jueves, 9 de mayo de 2019

PUNIBLE



   —El que termina primero tiene un 10.
   Aroldo entregó su examen y obtuvo 10. La Srta casi le da un beso, era lo que las preguntas esperaban certera respuesta. Después entregaron los demás. Uno tras otro, sabiendo que sus hojas tendrían un uno como máximo. El último sacó cero porque tocó el timbre del recreo, sino seguía escribiendo.
   —¿Saben Uds por qué Aroldo tuvo la nota más alta? Entregó la hoja en blanco y esa fue la respuesta correcta. Él pensó cómo responder y en tres segundos comprendió que la nada era el resultado. No es agradable llenar de palabras lo que ignoramos.
   Llegó la segunda hora, la infame, la terrible, se sentían rehenes, había un porcentaje que no sabían multiplicar, otras dificultades como sumas, restas y divisiones, más la Srta que les daba ejercicios con las operaciones combinadas. Dio las consignas: —El que termine primero tiene un 10.
   Los Padres de Aroldo, recibidos en Ciencias Exactas. Matemáticas les apasionaba a los dos. Transmitieron ejercicios elementales a su hijo, primero con juegos y luego con álgebra. Aroldo, niño esponja, asimilaba con rapidez. Fue el primero en entregar, los otros elongaban el tiempo con mejillas coloradas y mordiendo la cabeza de los lápices. Aroldo resolvió todo en diez minutos, por caminos diferentes a los expuestos por la Srta, pero resultados idénticos.
   No pudo evitar decir: —Aroldo tiene 10.
   Y para no denostar a los demás, la desgracia consuelo: —Tienen que estudiar y prestar atención en clase, para ser como…-Casi lo dijo- …mejores alumnos.
   Consiguió controlar su entusiasmo por ese niño. Cuando llegó la tercera hora, entraron todos, menos Aroldo.
   —Silencio, por favor, ¿dónde está Aroldo?, él es siempre el primero en llegar.
   —A lo mejor está en el baño, yo la última vez que lo vi, caminaba en esa dirección.
   La Srta pensó en mandar algún compañero, pero lo mejor fue ir ella misma. Se escucharon gritos, pasos agitados y la sirena policial en simultáneo con la Ambulancia. Aroldo estaba tirado en el piso del baño, en medio de un charco de sangre, tenía golpes y puñetazos, cortes de sevillana en órganos vitales en todo su cuerpo, los médicos hacían que no con la cabeza. Apareció la Madre fuera de sí, quería hablar con la Srta que estaba adentro de sí.
   —Ud es la culpable, cúmulos de diez y elogios continuos. Yo hubiera preferido una valoración como a los demás y que mi hijo estuviera vivo. Usted es la responsable, no la mato porque antes tomé diez píldoras. Ud nunca más ejercerá la Docencia. Se lo aseguro.

miércoles, 8 de mayo de 2019

MATATE



   —Te traen un café inmundo, en microtaza, frío, un dedal de agua de la canilla y se retiran diciendo “Que lo disfrute”. Eso lo dicen con el automático puesto en la función mesero. Es el único placer, que vengo viendo que ni un placer es. Era mi única distracción.
   —¿Vos sabés que tenés razón? Claro, tenés la ventaja del diario local y el del País de Buenos Aires, de lunes a domingo las noticias parecen o son fotocopias. Creo que con un diario por semana, sería suficiente. O sin diario, total a la gente no se le modifica nada y al Gobierno tampoco.
   Éste es peor que yo, me deprime, pero me lo banco. Él viene y se sienta frente a mí, cuenta que está deprimido, siempre igual, yo estoy, él está, nosotros estamos. “Hay que tener paciencia”. “Este País no cambia más”. “Todos los Gobiernos son iguales”. “Habría que matarlos a todos”.
   Me deliré dentro de mi cabeza. Estaba en mi amigo deprimido tomando café frente a mí y cuenta: —Estoy deprimido, hasta lo más profundo. ¿Vos qué pensás?   
   Parece que estuviera esperando que se lo diga. A veces hay que darle el gusto a los otros. —Yo lo que pienso es que lo mejor que podés hacer, es matarte.
   Me siento culpable, yo también tengo depre, pero convivo con ella, después viene el stand-up. 
   No va que el tipo me hizo caso, se mató. No se ahorcó, ni se pegó un tiro, ni tomó pastillas, no señor. Se tiró al pantano, que acá le dicen Dique. No, el tipo además de depresivo era un asqueroso.
   Y bueno…“Que lo disfrute.”

martes, 7 de mayo de 2019

SE GANÓ LA GRANDE



   El ascensor era un conflicto permanente cuando llovía día por medio. Ella entraba en piloto y botitas animal print, correcto, la mina era un animal. Su idioma consistía en monosílabos o tos seca bien agarrada, hasta silbaba bichofeo cuando subía él, que vivía en el mismo edificio, un piso más abajo. Éste, nublado o con sol usaba paraguas. Bajaban o subían a la misma hora todos los días, fines de semana también. Él odiaba esa vecina y ella no le hacía nada. Olvidó con los años, el tema “Let It Be”. Una mañana de Domingo, él le pidió a Dios y eso que era ateo, que no bajara la mina de arriba, madrugó.
   A las seis estaba de pie, no perpendicular al piso, oblicuo, el paraguas lo ayudaba a mantener la vertical perdida en la noche, por el vino y otras yerbas. Entró en el ascensor sin mirar, sintió el olor a perfume vencido. ¿Quién sino ella?
   Las medidas del ascensor eran inhumanas, estaba hecho con montaplatos reciclados. Bajaban o subían sólo dos personas, codo a codo y verso a verso. Es decir, Buenas Tardes, Buenos Días, Buenas Noches. No se podían agregar otras palabras, porque perdían el oxígeno del engendro. Ya dentro del ascensor, sin proponérselo, metió la punta del paraguas sobre los dedos de la vecina en ojotas, le hizo un agujero notable, la sangre brotaba como un géiser, se detuvo el microascensor entre piso y piso. Él sacó de su bolsillo pañuelitos Elite y se los alcanzaba por el hombro, ella con voz de abeja, le preguntó si no la podía chupar, se refería a la sangre. El vecino interpretó mal, logró poner una pierna de ella en la cintura de él y la otra sobre la puerta del cubículo. —Ud, vecina, relájese, que es una postura de película. ¿Vio que ahora los actores tienen sexo de pie?
   La mina no dijo nada, porque el oxígeno se agotaba y ella quería gritar de dolor, no por el agujero del pie, sino por el miembro del vecino, algo nunca visto.

