domingo, 21 de mayo de 2023

UNA NIÑA ENCATADA

 

   La mejor amiga de Mamá me invitó a pasar la primavera con ella. Mis Padres se alegraron. Se tomaron vacaciones de mí, que era una niña demandante todo el día. Yo tenía cinco cuando pasó la primera vez.

   El Jardinero de casa tenía una casilla de madera para guardar los elementos de su trabajo. Yo lo seguía a todas partes, se ponía una nariz de Payaso y otra vez de Pinocho. Le gustaba disfrazarse para que yo me riera. Una tarde lluviosa me invitó a su casilla. Hizo un pequeño fuego.

   ─Vamos a tomar calor, tenés la ropita empapada.

   Me sacó la remera y el pantalón, él se quitó su ropa de trabajo. Me hizo cosquillas y me acostó sobre su pecho y mientras me acariciaba la cabeza, se durmió. Aproveché para vestirme lo más rápido que pude. Llegué a casa y le pregunté a mi Mamá:

   ─¿A vos te parece normal el Jardinero que tenemos?

   ─Es un viejo raro, casi no habla, pero distribuye flores por color y tamaño, no conozco nada igual.

   ─Te cuento algo, me puso dentro de su casilla y me quitó toda la ropa, después de tocarme el cuerpo se durmió, me vestí y vine para acá.

   Mi Mamá espantada recurrió a mi Papá. Llamaron una ambulancia para mí y un móvil policial para el Jardinero.

   Me revisaron y no tenía nada. Al Viejo lo acusaron de pedófilo.

   ─¿Qué quiere decir pedófilo?

   Debe ser que se tira muchos pedos. En la casilla había olor a pedo.

   Yo no sabía, me enteré después. Tita, la amiga de Mamá después de contarle lo que había pasado, le preguntó si podía tenerme en su casa un tiempo.

   Sucedió algo muy importante, el Jardinero logró fugarse. Cuando llegué a lo de Tita quedé extasiada, había caminos de rosas, de lilas, zapatitos de Venus, prímulas y otros nombres que no recuerdo.

   ─¡Tita!, este jardín está encantado.

   ─¿Sabés lo que pasa?, conseguí un Jardinero magnífico y sabio en el arte de las flores.

   ─¡Uy, Tita, lo quiero conocer! Porque pasaron tantas cosas en casa, que se nos fue la persona que se ocupaba de nuestro jardín.

   Venía caminando arrastrando una carretilla.

   ─¿Ves? Ese es el Jardinero, vení que te lo presento.

   ─¡Tita, por favor, ese viejo es pedofólico!

   Y el Viejo contestó:

   ─Ay, ay, los niños tiene una imaginación Doña Tita, que si uno le va a creer todo lo que dicen, es hombre muerto.

   Aunque tenía cinco años era una niña con una fuerza notable y si me enojaba, peor. Mientras escuchaba al Viejo mintiendo, tomé la horqueta más filosa y lo atravesé de lado a lado.

sábado, 20 de mayo de 2023

DAR LETRA

 

   —Mi Papá dice que los yanquis son unos hijos de puta.

   —Paula! No debés hablar con malas palabras.

   —Yo no digo malas palabras, pero mi Papá sí, él dice que los grandes pueden…

   —Y además de insultarlos ¿Qué más cuenta?

   —Que desatan guerras para vender armas y ampliar sus fronteras, matan gente en todo el mundo y venden drogas…y…y…y qué sé yo qué más dice, yo lo apago porque se me hace lío en la cabeza.

   —¿Cómo lo apago, tu papá tiene botones?

   —Está todas las mañanas en la radio, tiene mi apellido ¿Nunca lo escuchó señorita?...

   —Sí Paula, es un excelente periodista, yo no lo escucho porque trabajo, si pudiera lo haría.

   —Yo que Ud lo pensaría dos veces, mi Papi odia los maestros y dedica programas enteros a hablar mal de ustedes. Dice que nos ponen más tontos de lo que somos y no nos enseñan un carajo, esa palabra la dice él, yo no.

   —¿Y para qué te manda al colegio si así piensa?

   —Eso es lo que le pregunto siempre, a mí, la verdá, el colegio no me gusta.

   —¿Y entonces…? No entiendo Pauli…

   —Papi tiene su opinión, el otro día escuché a Mami suplicando “Que vaya al cole ¡Por favor! Así me deja descansar cuatro horas, aunque sea”.

   —Bueno Pauli, deciles que los espero mañana, a las diez, necesito hablar con ellos.

   —Yo les digo, pero no van a venir, ellos no pisan instituciones mafiosas. Yo me sé lo que quiere decir mafioso, es sinónimo de gobierno, según Papi.

viernes, 19 de mayo de 2023

CUANDO QUIERAN YA SABEN

 

    —Me tengo que hacer las manos y los pies.

   —No entiendo, Mami, yo miro y tenés dos manos y dos pies. Seguro que son invisibles. Te prometo que no le voy a contar ni a mi amigo imaginario.

   —Niño lindo y bueno, es para que yo, una Mami linda y buena, sea más hermosa que nadie.

   —Vos no sos linda ni buena, ni hermosa.

   —No es cierto, qué cruel que sos.

   —No sos linda, tenés bigotes que te olvidás de cortarlos y acordate la paliza que me diste ayer, por escribir las paredes, eso es de mala.

   —Y vos enano ¿no te das cuenta que pintamos toda la casa?

   —Me pareció triste, toda blanca. Le hice unos dibujos de superdotado, según la Abuela, que es artista. Ganó premios y todo. Siempre tiene manchada con arquílico, toda su ropa.

   —Eso porque es sucia, no le importa vivir entre la mugre. Tiene una sola cualidad, sos el preferido y te quiere un montón.

   —Ma, ¿no me das permiso para visitarla?, quedarme unos días, dos o tres, o lo que vos digas.

   Dice que lo tiene que consultar con Papá, lo escuché a Papá cómo se puso de contento, dijo:

   —¡Por fin solos! Vamos a disfrutar como si fuéramos novios.

   Me llevó en el auto, Abu me esperaba en la puerta, que tiene forma de corazón.

   Sus pelos estaban enredados, dice que hace mucho que no encuentra el peine.

