lunes, 10 de octubre de 2022

HORMONAS

 

   Tengo dos amigas, a decir verdad son dos medio amigas, que sumando es una amiga. Hablan en estéreo, no sé por qué siempre estoy al medio.

   Valentina y Soledad atribuyen mis dolores a que soy hipocondríaca. Se ríen de mí, sin mí. Tomamos sol y nos tiramos a la pileta, el agua parece helada, pero de eso se trata el juego, calcinarnos y meternos al agua. Tomando una gaseosa, el dolor me dobló el cuerpo. Valentina gritaba que era un calambre, Soledad creía en una somatización por mis padres ausentes. La tía de Vale salió de la casa y me tocó todo el cuerpo, sentenció que aquello no era calambre ni somatización.

   El tío me llevó al hospital, así, hecha un nudo. Por suerte las chicas vinieron conmigo y murmuraban las distintas enfermedades, que podían caber en un viaje de veinte minutos, hasta la sala de guardia.

   Vinieron dos médicos que descubrieron lo que tenía, sin mi información, yo no podía hablar.  Practicaron toda clase de estudios, algo escuché a uno de ellos, dijo “¡Bingo!” Me operaron tres nódulos y con un interludio de quince días debieron realizar una histerectomía. Vale, católica de las molestas, puso en la mesita una virgen de manto celeste, que protegía a los enfermos. Sole, más pragmática, me regaló pantuflas, las mías parecían hablar.

   Parece que en mi flaca humanidad había mucho que estudiar. Los médicos venían a saludar todas las mañanas, me tomaban las manos y daban dos palmaditas. Si preguntaba los resultados, sonreían, giraban sobre sí mismos y cerraban la puerta.

   A esa altura le empecé a rezar a la virgencita, fui creyente durante mi terror a la muerte.

   La mañana del sol molesto me dieron la noticia, no se observaban células cancerígenas. Pretendí que me dieran el alta de inmediato, lo conseguí. Sole decía que necesitaban la habitación, por eso me mandaban a casa.

   Cuando las heridas fueron sólo una rayita, todo lo que me rodeaba parecía recién creado, como si me hubieran parido de nuevo.

   Le devolví la virgen a Valentina y las pantuflas nuevas a Soledad. Las mías, viejas, tenían la comodidad del tiempo, recibían mis pies con el mismo formato de ellos.

   Tenía una duda, me quedó una teta normal y la otra casi plana. Encontré al Doctor en una manifestación, me encantan las manifestaciones, si me gustara trabajar, trabajaría de manifestante. Lo seguía y lo perdía, hasta que llegué a la manga de su sobretodo y me colgué hasta descoser la manga, le pregunté porqué me había dejado una teta chata.

   —No te preocupes, se va llenando de nuevos tejidos y te queda igual a la otra. Con la posibilidad que se generen nuevos nódulos y el riesgo de que haya...

   Llegaron los bombos y no escuché más.

   Tengo en mi dormitorio, como tapiz, la manga del sobretodo del Dr. Niedfeld.

domingo, 9 de octubre de 2022

LA PIEZA

 

   Tiene micrófonos GSM en toda su casa, ropas, el auto, en una prótesis definitiva de sus muelas.

   Micrófonos de tamaño media hormiga, inodoros, incoloros e insípidos. Forman parte de Raquel, antes que la dejara su marido, Asesor de Economías Latinoamericanas. Informante buchón. Su mujer, cuando preguntó a Rocho en qué trabajaba, escuchó una sola palabra:

   —Negocios.

   Le besó la frente y el motor ya prendido, tenía un conductor que le abrió la puerta. Personal de limpieza le fueron prohibidos por su marido. Raquel limpiaba en tiempos récord, contaba con elementos de última generación. Pulsar botones, o sólo pasar la mano para las funciones necesarias. Rocho no quería jardinero, no quería visitas, no quería teléfonos, nada que tuviera conexión humana. Ella se preguntaba si la ausencia de contactos maritales, eran para no conectarse. Sólo le permitía escribir. Dejó la Facultad, amigos, parientes y todo lo que fuera hablar con alguien.

   Rocho llegaba a la casa, le tiraba un beso y se encerraba en el escritorio. Ella llegó a olvidar cómo era antes de conocer a Rocho. Escribiendo, viajaba a donde más le gustara, lugares con desplazamientos armados, tomaba el cuerpo de algún soldado, que harto de matar, buscó cambiar de identidad y ella lo trasladó a cuando era chico y jugaba a las bolitas. Lo hizo ganar siempre. Se llamaba Modesto, otro que se le escapó del cuento y le enseñó a trepar a los árboles, a ella, que se perdió en el bosque.

