martes, 19 de diciembre de 2017

VERANO GUARANGO

  
   Las playas en Enero están repletas, no sé si la gente ha dedicado su tiempo a reproducirse con generosidad, o los legrados están muy caros. Para encontrar una playa vacía en Enero, tenés que viajar a la loma del orto que, por coincidencia, tienen piedras, son angostas y eximios nadadores hacen uso. Cruzando el charco hay de todo, pero guarda el hilo con la contaminación.
   Está la posibilidad de islas lejanas, desde un avión se ven regias, pero te instalás y ves la furia del mar en olas. El tipo se siente invadido, un cacho de tierra lo soportan, pero el perfil turista lo remite a la perversión de cabañitas. Muchos mares coinciden en lluvias frecuentes. Nublados semanales o un Tsunami que se lleva todo a la mierda y la mierda también, los bípedos es lo que más producen.
   No entiendo mucho de aguas, de este mundo cada vez entiendo menos. Pero a mí, que no me roben el mar. —¡Fuera del agua todos! Porque los voy a mear jodido…
   Y eso que soy una ballena recién nacida y toda mi especie está de acuerdo.
                                                   

lunes, 18 de diciembre de 2017

VERNISSAGE


   El abrigo hacía su persona. Tan alto y buen mozo, el sobretodo perfecto. Con un agujero feroz en el centro de ambos omóplatos. Todos lo mirábamos de frente. Estábamos curiosos y temerosos. De atrás nadie le iba.
   Era de bala y reciente. Tenía pedacitos de algo ensangrentado. Piel, debió ser. Había una ninfómana que se le prendió de la espalda y metió la lengua en el agujero.
   Pidió disculpas. Lo hizo para ver si él agonizaba y enterarnos si el abrigo era robado.
   Confesó que sí, robado. Relató que su hermano mellizo lo sacó de sus cabales y le dio un disparo en la espalda para que se calle la boca. Fue para ver si lo entendía y lo escuchaba, pero el chulo resolvió morir antes que eso sucediera. El matador le quitó el sobretodo al mellizo y se vio perfecto en el espejo francés del living inglés, aceptó la invitación al vernissage en el consulado de Penesuela y ahí estaba, con las manos cruzadas y todos nosotros mirándolo a él y al espejo, con él de atrás y delante en persona.
                                         

domingo, 17 de diciembre de 2017

TOMAR EN EXCESO


   Quieren festejar por la infancia, porque todos, por champagne, porque se visten de blanco ellas, porque ellos son capaces hasta de una corbata.
  Tienden la mesa con el mantel de salir, ponen mis cubiertos en un lugar de privilegio. Me olvidé que quieren arbolito, éste está viejo y le quedan tres bolas de las que se rompían. Salgo hoy mismo. 
   —Son espantosos los arbolitos, voy a llevar éste, similar al del principio, el plástico no lo pueden ocultar, pero yo sí, me oculto entre la gente, ni paso por la caja, hay dos empleados y no dan abasto.
   Tengo un aire de Papá Noel, pelo blanco, anteojos y algunos otros pelitos en la barbilla, camino a velocidad trineo.
   —Chicos, ¿y el árbol dónde carajo está?-Dijo Pedro-.
   Giró sobre sí mismo y allí estaba, las luces se prendieron solas, todos aplaudieron. Llegaron de la Panadería con el lechón de costumbre, sin cabeza, para que no lloren los niños. La Abuela iba y venía, a tal velocidad que nadie la veía.
   Comieron y bebieron hasta reventar. José tomó la mano de la Abuela, pero no estaba, siempre le gustó deshacer su rodete, no lo encontró. El plato de Abu estaba inmaculado, los cubiertos descansaban a los lados y la copa de champagne brindaba sola con cada uno de ellos.
   Se abrió una puerta y entró el Tío más querido: —Una copa para mí, por favor.
   —¿Qué pasó con Abu? No la encontramos, no comió.-Dijo el Nieto mayor-.
   —Cómo habrán tomado, pedazo de bestias, que en esta Navidad perdieron la memoria, la Abuela murió hace cinco años…
                                        

