domingo, 23 de octubre de 2022

AVATARES

 

   Él iba en una silla de ruedas, tenía amputaciones en piernas y brazos. Una enana sin trabajo le propuso instalarse paralelo a una calle, estacionando como un auto. La enana llegó a ser su mujer, estaba pendiente de él, repartía tarjetitas en una lata usada. Cuando había semáforo rojo los autos le daban unos pesos. Pasábamos todos los días y si había lugar estacionábamos y bajábamos.

   ─Qué suerte que vinieron, si gustan podemos charlar un rato, pero no de la guerra, se los pido por favor.

   El gobierno no les dio ningún resarcimiento. El premio fue seis cajas grandes de lentejas. Todo gracias a un filántropo, cuyo nombre no se conoció nunca.

   ─¿Sabe cuánto hace que comemos lentejas? Exactamente un año y medio. Tenemos otro amigo que vende diarios, él tuvo más suerte y miedo, llegó al Sur donde los regios preparativos eran aviones viejos y oxidados en portaviones inseguros. Llegó la orden que él permanecería en tierra. En su lugar reclutaron gente joven de Misiones, Santiago Del Estero, mal comidos. Centenares de muertes. El Gobierno con ese pensamiento de mierda tipo: “los negritos no valen nada”.

   Nos hicimos amigos, nos reuníamos los fines de semana. Hacíamos asados a la canasta y tomábamos vino hasta el desmayo. Por la mañana, mates en silencio. Tal y como había pedido el señor de la silla de ruedas, “no hablar de la guerra”.

   Aunque los ojos húmedos denotaban la injusticia de todo.

   La estupidez de un tercer mundo, contra el primero. No hay por qué ni cómo explicar tanta sangre derramada al pedo.

sábado, 22 de octubre de 2022

TOMATELAS


   Hasta cuando la familia dormía, ensayaba, las teclas necesitaban la presencia de sus manos, el temperamento furioso, romántico, suave, lento, variaciones de músicas creadas por su alma talentosa ancha y lujosa.

   Los insomnios de Cleo:  

   —¿Querés un margarita?, ¿un bloody mary?, ¿whisky?, ¿Mocoretá?, elegí y vengo de inmediato.

   Luis arrastró los dedos por el teclado:

   —Prefiero un licor 8 Hermanos y que te esfumes en nuestra cama. Te quiero y te necesito, pero ahora me llama él, hay algo inconcluso, miré mis dedos, buscan las teclas, no puedo dejar de atender este llamado. Es un bajo que te acuna, sin alcohol ni rivotril.

    La casa tenía complejo de palacio, escalinatas que conducían a las habitaciones de los hijos. En el dormitorio de Cleo y Luis, las puertas eran de dos hojas, no de pentagrama, eran de madera acústica. Durante un desayuno, Luis los miró, por primera vez no se le reflejaban notas musicales en los ojos:

   —Esto sólo va para todos, Cleo, tenés ojeras violáceas, Augusto, Josefina y Sol, también tienen. Creo que tanto piano, les produce insomnio. Todo tiene solución, si yo diera, por fin, mi primer concierto, hasta llegar a una gira, recibir ovaciones y que me duelan las lumbares de tanto inclinarme para agradecer, rosas y flores inundarán el escenario. Cleo, vos juntá los claveles rojos con un coqueto canasto de jardín, Augusto, vos encárgate de las rosas blancas, Josefina de las amarillas y Sol, de los cabos sueltos.  Es un pago más a mi talento creativo, recuerden que las flores, están carísimas.

   A Luis se le cumplieron sus deseos y llegó a tocar en El Cairo, haciendo uso de las instalaciones donde se filmó: “Casablanca”, película de culto e incultos, con la actuación de Humphrey Bogart, Ingrid Bergman y el trompetista Louis Armstrong. En homenaje a ellos, ejecutó temas de la película. Le obsequiaron una pipa de agua, con hachís del bueno.

   Llegaron al palacio de las escalinatas, arrastrando pies, maletas y flores. Ahora, el de más ojeras era Luis, que pidió:

   —Quiero silencio absoluto, vayamos todos a dormir, yo, por lo menos, me lo merezco. La fama me mató.

   Dejaron todos sus petates en el hall del primer piso. Se acostaron con ropa y calzado. Luis, tomó un vaso de agua de su mesa de caireles y escuchó ruido en las puertas. Abrió ambas con brazos de winner y el piano Steinway, lo buscaba para seguir la zaga de las teclas y sus manos. A Luis le pareció un gesto desafinado y lo arrojó del tercer piso al primero, el piano iba perdiendo sus dientes, sus cuerdas, su cola:

   —Y no te quiero ver más por aquí, te di mi vida, Stein go away. 

viernes, 21 de octubre de 2022

HACER TERAPIA

 

   —Perdí la cabeza, Doctora, por eso pedí turno cuanto antes, aunque me dieron para seis meses después. ¿Sabe lo que es andar sin cabeza seis meses?

   —No sé, Dora ¿por qué no me cuenta?

   —No sé si como, si duermo, si me bañé, si cobré, dónde está la ropa ¿Qué quiere decir boldo? Le puedo asegurar que perder la cabeza es como dejar de ser. Y no sé dónde quedó. Ya pregunté en cafés, negocios, vecinos. Nadie vio mi cabeza.

   —¿Buscó bien en su casa, debajo o dentro de algún mueble? ¿En la cocina, dentro de alguna charola?, tiene que aparecer. ¿Cuándo fue la última vez que la tenía puesta, Dora?

   —Doctora, cuando conocí mi último novio, perdí la cabeza, él me besó en la boca, o sea que todavía la tenía. No lo creo capaz de irse con mi cabeza sin el resto.

   —Perdone, Dora, pero suena el teléfono y como prescindimos de todas las Secretarias, debo atender yo.

   —Dora, tengo excelentes noticias para usted, apareció su cabeza. Se la llevó una paciente que perdió la cabeza. La familia tuvo a bien devolverla. A ver, póngasela.

   —¡Ay, Doctora, tengo veinte años menos y qué ojazos, no me recordaba tan joven y agraciada. Bueno, como dice usted, Doctora, “Nos vemos el miércoles”.

