   Cuando mi panza no se pudo disimular, se produjo la boda, los dos quisimos que fuera diferente a todas. Vino el Cura del Pueblo, nos vestimos de blanco. Hicimos la plancha en el tanque australiano, cubierto de pétalos de rosa. El Cura decía: —Nunca asistí a una boda acuática. Después de esta herejía, si me permiten, soy un ser humano con calor.
   Y se tiró al agua con sotana y todo.

sábado, 10 de noviembre de 2018

BROTES



   Voy a preguntar por el tapial al ermitaño.
   —Señor Oliverio, no quiero interrumpir sus pensamientos.
   Es mi vecina, la que le reza a las flores y se le secan, las saluda cada vez que pasa, les da besitos, las acaricia, las baña con jabón de bebé, las enjuaga con agua tibia.
   —Necesito consultarlo, mis flores están tan mustias, que algunas agonizan, sufro yo y sufren ellas, les doy todo el amor que tengo. ¿Será poco? Usted que fue tan sabio y prudente en su profesión de Psicoanalista, ¿cuál es su opinión acerca de estas bellezas, casi mis hijas?
   Esta mujer tiene perfiles psicóticos, produce un efecto paradojal en su jardín, morirán todas la flores juntas y ese día llorará como una loca, fuerte y tupido, mis pensamientos acusarán esa tristeza, se pondrán agrios y no podré comer más mi único alimento…viviré mis días hambreado y no tendré fuerzas para atender a mi único amigo, de los miércoles a las cinco de la tarde.
   —Mi querida, debe dejar que ellas hagan su vida, quizás desean encontrarse consigo mismas, trate de recordar a sus padres y esa sobreprotección que ejercieron sobre Ud, tal vez le impidieron tener novios, para que estudiara y se recibiera de lo que ellos quisieron y no pudieron. Los Padres degluten a sus Hijos, si uno no se las toma de su casa.
   Esta mujer, ¿podrá procesar mis sugerencias? Recuerdo haber tenido dos o tres pacientes con relaciones florísticas mortales. Una en especial se colgó de una viga y pétalos mustios le salían de la boca.
   No debo pensar más porque vuelvo a la situación que produjo mi huida, la confusión de pensamientos. Se me perdían en el aire y logré que desaparecieran. Por eso me encerré en esta casa y planté pensamientos para recuperar los míos. El agua de lluvia y la tierra sin fertilizantes, produjo cantidades tan importantes, que comencé a comer pensamientos.
   —¿Me escucha, mi querida? De hablar con Ud se me han despertado deseos que creía ausentes. La invito a una visita, por favor use el tapial, yo vivo desnudo, Ud venga igual, pero con brotes de flores sobrevivientes. Puede que ellas comprendan lo que haremos y le vuelvan a prender. Eso sí, no me deje brotes de malvón, ni de estrelicias, comerlas me caen muy mal.  

viernes, 9 de noviembre de 2018

TANTO JODER!