sábado, 16 de diciembre de 2017

PERSONAL


   Si lo veías de lejos, era una figura insignificante, con un cepillo ancho, pasando aserrín. A él le tenía que pedir las llaves. Cuando me acercaba, él ponía cara de asesino serial. Un gesto cruel en las comisuras de la boca y ojos de insecto imprevisible. Cuando era mi turno abrir tenía vértigo, el hombrecito tenía ganas de matarme, se lo vi en la cara, por el reflejo del vidrio me miraba y se agarraba del palo del cepillo como un cazador experto.
   El turno de esa mañana fue rápido, al llegar las llaves colgaban de una estatua de yeso, abrí, no miré y cerré, faltaban dos horas para que llegaran los otros. Corrí el atril oblicuo a la ventana y estaba él, agachado, limpiando con un cepillo corto los zócalos del taller. Pude decir: “Ah y Buen día”. Me puse a pintar, mientras pensaba que detrás estaba él, mirándome las piernas y cubriendo con su cuerpo la salida. Usé la paleta más sucia de la tierra, el tipo no se iba. Ahora lustraba las cuatro cerraduras, ahora se daría vuelta con un cuchillo y no lo voy a permitir, ¿ahora se viene cerca de mis zapatos, reptando, hacia los goznes de abajo? Perfecto, este viejo corta-cartón de hierro centenario se desplaza como quien no quiere la cosa y cae en su espalda insignificante.
   Me dejaron libre enseguida, peguntas de rutina, soy actriz. Ahora, qué hijo de puta el director ¿cómo va a permitir asesinos seriales como personal de limpieza?
                                    

viernes, 15 de diciembre de 2017

LA NOTICIA


   Hoy estaban todos reunidos en la despensa-vinería.
   Hablaban en voz baja, alguien le tenía que decir, tenían taquicardia, en la despensa se escuchaban todos los corazones tic tic tic tic. El más joven dijo yo y el más viejo se calló. Entró temblando de frío, con su sobretodo largo que usaba invierno y verano. Saludó a todos y todos respondieron juntos, bajaron la cabeza, algunos se apoyaron sus sombreros en el pecho. Pidió un vino tinto. Se lo tomó de un trago, prendió un pucho, se dio vuelta y preguntó: —Quiero saber qué pasó, así nos preocupamos todos.
   Uno de sus peores amigos le acercó un tazón de café, el mejor puso la silla cerca de él y pasó el brazo por el respaldo de su amigo.
   El más joven se arrodilló a sus pies, juntando las palmas le dijo que él, no podía decirle.
   El más viejo habló: —Mirá viejo, recién llamaron de Siria, tu hija murió anoche.
   Siguió tomando vino y no hablaba. Dejó de temblar, se quitó el sobretodo y lo tiró al fuego.
   Su mejor amigo lo llevó arrastrando hasta la casa, le puso su propio saco.
   En el camino decía: —Querés que te diiiga una co... una... cosa. Lo que más bronca me da es que no me avisara que se iba a morir...que no me avisara ¿entendés? Además ¿qué carajo estaba haciendo en Siria?
                                                   

jueves, 14 de diciembre de 2017

¿Y?


   Era una secretaria óptima, cansada de un jefe despótico y exigente. La humillaba en público con una lista para que fuera al supermercado. Cuando volvía le tiraba las bolsas en el escritorio. Coordinaba tantas cosas dentro del biulding, que los jefes rogaban para tenerla de secretaria. Pero ella tenía una cuestión de honor con la ética, no pensaba en renunciar. Un día de calor cambió su taier de secretaria y se puso una chemise de seda. El jefe la miró, cerró la puerta del despacho y se tiró encima de ella. Le arrancó el vestido y la violó.  Logró escabullirse y se metió en el despacho del Director General. Le contó lo sucedido, eso no tenía reparación. El Dir. Gral. la nombró socia. Las compañeras le prestaron ropa. Se fue sola a esperar el subte. En un extremo estaba él, la miraba sin ver. Ella se puso detrás. Con una sola mano en la espalda, le hizo perder pie. Del resto se ocupó el subte.
   Por la mañana el Dir. Gral. la esperaba en su despacho. Hablaron un rato, le convidó un whisky, aceptó por no despreciar. Le tomó las manos (las de él estaban pegajosas) y le pasó la lengua por el cuello. Empezó a gritar y a tocar las alarmas. El infeliz la dejó.
   Ella se fue pensando cuántas personas había que matar para vivir en Buenos Aires.
                                                                               

miércoles, 13 de diciembre de 2017

DICTANTE


   —¿Cómo vas a matar un pollo de ese modo?
   Y ahora yo pregunto —¿Qué te molesta más, matar un pollo o de ese modo?
   —Diego, no merece respuesta.
   Hipócrita, escribe como Dios y piensa como Satanás, la dictadura de lo nuevo lo atraviesa de lado a lado. No es casual que se llame Hipólito Fregattelli. Soy su peor amigo, tengo altos decibeles morbosos.
   Le dicto lo que escribe, desgasto mis ideas en un chiquero. Hipólito, luego de publicar su libro, me pregunta qué me parece. No contesto, miro a través de la ventana y observo que un chico le besa la boca a una chica. Mientras él la besa, ella mira el horizonte del mar. Llamo a Hipólito para que vea y dice:—¡Qué noche ideal para meterse en el agua!
   Para él es importante lo que no ve, por eso le dicto: “Mi mejor amigo es Diego, un dictador que no presume. Juega a ganador y gana. Tiene el don de sumar cifras extensas con el pensamiento. Percibe la traición de sus amigos, desde antes que lo traicionen.” Hipólito no está de acuerdo y pretende cambiar las rutas de las palabras. Le digo que no se le ocurra, porque su libro caería en los pozos negros del olvido. Se acerca, ¿cómo no me di cuenta? Sus largos dedos rodean mi cuello y lo gira seis veces.
   Como morí, ahora no tiene quién le dicte. Salió en Internet “Hipólito Fregattelli dejó de escribir” Ahora se dedica a matar pollos. Vive muy bien de mi muerte.

