lunes, 5 de noviembre de 2018

TESTIGOS



   —Los vi con mis propios ojos, están a la vuelta de aquí, por favor hagan algo ya.
   El policía, con cara de sueño llamó a otro que llamó a otro.
   —¡Qué suerte que son tres! -Dije con inocencia-.
   Casi sin aire les conté que había un camión negro y una doble fila de gente armada mal vestida. Por el medio pasaban jóvenes y los tipos les pegaban patadas en cualquier parte y culatazos para que subieran al vehículo. Había tres más chicos, eran arrastrados de los pelos.
   Ellos ni escuchaban, me pidieron documentos, se comunicaron con alguien, les decían mi número de DNI. Yo les gritaba que no perdieran tiempo, porque se iban a ir. Apareció un gordo panzón con aspecto de jefe. Dijo que me fuera a mi casa, mientras a los otros los tildaba de boludos. Decía que yo tenía doce años y que era una pendeja estúpida. Cuando salí estaban mis amigos en el fitito que manejaba mi novio. Nos temblaban las piernas a todos. En la estación de servicio de 7 y 46 cinco patrulleros rodearon el auto,” ¡Manos atrás de la nuca!” Un flaco tanteó nuestros cuerpos. A mí me preguntaron por qué no llevaba cartera, yo les dije que no me gustaba, para eso estaban los bolsillos del vaquero. Abrieron la puerta de una patrulla y nos trasladaron a la comisaría primera. Los chicos ligaron unos cachetazos, a mí no me hicieron nada. Le pedí al policía más petiso que llamara a mis padres porque me iban a matar. El tipo preguntó:
   —¿Quiénes, nosotros?
   Miré mis zapatos y le dije que no, que de eso se encargarían mis padres.
   Entró mi madre, por la puerta que tenía dos policías a derecha e izquierda, con armas largas cruzadas. Mamá les dijo que sacaran esas porquerías porque me tenía que retirar. Luego entró papá, tarjeteando que era abogado, Director de sumarios en la Legislatura. Llegó el padre de mi novio, con su falcon verde, dijo que era el Doctor S. Los polis respetaron más el falcon verde que su oficio de médico.
   Nuestros dos amigos quedaron allí para averiguación de antecedentes. Ellos eran lúmpenes. Al día siguiente sus padres pusieron un dinero, bastante por cierto y salieron.
   Festejamos en la Plaza Moreno, con una botella de cachaça y todos se reían de mi vieja entrando a la comisaría en camisón, tapado de piel y ruleros. Yo recordé que en casa, mi viejo, cada vez que mami se rayaba, que era todos los días, me guiñaba un ojo y decía ¡Qué General se perdió la Nación!

domingo, 4 de noviembre de 2018

MELLIS



   Saúl vivía de eso, alguna trama hizo de su infancia, un imaginario enfermizo. Buscaba mujeres jóvenes en las líneas de transporte.
Mi tía Alex, melliza de mi madre, escuchó pasos lentos que bajaron tras ella. Ella se apresuraba, los pasos también, ella caminaba despacio, los pasos se detenían. Alex vivía a seis cuadras de donde la dejaba el transporte. Salía tarde de su trabajo, compartía el departamento con su melliza. De pronto tuvo miedo y caminó casi corriendo. Los pasos que la seguían se pusieron a la par.
—¿Sabés que te conozco?, vos trabajás frente a la Municipalidad.
   Alex se sorprendió por aquel abordaje descarado.
   —¿Y usted a qué se dedica?
   Ya estaban a las puertas del edificio. —Yo robo a mujeres jóvenes y rubias, vos reunís mis dos condiciones.
   Le puso el brazo bajo el mentón, ella quedó imposibilitada de gritar. Le arrancó dos cadenitas y un reloj de oro. Mi Madre escuchó el portero eléctrico, porque era la hora que llegaba su hermana. Dicen que los mellizos, se comunican sin mediar nada. Mamá bajó con el atizador de la salamandra. Abrió la puerta y le pegó dos fierrazos al tipo. Quedó tendido en la vereda con las cadenas y el reloj apretados en una mano. Ellas juntaron lo robado y se metieron en el edificio.
   A medianoche, se asomaron y un auto policial se lo llevaba, estaba vivo. A Mami nunca le gustó que faltaran cosas de la casa, bajó a buscar el atizador y lo desinfectó antes de colgarlo.
   —No hablemos del tema porque me da náuseas.
   Estuvieron de acuerdo.

sábado, 3 de noviembre de 2018

EL LUGAR



   Después de su regreso de España, Austria, Hungría, Polonia, Rumania, era divertido escucharlo. Países tranquilos, aunque existan robos, agresiones, saben salir de las situaciones, desde la cabeza, se dejan vivir. Silvia me pellizcó finito: —Tenemos que ir, no quiero seguir regalando lo que gano a este país, que como dijo Eddy, no nos conocen, pero saben lo que estamos sufriendo.
   —Después hablamos, ahora quiero escuchar.
   —Austria es un lugar tranquilo, lo elegiría para vivir.
   Lo decía con voz apagada, los amigos viajábamos con él en sus descripciones. Algunos tenían envidia y a todos les parecía justo el resarcimiento. Eddy fue torturado durante la Dictadura Militar, hay cosas para olvidar y poder permanecer en la vida. A medida que entraba la madrugada dijo que le dio bronca tener que volver, llegó a Buenos Aires y tomó otro vuelo para la Patagonia, donde su mejor amigo, de gracias y desgracias, había decidido vivir.
   —Nos reímos mucho, cuando un tipo de a caballo, le dijo que tenía que tramitar cambio de domicilio “¿Qué cambio si vivo arriba de un médano? Y de aquí no me muevo, vaya y dígale a sus chorros dirigentes que los médanos están rodeados de otros médanos. Mi mujer y yo vivimos en esa casita hecha con todo material reciclado, andamos el día entero en pelotas y si hay sol nos metemos en el mar, no sin antes untarnos con grasa de foca. El único ser viviente que nos visita es un indio que dejaron de muestra y nos trae quesos y verduras, sabe melodías extrañas, que cuentan el paisaje sin nadie. El interior de nuestra casa está forrado con piel de oveja pampeana. No tiene ventanas, sólo un buraco redondo que da al mar.”
   —Sabés, Eddy? Tu viaje me encantó, pero antes que vuelvas al ovillo de Satanás, alias Buenos Aires, quédate unos días, sos un bacán, tenés un traje de neo prene!… Después volvete a Austria, queda en Australia, ¿no?