   Pasaron dos semanas y Dora no apareció. Llamó la Doctora a su paciente:

   —Hola Dora, ¿cómo se siente?

   —Más bella que nunca ¿A qué debo el placer de su llamada?

   —Mire Dora, llamó la familia de la chica que devolvió la cabeza. Hubo una confusión, ella se quedó con la suya y usted con la de ella.

   —De ninguna manera Doctora, si la chica perdió la cabeza, que la busque, como hice yo.

jueves, 20 de octubre de 2022

ZORLUK

 

   En la casa hablaban, sólo turco. Fahmi Gulayín tuvo dificultades con el castellano, ponía empeño, pero titubeaba con el significado de alguna palabra, llegó a exasperar a los profesores confundiendo, pero con perro, dama con drama, teorema con tarima, los compañeros se reían y en los recreos nadie le hablaba. Sólo Roco, que vivía cerca de su casa, supo entender qué le sucedía.

   Fahmi lo invitó a tomar el té.

   Le llamó la atención el olor a fatay que provenía de toda la familia y sus objetos, llegaba hasta la vereda. Tenían un samovar que vivía en el centro de una mesa, como una especie de dios.

   La Señora Gulayín les sirvió el té, en vasos de vidrio y el samovar cobró sentido para Roco, de allí salía la poción de gusto raro y rico. Mientras la madre les ofrecía arrolladitos de fatay, con cebolla dulce, apareció el Señor Gulayín, se presentó en idioma turco, en lugar de decir “Mucho gusto Roco”, dijo:

   —Muco gasto Roca.

   Fahmi le explicó a Roco, que no tenía amigos y no salía de la casa, donde sólo se hablaba turco, eran turcos musulmanes, practicaban su religión en todo momento. Cuando Roco estaba por regresar a su casa, Fahmi le dio un abrazo:

   —Gracias por aceptarnos, sé que es difícil.

 Tenía los ojos húmedos.

   Roco entró en el living, como si volviera de otro país. La madre de Roco, mandaba a la tintorería la ropa de su hijo. Hasta las sábanas olían a Fatay. Llegó un día que le pidió:

   —Por favor, no estudies más con ese chico, dejalo ir, que haga sus adaptaciones solo.

   Roco pensaba que el afecto no tenía olor y aceptaba los triángulos de fatay, que comían en los recreos.

   Años después Fahmi terminó su carrera de Ingeniería en Petróleo y fue contratado en Japón por sus dotes de privilegio. Se casó con una japonesa, ambos hablaban en inglés. Su cómoda adaptación, se debió al idioma universal de los piratas. Mandó una foto a Roco, donde se lo veía con un look John Lennon y la ella japonesa, una Yoko Ono de mirada amorosa.

   En el reverso de la Foto-postal, mandaba saludos a la República Argentina y en particular a Roco, escrita en inglés yanquizado. El sobre, tenía olor a fatay.

miércoles, 19 de octubre de 2022

EL RELATO

 

   Papá la dejó y se fue. Lo bien que hizo, no le guardo rencor, igual pienso en cierta forma de abandono hacia mi persona. Comprendo, no estaba seguro ni de ser mi padre.

   Ella decía que mejor sola. Los hombres eran más ropa para lavar, menos guita para vivir. Nadie que le amargara la vida, rejuvenecía. Cuando le estaba por venir puteaba al que la dejó y a toda la humanidad masculina, lloraba, se tiraba de los pelos.

   Conoció un tipo en la oficina y lo trajo a comer. Me lo presentó con una voz que jamás le había escuchado, de gatita ronroneante. Yo no pude resistir la carcajada. Me pellizcó finito y me mandó a darle un beso. Sí, tuve que besar un tipo de mirada torva, con olor a vino, panzón y alto hasta el techo. Mi vieja enamorada me daba asquito, al menos me trataba mejor. Es decir me ignoraba, yo podía estudiar o no, volver a cualquier hora, ir a cualquier parte, fumar y hasta tener mi primera relación en mi propio dormitorio. Mi vieja y el tipo vivían haciendo ruido a catre, con la pieza cerrada, tenían esa consideración. Tomaban vino y bailaban tangos hasta el amanecer. El tiempo les robó aquella magia bizarra y mi vieja lo empezó a tratar tan mal como hizo con mi padre. La diferencia era que el morocho le surtía trompadas carentes de piedad. No importaban lugares ni testigos. La muy tonta se dejaba y hasta parecía gustarle. Yo seguí viviendo allí porque no se me ocurría otra cosa. Quince años son pocos para cualquier elección.

   Cuando mamá iba a trabajar, el tipo dormía la mona. Se llenó de ausentes hasta el despido. Hubo gritos, escenas de pugilato, pero a esa altura tenía los auriculares y la vieja compu, dos elementos que me rescataban de aquel horror.

   La sombra que se generó en mi pieza la atribuí a una nube de la ventana trasera. Alguien me levantó de la silla, una mano imposible de eludir tapó mi boca y abrió mis piernas hasta que las pobres parecieron una cruz esvástica, el cuerpo del tipo hizo lo que quiso. Mi dolor de huesos quebrados fue tan grande que una fuerza del mismo tamaño, me hizo levantar la vieja compu y se la partí en el medio de la nuca.

   Por eso le explico, oficial, para que entienda. Usted nunca lo hará, mi padre decía que la policía no entiende nunca nada. Pero ¿sabe una cosa? no imaginé que mi madre fuera capaz de besar esa bestia muerta, mientras yo le cuento esto. Encima me mira con odio, ahora no necesito nadie que lo diga, lo digo yo, es una perra que me mira con odio. No hay mucha diferencia, en sus miradas, a cuando yo era una nena y la perdonaba.

   Sin saber, como ahora, que seré mi propio holocausto por lo que de vida me quede.

martes, 18 de octubre de 2022

EL NIÑO PROPONE

 

   ─Mami, tuve una gran idea, ahora que vos y Papi fueron echados de sus trabajos. ¿No nos podemos ir de vacaciones?

   ─Si no tenemos dinero ni para llenar la heladera. ¿Cómo se te ocurre?