martes, 12 de diciembre de 2017

PER SE


   —¿Te puedo dar un beso?
   Es débil, sin convicción, vos estás muerto por ella, soñás de día y de noche, la ves de lejos, está sola leyendo en un banco, se pone de costado y las piernas te vuelan. Vas despacio y le decís: —¿Te puedo dar un beso?
   Ella te mira los granos: —Rajá de acá, boludito.
   Si querías un acercamiento certero, le preguntabas: —¿Me podés decir qué hora es?
   Y ella con una sonrisa, te habría contestado: 
—Son las nueve.
   Vos le decías: —Gracias.
   Y ella: —De nada.
   Te ahorrabas el “rajá de acá” y el “boludito”.
   Pasan dos años, te seguís haciendo el bocho con la minita, dejaste de estudiar, de dormir, de hablar, para que todo el espacio lo ocupe ella, y vos imaginando cosas que van más allá de un beso. La ves sentada en el banco, desde hace setecientos días, siempre a la hora del sol. Hoy es Domingo, que es más triste que el Lunes, porque después del Domingo, viene el Lunes, que per se es tristísimo. Te dirigís al banco con paso firme, te sentás al lado, abrís el mismo libro que lee ella, en la misma página. Hacés rapidito una mancha de birome en la página que leen ambos. —¡Ay! Y es prestado, yo me muero. ¡Qué hago!
   La mina te mira: —¿No me mostrás en qué estado está tu libro?
   Vos se lo das tomándote la frente como el Pensador.
   Ella dice: —Están iguales, yo te doy el mío y vos me das el tuyo, a mí las manchas no me importan.
   Cuando intercambian vos le das un beso en la mejilla: —Gracias, sos un amor de persona.
   Ella te mira un poco asombrada, no tenés más granos, usás una barba suave y tu pelo es largo poeta. Es más, ni te reconoce.
   Con voz de gacela dice: —¿Y si vamos a tomar un heladito de limón acá en frente? Yo te invito… 
                                                          

lunes, 11 de diciembre de 2017

POLENTA TIENEN


   —¿ Y querés que le pregunte quién lo mató, así de una?
   —Sí, y cuándo y por qué, es de diseño fácil, jugado pero no solemne. Luisa se va a ofender o le da un ataque de sonámbula agreta y te corre por toda la casa con un puñal, es una chica capaz.
   —Sí una chica capaz de dar cinco materias juntas y agradecer con su propio cuerpo, a los profesores intervinientes.
   —Está claro y movistar, que al marido lo mató ella cuando se enteró que el tipo dejó sus propiedades a mi nombre. Sabía que nosotros curtíamos más que su matrimonio, desde antes que cometieran la imprudencia de casarse. Te digo más, cuando se hartó de mí te tiró el guante, vos lo eludiste con esa elegancia que te dejó el cuerpo sin estreno. ¿O no?
   —Siempre fui elegante, jamás tuve algo que no fuera un calzón, entre mis piernas, miento bien.
   —No, no, no es así!! Tienen que dormir antes de los ensayos.
   El Director enfureció porque nada de lo que dijeron las actrices era lo convenido. 
—Morcillearon, no estudiaron ni la letra, al personaje del Marido, que por suerte está ausente, no lo mataste vos ni nadie. El tipo rajó para no verlas más. Uds son las víctimas, él quería que murieran atravesadas por la misma espada. Y esa es la escena final. Si hubieran usado las cuatro neuronas que tienen enyesadas, me hubieran estimulado, para que fuera un trabajo inolvidable de dos actrices que no conocía nadie, una pena porque son dos asesinas y espero que las armas conque me apuntan, no tengan balas.