   —¿No querés pintar conmigo?

   Ya que estaba, me puse a elegir los mejores óleos. Ella me enseñó cómo usar la trementina, abría las ventanas para que corriera el aire. Parece que es tóxica.

   —No le cuentes a tu Mami, porque no le va a gustar.

   Después de un rato le pregunté:

   —Abu, es la hora del almuerzo, no te olvides.

   —Sí, me olvido y detesto los horarios. Tengo que seguir pintando, me falta poco y lo debo entregar. Acá tenés manzanas del sur, las mejores. Comé las que quieras. Cuando termine esto, jugamos a las escondidas.

   Nunca me divertí tanto, mientras estábamos afuera, trepó por el molino grande, sin que yo viera y no la podía encontrar. Miré para arriba y me invitó a subir. Fue difícil, pero llegué, bajar no pude porque tengo vértigo. Ella me bajó a caballito.

   Abu era vegetariana, le ayudé a cortar, pisar y mezclar lo que me indicaba. Se sentó en un banco y le pregunté: —¿Qué estás haciendo?

   —Estoy trabajando.

   —Pero si no hacés nada.

   —Cuando pinto, empiezo pensando.

   Nos acostamos tarde, yo tenía mi relojito y eran como las cinco. Me dejó dormir hasta las quince.

   —¿Cómo pude dormir tanto?

   —Porque estabas tan cansado, mirá cómo será, te dormiste antes de escuchar mi cuento de fantasmas.

   —Mejor para mí, Abu, tus cuentos me asustan. ¿Hay fantasmas aquí?

   —En todas las casas hay fantasmas, menos en las que tienen secretos.

   —Ves, a mí los secretos me encantan, me los guardo adentro y me río sólo, o me pongo a llorar sin que nadie me escuche.

   Me fueron a buscar antes de lo que yo esperaba, preguntaron cómo me fue.

   —Me aburrí muchííísimo, pobre Abu, nunca se le ocurre nada divertido.

   Les mentí para que no se pusieran en celo, quiero decir celosos.

   —Abu me enseñó la libertad, una pavada, ¿no?

jueves, 18 de mayo de 2023

BORRADOR

 

   Esta mañana me desperté, con muchas ganas de acostarme a dormir. Hoy nos reunimos con las chicas en un restaurante, que es caro y se come nouvelle cuisine, que viene de poco. Tiene separadores con la otra gente. Se escucha todo, pero no importa, es divertido escuchar a matrimonios, parejas, amantes, colegas. Cuando dejan sus celulares y se comunican primero despacio, pero al final de las botellas, levantan la voz. Celina llega primera, después las demás. Última y demacrada, no me da por el make up.

   —Pensábamos que ya no venías y nos extrañó, porque vos, Chiqui, no tenés problema, en dos minutos estás lista.

   Después de escuchar boludeces, les leía la boca, para salvarme del sonido. Hoy es 25 de Mayo y soy la abanderada, se me fue de la cabeza, debo tener un microagujero, por donde pierdo la memoria. Llegué cuando estaban todos formados. Crucé corriendo hasta la bandera y la pude izar. Un viento, que primero sopló despacio y después se escucharon los truenos. Cayó en la cabeza de la Directora, el mástil con su punta de metal. Se partió en dos. La punta la tenía clavada en el rodete y con la bandera se envolvió.

   Cantamos la última estrofa del Himno, casi ni se escuchaba. Dieron por terminado el festejo y desalojaron la Escuela. La bandera se tiñó de rojo, pero la Directora permanecía de pie, con la punta en la cabeza y un geiser que expulsaba sangre. Llegué última y me fui primera. No quise mirar el desastre. Me gustaría saber qué se festeja. Los maravillosos Gobiernos que tenemos, tuvimos y tendremos.

   Un pueblo tan cobarde, que siempre aplaudió la muerte. El exitismo que presta a sus líderes, que son los reyes de los robos. Los que no dejan estudiar a los jóvenes, prefiriendo que sirvan mesas.

   Una manga de delincuentes con corbata, que nos sigue dejando en bolas. ¡Qué carajo festejan! My God.

   Será por eso que esta mañana, me desperté con ganas de acostarme a dormir.

miércoles, 17 de mayo de 2023

UNA CAJA

 

   —Nos peleamos, nos dijimos de todo, boludo, inútil, cortamambo, asno.

   —¿Cómo se van a decir esas cosas?

   —Yo tengo memoria y recuerdo tus peleas a los gritos, puteando por cualquier cosa a mi Papi. Mami, te quería contar que mi novia veranea en San Bernardo y yo prefiero Monte Hermoso. Decidimos San Bernardo. Decidió ella. Estaríamos solos para preguntarnos qué hacer o qué no hacer.

   —Joven lindo y bueno, ¿qué quieren decir con hacer o no hacer?

   —El amor, Mami, el amor. Yo sé que ella quiere, pero yo no sé. Se cree que soy célibe, pero antes me acosté con muchas chicas.

   —¿Y a cuántas te cojiste?

   —Me cojí un montón, pero esta me gusta porque es virgen todavía.

   Cuando llegó el Padre, ella le contó todo con lujo de detalles.

   —¡Estúpida! ¡Qué tenés en la cabeza!, sos una irresponsable, todavía es un niño y vos se lo entregás a cualquiera.

   —Es su Novia y parece que la quiere, se compró una caja grande de profilácticos, ¿los usará todos?

   —Tengo ganas de hablar con la Madre de esa chica. Vos quedate, después te cuento.

   La Mujer tenía la puerta abierta, justo salía.

   —Mire, soy el Papá del chico que es amigo de su hija, ¿a usted le parece bien que vayan juntos de vacaciones? Mi chico es un Don Juan y su hija parece liberal y divertida.

  —A mí me parece excelente que alguien use la casa de San Bernardo, nosotros no vamos nunca. Lo invito a mi hidromasaje. Lo noto muy tenso, y eso lo va a relajar. Quítese la ropa mientras yo me quito la mía.

   El estar con esa Mujer, nadando en redondo, le produjo muchas ganas de hacer lo que no hacía durante tanto tiempo. Luego de estar en el cielo, volvió a su casa. Su Mujer estaba despierta.

