viernes, 7 de diciembre de 2018

EL USO DE LA NOCHE



     Hay un pendejo boludo que sale con su moto, haciendo ruido a cuetes o balas. Rodea la plaza y la única diagonal chica que conozco en Tandil, donde vivo. Los viejos o no están o le dan permiso. Los sábados. Todos los sábados.
   A mí me parte la inspiración nocturna de escribir con el beneficio del silencio. Tengo pensadas venganzas, como tirarle bolitas en la calle, o atar tanzas de árbol a árbol, para que al pasar lo decapite. Y no lo perdono, arruinó mis mejores cuentos, como éste que lo tiene a él como protagonista.
   Cuando era chico su madre lo llenaba de comida y su padre de perfume.
   Resultó ser un alumno aplicado, que se desaplicó por la era de la moto sin casco. Lo veía en el supermercado, típico chico de los mandados. Cortaba el césped de su predio, blanqueaba la casa todos los años y lavaba los autos una vez por semana.
   Se reveló a la esclavitud, compró por monedas una moto robada. Lo salvó de la delincuencia ignorar que era robada.
   La íntima posibilidad de terminar mi cuento fue ese sábado. Hablé con el pibe para que suspenda esa noche motoquera, cumplió con su palabra. Yo, por las dudas, instalé las tanzas. En la noche, a las dos de la mañana fueron decapitados cinco motoqueros, él estaba entre ellos. Pude terminar mi cuento, no era tan mal pibe.
   Lamenté los otros cuatro, ya se encargará la policía de encontrar al culpable.

jueves, 6 de diciembre de 2018

RECORTES ECONÓMICOS



   —¿Me indicás el jabón para lavar la ropa?
   No me conoce, soy nuevo. —Mire Señora, se removió todo el personal de góndolas y de cinco pasó a ser uno, que soy yo y nuevo. Para la ropa, creo que en la tercer góndola, doblando a la derecha, en el quinto estante, hay detergente tres por uno, cuyo uso es trificante, cocina, baño y ropa. Hay clientas que se duchan con la ropa puesta y ahorran un montón de tiempo y dinero, porque el nuevo detergente, todavía está en oferta.
   A ver, las esponjas de alambre estaban por aquí ¡ay, que impresión! Son de alambre de púa. Miro las instrucciones: “No solamente inspirada en la clásica de bronce, sino que le arranca cualquier cascarria de su piel”, bueno lo recorto de mi compra. Necesito un trapo de piso, tiene instrucciones: “Igual a los jeans con agujeros de sus hijos, pero es más fuerte y al tener tantas perforaciones, le durará toda la vida.” Yo no entiendo ¿No tienen nada normal acá?
   —Muchacho, ¿hay alguna oferta de pan?
   Él la miró por encima de la cabeza, era petisa la compradora. —Si Ud quiere del viejo, está siempre con los hongos tipo roquefort, dos productos en uno. Sino, tiene el nuevo, que sale crudo, porque no tenemos más gas.
   No, no, pan no llevo, es un ahorro. —Muchacho, ¿habrá galletitas para chicos, cuyo costo no sea alto?
   El empleado corrió hasta la entrada: —Éstas son ideales, hechas con restos de soja, teñidas con témpera marrón, llevan un agujero al medio, para que los niños jueguen a mirarse, quedan convencidos que son de chocolate.
   La mujer llevó cuatro paquetititos, porque tenía cuatro hijos.
   Paso a los fideos, que son prácticos, busco primera marca, no hay, segunda, no entregan y “la tercera”: Fideos de la Concha, Made in Spain. Llevo dos paquetes para probar, seguro que mi marido quedará encantado.
   Compró medio kilo de papas chusmas, llenas de ojitos y media zanahoria.
   Iba a pasar de largo la carnicería, pero vi un peceto que parecía decir: “Llevame, llévame, hace tanto tiempo que estoy aquí, mirá cómo me quemé, estoy casi hecho”. Me dio pena y lo llevé, hacía siglos que los chicos no probaban carne. Llegué a la caja con mi carro semi vacío, no había nadie. Pensé en irme sin pagar y cuando di el primer paso, apareció el muchacho. —Soy el único para sugerir, surtir las góndolas y cobrar, se cayó el sistema, así que el pago lo hacemos manual, déme lo justo, porque aquí no damos vuelto.
   Busqué en la cartera y pagué la fortuna de seiscientos pesos, casi mi jubilación. Me llevé el carro, de bronca y en mitad de camino, se partió de óxido, tuve que juntar a mano mis compras. Con la mano y un brazo me alcanzó. Abro la puerta de casa y encuentro cinco bocas abiertas, que ni me saludaron. Hice una sopa rápida, con todas sus narices en torno la cacerola. Herví unos fideos que no esperaron que se hicieran y los comieron semi crudos.
   —Querida, sos una genia, los fideos tienen gusto a pescado.
   Me dio tanto asco, que me acosté bajo el sauce, mientras masticaba hojitas de menta.      