lunes, 6 de mayo de 2019

RESPUESTAS



   Se lo leo y le pregunto: —¿Y?
   Contesta: —Tá lindo.
   En las palabras que no se dicen, pero se piensan. Le doy lástima, es un cuentito que carece de tensión, de trama, de secretos. No segrega pasión. Le pregunto de nuevo. —Ya te dije, está lindo.
   Al menos agregó el “es”, antes fue “tá”, a secas. Me arrepiento de vivir con este hombre, que debió decir: —Chapeau, es una obra de arte, tiene esas cosas…sabés escribir, soy tu admirador.
   Digo, mentira, sé lo que le falta, pero no sé ponerlos en palabras, por eso, mentime mucho, mentime más, mentime. Total hay cada boludo que ni escribe bien y le mienten que es una obra excelente. Lo editan cuatro veces y el tipo se la cree. Hay tipos y minas que aplauden,  esperan llegar a mentir editados. Antes dan charlas, como Pelusa, abrió una clase de Filosofía diciendo que lo más importante era el amor, dijo “Filo” pensando en el riesgo que corre un cuchillo filoso en sus manos y “Sofía”, por ser su amor imposible. Mi hermano se asombró y como malo que es, se rió. El resto de la clase dejó a Pelusa colgada.
   No lo soportó y se colgó de un perchero alto, ella era enana, las medidas respondieron a su deseo, el más lúcido de su vida.  

domingo, 5 de mayo de 2019

Y NO ERA UN CUADRO



   Cumplió 125 años el Señor Ramiro Del Cuerno, echaron al Intendente de turno, cansados de sus afanos y nombraron al Señor Ramiro Del Cuerno, nuevo Intendente, que ni enterado estaba del significado de “afanar”.
   La Señora Eduviges A La Sombra, fue la encargada de administrar los dineros de la comarca. Aunque ella durante su joven vida, de 98 años, sólo había administrado los huevos de su gallinero. Era persona de palabra, Eduviges A La Sombra, jamás robó un huevo en el gallinero de al lado.
   Toda la comarca pagó sus impuestos, con pasajes a cualquier lugar mundano, que los ancianos, con perdón de la palabra, quisieran las estadías y demás tonteras, acompañaron a los casi Monarcas. Por cualquier eventualidad, OSDE, les imprimió una tarjeta bañada en oro. Querían que a las nuevas autoridades les circulara el torrente sanguíneo, para fomentar ideas prósperas en la comarca.
   Los viejos, que no eran trapos, partieron el primer día de sus regalos paganos habilitados. Un avión de siete motores, con dormitorio cocina y baño, los llevó en vuelo directo, al Sur de Italia, a Palermo, donde se encontraba el lugar de sus respectivos nacimientos. Se desenrolló una alfombra roja, hasta la playa de la Piedra Pómez. Se bañaron desnudos, el lugar estaba vacío. Desapareció la alfombra, el avión, el Comandante y la Azafata.
   —Ramiro, podemos decir que vamos a morir.
   Él miró el entorno y se reía. En mitad de la bajada, una pareja joven los saludaba, fue un encuentro amable, cuatro desnudos y no era un cuadro. El joven propuso un asado y los viejos aceptaron. El pedazo de asado era minúsculo.
   —Ay, chicos, hicieron bien en traer poco, nosotros no comemos carne, pasamos días de ayuno, así lo pide el cuerpo en esta edad.
   Mientras la chica los miraba con amor, el joven preparó una cuchilla larga y decapitó a los viejos. La marea nunca devolvería cuerpos centenarios, escaparon a Rumania y ambos se practicaron cirugías láser, que reproducían los rasgos de los viejos, cuando jóvenes.
   Ellos tomaron fotos sepias de un Bar abandonado, entre piedras que protegieron esa pequeña construcción y estaban brindando el día de su boda.
   Viajaron a la comarca, advirtieron la llegada del avión mientras los lugareños esperaban. Bajaron dos jóvenes irreconocibles, con dejos de Ramiro y Eduviges. Desde el podio y no era un cuadro habló Ramiro, de la cirugía que los volvió jóvenes, con ganas de hacer progresar la comarca. Aumentaron los Impuestos más altos que las ganancias. Por Decretos de necesidad y Sugerencias de Eduviges, vaciaron los Bancos, los Tesoros de la Iglesia, expropiaron los campos, las casas, el ganado ovino, bovino y las gallinas. Hartos de robar tanto, a gente tan permisiva e ingenua, volvieron a Italia. En Palermo construyeron una casa suntuosa que alquilaba habitaciones. En la entrada colgaba el nombre del lugar: El Palacio Del Lord Ramiro Del Cuerno y Eduviges A La Sombra. Un trabajo de frentistas orfebres y no era un cuadro.   

sábado, 4 de mayo de 2019

BAJO EL MOLETÓN



   Estudiaban juntos en una bohardilla, sobre una mesa redonda, con un antiguo moletón que llegaba al piso. Melania se enamoró y como un comienzo, compartió ese latido con Tiri. Cuando estudiaban, él leía y ellas tomaban apuntes, la más competitiva quería extender la lectura a cuatro horas. Eduardo, con indiferencia, explicó la teoría de la atención, que dura cuarenta y cinco minutos. —Me parece que tres horas y un té rápido en la mitad, es plausible, si ustedes quieren agregar una hora más, me lo comunican y miro lo que leyeron.
   Se fue con una parca tan seductora, como su altura. Son pocas las minas que pasan por alto la ropa.
   —¿Sabés que yo también me enamoré de Eduardo? Sin querer, peleé conmigo misma para no sentir, pero siento.-Dijo Tiri con los ojos bajos. No se atrevió a mirar a su amiga-.
   —¿Y él? -Ella seguía con los ojos que miraban el moletón-.
   —¿Él te da bola?, digo ¿hay correspondencia?
   A Melania se le pusieron rojas las mejillas y le temblaban los párpados.
   —Todo ocurre bajo la mesa, yo empecé a rozarle sus zapatos con los míos, la primera vez pedí perdón y después él me inmovilizaba uno, con sus otros dos.
   Quedó tiesa. —¿Cómo me podés hacer esto, y contarlo como si tal?
   Tiri la miraba con tristeza fingida. —Él empezó, cuando vos ibas a buscar el té, me acarició la frente para retirar el pelo de mi cara, se cayó la birome, la entregó en mi mano y no me soltaba, respiraba agitado, cerca de mi oído, estaba caliente…
   Melania se tapó la cara. —¡No, basta! No quiero detalles. Te pido que terminemos esta materia.
   Melania subió el té, estaban juntos, pretextando con la escena de leer lo mismo. Fue un reflejo del disgusto, cayeron las tazas y el agua hirviendo en la bragueta de Eduardo, quemaduras de tercer grado, le impidieron rendir los finales.