   —¿Y? ¿Qué me contás?

   —La Madre tiene aspecto de clerical y anda con la Biblia en la mano, prácticamente me obligó a rezar el Padrenuestro, dos Ave María y dar gracias a Dios. Podemos estar tranquilos y dejarlos ir de vacaciones.

   Y al final, se convenció.

   —Mami, en la playa lo pasamos de primera, tuvimos algún cambio de palabras. En especial cuando caminábamos por la orilla y ella se negaba, porque se mareaba. En casa me pedía perdón y no sabés cómo perdonaba.

martes, 16 de mayo de 2023

EN LA CABEZA

 

   —Hijo, tengo que hablarte ─ese tono que usa, me parece de mala espina.

   ─Mami, está esperando un bebé, para que puedas jugar con él y cuando deje el cochecito y aprenda a caminar, vos lo podés sacar a pasear.

   —Me niego a aceptar tu idea, soy un niño lindo y bueno y no quiero tener un hermano. Si fueras más generosa, podés suspender el embarazo. Lo dicen todos los días por radio. Te mandan una pastillita y tenés derecho a un aborto.

   —Mirá, querido yo no soy partidaria de todas esas cosas. Lo que me mandó Dios, lo debo aceptar.

   —Mami, perdoname, pero éstas son cosas de hombres, lo voy a hablar con Papi, cuando vuelva del trabajo. Vos no sabés lo que te espera, yo tampoco sé, pero Papi se va a poner furioso.

   Llegó temprano.

   —¿Papi, sabés que Mami está esperando un bebé? No es hijo tuyo, se lo mandó Dios.

   Papá entró en la cocina como un drone.

   —¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada? Sos una mentirosa. Primero le das la noticia a nuestro niño lindo y bueno, si no fuera por él, ni me enteraba.

   Va a nacer una bebé, yo no quiero conocerla, me imagino el olor, cuando haga caca o vomite y Mami le dará la teta. No quiero presenciar nada.

   Conseguí cajas de cartón y las voy llenando con mis juguetes y toda la ropita que tengo, no quiero que ese engendro me use mi ropa, que es una herencia. Cuando terminé de guardar todo, fui bajando las escaleras de a uno. Todo tenía su peso y yo quería disimular.

   Me senté en el umbral de mi casa y tomé un taxi.

   —¿Vos no sos muy chiquito para escapar de tu casa?

   Y entonces le conté la verdad, no me gusta mentir.

   —Va a llegar a mi casa un engendro, que sin conocerlo, ya lo odio el doble, porque además es una bebeza.

   —No sé si me vas a entender, te devuelvo a tu casa, para mí es mucha responsabilidad. Te ayudo a bajar estas cosas, vas a ver qué contentos se van a poner tus papis.

   —¡Qué suerte que volviste!, niño bonito y bueno, te hicimos una broma, Mami no tiene nada en la panza, fue para ver tu reacción.

   —Es cierto, Mami, veo que tu panza está chatita. Pero la broma que me hiciste, indica que no tenés nada en la panza, ni en la cabeza.

lunes, 15 de mayo de 2023

MEJOR COMENZARÍA DE TÍ

 

   —Bien, Ud. dirá, Alicia.

   Lo ví tan seguro de sí mismo, el retrato de Freud atrás de su sillón, era su vivo retrato, me puse colorada. Como él permanecía en silencio se lo dije de una:

   —Soy virgen y tengo treinta y cinco años.

   —Ahá, ahá, bueno es un problema que usted misma puede revertir.

   Me puse a llorar, soy tonta, no tengo remedio, me alcanzó un pañuelo para una sola lágrima, los que ofrecen los analistas, hartos de llantos  femeninos.

   —Debe haber algo que tendremos que investigar ¿Cómo era Mami con usted, Alicia?

   Éstos siempre con el mismo verso, de Mami y Papi, ya me lo sé de memoria.

   —Mi madre era virgen, muy buena y generosa.

  Ahora me interrumpe, tal cual:

   —¿Cómo que su Mami era virgen? ¿Y su padre qué opinaba al respecto?

   No le podía ver los ojos, porque usaba anteojos culo de botella, no tenía otra que dirigirme a los culo de botella.

   —Mi Papá no opinaba, él también era casto.

Como el Doc no decía nada, menos que nada, seguí mi relato:

   —Ellos me contaron que yo nací sola, por obra y gracia del Espíritu Santo, siempre deseé conocer al Espíritu Santo, después de todo era mi padre. También me dijeron que él estaba en el cielo, en la tierra y en todo lugar. Revisé todos los placares, debajo de la cama, los muebles de la casa, dí vuelta la tierra del jardín y nada. Subí a la terraza de noche y allí tampoco estaba. Me cortó de nuevo, le gustó mi cuento.

   —Dígame Alicia, ¿Usted lo extraña?

   —Doctor, eso es el pasado, yo lo que quiero es dejar de ser virgen y pensé que usted me ayudaría.

   Me miró peripléjico:

   —Es usted joven, ya va a aparecer alguien, vamos a ir viendo.

   Pensar que éste estudió, cómo sería si no.

   —Mire Doc, yo quiero que usted rompa mi virginidad, soy directa, asuma su responsabilidad profesional, acá tenemos un buen sillón, sé que usted está bien dotado, vio como son los pueblos, finalmente se conoce el tamaño de todo. Me voy sacando la ropa y empiece de una vez. Acérquese, yo lo desvisto, rápido, que llega el fin de mi sesión.

   Un encanto el Doc, quedó plenamente satisfecho y aumentó mis sesiones a dos veces por semana. Hace poco propuso que viviéramos juntos. Le dije que necesitaba pensarlo, al menos seis o siete sesiones más.

   Hay que crear un poco de misterio, sobre todo con éstos, que se creen que se las saben todas.

domingo, 14 de mayo de 2023

HORMONAS

 

   Tengo dos amigas, a decir verdad son dos medio amigas, que sumando es una amiga. Hablan en estéreo, no sé por qué siempre estoy al medio.