   ─A mí me gustaría el norte de Brasil. Mi amiguita de al lado se fue la semana pasada y me invitó a ir con ellos, pero yo sin ustedes no voy a ningún lado.

   ─Eso dalo por sentado, niño lindo y bueno. El padre de tu amiguita es un corrupto, lleno de plata robada.

   ─¿Qué quiere decir corruto?

   ─Te falta una letra, la “p”.

   ─¿p de puto vos decís?

   ─No, p de corrupto.

   ─Mami, es casi lo mismo ser puto que corrupto. ¿No te parece?

   ─¡No!, corrupto es mucho peor, si es puto problema de él.

   ─Después de todo, puto ¿qué quiere decir?

   ─Que se divierte dos veces, habría que probar.

   ─Mami, ¿vos probaste alguna vez divertirte dos veces?

   ─Dejate de hablar pavadas y ayudame a cocinar las lentejas.

   ─¿Lentejas otra vez? ¿Y papas fritas con huevos fritos?, me gustaría más y te cuesta lo mismo.

   ─Niño feo y malo, andá a lo de tu amiguita que ya volvió y pedile a ellos que te den de comer.

   Llegó el Padre cantando y contento, consiguió un trabajo de arquitecto en la empresa más grande de Buenos Aires.

   ─¿Y cómo lo conseguiste?, decinos por favor.

   ─Fue gracias al Padre de tu amiguita, que tiene miles de conexiones.

   ─¡¡Bieen!! Ahora sí nos podemos ir de vacaciones. Mami no necesita trabajar, sería mejor que se ocupara de nosotros. De paso no se encierra más en el dormitorio para llorar como una marrana. Eso no lo digo yo, lo dice la Abuela que me parece que no le caés muy bien que digamos.   

lunes, 17 de octubre de 2022

LA VENGANZA

 

   Eran ocho hermanos, en el último parto la madre se murió.

   El padre, de bronca los odió.

   ─Ahora que vamos a cambiar el rancho por una casa de cuatro pisos, que van a hacer ustedes con sus propias manos. Yo los voy a vigilar.

   Serrucharon, construyeron un horno de ladrillos y vigas de maderas duras y pesadas. Trabajaban todo el día sin comer y sin beber. Algunos caían desmayados y el viejo los castigaba con fustas. Tenían la piel tajeada. Ellos obedecían a todos los mandatos del viejo, hasta que un día los chicos decidieron vengarse. Lo convidaron con un té para adormecerlo.

   Hicieron una cruz de troncos de araucarias, al viejo desnudo le pusieron una bikini transparente y lo acostaron en los troncos. Cuando el viejo despertó, movía todo el cuerpo. Los chicos no tuvieron otra opción que clavarle las manos en el tronco más corto  y en el largo los pies superpuestos para ahorrarse un clavo.

   Con sogas levantaron la cruz e hicieron un pozo para que no se les viniera encima. El viejo tardaba tanto en morirse, que le introdujeron el cuchillo grande de la cocina en el corazón.

   Faltó la corona de espinas. Ese fue un olvido sin importancia, total ya estaba muerto.

   Entraron a la cocina y comieron todos. Había comidas en el freezer. No quedó nada. Salieron a mirar la luna, la cruz con el viejo ya no estaba.

   ─¿Y nuestro padre dónde está?

   ─En el infierno. ¿Dónde va a estar?    

domingo, 16 de octubre de 2022

SAI CHIEN ARGENTOS

 

   En Ezeiza los aviones de todas las líneas, inclusive los de Aerolíneas Argentinas, funcionaban con horarios, partidas y regresos de una exactitud británica.

   Chela y Basilia llegaron a tiempo, gracias al sobrino, corredor de autos. Fueron recibidas por un empleado de smoking que trasladó sus maletas e indicó cuáles eran los pasos a seguir. Entregaron pasajes y pasaportes a una señorita excedida de buena educación, que las condujo a una manga forrada en terciopelo verde, con pisos neumáticos. Dos azafatas perfumadas, con agua florida, señalaron sus butacas, anchas, tan anchas y mullidas que daban sueño, de hecho se durmieron antes del despegue. La ingesta, importada de Francia, acompañada con vino Toro en sachet y el postre, fresco y batata, con una copita de Licor de las Hermanas.

   El destino del viaje era China. Aterrizaron en Beijing:

   —¡Chela nos obsequiaron las mantas de viaje!

   Basilia le pidió a su amiga, que no hiciera ostentación de asombro:

   —Sí, tenés razón, una persona distinguida debe llevarla a la sans faꞔon.

   Descendieron por un tobogán de plástico doble y luces cegadoras. Cintas   veloces las depositaron en microautos, con sobresaliencias para las maletas. El chofer las dejó en el Hotel, donde tenían reservas, Chela le preguntó, en un inglés chapucero, cómo sabía el destino.

   —Pol la SIDE señola, usteles son viejas, es al pelo lo que hacen.

   Basilia puteó por el tipo que las trató de viejas y por la SIDE:

   —Gronchos de mierda.       

   Chela propuso dejar los bagayos en el Hotel, tomar una ducha y salir a recorrer. Ambas tenían un Jet Lag importante. Había beneficios de masajes orientales, que se presentaron de inmediato y las dejaron como nuevas.

   Dieron vuelta  a la manzana, Chela dijo:

   —Cuántos chinos que hay en China, siento que respiro chino.

   —Sí, pero fíjate cómo nadie atropella a nadie, ni se rozan.

   —Porque son flacos ─dijo Chela.

   Basilia le explicó, imitando los orientales:

   —No seas bestia, es una cultura milenaria, caminan con sigilo y respeto.

   Entraron a comprar unas baratijas y mientras una, casi niña, las atendía, comenzaron a rodearlas chinos que las miraban, se iban pasando la voz para los que no llegaban a ver las adquisiciones Che-Basi, cuando salieron, todos saludaron inclinando las cabezas levemente.

   Pasaron un mes, todas las mañanas cruzaban a la plaza y hacían Tai-Chi con los divinos.

   Un mal día llamaron sus maridos, exigiendo regresos inmediatos.

   Ambas llevaban cuarenta años de casadas. Habían embargado sus casas, vendido los autos, llevaron tarjetas y todos los ahorros, de ellas y los de sus maridos.

