viernes, 8 de abril de 2022

NACIMOS EL MISMO DÍA

 

   El primer día me habló con la intención de venir a casa. La invité y los silencios se pegaban a nuestros pasos reemplazados con whisky y el sonido del hielo. Pasó una semana, es hipocondríaca, no había explicación que bajara los niveles de su histeria. Ella los alentaba leyendo las noticias, cerraba la compu cuando me escuchaba bajar las escaleras.

   —Hoy cocino yo, una sopa liviana y compré una baguette.

   Vi su reflejo en el espejo, el nervio del ojo derecho le temblaba, no lo podía controlar, se caló los anteojos negrísimos, se pintó la boca y empezó a cocinar. Sopa de letras, las letras estaban crudas.

   —Vos me diste el caldo que hacíamos cuando éramos chicas. Le agregábamos pan. Jugábamos a la casita en la bohardilla.

   Se le cayó la charola.

   —Te prohíbo que digas jugar, ahora no es un juego, es ahora.

   No exagera, no le puedo decir “no exageres”. Tiene la cara tan joven, la han operado muy bien, somos iguales, siempre fuimos parecidas. Nunca nos casamos ni tuvimos hijos. Ella es Anestesista y yo también. Nuestra ideología fue aceptar la vejez, yo sé que es estúpido, pero hicimos un pacto. No nos fallamos a nosotras, fallamos al pacto. A las dos nos gustaba la sopa de letras, las baguettes y el cirujano que nos operó. Ninguna quiso y redujo el trámite, que él no lo propusiera a ninguna.

   Me miro en el espejo, me late el ojo izquierdo, la mesa donde tomamos la sopa tiene una sola charola. Miro enfrente y ella no está. Nunca estuvo. Tapo el espejo con el mantel, no soporto estar sola.

jueves, 7 de abril de 2022

¡CÓMO TE BORRÁS, DIOSITO!

 

   La voz se escuchaba, pero él estaba en otra parte. Cuando está triste de sapos tragados en la facultad o en el trabajo, me doy cuenta y pregunto poco. Sé que prefiere el discurso en solitario. Mis palabras interfieren el orden que quiere dar a su pensamiento raspado, dolorido o cansado. Pasados los relatos grises aparecen colores de alguna anécdota que hace reír primero despacio. Después los cuentos se enciman y los nutrientes del joven cantan rodadas a carcajadas.

   Hoy no. Varios días atrás fue un chico más joven que él, con su máquina nueva y sus agujas. Todas las tardes mirando y preguntando y él le enseñaba sobre el trabajo, acerca del diseño, de la asepsia, de todo lo que al oficio se refiere. La última tarde le calibró la máquina y le regaló una bandejita, él lo miró como a un maestro, con los ojos brillantes y contentos. Empezaba a trabajar en unos días. Apretaba sus ganas en la motito que andaba seda y prudente. Mientras cruzaba, un tachero con luz roja siguió su odio en rojo y partió una moto y una vida. Y tardó esa vidita en irse, tal vez dios quiso que sufriera un poco más.

   Me preguntó porqué lloraba, si yo no lo conocía. De veras, qué tonta soy, qué importa que un imbécil apurado termine aplastando una promesa, total, yo no sabía quién era el chico y accidentes hay todos los días.

   Soy una estúpida sin remedio, cómo cargar con tanto dolor por un episodio sin retorno. A mí qué me importa la tristeza de esa voz en otra parte, si seré boluda, qué me importa la muerte de un desconocido joven. Tonta soy ¿Cómo lamentar una semilla que me es ajena? No tengo porqué cargar en la mochila con la máquina calibrada, las agujas y aquel duelo ajeno que me es propio. Ocurrió el jueves, por eso escribo lo que me contó el tragasapos castigado. Qué boluda soy, me robó la moto rota, la mochila destruida y no sé quien más, que lloro y lloro en una bandejita regalada.

miércoles, 6 de abril de 2022

DESPELOTE

 

   Que un día se puede entrar en Tandil, vos te vas contento, pensando que verás a tu hijo y no, ese día no. Te ponen a un costado de la ruta y preguntan hasta cosas personales. Ellos son burros, el Intendente es burro y de los otros mejor no hablar.

   Hay que usar barbijos quirúrgicos, no entregan, no entregan hasta la semana que viene, no y no. Hoy llegó el día, me vacunaron, es injusto que haya sido el día de mi cumpleaños. Mejor, detesto cumplir años y que me feliciten es lo peor.

   A algunos les dieron la rusa, la norteamericana, la griega. Los de Casa de Gobierno se hicieron poner todas, hasta las de Senegal. La segunda vacunación la pasaron por alto. El Gobierno es capaz de vacunarse con mierda.