miércoles, 5 de diciembre de 2018

MUDANZAS



   Lindas facciones tenía Linda, a partir de los doce años, su nariz sajona respingona, no detuvo su crecimiento. Fue una especie de sumergencia que tapó su boca, le dobló el mentón y llegó a las clavículas.
   Imposible de ocultar con pelo largo, sujeto a la nariz e imprimirle un gesto a todo junto. La cruel modernidad de sus conocidos, le decían Linda elefante. Su familia entera ofreció operarla, pero todo lo quirúrgico espantó a Linda. Como persona ocurrente empezó con un rulero de diámetro minúsculo y fue enroscando su nariz. Consiguió bandas plásticas que le tapaban el olfato, simulando una cirugía.
   Todos se asombraban cuánto tiempo llevaba la recuperación de su nariz operada. Una mañana se miró en el espejo del baño, se había despegado de las bandas plásticas y su nariz asomaba por un costado con las fosas nasales incluídas. Linda, que era sensible con la “crecedora”, le daba besos mientras la nariz, en agradecimiento, le rodeó dos dedos de la mano, siguió por el cuello, con una vuelta quedó un collar, a la nariz le pareció despojado y realizó cuatro vueltas más. Linda, con voz lejana, le decía: —Así es suficiente, me estoy quedando sin res…pi…ra…ción.
   Un error de Linda, fue aceptar que la nariz le hiciera nido en las fosas nasales y la boca. Linda murió.
   Su historia se puso de moda y las chicas estiraban sus narices con broches, planchitas y las más audaces con morsas.
   Algunas pudieron llegar a rodear sus lolas, todas se hicieron piercing en las mejillas, para poder respirar y no permitir que hiciera nido en sus bocas.

martes, 4 de diciembre de 2018

PARADOR



   Una ola traidora en un mar calmo, enroscó su cuerpo y lo incrustó cerca de la costa, pudo sacar la cabeza, pero otra ola subyacente volvió a llevarla hacia adentro. Justo al lado donde Virginia se ahogaba, había un viejo tonto y panzón que ni caso hacía a sus gritos. Mientras tanto sus amigos, terminaban los postres en un parador de la playa, su novio dejó la charla y salió a buscarla. Ella tragaba agua y cachetazos olísticos parecían querer tragarla, él en dos trancos estaba a su lado. Virginia se aferró tanto que no le permitía tomar una corriente oblicua, Martín le gritaba que lo tomara de su cuello y en tres brazadas llegaron a la arena. Él tenía arañazos y golpes en todo el cuerpo.
   Virginia corrió echando lágrimas y mocos hasta un médano. Se sentó, con los brazos rodeaba sus piernas flexionadas.
   —¡Sos un hijo de puta! Tomando vino como si tal y yo ahogándome a los pies de un viejo pelotudo que no me veía.
   Su bronca le dio hipo. —Vos te fuiste sola, yo ni te vi, pero después de todo te salvé la vida…
   Y comenzó a darle clases de cómo domar el mar en esa situación. Virginia le miró la cara de ganador y recordó la noche anterior, que quiso hacer el amor y él respondió que estaba muerto. —¿Cómo no me di cuenta después de la nada de anoche, que sos un estúpido? Total, además ¿qué sabes si yo me quise suicidar y vos me lo impediste?
   Martín no habló, no podía creer lo que escuchaba…y menos lo que veía, Virginia subió al auto, metió el acelerador a fondo, subió al asfalto y le dio directo hasta San Pedro. Cuando paró a cargar nafta vio las pilchas de los amigos y un fajo de dinero en el bolsillo del costado. Golpeaba el volante y se reía a carcajadas, imaginaba la cara de los burgueses de mierda, Martín era el peor. Para que no la jodan tiró los dos celulares que había en el auto, al pasar el puente de un río.

lunes, 3 de diciembre de 2018

REGARDÉ


  
   —¿Se puede saber por qué me seguís a todas partes? Quiero caminar sola, ver museos sola, si hasta te veo en los reflejos de las vidrieras.
   Gerard tenía preocupación por Analé, un día ella tocó el timbre de su casa, tenía una beca en Francia y él alquilaba una dependencia de su enorme piso. No se lo confesaba ni a sí mismo, le gustaba que hubiera algo más que silencio, en ese departamento amplio, pero húmedo y oscuro. El precio era un regalo y Analé descubrió dos ventanas escondidas tras un empapelado, entró el sol, la música. Ella cantaba bajo y afinado. Hizo una limpieza profunda del piso con la anuencia de Gerard. Parecía una armonía tácita y nueva para ambos. Se dio cuenta que él vivía todo el tiempo, tras su tiempo. Le dio paranoia e indignación. —Te pido, Gerard, que no me jodas más, descubrí dos ventanas y tenemos sol. Vos sos un dejado, te gusta el rincón de la humedad y la oscuridad y me seguís con los ojos, hasta cuando estudio. Si salís de tu habitáculo, llenás este lugar de olor a tiempos remotos, no te bañás ni usás desodorante, bueno eso es típico de los franceses chivotones.
   —¡Pará un poco! Yo elegí protegerte, aunque no parezca, es un lugar peligroso, fijate en Arsène Lupin, Louis Althusser, abrí los diarios. Sos una desagradecida y desgraciada, no tenés ninguna gracia, alta, bigotuda, flaca y sin tetas. Te di el albergue porque me diste toda la lástima que me cabe. Tarde me di cuenta que sos una fille de pute. Vos que leés tanto ¿te enteraste que las becas de tu país se suspendieron y el viaje de vuelta te lo va a pagar Antoine de Saint Exupery, si sabés resucitar a los muertos? Allais, allais, merde carajó.