domingo, 10 de diciembre de 2017

NAVINADA


   —Una bola plateada, mi cara aparecía grande con cachetes inflados, las comisuras hacia abajo, chata mi cabeza. Viene la maligna Navidad horadando cuán solo está uno.
   No recuerdo qué día fue el accidente de Papá, pero sí sé que nació el 25 de Diciembre. Si lo pienso es una puñalada en el pecho y como mi dramatismo no tiene límites…
   —Todos los años me contás lo mismo y nos tomamos el trabajo de elaborar un duelo. Lo mejor que tenés de él está en tu cabeza, el histrionismo, su parte creativa. A veces me parece que sé más yo que vos, de tu Chaplin, como lo llamás a veces…
   —Es que no es sólo eso, odio la Navidad, el Año Nuevo, los Reyes Magos, los Cumpleaños. Las vivo como condiciones impuestas, obligadas. En esta época, donde el hombre se volvió un único y el año nuevo nuevo parece usado, como para marcar un tiempo inventado. Olvidar la mugre y empezar de nuevo, pero con más mugre.
   —¿Por qué te hacés sufrir así? Son días como cualquier otro, no sos sólo vos que te sentís sola. Hay cuetes, fuegos artificiales y gritos destemplados que provienen de otras casas. Poné tu música al mango, comprate un buen champagne y tirate a la pileta.
   —Tuve mi desahogo: “Se acercó la vendedora y preguntó-: —¿Va a llevar la bola plateada, Señora?
   —Ni en pedo, este árbol que tenés acá, mirá como lo hago mierda, esas lucecitas lamentables, ¿ves lo que hago? Las piso todas y me convierto en remolino, rompo la Caja, donde todo el mundo paga la ficción, se la parto en la cabeza al de seguridad…”
   Quedó chato el boliche, lastimé gente.
   —¿Y no te metieron en cana?
   —Justo ese día las calles se llenan de gente que va y viene, ricos, pobres, con paquetes idiotas. Me confundí entre tantos, fue mi mejor guarida. Llegué a casa y estaba mi familia de tres, todos beodos.
   —¿Y qué hiciste?
   —Me fui a la terraza, no quise vivir más y me tiré, son dos pisos. Soy tan inútil que ni matarme pude. Por eso hoy vine en silla de ruedas. Me quedo sin veraneo, sin playa ni mar. Así es mejor, en casa me dicen que es imprescindible la terapia, y un acompañante terapéutico no vendría mal. Ellos se van de vacaciones. 
                                         

sábado, 9 de diciembre de 2017

EN EL BAR


   Un grupo de viejos se sentaban en el medio del bar en dos mesas juntas, años de la misma ceremonia. Morían uno por año, pasaba un año y moría otro. Los que quedaban miraban los ventanales. Cuando fueron sólo dos, decidieron no concurrir al rito del café.
   Hubo una persona que realizó un rápido boceto. Logró captar el gesto de cada viejo, en la cara, las manos, las curvas de la espalda. Transportó el boceto a una tela y la pintó al óleo. Concluido el trabajo le pidió al dueño del bar colgar el cuadro en el lugar. Lo aceptó de inmediato y le dieron un lugar de privilegio. Eso alegró a los parroquianos, un cacho de historia que disfrutaban mirando con nostalgia.
   Pasó el tiempo, con esa manía que tiene de pasar. Debido a las noches de rock del mismo lugar, los personajes sumaban agregados, con fibras indelebles, bigotes algunos, cuernitos, fuck you, por las mañanas el cuadro aparecía sin mácula. Esa manía del tiempo del deterioro. El traje del viejo verde, perdón, el traje verde del viejo empezó a diluirse. Con los otros personajes sucedió lo mismo, hasta que todos se ausentaron del cuadro. Esa imagen de los viejos amigos desapareció. A los concurrentes les era indiferente. La mesas fueron reemplazadas por otras que se juntaban y todas las mañanas el grupo de nuevos viejos se charlaban vaya a saber qué, pero se reían.
   El dibujante formaba parte del nuevo grupo, tenía casi la misma edad que los otros. Desde la calle hizo un boceto con sus compañeros. Él no se puso porque era el que dibujaba. De pronto se trasladó unos pasos, para tener una visión más clara y cayó en el hueco de un edificio a construir.

   Este grupo quizás más supersticioso que el anterior, ante la muerte del dibujante, no asistió más. Una mañana se instalaron en las mesas nuevos viejos. El hijo del dibujante tuvo ganas de hacer un boceto.
                                                                 