   No supo volver y se durmió sobre el cuaderno. El primer rayo de sol le dio en el ojo derecho, miró al costado, una carta decía: “Raquel, te dejo, leí tu cuaderno, tiene micrófonos GSM, te escucharon de Washingotn DC, se suspendió la Conferencia, les resultó conmovedor que me hubiera casado con una tonta.”

   Uno dijo:

   —Las mujeres tontas, saben cosas que desconocemos, con una apretadita, larga todo. Y quién nos dice, encontramos la pieza que nos faltaba.

sábado, 8 de octubre de 2022

COMPAÑÍA

 

   Kitty estaba enferma y tranquila como un estanque. Al amanecer empezaba su trabajo de ceramista, cuando el sol se ponía franco, sacaba un banco y tomaba mate. Veía un viejo que pasaba todas las mañanas, encorvado, llevaba cartones en una bicicleta. Kitty, una mañana de frío congelado, llamó al viejo para que tomara algo caliente. Él aceptó. Le dio vértigo cuando miraba los trabajos de ella. Lo llevó a conocer la casa, se hicieron amigos, le contó del abandono de su mujer. Ella le habló de su enfermedad como algo tan natural, que daba tibieza. Se dijeron hasta mañana y se dieron la mano, como los hombres.

   Recibió un llamado de su hermana, agitada, nerviosa y sacada:

   —Encontraron al violador compulsivo de Monte Grande, ¿Sabés quién es?

   Kitty dijo:

   —No, no tengo la menor idea, nunca salgo, qué querés que sepa.

   La hermana contó que era el mismo viejo que tomaba mate con ella y se hacía el amigo.

   Kitty, con voz calma, le dijo que ese señor no se hacía el amigo, era amigo y todo lo que andaban diciendo de su amigo, era una mentira perversa.

   —Hablar así de un caballero, que leyó El Quijote en castellano antiguo. Si me quitan este amigo, abandono el tratamiento y dejo acontecer, antes o después sucede. No sé qué joden.

viernes, 7 de octubre de 2022

NORA INVIERNO

 

   Entró al negocio como un rayo, Quintina producía electricidad.   Ahora me llamo Nora Invierno, me inspiré en la naturaleza. Tengo otra identidad, sale dos mangos y los hacen los mismos tipos que hacen las verdaderas.

   Aparece Quintina y la abraza, de lejos, porque su ropa podría arrugarse.

   —Nora Invierno ¿Qué pasó con los libros? ¿Qué son esas porquerías metálicas además del kiosco?

   No me gustó nada lo que dijo con respecto a mis objetos, con un desprecio que no le conocía.

   —Mirá Quintina, acá vivimos como podemos, lo que no podemos. Está Iván, mi marido, que se encarga del kiosco.

   Quintina pensó que nunca pensó en los deseos o los proyectos de Nora y dejó que hablara.

   —¿Sabés qué hice con los libros? Los vendí por kilo, fue más redituable que entren tres gatos locos y se vayan sin comprar. Traté de olvidarme de mí, pero no pude, mi mí viene conmigo.

   —Nora cómo voy a despreciar tu emprendimiento, sos una reina verdadera, pero sacáte esos collares y pulseras que son horribles. Venía a proponerte un negocio ¿Te acordás que en una época, vendía aire en lata y la gente compraba? Charly, que es como mi marido, me dio la idea. La venta de Pitotangas, en un pack moñoso, con etiqueta de importación. Las viejas te lo compran de cabeza, se harán el bocho con el nombre.

   —Quintina, si para tener mejores ingresos tengo que vender Pitotangas, contá conmigo. Una intriga ¿Qué tienen adentro los packs de Pitotangas?

   Quintina la miró como quien se asombra de la ignorancia.

   —¡Por favor, Nora! ¿Qué van a tener? Pitotangas ¡Obvio!

jueves, 6 de octubre de 2022

LA VENTANA

 

   La ceremonia se completa con la lectura del diario. Pero hoy no, por fin no. Prendí el particular, que ahora viene vacío para estar acorde con este tiempo. Miro pasar gente. La ventana esmerilada de mugre, una mosca enamorada de mi taza vacía, me deposita en las cucarachas, pegadas a las orejas de los que vienen y van. No escucho qué dicen, debe ser aburrido. Por las caras iguales. Alguna risa, alguna discusión, negocios, un amante, un hijo, mandados, consultas o “cuánto hacía”. La maté con el encendedor, estaba boba, fue fácil…   Quedo sólo, un chico pasa detergente y secador a mi ventana. Se ve mejor. Van y vienen como hormigas, con sus cucarachas adheridas, vida de insectos. Los conductores con una mano en el volante y la otra en la cucaracha, taras irresponsables del hombre de hoy. La parada del micro enfrente. Un pobre disfrazado de todavía puedo y otro de ya no puedo más. El armatoste humo negro los lleva, casi atropella una viejita encorvada. Pero no. A lo mejor le hacía un favor. No creo que ella piense lo mismo. Alcanza la vereda, tiene un ángel que le pide que siga.