viernes, 3 de mayo de 2019

PLAYA LISA



   —¿Dónde vas?, es la madrugada, llevate abrigo. Quedamos en que íbamos a la nueve, porque los rayos del sol son más sanos. Ahora son las seis, Reina.
   Ella miró ese montoncito de ternura, salió sin un “volvemos más tarde”, o algo así.
   —Bebé, mirá esto, es tan azul, que te quede registrado, aspas amarillas allá en el horizonte.
   Reina iba en camisón y el bebé pedía teta con puños cerrados.
   —¿Se puede, Mami?, tengo hambre, le decís a Papi que ya no tenés y hay un montón.
   Reina desprendió su camisón y se entregó como decía Rascovsky: “Los bebés te comen y hay que dejar que te coman”.
    —Ese viejo de mierda, porque no tiene tetas, antropófago machista. Igual le hago caso. Siento placer cuando alineamos nuestros ojos y él toma, sonríe. Exige la otra.
   Reina miró la playa limpia, lisa, le pareció milagroso, la gente es sucia e irrespetuosa, son capaces de dejar un pañal cagado, envuelto, como ocultando un secreto. Lo vio y era la foto que tomó Vicente, un carro tirado por dos caballos y un rastrillo ancho que juntaba elementos descartables. Dejaba una lisitud tentadora.
   Reina se recostó en la arena. —A vos no te dejo, seguís en mis brazos.
    Miró la espalda encorvada del carrero, como un signo de interrogación que cerraba, el caballo, el carro, el rastrillo y la basura.
   —¿Viste Bebé?, se perdió en la playa de al lado y así es todo. El agua hace andar el molino. Regresemos, tu Papi debe estar preocupado. ¡Miralo! Viene corriendo con el termo y el mate, cuando llegue contale lo que viste, le va a encantar. Encontrar a la Reina y al Rey saludando al sol.
   —Vengo con el equipo, estás helada ¿por qué llevás esa manta? Era del gato, Reina, el médico dijo que no podés salir sola, yo debo acompañarte. Hoy no pude, se me cerraron los ojos, pensé que estabas mejor…
   Reina acomoda la manta y dice: —Pobre, es hora de cambiarte, quédate con tu Papi, yo traje un pañal.
   Vicente toma la manta y ella mete las manos. 
—No traje pañal, Vicente, tampoco hay bebé allí dentro, Vicente, le mostré el mar tan azul, la playa lisa mientras le daba la teta, a alguien que no existe. Quiero las píldoras, dormir, olvidar.
   —Hola, Doctor no doy más, no como, no duermo, vivo con miedo a lo que pueda hacer su dolor, por favor Doctor, hay que internarla en ese lugar tan lindo que decía usted. ¿Le parece?
   … …                                                      
Sí, sí, no se recupera…no.     

jueves, 2 de mayo de 2019

AGUERRIDO



   Mi hijo cambia de vivienda seguido. Si no es por robos reiterados, es por aumentos trogloditas. Ahora consiguió uno más chico que el anterior. Baja el tamaño y sube el precio. Éste le gustó porque es soleado, tiene un balcón más chico que el otro, un dormitorio en vez de dos y ventanitas que dejan entrar el sol. El clásico departamento de yeso, donde uno entra ¡Qué lindo! Y se va puteando.
   Su gato, Tintín, es para mí un nieto lindo, trigo, ronronero y considerado. Si está en un sillón, se corre para cederte un lugar. Nosotros vivimos a cuatrocientos kilómetros, él, cuando viene, dibuja en planta, lo que veremos en Enero. Odio viajar a La Plata, el pueblucho donde vivo también lo odio y si viviera en Suecia, también la odiaría. Mi vieja decía: “Esta chica vive en otro mundo”. ¡Ojalá hubiera otro! Aparecieron dos amigos de mi hijo, Frank, colombiano y Denisse, francesa, se desconoce de dónde sacaban la guita, pero viajaban todo el año. Vinieron a visitar el nuevo lugar de tiza, Tintín todavía chusmeaba todo, encantado con nuevos escondites. Trajeron una perra tan snob como sus dueños. Miraba a Tintín, con el oculto deseo de una presa. El gato se refugió en el balcón y del susto cayó del cuarto piso. Lo internaron en la mejor clínica de La Plata. Luego de una revisión exhaustiva, con toda clase de instrumentos, estaba en buen estado. Sólo el paladar fisurado, que suturaron. La piel se recupera sola. Para alimentarlo, le pusieron una cánula directo al esófago, para que su paladar cicatrizara.
   Me habló ayer a la noche, para contarme, yo me puse a llorar como una loca, mi hijo hacía lo mismo. Nos pasa partes diarios de cómo va Tintín. Ojalá que lo de las siete vidas, sea cierto. Miré mis muebles deshilachados, de sus visitas anteriores y no me importaría que los deshaga cuando venga. En cuanto a la familia itinerante y su perro asesino, que se vayan a la concha de su Madre, que se ahoguen en Colombia, les caguen a tiros el perro y no haya Veterinarias abiertas.   