   —Dame un abrazo, Quintina, más fuerte, gracias Quinti. Hice todo tu itinerario, vi y viví maravillas. A las cosas terribles les di vuelta la cara.
   Me dan ganas de decirle que ella siempre fue así, pero tengo deudas del corazón, sería bueno palmearle la espalda y pellizcarle los cachetes.
   —Choli, sabés que estoy sola, al Padre de mis Hijos lo mataron en Angola, a los chicos también. No llores que yo lloré por vos. Casi me vuelvo loca, elegí un camino entreverado, difícil, pero el dolor se transformó en odio. ¿Te acordás que no pensaba volver a esta patria pisoteada? Cambié y no sabés cuánto.
   Ahora me va a decir que votó y me voy a cagar de risa.
   —Después de enterarme por amigos, conexiones y fotos y videos, material del bueno, supe del Bizco y la Estúpida, el desfalco a todo un País. Llegué para las elecciones, voté a Marqui, como toda persona de bien, sin esperanzas, para oponer. Resultó que el Príncipe Idiota nos hace pagar la deuda que dejó la Perra, a todos nosotros. Las barbaridades que ya sabés, Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, dan vergüenza ajena, tristeza y no existen, perversión y bueno, detalles tan gritados y sabidos, que no hablaré.
   Me mira con ojos de vaca muerta, pero sabe, sabe todo. No es capaz de echar una buena puteada a tanta putada. Tiene miedo de mí. Qué lo parió, si hay miles de cosas para tener miedo.
   —Choli, necesito un favor enorme, te fue muy bien económicamente, no necesitás explicar que fue genuino. Quiero alquilar los dos pisitos que tenés frente a Tribunales, el que está paralelo al Congreso y ese alto que da a la Rosada.
   Esta Quintina se piró, tiene cojones la guacha. No le puedo decir que no, pero sí preguntarle para qué los necesita.
   —Tenés suerte, Quinti, están desocupados, a la gente no le interesan esos lugares aledaños a la inmundicia. ¿Para qué son?
   Yo le cuento, ella pasó por todo y jamás abrió la boca. Choli es una mina de ley.
   —Vivo con cinco tipos con ideología, entrenados en Turquía como francotiradores, hay elementos con alto poder de detección. Yo sé tirar, aprendí en Inglaterra, entonces somos seis. Los días elegidos coinciden con tu cumpleaños. Son regalos por todo lo que pasaste en los 70 y porque ya no hay más caminos.
   Me imagino el final de su discurso, siempre tomó por el lado más bestia de la vida. Soy la más indicada para…¿pero para qué…?
   Fue Lunes, Martes y la semana siguiente, agujeros en la nuca a los más corruptos de segunda línea, a los de tercera línea, testaferros, apropiadores de tierras vendidas a los gringos. Los de primera, Quintina es muy ordenada, a la Estúpida Perra Ladrona, ¡Justo el día de mi cumple! Y sin querer una bala rebotó al Príncipe Idiota. La violencia engendra violencia. El año que viene, la violencia engendrada, va a parir sola.
   Quintina y sus muchachos se trasladarán a Medio Oriente, o donde sean necesarios.  

jueves, 8 de noviembre de 2018

SI SUPIERA



   La nostalgia me abruma y perdí la conciencia de mi ancianidad. Una relación de tres años, intensa, sin coincidencias de intereses, excepto los furtivos encuentros de cuerpos sin reparos.
   Despedidas que me dejaban incógnitas y estómago de mariposas salvajes. La perversión crecía y mis deseos se expandían, los suyos permanecían para luego tornarse exiguos.
   Abandonó su casa paterna y alquiló un monoambiente. No tenía cuadros ni tapices ni sillones. Adentro reinaban elementos gimnásticos, que daban frío, todo daba a un patio con macetas enormes en filas perfectas, trazadas con escuadra. Verde sin amor y ninguna flor.
   Preparó un licuado con vegetales y leche de soja. Delante de su mini casa fueron a vivir unas chicas, que lo usaban para computear sus apuntes de la Facultad.
   —Me tienen harto, es todos los días, no les digo nada porque hay dos tan lindas.
  Me pegó una estocada en el corazón. Pasó tiempo y me dediqué a sufrir, es lo que mejor hago.
   Empezó en un gimnasio, donde trabajaba compulsivo. Apareció una señora que le enseñó elementos de Yoga al empezar sus ejercicios y a cerrarlos al terminar. Yo no sabía nada, me enteré por terceros. Visitaba a la señora, que le abría la puerta todos los días. A mí, me la cerró para siempre.
   Pasó hace tanto tiempo y no puedo olvidar. Quedaron heridas expuestas. Jamás volvimos a vernos. No sé dónde vive, si se casó y tuvo hijos, si vive aquí o en Alemania. Si está vivo o se murió. Todas estas intrigas no mitigan aquello que nunca fue. Si supiera, olvidaría para siempre aquel dolor tan antiguo, que todavía late ciego.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

LUCER



   Quise ver el afuera del jardín pero no pude. Hacía más de un año que los vidrios no recibían limpieza, parecían esmerilados con la impronta de las lluvias y sus gotas que eligieron instalarse unas sobre otras.
   Mis días transcurrían escribiendo o leyendo.
   Cuando miré la primavera todas las flores y los árboles se adivinaban. Los tules del abandono me despegaron del escritorio, mi madre se jactaba de no limpiar los vidrios hasta que no se pudiera mirar a través de ellos. Es genético pensé, fui a buscar el aerosol y lenta, pero segura, procedí hasta llegar a la transparencia absoluta. Seguí con otras ventanas de la casa, como un auto a 120 km por hora, quité las telas de araña, cambié sábanas, limpié el baño, la cocina y pasé la aspiradora. Ordené todo como loca fóbica. Me quedé sin nafta, el auto se detuvo, abrí la ducha y permanecí hasta que el agua no quiso saber más nada con salir caliente. El auto quedó knock out, me desplomé en la cama, envuelta en tohallas. Dormí el sueño de los ángeles. Cuando desperté, con el auto lleno de nafta, enfilé al escritorio, que generoso me murmuraba un cuento.
   Se trata de alguien que mira a su alrededor y no reconoce el orden. Pregunta quien fue el cerdo que asesinó las telas de araña, buenas tejedoras y dejó pasar toda la luz, olvidando la penumbra que da luz al pensamiento. Quise escribir, pero no pude.