domingo, 2 de diciembre de 2018

GAJOS DE OFICIO



   De día no se me ocurre nada, le doy de comer al gato, miro qué pájaros hay en el jardín, si crecieron los tomates, los cebollines y el orégano. Es mi alimento básico. Tomo un café negro y fumo un pucho rubio. El cuento que terminé anoche me pareció genial y dormí contento. Ahora lo releo, es un mamarracho, tiene faltas de ortografía, tachaduras mil. Parece un tobogán. El principio es inquietante, en la mitad se corta el hilo y lo recupero con un final pura verdura.
   Se hizo de noche. Hay un material que me gustaría desarrollar para un cuento nuevo. Comienzo con alguna dificultad, luego el personaje me atrapa y es quien decide lo que viene, el tipo es un escritor que duerme de día y escribe de noche.
   Fue premiado en incontables concursos locales e internacionales, se pagaba los viajes para asistir a recibir sus premios. Casi siempre eran estatuillas de yeso pintado, lapiceras sin tinta, escuditos. Él pensaba que los premios eran un bodrio. Un día decidió no presentarse más a ningún concurso, para gente chata ya se tenía a sí mismo. Bueno el cuento, muy bueno.
   Me transformé en escritor y escribía casi doce horas por día. Dejé el baño diario, me hacía perder tiempo. Eran notables mis uñas largas y negras, el alicate lleva su tiempo. Tiré al basurín el peine, para que los pelos se me pararan y oxigenaran mi cerebro.
   Visité una editorial prestigiosa. Las secretarias, asustadas, llamaron al editor. Me miró de arriba abajo y dijo que me fuera a bañar. En el camino se me ocurrió un cuento, se trata de un editor prestigioso con cara de pit-bull, un viejo puto, bah...

sábado, 1 de diciembre de 2018

AMIGOS



   Era Carnaval, Estela tenía una bici nueva que le trajeron los Reyes Magos. —No sabés el tiempo que tardaron los Reyes para comprar tu bici, trabajaron tanto que los demás niños del mundo, recibieron regalos chiquitos.
   Estela creía todo lo que su Abuela contaba, para los niños, lo que dice la Abuela siempre es una certeza. Estela no usaba la bici, prefería lustrarla, invertirla y ver si las ruedas rodaban, los pedales tenían luces propias que empezaban al atardecer. El timbre lo hacía sonar una vez cada dos días para ver si funcionaba, era color verde con estrellitas rojas. Comenzó a circular por el pasillo de su casa que era largo y no tenía autos ni personas. Estela era muy amiga de un chico llamado Roque, jugaban al miedo, a viajar, a que eran esposos, al doctor, eso era lo que más jugaban y hacían que se enfermaban seguido. La bici de Roque era vieja y oxidada.
   —Para Carnaval quiero ver que cruzás la calle con tu bici nueva, a lo primero aprendé a dar vuelta la manzana, por la vereda, cuando te sientas segura andarás por la calle. Cerca del cordón. Y a la hora de la siesta, mostrá tu valentía, no hay autos, te metés al medio de la calle.   Estela sintió vértigo ante la propuesta de Roque. —Lo hago pero si vos venís conmigo.
   Fue un Domingo, cuando jugaban con mangueras, baldes y bombitas de agua, manzana contra manzana. A las tres en punto de la tarde, se encontrarían en la vereda, Estela con un traje de bailarina y una coronita de flores blancas. Tocó el timbre de Roque. —¿Y? te estoy esperando ¿por qué no salís?
   Roque se asomó a la vereda sin la bici. Estela le dijo que la fuera a buscar, sería más divertido. —Sí, pero estoy esperando a mi hermana, que me la pidió un rato, ¿por qué no empezás vos sola, Estela?, de paso practicás, yo te sigo a pata ¿dale?
   La calle estaba vacía. Estela se largó con ímpetu, al décimo pedaleo Roque le tiró un bombazo de agua en la cabeza, Estela perdió pie y un camión, que salió de la nada, la atropelló.
   Se apiñaron un montón de vecinos, la Madre la tenía en su regazo, parecía una paloma blanca, con lagunas rojas y pies y brazos de marioneta.
   Roque corrió y corrió, hasta que la voz de su Padre se perdió. Nadie supo de dónde provino aquel bombazo, nadie. Roque hubiera querido ser castigado, que todo el barrio le pegara.
   Nada de eso sucedió. Sólo él lleva en su cabeza, su amiga sin vida y sus pensamientos giran y giran y no se detienen.

viernes, 30 de noviembre de 2018

VAMOS! VAMOS!, ARGENTINA!



   Gerard estaba convencido que “subansen, empujensen, bajensen” era una frase digan de Alemania, él antes de venir trató de aprender alemán, pero era complicado. Sólo conocía algunas oraciones. Hitler era un genio hijo de puta, Goebbels también y Auschwitz, un lugar donde ellos se encargaron de matar millones.
   En un Bar chongo, atendía la barra una mujerona, él pidió una pinta señalando con el dedo. Analé le trajo una charola con chucrut, como ella lo miraba, hizo un esfuerzo de parto y comió. Para pedir cerveza, dibujó una jarra con espuma, Analé pensó que era mudo y le trajo un jarro de tres litros, no le cobró porque le daban pena las personas con dificultades. Gerard se sentó en un banco frente al Bar, en el horario de salida de la mujerona. Lo reconoció, le hizo preguntas que él asentía o negaba con la cabeza. Ella lo invitó a dormir a su pensión, Gerard asintió. Analé lo arrastró de un brazo. Se equivocó de gesto y logró separarse del brazo oprimente. Ya habían llegado y la mujer con cara de ofendida, lo empujó encima de cuatro perros que lo recibieron como a un igual. Gerard empezó a circular en cuatro patas y andaba con los otros, ladrando autos y gente que cruzaba la calle. Analé lo descubrió, tenía la misma cara de Gerard. Pelos de la cabeza a los pies, un perro perfecto, cuatro patas, peludo, ladraba, no cabía duda era un perro. Analé lo subió upa y lo llevó a su casa. Llenó la bañadera y le dio un baño intensivo. A mano nomás, le limpió el pitulín y las bolitas. Él se dejó, la mujerona tenía manos grandes pero suaves.
   Analé tomó la afeitadora y le sacó el pelo que no correspondía a un ser humano. Esquivó las partes pudendas, era sensato, para cubrir algo esa cosa de nada. Le dio de comer un bife, era argentino el tipo, se lo comió de una. Lo sentó en la poceta y dando los trámites por cumplidos, lo acostó a su lado. Cuando Analé se durmió, tiró de la cama a Gerard, éste retomó sus costumbres ancestrales y le desgarró todo lo que pudo. Analé gritaba como loca y él le ladraba como un rottweiler.
   Viajando a Buenos Aires pensó: —Analé, que mina jodida.
   Ella quedó internada con lesiones graves, parece que Gerard estaba rabioso, en Ezeiza le tomaron una muestra y sí estaba.