miércoles, 1 de mayo de 2019

PONETE BUFANDA



   —Teníamos una relación excelente, desde que nació, hasta los veintiún años, gustos parecidos, fílmicos, literarios, no me daba cuenta, yo lo empujaba hacia mis ideas, mientras él dibujaba y poca bola me daba, estaba implícito, jamás le daban ataques antagónicos.
   El Papá lo filmó dibujando, a mano alzada y la punta de la lengua ligera, apretada a la derecha, como hacía yo cuando dibujaba, mi Padre, mi Abuelo. Todos teníamos talento, pero cero ganas. Él no pudo arrancarse jamás de sus dedos, luego de sus manos, lápices, lapiceras, arcilla, donde modelaba en especial, hombres tristes.
   Sus dibujos resultaron tan buenos, que me dio vergüenza seguir con los míos.
   —Mamá, somos distintos, mi generación busca cosas que la tuya no. Tu soberbia provoca y es un buen ejemplo a no seguir.
   Él se fue a los dieciocho y yo le rogaba que nos viéramos más seguido. Cuando cumplió veintiocho dijo: —Soy persona, yo soy como quiero, no como vos querés que sea. Por si no estás enterada eso es un “yo te quiero”.
   A los treinta formuló: —¿Querés que te visite sin ganas?, sería una triste parodia. A mí me gusta verte cuando yo tengo ganas. Te quiero Mamu, odio que me llores.
   —Conozco la historia, vivíamos cerca, éramos amigas entrañables. Adela, mi hijo vive en Japón, vos sabés, ahora está en Irlanda, me enteré por tu hijo que se van a encontrar en Barcelona. Hay que dejarlos, son hijos del mundo. Entrar en nuestra propia vida. El hijo de Rosita, en quince años hizo una visita de una semana y cada tres meses, le manda una encomienda, con fotos de sus trabajos y cartas que hablan de sus amigos. Ni pregunta por sus Padres y concluye con un te extraño, te quiero, nos vemos.
   Rosita a la vejez varicela, entendió. Ella hace su vida, el hijo la visita una vez cada dos meses y habla más con su Padre que con ella. Primero le dieron depresiones ególatras. Ahora se pone nerviosa cuando viene y cuando parte es un alivio. No llora ni araña las paredes, pero sus quejas le duran una semana. Yo soy la única que la escucha.
   Adela y Rosita se reúnen a comer los fines de semana, con sus respectivas parejas. Ninguno saca el tema de los hijos. Están, los quieren, pero los cuatro comprendieron que es mejor no hablar de ciertas cosas.
   —Hay un discurso pterodáctilo, me mostró cuán perversa puede ser Adela cuando desborda, dice así: “Podé un hijo, corté un árbol, borré un libro”.

martes, 30 de abril de 2019

EL PECADO SIN VENDER



   Todos flacos, altos y las crines rojizas, lo que conocemos como “fideo con tuco”. A ningún pelirrojo le gusta que lo llamen así. Pero todos ellos eran tan exiguos e infinitos, que parecían altos.
   Las fotos se tomaban a cada familia que entraba a la Iglesia. Se llenó la nave izquierda, del primer al último banco. No hacía falta el testimonio de las fotos. La familia de la novia era color rojizo y eso que el Fotógrafo atemperó los rojos, dos o tres valores menos. La otra nave contenía a los familiares del novio, que eran gordos, petisos y castaños como carozo de palta. Todos esperaban ansiosos la llegada de la Novia, convenida al mediodía, lo corroboraban las invitaciones.
   Yo fui porque nos invitó, a la Iglesia, no a la fiesta. Llegamos a las doce en punto. Me casé con un inglés aburrido, que no quería llegar tarde a ningún lado, temprano tampoco. En ocasiones se vanagloriaba de su puntualidad pirata.
   —Ruth, son las 12.30 y la Novia no llegó.
   —Georgi, no me gusta esperar con tu reloj de voz, sonando el “cuánto faltará”, o el “no es posible”.
   Los invitados sudaban, los ventiladores no funcionaban, el Clero ahorraba electricidad, por avaricia. A la colorada no le conformaba ningún vestido, se probó ciento cincuenta y se hicieron las 14.00, las 15.00, las 16.00.
   —No me va ninguno y por estos inconvenientes, no voy a alterar mi costumbre de hacer mi siesta, hasta las 19.00.
   Se retiraron primero los amigos, de paso le dieron espacio a sus ideas, considerar obsoleto el matrimonio. Los familiares se retiraban en grupos, puteando a la Colo, con sonido punto Iglesia.
   Nosotros esperamos por respeto, hasta que Georgi dijo: —Por falta de respeto, nos vamos, Ruth.
   A ella no la vimos, porque dormía hasta las siete.

lunes, 29 de abril de 2019

ABRIR



   Desde que fui bebé iba al Cine con mis Padres, sábado y domingo. Daban dos películas, antes un número vivo con algún cantante desafinado. Si una de las pelis era a color, mi Padre nos hacía levantar. —La película es yanqui, por eso tiene esos colores bien de fantocheros.
La segunda era blanco y negro. —Ésta es una película de buen gusto, es francesa y se llama “Los Cuatrocientos Golpes”.
   Ya iba por los tres años y pedía sentarme sola, si me tocaba una mujer con sombrero alto, delante, pedía casi llorando de mentira: —Sra, ¿se puede sacar el sombrero que no puedo ver?
   La Sra se derretía por mi lenguaje adulto y se lo quitaba. Mamá y Papá se hacían los que no me conocían. Todos los fines de semana seleccionaban películas blanco y negro.
   —Hoy tenemos. “Milagro en Milán”, es de risa y de llorar, mi pañuelo no lo presto, llevan cada uno el suyo.
   Yo iba por los ocho y hacía comentarios en voz alta. Los espectadores hacían coros de “Shshsh”. Ellos se la perdían, mis comentarios eran excelentes, decía mi Papá, por la emoción de la película y por mí.
   Compraron un televisor que en aquel tiempo, eran todos en blanco y negro. Mamá miraba teleteatros cursis y me hacía callar. Ya iba por los diez, me gustaba “La Patrulla de Caminos”, el “Cisco Kid”, “Tarzán”, “Lassie”. Cuando cumplí trece iba sola, me compraba, medio kilo de queso de rallar, comía y miraba tres películas. A veces venía mi primo, de dieciocho, vimos “La Batalla de Argelia”, algunas cosas me gustaron y otras que no entendí me explicaba mi primo. Si me daba gripe, no había otra que mirar tele blanco y negro.
   Llegué a tener cuarenta grados de fiebre, fue muy lenta la recuperación. Los párpados me pesaban y entreabrirlos dolía. No había razón para que los párpados tuvieran conflicto con las pupilas. Me llevaron al oculista: —Te voy a mirar los ojos, apoyá el mentón aquí y la frente en la parte superior. Mirá hacia la izquierda, al frente, parte superior. Y ahora hacia la derecha. Bien, te dolió, pero logré mi objetivo. —¿Puedo hablar con tus Padres?
   —No es necesario, el problema es mío.
   Puso cara de seguir, me mostró objetos diferentes y preguntaba: —¿Qué color es éste?, bien, ¿este otro?, bien, ¿Y el tercero?, bueno, no tengo buenas noticias. ¿Vos que tonos viste en los objetos?
   Abrí los ojos y vi todo blanco y negro.
   —Si querés consultá con otros colegas, pero es el primer caso que tengo con tus características. Qué podemos hacer?-Me preguntaba a mí, el ojólogo-.
    —Creo que lo mejor por ahora es mirar películas blanco y negro. También leer fondo blanco y letras negras. Y si me rayo mal, me coso los ojos y pienso, no viene mal pensar, creo…