   Les cortaron en la oreja. De tantos masajistas, Taxi Boys y otros humos, hablaban como chinas perfectas. Fue en la vejez donde conocieron el éxtasis del jubileo.

   Nunca retornaron.     

sábado, 15 de octubre de 2022

À LA MERDE

 

   Perla:

   —Odio los ricos, son personas de adorno. Las cosas de adorno no cumplen ninguna función, están ahí, quietas y al pedo. Creo que un gesto solidario sería romper los adornos. Un rico sin adornos, deja de existir. Dejemos, dejémonos de joder, que se mueran por sí mismos, agarrándose un buen ébola en África del Sur, o muerte súbita, súbitamente, una buena víbora. Tanto es el odio que despiertan mis instintos más salvajes, a saber: asistir a misa y pedir a Dios que se los lleve al infierno. Que en una fiesta de gala se desprendan las arañas vintage, sobre sus cabezas huecas, optimización de recursos, molidas incrementan el calcio suficiente. Algunos son pobres personas, que se jodan por ser pobres, siendo ricos.

   Psi:   

   —Ud es rica, Perla, no debería odiarlos tanto.

Perla:

   —Gracias por avisarme que soy rica, nunca me di cuenta que soy como esas mierdas.

   Psi:   

   —De cualquier modo, Perla, para mí Ud es una mierda.

   Perla:

   —¿Ud piensa que lo mío tiene solución?

   Psi:   

   —Creo que no, para nada. Dejamos acá, yo en su lugar, me mataría, la espero el jueves.

Perla:

   —Bueno, entonces no me diga que me espera, le haré caso, pienso hacerme mierda.

viernes, 14 de octubre de 2022

ES POSIBLE

 

   Cuando toda la tarde

   la niebla en la ventana,

   es cuando la memoria

   se pone a hacer su oficio.

 

   Si te agarra despierto

   te pone triste.

   Si te agarra dormido

   te pone loco.

 

   Y cuando la memoria ,

                                es más grande que la tarde,

   te pone en la ventana,

                             te llena de neblina.

   Hace su oficio la memoria.

                    Su oficio triste, su oficio loco.

                                                     Te agarra.

                                                      Te agarra.   

jueves, 13 de octubre de 2022

Y... PERO TAMBIÉN

 

   Volvieron lo ocho con una tarjeta pegada en la solapa y sus nombres impresos. Traían una carta de mi hija, “Querido Papi, debo dejar los chicos en tu casa, recuerdo cuando dijiste que eran buenos, muy buenos. Estamos en bancarrota, hacemos trabajos free lance, pero nos da para nosotros dos, carecemos de presupuesto para los ocho. Si nos podés hacer el aguante tres meses, salvarías una familia numerosa de la derrota total.

   Te mando la Ignacia, para ayudarte. Un abrazo, tu hija.”

   Entraron, tiraron sus mochilas donde cayesen, rompieron dos jarrones de la Abuela y salieron con sus trajes de Boy Scout, impecables, a revolcarse en el barro.

   —Vení Abuelo! Date unos baños que dice Mami que rejuvenecen…

   No les contesté, preparé guiso de lentejas, pedí a Ignacia que los mirara. Toqué la campana de almuerzo, no se hizo presente ninguno, dejé sus charolas en la mesa de la cocina y me fui a dormir la siesta. Ignacia gritaba, como si hubiera visto el diablo. Estaban rebozados en barro y quedaron inmóviles como estatuas.

   —Vaya a descansar, piense que van a quedar estáticos, justo el tiempo de nuestra siesta repositora.

   Al atardecer se quitaron el barro seco y hubo que lamentar víctimas de tres o cuatro que arrancaron piel junto con el barro. Tenían una febrícula de casi 40°. Ignacia los mojaba con la manguera para bajar la fiebre.

   El resto de los niños jugaban al tiro al blanco, con el gato. Hasta mis mastines guardianes, desaparecieron por terror.

   Mandé un telegrama a sus padres: “Sus hijos tienen fiebre alta y están heridos. Los demás rompieron hasta el techo para ver la luna y las estrellas mientras dormían. A Ignacia le salieron herpes nerviosos, se pasea con una crema azul en todo el cuerpo y anda desnuda. Una joven desnuda sería hasta un placer para mí, pero esto es acoso visual.

El más chico me tiñó el pelo de amarillo ¡¡No los aguanto más!! Mañana los quiero fuera de mi casa, son niños malos, malísimos.

   Igual te quiero, hija, sé que tu marido es el culpable de tus ocho desgracias. Renuncio a mi abuelibilidad.”

   Firmé así nomás, cuando los retiraron no tuve ganas ni de ver a mi hija.

miércoles, 12 de octubre de 2022

CAPERUCITAS Y EL LOBO

   Mataron a la abuela entre ella y su amante, la enterraron en el fondo, debajo de las calas. Ahí la tierra era blanda y se pudo cavar profundo. Rufi hizo todo. Se ocupó del veneno que diluyó con edulcorante y ralladura de limón.

   La viejita hasta le dio las gracias por la pócima, su último comentario fue: “Qué intensas son las tisanas por estos días.” Y ahí quedó. Ceci lo quiso más después de ver la devoción y el afecto que Rufi pareció sentir por la abuela. Hasta le hizo perder tiempo haciendo el amor, al lado de la finada. Era una mujer ardiente y ninfómana, como su madre. A Rufi los imprevistos lo excitaban y Ceci era ideal para sus bajos instintos.

   Él distribuyó las calas en sus mismos lugares, agregó piedras con musgo y licopodios, para fundir los verdes. Se lavó las manos y la cara, para rezar un padrenuestro y tres avemaría, junto a Ceci, que lloraba de verdad, no tanto por la abuela sino porque Rufi olvidó usar profiláctico y eran sus días de más fertilidad. Sería desafortunado quedar embarazada de un asesino como Rufi. Prefería un hijo más light, manso e incapaz de matar a nadie. Rufi le secaba las lágrimas con la manga embarrada de su camisa. Ella lloraba más, porque le raspaba y le dijo:  

   ─Basta Rufi, estoy bien, vamos a casa, tenemos que avisar a mi mamá y a mi marido. Desde ya te digo que no te asombres si a mami no le hace mella, siempre la odió.