jueves, 29 de noviembre de 2018

SIN PAN, SIN TODO


   —Traje la mitad de verdura que acostumbro. No me alcanzó la guita. Te lo juro. Cualquier banana pasada cuesta como un pulóver de angora, traído de Angora.
   Él tomaba mate y leía el diario. Sin mirarla. 
—Sentate alguna vez y leé el diario, así entendés y no te preocupás más por los tomates, los precios se duplican, triplican, cuadriplican y no sigo porque me cansa.
   Qué tipo éste, los diarios son como las revistas Boba y se publican para que la gente, tenga con qué limpiarse el trasero.
   El marido, con gestos leoninos, dijo que esperaba que se fueran los que roban, los que dicen que vivimos fenómeno gracias a ellos, los chorros de nuestros ingresos. Tengamos esperanza, que en el lenguaje actual significa  esperá sentado.
   Cuando lo escucho mientras pelo cebollas, aprovecho para llorar y me retrotraigo a nuestros primeros años de casados, me llevaba el desayuno a la cama, nos dábamos besitos y decía él, “contigo pan y cebolla”.
   No le pagan la indemnización por despido y la plata de la venta del auto no la vimos nunca. Nos hartamos de comer pan y cebolla. Igual se terminó hasta eso. Nos acostamos abrazados cucharita, le propuse una noche de luna de miel.
   Fue sincero, dijo a mi oído que toda esta orfandad le producía estrés fálico. —Si querés hay miel en la cocina y luna en el jardín.-Dijo-.
   El tarro de miel estaba vacío. Mientras le pasaba la lengua al tarro, afuera llovía, luna no había.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

RECORTES



   Tenía amigos por internet, hablaban problemas de familia, de gastronomía, cómo preparar un soufflé sin que se desinfle. A ella no le alcanzaba el día, treinta y dos amigas y veintiún amigos. Ya no se visitaban, resultaba más cómodo para todos. Tenían encuentros por pantalla y ella les mostraba el desorden de sus habitaciones o cómo iba el grano de la punta de la nariz. Tres o cuatro amigos le contaron que eran gay, preocupados y ella se reía para achicar lo dramático de la situación que ellos sentían.
   Era extraño encontrar alguna amiga por la calle, apenas se daban un beso y chau, si ya habían hablado por computeadora. Poco a poco, ella se dio cuenta que este tipo de comunicación se había expandido. Empezó a mirar paisajes por pantalla. Vacacionaba por internet.
   Un día se sintió agobiada, atendió tres llamados y pasó a la asfixia. Subió al auto dos compus, tres celulares y todos los objetos tecnológicos que invadían y limitaban su vida, los arrojó en un basural. Nació de nuevo, caminaba despacio, tardó mucho enderezando su columna, tener color en el cuerpo blanco sábana. Conoció las Cataratas y admiró la Quebrada de Humauaca. Le daban pena, los jóvenes que viajaban en grupo y en lugar de la charla colectiva, era individual, tipeando celulares o tomando fotos innecesarias…

martes, 27 de noviembre de 2018

MORALES DIFERENTES



   El peor compañero, malo como la peste. —Miralo vos, se le fruncen las cejas, su primer gesto diabólico, volcó el tintero en mi espalda, si me disculpan, cambio de pupitre.
   Le pegó en el recreo al más chico de la clase, todos miraban, nadie hacía nada. Lo tenía trabado en el piso, le golpeó la cabeza tres veces. Vino la ambulancia y con una sutura quirúrgica estuvo presente al día siguiente. Se acercó al vándalo. 
—Dice mi Viejo, que si alguien me pega en una mejilla, debo dejar que me pegue en la otra. Ahora decime, lo que hiciste fue en mi cabeza, lo que viene es que me patées el culo?
   El desgraciado miró al cielo, nunca bajó la cabeza. —Sí, como si fueras un fulbito, no lo hago porque si me rajan de la Escuela, mi Viejo me deshace y eso que no es mi Padre. Es un tipo que mi Vieja se lo trajo, no sé de dónde. A ella la caga a piñas, ya le saltó dos dientes. Va a la Comisaría de la Mujer y nadie le da bola, se hacen las que se van a ocupar y después nada, que nadie me diga nada, prefiero esta familia, antes que las flias aburridas que tienen Uds, van a salir todos putos…
   Nada lo detenía, excepto un día que se llevó la Caja de la Cooperadora y lo capturó la Policía, allí le dieron con la tohalla mojada, no podía ni hablar. Cuando obtuvo la libertad del Reformatorio que no le reformó nada, volvió a su casa y vio la infamia que cayó sobre su Madre, casi agonizante y sus hermanitos golpeados. Entró al dormitorio de su Padrastro, beodo, corrió a la cocina y con una cuchilla le perforó el pecho. Le dieron ocho años de cárcel, por crimen atenuado por las circunstancias. Durante ese tiempo fui, todos los días de Visita, le llevaba meriendas en un taper, cigarrillos y un dinero, que me daba mi Padre, para entregar a los que sino, de seguro, abusarían de su persona. Los compañeros de Escuela no lo perdonaron a él, ni a mí.
   Por buen comportamiento, le devolvieron sus escasas pertenencias y atravesó la Salida donde yo lo esperaba, con un sobretodo y un abrazo.   

lunes, 26 de noviembre de 2018

HAY COSAS QUE...