   Me dan ganas de matarlos a todos por mentir sus soledades, por ese odio encubierto que tienen hasta los chicos. Mejor me mato yo, menos laburo. Lo pensé muchas veces. Cuando era joven más.

   Entre tanta nada en el desfile aparece Alberto y sus rulos. Se sienta, antes me saluda, se ríe, siempre se ríe. Me hace bien. No hablamos de la realidad. No interesa. Le digo que anoche subí uno, regular. Él no vio nada. Fue tarde, cinco de la mañana. Elogio su excelente poesía del martes, un comentario. Me da risa su risa, nos reímos juntos. Él es diferente, yo también. Será por eso, no usamos cucarachas. Usamos internet, un insecto más grande.

   Se sumaron otros, escribimos cuentos o poesías, somos cuatro, como dijo hace treinta años mi psi de La Plata:

   —Y viste como es ahora…uno para dos, tres para uno… agoniza la lectura. Mucha cocaína, pocas neuronas vivas.

miércoles, 5 de octubre de 2022

TIPO

 

   Mamá decía que en Mercedes, vivían todas familias tipo. Yo creía que mis amigos, tenían una madre y un tipo al que llamaban Papá. Era una sociedad machista a ultranza, hasta una niña de mis años se daba cuenta.

   Los hombres decidían, elegían, opinaban y concurrían a misa, todos los domingos. Las mujeres caminaban con la cabeza mirando el piso y no hablaban. Los hijos, pedían permiso para cualquier cosa, como los presos.

   Mamá y sus hermanas odiaban el pueblo, decían que tenía olor a milico y a cura. La pólvora y el incienso eran la misma mierda, con distinto olor, concluían.

   Ellas pensaban que yo no escuchaba sus charlas siesteras. Me resultaban interesantes sus voces encimadas. Mi abuela se enojaba por los contenidos, que podían arruinar mi cabeza.

   Les pedía mesura a tres brujas genéticas, por parte de padre, aclaraba.

   Un verano, durante los años ochenta, mi abuela pidió que la acompañara a misa. Siempre tuvo la secreta esperanza de volverme creyente. Misión imposible, aún para mi padre, que sufría mi ateísmo de tres décadas.

   Cuando la iglesia estaba llena, apareció un hombrecito enjuto, de nariz grande y mentón huidizo.

   Los feligreses, murmuraban y gesticulaban feo, para una misa. No entendí, hasta que mi abuela dijo su nombre en mi oído. Alguien comenzó a golpear las palmas y el resto lo siguió, hasta silbidos hubo en la casa de Dios. El sacerdote hizo caso omiso y continuó la ceremonia. Cuando el hombrecito enjuto, quiso comulgar, la gente se dispuso codo con codo y la barrera humana no le permitió recibir los santos sacramentos.

   Cuando salimos, mi abuela callaba. Le pregunté su opinión. Dijo que “No estuvo bien lo que hicieron. Es la casa de Dios. Esos odios se dirimen en la justicia. Él es un hombre, a pesar de ser un genocida hijo de mil putas, sin remedio ni castigo, nadie puede arrogarse echarlo de la iglesia. Fue de cobardes lo que hicieron. ¿Por qué no lo reventaron en aquel tiempo? Un pueblo de mierda, lleno de familias tipo, como dicen mis hijas” Nunca escuché a mi abuela, expresarse en esos términos, le salió de las tripas.

   El tipo era Videla. “Un hato de huesos negado a la muerte natural, que era lo menos que podía hacer.” El día que reflexionaba en esos términos, mi abuela murió. Antes llegó el cura, con la hostia final, ella se puso atea repentina y le dijo al cura de la hostia, que se lo llevara al hijo tarado que Videla tenía oculto, en el Open Door.

martes, 4 de octubre de 2022

NO ALCANZA

 

   La Tere, la Luisa y la Carmen, se conocían desde las panzas de las madres. Nacieron en Abril, con días de diferencia.

   La Luisa criaba los hijos de la Tere, le venían seguidos los embarazos. Era muy católica, decía que recibiría todos los hijos que dios le mandara.

   Total, la amiga, sola, le criaba los chicos.

   Uno salió con la cara del carnicero, otro era igual al verdulero y el panadero, que lo reconoció enseguida porque le faltaban los dientes a los dos.

   La Carmen hacía los mandados y no le cobraban nunca. Ella pensaba que la Tere traía disgustos y provisiones. A medida que los gobiernos les comían los bolsillos, pasaron a la categoría de indigentes. La primera afectada fue la Tere.