   Valentina y Soledad atribuyen mis dolores a que soy hipocondríaca. Se ríen de mí, sin mí. Tomamos sol y nos tiramos a la pileta, el agua parece helada, pero de eso se trata el juego, calcinarnos y meternos al agua. Tomando una gaseosa, el dolor me dobló el cuerpo. Valentina gritaba que era un calambre, Soledad creía en una somatización por mis padres ausentes. La tía de Vale salió de la casa y me tocó todo el cuerpo, sentenció que aquello no era calambre ni somatización.

   El tío me llevó al hospital, así, hecha un nudo. Por suerte las chicas vinieron conmigo y murmuraban las distintas enfermedades, que podían caber en un viaje de veinte minutos, hasta la sala de guardia.

   Vinieron dos médicos que descubrieron lo que tenía, sin mi información, yo no podía hablar.  Practicaron toda clase de estudios, algo escuché a uno de ellos, dijo “¡Bingo!” Me operaron tres nódulos y con un interludio de quince días debieron realizar una histerectomía. Vale, católica de las molestas, puso en la mesita una virgen de manto celeste, que protegía a los enfermos. Sole, más pragmática, me regaló pantuflas, las mías parecían hablar.

   Parece que en mi flaca humanidad había mucho que estudiar. Los médicos venían a saludar todas las mañanas, me tomaban las manos y daban dos palmaditas. Si preguntaba los resultados, sonreían, giraban sobre sí mismos y cerraban la puerta.

   A esa altura le empecé a rezar a la virgencita, fui creyente durante mi terror a la muerte.

   La mañana del sol molesto me dieron la noticia, no se observaban células cancerígenas. Pretendí que me dieran el alta de inmediato, lo conseguí. Sole decía que necesitaban la habitación, por eso me mandaban a casa.

   Cuando las heridas fueron sólo una rayita, todo lo que me rodeaba parecía recién creado, como si me hubieran parido de nuevo.

   Le devolví la virgen a Valentina y las pantuflas nuevas a Soledad. Las mías, viejas, tenían la comodidad del tiempo, recibían mis pies con el mismo formato de ellos.

   Tenía una duda, me quedó una teta normal y la otra casi plana. Encontré al Doctor en una manifestación, me encantan las manifestaciones, si me gustara trabajar, trabajaría de manifestante. Lo seguía y lo perdía, hasta que llegué a la manga de su sobretodo y me colgué hasta descoser la manga, le pregunté porqué me había dejado una teta chata.

   —No te preocupes, se va llenando de nuevos tejidos y te queda igual a la otra. Con la posibilidad que se generen nuevos nódulos y el riesgo de que haya...

   Llegaron los bombos y no escuché más.

   Tengo en mi dormitorio, como tapiz, la manga del sobretodo del Dr. Niedfeld.

sábado, 13 de mayo de 2023

WILLENDORF

 


   La Señora va a la verdulería, conoce al Verdulero de antes y de antes de antes.

   —Dos kilos de papa lavada.

   El tipo le abre el escote y deja caer las papas.

   —No tenemos bolsas.

   —Para eso traigo esta remera elastizada, que se estira largo y ancho, me la trajeron de Miami. Quiero verdurita, tres y tres sin nabo. Media docena de bananas y perejil, me olvidaba.

   —Lo que pidió se lo puse en la remera, le agrego en las mangas chauchines y el perejil, corra la bombachita y se lo pongo en el culo, con los tallos para adentro. El Don lo puede sacar enseguida, darle un poco de jabón, ayuda.

   Salió caminando la Señora, moviendo todas las verduras. Le decían piropos. Cuando llegó le contó al Don, los piropos que le gritaron. Se puso cachondo el Don y vio a su Mujer como a la Venus de Willendorf. La puso en la cama, no le dio con todo por el perejil y las papas, pero le tocó las tetas con placer. Se sorprendió al ver que eran dos zapallos.

   El Don fue a pelear con el Verdulero:

   —¿Con qué derecho se atreve a colarle a mi Mujer, la verdura en todo el cuerpo?

   —Pero mire que era fresca, recién cosechada en la quinta.

   El Verdulero siguió y le respondió:

   —Ella se ofreció a pagar con su propio cuerpo, no sé si le contó. La pasamos de primera. Esperamos con ansiedad su próxima llegada. Corremos a atenderla y el que llega primero es el ganador y recibe un pago de cuerpo. Y si tanto le molestan esas pavadas, ¿por qué no viene usted?, lo atenderemos como a su Mujer. A nosotros nos da lo mismo. Nunca hemos tenido problemas de género.

viernes, 12 de mayo de 2023

BUENA LECHE

   ─¿Qué es lo que le pasa?

   ─Pasar, todavía, no pasó. Hace mucho que llevo estas tetas, que empiezan bajo el mentón y terminan en la cintura. Como nunca tuve culo, quiero que me opere las tetas y las traslade a mi parte trasera. Me gusta ser chata y creo que siendo usted, un cirujano prestigioso, fue lo único que pensé.

   Después de la práctica, me quedó un cuerpo perfecto. El único inconveniente es que mi culo tenía pezones.

   ─Señora, yo lo lamento, pero eso no lo pudimos extirpar. Quédese tranquila, que ahora están de moda los pezones y el culo grande.

   Estoy embarazada, y por dónde da de mamar alguien que tenga pezones en el culo. Encontré un buen Padre, para mi hijo, él se encargó de alimentarlo. Se lo apoyaba en un glúteo y en los cambios de pasar de un pezón al otro, aprovechaba el pezón libre para tomar leche materna.

   No me conformó la idea de comprarme corpiños para el culo… 

jueves, 11 de mayo de 2023

CURRO ONEROSO

   Daba sangre cada vez que me era permitido, después la vendía, un trabajo como cualquier otro. Leí que alguien muy rico, necesitaba un riñón. Me presenté a su casa, con los antecedentes, análisis, edad, encarpetados.

   Le ofrecí mi riñón a cambio de una suma importante, que el Señor rico, duplicó. Luego tuve la oportunidad de vender mi pulmón derecho a un suizo, no esperó saber cuánto, extendió un cheque impensable y me besó las manos. Tenía un primo en Suecia, nos presentó y me quiso comprar la pierna derecha, yo no soy ningún boludo, pagó cash, perfecto.