domingo, 28 de abril de 2019

DIOS SABE LO QUE HACE



   Le pegaba sin motivo, en la cara, para hacer ver que Morita era de él. Dejó la ropa en la soga y llovió, le pasó la plancha a toda la ropa de su marido, le tomó dos horas. Dejó su ropa y las de los chicos las escondió en el canasto. Ese día vino contento cuando vio sus camisas, la invitó a comer afuera.
   Morita no tenía qué ponerse, los chicos tampoco. Él vio el hilo de agua que salía del canasto, puso cara de pegar. Dos bofetadas, derecho y revés.
   —Ponete el piloto y este pañuelo mío al cuello. Los chicos que vayan como están, supongo que las zapatillas estarán limpias, los zoquetes pueden ir mojados y ellos peinados con raya al costado.
   Los chicos temblaban. —Me gusta pegarte, te pintaste para que te miren los tipos, ésta, va por la pintura. -Y le puso una piña en la boca-.
    —Parece botox y la sangre rouge.
   Los chicos muertos de frío y terror, no miraban. Llegaron tarde, él con vino adentro, era de lo peor. Estaban en la cama y él quiso, Morita moría de cansancio y lo negó. Le dio dos trompadas filosas en las costillas, quedó sin respiración.
   Ambulancia, Policía, Abogado, Juez. Preso él.
   Morita, a cargo de los niños iba todos los domingos a llevarle cigarrillos y tarta de manzana, lo que más le gustaba. Ella pidió el divorcio, ambos firmaron. Morita siguió yendo los domingos, hasta que terminó de cumplir su condena.
   Ella se unió a uno de los abogados actuantes. Tuvieron dos hijos.
   Al año de obtener la libertad, borracho y de noche, caminaba por un pantano, sin destino.

sábado, 27 de abril de 2019

TARDE PERO SÍ



   Por fin me pusieron a alguien que me ayude, las carpetas me tapaban, hacía horas demás, porque eran todas de viejitos que no percibían su jubilación. Llegué a hacer quinientas en un  día.
   El Jefe de Área miró mi cara por vez primera: 
—Srta Del Prado, está blanca como un papel y tiene ojeras violetas. Hoy mismo le mando un Asistente.
   Era lento como una tortuga, cada expediente que agarraba venía a consultar alguna tontera y resolverlo le llevaba hasta la hora de salida. Me hacía perder tiempo, tenía cuatro mil carpetas de jubilaciones y poco adelantaba si le daba clases personalizadas al Asistente.
   Antes fue peor. Un día que el Jefe en persona le dio un levante, me invitó a su casa que quedaba en el campo. —Véngase conmigo, es Ud tan amable que no parece de ciudad. La invito con unos mates y tortas fritas. Desde que murió mi Sra Madre, hablo con el perro. Necesito charlar con una persona.
   Me contó la historia de su vida y concluyó bien tarde. Yo esperaba un rancho y me encontré con una casa bien armada. Tenía una chata oxidada y me dejó en casa. Al día siguiente le dije: —Mirá, ayer charlamos, hoy o seguimos con los expedientes o seguimos con los expedientes.
   Hizo caso, laburó bien, hasta detenerse a mirar por la ventana los pajaritos. Fue un gesto poético, me gustó y lo dejé.
   Hoy mi Asistente llegó tarde y habló de Felicidad: —¿Ud sabe, Srta Del Prado, vio que ayer estaba triste? Dormí triste y me levanté triste. Por eso llegué tarde. Dicen que después de lo malo viene lo bueno. Hay una Srta, cuyo nombre es Felicidad, desde sus quince, me mira pasar, hasta que el humo de la chata y de la tierra, la hacen perderme.    Cuando llegué del trabajo, en un canasto, una hogaza abierta, que echaba humito y estaba rellena de queso de campo derretido: “Todo hecho por mí para Ud.” Tanta dedicación merecía una respuesta: “Srta, lo que hizo, tiene un premio, ¿aceptaría ir a bailar conmigo al Rancho Grande?” “Delo por hecho, vamos hoy mismo. ¿Es premura insolente la mía?” La vi tan hermosa, dulce, buena, transparente: “Sí mi niña, hay que dejarse transcurrir, caminemos lentamente.”
   Tomaron por un atajo y ninguno se lo propuso, pero se dieron un beso de felicidad, similar al para siempre.

viernes, 26 de abril de 2019

ASCENSO



   —Hacemos diecisiete kilómetros hasta arriba.
   Éste está loco, tomamos de todo con la panza vacía. —Dale, me gusta, es una idea poco realista, pero si uno lo intenta…
   El flaquito pone cara de loser. —Vas a ver que ponés un pie, un paso y otro, así hasta donde te dije, seguro todavía están. Yo subí solo y había niebla, pero pude.
   Suncho estaba entrenado, aún con una botella de vodka abierta, tomaba del pico y subía como un gato. —Qué debilucho, Flaco! Te metés en los agujeros de agua, pozos de barro, ortigales, ahí…ahí…! Tenés una culebra, decile con esta rama: “Fuera bicho si estás aquí”. Poné voz de convencido, sino la culebra te pica, les molesta que les pisemos su terreno.
   El Flaco se agarró el tobillo para hacer creer: 
—Bueno, Suncho, a veces te toca perder, borrá esa sonrisa de argento en Miami, no me picó un carajo. Me rompe las bolas que me des clase.
   ¿Habrá entendido, Suncho?, sino me desconcentra y hago cualquiera.
   —¡Vamos Flaco, quedan dos kilómetros y hay musgo!-No le explico porque se ofende-.
   —¡Suncho! ¡Ayúdame, me resbalé un kilómetro!
   No le ayudaría un carajo, pero quiero que estemos los dos, para que vea. —¡Llegamos, Flaco! Batimos record, veinte minutos.-Porque es lento, sino lo hacemos en diez-.
   —¡Qué vista, Suncho, parece una Ciudad!
   Ahora se va a llevar la sorpresa de su vida: 
—Flaco, mirá para abajo.
   Mirá para qué me trajo, dos soretes de su autoría y los muestra con orgullo, en la punta de las Ánimas, para esto me hizo subir.
   —Sos un tipo de mierda.
   Sonreía. —Tenés razón, Flaco, pero al menos agradecé haber compartido mi experiencia.