martes, 6 de noviembre de 2018

ENCUENTROS BIOLÓGICOS



   Lo trajo su Papá, cara de bueno, los saludos pertinentes y después él, con la misma cara de ángel, alto, casi como yo, su Abuela biológica. Hace tres años que nos conocemos, cumple quince el 9 de enero. Nos presentaron y vi la imagen de mi Padre, de mi Hijo, de mi Marido. Fue un viaje de rostros mezclados, hasta que aterricé en Ángel, parecido a sí mismo y un nombre levitado.
   Dejó caer su mochila con diez remeras que no usará, tres vaqueros que tampoco y zapatillas para recorrer el mundo en tres días. Escuchar su voz grave, suave y mansa.
   Siempre dolió no conocer su primera infancia, pero lo diluye su lenguaje adulto e ingenuo. Le conté que su Padre biológico, llegaba a la una, se le rompió el auto, vino en micro lechero, de ruedas gastadas y ruta con pozos, de pronto sale su voz: —Sí, no te preocupes si llega tarde, él ya me avisó lo del auto, lo del micro.
   Recién caí que ellos se comunican gracias a la tecnología y Ángel sabe más de mi hijo en tres años, que yo en treinta y cuatro.
   Su Padre llegó con dos horas de retardo y él continuó su relación en el celular, hasta que se puso de pie, sin que nadie hubiera escuchado nada, abrió la puerta y juntaron pie con pie, saludo yanqui y abrazo. Pasé a ser una espectadora de ese encuentro, que se prolongaba entre ellos. A veces necesito escuchar murmullos, risas y relatos, que me son vedados. Había que ponerse al día, faltaron tantos años.
   Me emociona cuando los veo cruzar la plaza, casi de mi misma altura, con las manos en los bolsillos, los pies hacia afuera y de vez en cuando palmadas en la espalda. Exactos y haciendo planes para viajar a…ahí se cortó la señal y me quedé sin saber. Estaban juntos, los detalles no importan.  

lunes, 5 de noviembre de 2018

TESTIGOS



   —Los vi con mis propios ojos, están a la vuelta de aquí, por favor hagan algo ya.
   El policía, con cara de sueño llamó a otro que llamó a otro.
   —¡Qué suerte que son tres! -Dije con inocencia-.
   Casi sin aire les conté que había un camión negro y una doble fila de gente armada mal vestida. Por el medio pasaban jóvenes y los tipos les pegaban patadas en cualquier parte y culatazos para que subieran al vehículo. Había tres más chicos, eran arrastrados de los pelos.
   Ellos ni escuchaban, me pidieron documentos, se comunicaron con alguien, les decían mi número de DNI. Yo les gritaba que no perdieran tiempo, porque se iban a ir. Apareció un gordo panzón con aspecto de jefe. Dijo que me fuera a mi casa, mientras a los otros los tildaba de boludos. Decía que yo tenía doce años y que era una pendeja estúpida. Cuando salí estaban mis amigos en el fitito que manejaba mi novio. Nos temblaban las piernas a todos. En la estación de servicio de 7 y 46 cinco patrulleros rodearon el auto,” ¡Manos atrás de la nuca!” Un flaco tanteó nuestros cuerpos. A mí me preguntaron por qué no llevaba cartera, yo les dije que no me gustaba, para eso estaban los bolsillos del vaquero. Abrieron la puerta de una patrulla y nos trasladaron a la comisaría primera. Los chicos ligaron unos cachetazos, a mí no me hicieron nada. Le pedí al policía más petiso que llamara a mis padres porque me iban a matar. El tipo preguntó:
   —¿Quiénes, nosotros?
   Miré mis zapatos y le dije que no, que de eso se encargarían mis padres.
   Entró mi madre, por la puerta que tenía dos policías a derecha e izquierda, con armas largas cruzadas. Mamá les dijo que sacaran esas porquerías porque me tenía que retirar. Luego entró papá, tarjeteando que era abogado, Director de sumarios en la Legislatura. Llegó el padre de mi novio, con su falcon verde, dijo que era el Doctor S. Los polis respetaron más el falcon verde que su oficio de médico.
   Nuestros dos amigos quedaron allí para averiguación de antecedentes. Ellos eran lúmpenes. Al día siguiente sus padres pusieron un dinero, bastante por cierto y salieron.
   Festejamos en la Plaza Moreno, con una botella de cachaça y todos se reían de mi vieja entrando a la comisaría en camisón, tapado de piel y ruleros. Yo recordé que en casa, mi viejo, cada vez que mami se rayaba, que era todos los días, me guiñaba un ojo y decía ¡Qué General se perdió la Nación!