   Por Internet supe de un inglés que necesitaba un brazo izquierdo, lo quiso hacer en Bolivia, porque salía más barato, se lo oferté por la llegada de las fiestas. Vendí los pabellones de mis orejas a un tipo que era modelo y ese detalle de ausencia le hacía perder todos los castings, a ése le cobré una pichincha.

   En la puerta de un Sanatorio, encontré un Señor caballeroso, le habían ensartado un florete en el ojo, practicando esgrima. Se acercó, ya me conocía todo el mundo, quiso comprar mi ojo izquierdo. Le di mi número de celular y a la semana quedé tuerto.

   Logré una fortuna. Me sentí mezquino cuando supe que el mejor amigo de mi hija, estaba en lista de espera para un trasplante de corazón. Ofrecí el mío. Fue un éxito, se realizó en Montreal.

   Me pusieron un corazón hecho con aleaciones plásticas, funcionó hasta que terminé este cuento. En paz descanso. 

miércoles, 10 de mayo de 2023

TREMENTINA

   Amo que esté nublado, que salga el sol de vez en cuando, son regalo para las plantas y para los chicos que tienen frío. Yo vivo encerrado en lo que se daba en llamar la pieza del opa. Les daba envidia que me divirtiera hasta con una uña de pie ajeno.

   La decisión fue de mis Padres. Lo mejor era el cuarto del opa, mis dibujos eran notables, la bruja de mi Madrastra los mandó a enmarcar.

   —En cuanto estén te los devuelvo.

   Pero no aparecieron más, ni mi Madrastra ni mis dibujos. Lo único que me daba alegría, era dibujar el mundo. Mi Padre, que era un pobre hombre, compró todo tipo de materiales para hacer lo que mi imaginación me dictara. Llegué a realizar pinturas al óleo, de considerables dimensiones, odiaba el acrílico, me sonaba a plástico.

   Me gustaba el olor a trementina, hacía ensoñar. El pobre hombre de mi Padre, hacía exposiciones donde se vendían todos mis cuadros. Un día se asustó mucho, porque la trementina y sus aromas no me dejaban despertar. Fui llevado a un Instituto especialista en vías respiratorias.

   El pobre hombre de mi Padre fue preso por ignorar mi derecho de Autor y quedarse con el dinero. Varias personas del Instituto habían adquirido mis cuadros. Recibí montones de pagos que me hicieron rico. Mi taller sigue siendo la pieza del opa. Pagué la fianza del pobre hombre de mi Padre. La plata nunca me interesó, pero le encargué a un mal hombre, que a todo se atrevía, que matara a la bruja de mi Madrastra. Así lo hizo, le regalé la mitad del dinero que tenía. Primero por su trabajo y segundo por mi conciencia. 

martes, 9 de mayo de 2023

SOCORRO

 

   Jugábamos al miedo, el mejor lugar era el último patio de la casa chorizo. Había una casita para la muchacha con cama, que fue reemplazada para muchachas por hora y más tarde por Mamá todo el día. La casita era el reservorio de la casa, había un maniquí sin brazos ni cabeza, tenía un solo apoyo que era una madera torzada. Una fragata de mi abuelo, gigante, tres catres de campaña, una familia de lauchitas que nunca denunciamos y cuatro roperos altos, con espejos, que multiplicaban el espacio, una ventana con postigones herméticos y la puerta que cantaba voces de fantasmas.

   Éramos tres, Pachi, Isa y yo. El juego consistía en meternos de a uno, cerrar con llave, de afuera y contar en un reloj viejo, cuántos minutos resistíamos. Ese lugar tenía un entramado de telas de araña, iban del maniquí a la fragata, a los cuadros de mar, con oleaje Titanic. Fotos antiguas, húmedas, que daban pánico. Encerramos a Pachi que se metía contento, tenía cinco años, no sabíamos qué hacía adentro, pero era el que más aguantaba, hasta que pisaba algún ratoncito o las telas de araña le envolvían el cuerpo. Según él, lo querían ahogar. Cuando escuchábamos que lloraba y gritaba:

   —Mamá!, Mamá!

   Le abríamos y salía, rebozado en telas de araña y negro de mugre:

   —Las dos son unas perras. ¡Las odio!

   El cobarde se refugió en el delantal de mi Abuela, que seguía mirando su teleteatro y ni lo escuchó. Volvió con nosotros:

   —¿Y ahora? ¿A quién le toca?

   —Vos, Isa, yo elijo porque duré siete minutos, a ver si me ganás.

   Isa se metió de una, pero tropezó con todo, rompió un espejo y se lastimó la frente. Pidió que le abramos. Pachi miró el minutero:

   —Ja!, valiente, tres minutos duró.

   Lo que menos le preocupó fue la frente con sangre. Le puse DG6, una curita y llegó mi turno. El corazón me latía, porque Isa dejó el maniquí en el piso y pensé que era un muerto, se me cayó el retrato de mi Tío Enrique en la cabeza, no me importaron los minutos, les pedí que abrieran. Se habían ido a la vereda, grité como loca y Mamá escuchó. Pachi perdió la llave, Papá abrió con una trincheta y me dejó una semana en penitencia. Isa y Pachi la sacaron gratis.

   Fue la fiesta de egresados de Pachi, nos invitó y como siguió siendo idiota, eran todos varones y nosotras dos las únicas mujeres. El que la iba de líder, propuso jugar al cuarto oscuro, en la pieza de Pachi. Manejaba la luz, previo poner música de Debussy y arrastrar tres cadenas de perro, sin perro, por el mosaico, apagó. Unos degenerados, nos tocaron el culo, las tetas, nos tiraron gaseosas en la espalda, algunos mordieron.

   Nosotras les arrancamos los zapatos y los metimos adentro de las camas, volcamos la mesa de luz en las putitas manos de Pachi, les tirábamos del pelo, hasta quedarnos con buenos pedazos en la mano. Aparecieron los viejos, a ellos les dieron un sermón y a nosotras la Madre nos peinó y emprolijó. Le contamos qué nos habían hecho y la vieja, con ojos de huevo duro, preguntó:

   —¿Y qué más?