   Salí de esa vacunación plena de sospechas. Hablé con mi hijo en varias oportunidades, por la vacuna y por el Feliz Cumpleaños. Mi Marido me regaló un pullover fetén, con capucha y bolsillos, color rojo bordeaux. Compramos una botella de champagne y una torta con una sola vela, bueno sería que fueran setenta y dos. ¿Setenta y dos cumplo?, la verdad es que perdí la cuenta y necesito que cada día sea nuevo para escribir mis queridos cuentos. Sin ellos no podría vivir. En la vejez uno nace de nuevo, con el cuerpo viejo y el corazón joven.

   Voy a dormir porque me levantó fiebre.

   ¡Carajo!

martes, 5 de abril de 2022

FLATEANDO

 

   Traía una mochila de dimensiones para montaña. Escuchamos unos pasos en la galería, tímidos pero ruidosos. Mi amigo más grande, se encerró en el baño y nos dejó solas, a mi prima de quince años y a mí de veinte. A través del vidrio del comedor nos cegó la linterna que llevaba. Golpeó las puertas, antes que  se vinieran abajo, Anita mi prima le abrió con sonrisa forzada. El oso vio la mesa, con platos sucios, vasos a medio tomar y migas por todos lados. Se quitó la mochila, con desesperación se comió las sobras de los platos, lo que quedaba en la fuente, le daba a los pedazos de pan, como una aspiradora. Mi amigo salió del baño, el muy cobarde, nos dejaron a su cargo. Se abalanzó sobre el oso, con un puño que dio al aire.

   El oso lo agarró de la espalda, abrió la ventana y lo tiró a la nieve.

   —¿Este pendejo pelotudo, es algo de ustedes?

   Tenía razón.

   —Sí, es así, lo que me asombra es cómo dejaste la vajilla, limpita, como para guardar, gracias, oso.

   —Mi nombre es Olaff, no oso, pero si prefieren llamarme así, me cabe, ya que estamos, ¿me puedo armar la carpa al lado de la casa?

   Quedamos paralelas, le contamos que hacía cinco años que no íbamos ni al pueblo. A nuestro amigo, el más grande, le pagaban para cuidarnos.

   —Que vengas a nuestra casa es un honor rústico, para las dos, las habitaciones sobran, están plagadas de mueblería burguesa, pero se duerme bárbaro.

   Cuando subió las escaleras, se tiraba un pedo en cada escalón, mi prima corrió y le dio una botella de agua, con una caja de Factor AG. El hombre montaña agradeció con un eructo importante. Le dimos dentífrico y un cepillo de dientes. Le ordenamos que se lavara, porque el olor de su eructo, tenía resonancias que llegaban a la galería. Se puso colorado el grandote y nos fuimos a dormir tranquilas. Los perros alerta, los primeros en percibir los ruidos generosos, pasando de pieza en pieza. Mi amigo, el más grande, de competitivo, lo siguió, era el hombre montaña revolviendo cofres con dinero, sacó todo de su mochila y lo llenó de dinero que nosotros ni idea. Pero de los cofres provenían. La bestia se sintió observada.

   Mi amigo, el que nos cuidaba, se le sentó en el cogote, mi prima en la espalda y yo en las piernas. Creíamos que teníamos fuerza y le dábamos piñas que nos lastimaban las manos. El hombre montaña sacó una cuchilla y tajeó a mi prima de quince en los muslos. A mí casi me degüella y a nuestro amigo le cortó dos dedos.

   —Pendejos de mierda, no me dejaron ni robar tranquilo. Ni se les ocurra ir al pueblo a denunciarme, porque soy el Encargado de la Seguridad en todo el Condado.

   Nos curamos entre nosotros, como pudimos, teníamos hasta instrumental quirúrgico y toda clase de medicamentos. Buscamos los dedos de mi amigo y los encontramos, se los cosimos al revés, pero por lo menos los tiene.

   Para reponernos nos sentamos en la galería, nuestro Padres nos pidieron que no saliéramos de ahí, hasta que regresaran. De esto hace cinco años. Les debe haber pasado algo. Eso lo pensamos todos, pero nadie lo dice. Solos lo pasamos muy bien, mucho mejor que con ellos.

lunes, 4 de abril de 2022

LA PINTA ES LO DE MENOS

 

   Al costado de las vías vivía un grupo de cinco o seis crotos. Con latas de asas de alambre, tomaban lo que fuera. Los que compraban pan o manzanas, pasaban cerca de ellos y les regalaban de ambas cosas. Hasta los perros les llevaban pedazos de carne asada.