   Las dos amigas que la ayudaban, ahora trabajan doce horas o hasta catorce.

   El carnicero se dio piñas con el panadero, que decía ser el padre del bebé de Tere, salió el verdulero, anunció que otro de los niños era suyo, el Intendente tuvo que reconocer que era otro, sólo una coincidencia de parecido. En una semana, cada padre reclamó su hijo. La Tere se los entregó y se alegró. Sus amigas le preguntaban cómo podía estar contenta sin sus hijos. Ella se miró al espejo y dijo que recibiría todos los hijos que dios le mandara.

   Hasta el cura tuvo un hijo con la Tere. Es raro ver en la plaza una persona alta, con sotana, paseando con uno de tres años, vestido con sotanita. 

lunes, 3 de octubre de 2022

ASÍ SE LLAMABA

 

   Era jardinero de su predio, amaba los árboles y a las flores las bautizaba con nombres inventados. Hacía quinta con toda clase de vegetales. Tenía su casita pero estaba tan enamorado de su trabajo, que dormía a la intemperie.

   Un vecino colindante le pidió que le hiciera un jardín como el de Miguelito, así se llamaba. Él aceptó y comenzó a trabajar en lo de su vecino. Carpió la tierra, en especial bajo las ventanas, luego tuvo que usar pala. Hizo un pozo bastante profundo y encontró un cadáver apolillado, sucedió lo mismo con siete pozos. Miguelito se puso contento, consideraba que era humus para enriquecer la tierra. Lo extraño era que los cadáveres tenían un tiro en la nuca. Decidió convocar al Señor Marqués De Las Calzas Verdes, así se llamaba.

   ─Señor Marqués, aquí se han cometido siete asesinatos.

   ─Mis hermanos y cuñados pretendieron encerrarme en un manicomio. Una estrategia para quedarse con todas mis posesiones. ¿Entiende lo que le cuento, Miguelito?

   ─Sííí, cómo no le voy a entender, justamente por eso… haré justicia por mano propia.

   Le pegó siete tiros a lo largo y ancho, del Marqués que agonizaba y pedía más. Le llevó tiempo morirse.

   Miguelito arrastró el cadáver del Marqués hasta su jardín. Hizo un pozo, lo tapó con tierra y plantó un ombú. De noche, mirando la luna, gritó:

   ─¡Viva el humus!

   Y durmió sobre la tierra con un cóccix  ajeno entre sus manos.

domingo, 2 de octubre de 2022

EL NIÑO ADULTO

 

   El niño bueno y lindo preguntó:

   ─Mami, ¿por qué estás tan así?

   ─Me tengo que encontrar con una persona que hace añares que no veo. Fue mi primer novio. No le cuentes a papi, porque se va a enojar mucho.

   ─¿Le vas a mentir? Es un hombre tan bueno y tan lindo, que no merece que le ocultes tu pecado.

   ─Para que te quedes tranquilo, cuando vuelva le digo todo. Él sabe que debe ser una de mis mentiras y se va a reír.

   ─Mami, no creo que se ría. Yo en su lugar te mato. No es que te vayas a morir, pero unos palazos vas a ligar, como cuando traigo cero de la escuela. Y vos me tirás de los pelos y tengo que ir a mi dormitorio a estudiar. Como mis clases son día por medio, los demás días vos me vas a enseñar. Debo reconocer que explicás mucho mejor que la seño. Volviendo a tu primer novio, ¿por qué salen juntos?

   ─Niño, bueno y lindo, son cosas de adultos. Cuando tengas trece años más, juro contarte.

   ─Lo que hacen los adultos se llama adulterio. Si no, buscalo en el celu. Vos salís con tu primer novio y papi está saliendo con su primera novia.

   ─Pero qué miserable, ¿cómo no me va a decir?

   ─¿Querés saber mi opinión?, ustedes que se pelearon toda la vida, ahora los noto más tranquilos, aunque ni se saluden. Mami, estás más linda y papi más buen mozo. Bueno, basta de palabras. Me contó mi amiguita de al lado, que sus padres hacen lo mismo que ustedes. Pero yo no voy a ser así, nos casaremos y seremos fieles.

   ─¿Y por qué me voy a casar con vos? ¿Y si me gusta otro chico? Yo no me lo voy a perder.

   ─Tenés razón, a mí no me gustaría ser cornudo.

sábado, 1 de octubre de 2022

PRODUCCIÓN

 

   Como no tenía trabajo me metí a laburar de sirvienta. Empezaba a las siete de la mañana y terminaba a las siete de la tarde. Denigra el limpiar mugre ajena.

   ─Teresa, olvidaste preparar el desayuno a los chicos. ¡Vamos! Mové y hacelo.