viernes, 8 de diciembre de 2017

A. A.


   Fui invitado. Escuché golpes como dos personas boxeando. La puerta estaba abierta. Yo asistía a Alcohólicos Anónimos y llevaba tres años de abstinencia, dos compañeros que conocí en las reuniones eran los que no podían detener sus trompadas. No quería meterme, soy tamaño small y me dio temor que por intentar separarlos, ligara algo. 
   Hice lo que correspondía, me puse al medio, me rompieron el tabique nasal, de un ojo casi no veía y la boca era un flan sangrante. Por hacer el bueno, si hubiera seguido con Don Poncio Pilatos, tal vez estaría intacto. A pesar de mi patética intervención, de ubicarme al medio, ellos seguían, había sangre en los sillones, en la mesa, en las paredes, en las puertas. Sentí que formaba parte de una escena, donde guionista y director no saben cómo continuar y la pelea tiene una duración eterna. Los tipos quedaron tan masacrados que no se entendía cuáles eran los buenos y cuáles los malos. Me pareció que el combo venía sin discriminación. 
   En Buenos Aires se reciben encargos de EEUU para películas clase Z, con escenas de sangre, sin personajes, el protagonista es la sangre. En ningún momento, ninguno de los tres     A. A. tuvo aire ni fuerzas, nos miramos en el espejo que era lo único que no se rompió y nos vimos. Un cuadro lamentable, las posturas eran obscenas, brazos quebrados, piernas con enroque a otras de propietarios irreconocibles. Yo con mi voz de tenor pregunté: —¿Y por qué todo esto?
   Uno dijo: —Éste empezó a chupar, por cornudo, y lo niega, le digo que yo fui testigo y protagonista. Cerrado el caso. La ira lo sublevó, me pegó y no paró.
   El otro le restregó que la vieja era una puta de la calle, estaba enterado por su padre Comisario. A la madre la arrestaban día por medio. Por lo tanto era un hijo, de puta, que ahogaba su desamparo con vino de caja, perfume y alcohol de farmacia.
   —Y vos que fuiste el primero que preguntó ¿Qué te pasó?
   —A mí nada, nunca me pasó nada y estaba seguro que nunca me pasaría nada, entonces empecé a mamarme, para hacer algo. Después me rescaté con Uds en A. A., tienen cada historia, los envidio.
                                                     

jueves, 7 de diciembre de 2017

QUIEN LA CONOCE...

  
   Un tipo grande, pero pintón, eligió Cuba como lugar de descanso. Fue con amigos que se dispersaron y quedó solo, de espaldas a la ciudad, apoyado en el malecón.
   Una cubana color bombón hacía equilibrio mirando el horizonte, él le preguntó. —¿Esperás gomón o balsa?
   La adolescente extrañada dijo: —En ambas casi me ahogo, nado mal, fue un martirio, ahora no se necesita.
   La chica lo invitó al Bar de su Tío. Tomó hasta quedar como una cuba, era lógico estando en Cuba. La chica lo subió a una pieza sobre el Bar. Cuando despertó, la chica le extendió un tazón de café, se acostó al lado y procedió como una verdadera profesional. Él sentía como si hubiera entregado su destino a la chica bombón.
   Le hizo conocer lugares derruidos y habitados por personas alegres de ojos tristes. Iban a la playa y nadaban tipo competición, siempre ganaba ella, a él su cuerpo le latía.
   Pasó un año y a la chica bombón le creció un bomboncito en la panza. Al tipo pintón le pareció un sueño tener un niño a los cincuenta. Le escribía a su hermana día por medio y le mostraba su flia colgados de una palmera, con sonrisas de sandía o escribiendo en la arena “A fin de año vamos, Milena”
   Tenían los pasajes de avión, pero tres días antes la emoción de volver, le dio un paro cardíaco. La Chica Bombón y su Niño Bombi, pisaron tierra argentina, Milena los esperaba.
   Bombón la abrazó entrañable, cataratearon tanto, hasta que Bombi tiró de la cartera de su Tía.
—Vamos chica, como decía Papi. ¿No que eras divertida?
                                                           

miércoles, 6 de diciembre de 2017

SEDUCCIÓN A LOS 70


   Sin cirugía, laser, botox, cremas, masajes, pilates, levantar lolas, agregar un leve volumen. Hacer igual con los glúteos, altos, duros y discretos. Lipoaspiración en todo el cuerpo, quitar manchas y arrugas de las manos. Levantar los cachimbos colgantes de los brazos. Tratar que la musculatura general se prense a los rellenos y los huesos.
   La papada, no hay otra, extirparla y esculpir la quijada que suele tener sobresaliencias de artrosis. El cirujano plástico no debe ser reconocido, porque lo agarrás cansado y te hace cualquiera.
   Los mejores viven en Rumania. EEUU  es impecable para implantes pilíferos. Después que te sentís soberbia, divina, viene lo peor.
   Nadie te da bola. Porque todos se dan cuenta que sos una matusalénica operada. Un día comprendés que estuviste en quirófanos, masajes, gimnasios, aparatos odontológicos, desde los treinta y te olvidaste de vivir. Tu agenda no anotó amigos, anotó turnos.
   Hasta tus nietos preguntan a sus padres si sos de plástico, tienen miedo de abrazarte y abollarte. A tu marido lo abochorna salir con vos, los amigos le dicen: —Qué buena está la muñeca inflable que te compraste, guarda que te la pueden robar.
   Él de eso no tiene vergüenza porque te aseguró en millones.
   El último Doc eminente, te practicó estudios óseos, te encontró apolillada de pies a cabeza. En quince días te quebrás en mil pedazos. No necesitarás crematorio, pasás directo a la urna.
                                     