domingo, 4 de noviembre de 2018

MELLIS



   Saúl vivía de eso, alguna trama hizo de su infancia, un imaginario enfermizo. Buscaba mujeres jóvenes en las líneas de transporte.
Mi tía Alex, melliza de mi madre, escuchó pasos lentos que bajaron tras ella. Ella se apresuraba, los pasos también, ella caminaba despacio, los pasos se detenían. Alex vivía a seis cuadras de donde la dejaba el transporte. Salía tarde de su trabajo, compartía el departamento con su melliza. De pronto tuvo miedo y caminó casi corriendo. Los pasos que la seguían se pusieron a la par.
—¿Sabés que te conozco?, vos trabajás frente a la Municipalidad.
   Alex se sorprendió por aquel abordaje descarado.
   —¿Y usted a qué se dedica?
   Ya estaban a las puertas del edificio. —Yo robo a mujeres jóvenes y rubias, vos reunís mis dos condiciones.
   Le puso el brazo bajo el mentón, ella quedó imposibilitada de gritar. Le arrancó dos cadenitas y un reloj de oro. Mi Madre escuchó el portero eléctrico, porque era la hora que llegaba su hermana. Dicen que los mellizos, se comunican sin mediar nada. Mamá bajó con el atizador de la salamandra. Abrió la puerta y le pegó dos fierrazos al tipo. Quedó tendido en la vereda con las cadenas y el reloj apretados en una mano. Ellas juntaron lo robado y se metieron en el edificio.
   A medianoche, se asomaron y un auto policial se lo llevaba, estaba vivo. A Mami nunca le gustó que faltaran cosas de la casa, bajó a buscar el atizador y lo desinfectó antes de colgarlo.
   —No hablemos del tema porque me da náuseas.
   Estuvieron de acuerdo.

sábado, 3 de noviembre de 2018

EL LUGAR



   Después de su regreso de España, Austria, Hungría, Polonia, Rumania, era divertido escucharlo. Países tranquilos, aunque existan robos, agresiones, saben salir de las situaciones, desde la cabeza, se dejan vivir. Silvia me pellizcó finito: —Tenemos que ir, no quiero seguir regalando lo que gano a este país, que como dijo Eddy, no nos conocen, pero saben lo que estamos sufriendo.
   —Después hablamos, ahora quiero escuchar.
   —Austria es un lugar tranquilo, lo elegiría para vivir.
   Lo decía con voz apagada, los amigos viajábamos con él en sus descripciones. Algunos tenían envidia y a todos les parecía justo el resarcimiento. Eddy fue torturado durante la Dictadura Militar, hay cosas para olvidar y poder permanecer en la vida. A medida que entraba la madrugada dijo que le dio bronca tener que volver, llegó a Buenos Aires y tomó otro vuelo para la Patagonia, donde su mejor amigo, de gracias y desgracias, había decidido vivir.
   —Nos reímos mucho, cuando un tipo de a caballo, le dijo que tenía que tramitar cambio de domicilio “¿Qué cambio si vivo arriba de un médano? Y de aquí no me muevo, vaya y dígale a sus chorros dirigentes que los médanos están rodeados de otros médanos. Mi mujer y yo vivimos en esa casita hecha con todo material reciclado, andamos el día entero en pelotas y si hay sol nos metemos en el mar, no sin antes untarnos con grasa de foca. El único ser viviente que nos visita es un indio que dejaron de muestra y nos trae quesos y verduras, sabe melodías extrañas, que cuentan el paisaje sin nadie. El interior de nuestra casa está forrado con piel de oveja pampeana. No tiene ventanas, sólo un buraco redondo que da al mar.”
   —Sabés, Eddy? Tu viaje me encantó, pero antes que vuelvas al ovillo de Satanás, alias Buenos Aires, quédate unos días, sos un bacán, tenés un traje de neo prene!… Después volvete a Austria, queda en Australia, ¿no?