   Rufi era el jardinero de la finca y le tenía más miedo al marido de Ceci, con respecto al deceso de la viejita. Rufi una vez los encontró en situación marital, al marido con la abuela. Nunca se lo dijo a Ceci, temió traumatizarla.

   Se dirigieron a la casa principal y ambos a coro dieron la noticia:

   ─Lamento madre y esposo mío, pero la abuela murió en mis brazos, Rufi es testigo. Y excelente trabajador, él mismo se encargó del entierro.

   El marido se puso bordó, un hueso que comía se le atrancó en el esófago y a pesar de que Rufi se comidió y le metió los dedos en la garganta, para salvarlo, murió de asfixia y paro cardíaco simultáneo. Desde el otro extremo de la mesa, la madre contempló con indiferencia el episodio. Le pidió a su hija y al jardinero que procedieran igual que con la abuela.

   Al día siguiente fueron al pueblo. La madre, Ceci y el jardinero, declararon que la abuela descocada y el marido infiel, de Ceci, huyeron juntos sin destino conocido. 

martes, 11 de octubre de 2022

SOMOS MUCHO MÁS QUE UNO

 

   Era tan alto que sacó todas las puertas y decidió hacer arcadas en las aberturas, para trasladarse de una habitación a otra, sin bajar la cabeza.

   El problema que pensó solucionado, le permitió caminar erguido. Sus cervicales descansaron. Brígido Arribas desayunaba vino, almorzaba vino, tomaba vino tibio a la hora del té. Su andar errático al pasar las arcadas, le producía sendos chichones azules, que casi tocaban el cielo. Se vestía con túnicas largas, porque trajes para su altura no existían. Detalle que no le importaba, nunca salía de la casa. Su alimentación fue la herencia que le dejó su padre, una bodega de vinos exóticos que Brígido Arribas degustaba el día entero. Cuando el mundo producía círculos a su alrededor, caía sobre cuatro colchones, dispuestos uno a continuación del otro.

   Sus vecinos, problemáticos como todos los vecinos, juntaron firmas por que los ronquidos de Brígido Arribas, les impedían dormir. Llamaban a su puerta en vano, porque él no tenía interés en escuchar bípedos enanos, reprochando sus sonidos nocturnos, que para Brígido Arribas, eran sinfonías de alguien tan talentoso como él mismo.

   Había un dejo de aburrimiento en su vida de ermitaño.

   Por la raja de la puerta vislumbró una mujer calada de lluvia y frío. La piedad le hizo abrir la puerta e invitó a la mujer a protegerse en su ermita. Le ofreció vino caliente con canela, aceptó gustosa, su nombre era Rita Banaperder.

   Una dama encantadora que le sugería que el dios Eros existía. Durmieron juntos con todo respeto.

   Rita Banaperder fue la primera en despertar, preparó un mate de vino y le cebó a Brígido Arribas, que por vez primera se sintió bien atendido, el mate no quemaba y la mujer sonreía.

   Hablaron de cosas interesantes, como: lo que mata es la humedad, cuándo dejará de llover, la ropa no se seca más y la libertad de los gatos para andar los techos.

   Brígido Arribas encontró que la mujer era culta y distinguida, como sabia acostumbrada.

   Al cabo del día estaban totalmente beodos.

   Ella pidió conocer la bodega. Brígido Arribas propuso dormir en dicho lugar, mientras Rita Banaperder saltaba y brincaba por la idea.

   Hacía frío en la bodega, él ofreció dormir sobre el piso y que ella tomara como colchón su cuerpo. Ignorando lo que hacían, hicieron.

   Brígido Arribas le ofreció casamiento, ella contestó que eso era una antigüedad y una cobardía.

   Fueron felices hasta que sus páncreas estallaron.

   Antes de morir se tomaron una copita de Licor de Las Hermanas. Los vecinos extrañaron las sinfonías de ronquidos y tenían insomnio con culpa, mucha culpa, muchísima.

lunes, 10 de octubre de 2022

HORMONAS

 

   Tengo dos amigas, a decir verdad son dos medio amigas, que sumando es una amiga. Hablan en estéreo, no sé por qué siempre estoy al medio.

   Valentina y Soledad atribuyen mis dolores a que soy hipocondríaca. Se ríen de mí, sin mí. Tomamos sol y nos tiramos a la pileta, el agua parece helada, pero de eso se trata el juego, calcinarnos y meternos al agua. Tomando una gaseosa, el dolor me dobló el cuerpo. Valentina gritaba que era un calambre, Soledad creía en una somatización por mis padres ausentes. La tía de Vale salió de la casa y me tocó todo el cuerpo, sentenció que aquello no era calambre ni somatización.

   El tío me llevó al hospital, así, hecha un nudo. Por suerte las chicas vinieron conmigo y murmuraban las distintas enfermedades, que podían caber en un viaje de veinte minutos, hasta la sala de guardia.

   Vinieron dos médicos que descubrieron lo que tenía, sin mi información, yo no podía hablar.  Practicaron toda clase de estudios, algo escuché a uno de ellos, dijo “¡Bingo!” Me operaron tres nódulos y con un interludio de quince días debieron realizar una histerectomía. Vale, católica de las molestas, puso en la mesita una virgen de manto celeste, que protegía a los enfermos. Sole, más pragmática, me regaló pantuflas, las mías parecían hablar.

   Parece que en mi flaca humanidad había mucho que estudiar. Los médicos venían a saludar todas las mañanas, me tomaban las manos y daban dos palmaditas. Si preguntaba los resultados, sonreían, giraban sobre sí mismos y cerraban la puerta.

   A esa altura le empecé a rezar a la virgencita, fui creyente durante mi terror a la muerte.

   La mañana del sol molesto me dieron la noticia, no se observaban células cancerígenas. Pretendí que me dieran el alta de inmediato, lo conseguí. Sole decía que necesitaban la habitación, por eso me mandaban a casa.

   Cuando las heridas fueron sólo una rayita, todo lo que me rodeaba parecía recién creado, como si me hubieran parido de nuevo.