   Contestamos que nada más, que no fuera a pensar que, bueno, esas cosas. La vieja respiró. A veces la oscuridad sirve. Yo, entre piñas y mojaduras, reconocí al que estaba más bueno, porque era el único con colita y pelo largo. Aproveché para un revolcón, con beso a boca cerrada. Cuando vino la luz, le escribí mi número de celular. Esperé que me llamara, pero no me llamó, el boludo. Encima se ponía colorado cada vez que nos cruzábamos.

lunes, 8 de mayo de 2023

LA CLASE VIVA

 

  El lenguaje se redujo hasta en las malas palabras, éstas últimas ahora son buenas, más aptas para el no consumo y liberan apetencias asesinas.  Un adolescente llama a su compañero: ¡Ché puto! Y el otro responde: ¿No ves, boludo?, la rueda se hizo concha.

   Los ejemplos serían infinitos. Está la sensación común de creer cada vez menos. Entonces, las malas palabras, dejan de serlo, como las palabras semáforo, helado, zapallo, cada una tiene un valor intrínseco, que no necesita nombre. Aparece la era de la seña, fuck you, los cuernitos, el dedito acusador. La función del dedo tiende a expandirse, tanto para un moco seco pendiente, como para digitar un celular.

   Prepárense, falta poco para las cuatro patas.

   —¿Qué piensan de mi desarrollo nueva era?

   Los alumnos le arrojaban tizas, chicles masticados, cantaban a coro:

   —¡Que se vaya! ¡Que se vaya!

   Dieron vuelta los bancos formaron barricadas y jugaban a la intifada.

   El profesor renunció y vive en Bolivia, tuvo un encuentro casual con cuatro de sus fucking alumnos, estaban haciendo dedo.

  Los reconoció,  su auto le patinó raro, encima de sus ex alumnos.

domingo, 7 de mayo de 2023

MAGO

 

   Facundo Culette se levantaba de mal humor, su vida se reducía a hacer cola para cobrar, para pagar. De Lunes a Viernes. Hasta el día que su nieta le regaló los nuevos chicles “Gigant” “Para transformar la furia en dulzura, el judío en católico, el portero en gerente, su mujer en linda, sus hijos en buenos.” El prospecto tenía letra de hormiga y cobertura de mutual.

   —Abu, —dijo Rosita— podés hacer globos y todas las figuras geométricas que se te ocurran.

  Bajando del micro Facundo Culette metió el chicle en la boca. Las colas daban vueltas de una manzana a otra, se encontraban las puntas y el último se creía el primero. A medida que caminaba al averno de las hormigas, miró el reloj y calculó seis horas de pie. Esa conclusión lo llevó a masticar el chicle con intensidad, hasta que salió de su boca e hizo un globo como Rosita, cuando explotó fue sobre cinco cabezas que trataban de quitarse ese pegote. Sólo lo lograron aquellos dispuestos a perder los cuatro pelos que les quedaban. El chicle seguía fluyendo y envolvía las personas encoladas, los transeúntes comunes, los Azulitos llamaban por sus celulares pero las señales se obturaron con el chicle. Como fue mago de circo, Facundo Culette aullaba con voz de vieja:

   —¡Es un atentado, es un atentado!

   El chicle seguía su curso enrollando esto y aquello, pelucas, anteojos, semáforos.

   Llegó a un cajero automático, hizo el último tramo de su vida obligada. Su primera jubilación. Olvidó que el chicle seguía invadiendo, se pegaban billetes que volaban solos de las cajas.

   Al día siguiente salió en todos los diarios, que en Tandil había nevado.

   Estela llamó al cuarto del Abuelo:

   —¿Viste que salimos en el diario?

   —Lo que veo es cómo les gusta mentir.

   —Alegrate Abuelo, la verdad ya la dijeron otros “…Y en el mismo chicle, todos manoseaos…” 

sábado, 6 de mayo de 2023

LENTEJA

 

   Eran tan acelerados y acompañaban su forma de vivir con el apellido: Flia Rapitón. Comían rápido, se duchaban rápido, limpiaban rápido y esa rapidez seguía en la calle con el auto, acelerador a fondo. A las películas les adelantaban secuencias, para que terminaran rápido. Con los libros procedían igual, leían tres páginas y se salteaban diez. Había un componente familiar, que lo llamaban Lenteja, un tipito tranqui, tal vez demasiado, llegaba tarde al Colegio. Caminaba como una hormiga, el regreso con hambre y todos habían almorzado. En la cocina sobraban miguitas y un coquito de bagette, que mientras él lo miraba, el perro ya lo había comido.

   Lenteja tenía en vista, la chica de enfrente. Ella lo miraba, primero con discreción y por último con desesperación. Lenteja se dio cuenta cuando la descubrió abrazando al grandote de la esquina. Se sintió muy mal, porque él pensó, durante tanto tiempo esa relación.

   Miraba a la chica, había un acuerdo tácito, salían en simultáneo y se miraban con interés desmedido y prudente. Lenteja siguió el juego durante seis meses. Ella terminó aceptando las caricias furtivas del grandote. Él no pudo soportar aquellas escenas, cruzó la calle, se trepó al grandote, le tomó la cabeza, le hizo piquete de ojos y el grandote tiraba piñas al aire, mientras Lenteja le pegaba con ambos brazos estilo bicicleta. Lo desmayó.

   Lenteja y la chica lo arrastraron a un baldío de árboles bajos y yuyos altos. Hicieron curetajes rápidos de las heridas y bifes congelados en las piñas hinchadas. Le llevaron una almohada y una colchoneta.

   Por la tarde, la chica y Lenteja, se tomaron las manos, sin querer, las espaldas sin querer. Lenteja le rodeó la cintura, sin querer y se besaron, sin querer. Ella abrió las piernas, sin querer. El grandote quiso abrir los ojos, por los ruiditos de pastos amasados, pero no pudo y durmió como un guerrero, posterior a la batalla. Lenteja y la chica quedaron sumidos y consumidos de amor…

   ¿Para qué queremos saber del grandote?

                                                             ¿No?   

viernes, 5 de mayo de 2023

SABER PARA DORMIR

 

   Las manos de Bruno temblaban y no las podía controlar. No dejaba de fumar, aunque el pucho le bailara entre el pulgar y el índice, se dio cuenta que “prometer” era una palabra utópica. “Te prometo que dejo el pucho.” Bruno dijo: “te prometo que te voy a querer siempre.”