martes, 5 de diciembre de 2017

EFÍMERO


   —No lo conocí, envejeció, pero tenía más cara de enfermo, vendió el auto, sacó todos sus ahorros y se hizo nuevos estudios con especialistas en Miami.
   —¿Pero qué tiene?
   Le miré el sombrero. —Tiene dos años, o uno, o seis meses, o tres días, eso tiene.
   La internación no me sirve de nada, puedo descansar en casa, caminar despacio, no tomar frío y una sarta de boludeces donde crecerá la ira y voy a morir.
   Hoy te necesito Dios, mis hijos no saben nada, ni quieren saber. Violeta de algo está enterada, bastante, consiguió un auto viejo y me lleva a todos lados. Hace todo por mí, siento que soy una marioneta suya.
   —¿Hace mucho que no lo ves a  aquel?
   —Ayer estaba en el bar, va por la segunda quimio, está pelado pero tiene barba, un fenómeno extraño. Me invitó con un café. Pidió que no habláramos de su enfermedad, lo hacía sentir más enfermo. Usa una muleta y no puede mover un brazo, le quedó estirado hacia adelante y la palma de la mano hacia arriba. Los caminantes le dejan monedas y billetes. Dice que si sale todos los días, gana el equivalente a su jubilación.
   —Lo he visto en varias oportunidades, ahora no le corre sangre por las venas y se le secan partes del cuerpo. El brazo extendido fue el primero que se le desprendió como una rama sin savia. Pasó igual con las piernas, las caderas, el torso y por último perdió la cabeza, hecha astillas.
   Lo único que me quedó fue la voz. Hablo con los solos de las plazas, primero se sorprenden, después nos hacemos amigos. A los yutas les grito cualquier cosa y quedan mareados, a veces disparan hacia cualquier lado y matan inocentes, no les grito más.
   A casa no volví, no tiene sentido, no como, no duermo, mi mujer no me ve y si le hablo haría como hizo siempre, no escucharía. Mis hijos olvidaron mi existencia. Tengo tantos beneficios, entro a la misa del domingo y le grito “Hipócrita-pedófilo-poné un comedor tacaño y sacate ese disfraz que parecés una puta en carnaval.
   No gasto nada y conozco el mundo en todas sus variables.
   Es tanto más lindo ser alguien que no se nota, que alguien notable.
                                                                   

lunes, 4 de diciembre de 2017

EL HOMBRE NUEVO


   —No me gustan los chicos, pringan todo, toman leche y te vomitan en el hombro, lloran cuando vos estás en el octavo sueño. Tenés que desayunar en puntillas, al menor sonido piden comida como marranos.
   —¿Cuando crecen?
   —Es peor, te mandan a llamar de la Escuela porque el chico se mandó una puteada, merecida. Tenés que vigilar que haga los deberes y estudiar vos con él, eso viene bien porque te acordás de cuando ibas a la Escuela y explicaban bien. Hacés la Primaria de nuevo.
   —El Secundario?
   —Algunos se llenan de granitos, les crece la nariz, antes ñata, los tenés que mandar a bañar, lavarse bien los dientes, quitarse las lagañas, se van en ciento veinte materias.
   Cuando crecen, que casi son tan altos como vos, eligen una carrera que a su padre le gusta, pero a él no. Se mete en otra y tampoco le va. La tercera es la bienvenida, conoce su primera novia, cuentan que dan materias y cuando terminan la carrera, dieron más materias que las correspondientes. La novia queda embarazada, se van a vivir juntos. Es una liberación que durará seis meses como máximo. El pendejo vuelve, dice que no sirve para marido ni para padre. Se tira en tu sillón preferido y come pochoclos mientras mira películas de sangre, de mucha sangre, son sus predilectas. Las ve traducidas al español, las subtituladas le impiden llegar a dos palabras, y eso, haciendo un esfuerzo descomunal.
   Crece tipo hombre, se casa con una mujer más grande que él, ella trae tres hijos de su primer matrimonio. Tu hijo quiere algunos suyos y la vieja, para darle el gusto, tiene mellizos.
   Los padres de ella mueren de muerte, heredan la casa y allí se mudan, por la loma del orto. No te llama jamás. Una vez por año, con suerte.
   Hacés un crucero con tu marido, se sientan en dos reposeras y tienen el horizonte del mar a su disposición. Los maridos se aburren de estar con una, él empieza una conversa con una alemana que toma sol en tetas.
   Llega la noche y el tipo te dice que tiene una partida de póker con la alemana y sus amigas. “Vuelvo tarde, te aviso.” Vos pensás que mejor. Ese día es luna llena, te acodás en la baranda y aparece el Capitán, se te viene un poco encima, vos lo dejás, total tenés hasta tarde para…para…lo que tengas ganas.
                                                          