viernes, 2 de noviembre de 2018

C'EST FINI



   —Mi hermana se mató por su culpa. Y si lo niega es Ud un mentiroso, como Simone de Beauvoir. Todos se la creyeron porque era la mina de Sartre y si alguien decía que Sartre resultaba un pesado, era como decir que a Georgy le faltó madre. ¿Por qué no le editó a Violette? Yo misma le contesto porque la Leduc escribía mejor y sufría como si hubiera sido la peor, ¿sabe de quiénes le hablo? ¿o le quedan los canales obstruídos?
   No sé por qué se molestó en venir, Balcarce es lejos de Vela.
   —Lo de su hermana quedó catapultado en el olvido. Le puedo asegurar que hasta le pedí casarse conmigo y dijo que le daba asco. Su libro tenía dos páginas, que pretendían resumir la historia del mundo. Autora desconocida, publicada por “Ed. Sartre”, hubiera sido un desastre. ¿Cuánto ganaría yo por ese engendro? ¿Cuántos se le hubieran reído en la cara, por aquel disparate tan feo como ella? Suprimir su vida, le vino fenómeno para que todos los medios se ocuparan de ella, ser famosa por dos días. Su libro de dos páginas lo edité y la gente lo compró y se la creyó, mi amigo Vicente, que hace lo que hace la gente, dijo que por fin nos enterábamos porqué el mundo era tan inhóspito. Ya voy por la quinta Edición y siempre aparece algún boludo para felicitarme. Es el tiempo de la Deculturación y hasta los imbuidos en la materia, deliran que es el último libro que escribió Simone de Beauvoir.
   —¿Me quiere decir Ud, para qué demonio entramos en el tiempo de la tecnología? Si no te guía.
   Ojalá se calle, el viejo ladrón. —Mirá viejo, vengo a cobrar mis derechos de autora, el librito que vos denostás con tanta ligereza, lo escribí yo, tengo testigos y jueces. Mi hermana, la pobre, era analfabeta. Dame la guita y no tendrás el placer de ver más mi cara, ni yo de ver la tuya de viejo choto.

jueves, 1 de noviembre de 2018

VACUNADOS



   Lo dibujó en un papel, nos llevó al terreno vacío y dijo que miráramos a través del papel cera, el piso quince, señalado con un punto rojo, globo a gas y nosotros como dos boludos, le dimos el adelanto de trescientos mil dólares. Al día siguiente le entregamos el dinero y con el entusiasmo olvidamos la certificación. Fuimos al siguiente y la Oficina era tapera, nunca se construyó nada, obvio y quedamos en la calle.
   Luego de curtir el duelo y sabiendo que aquello no tenía solución, a mí mujer se le ocurrió algo. Teníamos enfrente un terreno del tamaño de una manzana. Nadie sabía a quién pertenecía, pero una cortadora de superficies grandes dejaba un césped grueso y prolijo.
   Estaba rodeado de postes cuadrangulares, de madera noble, pintados con cetol y con cinco recorridos de alambres sin púas. Pusimos un aviso en el diario y llovieron las respuestas. Nos comportamos como el estafador, mostramos el papel cera, para ver a través. Conseguimos un globo a gas, rojo y a los futuros adquirentes, les señalábamos la ubicación de los distintos pisos. Mi mujer los atendía con ropa de diseño y escotes escotados. Yo con mi traje de casamiento y una corbata discreta, como la discreción.
   Cayeron tres puntos, con autos lungos gamuzados y uno tras otro dieron el adelanto confiando en nuestro aspecto confiable. Con novecientos mil dólares y otros cuatro puntos que cayeron retardados, dos millones doscientos mil dólares, desaparecimos del pueblo.
   Compramos una casa rodante importada de Panamá. Llegamos a una playa mejicana, conducía mi mujer cantando: “—…si será gil ese gil, que creyó en tu aristocracia…”
   Le dije —Amor, pará ahí, por si nos trae mala suerte.
   Ella contestó: —Estamos vacunados, amor, relajate…