   “Siempre” le pareció una palabra superflua y agobiante. Tiró el pucho al empedrado, recordó que a esa hora, en esa esquina, Raquel pronunció: “Yo también te voy a querer siempre.” Ella lo dijo con el casette puesto y el énfasis actoral dispuesto a lo peor.

   Cuando entraron a la pensión, parecía todo clausurado, menos una escalera, que daba a la pieza sin baño de Raquel. Había olor a extracto de cigarrillos rubios, mezclado con olor a plancha de cocina, sucia. El anafe, estaba conectado a una garrafa, tan triste como el resto.

   Bruno sintió que ese lugar le pertenecía, mientras el pucho le temblaba y Raquel preparaba té, en un jarrito cascado. Lo sirvió en dos vasos, como muchas familias judías. Raquel, era judía. Bruno no era xenófobo. Pero lo que menos le gustaba de Raquel, era que fuese judía y que tomara té, en vaso transparente.

   Quedó embarazada, los dos quisieron. Fue varón y se llamó León.

   La pensión terminó en hacinamiento y discusiones estériles, recurrentes, impotencia, odio. Raquel y Bruno, convivieron con León, tres años. Bruno se fue sin decir nada. Raquel lo supo antes que él y tampoco dijo nada.

   Cuando León tenía seis años, preguntó por su padre. Raquel sacó fotos, contó historias y ocultó rencores. León dormía tranquilo, mientras alguien fumaba, con el pucho entre el pulgar y el índice, temblaba y miraba la ventana de León, desde el banco de la plaza, lejos.

jueves, 4 de mayo de 2023

TIERRA PARALELA

 

   Había un papero al lado, pegado a nuestras parcelas. Venía todas las tardes, cuando Papi no estaba, tomaban mate en la galería.

   —Admiro su campo de girasoles, Doña Elvira. ¡Cómo me gustaría tener sus parcelas!, Me enteré en el Almacén de Ramos Generales, que van a vender y se van para Buenos Aires. Es una pena, dicen que las retenciones se prolongan cuatro años más y después quién sabe.

   Este tano ordinario, seguro que lo compra cuando estemos con la soga al cuello.

   Continuaron las visitas de Don Javier y yo las condimenté con algo que no pudieron ni imaginar. Me probé un vestido de Mami de cuando era joven, bastante ceñido. Encontré el rouge que nunca usaba y unos zapatos de taco alto, del mismo color que el rouge. Aparecí en la galería y me presenté Don Javier.

   —Mucho gusto, Señor Don Javier, mi nombre es Marilú, pero puede decirme Maru. Lo felicito por hacer a mi Madre, tan feliz con sus visitas, ahora me agrego yo, para que la gente no piense mal. Mi Padre hace un largo trecho de noche y el viaje lo deja exhausto.

   Mamá tenía ganas de matarme, la hice quedar como una Señora buscona. Según sus propias palabras.

   Don Javier parecía más viejo que los años que tenía. Apenas diez más que yo. Me miraba subyugado y yo un poco también. Mamá no fue más a la galería.

   —Si me permitís tutearte y llamarte Javier, te invito a tirarnos en los rollos de alfalfa. Me quiero quemar la espalda hasta arder, este vestido tiene el mismo escote que una malla, veo que vos ya estás quemado, te presto este sombrero, de alas bien anchas, como una sombrilla.

   Don Javier hizo un respingo, no estaba acostumbrado a las mujeres independientes.

   —Maru, ¿le pediste permiso a tu Madre?

   Tenía todo planificado, seguro que ella pensaba que por suerte, yo era la última de sus hijas.

   —Javier, ¿me pasás esta crema por la espalda? De verdad estoy por arder.

   Tenía una suavidad este hombre, bien curtido. Me encantó su sufrimiento por mi espalda.

   —Te propongo un pacto, Maru, ¿y si nos casamos? No es por interés agrícola, es porque pienso que en breve, tu Padre no podrá con los impuestos. Y yo a la larga tampoco. ¿Y si unimos los dos campos? A mí me abruma un poco hacerle esta proposición, más pedirle tu mano y el resto del cuerpo también.

   El 16 de Septiembre nos casamos, mi Padre me dijo adiós, esperó menos que yo para decir “sí”. El vestido que usé lo llevaron tres generaciones. El arreglo del pelo fue diferente, apliqué en toda mi cabeza, microgotas de miel. Caminé un rato por los alrededores del monte y las mariposas amarillas venían a mi cabeza como si fuera un banquete. Fue mi tocado.

   Ahora mis Padres, Javier y yo, tomamos mate todas las tardes, hablamos de nuestras vidas pasadas y las presentes, dejamos espacios de silencio para escuchar el concierto de las hojas y los pájaros y las ranas.

   Ahora vivo en la casa de Javier, es más grande que la de mis Padres, muy suntuosa y de mal gusto, los paperos son así.

   En casa de mis Padres, las risas con mis hermanas se quedaron a vivir allí. Las voces de mis Abuelas y todos los que vivieron en la “Estancia Los Girasoles”.

   Con Javier se nota que él no tuvo familia, pero ahora me tiene a mí. Cuando sugerí cambiar el nombre de su estancia, me dijo un “no” contundente y me lo tuve que bancar. Se llama: “Estancia El Puré”.

miércoles, 3 de mayo de 2023

HAY QUE APROVECHAR

   No lograba pasar el Secundario, por una materia que di en Diciembre, mal. La di en Marzo, mal. La di en Julio, excelente.

   Me pagaron un Profesor especialista en geometría del espacio. Venía a casa todas las tardes, ponía empeño en que aprendiera. Me cansó su cara, su traje feo pero nuevo y de vez en cuando se ruborizaba. Eso me mataba, nunca conocí a alguien tan pero tan estúpido. No se daba cuenta que como hombre no le iba a dar bola. Cuando logré dar bien la maligna geometría, le agradecí con un abrazo.

   El Profesor preguntó a mis Padres si podía festejar conmigo en un boliche, hasta la madrugada.

   ─Pero vos estás loco! Ella no sale de esta casa, si no regresa a las doce de la noche.