   Le devolví la virgen a Valentina y las pantuflas nuevas a Soledad. Las mías, viejas, tenían la comodidad del tiempo, recibían mis pies con el mismo formato de ellos.

   Tenía una duda, me quedó una teta normal y la otra casi plana. Encontré al Doctor en una manifestación, me encantan las manifestaciones, si me gustara trabajar, trabajaría de manifestante. Lo seguía y lo perdía, hasta que llegué a la manga de su sobretodo y me colgué hasta descoser la manga, le pregunté porqué me había dejado una teta chata.

   —No te preocupes, se va llenando de nuevos tejidos y te queda igual a la otra. Con la posibilidad que se generen nuevos nódulos y el riesgo de que haya...

   Llegaron los bombos y no escuché más.

   Tengo en mi dormitorio, como tapiz, la manga del sobretodo del Dr. Niedfeld.

domingo, 9 de octubre de 2022

LA PIEZA

 

   Tiene micrófonos GSM en toda su casa, ropas, el auto, en una prótesis definitiva de sus muelas.

   Micrófonos de tamaño media hormiga, inodoros, incoloros e insípidos. Forman parte de Raquel, antes que la dejara su marido, Asesor de Economías Latinoamericanas. Informante buchón. Su mujer, cuando preguntó a Rocho en qué trabajaba, escuchó una sola palabra:

   —Negocios.

   Le besó la frente y el motor ya prendido, tenía un conductor que le abrió la puerta. Personal de limpieza le fueron prohibidos por su marido. Raquel limpiaba en tiempos récord, contaba con elementos de última generación. Pulsar botones, o sólo pasar la mano para las funciones necesarias. Rocho no quería jardinero, no quería visitas, no quería teléfonos, nada que tuviera conexión humana. Ella se preguntaba si la ausencia de contactos maritales, eran para no conectarse. Sólo le permitía escribir. Dejó la Facultad, amigos, parientes y todo lo que fuera hablar con alguien.

   Rocho llegaba a la casa, le tiraba un beso y se encerraba en el escritorio. Ella llegó a olvidar cómo era antes de conocer a Rocho. Escribiendo, viajaba a donde más le gustara, lugares con desplazamientos armados, tomaba el cuerpo de algún soldado, que harto de matar, buscó cambiar de identidad y ella lo trasladó a cuando era chico y jugaba a las bolitas. Lo hizo ganar siempre. Se llamaba Modesto, otro que se le escapó del cuento y le enseñó a trepar a los árboles, a ella, que se perdió en el bosque.

   No supo volver y se durmió sobre el cuaderno. El primer rayo de sol le dio en el ojo derecho, miró al costado, una carta decía: “Raquel, te dejo, leí tu cuaderno, tiene micrófonos GSM, te escucharon de Washingotn DC, se suspendió la Conferencia, les resultó conmovedor que me hubiera casado con una tonta.”

   Uno dijo:

   —Las mujeres tontas, saben cosas que desconocemos, con una apretadita, larga todo. Y quién nos dice, encontramos la pieza que nos faltaba.

sábado, 8 de octubre de 2022

COMPAÑÍA

 

   Kitty estaba enferma y tranquila como un estanque. Al amanecer empezaba su trabajo de ceramista, cuando el sol se ponía franco, sacaba un banco y tomaba mate. Veía un viejo que pasaba todas las mañanas, encorvado, llevaba cartones en una bicicleta. Kitty, una mañana de frío congelado, llamó al viejo para que tomara algo caliente. Él aceptó. Le dio vértigo cuando miraba los trabajos de ella. Lo llevó a conocer la casa, se hicieron amigos, le contó del abandono de su mujer. Ella le habló de su enfermedad como algo tan natural, que daba tibieza. Se dijeron hasta mañana y se dieron la mano, como los hombres.

   Recibió un llamado de su hermana, agitada, nerviosa y sacada:

   —Encontraron al violador compulsivo de Monte Grande, ¿Sabés quién es?

   Kitty dijo:

   —No, no tengo la menor idea, nunca salgo, qué querés que sepa.

   La hermana contó que era el mismo viejo que tomaba mate con ella y se hacía el amigo.

   Kitty, con voz calma, le dijo que ese señor no se hacía el amigo, era amigo y todo lo que andaban diciendo de su amigo, era una mentira perversa.

   —Hablar así de un caballero, que leyó El Quijote en castellano antiguo. Si me quitan este amigo, abandono el tratamiento y dejo acontecer, antes o después sucede. No sé qué joden.

viernes, 7 de octubre de 2022

NORA INVIERNO

 

   Entró al negocio como un rayo, Quintina producía electricidad.   Ahora me llamo Nora Invierno, me inspiré en la naturaleza. Tengo otra identidad, sale dos mangos y los hacen los mismos tipos que hacen las verdaderas.

   Aparece Quintina y la abraza, de lejos, porque su ropa podría arrugarse.

   —Nora Invierno ¿Qué pasó con los libros? ¿Qué son esas porquerías metálicas además del kiosco?

   No me gustó nada lo que dijo con respecto a mis objetos, con un desprecio que no le conocía.

   —Mirá Quintina, acá vivimos como podemos, lo que no podemos. Está Iván, mi marido, que se encarga del kiosco.

   Quintina pensó que nunca pensó en los deseos o los proyectos de Nora y dejó que hablara.

   —¿Sabés qué hice con los libros? Los vendí por kilo, fue más redituable que entren tres gatos locos y se vayan sin comprar. Traté de olvidarme de mí, pero no pude, mi mí viene conmigo.

   —Nora cómo voy a despreciar tu emprendimiento, sos una reina verdadera, pero sacáte esos collares y pulseras que son horribles. Venía a proponerte un negocio ¿Te acordás que en una época, vendía aire en lata y la gente compraba? Charly, que es como mi marido, me dio la idea. La venta de Pitotangas, en un pack moñoso, con etiqueta de importación. Las viejas te lo compran de cabeza, se harán el bocho con el nombre.

   —Quintina, si para tener mejores ingresos tengo que vender Pitotangas, contá conmigo. Una intriga ¿Qué tienen adentro los packs de Pitotangas?

   Quintina la miró como quien se asombra de la ignorancia.