miércoles, 31 de octubre de 2018

CUATROFILIA



   —Con los alumnos fue buena como docente virtuosa. Pero en casa era una perra, ladraba cuando el almuerzo y eso que tenía Cocinera. Ella era la única en darse cuenta que debía ocuparse de nosotros, la dulce María que volvió a su pueblo cuando moría.
   Me parecieron ajenas aquellas confesiones. 
—José, esa no era tu vida, vos permitías que gritara todo el día, hasta dormir la siesta. ¿Y tus hijos?
   ¿Cómo le digo sin obtener su desprecio? 
—Vivían en un internado, donde eran muy bien tratados, los fines de semana iba a buscarlos. Fernandito preguntaba. “¿Volvemos a lo de Cruela De Vil?, ¡qué moplo!” Los recibía con un “Hola” y sin levantar la vista, corregía cuadernos.
   Demetrio tenía la impresión que él sabía, pero lo vivía como un descanso. Todas las mañanas, Cruela hacía el amor con Demetrio, volvía a la Escuela, buena y dulce. Los alumnos la querían como a una madre. Inventaba números y palabras para  que los chicos no se aburrieran. Era el único grado que funcionaba. No había Docentes, ni Directora, ni Portera y el sueldo venía cuando querían. Demetrio, que tuvo finados ricos, no trabajaba.
   Él hacía la limpieza de la Escuela y encontraba oportunidades para echarse un touch and go con Cruela. Gritaba placentero y los chicos se asustaban. Le preguntaban qué le había pasado y ella les decía que sufría de estreñimiento.
   Un niño curioso, preguntó qué quería decir eso. Cruela le pidió que lo buscara en el diccionario. Al día siguiente se hizo presente la madre, con una cajita de Dulcolax, pidió perdón por la intromisión:
—Yo sé lo que es eso, pero este producto le quita hasta la arruga que tiene entre ceja y ceja.
   La Madre del niño del laxante, era amante de José, desde que los hijos de Cruela iban al internado. El domingo del cumpleaños de José, hicieron un asado. Estaban Cruela, Demetrio, los niños que vinieron del internado, jugaron toda la tarde con el niño y la Madre del laxante.
   Los duraznos estaban en flor. Había luces y sombras que iluminaban al grupo, donde José y su amante no se miraron nunca. Cruela y Demetrio se hamacaban y luego paseaban por los frutales, tomados del brazo. Nunca dejaron de mirarse.

martes, 30 de octubre de 2018

SEXUAL




   Alguien olvidó una parca. Lo corrí y se la alcancé, dijo gracias y me dio vuelta la cara. Trabajaba en el cubículo frente al mío. Tenía intriga, me asomé a su escritorio. —¿Me acompañás a comprar puchos?
   Le extrañó mi invitación. —Es como si dijeras a comprar veneno, pero vamos.
   Noté que me seguía a todas partes y ahora, si yo lo miraba, él también. Sus zonas predilectas eran mi culo, las tetas y mi boca.
   No daba más, le pregunté: —¿Y?
   Encontré un papelito en mi escritorio: “Te espero en la terraza, yo estoy como vos, es a las 18 horas, cumplí ese horario, porque después vienen otros. No te conozco, pero te quiero, intuyo que siempre te quise. No sabía que vos también.”
   Subimos al ascensor angosto, cuerpo a cuerpo y respirar era tormenta. Lo trabamos e hicimos el amor antes de quitarnos la ropa y después todo.
   Había encuentros tan frecuentes que no soportábamos la espera, cualquier lugar venía bien, públicos, entre yuyos y privados. Un día propuso atarme de pies y manos a la cama. Le escupí la cara rogando que me desatara. Subí al auto y me arrepentí antes de llegar, él estaba adentro con las sogas en la mano, lo puse boca arriba y de paso practiqué nudos marineros, lo monté como a un caballo y descubrí sus dotes de madera.
   Empezó la Facultad y nuestro alejamiento. Los encuentros fueron esporádicos y hablaba de sus compañeras, ocho años menores que yo. —Vos de joven debías estar buena, pero ahora tengo una compañera que te gana por varios cuerpos.
   Lo mandé a la mierda, sádico perverso. Renunciamos a nuestros trabajos y los dos obtuvimos laburos de menos horas, triplicando aquellos sueldos.
   Sus ojos parecían decir adiós y los míos ya extrañaban.
   No me casé ni tuve hijos, el tiempo pasaba y su imagen permanecía. Llegué a la vejez y gracias a Internet, logré localizarlo.
   Fui al lugar donde vivía, me atendió él, pelado, cara carrujada, lo reconocí por los ojos celestes en el fondo de sus párpados tristes. Yo estaba igual o peor, él no me reconoció. No le dije. Pretexté una equivocación. Escuché unos pasos tras de mí, era su hijo, una reproducción de él, joven.
   Subí al auto, la neblina no me permitió ver un hombre haciendo señas desesperadas, las ruedas pasaron por su cuerpo, bajé y era él, tuvo tiempo de murmurar: —Que se atrasen todos los relojes, te espero en la terraza…