   —Hace ruido cuando come, cuando camina, tose fuerte, seco, hace ruido. Hasta su corazón late catarata, los huesos le craquelean. Su piel es seca.
   Describe cruel, no lo merece ese hombre, puede que ayudarlo, en todas las funciones de vivir con limitaciones, le robó la piedad. Antes fue más solícito, le daba vuelta a las páginas en los libros que más le gustaban. Ahora me contrató para que yo le leyera.
   Hice lo posible porque mi voz no fuera monótona, a veces se reía, otras lloraba y alguna pensaba, sin ausentarse, me corregía lo que venía. Sabía sus libros de memoria. Aldo, el que lo ayuda en sus limitaciones, dice que el viejo está chocho. 
   —A mí me parece un genio, para nada pienso que esté chocho.
   Aldo se explica mejor. —No es así el viejo, está contento con Ud, pide que venga más horas, a cambio de una retribución más alta.
   Durante diez años leía sus libros con la pasión del primer día. Me atendió Aldo, la noche anterior el Sr, había fallecido. —Agradezco su paciencia y le entrego algunos de los libros que el Sr sabía de su predilección, en su caja de madera hermetizada.
   Cuando comencé la lectura del primero, estaba cortado de principio a fin, con dinero. Los cortes eran perfectos. En uno de ellos había una carta, donde relataba que él había sido Mayordomo de Aldo. Cuando se enfermó, de cosas de viejo, Aldo se encargó de cuidarlo con una devoción filial. Terminé la carta y fui a la casa del Sr, o de Aldo, estaba algo confusa. Usé la aldaba, sabía que era del agrado del Sr.
   Atendió Aldo vestido como un Conde. Extendió su brazo para que yo depositara el mío. Y nos sentamos en la sala principal, frente a una mesita baja, con una tetera con humito y dos tacitas de Limoge.
   —Mi querida Señorita.
   Y apoyó su rodilla en la alfombra, me extendió una pequeña caja, que al abrirla casi desmayo, me dio un ataque de tos y eché un escupitajo sobre cajita, anillo y mano, de mi compañero Enrique que…
   —¡Corten!! ¡Corten!!, decime, ¿vos sos estúpida? Estábamos en el final, ni una interrupción, no lo podemos rehacer por ausencia de material…¡Fuera! Te aseguro que como actriz, no te va llamar nadie. ¿Sabés dónde va a salir esta última escena? En internet. Rajá de acá, porque te ahorco.

domingo, 25 de noviembre de 2018

PRETEXTOS



   Se tiró o la tiraron. Estaba muerta, el trasero pesado le dio impulso. Antes llamó y le pidió que llame. —¿Te sobrevivió la pussy?
   Hoy no sabe, tenía que ocuparse de muchas pussys, se quejaban por mal atendidas. Tiburcio tenía una agenda tan apretada que en una distracción le quedó apretado el miembro entre las hojas. Fue al Juez de turno. —Di muchos turnos con sus recibos pagos, cerré mi agenda con bronca y el miembro quedó ahí, mire si no le miento.
   Lo depositó en el escritorio, el Juez se caló los anteojos. —Es enorme, con razón tanta demanda, haremos un arreglo y no tendrá problemas, lo puedo reemplazar.
   Tiburcio pensó que el Juez estaba casado. 
—Señor Juez, no quiero arruinar su matrimonio.
   El Juez le contó algo cierto. —Estimado Tiburcio, mi relación es una ruina y el sólo pensar en la pussy de mi mujer, me da asco. Únicamente que me dé el culo, pero la muy avara no quiere, dice que cuando le erro, las hemorroides se sienten despreciadas.
   —Bueno, Juez, prefiero pagar la multa. Me mataría quedar sin pacientes. Las mujeres pensarán que es una engañifa.
   El Juez extrañado. —Firme al pie del expediente,  ya tiene una causa abierta, no tenga miedo.
   A Tiburcio le cayó un lagrimón en medio de su firma, quedó una lagunita entre letras. —Me cansó, Tiburcio. Secretario Roldán, corte en rodajas finas el miembro, logró zafar de la agenda. Cuando vaya a la última carnicería que dejaron en pie los veganos, observe si las mollejas son como éstas. No termina nunca, Secretario Roldán, pida al Ordenanza que las ase. A mí me gustan casi quemadas. Invite al Fiscal, para no meternos en quilombos. El asador está invitado para la ceremonia, “¡Un aplauso para el asador!”
   El Ordenanza dio aviso que Tiburcio había muerto desangrado.
   —Si su Señoría lo permite, lo arrojaré por el balcón, ninguno de nosotros lo conocía, era un indocumentado.

