martes, 7 de julio de 2020

VOY A PONER LAS PIEDRITAS


   —Se cayó en la vereda, tenía los labios blancos y la cara pálida. Lo llevaron al Hospital y lo trataron tan bien, que un Médico le dijo:
   —Parece que lo tiene, joven.
   —¿Qué cosa tengo?
   —Eso que nadie nombra, porque les da pánico de pertenecer al grupo.
   —¿A qué grupo?
   —A los que se saludan: “¿Todo bien?” “Sí, todo bien, nos vemos.”  
   —A mí me parece que todo mal.
   —Para vos, todo mal, nosotros estamos fenómeno.
   —Qué van a estar fenómeno con lo que les pagan.
   El Doctor, con sonrisa dibujada: —Prefiero el escaso sueldo a tener lo que tenés vos.
   Fuera del Hospital, Marta, la novia del joven, charlaba con su Suegra, a tres metros de distancia. Marta decía: —Ni aunque me dejaran entrar, que no, no puedo ver que le duele. Algunos dicen que no duele nada. A mí esas cosas me confunden, duele, no duele.
   La Suegra no resistió la charla. Estaban todos de pie, en la vereda enfrente del moridero: —Suerte que nosotros, volvimos de Milán, a tiempo para ver a mi hijo.
   Marta le dijo que entrara rápido al Hospital. La Suegra cruzó sin mirar y se la llevó puesta un micro. Falleció de inmediato. Marta se sintió culpable, llegó al Hospital y entró. La interrumpieron, ella pidió que la revisaran, para ver si tenía o no. El mismo Médico que atendió a su novio, usó las mismas palabras: —Parece que lo tiene. Hay una cama libre y una Enfermera que se ocupará de bañarla y ponerle un camisón.
   Al novio lo pusieron al tanto, su novia también estaba con la misma enfermedad. El joven pidió si no podían casarse en el Nosocomio. Le dieron su anuencia.
   —Quiero que mi Madre sea la Madrina.
   Marta no quiso darle la noticia, le parecía atroz: —Será imposible, en este momento está escalando el Himalaya, no tiene señal, su celular está muerto.
   —Bueno, no importa, le guardamos las fotos.
   Los Testigos fueron la Enfermera y su amante, el Doctor que los atendió a los dos. Cuando concluyó la Ceremonia se besaron, se abrazaron. Ambos se desplazaron al piso, no pudieron hacer nada, estaban débiles, frágiles y expiraron, con una sonrisa en la boca.

lunes, 6 de julio de 2020

AIRBAG CON MIEL


   Si hasta ahora no fracasé, es porque no soy fracasada. Ni siquiera estoy casada. Sin querer me salió un verso. Conocí un tipo que me gustaba y me invitó a salir. Chocó de frente con un auto, se abrió el airbag y le pegó en el ombligo. Le quedó como un bandoneón, eso sí que no tuvo solución.
   —Para que te enteres, mi miembro es mucho más grande que su apariencia.
   No pudimos hacer nada, él se acercaba, pero el bandoneón se abría. Lo único que pude fue ejecutar un tema de mi Viejo, que vivía de eso. Cuando el instrumento se cerró, él me ensartó.
   —¡Ay! ¿qué me estás haciendo?
   —No lo digo por soberbio, pero es tan grande, que de tanto forzar para entrarlo, en tu cueva se sintió tan cómodo que no quiere salir.
   —Tirá de la punta y sacalo. Apenas salió.
   —Tené paciencia, cada tanto se le hacen nudos.
   —Cada nudo que sale, me hace doler como un parto, no tengo vaselina, pero sí miel. Vos permanecé quieto, yo te unto.
   —Me vas a dejar pringoso.
   —A mí me encantan los chupetines de miel y me gusta chuparlos.
   —Pero no lo hagas por la mitad, hacelo entero.
   —No puedo, se terminó la miel. Soy un fracaso.
   Por razones obvias me cansé y cuando cerró la puerta, la mitad se partió. Lo metí como souvenir en mi cartera.
   No sé de qué se quejaba, si con lo que lo dejé, será mucho más cómodo para él.

domingo, 5 de julio de 2020

MAXITRIBUTO


   Paz: —Estoy triste, nerviosa, desalentada.
   Psi: —¿Y por qué desalentada?
   Paz: —Vine para que me conteste, no para que me pregunte.
   Psi: —Yo también estoy triste, nervioso, desalentado.
   Paz: —Si le pasan esas cosas, debe ser porque tiene menos pacientes, poca plata. Nadie hace Terapia, para poder ahorrar.
   Psi: —Vino un amigo y me abrazó, decía que 100 días era demasiado tiempo para no abrazarse y nos dimos un beso y un abrazo, como los de antes.
   Paz: —Vivo sola y me siento tan sola que hablo conmigo y me contesto.
   Psi: —¿Por qué me cuenta lo mismo que todos sabemos?
   Paz: —Lo mío sucedió cuando venía mi hijo de visita, no lo dejaron salir de la Ciudad, había cambiado sus sábanas. anoche me di cuenta que esas sábanas no fueron lavadas desde hace cien días. No me baño ni me peino, ni cambio mis sábanas. Para llegar hasta su Consultorio, me exigieron tantas tarjetas, que al Poli se le cayeron dos. Por suerte quedaron pegadas en las ruedas del auto.
   Psi:— Para venir, ¿se bañó? No logró peinarse, tiene un ovillo en la cabeza. Eso sí, se puso perfume francés, para que no me diera cuenta.
   Paz:—Usted tampoco se bañó, hay olor a chivo y a patas. El barbijo transparente también tiene mugre.
   Psi: —No quiero que venga más, cuando usted se retira, me deja sus liendres en el diván y toda clase de insectos. Lamento echarla, pero tengo mis razones. Usted es un máximo exponente de contagio.
   Paz: —Ya estoy contagiada y no me ando quejando como usted.
   Es terrible salir del Psi, sin ninguna solución. Pero como dijo una Maestra burra que tuve: —Las cosas, es así.