viernes, 2 de noviembre de 2018

C'EST FINI



   —Mi hermana se mató por su culpa. Y si lo niega es Ud un mentiroso, como Simone de Beauvoir. Todos se la creyeron porque era la mina de Sartre y si alguien decía que Sartre resultaba un pesado, era como decir que a Georgy le faltó madre. ¿Por qué no le editó a Violette? Yo misma le contesto porque la Leduc escribía mejor y sufría como si hubiera sido la peor, ¿sabe de quiénes le hablo? ¿o le quedan los canales obstruídos?
   No sé por qué se molestó en venir, Balcarce es lejos de Vela.
   —Lo de su hermana quedó catapultado en el olvido. Le puedo asegurar que hasta le pedí casarse conmigo y dijo que le daba asco. Su libro tenía dos páginas, que pretendían resumir la historia del mundo. Autora desconocida, publicada por “Ed. Sartre”, hubiera sido un desastre. ¿Cuánto ganaría yo por ese engendro? ¿Cuántos se le hubieran reído en la cara, por aquel disparate tan feo como ella? Suprimir su vida, le vino fenómeno para que todos los medios se ocuparan de ella, ser famosa por dos días. Su libro de dos páginas lo edité y la gente lo compró y se la creyó, mi amigo Vicente, que hace lo que hace la gente, dijo que por fin nos enterábamos porqué el mundo era tan inhóspito. Ya voy por la quinta Edición y siempre aparece algún boludo para felicitarme. Es el tiempo de la Deculturación y hasta los imbuidos en la materia, deliran que es el último libro que escribió Simone de Beauvoir.
   —¿Me quiere decir Ud, para qué demonio entramos en el tiempo de la tecnología? Si no te guía.
   Ojalá se calle, el viejo ladrón. —Mirá viejo, vengo a cobrar mis derechos de autora, el librito que vos denostás con tanta ligereza, lo escribí yo, tengo testigos y jueces. Mi hermana, la pobre, era analfabeta. Dame la guita y no tendrás el placer de ver más mi cara, ni yo de ver la tuya de viejo choto.

jueves, 1 de noviembre de 2018

VACUNADOS



   Lo dibujó en un papel, nos llevó al terreno vacío y dijo que miráramos a través del papel cera, el piso quince, señalado con un punto rojo, globo a gas y nosotros como dos boludos, le dimos el adelanto de trescientos mil dólares. Al día siguiente le entregamos el dinero y con el entusiasmo olvidamos la certificación. Fuimos al siguiente y la Oficina era tapera, nunca se construyó nada, obvio y quedamos en la calle.
   Luego de curtir el duelo y sabiendo que aquello no tenía solución, a mí mujer se le ocurrió algo. Teníamos enfrente un terreno del tamaño de una manzana. Nadie sabía a quién pertenecía, pero una cortadora de superficies grandes dejaba un césped grueso y prolijo.
   Estaba rodeado de postes cuadrangulares, de madera noble, pintados con cetol y con cinco recorridos de alambres sin púas. Pusimos un aviso en el diario y llovieron las respuestas. Nos comportamos como el estafador, mostramos el papel cera, para ver a través. Conseguimos un globo a gas, rojo y a los futuros adquirentes, les señalábamos la ubicación de los distintos pisos. Mi mujer los atendía con ropa de diseño y escotes escotados. Yo con mi traje de casamiento y una corbata discreta, como la discreción.
   Cayeron tres puntos, con autos lungos gamuzados y uno tras otro dieron el adelanto confiando en nuestro aspecto confiable. Con novecientos mil dólares y otros cuatro puntos que cayeron retardados, dos millones doscientos mil dólares, desaparecimos del pueblo.
   Compramos una casa rodante importada de Panamá. Llegamos a una playa mejicana, conducía mi mujer cantando: “—…si será gil ese gil, que creyó en tu aristocracia…”
   Le dije —Amor, pará ahí, por si nos trae mala suerte.
   Ella contestó: —Estamos vacunados, amor, relajate…