jueves, 25 de abril de 2019

BENEFLOSAL



   —Trícoli, Cuartón, Salvechi, ahora les toca a Uds, tienen catorce, el mundo verdadero ocurre tras la puerta. El Señor Larrepart, alimenta y educa desde que fueron bebés hasta ahora. De lo que encuentren, les deseamos lo mejor, adieu, petits enfants.
   Salvechi, con sus pesos en el morral: —Debo separar a Trícoli y Cuartón de mi camino. O me quiero yo o no me quiere nadie, lo demás sobra. Tal vez sea malo, pero debo protegerme, buscando en los avisos, encontré “Anciana sola busca compañía”.
   —Ah!, Casa de Protección le dicen, antes era Orfanato.
   Salvechi no sacaba los ojos de la anciana de cara animada.
   —Te voy a llamar Salva, es más alegre, mi nombre es Flor y me gustaría que recorras la casa y elijas el cuarto que más bronca te dé, así decía mi Abuela.
   El más alto, lo más parecido a la punta de un faro, podía ver la costa uruguaya, el lugar de origen de mi Madre. Allí me parió y se murió. Después no sé, bueno, la Casa de Protección. No quiero saber tampoco, seguro que es triste y ahora no necesito.
   Flor me llevó a conocer el mundo, me presentaba como su nieto.
   —Oye Abuela, yo pido unos tacos y vos?
   Ella me daba puntapiés bajo la mesa. Flor, la sorprendente, decía “mi nieto”, pero no quería que la llamara “Abuela”. Luego de ver lo que pasaba en Ucrania, dijo no sentirse bien, tenía parientes ancianos allí.
   —Salva, quiero que sigas el viaje a todas partes, es una compensación que te debe la vida, yo recuperaría mi bienestar, sabiendo tu disfrute, te dejo mis dineros y tarjetas. No quiero darte más consejos, serían mil.
   La acompañé al Aeromata, así le decía ella. Sentí que una flor se llevó el calor de mí. Anduve, por andar andando y hasta encontré a Trícoli prendido de una rica. Y Cuartón, se dedicaba al contrabando. —Del sano.-Dijo-.
   Me quedé más tranquilo. Tiempos sanos ya no existen. Creerle a él, que sufrió tanto, era lo menos que podía hacer.
   La anciana Flor se encontraba en el Sanatorio, con máscara de oxígeno, mangueras de transfusión de sangre, suero y la tráquea entubada. Podía ver, oír y hablar.
   —¿Enfermera puede conectar el televisor en las Noticias?, gracias pichona.
   Enganchó un terrible bombardeo en Sri Lanka, sabía que era uno de los destinos elegidos por Salva. Flor escuchó que entre las víctimas identificaron un argentino, de nombre: Salvechi.
   La anciana Flor, con sus facultades mentales en perfecto estado, arrancó su máscara de oxígeno, las mangueras de transfusión y el entubado de la tráquea, con tráquea y todo. 

miércoles, 24 de abril de 2019

BAJO LA TIERRA ES EL ABONO DEL DESPUÉS



   —Se quedan, nada que tengamos que volver. Son tres meses. Los peligrosos son el molino viejo, los seis eólicos, te pido Cristiano, vos que sos cristiano, levantá los ojos al cielo y rogá que sople el viento, pedile ayuda a Rosario y a Pilar, que son del mismo palo. Roncho y Lauro, el más zafado. Tratá a los peones con respeto, poné distancia, ellos tienen su rancho.
   —Cuando se van se renueva el oxígeno.
   —Cómo se le nota que fue milico, hagan esto y vos no les des bola a los peones. Le faltó decir que son seres inferiores.
   —Él mató gente de nuestra edad, dicen que mandó matar. ¿Cuál es la diferencia? Es un asesino. Cómo se lo banca Tía Crisálida, es un ser anónimo hasta de sí misma.
   Ya estaban en la matera Lauro y Roncho, los peones ya sabían que odiaban el mate y les daban tazones de café sólo. Recién traído del pueblo, molido a mano. Unos regios la peonada.
   Le preguntaron a María Susana, mujer emblemática, dicen que fue Reina India: 
—¿Podemos comer con Uds, Marisú? Acá está calentito, en la casa hay murciélagos con sus familias.
   —A mí me ordenaron no entrar jamás y yo les cumplo, pero si vos querés la limpio.
   Él contempló su postura majestuosa. —No quiero, tus manos son para la Naturaleza, no para la mugre.
   —¡Mirá, Cristiano! Arrodillado con las otras alcahuetas al pedo, porque no corre aire, hace más de un mes, me dijeron y ellos no mienten.
   —¿Vos decís?
   —Claro, son los dueños de la tierra y aunque heredemos, va todo para ellos.
   Lauro y Roncho esperan a los Tíos en un mes. Lauro puso cara de Abel.
   —Les hablamos y les mentimos, que Rosario y Pilar, cayeron del molino viejo. –Puso cara de Caín-. Y que los paisanos las enyesaron en su totalidad. Se lo merecerían las pendejas, pero son familia y no hacen ni daño, ni nada de nada. Son nada.
   El Tío milico y su ausente Crisálida, llegarían en helicóptero.
   —El milico quiere el campo y nosotros tenemos éstas.
   Roncho le mostró armas nuevas, de caño largo.
   —Yo no sé tirar.-Dijo Lauro-.
   Es un cagón, pero el odio es más contagioso que el sarampión. En una semana aprendió a tirar, hábil el enano.
   Hicieron la llamada y estuvieron al toque. Se escondieron tras unos rolos y empezó la fiesta, dos tiros al milico, uno en la frente y otro en el corazón. Crisálida les dio pena por lo idiota.
   —No avisamos a nadie.
   El sepelio fue una farsa, se encargaron los chimangos, los caranchos y los buitres. Crisálida, con voz aguda: —Se fue bien ido, por todo lo que hizo y yo callé.
   —Por cómplice, te quedás con los peones. Emparejate con alguno, ahora ellos son los propietarios del campo, que llega hasta el horizonte.
   No despedimos como si fueran nuestros Padres desaparecidos, la única que nos bendijo con un café de putas fue María Susana, que nos miró a los ojos diciendo gracias, pero sin palabras.