sábado, 4 de julio de 2020

ALLORA PARLA


   Acordaron no hablar entre ellos, dos horas por día. Frida y Samuel sintieron que con dos horas no era suficiente. Frida engrosó su ausencia de pensamiento y pudo escribir sin pensar, mientras que lo pensado, se le adelantaba sin necesidad de pensar.
   Samuel trabajaba el diseño de edificios en altura, fuera de la tierra, sobre pilotes de cemento. Cambiaba detalles que no lo conformaban.
   Durante el almuerzo, Frida le propuso a Samuel, extender el plazo de dos horas, a cuatro. Preguntó Samuel: —¿Por?
   —Necesito más tiempo para escribir mi novela, sería mejor para terminarla, hace tres años que comencé.
   —¿Vos decís generar más tiempo y más también?
   Llegaron a un mes de no hablarse y lo extendieron a tres. A Samuel le aceptaron los planos del edificio y empezaron a construir. Frida terminó su libro y lo publicó. Los dos sintieron ganas de estar juntos y hablaron de pavadas, temas que habían tratado quinientas veces.
   Él sabía cómo terminaría ella. Frida sabía de memoria como terminaría él. Se pusieron endogámicos, no salían de su casa. Los silencios comenzaron a ser infinitos, mientras cada uno seguía sus trabajos.
   —Frida, me parece que le estamos errando fiero. Tenemos que hacer algo que no hayamos hecho antes. Igual, hace mucho tiempo que nuestro matrimonio es una costumbre molesta.
   —A mí me parece que lo más apropiado, sería divorciarnos, nos estamos privando de muchas cosas.-Aseguró Frida, con mucha seguridad.-
   —Ni que lo digas, Mujer.

viernes, 3 de julio de 2020

LÁZAROS


   Llegué a ser un croto. Vivía de lo que me daban y después los puteaba, pensaba que me volví loco por la miseria.
   Mi Mujer me esperaba en casa, de cuatro paredes de cinc.
   —¿Y hoy trajiste comida para compartir?, percibo que no, mañana salgo con vos.
   Como estaban cubiertos de pobreza, nadie les daba bola. Hablaban solos: —¿Viste que no nos piden ni documentos? Andamos sin barbijo y para la Cana, somos personas que molestan, por eso nos tiran las camionetas encima.
   Tomábamos mates todas las mañanas, con la familia incluida, hablábamos de pájaros, de árboles y de sus peores enemigos: la lluvia y el invierno. Jamás tocábamos aquel tema. El ser tan crotos nos facilitaba andar por la calle, a cualquier hora del día. Nos sentíamos tan libres, por primera vez éramos felices.
   Dormíamos en las esquinas, unos guarros nos robaron las bolsitas de los pocos alimentos que llevábamos. Nos sentimos vulnerables, abandonamos la calle y no salíamos de nuestra casa.
   Estábamos tan desnutridos que fuimos a pedir al Hospital, que nos dieran camas.
   Por primera vez teníamos sábanas, colchones y abrigo. Ella le decía a su Marido: —Qué suaves son las sábanas, las frazadas son tan blancas y finitas, aquí conocemos el estar calentitos.
   Las Enfermeras nos daban trato de privilegio.
   —Yo de acá no me voy.
   El Médico de las noticias terminales, nos dijo que toda la familia, teníamos Corona Virus. Acá nos sentimos tan bien, que nos vamos a quedar.
   —No tenemos camas, necesitamos las suyas. -Dijo el Doc-.
   —¿Y nosotros?
   —Deben volver a su casa.
   —Y allá, ¿quién nos atiende?, si todos estamos enfermos.
   —Les recomiendo la cama y dormir, son dos detalles, con el que pueden subsistir, frente al hambre y la sed.