domingo, 3 de diciembre de 2017

OTRO MUNDO


   Mi bisabuelo, José Baltar, hizo estudios completos sobre la sumersión de naves. Hacía poco tiempo del hundimiento del Titanic. Toda mi flia estaba en la Marina, Marina Mercante, Marina de Guerra, Marina de Marina y marinero raso. Sus espíritus se unieron, para crear el primer submarino de cuatro hélices, con residuos que encontraron del Titanic.
   Los más jóvenes, bucearon las costas de China y Tailandia. Hallaron bloques de hierro, brújulas del siglo anterior y piezas de orfebrería que daban cuenta de prácticas submarinistas, que por razones desconocidas quedaron atrapadas en fondos imposibles de acceder. Se reunieron en un inmenso portazepelines y cubrieron la superficie con elementos que consideraron útiles para construir aquél sueño. Era de Dios cómo encastraban las piezas de diferentes épocas.
   Tardaron ocho años y el Submarino, pintado de amarillo listo para sumergirse en mares previstos. “José Baltar” se llamó la nave en honor al bisabuelo que cumplió su sueño. Los pasajeros pertenecían a la flia, hombres, mujeres y niños. La cabina, ocupada por los más avezados que, se encargarían de la conducción.
   Se produjo la inmersión. Todos miraban por las ventanillas admirando que debajo del mundo había otro mundo, con tanta agua que prescindía del oxígeno. Se observaban pulpos besando las ventanas,  ballenas generosas que dejaban entrar al submarino por la boca y salir por detrás. Tanta algarabía distrajo a tripulantes y pasajeros de una turbulencia, que los incrustó en el fondo de todos los océanos. Quedaron con vida dos niños con equipos de buzos, de hierro y pulmones privilegiados.
   No podían hablar, fue traumático, a pesar de los años transcurridos, los ya adultos sobrevivientes, callan olvidados del mundo que existe debajo de éste y otros por descubrir.
                                                                             

sábado, 2 de diciembre de 2017

MRS KILCAT

                                                
   Se había puesto vulnerable con los años, la Sra Kilcat no vivía lejos del pueblo, pero sus caminatas la hacían sentir cada vez más lejos. Se compró un sulky con dos caballos de patas percheronas. Una noche escuchó que arañaban su puerta y sin pensar, se levantó y abrió.
   Una gata blanca y negra, saltó sus pantuflas y se metió en el ropero escondiendo su miedo. La Sra Kilcat, dejó que hiciera y prendió la leñera porque el frío pinchaba. Sintió unos ruidos dentro del ropero y luego cuatro consecutivos, recién nacidos, redonditos como ovillos de lana.
   —Yo te bautizo Caty. Vos y tus hijos, ya somos flia. Luego de veinte años de soledad, me siento acompañada.
   La gata la miraba, mitad agotada, mitad temeraria. La Sra le contestó a la mirada: —Yo te ayudo, te doy calor y comida, no me mires con inquina.
   La gata, indiferente, como todos los gatos, aceptó. Pero se metió ella y su cría en la cama de dos plazas. Más protegida que el ropero. Le brindó una sopa tibia en la mañana, mientras los críos se prendían a sus tetitas. Los dos más chicos quedaban afuera hasta la segunda vuelta.
Fue al pueblo en sulky, para la compra diaria. Los proveedores la querían por pertenecer a una flia rica, devastada por la crisis del treinta. Ella era única sobreviviente, considerada un baluarte de la historia pueblera.
   Compró más que de costumbre. Eso asombró a la gente que sabía todo y nada de la Sra Kilcat. En todas las callejas había papeles que rezaban: “Interesante recompensa por devolución de gata blanca y negra, preñada.” Cuando la Sra descubrió los carteles tomó el sulky y en cinco minutos llegó a su rancho. En medio de su agitación, contó a Caty: —Te buscan por doquier, Caty, a mí antes no me interesaba nada, pero a la vejez viruela descubro imprescindible dormir con todos Uds, no me gusta rogar, pero en este caso amerita. Duerman conmigo en invierno y en primavera corran la floresta, las acequias y algún ratón despistado. No se acerquen a la aldea, no es para asustarte, Caty, pero ha llegado a mis oídos, que les encantan los asados de gato. Son herejes. Al no haber vacas…
   La gata le saltó a la falda y ronroneaba con la felicidad de alguien que dejó de ser huérfana.
   Los gatitos repatingados, panza arriba, dejaban que el sol les matara las pulguitas.
                                                   