miércoles, 31 de octubre de 2018

CUATROFILIA



   —Con los alumnos fue buena como docente virtuosa. Pero en casa era una perra, ladraba cuando el almuerzo y eso que tenía Cocinera. Ella era la única en darse cuenta que debía ocuparse de nosotros, la dulce María que volvió a su pueblo cuando moría.
   Me parecieron ajenas aquellas confesiones. 
—José, esa no era tu vida, vos permitías que gritara todo el día, hasta dormir la siesta. ¿Y tus hijos?
   ¿Cómo le digo sin obtener su desprecio? 
—Vivían en un internado, donde eran muy bien tratados, los fines de semana iba a buscarlos. Fernandito preguntaba. “¿Volvemos a lo de Cruela De Vil?, ¡qué moplo!” Los recibía con un “Hola” y sin levantar la vista, corregía cuadernos.
   Demetrio tenía la impresión que él sabía, pero lo vivía como un descanso. Todas las mañanas, Cruela hacía el amor con Demetrio, volvía a la Escuela, buena y dulce. Los alumnos la querían como a una madre. Inventaba números y palabras para  que los chicos no se aburrieran. Era el único grado que funcionaba. No había Docentes, ni Directora, ni Portera y el sueldo venía cuando querían. Demetrio, que tuvo finados ricos, no trabajaba.
   Él hacía la limpieza de la Escuela y encontraba oportunidades para echarse un touch and go con Cruela. Gritaba placentero y los chicos se asustaban. Le preguntaban qué le había pasado y ella les decía que sufría de estreñimiento.
   Un niño curioso, preguntó qué quería decir eso. Cruela le pidió que lo buscara en el diccionario. Al día siguiente se hizo presente la madre, con una cajita de Dulcolax, pidió perdón por la intromisión:
—Yo sé lo que es eso, pero este producto le quita hasta la arruga que tiene entre ceja y ceja.
   La Madre del niño del laxante, era amante de José, desde que los hijos de Cruela iban al internado. El domingo del cumpleaños de José, hicieron un asado. Estaban Cruela, Demetrio, los niños que vinieron del internado, jugaron toda la tarde con el niño y la Madre del laxante.
   Los duraznos estaban en flor. Había luces y sombras que iluminaban al grupo, donde José y su amante no se miraron nunca. Cruela y Demetrio se hamacaban y luego paseaban por los frutales, tomados del brazo. Nunca dejaron de mirarse.

martes, 30 de octubre de 2018

SEXUAL




   Alguien olvidó una parca. Lo corrí y se la alcancé, dijo gracias y me dio vuelta la cara. Trabajaba en el cubículo frente al mío. Tenía intriga, me asomé a su escritorio. —¿Me acompañás a comprar puchos?
   Le extrañó mi invitación. —Es como si dijeras a comprar veneno, pero vamos.
   Noté que me seguía a todas partes y ahora, si yo lo miraba, él también. Sus zonas predilectas eran mi culo, las tetas y mi boca.
   No daba más, le pregunté: —¿Y?
   Encontré un papelito en mi escritorio: “Te espero en la terraza, yo estoy como vos, es a las 18 horas, cumplí ese horario, porque después vienen otros. No te conozco, pero te quiero, intuyo que siempre te quise. No sabía que vos también.”
   Subimos al ascensor angosto, cuerpo a cuerpo y respirar era tormenta. Lo trabamos e hicimos el amor antes de quitarnos la ropa y después todo.
   Había encuentros tan frecuentes que no soportábamos la espera, cualquier lugar venía bien, públicos, entre yuyos y privados. Un día propuso atarme de pies y manos a la cama. Le escupí la cara rogando que me desatara. Subí al auto y me arrepentí antes de llegar, él estaba adentro con las sogas en la mano, lo puse boca arriba y de paso practiqué nudos marineros, lo monté como a un caballo y descubrí sus dotes de madera.
   Empezó la Facultad y nuestro alejamiento. Los encuentros fueron esporádicos y hablaba de sus compañeras, ocho años menores que yo. —Vos de joven debías estar buena, pero ahora tengo una compañera que te gana por varios cuerpos.
   Lo mandé a la mierda, sádico perverso. Renunciamos a nuestros trabajos y los dos obtuvimos laburos de menos horas, triplicando aquellos sueldos.
   Sus ojos parecían decir adiós y los míos ya extrañaban.
   No me casé ni tuve hijos, el tiempo pasaba y su imagen permanecía. Llegué a la vejez y gracias a Internet, logré localizarlo.
   Fui al lugar donde vivía, me atendió él, pelado, cara carrujada, lo reconocí por los ojos celestes en el fondo de sus párpados tristes. Yo estaba igual o peor, él no me reconoció. No le dije. Pretexté una equivocación. Escuché unos pasos tras de mí, era su hijo, una reproducción de él, joven.
   Subí al auto, la neblina no me permitió ver un hombre haciendo señas desesperadas, las ruedas pasaron por su cuerpo, bajé y era él, tuvo tiempo de murmurar: —Que se atrasen todos los relojes, te espero en la terraza…