jueves, 2 de julio de 2020

PURA ASTILLA


   Caminábamos en torno de caléndulas y camamilas. La casa, grande como un palacio pintado de naranja. En honor a un naranjo centenario que seguía dando frutos, era pródigo. Nosotros queríamos que alguien nos hiciera jugo. Fuimos a parar al medio del campo, dijeron que allí estaríamos a salvo de la peste. Colocaron un freezer enorme en la cocina, cargado de comidas y verduras especiales. Vimos naranjas en el piso que entraron por las ventanas. Elegimos la más redonda sin madurar y jugamos a la pelota. Juego muy bien y en un puntapié certero, metí un gol y la naranja reventó en las zapatillas de mi hermano, blancas y recién lavadas.
   Una Anciana, Pura Astilla, nos trajo jugo de naranja exprimido. Mi Madre contó que no tuvo Padre ni Madre, nació de gajo. Pusimos un equipo de música y rock and roll memorables. Bailábamos y saltábamos. Mi hermano se quiso hacer el listo, subió la escalera, pisó un escalón partido al medio, de mármol pura cepa. Cayó a la planta baja y de allí al sótano. Huyó despavorido, estaba lleno de ataúdes.
   —Salgamos o nos quedamos sobre una bóveda repleta de muertos.
   Yo armé mi carpa afuera. Al lado vino mi hermano y armó la suya pegadita a la mía. Hablaba solo: 
   —Me da tanto miedo que me voy a dormir con ella.
   Llevó la comida adentro por si hay un muerto con hambre.
   El desayuno que sirvió Pura Astilla, tenía la leche de una vaca flaca de ubre grande y tetas que llegaban a la mesa. Pura Astilla retorcía cada teta y llenaba nuestras tazas con una cucharadita de cacao. Le tomamos cariño a la Anciana Pura Astilla y a la vaca también.
   Jugábamos afuera de la tranquera, pasó un camión de la Policía Rural: —Chicos, adentro, está prohibido andar afuera.
   La Anciana Pura Astilla se cansó de nosotros, afiló la cuchilla más vieja de la cocina, se puso de espaldas con la cuchilla entre sus manos, no calculó que detrás de ella había un espejo. Nos llamó con voz de cariño y odio de sola. Pidió que nos fuéramos. Le quité la cuchilla con dos dedos y cuando se la iba a clavar: —No te molestes, hace más de cien años que estoy muerta, el stress que produjo la visita de ustedes, me hace extrañar el ataúd con tapa. ¿No me podrán llevar?
   No pesaba nada, la metimos en el único cajón que estaba abierto. Clausuramos la bóveda del sótano, con adoquines y cemento.
   El jueves apareció mi Madre a buscarnos, desde que nacimos le apareció el delirium, no esperaba mellizos y se sintió tremens, le mostramos la cuchilla con la que la Anciana Pura Astilla, nos quiso matar.
   —¿Saben que la vieja había muerto hacía poco? El día martes pasado, era mi Suegra, cuentera, insoportable, pijotera y ladrona, un día que el Padre de ustedes no estaba, clavé ese mismo cuchillo en la espalda de la Señora Pura Astilla, no le salió ni una gota de sangre. Para que Papá no se diera cuenta que le faltaba alguien, la llevé al campo, al sótano del castillo.
   El mismo lugar donde nos llevó a nosotros para preservarnos de la peste.

miércoles, 1 de julio de 2020

EN CASA


   Como no podían salir, jugaron a sincerarse. Él confesó que antes la engañaba con cualquiera.
   —¿Vos sabés que yo antes hacía lo mismo?, pero no con cualquiera, con los Maridos de mis amigas, eran los que tenía más a mano, ahí comprendí, por qué estaban de acuerdo. Se quitaban los Maridos de encima. Yo les hacía el favor y me acosté con todos. Eran diez. Decidieron separarse de sus Mujeres, para casarse conmigo, yo les dije que sí a todos. Entonces te inventé que llevaba un contingente de turistas, por un tiempo. Vos seguías leyendo, mientras yo me bajaba cada salame al sótano, no cabíamos, éramos muchos. Les empecé a cobrar, ninguno quiso pagar. Los largué o se largaron. En casa no vivieron más, por fin logré descansar.
   —Te tengo que decir algo, todo lo que te conté, es mentira, vos te lo creíste. ¡Ja!
   —Yo también te inventé todo. Es para condimentar este tiempo de la pandemia. Un matrimonio con aburrimiento, se nutre de inventar historias o de cagarse a trompadas.
   —A mí me dieron ganas de varias cosas, cortarte la cabeza, tirarte por la ventana, me brotó el instinto asesino y te empiezo a correr hasta que te alcance y te sugiero que para despedir esta historia, nos acostemos.
   —¡Qué disparate! ¡Qué ascoo!!

martes, 30 de junio de 2020

PERSEVERAR


   Soy dueña de una Editorial, equivalente a Gallimard. Tengo un encuentro con mi viejo Editor. Después que rebotó todos mis trabajos, tiene el tupé de pedirme que le edite un libro escrito por él.
   —Se puede hacer, no sin antes pasar por el Corrector.
   Se presentó al día siguiente, pero el Corrector todavía estaba trabajando. Cuando lo leía, había cosas que me resultaban conocidas. El Viejo raboverde, eligió escribir sobre mi vida, cosas personales y de las otras, las que invaden el marco de encierro.
   Este cuento no se refiere a la pandemia, debe ser el único. Nuevamente el Viejo sacó provecho de mi vida. El Corrector no salía de su asombro, había tantas faltas de ortografía, que no terminaba de corregir, me llamó: —¿Usted está segura que lo quiere editar? No lo va a comprar nadie.
   Apareció y preguntó: —¿Ya editaron mi libro?
   —Sí, aquí los tiene, como pan caliente. ¿No le da vergüenza haber escrito mi vida?
   —Usted debería estar feliz, yo se lo dediqué.
   —Le recomiendo que empiece la Escuela, desde primer grado y siga con el Secundario.
   —¿Por qué yo haría una cosa así? Odio la Escuela, por eso no fui nunca.
   —Sí, se nota. Dé media vuelta y desparezca de aquí.
   Me envió con los mandados, un enorme ramo de rosas y un ejemplar de su libro.