lunes, 29 de octubre de 2018

SENEGAL



   —Recorrí muchos países por trabajos de la empresa “Tupac Encomandita Por Acciones”. Me eligieron por mi porte distinguido, mis rasgos regulares de ojos verdes convincentes, como mi voz profunda que hablaba cinco idiomas y exponía con lenguaje académico, las propuestas de la Empresa. Sabés que daba una imagen tan respetable, que los hombres se negaban la pretensión de invitarme, ni a una copa.
   Corcho, su amigo de la infancia, le miraba esa boca perfecta y quedaba en estado de gracia. —Si querés saber mi opinión, Jezabel, no podés seguir virgen con treinta años, te conozco de chiquita, pero tu cuerpo clama deseos intensos, por parte del género masculino, número singular, a saber yo.
   Ella miró la boca de Corchito y con lentitud de ofidio, le dibujó los labios con la lengua. —Jezabel, quiero que pruebes otras bocas en cada viaje, cuando termines con todos, yo te espero, vos decidís.
   Sus palabras dieron permiso a mis ganas. En Tokio, un japonés alto, me besó reiki y luego metió su lengua suave, recorriendo mis dientes. Cuando me despedí, descubro que estaban blancos como la nieve.
   El segundo punto fue Emiratos Árabes, allí uno que elogió mi pronunciación de su idioma, tenía ojos oscuros intensos y se acercó a mi boca, sonámbulo. Yo tomé la iniciativa de rozar apenas sus labios violetas, había residuos de arena, en aquella boca. No me gustó, pero le regalé una sonrisa antes de tomar el vuelo a Senegal.
   Me invitaron a la Embajada, pero pretexté una jaqueca importante. Recorrí los bares de los barrios bajos y los hombres en cuero, esos lomos que daban ganas de comerles la boca, pensaron que era puta, se pusieron en fila para besarme y mi libido alcanzó para todos.
   Terminé por el de pestañas más largas y ojos más tristes, su boca era mullida, tibia y su respiración se aceleraba. Acosté mis labios en los suyos, inventamos un cóctel de lenguas y caminamos hasta la orilla del mar, prendidos de nuestro beso. Me tomó la cintura con una sola mano, que me dio la vuelta. Sentí que el Universo me paseaba por el cielo y nada más importaba.
   La sensación se retiró como vino, le miré los ojos, ahora eran contentos, iba a decirle que tuve un orgasmo, pero se adelantó él.
   —Jezabel, por favor, no encerremos lo que vivimos, en una palabra.  

domingo, 28 de octubre de 2018

CLAVADO



   Entró al negocio de reparación de zapatos. 
—Buen día, apellido y para hoy, ¿no?
   —No soy cliente, quiero pedir un remisse, pero mi celular no funciona. ¿Sería tan amable de pedir uno a esta dirección?
   Era un chico alto, lindo, muy lindo, bien vestido, con zapatillas de marca y ojos claros definidos. 
—Cómo no, espérelo afuera, porque éste es una flecha.
   Teresa lo miró a través de la ventana, el chico prendió un cigarrillo, lo apagó de inmediato porque el auto ya estaba.
   —¿Me espera un segundo? Debo cargar algunas cosas y el camión de mudanzas está al tope.
   Entró al pasillo de los departamentos colindantes a lo de Teresa.
   —Cargo una pantalla, un equipo de música y un microondas, y lamento no poder llevar la heladera, mañana vengo.
    Al remisero le pareció muy lejos, pero el chico y su gorra le inspiraron confianza, era un barrio picante.
   Al mediodía cayeron tres patrulleros y se colgaron del timbre, golpearon fuerte y la puerta era nueva, ella corrió y abrió.
   —Señora, va a tener que acompañarnos a la Seccional. ¿A usted le robaron?
   Tere contestó: —No, para nada.
   El poli dijo: —Tiene que acompañarnos a una rueda de reconocimiento, señale la persona que hoy por la mañana le pidió un remisse.
   Tere dio la descripción del chico. —Parecido a todos los de su edad, en fin, los acompaño.
   Toro, su marido, llamó a su mejor amigo, un excelente Abogado. Pidió que la llevara, para no dejar los niños solos y no quiso que vieran ese lugar gris y oscuro.
   Tere sintió el cuarto mundo, la sentaron en un banco alto, ella esperaba el vidrio que al otro lado es espejo. Pero no, éste era un papel madera, con un agujerito al medio, donde se podía asomar un ojo. Al otro lado, cinco chicos, altos, entre dieciocho y veinte años.
   —Cuando encuentre al acusado, pulse el botón.
   Asomó el ojo y observó que todos se parecían, comenzó a mirar de las zapatillas hacia arriba, tal vez esto se lo dio su oficio.
   El primero bajaba la cabeza, el segundo inclinaba su gorro, en el tercero se dibujaba el miedo, el cuarto tenía a aquellas zapatillas, no se le movía un pelo, derecho, bien depositado en el piso y la cabeza mirando directo al agujero, con los ojos clavados en el agujero. Tere escuchó que esos ojos hablaban, “Si me llegás a reconocer, te mato, a vos y toda tu familia”.
   Se tomó del brazo del Abogado. —A quien sea que deba dirigirme, ninguno de los chicos se corresponde con el que yo vi. Quiero ir a mi casa, este episodio fue muy desagradable.
   El Oficial Principal dijo: —La felicito por su valentía de ciudadana y haber cumplido como tal.
   El Fiscal agregó que hay pocas personas que se avienen a atestiguar. Lo de Tere fue una rareza.
   Cuando llegó a su casa, la esperaba la familia del departamento robado, contando que entre el remisero y la casa donde dejaron al ladrón, encontraron todo lo sustraído. Del chico no se supo nada, le agradecieron con abrazos.
   Teresa quedó catatónica, no dormía ni noche ni día, pensando en el acero de esos ojos, cuando clavaron los suyos.
   Pasaron dos días y abrió el diario, en primera plana estaba el chico esposado. Había matado con premeditación y alevosía a un matrimonio y dos hijos, cuya única pertenencia eran 400 pesos.        