   —¡Por favor, Nora! ¿Qué van a tener? Pitotangas ¡Obvio!

jueves, 6 de octubre de 2022

LA VENTANA

 

   La ceremonia se completa con la lectura del diario. Pero hoy no, por fin no. Prendí el particular, que ahora viene vacío para estar acorde con este tiempo. Miro pasar gente. La ventana esmerilada de mugre, una mosca enamorada de mi taza vacía, me deposita en las cucarachas, pegadas a las orejas de los que vienen y van. No escucho qué dicen, debe ser aburrido. Por las caras iguales. Alguna risa, alguna discusión, negocios, un amante, un hijo, mandados, consultas o “cuánto hacía”. La maté con el encendedor, estaba boba, fue fácil…   Quedo sólo, un chico pasa detergente y secador a mi ventana. Se ve mejor. Van y vienen como hormigas, con sus cucarachas adheridas, vida de insectos. Los conductores con una mano en el volante y la otra en la cucaracha, taras irresponsables del hombre de hoy. La parada del micro enfrente. Un pobre disfrazado de todavía puedo y otro de ya no puedo más. El armatoste humo negro los lleva, casi atropella una viejita encorvada. Pero no. A lo mejor le hacía un favor. No creo que ella piense lo mismo. Alcanza la vereda, tiene un ángel que le pide que siga.

   Me dan ganas de matarlos a todos por mentir sus soledades, por ese odio encubierto que tienen hasta los chicos. Mejor me mato yo, menos laburo. Lo pensé muchas veces. Cuando era joven más.

   Entre tanta nada en el desfile aparece Alberto y sus rulos. Se sienta, antes me saluda, se ríe, siempre se ríe. Me hace bien. No hablamos de la realidad. No interesa. Le digo que anoche subí uno, regular. Él no vio nada. Fue tarde, cinco de la mañana. Elogio su excelente poesía del martes, un comentario. Me da risa su risa, nos reímos juntos. Él es diferente, yo también. Será por eso, no usamos cucarachas. Usamos internet, un insecto más grande.

   Se sumaron otros, escribimos cuentos o poesías, somos cuatro, como dijo hace treinta años mi psi de La Plata:

   —Y viste como es ahora…uno para dos, tres para uno… agoniza la lectura. Mucha cocaína, pocas neuronas vivas.

miércoles, 5 de octubre de 2022

TIPO

 

   Mamá decía que en Mercedes, vivían todas familias tipo. Yo creía que mis amigos, tenían una madre y un tipo al que llamaban Papá. Era una sociedad machista a ultranza, hasta una niña de mis años se daba cuenta.

   Los hombres decidían, elegían, opinaban y concurrían a misa, todos los domingos. Las mujeres caminaban con la cabeza mirando el piso y no hablaban. Los hijos, pedían permiso para cualquier cosa, como los presos.

   Mamá y sus hermanas odiaban el pueblo, decían que tenía olor a milico y a cura. La pólvora y el incienso eran la misma mierda, con distinto olor, concluían.

   Ellas pensaban que yo no escuchaba sus charlas siesteras. Me resultaban interesantes sus voces encimadas. Mi abuela se enojaba por los contenidos, que podían arruinar mi cabeza.

   Les pedía mesura a tres brujas genéticas, por parte de padre, aclaraba.

   Un verano, durante los años ochenta, mi abuela pidió que la acompañara a misa. Siempre tuvo la secreta esperanza de volverme creyente. Misión imposible, aún para mi padre, que sufría mi ateísmo de tres décadas.

   Cuando la iglesia estaba llena, apareció un hombrecito enjuto, de nariz grande y mentón huidizo.

   Los feligreses, murmuraban y gesticulaban feo, para una misa. No entendí, hasta que mi abuela dijo su nombre en mi oído. Alguien comenzó a golpear las palmas y el resto lo siguió, hasta silbidos hubo en la casa de Dios. El sacerdote hizo caso omiso y continuó la ceremonia. Cuando el hombrecito enjuto, quiso comulgar, la gente se dispuso codo con codo y la barrera humana no le permitió recibir los santos sacramentos.

   Cuando salimos, mi abuela callaba. Le pregunté su opinión. Dijo que “No estuvo bien lo que hicieron. Es la casa de Dios. Esos odios se dirimen en la justicia. Él es un hombre, a pesar de ser un genocida hijo de mil putas, sin remedio ni castigo, nadie puede arrogarse echarlo de la iglesia. Fue de cobardes lo que hicieron. ¿Por qué no lo reventaron en aquel tiempo? Un pueblo de mierda, lleno de familias tipo, como dicen mis hijas” Nunca escuché a mi abuela, expresarse en esos términos, le salió de las tripas.

   El tipo era Videla. “Un hato de huesos negado a la muerte natural, que era lo menos que podía hacer.” El día que reflexionaba en esos términos, mi abuela murió. Antes llegó el cura, con la hostia final, ella se puso atea repentina y le dijo al cura de la hostia, que se lo llevara al hijo tarado que Videla tenía oculto, en el Open Door.

martes, 4 de octubre de 2022

NO ALCANZA

 

   La Tere, la Luisa y la Carmen, se conocían desde las panzas de las madres. Nacieron en Abril, con días de diferencia.

   La Luisa criaba los hijos de la Tere, le venían seguidos los embarazos. Era muy católica, decía que recibiría todos los hijos que dios le mandara.

   Total, la amiga, sola, le criaba los chicos.

   Uno salió con la cara del carnicero, otro era igual al verdulero y el panadero, que lo reconoció enseguida porque le faltaban los dientes a los dos.

   La Carmen hacía los mandados y no le cobraban nunca. Ella pensaba que la Tere traía disgustos y provisiones. A medida que los gobiernos les comían los bolsillos, pasaron a la categoría de indigentes. La primera afectada fue la Tere.

   Las dos amigas que la ayudaban, ahora trabajan doce horas o hasta catorce.

   El carnicero se dio piñas con el panadero, que decía ser el padre del bebé de Tere, salió el verdulero, anunció que otro de los niños era suyo, el Intendente tuvo que reconocer que era otro, sólo una coincidencia de parecido. En una semana, cada padre reclamó su hijo. La Tere se los entregó y se alegró. Sus amigas le preguntaban cómo podía estar contenta sin sus hijos. Ella se miró al espejo y dijo que recibiría todos los hijos que dios le mandara.