lunes, 29 de junio de 2020

LA PRESENTACIÓN


   —Me llamaron del Gabinete y las escuché, una decía que mis ejercicios matemáticos, eran de un niño superdotado. Mi Señorita opinaba que era bipolar.
   —¿Qué quiere decir bipolar?
   —Quiere decir que tenés dos polos, yo pienso que sos multipolar. Es complicado de explicar. Fingís tristeza y alegría, niño lindo y bueno. Sos el mejor Actor que conozco.
   —A mí me encantaría trabajar en un Teatro. Puedo hacer todos los personajes, el ser multipolar me facilita. Mami, yo soy un montón. Voy a proponer en la Escuela que me presten el Salón de Actos, para actuar los sucesos de mi casa, las peleas de vos y Papá. Y otras cosas que veo que ustedes ni se imaginan. Seguro que va todo el Colegio y al final vendrán los aplausos y los gritos que dirán: “¡Otra, otra!”.
   —Ni se te ocurra, lo harán porque son chusmas. La sorpresa será que en nuestra casa, ocurre lo mismo que en las suyas.
   El Niño abrió la función hablando de sí mismo y sus virtudes. Cómo su Mami y su Papi se peleaban todo el tiempo: —No dicen malas palabras, para cuidar el lenguaje en mi presencia. Cuando creen que no estoy, se bañan juntos, para no llegar tarde a sus trabajos. Después se putean por cualquier cosa. Cuando Mami enceró y mi Papi se resbaló, se quebró una pata. Cuando socializan parecen culturosos, se dan piquitos para demostrar que se quieren. No es así, son un matrimonio de mentirita. Prefiero que vivan así y no que se divorcien. No sabría con cuál de ellos me tocaría. Mami es mano larga y Papi alquila películas de terror, para que me calle. Yo no sé para qué me tuvieron. A mí nadie me quiere, presiento que hay una fucking bomba de tiempo, en mi asiento. Al final no explotó y se avecina la pandemia. Yo no los prevengo, que se arreglen. Si no, pueden recurrir a los Gobernantes varados en París.

domingo, 28 de junio de 2020

YA PASÓ


   Hoy nos compramos dos botellas de cerveza y una de whisky. Como vivimos encerrados, nos divertimos el fin de semana y nos tomamos todo, nos fumamos todo. Andamos desnudos, ¿para qué la ropa?, si venimos forrados en piel.
   Llamé a mi hijo que vive en una Ciudad donde hay más Policías que personas. Todos sabemos que ni cien Policías, equivalen a una persona.
    —Quiero que me cuentes cómo pasan ustedes este protocolo.
   Tenían la música tan alta, que apenas lo escuchaba.
   —Y como todos, el Domingo tomamos dos botellas de vino y seguimos con margaritas. No podemos andar en auto si carecemos del permiso municipal. Hacemos lo mandados a pie. Viene una chica tres veces por semana y hacemos yoga. Lo ideal sería después correr, está prohibido. Nos acostamos y miramos Netflix y sus películas infames. Nos quedamos dormidos. A la noche nos llaman los amigos para preguntar qué estamos haciendo. Es como estar prisioneros. ¿Y ustedes cómo están?
   —Chocamos con una moto, o la moto nos chocó. Se acercaron muchas personas. El chico estaba tirado en la calle, llamaron una ambulancia. En el mientras tanto fui a ver cómo estaba. Nos puteaba y les dolía, porque gritaba ¡Ay Ay Ay! Nos secuestraron el auto y llevaron a tu Padre a declarar a la Comisaría, después le dijeron que debía ayudar a subir la moto para secuestrarla también. Al día siguiente fuimos a declarar al Seguro, allí también nos hicieron esperar. A Papi le subió la presión y a mí se me cayó el pelo. Para nosotros el auto equivale a nuestras piernas. Esperamos que lo devuelvan. Nunca se sabe. El pendejo se golpeó en el codo y lo operaron. A tu Padre lo llevaron al Hospital, para sacar una muestra de sangre. Yo me quedé ahí en el lugar del accidente. No me dejaron que lo acompañara. Por suerte llegó mi hermano y me dejó en casa. Cuando se fue me lloré todo y miraba por la ventana, para ver cuándo llegaba. Ya está aquí.
   —Bueno, Mamá, ya pasó, ahora quedate tranquila, vayan a dormir para reponerse, luego se toman unas birras y después whisky y después un join y después Netflix, hoy dan una que se llama: “Chocó y se murió”, tiene mucha sangre, no sé si les va a gustar. En definitiva están mejor que nosotros, les pasan cosas para contar. Fue una pavada, hagan de cuenta que no pasó nada.
   Le corté, me pareció tan egoísta como yo.

sábado, 27 de junio de 2020

QUERIDO DIARIO


   Querido Diario, estoy mal y eso me pone triste, la tristesitud está conmigo y no me suelta ni siquiera para dormir y organizar mi cabeza. Estar conmigo adentro del departamento, me está comiendo las neuronas.
   —Señorita Malina, hace dos meses que no paga el Alquiler ni las Expensas. Le han cortado la luz, el gas y el agua.
   El tipo un irrespetuoso.
   —Don Falsete, yo no puedo salir de aquí, en el Banco cerraron todas mis cuentas. Tengo prohibido salir de mi casa. Ya releí todos mis libros. Pinté el departamento, remendé las medias, calzones al agujero perdido, ordené pulóveres, hice desaparecer las manchas de humedad, de los azulejos del baño.
   —Señorita Malina, todos estamos encerrados y lo peor, que nadie puede pagar nada. Señorita, tengo que darle una mala noticia, los vecinos se enteraron de su fiebre alta, sus dolores en el pecho, llamaron a su Médico y él dijo que usted, Señorita Malina, tiene Corona Virus. Le indicaron quedarse en cama, aquí. En el Hospital no hay más capacidad.
   —¿Están pidiendo que me vaya? O yo escuché mal, por tener Covid, ¿dónde quieren que me vaya? Si no se puede salir, los protocolos van en aumento, las autoridades tiran cada vez más pálidas. Ayer forzaron la puerta del departamento y me ataron a la cama.
   Querido Diario, ¿por qué no les decís que respeten al enfermo y se dejan de joder?