sábado, 24 de noviembre de 2018

MISIÓN POSIBLE



   Las moscas cuando no molestan, desaparecieron. Lo que ignora Zigoto es dónde van. La Señora aquella, que no soportó un Señor, que por tener mucha gomina, la mosca no podía despegar sus patas, recién en Diagonal Norte se atrevió a pegarle con el diario enroscado en la cabeza, el hombre se enojó.
   La mujer le explicó que no le quiso pegar a él, sino a la mosca, se vio que estaba mal alimentada porque se le pegó al pelo, muerta y no luchó. 
—Yo soy de la “agrupación Evita” y una de nuestras obligaciones es prevenir a la gente contra la expansión de la mosca, perdón, de las moscas, porque son muchas. ¿Ud se cree que la que tiene reventada en la cabeza es única? No Señor, hay montones y no se comen los residuos, allí depositan las larvas y son numéricamente, más que la población. Las víctimas humanas son los papamoscas y los niños del África que tienen moscas en las pestañas. A “Naciones Unidas”, no le interesa la propagación de estos insectos, porque tienen toneladas de espirales y conteiners de Off, para los mosquitos que transmiten enfermedades venéreas, sobre todo a los que andan con el sexo expuesto…
   Todo el Subte se hartó: —¿Se puede callar la boca. Peroncha supernumeraria?
   Y los pasajeros hicieron coro: —¡Que se calle! ¡Que se calle!
   Quintina, alta, con voz de altoparlante, hizo: 
—¡¡Sshh!! ¡¡Sshh!! Cuidado, las abejas tienen sus aguijones preparados. Viajo en Subte porque las calles están llenas de manifestaciones. Si Uds miran hacia arriba, notarán que los techos del Subterráneo, se están rajando. Yo, Quintina Managüe, seré la próxima presidenta. A mí nadie me endulza la oreja ni me falta al respecto. Llevo zancos de titanio, no necesitaré que me hagan gobernar imposible, la orden del día es dormir a los manifestantes con toneladas de gas pimienta. En segundo término, cerrar los túneles de todos los Subtes, para evitar la muerte de tantos inútiles. Me autonombro Presidenta de la Nación, sin Selecciones, juro ante mí misma, ocuparme de todo. Dividir poderes, ya vimos que es inútil. Los traidores serán aplastados por las autopistas mal hechas.  Sres, si es posible señorear a tanta bastardía, imaginen que si ésta es la orden del día, las próximas que vienen serán sentencias a expresidenta, actual prescindente, senadores, diputados, ejecutivos, abogados, gremialistas y caretas de “yo no fui”. Rescatarán sin oxígeno al ARA San Juan y lo llevarán a la superficie con sus ocupantes vivos.

viernes, 23 de noviembre de 2018

UNA INFANCIA PARTICULAR



   Esta silla era de mi Abuela, esa cama, los libros, el lugar de escribir, la salita de leer. En la biblioteca hasta el techo, los libros más altos tienen mordeduras de ratas y agujeros de polillas. Esos no los leo, me parece que si agarro alguno, tendrá voz y me dirá: —Estoy muerto, el aire me come y luego seguirá por tus dedos.
   Yo le hago caso. Mi Viejo tiene libros nuevos, están en una biblioteca de vidrios transparentes que cierra con llave. —Papá, ¿me dejás leer el de lomo rojo?
   Él, se acerca y lo ve. —No es para tu edad, tenés que esperar.
   Para escribir tenía el recurso de hacer la tarea. Me gustaban los cuentos, les plagiaba pedazos a los que contaba mi Abuela, pero les hacía agregados como: “Caperucita, sos una puta, por eso salís sola al bosque y encontrás al Lobo Feroz y él te besa…”
   Nunca supe qué venía después del beso. Luego fui enriqueciendo mi vocabulario: "La Maestra es una vieja boluda, hace pis en la silla para vigilarnos todo el tiempo. Es peor que un sorete duro, mi Maestra".
   Luego aprendí: “mierda, carajo, pelotuda”. Nunca eran palabras todas juntas, las intercalaba en cuentos que empezaban mal y terminaban en:
 —Fueron infelices y se comieron entre ellos.
   A veces miraba el espacio, porque de tanto escribir, me dolían los ojos. Buscaba algún colibrí, la joya de los pájaros, si lo encontraba le preguntaba a nadie, cómo hacían para permanecer libando una flor en el aire, inmóviles, con alas batientes. Volvía a mi escritorio más renovada y llenaba páginas con cuentos pornográficos, donde aparecieron nuevas palabras: “culo, teta, pito, y la más: coger”. Esa palabra me encantaba.
   Tenía que ocurrir, Mami que siempre estaba al pedo, leyó todos mis cuadernos. Cuando volví de la Escuela, no saludaron y me llevaron a un Psicólogo, que me preguntó a quién quería más de toda mi familia, le dije la verdad, no me gusta mentir, menos a ese tipo que fumaba en pipa y largaba ese olor inmundo, le dije: —De toda mi familia no quiero a nadie, mis únicos queridos son los colibríes y las malas palabras, que para mí no son malas, son recontra entretenidas.  Bueno, Señor Psicólogo, me voy porque el olor de su pipa me da ganas de vomitar.
   El tipo hizo pasar a Ma y Pa. Yo me fui a la mierda, total quedaba a cuatro cuadras de casa, necesitaba el olor de los tilos.

jueves, 22 de noviembre de 2018

NO SUBESTIMEN



   Instalaron una Base en Tierra Del Fuego, Argentina carecía de autopartes que no tuvieran óxido, a punto de desintegrarse. China, Japón, EEEUU, Francia, Inglaterra y Países Desconocidos, despertaron su solidaridad para una reunión cumbre, absurda como los Congresos de cualquier rubro. La intitularon Pis1 Caca 2, algún estúpido la rebautizó G-20.
   La contribución de tan dignos países, fue armamentos de altos costos y calibres atómicos. Argentina forró sus ventanas y edificios, por la coincidencia del día de la Soberanía Semanal. Ni necesidad hubo, de viralizar las noticias. Se organizaron Conciertos de Rock, Salsa y Electrónica, en el Congreso, el Senado, el Complejo de San Martín, el Asilo Marín y la fuente de las Nereidas.
    En Tierra Del Fuego vivía una sola familia: 
—Papá, ¿por qué eligieron este lugar? si somos tres habitantes, vos, Mamá y yo, además elegimos este lugar para estar solos, ¿esta gente ocupará todo el territorio? Seguro que instalarán Supermercados Chinos, Comercios Ingleses, Inmobiliarias Desconocidas, nuestra nacionalidad estará perdida entre habitantes de otros países.
   Cuando instalaron la Base Multinacional de Armamentos, dispuestos a hacernos puré de papas, ellos pensaron que como nosotros carecemos de todo, se la pasaban haciendo asaditos, tomando vodka y lo que les diera más calor, drogas también, cayeron como el lobo feroz de su ingesta, durmiendo sobre el suelo mientras roncaban en distintos idiomas.
   Quedó un vigía abstemio que avisó, pero todos siguieron apolillando.
   Papá y Mamá salían de los matorrales con pesados cohetes. Los vegetales eran plásticos, pero los cohetes fueron invención de mi Padre, con planos heredados de su Abuelo, Einstein. Con una sola palanca, los cohetes fueron lanzados a la estratósfera, esparcieron papelitos informando al mundo: “Guarda con Argentina, no somos machos, pero somos muchos”.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