   Hasta el cura tuvo un hijo con la Tere. Es raro ver en la plaza una persona alta, con sotana, paseando con uno de tres años, vestido con sotanita. 

lunes, 3 de octubre de 2022

ASÍ SE LLAMABA

 

   Era jardinero de su predio, amaba los árboles y a las flores las bautizaba con nombres inventados. Hacía quinta con toda clase de vegetales. Tenía su casita pero estaba tan enamorado de su trabajo, que dormía a la intemperie.

   Un vecino colindante le pidió que le hiciera un jardín como el de Miguelito, así se llamaba. Él aceptó y comenzó a trabajar en lo de su vecino. Carpió la tierra, en especial bajo las ventanas, luego tuvo que usar pala. Hizo un pozo bastante profundo y encontró un cadáver apolillado, sucedió lo mismo con siete pozos. Miguelito se puso contento, consideraba que era humus para enriquecer la tierra. Lo extraño era que los cadáveres tenían un tiro en la nuca. Decidió convocar al Señor Marqués De Las Calzas Verdes, así se llamaba.

   ─Señor Marqués, aquí se han cometido siete asesinatos.

   ─Mis hermanos y cuñados pretendieron encerrarme en un manicomio. Una estrategia para quedarse con todas mis posesiones. ¿Entiende lo que le cuento, Miguelito?

   ─Sííí, cómo no le voy a entender, justamente por eso… haré justicia por mano propia.

   Le pegó siete tiros a lo largo y ancho, del Marqués que agonizaba y pedía más. Le llevó tiempo morirse.

   Miguelito arrastró el cadáver del Marqués hasta su jardín. Hizo un pozo, lo tapó con tierra y plantó un ombú. De noche, mirando la luna, gritó:

   ─¡Viva el humus!

   Y durmió sobre la tierra con un cóccix  ajeno entre sus manos.

domingo, 2 de octubre de 2022

EL NIÑO ADULTO

 

   El niño bueno y lindo preguntó:

   ─Mami, ¿por qué estás tan así?

   ─Me tengo que encontrar con una persona que hace añares que no veo. Fue mi primer novio. No le cuentes a papi, porque se va a enojar mucho.

   ─¿Le vas a mentir? Es un hombre tan bueno y tan lindo, que no merece que le ocultes tu pecado.

   ─Para que te quedes tranquilo, cuando vuelva le digo todo. Él sabe que debe ser una de mis mentiras y se va a reír.

   ─Mami, no creo que se ría. Yo en su lugar te mato. No es que te vayas a morir, pero unos palazos vas a ligar, como cuando traigo cero de la escuela. Y vos me tirás de los pelos y tengo que ir a mi dormitorio a estudiar. Como mis clases son día por medio, los demás días vos me vas a enseñar. Debo reconocer que explicás mucho mejor que la seño. Volviendo a tu primer novio, ¿por qué salen juntos?

   ─Niño, bueno y lindo, son cosas de adultos. Cuando tengas trece años más, juro contarte.

   ─Lo que hacen los adultos se llama adulterio. Si no, buscalo en el celu. Vos salís con tu primer novio y papi está saliendo con su primera novia.

   ─Pero qué miserable, ¿cómo no me va a decir?

   ─¿Querés saber mi opinión?, ustedes que se pelearon toda la vida, ahora los noto más tranquilos, aunque ni se saluden. Mami, estás más linda y papi más buen mozo. Bueno, basta de palabras. Me contó mi amiguita de al lado, que sus padres hacen lo mismo que ustedes. Pero yo no voy a ser así, nos casaremos y seremos fieles.

   ─¿Y por qué me voy a casar con vos? ¿Y si me gusta otro chico? Yo no me lo voy a perder.

   ─Tenés razón, a mí no me gustaría ser cornudo.

sábado, 1 de octubre de 2022

PRODUCCIÓN

 

   Como no tenía trabajo me metí a laburar de sirvienta. Empezaba a las siete de la mañana y terminaba a las siete de la tarde. Denigra el limpiar mugre ajena.

   ─Teresa, olvidaste preparar el desayuno a los chicos. ¡Vamos! Mové y hacelo.

   Así me trataba, yo obedecía. Necesitaba ese dinero para comer. Llegó el marido y la mesa debía estar servida. Nunca se saludaban con un beso, se hablaban con gruñidos.

   Después de comer la mujer se durmió sobre la mesa. Él me pidió que lo acompañara hasta el dormitorio, le pregunté:

   ─¿Por qué razón?

   ─Antes de una pregunta, lo precede un señor, a vos te faltó el señor. Te explico, yo me voy a dar una duchita, vos te acostás en la cama, así vestida como estás, pero sin zapatillas. Es para entibiar esas sábanas tan frías.

   Salí corriendo para contarle a la esposa.

   ─Para mí es mejor así. Hace treinta años que dormimos juntos, tiene olor a patas, a chivo, a culo sucio. No me casé para soportar todo esto. Nací en cuna de oro, no como vos que sos una sirvienta.

   Me dio tanto odio que fui al dormitorio y me acosté con el señoritingo. Se hacía el dormido, el sinvergüenza empezó a recorrer mis piernas y a colar sus manos en mis tetas.

   Hasta ahí llegué, antes de putearlo y decirle que era abusador y esclavista. El tipo además era un perverso, me arrastró a una cabaña llena de vacas. Había variedades de pajas. Él cerró la cabaña con mil candados.

   Empecé a tejer canastos, jarrones, paneras. Cuando terminé mi producción de números interesantes, azucé a las vacas hasta romper la cabaña entera.

   Llamé a mi marido para que me pase a buscar. Cuando vio semejantes canastos, no dijo nada y con su camioneta fue a ver a mi ex patrón, que le compró todo lo que había. Le cobró el cuádruple de su valor. El tipo le pidió que le trajera otra carga la semana entrante. Tenía muchos amigos, todos interesados en la compra.

   ─¿Y después qué pasó?

   Yo y mi esposo compramos una casa igualita al lugar donde tuve la desgracia de trabajar de sirvienta.