viernes, 26 de junio de 2020

BORRADOR


   Esta mañana me desperté, con muchas ganas de acostarme a dormir. Hoy nos reunimos con las chicas en un restaurante, que es caro y se come nouvelle cuisine, que viene de poco. Tiene separadores con la otra gente. Se escucha todo, pero no importa, es divertido escuchar a matrimonios, parejas, amantes, colegas. Cuando dejan sus celulares y se comunican primero despacio, pero al final de las botellas, levantan la voz. Celina llega primera, después las demás. Última y demacrada, no me da por el make up.
   —Pensábamos que ya no venías y nos extrañó, porque vos, Chiqui, no tenés problema, en dos minutos estás lista.
   Después de escuchar boludeces, les leía la boca, para salvarme del sonido. Hoy es 25 de Mayo y soy la abanderada, se me fue de la cabeza, debo tener un microagujero, por donde pierdo la memoria. Llegué cuando estaban todos formados. Crucé corriendo hasta la bandera y la pude izar. Un viento, que primero sopló despacio y después se escucharon los truenos. Cayó en la cabeza de la Directora, el mástil con su punta de metal. Se partió en dos. La punta la tenía clavada en el rodete y con la bandera se envolvió.
   Cantamos la última estrofa del Himno, casi ni se escuchaba. Dieron por terminado el festejo y desalojaron la Escuela. La bandera se tiñó de rojo, pero la Directora permanecía de pie, con la punta en la cabeza y un geiser que expulsaba sangre. Llegué última y me fui primera. No quise mirar el desastre. Me gustaría saber qué se festeja. Los maravillosos Gobiernos que tenemos, tuvimos y tendremos.
   Un pueblo tan cobarde, que siempre aplaudió la muerte. El exitismo que presta a sus líderes, que son los reyes de los robos. Los que no dejan estudiar a los jóvenes, prefiriendo que sirvan mesas.
   Una manga de delincuentes con corbata, que nos sigue dejando en bolas. ¡Qué carajo festejan! My God.
   Será por eso que esta mañana, me desperté con ganas de acostarme a dormir.

jueves, 25 de junio de 2020

¿LO QUÉ?


   Lo que más recuerdo de cuando alumbraron juntos, fueron los pasos de un hombre desconocido. Llegaron hasta su cara, le faltaban los ojos, o los tenía, pero eran blancos.
   —Con la luz me arden, vengo de un incendio, todavía están cayendo algunos árboles carbonizados. No los puedo llevar a mi cabaña porque se incendió. Me siento perdido, estafado, duelen las quemaduras. Mi familia se fue en una balsa que yo les fabriqué, lloraban, pobres. No los acompañé. Un peso demás y la balsa se hundía. Pivotaba sobre mí mismo, no había nadie. Fue una suerte haberlos encontrado. Estoy buscando al niño de mi mejor amigo, hace veinticuatro horas que no sabe de él. Y para la denuncia deben pasar 48 horas. ¡Miren al niño lindo y bueno!, está en la cumbre de la montaña, donde el incendio se ve diminuto. Nos saluda y llegó la Mamá con los pelos parados. Lo abrazaba.
   —No nos pudiste hacer esto, ahora te veo feo y malo. A tu Papi casi le da un paro. Está en el Hospital en terapia intensiva.
   —Pobre Papi, no sabía nada, pero te dejó el auto, por lo que veo.
   La Madre le pegó dos bofetadas.
   Esta es bruja y malvada, no le voy a decir nada, pero no se lo perdono.
   —En cuanto al mejor amigo de tu Papi y esta pareja encantadora, quiero que vengan a casa, les debo la aparición de este niño lindo y bueno. Lo que me cuesta entender es cómo se metió en este cuento. Si él ya tuvo sus protagónicos. Acá no tiene que estar, fue una confusión de la que escribe. Últimamente se le mezclan las hojas, las biromes. Recuperé mis personajes, ella decía. Lo que más recuerdo de cuando alumbraron juntos, fueron los ojos blancos, los árboles quemados y la aparición del niño, con cara de juguete y ojos de fogata.

miércoles, 24 de junio de 2020

¿QUÉ PRETENDEN DE TODOS?