sábado, 27 de octubre de 2018

LE TIRÉ LA MEJOR



   Queda frente a donde se cultivan las naranjas más ricas de Buenos Aires. El aire tenía olor a naranja y se esparcía por la casa que me prestaron unos amigos locos, alemanes. Vivían seis meses en Frankfurt y seis meses en su quintón, con bosques y estanques.
   Mis amigos pensaban que todo ese lugar tenía una vibra ocupada, en revertir los estados negativos y transformar ideas que rondaban pensamientos con belleza. Apareció otro amigo de los chicos.
   —Visito este lugar en la época donde parecen llegar todas las luciérnagas que aman el aire del bosque. Ese olor a naranjas las pasma y transforman su color, hay luciérnagas amarillas, azules, rojas, todo el círculo cromático. Esto no lo cuentes a nadie, forma parte del secreto de la casa. Conque me permitas dormir en la buhardilla, para mí está bien.
   Le dije que sí, pero me pareció raro que los chicos no me hubieran advertido esa visita inesperada. Le pedí de onda que me ayudara a construir estructuras de madera de doce caras, forradas en tules casi sin gramado. Una de las caras quedaría libre para la fiesta de lucecitas.
   Los estanques eran navegados por nenúfares blancos que las salamandras de ojos curiosos miraban desde las orillas. Eran mejicanas, de allí las trajeron, algunas hurgueteaban nuestros bolsos. Pasamos una noche respetando los no permitidos de los chicos. No fumar, no tomar alcohol, no música. Escuchar sólo los sonidos de la Naturaleza.
   Cuando miramos las estructuras con luciérnagas multicolores dentro, nuestra armonía con el Universo, nos durmió de asombro.
   Al amanecer tenía hipotermia. Busqué mis abrigos y no estaban, mi mochila tampoco, busqué al amigo de los chicos, había desparecido. Pintó una cruz esvástica en la pared de la cocina.
   A dos Km, había una Seccional de Policía, declaré lo sucedido, son cabeza los tipos, me pedían documentos y una de las razones de la denuncia, fue el hurto de mis documentos y demás papeles.
   —Bueno, lo vamos a detener hasta averiguar si lo que dice es veraz.
   Pedí hablar con un Abogado y llamé a mi viejo, al que hacía dos años que no veía.
   Me liberaron enseguida y prometieron encontrar lo robado...
   —Vos no vas a aprender nunca, en dos años no sabía ni dónde vivías, pero para usarme, ningún prurito. Te dije mil veces que a los alemanes no les des bola, son nazis. ¿No te entra?
   Me despidió con el polvo que levantó su auto. Yo subí a mi moto y desde casa, llamé a Frankfurt.

viernes, 26 de octubre de 2018

ENTRE TUS BRAZOS



   Desde los siete años que recortaba bocas de mujer, me sentaba en el umbral de casa y a cada chico que pasaba, le ofrecía mirar conmigo aquellas bocas. Tan pequeña y tenía ganas que me besaran la boca, hacía gestos de silbidos ansiosos.
   —¿Qué le pasa a Betsabé, que frunce los labios?
   Los amigos creían que Betsabé Tape quería ser referí de partidos y ensayaba silbidos. Cuando cumplió quince se miraba en el espejo, imitando bocas para besar, no se explicaba cómo los actores no se chocaban la nariz y los besos eran intensos.
   Un día, probó con su primo, que le enseñó a inclinar la cabeza, como para un beso leve. A los dieciocho años no aguantó las ganas y besó a su compañero de estudio. Tal fue el retardo de su deseo, que el joven quedó atrapado en una sopapa placentera, algo exagerada para su gusto.  Si ella le hubiera dejado colar la mano en una teta, otra sería la historia. Betsabé Tape le dijo: —Si vos supieras los logros de un beso, te dejarías llevar y tal vez, bueno, pensalo.
   En un día de playa, Oriel Virazón rozó los labios de Betsabé Tape, le resultaron tan suaves que los mordió y ella se dejó con respuestas chupópteras. —Me estás matando de placer, Oriel, vamos al lado de la fogata y bailemos boca a boca, quiero que tu cuerpo se pegue al mío, mientras sucede aquel beso, que ya siento eterno. Llegó la noche y ambos, con estertores nunca vividos, llegaron a la salida del sol, con alas orgásmicas. Ella volvió justo para el desayuno, pero su boca tenía el doble de tamaño de lo acostumbrado. Dejó la taza de café, con sangre.
   Él vivía solo, cuando miró el espejo, lo besó y un dolor placentero le recordó los temblores compartidos.

jueves, 25 de octubre de 2018

A LAS TRES DE LA NOCHE



   Su situación económica no tenía solución, ni con préstamos bancarios, o familiares o el recurso de los dólares en el jardín. Este último episodio fue el más lamentable, no recordaba dónde estaban enterrados, había árboles caprichosos, donde trepaban enredaderas que cubrían la tierra y donde no la había, césped prolijamente cortado, donde no existían señales de pozos.
   El insomnio de Clemente Micoto lo levantaba de la cama, se producían confusiones en su cabeza, llamó a su amigo Cristiano Soborno. —Hace catorce días que no duermo, camino con sigilo por las noches, buscando la paz que necesito. ¿Entendés mi desesperación, Soborno?
   Al otro lado se escuchó un hondo suspiro. —A mí me sucede como a vos, no sé si peor, me embargaron la casa, el auto, a mi mujer no, que habría sido una alegría.
   No le dio risa, me dio miedo su miedo. —La culpa la tiene este Gobierno de mierda, en vez de expropiar los bienes a la K-chorra, que viralizó la corrupción, el Príncipe Idiota pretende que nosotros, los que sí tenemos escrúpulos, paguemos como boludos, los agujeros que…
   —¿Me escuchás, Micoto? No llores, que me hacés llorar a mí, parecemos dos maricones, dejá de joder, venite a casa y no hablaremos de estos chanchos. Te prometo silencio y unas pitadas para curtir un poco el cielo y las estrellas. ¡Uy! Recién cayeron dos, fugaces, símbolo de buen augurio…a lo mejor…