   Así me trataba, yo obedecía. Necesitaba ese dinero para comer. Llegó el marido y la mesa debía estar servida. Nunca se saludaban con un beso, se hablaban con gruñidos.

   Después de comer la mujer se durmió sobre la mesa. Él me pidió que lo acompañara hasta el dormitorio, le pregunté:

   ─¿Por qué razón?

   ─Antes de una pregunta, lo precede un señor, a vos te faltó el señor. Te explico, yo me voy a dar una duchita, vos te acostás en la cama, así vestida como estás, pero sin zapatillas. Es para entibiar esas sábanas tan frías.

   Salí corriendo para contarle a la esposa.

   ─Para mí es mejor así. Hace treinta años que dormimos juntos, tiene olor a patas, a chivo, a culo sucio. No me casé para soportar todo esto. Nací en cuna de oro, no como vos que sos una sirvienta.

   Me dio tanto odio que fui al dormitorio y me acosté con el señoritingo. Se hacía el dormido, el sinvergüenza empezó a recorrer mis piernas y a colar sus manos en mis tetas.

   Hasta ahí llegué, antes de putearlo y decirle que era abusador y esclavista. El tipo además era un perverso, me arrastró a una cabaña llena de vacas. Había variedades de pajas. Él cerró la cabaña con mil candados.

   Empecé a tejer canastos, jarrones, paneras. Cuando terminé mi producción de números interesantes, azucé a las vacas hasta romper la cabaña entera.

   Llamé a mi marido para que me pase a buscar. Cuando vio semejantes canastos, no dijo nada y con su camioneta fue a ver a mi ex patrón, que le compró todo lo que había. Le cobró el cuádruple de su valor. El tipo le pidió que le trajera otra carga la semana entrante. Tenía muchos amigos, todos interesados en la compra.

   ─¿Y después qué pasó?

   Yo y mi esposo compramos una casa igualita al lugar donde tuve la desgracia de trabajar de sirvienta.   

viernes, 30 de septiembre de 2022

A MÍ, MAÑANA

 

   La miraba mientras dormía, una composición de una virgen del renacimiento.

   Uno de los ángeles de Miguel Angel.

   Despertó y restregó sus ojos, que le pincharon por las pestañas sueltas y las lagañas. Se forman igual, aunque uno fuera celestial.

   Quiso dar vuelta, la luz directa la cegaba y tenía más sueño. No pudo, tenía una mano dormida y la otra estaba en eso. Sintió las piernas alargadas, quiso flexionar las rodillas, resultó imposible.

   La bronca ensoñada lo vio, era una sombra negra, rodeada por rayos de sol. Le traía té y le extendía la cucharita para darle.

   Se despertó. Tenía piernas y brazos atados con hilos. Él levantó la cama por el respaldo, puso diccionarios en las patas y con un cepillo antiguo, la peinó de ángel y la coronó con flores y estrellas de papel crepe.

   Ella sonreía de asombro y pensaba que vivía un sueño. Le cayó encima la sombra, la taza, la cucharita, el té. Nada hizo ruido. La violó con la certeza de que los ángeles estaban para amarlos, por las dudas la había atado. Hay ángeles rebeldes.

   Ella, que se llamaba Rosa, lo miró de lejos. Las compañeras, que presenciaron todo, se reían, otras lloraban, otras lo esperaban al amanecer siguiente, con el hilo sisal en la mano.

   Salió caminando rápido, erguido en su guardapolvo blanco, impoluto. Alguien le dijo:

   ─Buenos días, Doctor.

   Él contestó:

   ─Buenos días.

jueves, 29 de septiembre de 2022

A RUMANIA Y UCRANIA, CON AMOR

 

   En su última visita le tuvimos que decir que no lo podíamos ayudar más, no alcanzábamos a pagar nuestros impuestos.

   Y ahora, con esto del gas diluido, con no sé qué mierda, pasamos frío, sin estufa, con estufa también. 

   —¿Vos te arreglás más o menos?

   Él nos miró y dijo que trabajaba doce horas por día, cuando llegaba a la pensión, caía en el colchón como un paquete. Quisimos hacer un viaje hasta la ciudad de nuestro hijo, quinientos kilómetros, una fortuna en viaje, riesgo de ida y vuelta. Alquilar cochera al precio de un departamento en la Ciudad Infeliz. Comer afuera ni hablar, no existe, ni siquiera tomar un café. Con todo ese costo le mandamos una encomienda y aparecen miedos, si el micro vuelca, si un valijero le roba la encomienda. Y gracias a un país devastado, no veo a mi hijo desde hace un año y seis meses. Lo despidieron del laburo y no conseguía otro, a pesar de su tenacidad. Un cartel decía “Agencia de empleo”. La empleada, con aflicción le dijo que ella también recibió un telegrama de despido, la Agencia de Empleos cerraba porque estaba pasando por un ahogo financiero. En el momento de apoyar la cabeza fuerte contra la pared, mirando hacia abajo las hormigas, trabajadoras incansables, con planta permanente y que a nadie despide. Pasó una chica:

   —¿Te puedo ayudar en algo, te sentís mal?