viernes, 1 de diciembre de 2017

RELACIONES PELIGROSAS


   Qué laburo para la nueras, mentirle a las suegras. Las que tienen hijos únicos y pretenden que la nuera le saque la grasita del jamón crudo.
   Ella le miente cómo prepara los sánguches en su casa, con todo esterilizado, sin mayonesa, porque sabe qué mal le cae al nene. Los compra hechos, en una Panadería de coreanos de uñas negras. La nuera quiere que el tiempo pase pronto, mentir sobre lo mentido, agobia. El coreano sabe pero no dice. La suegra la deja a cargo del nene con hepatitis, porque a la hermana la tienen que operar.
   Compra sánguches, ahora les agregan vinagre. El nene, el novio, el futuro marido, no come, el olor le impresiona. La nuera le deja la bandejita al Portero, que se pone chocho.
   Le miente a la suegra, tienen que estudiar. 
—¿Esta noche? -Pregunta la suegra sin sacar los ojos de la tele-.
   —¿Y qué van a estudiar?
   La nuera contesta con perversión. —Anatomía.
   Al tercer día la suegra resucita de la tele. —¿Les fue bien en Anatomía?
   Ella piensa, mientras él imprime las Invitaciones, vieja bruja. —Sacamos diez, los dos y como estoy embarazada de cuatro meses nos casamos el día de su Cumpleaños, le quisimos dar esa sorpresa, ¿No bichi?
   Él sigue imprimiendo las Invitaciones y contesta: —¿Qué sorpresa?

   La suegra queda pasmada. Piensa que sólo comerán sánguches de miga de los coreanos. La nuera goza porque la entrega la hará el coreano que sabe pero no dice. 
                                             

jueves, 30 de noviembre de 2017

MEJOR COMENZARÍA DE TÍ


   —Bien, Ud. dirá, Alicia.
   Lo ví tan seguro de sí mismo, el retrato de Freud atrás de su sillón, era su vivo retrato, me puse colorada. Como él permanecía en silencio se lo dije de una: —Soy virgen y tengo treinta y cinco años.
   —Ahá, ahá, bueno es un problema que usted misma puede revertir.
   Me puse a llorar, soy tonta, no tengo remedio, me alcanzó un pañuelo para una sola lágrima, los que ofrecen los analistas, hartos de llantos  femeninos. —Debe haber algo que tendremos que investigar ¿Cómo era Mami con usted, Alicia?
   Éstos siempre con el mismo verso, de Mami y Papi, ya me lo sé de memoria. —Mi madre era virgen, muy buena y generosa.
  Ahora me interrumpe, tal cual: —¿Cómo que su Mami era virgen? ¿Y su padre qué opinaba al respecto?
   No le podía ver los ojos, porque usaba anteojos culo de botella, no tenía otra que dirigirme a los culo de botella. —Mi Papá no opinaba, él también era casto.
Como el Doc no decía nada, menos que nada, seguí mi relato:—Ellos me contaron que yo nací sola, por obra y gracia del Espíritu Santo, siempre deseé conocer al Espíritu Santo, después de todo era mi padre. También me dijeron que él estaba en el cielo, en la tierra y en todo lugar. Revisé todos los placares, debajo de la cama, los muebles de la casa, dí vuelta la tierra del jardín y nada. Subí a la terraza de noche y allí tampoco estaba.-Me cortó de nuevo, le gustó mi cuento-.
   —Dígame Alicia, ¿Usted lo extraña?
   —Doctor, eso es el pasado, yo lo que quiero es dejar de ser virgen y pensé que usted me ayudaría.
   Me miró peripléjico. —Es usted joven, ya va a aparecer alguien, vamos a ir viendo.
   Pensar que éste estudió, cómo sería si no. —Mire Doc, yo quiero que usted rompa mi virginidad, soy directa, asuma su responsabilidad profesional, acá tenemos un buen sillón, sé que usted está bien dotado, vio como son los pueblos, finalmente se conoce el tamaño de todo. Me voy sacando la ropa y empiece de una vez. Acérquese, yo lo desvisto, rápido, que llega el fin de mi sesión.
   Un encanto el Doc, quedó plenamente satisfecho y aumentó mis sesiones a dos veces por semana. Hace poco propuso que viviéramos juntos. Le dije que necesitaba pensarlo, al menos seis o siete sesiones más.
   Hay que crear un poco de misterio, sobre todo con éstos, que se creen que se las saben todas.