   —Quiero un protector que descubrí en una propaganda.
   —Aquí lo tiene, Señora, tuvo suerte. Hoy los recibimos.
   —¿Me lo puedo probar?
       La Vendedora misma me explicó cómo hacer. Era fantástico, tenía ventanas por toda mi cabeza, dos agujeros para mirar, dos para poder respirar por la nariz y uno en la boca, para el cigarrillo. Era blando, flexible y plegable.
   —¿Puedo salir a la vereda, para ver qué tal?
   Di una vuelta manzana y seguí hasta mi casa, algo me olvidé, llamé al negocio y pedí disculpas por no haber pagado. Escuché una voz Call Center: —No se preocupe, lo debitamos de su cuenta.
   —¿Cuánto me salió?
   —Barato, quince mil pesos.
   Hay que reconocer cuando una pierde, sobre todo si está acostumbrada a perder. Compré otros implementos, a saber, líquidos, alcohol, lavandina, gel y rociadores.
   Me equivocaba cuando llegaba de la calle, rociaba con lavandina toda mi ropa y el alcohol lo reservé para las heridas. Me superó el odio, toda mi ropa con manchas de lavandina. El alcohol lo tomé una noche, pensando que era whisky. Dejé de hacer filas para comprar y me metía de prepo, diciendo que tenía algún hueso roto. Nunca nadie me dijo nada y pensé “el protocolo que se lo metan en el culo”.
   Hoy fue un día especial, tiré las cosas compradas en una bolsa de residuos, todo menos la lavandina, que me sirve para el inodoro.

martes, 23 de junio de 2020

LAS TRES EDADES


   Vivíamos juntos, pero separados. Abigail se fue apropiando de mi casa. Empezó por las flores, le gustaba el césped inglés, después siguió con los árboles, los mandó quitar. Quedó liso, cortadito el césped, aburrido.
   Abigail, defensora de los recursos no renovables, de los árboles. Se ataba a ellos para que no desparecieran. Desde chica odiaba las quintas, donde sembraban rabanitos, para después cosecharlos. Le gustaba la Naturaleza, tal como estaba. Los Padres, orgullosos de Abigail y su militancia temprana a favor de la vida.
   La vi crecer frente a mi casa y me gustaba su proceder, pero nunca me enamoré de Abigail. Era invasora de todo lo que la rodeaba. Si había una pileta, nadaba sola y no dejaba que nadie se tirara.
   —¿No entienden? Quiero la pileta sólo para mí, vuelvan a sus ranchos.-Pensaba que la pobreza era un isulto-.
   Se presentó en mi casa. —Aunque te conozco sólo de verte, quiero recorrer tu vivienda, se ve tan lujosa. ¡Oh! Qué pisos, son de mármol de Carrera, o de otro carro, no sé cómo decir. Quiero usar ese baño, voy hacer pis, tiene tantas ventanas y tanto sol, que si fuéramos grandes, viviría en tu casa.
   Después su visita  diaria, consistía en llevarse pequeñas esculturas de marfil y traer de su casa, enanitos de jardín, que distribuía sin equidad, por donde más molestaran.
   —Les presento a mi Novio, lo llevo de la mano porque es muy tímido.
   Y así me presentó a sus amigas.
    Sus invasiones tenían el formato de la Invasiones Inglesas. Muchas veces tuve ganas de tirarle aceite hirviendo, para alejar aquél disparate de niña. Cuando pasaba la Mucama, levantaba una pierna, para verla tropezar. Después se le reía en su cara: —Menos mal que sos tan torpe, eso me aleja de ser tu amiga, encima sos pobre, es deprimente. No sé por qué debo dirigirte la palabra, sos Mucama. Así me enseñaron mis Padres.-Más tilingos que Abigail-.
   Llegó la adolescencia, Abigail cambió de órbita, nos transformamos en Saturno. A mí me bautizaron Saturno, mi Madre era Hiponga y exótica. No sabía si yo era el anillo y Abigail la esfera. La miraba mucho, me daban ganas de darle un beso. Por suerte, después, esa idea comenzó a desaparecer.
   De a poco nos hicimos adultos, nos fuimos a vivir juntos, pero separados. Construí una pileta, Abigail nadaba sola y no me dejaba meter. Copó la cama de dos plazas y cerraba con llave. No tuve más remedio que dormir en un coy.
   Ella ocupó todos mis espacios. Una mañana decidí rajarme. Abigail no se dio cuenta, ni tampoco le importó.