miércoles, 24 de octubre de 2018

PLENILUNIO



   Hicimos un paseo postprandial, se cayó una vez por cuadra, veinte cuadras, veinte caídas.
   —Abuelo, ¿por qué no usás bastón?, o mirá el piso al caminar, o…
   El Abuelo me puso cara de cachetada. —Tengo muchos años y no quiero perder los que me quedan con la cabeza mirando las baldosas rotas, gracias al chorro del Intendente. Cuando dejo mis piernas a su libre albedrío, me regalan los nombres de los árboles que no recordaba, la camamila que me daba tu Abuela, diviso las brevas de una higuera y cerrando los ojos tengo tus años. Hay subidas y bajadas como los médanos del Cairo y me enojo por no encontrar los camellos de aquel tiempo. Tanto ensoñar, y ver que algo quedó, aterrizo.
   El abuelo está viejo, pero es sabio, no quiere ayuda para ponerse de pie, está loco, a mí me gustan los locos, la gente sensata me da sueño.
   —¿Abuelo, y si vamos a tocar el violín a la punta de la montaña, donde se ve el mar?
   Tardamos tanto con sus derrapes y el cuidado de los violines, que se prendió la luna. Llegamos justo, como para el adagio de Albinoni, Claro de Luna…
   Mi familia se preocupó por la tardanza, considerada desaparición. Salieron a buscarnos, todo el vecindario de casa separadas, juntó sus fuerzas. Temieron lo peor y se repartieron en caminos diferentes. Nosotros escuchábamos el eco de sus voces y los perros ladrando a la luna.
   El abuelo decía: —Ayudame a no romper esta noche, es luna llena y nuestro repertorio alcanza hasta el amanecer.
   Le dije que sí. —Con mucho gusto, Abuelo, no sé por qué la gente piensa que somos eslabones. Siempre agarrados por algo, presienten lo peor y no hay magia en sus angustias.
   El Abuelo tironeaba de mi brazo, hasta donde las olas rompen en las piedras, los dos teníamos los dedos con sangre, guardamos los violines. Emprendimos el regreso, subimos con dificultad, pero bajamos como dos pendejos.
   Ya cerca de la multitud que nos buscaba y los perros que saludaban con alegría, los grandes nos puteaban como a dos estafadores. Mis hermanos consideraron una traición no haberlos invitado.

martes, 23 de octubre de 2018

FLOR DE PSI



La sala de espera se tornó irrespirable, éramos dos y sentíamos presiones cálidas, heladas, tanáticas, vitales, recurrentes, psicóticas, histéricas, angustias sigilosas. Nos mirábamos y muchas veces terminábamos contra las paredes o la vereda. El otro me dijo, casi en vilo, que esas cosas provenían del psi Oliverio. Hacía un tiempo que lo notaba perdido en nubes intangibles, miradas cerradas y silencios. A mí me sucedía igual, sólo que no quería compartir con otro paciente mis vivencias, consideré que era poco ortodoxo, entre pacientes, criticar al psi Oliverio.
   Él, que tanto escuchó mis derrotas y miserias, él, que juntaba mis lágrimas con el secador de piso y las mandaba a una rejilla oculta bajo el diván. Estaba saturado de tanta escucha, tal vez, por soberbia profesional, no quiso, no pudo o no supo detener aquello que escapaba a su continencia. Lo que salía, a través de aquella puerta, eran pensamientos de Oliverio, algunos lograban huir cada vez que despedía un paciente y llegaba el siguiente. Llegó un momento donde se confundían los fugados con los de la sala de espera. Oliverio tuvo que disculparse, ante un paciente de toda la vida, relató que los pensamientos de todos no cabían en su cabeza y se perdían en la atmósfera, no lograba encontrarlos, aunque fuese para emprolijarlos un poco.
   Se consumió en pensamientos ajenos. El único modo de seguir permaneciendo en el mundo, fue para Oliverio, una ermita rodeada de un enorme jardín de pensamientos. De ellos se alimentaba, tratando así de recuperar lo perdido. No recibía a nadie. Sólo a mí. Me ofrecía pensamientos a la hora del té. Fue raro el gusto y grato compartir con Oliverio su paradoja. Todos los miércoles, a las cinco de la tarde, masticábamos pensamientos.

lunes, 22 de octubre de 2018

COMILONES



   —Vísteme despacio que llevo prisa.
   Enano pretencioso. —¿Por qué no te vestís vos? Que despacio, que rápido, no quiero ser sirviente, prefiero la libertad, por un día, si eso es posible. Te llevaste todos los condados, uno por uno. Cuando alimentabas bien a tus soldados y empezaste con las Jubilaciones de Privilegio, te apropiaste de tres países por día, hasta que tus ejércitos no soportaron el frío de Rusia. ¿cuánta gente mataste en los países que limitaban la Rusia? Ni sabés, porque vos acá, piola, haciendo disfraces a tu medida, talle S-SS y te mirabas el rulito en los espejos y tu sombrerito de tres picos gallináceos.
   —¿Vos pensás que nadie me admira?
   Qué le voy a decir? Que es más enano que puto? O más puto que enano? —Nooo ¿Cómo voy a pensar? Los esclavos no piensan, por eso los gentiles los denostan.
   Pero te cargaste media Europa antigua y las Islas Vegetarianas. Cuando le comiste la mano a Josefina, yo estaba. Se descubrió que además de ambicioso y antropófago, no eras vegetariano. Te hiciste un Mausoleo de Mármol de Carrera, desde donde para mirar tu llegada, había que agacharse. En vida, nadie se hincaba ante tu presencia, porque no les daban las lumbares. Ahora de muerto todos se inclinaban por temor a quedar sin trabajo.
   Josefina murió antes, por el disgusto de su mano perdida, con la que hacía todas sus movidas y otras porquerías que complacían a sus múltiples amantes. Rasputín vino a darte el pésame, enterado que Josefina había muerto e ignorando que a vos te importaba un carajo. Durante el almuerzo, mientras vos te mandabas la parte, te comió íntegro.
   Su último comentario fue —Qué delicia la ingesta de carne francesa de animal chico, cruda la prefiero, porque puedo mojar el pan en el juguito. Bueno, panza llena corazón contento.
   Volveré a visitar a la Zarina y le adivinaré un futuro promisorio. Ella me va a creer, aunque después mataron a toda su familia, menos a Anastasia, que estaba buenasaza, la recogió Rasputín en numerosas oportunidades.
   Eso la hizo vanidosa y eterna. Va a contraer nupcias con Brad Pitt y lo festejarán en el Castillo de Angelina Jolie, con sus veinticinco hijos adoptados y cinco apropiados.
   Rasputín murió envenenado con cianuro, aún se desconocen los motivos. Anastasia, con la anuencia de Brad, que había llegado a Juez, le hizo cerrar el caso, porque le daba insomnio.