   Su nombre era Rumania, fijaron una cita, se hicieron amigos y ella le sugirió viajar a Rumania, tenía un hermano ingeniero, tal vez consiguiera algo para él. Tenía más familia en Ucrania, su mejor amiga, su prima Ucrania. Le dieron trabajo, luego de casarse con Rumania. Nunca pensó regresar, sus padres entendieron. Todos los Argentos entienden. Es una multitud silenciosa y cagona. La primera niña que tuvieron la bautizaron Argentina. Parajodal.

miércoles, 28 de septiembre de 2022

ANARQUISTA

 

   Un auto nuevo, era el sueño de Nico, había ahorrado toda su vida. Desconfiaba de los bancos y guardaba todo en su casa, bajo medio metro de tierra. A las doce de la noche se quedó sin puchos, como todo fumador salió a buscar un kiosco.

   Recién a las tres de la mañana encontró uno abierto.

   Camino a su casa divisó movimientos extraños, eran ladrones. Se llevaron todo, la casa quedó hasta sin postigones. Una camioneta en la puerta, esperaba cargar. Hasta su dinero llevaron. La prueba era el agujero que dejaron en el fondo. Nico pensó en llamar a la policía, lo pensó como acto reflejo:

   —Yo lo soluciono, creo ser más eficiente que ellos.

   Siguió la ruta de su dinero, la ruta de los muebles y hasta los postigones en la autopista quinientos cuarenta y cinco.

   En un momento daba vueltas sobre sí mismo y casi lo atropella un enorme camión. El tipo, que resulto un tipazo, lo subió al camión. Nico, atontado por su búsqueda de hormiga, hacía el relato tan minucioso, que el camionero encontró todas y cada una de sus piezas robadas, hasta una bolsa de residuos repleta de dinero.

   —¿Cómo pudo realizar este milagro?  ─preguntó Nico─ ¿Sabe qué pasa Señor Nico? Por mi profesión, conozco los desarmaderos de la zona, si usted quiere, Señor Nico, les podemos dar su merecido.

   Así fue cómo el camionero, dejó a los tipos violeta, Nico desmayó a tres o cuatro. Cuando se despidieron Nico desató la bolsa y le regaló un puñado de dinero.

   —No don, no se equivoque ¿Cómo me va a regalar algo que pensé que era una bolsa de basura?

   Compró el auto ese mismo día. Dio la sorpresa a su mujer que preguntó cómo lo hizo.

   —Autogestión, vieja, autogestión.

martes, 27 de septiembre de 2022

PROVIDENCIAL

 

   Nuestra madre, buena como el pan que amasaba, vivía un mundo paralelo, éste le resultaba ajeno. Hablaba de Boris y Rafa, dos hermanos más grandes que nosotras y le brillaban los ojos.

   No los conocimos, estaban tan lejos. Ella decía Marbella, o tal vez India o trabajando en alguna isla caribeña. Susi, mi hermana, moría de envidia. Un día, ya crecidas, le preguntamos si no gustaría que viajáramos a ver si los encontrábamos. Dijo que no, además el viaje era caro, aunque la Abuela tuviera ahorros en dólares. Hacía tiempo la Abuela había ofrecido su dinero. La negativa de mami fue contundente. Además no tenía ganas de perder dos hijas más, ni siquiera por unos días.

   Realizamos una consulta con un abogado de prestigio y buenas conexiones. Nos informó acerca del destino de Boris y Rafa, dijo que eran desaparecidos. Volvimos en tren, sin hablar. La decisión de no contarle a nuestra Mami quedó encerrada en nuestra cocina, donde cantaba y amasaba. Apenas saludó, nos mandó a lavar las manos para comer bajo el aromo. Terminado el almuerzo pidió silencio para dormir sus quince minutos de siesta. Nos dijo que Boris y Rafa le mandaban mensajes en sus sueños. Ahora vivían en Australia, el año entrante viajaban a Dinamarca.

   Estaba contenta con sus hijos itinerantes. Nuestra Madre se había instalado en un planeta, donde no entraban el horror ni el espanto.

lunes, 26 de septiembre de 2022

MITAD DE QUEBRADA

 

   Anda enojado el padrecito, en el sermón acusó gente con nombre y apellido. Se olvidó a qué iba y por dónde.