lunes, 22 de junio de 2020

EXTRAÑABA EL OLOR


   Dio mal el Ingreso, Inesita. Había dado más tiempo para hablar por celular, que para estudiar.
   La mandaron al campo como castigo, un año sabático o un año campático. Tenía trabajos asignados: —Esto me lo encargó su Padre y yo como Capataz, le tengo que cumplir. Inesita, si usted quiere levantarse a las doce, en vez de a las cinco, sabré guardar el secreto y desde ya mi Mujer. La conocemos de chiquita y esperábamos el verano, para verla aparecer. Fue y sigue siendo como la hija que no pudimos tener. Una Mujer que aceptó ordeñar y hacía entrar al corral las vacas al atardecer. Un buen día se fue y dejó a Nico, nosotros lo criamos. Ahora tiene tu edad, tendrás alguien para jugar.
   Nico le preguntó a Inesita, si le podía hacer el favor de enseñarle a leer y escribir, nunca había ido a la Escuela.
   —Sí pero no estoy segura si dará resultados.
   Nico le dijo que sabía todas las tablas, sumar, restar, dividir y también multiplicar. —Son números y yo quiero saber leer y escribir. Tengo una Novia, allá en Tilcara, me escribe, yo no entiendo lo que me dice, ¿vos me podrás enseñar y leerme esas cartas para devolver lo que me quiere?
   Inesita leyó en voz alta lo que su Novia le comunicaba, que lo quería, que lo amaba y cómo quisiera darle un beso, igual que cuando fue de visita con su Padre y él le mordió la boca. Nico se ruborizó y le pidió que contestara la carta que recibió.
   —Yo te dicto la respuesta.
   A Inesita la puso en un brete, porque ella nunca había tenido un novio, para ver qué se siente.
   —Bueno, pero dictame despacio.
   “Querida mía, yo también te quiero mucho, hasta Tilcara ida y vuelta.”
   Ella escondió la respuesta.
   —Inesita, ¿viste que no me contestó?
   Puso cara de aflicción. —¿Y ahora dónde consigo otra Novia? Y es lindo tener una que viva cerca, para amarnos como se debe, acariciar su pelo, darle un beso en la oreja y luego hasta dónde ella quiera.
   —La tenés enfrente y no te diste cuenta. Yo seré tu Novia para amarnos como se debe, me gusta cómo sos. ¿Podemos hacer de cuenta que nos casamos para siempre? Será un secreto entre nosotros, que no se enteren los grandes.
A los pocos días: —Nico, tengo que decirte algo, me mandaron un pasaje, antes de lo esperado, quieren que vaya para dar el Ingreso, ellos suponen que en Buenos aires voy a llegar a las finales. No quiero que me despidas, porque después vuelvo al campo y me quedo, te lo juro.
   Pasaron cinco años, Nico se casó y tuvo dos hijos.
   Inesita lo que más recuerda de cuando estuvieron juntos, fueron las siestas a la orilla de la laguna.
   Un día Nico le trajo mandarinas.
   Un chico pasó con olor mandarinas, ella le pidió un gajito y él le regló una entera, el chico tenía la misma cara de Nico, la forma de caminar y ese modo de pelar una mandarina. Sintió celos, porque se había casado, guardó dentro de su relicario un pedazo de cascarita.
   Inesita lo que más recuerda de cuando estuvieron juntos, es el regalo que le hizo Nico. Apareció en Buenos Aires y le contó que su Mujer, siguió el ejemplo de su Madre y se mandó a mudar. La fue a buscar con el pretexto que les enseñara a leer y escribir, ella aceptó. Le asombró el campo lleno de mandarinos en flor.
   Inesita lo sintió, como el mejor regalo del mundo.

domingo, 21 de junio de 2020

ESTABAN TODOS


   A pesar de estar en cama, mi hijo Prudencio, me visita todos los días. Su hermana casi nunca, o si le queda de paso. Cuando descubrieron el Covid 19, me practicaron un hisopado y un análisis de sangre. El Médico fue el encargado de decirme que tenía Corona virus.
   El protocolo indicaba los cuidados necesarios. Estaban prohibidas las visitas. Rodearon mi cama con un plástico transparente. Me visitaban los más allegados, a través de un vidrio me podían saludar. Cuando fue imposible verme, como esfumado, igual me iban a llevar un abrazo, de esos que uno se abraza a sí mismo, yo les contestaba. Algunos dejaron de venir por temor al contagio. Mi Madre quedó pelada por el stress, de verme enfermo. Aparecía con barbijo y anteojos de buceo. Me dio impresión verle detrás de los anteojos, con los ojos hinchados de tanto llorar.
   Le pedí al Médico que la dejara pasar, contestó: —Lo dice el protocolo, ninguna visita, por el contagio dentro del Hospital.
   Inventaron hacerle dos agujeros al nylon con mangas para abrazar a la familia. Hace tanto bien el afecto en estas circunstancias. Hoy me dijeron que despedida es cuando la muerte, es inminente. Quise desafiarme y sobreviví. Hicieron algunas pruebas y después de una semana me dieron el alta.
   Daba risa mirar por la calle, cómo toda la gente andaba, con esa parafernalia en las caras. Me sentí raro caminado con lo mismo, forrado en papel film. Daba la sensación de estar en la carpa de plástico. Me dio bronca andar a dos metros de los otros. Crucé a la plaza y me arranqué todo el enmascarado, revolví la tierra como hacen los perros y le tomé el olor a la tierra, cómo me gusta ver las lombrices, contar las hormigas, encontrar un trébol de cuatro hojas, hacer la medialuna, saltearme las baldosas. Volver a jugar.

sábado, 20 de junio de 2020

CONOCIDA


   Tenía que llegar a la calle Garay. Había tantas manifestaciones, que mi destino quedaba lejos. Me arrastraron por el piso y me llevaron en andas, acostado, y yo pasaba de manos en manos. Pude salir porque terminé en el suelo. Corrí al Subterráneo pensando que estaba vacío.
   ¡No! Eran un grupo de Policías, cuya protesta pacífica, fue arrojar las esposas a la escalera, como símbolo de paz para aumentarles sus sueldos. De pronto me golpearon con las esposas y desmayé en un escalón. Tenía un chichón en la cabeza, que parecía un pomelo. Vi a mis pies botas de Yuta, seguro que me llevaban.
   Alguien pidió que me levantara y le pasara la mano por el hombro.
   —Tranqui, fuimos compañeros de Secundaria, vos no te acordás, pero yo sí. Vamos a caminar por este túnel. Buenos Aires, está lleno de túneles, con distintos recorridos. Me los conozco todos. ¿Vos a dónde tenés que ir?
   —Calle Garay entre Catamarca y no sé bien, pero tengo el número anotado.
   —Nos faltará, un túnel y medio. ¡Mirá, se ve el final con luz!, a ver esperá.
   Se quitó los arneses policiales y quedó en pelotas.
   —Prestame tu piloto, no voy a salir así. Y te invito a mi casa, tomamos un café, cognac caliente, lo que quieras. No soy Policía, soy espía de Policía.
   Al segundo trago se puso cachonda y esperaba algo más. Me negué.
   —Mirá, mi Mujer es como una Policía y su placer es espiarme. De lo que estás  pidiendo en silencio, no acostumbro ser infiel a mi Mujer. Y mucho menos con vos, te recuerdo clarito, una Policía por vocación.
   Pegué la vuelta y ella estaba apoyada en el marco de la puerta, con mi piloto abierto. Me tomó de la nuca, como los que saben llaves para inmovilizar. Yo no pude hacer nada, ella me llevó con destreza. Fue dentro de su casa, dentro de su cama. Sus microtúneles, eran de esos que te perdés y no podés llegar a casa, ni encontrarte con tu Mujer. Es demasiado doloroso. Mejor seguir aquí, esta Mujer conoce todos los túneles y yo conozco otros. Nos perdimos juntos.