SEDA DE GUSANO NEGRO



   Fue para un examen de rutina, un Médico le dio un diagnóstico poco promisorio. Ella vivía sola con un gatito que no crecía. Cuando tendía la mesa había dos sillas, en las cabeceras se sentaban, Rita de un lado y cruzando la mesa, sobre primorosos almohadones, el gato. Ponía las patitas delanteras sobre el mantel y recibía sendas porciones de su alimento en un plato de Perugia, él se llamaba Tin Tín y como Rita no tenía amigos ni parientes, le contó a su único interlocutor, que iban a operarla. Tin Tín apoyó la cabeza sobre el mantel y lloraba sin ruido.
   —No me hace bien que llores, por favor vení a mi falda y te hago mimos. ¿Querés?
   El gato cruzó la mesa y le contestó: —Miau.-Que en el idioma felino, quiere decir: “Sí”-.
   Le operaron una piedra maligna, ninguna medicación funcionó, le hicieron una quimio. Ella aceptó por dos razones, miedo a la muerte y dejar solo a Tin Tín.
   Le dijeron que hiciera vida normal. —¿A qué le llamarán vida normal, éstos?
   No tenía fuerzas, se mudó al piso de abajo. Dormía sin medicación, largo y profundo, sueños gratos, episodios de los cuentos de su Abuela, amigos que la pretendieron y ella no.
   Una mañana, un rayo de sol dio sobre su almohada. Tuvo un sobresalto, cantidades de pelo inundaban la superficie. Decidió tomar una ducha, cuando se peinaba en el enjuague, le quedaban manojos de pelo en sus manos. Rita estaba advertida que esto podía suceder. Cuando la calvicie fue total, se negó a sí misma la mirada de los otros. Encontró un baúl donde guardaba ropa y joyas de valor, con olor a lavanda y un retrato de su Madre y ella con ropa cara y chic.
   Retuvo en sus manos un chal blanco, prendido con un diamante, cubrió su cabeza calva. Se miró en el espejo y admiró sus rasgos perfectos, tomó del baúl un vestido de seda de gusano negro. Tapó sus ojeras con un maquillaje leve, igual que sus mejillas en rosado. Llevó a Tin Tín escondido en un bolso pequeño.
Fue caminando al mejor lugar de copas, Moulin Rouge, las personas quedaron con sorpresa de estatua, cuando vieron la llegada de Rita con un savoir faire implotante. Tomó asiento en una banqueta alta, junto a la barra. Pidió al barman un cóctel que le hiciera viajar a las estrellas.
   A la tercera copa, comenzó a bailar sola. Un Señor muy distinguido, alto y buen mozo, la tomó de la cintura y hacía volar los pliegues de su vestido. Tin Tín vio a su dueña desde la bolsa pequeña, olvidada en la barra. Saltó hasta el chal blanco y clavando sus uñitas quedó hecho andrajos. Apareció la cabeza calva de Rita. Ella, con desesperación desesperada, clavó el diamante en su cabeza, parecía el origen de un arroyo de sangre. Su compañero de baile la llevó a un Sanatorio, retenía su mano en las suyas. Rita murió con una sonrisa, mientras el gentleman, quitó de su cabeza el diamante y lo guardó en el bolsillo. Tin Tín bebía sangre del piso, como si fuera leche tibia.

martes, 20 de noviembre de 2018

MALA PRAXIS ?



   Llegaba a la Clínica por propia voluntad, el detonante era desde una pelea con su Madre, hasta ver a su Padre tomar media botella de whisky y partirle el vaso por la cabeza.
   La familia sentía alivio, cuando Abigail preparaba su valijita. Pedía un remisse y en la puerta de recuperación, un par de Enfermeros la recibían. Su habitación daba a un parque desorganizado, pero rozaba sus ventanas, detenían su pensamiento.
   Un Enfermero dictaba la obligada respiración matutina. La Clínica no utilizaba psicofármacos. Se trataba de reinsertar al paciente en la sociedad, con métodos no agresivos. Abigail, persona difícil, odiaba a todos los Enfermeros y los Médicos le parecían superfluos.
   Chin Chin, el de la respiración, dudaba si ella hacía el ejercicio con corrección, una mañana le apoyó sus manos en el abdomen, casi al borde del pubis, por allí debía inhalar el oxígeno.
   Siguió con manos tibias, hasta el pecho. 
—Disculpá, Abigail, pero los pezones van incluídos, un masaje ligero sobre tus pechos, relajarán la respiración. Después soltás el aire desde el pecho hasta el pubis. Eso lo hacés sola, mis manos participarán si es necesario.
   Chin Chin sintió una repentina atracción por ella y pretextó acompañarla en la exhalación.
   Abigail respondió: —Sí, por favor, Chin Chin, empezá por mi pubis, notarás que comienza más abajo, en un orificio pequeño, te informo que soy virgen. Con tu dedo acusador hacé un masaje leve, donde logres encontrar el punto G-20. Si notás que me broto y hago movimientos compulsivos, el único modo de detenerlos, es introducir tu miembro hasta romper mi himen, harto de vivir a puerta cerrada.
   Chin Chin se mostró participativo. —Abi, tengo un recurso terapéutico, se trata de introducir mi pene en múltiples ocasiones, hasta apagar tu último gemido. El relax te hará dormir. Por la noche me daré una vuelta y lo haremos de nuevo. Ha resultado sanador en infinidad de mujeres.
   Chin Chin apareció demasiado tarde, ella lloraba y se arrancaba los pelos. Tenía tal obsesión que le pidió una explicación de su ausencia.
   —Abigail, no sé si lo que hacemos implica una mala praxis, por eso me ausenté.
   Ella respondió: —Chin Chin, mi estadía en este lugar, la extenderé seis meses, sos tan profesional, me siento tan contenida, que la alegría conducirá a mi recuperación total, si así no lo fuere, hay que insistir.