   Yo lo esperé y cuando terminó la misa le hablé de hombre a hombre o de pastor a curita. Le pregunté si no estaba cansado por algo de nosotros. Me habló de la soledad de la capilla, de lo lejos que vivíamos todos y de su lucha para seguir célibe en el medio de las cabras. Cuando llegué a mi casa la hablé a la Malvina y le dije que fuera a charlar con el padrecito, a darle alguna alegría. Soy el padre y sé que ella se da con todos. Por decirlo con elegancia.

   El domingo el padrecito dio una misa linda, el sermón parecía de otra persona y cuando terminó, nos apretó la mano a todos y dijo gracias.

   Malvina nunca volvió a nuestra casa, vive en la sacristía, se casó con el padrecito, tienen dos críos.

   Ahora las cabras las cuido yo, quedé tan impresionado que no dejo que se les acerque ningún hombre, menos si lleva sotana.

domingo, 25 de septiembre de 2022

FATIGA

 

   Se fue de la casa paterna, nadie soportaba su comportamiento. Lento como una tortuga,  hacía cosas que después olvidaba, ir al baño y no apretar el botón, dejar la puerta de calle con las llaves del lado de afuera. Tomaba micros que iban en sentido contrario a su laburo. Olivo era sereno de un edificio mamotétrico. Permanecía despierto, hacía una errática caminata por el lugar, a las dos horas dormía como un bendito. Cuando llegaban los obreros, Olivo desaparecía. Desayunaba siempre en el mismo lugar.

   El dueño conocía su torpeza mayor, mientras tomaba café, la mitad iba para la corbata, pantalones, o mesa. Mojaba las medialunas en la mesa, o en su corbata, donde hubiera quedado más líquido. Pagaba, olvidaba el vuelto y cuando iba a reclamar, el mozo corrió a abrazarlo y darle las gracias por la cuantiosa propina. Olivo pensó que alegró a alguien y olvidó que era su vuelto.

   Se compró dos cuadernos y cuatro biromes. Le metieron su compra en esas bolsas de nylon perversas, que se abren de abajo y adiós cuadernos y pseudo biromes. Mientras comía un pancho de plaza, se le fue medio frasco de mostaza en el centro del pecho.

   Cada vez que tomaba un micro, le robaban la billetera.

   Hacía los trámites, pero llegaba tarde. Lo llamaban “Fatiga”, por su andar bamboleante y perezoso. Olivo no hizo más trámites, se agotó. Renunció a su laburo. Lo echaron de la pensión por falta de pago y volvió vencido a la casa de sus viejos. Lo recibieron como hijo pródigo, a los postres, el padre le preguntó.

   —¿Olivo, a qué hora te vas? El reloj dio las doce campanadas, hijo tomate el olivo. Te pedí un taxi. 

sábado, 24 de septiembre de 2022

VUELO

 

   Lo hicieron viajar en avión para estar a tiempo en la reunión, donde debía defender la postura de fusionar tres empresas. Como un niño grande disfrutaba del vuelo, las nubes y el sol entreverado. Lo recibió la Secretaria típica de rodete fijo, alta y rubia. Le advirtió que debía esperar que concluyera la reunión anterior a la suya. Transcurrió una hora y un dejo nervioso lo invadía. Le preguntó a la secretaria su nombre, ella dejó de mirar la computadora:

   —Carolina.

   Se hizo una larga pausa, ella lo miró como esperando:

   —Me llamo Sebastián.

   Hubo una conexión humana, pensó él. Carolina dijo con piedad que la reunión continuaría unas dos horas y media más o menos. Él le preguntó si no sería más llevadero cruzar a un banco de la plaza y comer pochoclos. Carolina aceptó de inmediato.

   Hablaron de sus respectivas familias, los chicos, los cónyuges, el trabajo, donde todo debía hacerse con un cuidado mayor al que se dedica a la familia. Sebastián volvió a  sentir una conexión, más eléctrica que la anterior. Le regaló un ramo de fresias y Carolina lo invitó a comer papas fritas, total faltaba como una hora. Él aceptó con gusto, cuando ella soltó su rodete una catarata de trigo cayó sobre su espalda y la conversación se hizo entrañable. Ambos debieron correr para llegar a tiempo.

   Hacía media hora que los estaban esperando. Fueron correctos pero distantes. Como nadie decía nada, él comenzó el desarrollo de la idea de su empresa. Se explayó tanto que su voz pesaba más que los números que describía. De pronto sus oyentes se pusieron de pie y le dieron la mala nueva, habían concertado con otras empresas. Salió como un play-móvil roto. En la mesa de la Secretaria había una caja, estaban todas sus pertenencias laborales. Fue despedida por ausentarse durante las horas de trabajo. Tomaron el ascensor y el olor de las fresias revirtió las amarguras. Le contó a Carolina que él también sería despedido. Era así: mala gestión, ¡fuera!