viernes, 19 de junio de 2020

VOLANDO


   —La protesta o el silencio, no escucho, elegí el carril de ¿a dónde me puedo ir?
   —¿Cuándo vas a empezar las acciones? 
-Preguntó Celina mientras se cortaba las uñas de los pies-.
   Saulo metía su ropa en la mochila.
   —Me dijeron que Tailandia es un lugar corrupto, como vos.
   Estoy haciendo todo a mil y Celina me acusa de corrupto, justo ella que se dedica a robar celulares y billeteras, no es corrupta, es punga. Lo de Tailandia no me va, voy a sacar mi pasaje, tengo pasaporte. Internet se encargó de mandarme el pasaje y anotó mis números de documentos. La vida sin internet, no tiene sentido. ¡Me olvidaba la foto de Karina!, con buena definición, se le notan los bigotes, los granos y los puntos negros. Ay! Qué chica fea, mejor me llevo otra foto.
   Siempre hay que viajar solo, pero una foto en la mochila sirve para no extrañar. Pongo dos libros por si me aburro. Yo en mi casa sobraba, cada vez que salía Celina y mis otros hermanos, yo era el último y me cerraban la puerta antes de entrar. En la mesa siempre faltaba mi plato. Por eso y muchas cosas más, me voy.
   Mis Padres se emocionaron ante mi partida, seguro que están contentos. Me llevaron hasta Ezeiza, querían asegurarse que abordara el avión. No sabía que las butacas eran tan angostas. Cuando el de adelante reclinó su butaca, quedó su cabeza sobre mi estómago. Se durmió el cerdo. Le puse un chorrito de vodka en cada ojo. Para él, una sorpresa dolorosa que lo hizo enderezar su butaca.
   Todo empezó cuando del ala derecha salía fuego, se cortó la comunicación con la torre de control. Era mi vuelo de bautismo. Una habilidad desconocida, pude ponerme el paracaídas, solo y fui el primero en saltar. Ver el cielo y la tierra, desde un lugar de orfandad, asombro y miedo. Caí en el medio de una cama elástica, rebotaba y no podía detenerme. Acudió una familia en mi ayuda y evitó mi caída a tierra, llegaron los vecinos, los bomberos, una ambulancia y el Intendente. Sufrí una descompensación sin secuelas. Lo que no entiendo es cómo aparecí en mi cama, con todos mis hermanos y Padres, alrededor. Las horas siguientes vino una Periodista para hacer un reportaje y salí por televisión.
   Mi familia me dejó, para mirar por internet. El fucking avión, tuvo que regresar, hubo fallas eléctricas.
   Mi Padre dijo: —Tenemos mala suerte, Saulo que casi se mata en el viaje y Celina que se fue.
   Mi hermana decidió hacer un viaje a Tailandia, ella sí pudo llegar a destino, seguro que en vez de admirar el paisaje, está robando billeteras y celulares. Con esa cara de estúpida que tiene, cumple sus objetivos.    

jueves, 18 de junio de 2020

LA MEMORIA DEL INVIERNO


   Busqué un banco acostumbrado a recibir mi presencia. Antes traje un café cortado del bar de la Estación de Servicio. Hacía tanto frío que lo tomé de un solo trago para calentarme por dentro. Alguien se sentó a mi lado y me protegió del viento que empezaba a soplar.
   —Tal vez no me recuerde, soy la anciana que antes se sentaba, árbol por medio y usted un día se acercó y preguntó cuáles eran los acordes de esas melodías tan bellas. Se me borran los recuerdos, tal vez porque son muchos. Soy muy fisonomista y te reconocí. Por eso cambié de banco para entregarte este regalo.
   Miré y era una bufanda, tan larga  que cruzaba la plaza.
   —Me llevó todo el invierno tejerla, por suerte encontré la destinataria. Noté tus ojos nuevos, como los que tuve yo cuando era joven.
   Le traje un café del Bar.
   —Muchas gracias, esto abriga más que una bufanda. ¿Por qué no te la ponés? Si le das cuatro vueltas, dejarás de temblar.
   Y así fue, me abrigó como un sobretodo. Crucé de nuevo y le compré otro café. Lo agradeció de modo exagerado y me lo quiso pagar.
   —Se me hace tarde, me tengo que ir.
   La saludé con la mano en alto. La bufanda se enganchó en un paragolpes y comenzó a destejerse. Fui haciendo ovillos y cuando terminé, volví a mi banco. Pero la anciana Dama, ya no estaba.
   Era mi Abuela con alzheimer, no recordaba ningún nombre y menos, que yo era su nieta.