lunes, 19 de noviembre de 2018

POSTURAS



   No es una buena hora para salir del boliche. El Gran Buenos Aires, de noche parece el preámbulo del final. Soy un tipo grande, no sé cómo me conocen mis amigos. Yo no reconozco que eso que dicen sea yo. Hay un viejo tan obsesivo, se sienta en la misma mesa, parece que la tuviera alquilada. Se instala con un codo, el derecho, depositado en la mesa y sostiene su mejilla con la cabeza ligeramente inclinada. El pecho hundido rodea un espacio de la silla, apoya el codo y deja caer el brazo y la mano laxa. El Mozo ni le pregunta, copa de vino de la casa. Lo toma despacio, como si hubiera trazado un tiempo matemático de cuarenta y cinco minutos. Cada vez que lleva la copa a su boca, levanta el dedo meñique. La sombra se proyecta en la pared, con la exactitud de una película repetida.
   Pasaron unos tres meses y la mesa fue ocupada por otro viejo igual de obsesivo. Una mano sosteniendo, con codo en la mesa, la cabeza ligeramente inclinada y el otro brazo, doblado en el respaldo de la silla. Éste pedía grapa en un vasito de licor. El Mozo preguntó la primera vez que lo atendió y luego le llevaba de memoria, a diferencia del otro, el pecho era erguido, pero la obsesión del tiempo, la postura y el dedito levantado era exasperante mirar con la sombra recortada en la pared, como película repetida.
   Pasaron tres meses y el viejo dejó de venir.
   Un día, entré sin pensar y me senté en la misma mesa de los anteriores, noté que el modo de estar de los viejos, era la más cómoda distribución del cuerpo. El formato guardaba una diferencia, mi panza comenzaba arriba de mi pecho y se engrosaba hasta rozar la mesa. Vino el Mozo y le pedí una pinta de cerveza negra. Después de la pinta, parecía que venía sólo el meñique levantado, no pudo ser nunca, me lo rebané en la fábrica.
   Pasaban los días, yo no era fóbico, pero mi reloj biológico, después de tantos años, viró en acostumbrado. Cuando me fui, casualmente, a los cuarenta y cinco minutos, biché mi sombra y era siempre la misma.
   Un día me tomó el cansancio de tanto cotidiano. Caminé a la salida a un metro de la pared de la calle, puedo jurar ante Dios, que caminaba solo, delante de mí caminaba la sombra del que tomaba una copa del vino de la casa, me inquietó porque veía el recorte de la sombra, pero no el viejo. Delante, miré la sombra en la pared, del que tomaba grapa en copita. Comencé a inquietarme, mi sombra iba conmigo, me reconocí por la panza y por ser el único de los tres que hacía ruido de pasos.
   Había empezado a preguntarme si acaso las sombras mueren.

domingo, 18 de noviembre de 2018

CORTE DE PASTO



   En la actualidad, lo que fue la P2, se llamó La Jabonería de Vieytes, reunían a sus pares en mesas ovales, muchos preferían permanecer de pie, el resto les cantaba: —¡El que no salta es un maricón! ¡El que no salta es un maricón!
   Por temor a la vergüenza de ser acusados de geyshos, saltaban.
   El asunto que los reunía hoy, era el futuro asesinato de un Abogado pedófilo, drogón y ladrón. Bartolomé Vieytes, se refirió a la falta de un orden de prioridades. El asesinato y castigo, al Abogado infamante, sucedió con una soga, que el mismo acusado ató, con un nudo americano, a su cogote. Caso cerrado. El Expediente se lo llevaron al Obispo, que tenía estómago para todo.
   Estaba presente, como mediadora, entre medios y miedos, la Dra Cristiana Mortadele, que trepando a un podio multireligioso, dijo que la prioridad, era qué hacer con los niños.
   —Permita que la interrumpa, Dra Mortadele, ellos son lo de menos, que se ocupen los Padres y los Colegios Privados.
   Contestó el próximo orador. La Dra bajó del podio ofendida, rodó por las escaleras y con voz de flauta dulce, rezaba: —De paso hago pilates, yo no vine aquí para perder tiempo.
   Se escucharon peleas, donde los grandes próceres, por tener los micrófonos abiertos, para aumentar la audiencia, expresaban sus ideas. El Ingeniero Claudio Teladoy, decía: —Hay que pintar la Jabonería y arreglar las goteras, mientras Uds hablan boludeces, se avecinan vecinos indignados, les han llegado boletas donde deben pagar a la brevedad, el Impuesto al Aire.
    El Periodista Latiene, inquirió: —¿Y Ud cómo lo sabe?   
   El otro lo miró como a un gordo imbécil: —Mire por la ventana, los vecinos transaron con Trumpo.
   Salían de entre los matorrales, con pesados cohetes, mercenarios a cargo de desaparecer el Impuesto al Aire y el aire también.