   La hija escuchó los murmullos de esta conversación. Ella era sincera y correcta. Preparó su mochila con un camisón seductor y un calzón “hilo dental”. Ni bien entró a la casa del Profesor, él estaba desnudo y ella lo imitó. Mirándolo de la cintura para abajo, su miembro tenía unas dimensiones de privilegio. No pasó nada, pero pasó de todo.

   ─¿Se puede saber a dónde fueron?

   ─A tomar una coca cola.

   ─¿Y qué estuvieron haciendo?

   ─Estudiando, el Profesor me está preparando para entrar en la Universidad, sabe de todo y tiene una paciencia justo conmigo que soy un animal, pero si vieras qué bien que enseña. Me parece que todas las noches las vamos a ocupar estudiando para poder entrar en la Universidad.

   ─¿Y después?

   ─Y después, qué sé yo…    

martes, 2 de mayo de 2023

JUAN LUZ

 

   Éramos un grupo pedagógico, adolescente, haciendo una experiencia con alumnos de último grado. Viajar a San Salvador de Jujuy, recorrer la Quebrada y retornar al límite con Bolivia. Tuvimos reuniones de intercambio, los adultos encargados de las actividades a realizar con los chicos.

   Conocía a algunos de la misma escuela. Teníamos calificaciones altas de orden práctico. A mí me gustaba que los chicos se divirtieran, la escuela pertenecía a una zona donde las carencias eran implotantes.

   En las reuniones me atrajo uno, con voz de mando, pelilargo inquieto, ojos cargados de celeste y párpados semientornados. Lo reconocía cuando venía en su bici, porque tenía un sólo equipo de jogging y zapatillas: “qué me importa”. Yo sin darme cuenta lo miraba con insistencia y me sentaba a su lado, trabajaba a su lado, planificaba a su lado y cuando me advertía, le asaltaba una alegría, que mostraba deshaciendo mi rodete que imitaba al de Evita.  

   —Suelto me gusta más.

   Él también era Evitista y con timidez decía que había que imitarle otras cosas, no el rodete. Acampábamos en lugares protegidos. Las carpas eran un préstamo del Ejército. Hubo un día que llovió y otro y otro. Juan se había llevado su propia carpa, decía que las de milico, tenían olor a mierda y sangre. Salí de la mía a fumar un pucho, él me vio y me invitó a su casa, así la llamaba, era una carpa inteligente, con un tatame alto, que no pesaba nada, mantas de pluma de ganso, una mesa enana para tomar mate y jugar al ajedrez.

   Me ganó siempre, después empecé yo, me di cuenta que Juan me dejaba ganar al notar mi cansancio y esfuerzo sin resultados.

   Yo estaba medio dormida cuando me quitó las zapatillas y desprendió mi cinturón, que no me dejaba respirar, lo hacía para que Juan viera que tenía una muy buena cintura. Cuando empezó con el cinto me desperté. Habló en secreto, porque los sonidos de carpa a carpa, se escuchan:

   —¿Hoy dormís conmigo?

   Me dio una remera larga y nos metimos entre mantas. Juan apagó el farolito. Yo tuve insomnio. Cuando se pone todo negro, no concilio el sueño.

   —Acá se acerca tu ángel guardián, te hace masajes en la espalda y con las mismas manos, llega a tus piernas.

   Yo escuchaba su voz ronca y sus caricias terapéuticas, aún con la atmósfera negra. Era mi primera vez y la primera vez de Juan. Disfrutamos juntos, tanto que produjimos luz en plena oscuridad. Las noches restantes escapaba de mi carpa y Juan me esperaba, para conocer los milagros que se suman, cuando la luz no existe.

   A Juan lo mataron años después, en una redada de milicos de mierda, tiempos oscuros donde la memoria recuerda hasta siempre.

lunes, 1 de mayo de 2023

RELACIONES PÚBLICAS

 

   Detesto las mujeres, no sé si porque somos tantas hermanas, más mamá y mis tías y las hermanas de mi padre y los colegios de hermanas, con compañeras mujeres y profesoras mujeres. Tengo un primo varón, pero es afeminado. No le quedó otra.

   Estudio para premios de tiempo libre. No cuesta nada, escucho las zarandajas de las profesoras y me quedan registradas. Con leer dos horas por día me recibí con el mejor promedio, casi once, como  dice la ambiciosa de mamá. Empecé Ingeniería en Sistemas, tengo el mejor promedio de la carrera. Los tipos me detestan, con la misma intensidad que a mí me encantan. El más perverso compite en todas las materias y le gano. Sin querer, sucede. El perverso me quita el hambre, he llegado a sentarme pegada a él. No me da bola, hasta parece tener asco de mi cercanía. Es el único tipo en la vida que no me puso diez en nada.

   Vinieron a comer amigos de mi viejo. Uno le va a otorgar un cargo alto en el Ministerio de Economía. Me invitaron a compartir la velada con ellos, sin mis hermanas. Saben que puedo monopolizar cualquier tema y dejarles sueltas las mandíbulas. Para eso quieren mis viejos que esté, para hacerlos quedar bien con la hija genia. La única que sabe cómo y cuándo hacer y decir lo que corresponde. Lo que los otros quieren escuchar de una joven. El valor agregado de ser alta, rubia, de ojos celestes, indumentaria elegida por mami, que hace de mí una persona distinguida y todas esas boludeces que me joden la vida mientras ellos se enorgullecen.

   Hoy el perverso preguntó delante de todos mis compañeros si yo les parecía frígida. Un bochorno, fue un “Sí” unánime.

   Durante la comida pensaba en él, mientras me hacían preguntas, una tras otra. Encima, era el bufón que debía entretener los vejestorios. Hice hasta dónde pude. Una señora muy académica, la mujer del tipo que conseguiría el curro a mi viejo, preguntó qué es lo que más me gustaría hacer en esta vida. Se hizo un silencio de ángeles, donde todos giraron sus cabezas esperando una respuesta que no llegaba.

   Pensaba en él, su sonrisa. Mi madre, con cierta premura, insistió para que responda. Miré a la señora y me pareció la cara de él, contesté con seguridad universal:

   —Cojer, es lo que más quisiera en esta vida y estoy convencida que es lo que más me gustaría hacer.