   Ella ofreció llevarlo al Aeropuerto. Cuando se despidieron, Sebastián la besó profundo y largo. Ahora que se fue le flota en el paladar un regusto a flores fritas, está de pie, delante de la ventana, en el Aeropuerto.


viernes, 23 de septiembre de 2022

NO SABER QUIÉN

 

   Al final me di cuenta que mi madre fue es y será una persona desconocida. Nunca supe cuáles eran sus deseos, los profundos, los que no se dicen, ni ella sabía quién era. Yo tampoco sé quién soy, pero me voy dando cuenta.

   —Tenés que estudiar para ser alguien. Tenés que saber inglés, es útil. Tenés que vestirte bien para conseguir trabajo. Tenés que tender tu cama. No fumes, lo dijo el médico.

   Todos mandatos relativos, como el médico que le dijo que yo no debía fumar, el Doc se mandaba tres atados por día. Mi marido no me besaba la boca, confesó que el olor a pucho le daba náuseas.

   Cuando tiraba perfumina, lo hacía también sobre mi ropa. La comezón del séptimo, se adelantó dos años. El día que vi en sus ojos los ojos de mi madre, le pedí el divorcio. Se fue. No me interesa dónde. La casa cobró el doble de su tamaño. No tendía la cama ¿para qué? Si a la noche me acostaba de nuevo. Estudié dos carreras, hablo inglés, me visto con lo primero que encuentro y conseguí trabajo en un call center.

   A la vieja le cumplí sus deseos, suprimiendo algunos.

   Tenía un compañero médico y cineasta que laburaba en el call center. Nos cansaron, hablar de alguna oferta y recibir a cambio una puteada. Decidimos vender la casa de mi madre, a él le pareció excesivo, en un principio, luego de contar que mi vieja era un cocodrilo, aceptó. La vendimos con cocodrilo y todo. Entendió quién era ella y marchó al zoológico.

   Vivimos de nuestras profesiones en Chateaubrisa, un conjunto de islas. El primer domingo libre que tuvimos, fuimos a la playa, nos sentamos en arena húmeda mirando el horizonte, en las aguas tranquilas. Vimos algo con movimiento que se dirigía a nosotros, era el cocodrilo, saludaba abriendo sus fauces.

jueves, 22 de septiembre de 2022

MAGENTA

   Como las cortinas de un rancho, entra el aire y ellas se inflan y remontan el calor y las moscas.

   Una silla de mimbre cliqueando con alguien de ojos entornados.

   Un olor a frito, a cocina económica, a mate, a kerosene, a caca de gallina, a puchero antiguo, a leche cortada, a grapa Valle Viejo, a vino patero, a pis de gato. Olores universales, más espaciosos que un rancho.

   Un chico entra por la cortina más delgada, se enrosca, logra desanudarse y se sienta en una silla de paja, bajita. El chico pregunta al abuelo si le puede contar un cuento de fantasmas.

   El abuelo sonríe y con los ojos cerrados, comienza una historia. 

miércoles, 21 de septiembre de 2022

NOSOTROS

 

   Los quebrados económicos, cuando cumplimos años y lo festejamos, solemos recibir llamados telefónicos justificando su ausencia al onomástico por haberse quebrado un hueso del brazo, de la pierna o algún otro invento jaquecoso y lamentero. La dispensa ocurre desde casas de ricos sin fama y con dineros de raras proveniencias.

   Los quebrados económicos somos humanistas en nuestra mayoría y pertenecemos a la ex-cultura del libro y la cinefilia, de pasillos inteligentes y de horizontes por inventar. Nuestros corazones sin precio aprecian el teatro que fue, la música perdida. Valoramos los rescates y los nuevos, con ideas que tengan huevo y toda la carne a la parrilla.

   Los quebrados económicos solemos juntarnos, no sólo para marcar los años o el día “de”, emitimos sonidos de ballenas, que nos comunican sin cables ni celulares, tomamos mate, fumamos, hablamos de temas que competen a la creación humana, a su salvación y si Tánatos nos agarra, con esa facilidad de metiche que tiene, nos cagamos de risa, como Goya en sus pinturas negras.

   Los quebrados económicos tenemos la seguridad que las gentes que deciden formar parte de nosotros lo hacen por la búsqueda de lo genuino, mostrando profundidades o larguezas que transforman los encuentros en fiestas imprevistas y asombros con olor a nuevo.

   Los quebrados económicos somos más de los que parecemos. Hay intersticios que nos guardan para no dejar al mundo solo entre mangas de degenerados que tratan de quebrarnos las ganas. Es una pena para ellos, porque nuestras cosas no se venden, no tienen un lugar, ni una forma. Ocurre en una dimensión a la que ningún microbio comegente podría acceder.