martes, 23 de abril de 2019

SEMANA CHANTA



   Desde el atardecer se escucharon tambores de latón, de barril, pensé que era mi vecino del fondo, que tiene una batería, pero mi vecino viajó y los parches no suenan igual. Seguí leyendo un libro de teoría y técnica del cuento, haciendo caso omiso de esos sonidos agresivos, mientras trataba de devanar el texto.
   Puse un adagio que amo, para neutralizar los tambores. Fue peor, se sumaron poder entender el texto, estar ahí para suprimir los tambores, sentí que había una manifestación en la Escuela, el adagio más un acolchado que tenía encima,  no alcanzaba.
   —¡Saulo! ¿Escuchás el ruido?
   Él es tranquilo, nació sedado.
   —Sí, naturalmente, Semana Santa no se caracteriza por rezos devotos, hace tiempo que parece un festejo histriónico.
   Tenía razón. —¿Me podés decir cuánto tiempo hace que estoy leyendo?
   Contestó irónico: —Cuatro horas, debés saberlo todo.
   Era la una y media de la noche y los golpes seguían reiterados, sin armonía, parecía el infierno hecho sonidos. Escuché el sigilo de Saulo sobre mi hombro.
   —Esa lectura es sencilla, respeto tu negación, pero me voy a dormir.
   Las cuatro y media de la noche, tenía algodón en los oídos y cinta de embalar. Llamé a la Policía a las cinco, mi juventud setentista en La Plata, odió recurrir a ellos, nunca lo hice. Dijeron que no sabían nada. Expliqué: —Provienen de la zona del Calvario, o del Anfiteatro, o no sé dónde. Les pagamos para que cumplan con su deber.
   Me pidieron el nombre, mi dirección, el número de teléfono. Hasta aquí llegué: —Mirá loca, si es tanto rulo, seguí comiendo pizza.
   De una, salí de casa, en pijama y pantuflas. Fui hasta la plaza. Ahí no era, me detuve y el sonido provenía de otra manzana. Hice diez manzanas y seguí hasta el Houssay, los sonidos mataban, no sabía de dónde carajo venían o iban.
   Volví a casa, di tres pitadas del propio y a las seis se detuvo.
   —Saulo.
   Y nada, lo sacudí. —Saulo, no están más, pararon.
    Dijo: —Siempre hay paros, no te preocupes vení, dejá ese libro de mierda.
   Por la mañana fui al Super y pregunté, nadie había escuchado nada. Pasé a tomar un café, allí tampoco escucharon. Toqué timbre en casi todos los vecinos. No, tampoco escucharon.
   Llegué a casa, Saulo dormía y roncaba como el mejor, tenía la boca abierta y tres mosquitos en la lengua, lo zamarreé. —Nadie escuchó nada, pregunté y nadie, pero vos me dijiste que sí ¿o no?
   Me escupió los tres mosquitos en la cara.
   —Te dije que sí para que me dejaras de joder.

   Son todos sordos, yo sí los escuché. ¡Hipócritas!

lunes, 22 de abril de 2019

BASTA DE REBOTAR



   —Sé por qué Ud no quiere leerme, yo a mi edad, tengo el niño dentro de mi cabeza, Ud tiene el afán que le salga un best-seller. No le interesa si es bueno, si es malo, no lo sabe. Elige este sí, este no. Sin currículum, sin una historia perversa que lo respalde, ni tres millones de seguidores en instagram, Ud le pega un puntapié en el corazón y manda a su Secretaria con el texto “Piantá de aquí”.
    Entorna los ojos. —Siga nomás, yo lo escucho, lo que dice no me seduce, da pena que lleve un año tratando de verme, sabiendo qué diría. Igual seguirá escribiendo, hay otras Editoriales, más chicas, pruebe y a lo mejor, quién le dice. Se publican porquerías y la gente aplaude, ellos deciden, los lectores. También están los lúcidos, que te sacan el pasaje a un mundo donde no podés salir, hasta que das vuelta la última página.
   —Le robo un momento, Ud sabe de esas cosas, me refiero al robo y al momento. Como amigo de la infancia de mi Padre, en su nombre, que fue lo único que quedó, lea mi borrador. Paso en dos semanas.
   Debe ser lo único que el hombre no puede detener, el tiempo.
   —Holá, sí soy yo…¡¿Lo imprimen?!, En media hora estoy ahí. Sí, sí, el final está en mis manos, una garantía para el carocito de niño, que llevo en mi cabeza.