lunes, 29 de octubre de 2018

SENEGAL



   —Recorrí muchos países por trabajos de la empresa “Tupac Encomandita Por Acciones”. Me eligieron por mi porte distinguido, mis rasgos regulares de ojos verdes convincentes, como mi voz profunda que hablaba cinco idiomas y exponía con lenguaje académico, las propuestas de la Empresa. Sabés que daba una imagen tan respetable, que los hombres se negaban la pretensión de invitarme, ni a una copa.
   Corcho, su amigo de la infancia, le miraba esa boca perfecta y quedaba en estado de gracia. —Si querés saber mi opinión, Jezabel, no podés seguir virgen con treinta años, te conozco de chiquita, pero tu cuerpo clama deseos intensos, por parte del género masculino, número singular, a saber yo.
   Ella miró la boca de Corchito y con lentitud de ofidio, le dibujó los labios con la lengua. —Jezabel, quiero que pruebes otras bocas en cada viaje, cuando termines con todos, yo te espero, vos decidís.
   Sus palabras dieron permiso a mis ganas. En Tokio, un japonés alto, me besó reiki y luego metió su lengua suave, recorriendo mis dientes. Cuando me despedí, descubro que estaban blancos como la nieve.
   El segundo punto fue Emiratos Árabes, allí uno que elogió mi pronunciación de su idioma, tenía ojos oscuros intensos y se acercó a mi boca, sonámbulo. Yo tomé la iniciativa de rozar apenas sus labios violetas, había residuos de arena, en aquella boca. No me gustó, pero le regalé una sonrisa antes de tomar el vuelo a Senegal.
   Me invitaron a la Embajada, pero pretexté una jaqueca importante. Recorrí los bares de los barrios bajos y los hombres en cuero, esos lomos que daban ganas de comerles la boca, pensaron que era puta, se pusieron en fila para besarme y mi libido alcanzó para todos.
   Terminé por el de pestañas más largas y ojos más tristes, su boca era mullida, tibia y su respiración se aceleraba. Acosté mis labios en los suyos, inventamos un cóctel de lenguas y caminamos hasta la orilla del mar, prendidos de nuestro beso. Me tomó la cintura con una sola mano, que me dio la vuelta. Sentí que el Universo me paseaba por el cielo y nada más importaba.
   La sensación se retiró como vino, le miré los ojos, ahora eran contentos, iba a decirle que tuve un orgasmo, pero se adelantó él.
   —Jezabel, por favor, no encerremos lo que vivimos, en una palabra.  