domingo, 21 de octubre de 2018

RA TA TA TA TA



   —Hola Má!, no voy a poder ir el Día De La Madre.-Tiene voz de culpable arrepentido- El negocio está a mi cargo, los chicos se tomaron unos días para saludar a sus Mamis en su día. Como yo estuve dos días sin venir, por las reparaciones del auto, es una devolución o una putada, yo también tengo Madre. No te enojes, pensá que los trabajos están en baja y me aparecieron tres, no quiero sacar más guita de tu cuenta.
   —No me digas nada, yo siento orgullo de haber parido un hijo tan noble, inteligente y talentoso. Nos vemos la otra semana cuando terminen de arreglar esa cachanga…
   —Encima, una pariente de Coqui quiere que le tatúe el brazo, no Coqui, me eligió a mí, eso dice, porque le gusta cómo sintetizo las formas. Espero que no pretenda que le sintetice el precio, tiene guita, mucha. Se hizo estirar la cara, levantar el culo, teñir el pelo y encima me lo cuenta. Quiere que le pase el transfer por internet. Toda la mañana dibujando un ángel con alas, tres nubes y una sonrisa. Un despiece, bah, se lo mando. “—Está divino, querido! La cara no me convence, ¿no le podés achinar los ojos, la boca más sensual…?”
“—Usted viene mañana, lo vemos.”
   Silencio. “—Tratame de vos, lo único que no se opera es el Ud, fíjate que de los cuarenta para arriba, nos tratan de Ud y eso te aumenta años. ¿No me vas a hacer doler, no? Si es así quiero que me hagas una rosa donde la espalda pierde su nombre.”
   —Casi vomito, vieja de mierda, tiene como cincuenta años, se acordó tarde. Piensa que el marido se la va a coger, primero que el viejo ni se va a dar cuenta, vos misma me dijiste que con muchos años de matrimonio, te podés poner un sorete en la cabeza, que el tipo no lo verá. Tiene setenta el viejo, ya debe tener la pija para adentro y quiere que se la coja. ¿Sabés qué? La va a cagar a trompadas por lo que gastó en sus refacciones, le va a pasar el auto por encima una y otra vez, que ni va a gastar en velatorio.
   Yo estoy de parte del viejo, y eso que es un kakoncho de mierda, bueno mamita, disculpá pero con alguien tenía que descargar, te dejo porque vino el catering, feliz día el Domingo, te requiero, chau nos vemos.

sábado, 20 de octubre de 2018

NUEVAS DEGENERACIONES



   Nos reunimos a charlar cinco amigas y Don Juan. El sol amigaba algunas flores con espinas y conejitos, caras serias viraban a sonrisas de comisuras altas, mirando los pájaros habladores de las cornisas, que pronto el hombre nuevo, transformaría en escombros.
   Cada amiga tenía un celular, nadie sabía con quién interlocutaban. Yo jugaba a escuchar conversaciones de otras mesas. Tenía ganas de hablar cara a cara, casi sentí felicidad cuando perdí mi celu y no lo repuse. Pasaron los minutos, la media hora. —Soy la quinta de todas ustedes, vine porque me invitaron, deberían haber avisado que era celulítrico el encuentro. Y yo, sola y desplazada.
   Todas siguieron con sus aparatejos en una mano y la otra, haciendo alas para poder expresar mi protesta. Don Juan dijo no usar ese monstruo, yo lo invité a caminar por la plaza de los tilos. El tema era la infancia, la sabiduría de la rayuela, el ring raje, abrir la puerta y dejarla sin llave, mientras jugaban en la vereda a la escondida.
   Yo me entusiasmé, él casi me invita a salir esa noche… sonó un celular y ambos giramos la cabeza para ver la proveniencia. De pronto Don Juan, metió la mano en su campera y sacó el celu. —Si me disculpás, es alguien importante.
   Como si yo fuera una verruga de baldosa o un manifestante aplastado, (era lo que más había).
   Me puse de pie: —Don Juan, sos tan idiota que prescindo de “tu amistad” volandera. Chanta, engaña personas. Andá, volvé con las histéricas.