domingo, 21 de abril de 2019

CONTAME



   La costumbre era escribir con pluma de ave, mojada en tintero. En mi familia, Papá vestía levita negra, con camisa blanca y yo y mis hermanas hasta la más pequeña, vestidos hasta los tobillos, de terciopelo. Asomaban ruedos de puntillas blancas, collar isabelino almidonado, nuestros cuellos paspados no nos permitían girar la cabeza.
   A las doce horas, llamaban tres campanadas, que resonaban en el patio con aljibe y temblaban los jazmines. Nosotras nos sentábamos primero, Mamá destapaba una sopera y con cucharón servía el plato de Papá, a la cabecera. Antes de empezar uníamos nuestras manos y dábamos las gracias al Señor por la sopa. Mi hermana menor, que nació con justicia incorporada, agregaba: —Y a Josefa que hizo la sopa.
   La idea de mi Padre, mientras Mamá obedecía, era conservar un estado quieto, donde la modernidad no tuviera filtración alguna. Ellos nos daban clase, para que no tuviéramos contacto con el afuera. En la casa no existía ni radio ni televisión, sólo una vitrola RCA Víctor y discos duros, con óperas de sopranos reconocidos en tiempos obsoletos. La manejaba mi Padre, el aparato de boca abierta, tenía una manija que ponía en funcionamiento los sonidos, parecían provenir de un balde de latón.
   Él tenía la manija de todo, dar cuerda al reloj inmenso del péndulo de bronce, tocar una campanilla a las cinco en punto de la tarde, para tomar té con tostadas. Las colaciones se hacían sin hablar, sin reír, sólo escuchar la voz de él, que comentaba algo leído en “Caras y Caretas”, única revista permitida en la casa. Yo amaba escribir, pero la pluma no me coincidía con los tiempos del pensamiento. Juan Manuel, el Jardinero, armó un rincón frente a una ventana chica, con una tabla, un banquito, cuadernos rayados y biromes Uniball, Signo 07, con esos elementos, desplazaba historias que tenían mi propio sonido. Con el tiempo, arrastré a mi hermanita menor, que se deleitaba escribiendo cuentos para niños y con magia los ilustraba. Juan Manuel le regaló una caja de fibras de colores. Ella le respondió con una historieta que terminaba mal. Yo me enojé y ella se reía. —A Juan Manuel le gustan así, con mucha sangre y cabezas degolladas.
   Por denuncias vecinales, se hizo una requisa en la casa. Mis Padres fueron sentenciados a diez años de prisión, por abuso de la libertad de las personas, mi Madre salió un año después, por buena conducta. El Juez la consideró forzada por mi Padre, a llevar esa vida.
   Como nuestra historia se viralizó, el Juez decidió que estuviéramos bajo custodia de Josefa y Juan Manuel. Cuando Mamá volvió a casa, consideró que Josefa y Juan Manuel constituyeran parte de la familia.
   Cada uno se sentaba en la mesa donde quería y se hablaba con toda libertad, de lo que quisiéramos. Nos compraron ropa, fuimos anotadas en un Colegio, teníamos libros y un televisor enorme que estrenamos con una película, nos dio tanto miedo el tamaño de las personas, el mar que se nos venía encima, mi hermana menor, la más valiente, se sentaba en el sillón grande y contaba qué sucedía, nosotras, escondidas detrás del sillón, escuchábamos.
   Juan Manuel, que era muy joven, pidió permiso a Mamá, para llevarme a pasear al centro, ella dijo sí. Yo ya estaba con mi ropa de salir.
   —Juan Manuel, me siento rara cuando estoy con vos.
   Él dijo la verdad, como siempre lo hizo. —Vos sabés que a mí me ocurre igual?  Me siento raro. ¿A vos, hace mucho?
    —Y…sí. Cuando me hiciste el rincón para escribir y me trajiste las Uniball, te amé muchísimo, perdón, no quise decir amor de novios y esas estupideces, eso vino después.
   —Después?, cuándo?
   Yo también soy sincera. —Cuando me hice señorita, Juan Manuel, pero no te preocupes, ya sé que los hombres no saben de esas cosas.
   Comencé a observar a Mamá, siempre estaba murmurando con Josefa, o se reían de todo porque sí nomás. Un día mi hermanita me contó: —¿Sabés que vi cómo Mamá y Josefa se daban un beso en la boca?
   Yo no entendía nada. —¿Vos querés decir que Mami y Josefa son gay?
   Tiene pico largo y es veloz. —Yo creo que quedó tan horrorizada con nuestro Padre. Josefa la tranquilizaba y entonces…¿por qué me mirás con esa cara? Yo me alegré por las dos. Vos tenés tantos prejuicios, ellas están bien, eso es lo importante.

sábado, 20 de abril de 2019

LA CLASE AUSENTE



   —Esta clase será una exposición acerca del Marqués de Catapultala, ¡quiero silencio! Si tienen ganas de gritar, vuelvan a sus casas. Se sientan derechos, vista al frente y oído atento.
   —Srta, mire! Abajo un micro pisó tres chicos, el micro se fue rajando, los pobres no se mueven, están tirados en la calle, cubiertos de sangre y nadie los socorre.
   La Maestra no puede detener una sonrisa, tres chicos menos, son tres problemas menos. 
   —Bueno, vuelvan a sus asientos, si vieron eso es que no estaban prestando atención. El Marqués de Catapultala, fue el primer científico de la Historia que descubrió, hace apenas unos días, que la Tierra es plana.
   —Disculpe que la interrumpa, Seño, pero no puedo sentarme derecho, porque el banco tiene una pata mucho más corta que el resto. ¿Qué hago?
   —Alumno Santillán, siéntese en la ventana, sin mirar hacia afuera, porque le puede dar vértigo y caer. Otra cosa, Santillán, no se dice “pata”, se dice “pierna” y no quiero que me interrumpan más. Como les decía, el Marqués de Catapultala, Dr en Física, Química, Historia, Geografía y Ganador del Premio Nabol de este año. Si él dijo que la Tierra es plana, no hay duda, es plana. Yo les propongo media hora de silencio, como duelo por nuestra querida, finada, Tierra redonda. Controlo el tiempo, si esta media hora no se cumpliere y alguno hablare, el castigo será una abeja viva, adentro de la boca, los labios permanecerán cerrados, con abrochadora, para que no la escupan.
   Se hizo un silencio tumbero. Al cabo, el niño Santillán, que era mal alumno, pero ningún boludo, dijo: —Srta, pasó más de una hora, me parece que Ud, está abusando de todos nosotros.
   —Tengo testigos, Santillán, yo no le toqué el culito a ninguno de ustedes, por eso me doy sobreseída de abuso. Sigamos, el Marqués de Catapultala, logró otros descubrimientos. El primero alertó que la fisura desembocaba en el agujero negro. En cuanto al lenguaje inclusivo, era una estupidez ofensiva, que cayó en el olvido. Espero que les haya resultado interesante mi exposición.
   —Toc, toc.
   Era la encargada del material didáctico, que nunca existió.
   —Srta, no quiero interrumpir sus pensamientos, pero hoy era un día de huelga y no asistió un solo alumno, ni Maestros. La Escuela está vacía.
   Ando mal de la cabeza, le hablé a nadie.
   Una manifestación, abajo, con carteles que decían: “La Maestra Siracusa es carnera.” “Que te echen de la escuela, gorda traidora”.
   Entre los manifestantes estaba el Marqués de Catapultala, gritando: —Que se vayan…! Que se vayan…! 
   Estaba convencido, que se encontraba frente a la Intendencia, que había robado los cuadros del Museo, único patrimonio del Tandil.