domingo, 28 de octubre de 2018

CLAVADO



   Entró al negocio de reparación de zapatos. 
—Buen día, apellido y para hoy, ¿no?
   —No soy cliente, quiero pedir un remisse, pero mi celular no funciona. ¿Sería tan amable de pedir uno a esta dirección?
   Era un chico alto, lindo, muy lindo, bien vestido, con zapatillas de marca y ojos claros definidos. 
—Cómo no, espérelo afuera, porque éste es una flecha.
   Teresa lo miró a través de la ventana, el chico prendió un cigarrillo, lo apagó de inmediato porque el auto ya estaba.
   —¿Me espera un segundo? Debo cargar algunas cosas y el camión de mudanzas está al tope.
   Entró al pasillo de los departamentos colindantes a lo de Teresa.
   —Cargo una pantalla, un equipo de música y un microondas, y lamento no poder llevar la heladera, mañana vengo.
    Al remisero le pareció muy lejos, pero el chico y su gorra le inspiraron confianza, era un barrio picante.
   Al mediodía cayeron tres patrulleros y se colgaron del timbre, golpearon fuerte y la puerta era nueva, ella corrió y abrió.
   —Señora, va a tener que acompañarnos a la Seccional. ¿A usted le robaron?
   Tere contestó: —No, para nada.
   El poli dijo: —Tiene que acompañarnos a una rueda de reconocimiento, señale la persona que hoy por la mañana le pidió un remisse.
   Tere dio la descripción del chico. —Parecido a todos los de su edad, en fin, los acompaño.
   Toro, su marido, llamó a su mejor amigo, un excelente Abogado. Pidió que la llevara, para no dejar los niños solos y no quiso que vieran ese lugar gris y oscuro.
   Tere sintió el cuarto mundo, la sentaron en un banco alto, ella esperaba el vidrio que al otro lado es espejo. Pero no, éste era un papel madera, con un agujerito al medio, donde se podía asomar un ojo. Al otro lado, cinco chicos, altos, entre dieciocho y veinte años.
   —Cuando encuentre al acusado, pulse el botón.
   Asomó el ojo y observó que todos se parecían, comenzó a mirar de las zapatillas hacia arriba, tal vez esto se lo dio su oficio.
   El primero bajaba la cabeza, el segundo inclinaba su gorro, en el tercero se dibujaba el miedo, el cuarto tenía a aquellas zapatillas, no se le movía un pelo, derecho, bien depositado en el piso y la cabeza mirando directo al agujero, con los ojos clavados en el agujero. Tere escuchó que esos ojos hablaban, “Si me llegás a reconocer, te mato, a vos y toda tu familia”.
   Se tomó del brazo del Abogado. —A quien sea que deba dirigirme, ninguno de los chicos se corresponde con el que yo vi. Quiero ir a mi casa, este episodio fue muy desagradable.
   El Oficial Principal dijo: —La felicito por su valentía de ciudadana y haber cumplido como tal.
   El Fiscal agregó que hay pocas personas que se avienen a atestiguar. Lo de Tere fue una rareza.
   Cuando llegó a su casa, la esperaba la familia del departamento robado, contando que entre el remisero y la casa donde dejaron al ladrón, encontraron todo lo sustraído. Del chico no se supo nada, le agradecieron con abrazos.
   Teresa quedó catatónica, no dormía ni noche ni día, pensando en el acero de esos ojos, cuando clavaron los suyos.
   Pasaron dos días y abrió el diario, en primera plana estaba el chico esposado. Había matado con premeditación y alevosía a un matrimonio y dos hijos, cuya única pertenencia eran 400 pesos.        

sábado, 27 de octubre de 2018

LE TIRÉ LA MEJOR



   Queda frente a donde se cultivan las naranjas más ricas de Buenos Aires. El aire tenía olor a naranja y se esparcía por la casa que me prestaron unos amigos locos, alemanes. Vivían seis meses en Frankfurt y seis meses en su quintón, con bosques y estanques.
   Mis amigos pensaban que todo ese lugar tenía una vibra ocupada, en revertir los estados negativos y transformar ideas que rondaban pensamientos con belleza. Apareció otro amigo de los chicos.
   —Visito este lugar en la época donde parecen llegar todas las luciérnagas que aman el aire del bosque. Ese olor a naranjas las pasma y transforman su color, hay luciérnagas amarillas, azules, rojas, todo el círculo cromático. Esto no lo cuentes a nadie, forma parte del secreto de la casa. Conque me permitas dormir en la buhardilla, para mí está bien.
   Le dije que sí, pero me pareció raro que los chicos no me hubieran advertido esa visita inesperada. Le pedí de onda que me ayudara a construir estructuras de madera de doce caras, forradas en tules casi sin gramado. Una de las caras quedaría libre para la fiesta de lucecitas.
   Los estanques eran navegados por nenúfares blancos que las salamandras de ojos curiosos miraban desde las orillas. Eran mejicanas, de allí las trajeron, algunas hurgueteaban nuestros bolsos. Pasamos una noche respetando los no permitidos de los chicos. No fumar, no tomar alcohol, no música. Escuchar sólo los sonidos de la Naturaleza.
   Cuando miramos las estructuras con luciérnagas multicolores dentro, nuestra armonía con el Universo, nos durmió de asombro.
   Al amanecer tenía hipotermia. Busqué mis abrigos y no estaban, mi mochila tampoco, busqué al amigo de los chicos, había desparecido. Pintó una cruz esvástica en la pared de la cocina.
   A dos Km, había una Seccional de Policía, declaré lo sucedido, son cabeza los tipos, me pedían documentos y una de las razones de la denuncia, fue el hurto de mis documentos y demás papeles.
   —Bueno, lo vamos a detener hasta averiguar si lo que dice es veraz.
   Pedí hablar con un Abogado y llamé a mi viejo, al que hacía dos años que no veía.
   Me liberaron enseguida y prometieron encontrar lo robado...
   —Vos no vas a aprender nunca, en dos años no sabía ni dónde vivías, pero para usarme, ningún prurito. Te dije mil veces que a los alemanes no les des bola, son nazis. ¿No te entra?
   Me despidió con el polvo que levantó su auto. Yo subí a mi moto y desde casa, llamé a Frankfurt.