viernes, 19 de octubre de 2018

NAMASTÉ



   Era la voz de ella, estábamos en yavásana, la conocí por sus pies Patagones. Felisa elongaba en el cuarto de charlar. Entró gritando con voz de gata ganadora. Se escuchaba todo, la Profe olvidó ponernos música de Viet Cong sin guerra. Le decía: —¡Conseguí novio! ¡Conseguí novio!, mi primer amante!
   Después se reían y no se distinguían las palabras, se mezclaba algo así: —Como yo pensé que nunca.
   Los curas de la Trapa le dieron permiso, Sany no estaba enamorada de su marido como al principio, que fue breve. Iba los fines de semana y les fue agregando días. El cura más viejo le confesó que él a veces odiaba a Dios, pero después se le pasaba.
   —Sany, si tus ganas no te permiten conciliar el sueño, éste no es el lugar de consulta. Ponete linda, sacate los mocos, también la lagaña, cepillate el pelo y te metés en la cama sin ropa. Si él te da la espalda, se duerme y antes te pide que te corras, no te quiere. Dejalo, no le cuentes, igual no va a escucharte o pensará que es una broma.
   Había un hombre en cuero que transpiraba cepillando la yegua, regalo de su marido. Sany lo vio por la ventana y bajó desnuda. Con su bata cubrió el sudor de la espalda del peón y sintió sus músculos con forma de trabajo. Sin mediar palabras se recostaron sobre un rollo de pasto para caballos…y sucedió. Los encuentros se repetían y los chismes se repartían. Él cambió de parcelas, era un peón golondrina y amaba horizontes lejanos. Sany se marchitó. En las clases de yoga, permanecía en la postura del niño, le salía agua de los ojos. —Tengo conjuntivitis, pero no se preocupen, no contagio.-Decía-.
   Me preguntó el nombre de mi Analista. —Qué coincidencia, yo voy al mismo consultorio, pero me atiendo con otro.
   Intentamos ser amigas, pero los protocolos y las ideologías burguesas me resultaron patéticas. Pasaron unos años, mientras esperaba en el auto los cinco minutos para mi sesión, la vi tocar el timbre con desesperación de incógnito. Llevaba una capucha y unos anteojos negros, era una imagen irreconocible. Me di cuenta que era Sany, por sus pies Patagones.

jueves, 18 de octubre de 2018

HABÍA LA ÚLTIMA



 La Coordinadora del Taller dio consignas que perdí, de los cuentos me acuerdo del primero, el segundo no lo encontré. Pongo la grabación, pero ella habla muy rápido y tengo un apenas de atención. Dio una consigna de una historia que ya tengamos en segunda persona o si no, escribir algo nuevo. Prefiero algo nuevo. Hice dos breves, cumplí con la consigna.
   Después seguí con mis historias sin atenerme a nada, de paso adelgazo, cuando escribo me olvido del hambre. Estoy con un cuento que le falta algo, con un nudo lo termino, no hay ni protagonista. Los sigo, porque si me agarra la muerte, que me agarre escribiendo. ¿Lo dijo alguien?, pero no recuerdo quién. Me entero por Frank, que internaron a mi abuelo. Largo todo, entro al sanatorio, en la última habitación del último pasillo, está mi abuelo Fermín en la última cama. —¿Sabés que dieron de alta a todos mis compañeros de desgracia?, a mí no me vieron porque estoy bajo la última ventana, tapado con el biombo blanco. La Enfermera que me trata bien, pensó que ya había muerto. No me extrañó, las Enfermeras no extrañan a los enfermos.
   Apareció Frank, que me buscó hasta lo último, para él  era el Abuelo de lo eterno, no sé si me explico (película de culto). Cerró el biombo, fue a Mesa de Entradas y preguntó por qué no había Abuelo.
   —Lo lamento, pero entró en los expedientes perdidos.
   Nos llamó una Enfermera novata sin contagio de maldad. —Su Abuelo se vistió, como un gentleman, una moña a lunares y zapatos con polainas de muchos botones. Salió a la calle, llamó un taxi. No sé si se dan cuenta, había decidido huir de la enfermedad y la muerte. Me encargó decirles que siempre los había querido y los espera en la Confitería Del Molino y si no está más, al lado.

miércoles, 17 de octubre de 2018

360°



   Si aumentás de peso es tu culpa, comés chocolate, bombones, papafritas, carne de cerdo, maní con pesto. Eso lo hacés todo el día, hasta cuando vas al retrete, te llevás un cacho de Cagañoli. ¡¡No!! La gente que te ve, piensa mal si te vas con el salame al baño.
   Comé un purecito de calabaza al vapor y salteá el desayuno. Te va a doler la panza, pensá que cada contracción es un kilo menos. Antes del noni noni final, tomá dos vasos de agua y una cucharadita de gelatina sin sabor. El segundo día, es el de la libertad. ¡Desayuná! Medio pocillo de té verde y una raja finita de queso gruyere. Le agregás, para hacerla más americana, media rodaja de naranja, exprimida en un vasito de licor.
   Estás gorda, por eso nadie del género humano te da pelota. Es por tu gordura, que hasta los rateros cruzan de vereda cuando te ven venir. No le digas a nadie, pero vas a la salida del Colegio de Ciegos y elegite el más pintón. Ponete al lado y caminá, que sienta el calor que manan tus deseos, si deposita su mano en tu espalda, vos saltá de alegría y le das un piquito profundo en la boca, con tu lengua tocale las amígdalas. No tan hondo como para darle náuseas.
   Cuando quiera abrazarte y no pueda, le informás sin palabras que 360° no alcanzan para un abrazo, por más largos que sean sus brazos. El pintón es ciego, pero no boludo.
   Lo hiciste sentir preso de una ballena. Postergá tus ambiciones eróticas. Bajá de peso con una anorexia silenciosa. Tenés que escuchar el aplauso de: ¡¡Cómo adelgazaste, gorda!!
   No esperes que te cambien el apodo, pensá ¡Cuarenta y dos kilos, gorda! Y te acostumbrás.