   Saliendo de la Estación, la joven Melany, volvía de una discusión sin ganas de vivir. Cruzó al rincón de aquellos hombres:

   —¿Puedo sentarme al lado de ustedes, caballeros?

   En segundos le ofrecieron un rincón y el único almohadón, con agujeros, se lo dieron a ella, aceptó una manzana. Los caballeros crotos, miraban a  Melany cómo se le cerraban los ojos. La dejaron dormir y la cubrieron con sus propios abrigos.

   Fueron a comprar dos vinos de caja. La joven Melany estaba recostada sobre pedazos de hormigón y rodeada de botellas de cerveza vacías. Los crotos se amucharon para darse calor.

   Cuentan que esa noche, alguien les arrojó nafta, prendió unos fósforos y los quemó. Nadie se dio cuenta que los seis no estaban. Esa madrugada, unos muchachones, le golpearon la cabeza y el cuerpo, con los envases de cerveza. Melany no despertó, perdió mucha sangre y sintió que se iba lejos, se murió. El único croto que quedaba, llamó al 911. Cuando llegaron les mostró lo sucedido.

   Lo llevaron esposado y en una celda pequeña fue olvidado.

   —Tenés una joven que te espera, pagó la fianza.

   El croto sintió el abrazo, que aquella chica le brindó. Era la misma chica que sufrió los botellazos. Tenía cicatrices ya cerradas. Lo invitó a comer en su casa, un guiso con mucho queso y cuadraditos de pan frito.

   —A los policías les resultó más fácil para cerrar el caso, echarte la culpa de asesinato. Pero ya ves, estoy viva como antes, de los muchachones no se supo nada. Las Justicia para los pobres no existe. Estás conmigo, tengo preparada una habitación para vos solo y dos trajes, herencia de mi Padre.

   Al día siguiente lo encontró sentado en el jardín, tomando caldo en su recipiente de lata con asa de alambre:

   —A mí me gusta ser un croto, ser nómade y encontrar otros como yo, viajar en vagones vacíos y arrojarme del tren, antes que llegue a la estación.

   Melany pidió que la esperara dos minutos. El croto pensó que le iba a dar algún dinero. Apareció vestida de croto:

   —Yo me voy con vos, si permanecemos juntos, nunca te pelees con los demás. Tené en cuenta que a los crotos no nos mira nadie. Para ellos carecemos de existencia. Es mejor diferenciarnos de ellos, eso sí que es libertad.

   Lo tomó de la mano:

   —Ahora somos amigos y después de un tiempo, quién te dice.

   —Mirá que los crotos no nos casamos.

   —Por supuesto, pienso igual. Lo que quieras, pero…quién te dice…

domingo, 3 de abril de 2022

ÚNICO

 

   Todos los matices, como una vida, como cualquier vida. Por eso lo compró, invirtió el dinero que tenía para sus vacaciones. Lo colgó en medio de una pared blanca, único cuadro en la casa. El único sillón que le dejó el divorcio lo ubicó justo enfrente. Cuando miraba concentrado, descubrió algo de su pasado, de su presente y nada de su futuro.

   Desde la posesión del cuadro sintió que no era el único que moraba en esa casa de aristas similares a espadas acechantes. Sonó el último timbre que olvidó quitar, abrió mecánico.

   —Buen día señor, los conteiners de afuera ¿Ud está seguro que los quiere tirar?

   Él contestó sonambuleando:

   —Sí, es obvio, sino vivirían conmigo, dentro de casa, tome lo que desee, ellos están en libertad.

   Al hombre le pareció extraña la respuesta, escuchó cerrar la puerta con firmeza sin ruido. Volvió al cuadro, encontró en un rincón lluvia dibujada. Abrió la ducha del baño. Lo vio diferente en el cuadro, la lluvia ahora era verdadera.

   La bañadera rebalsó hasta el sillón, cuando sintió los pies mojados decidió meterse, le haría bien, pensó, sumergió hasta la cabeza y con una navaja encontrada hendió la carótida. Se incorporó, vislumbró el cuadro, la palabra dibujada era FUTURO.

   Al hombre que vaciaba los conteiners, le llamó la atención el agua roja que salía debajo de la puerta.

   Cargó casi todo en su camión.

   El motor parecía decir:

   —No es problema mío. No es problema mío. No es problema mío.  

   Era noche cerrada con niebla.

   Chocó con un semáforo, lo vio un Policía que dijo:

   —Terminé mi turno, no es problema mío.

sábado, 2 de abril de 2022

NIÑOS

  

   —Me tenés que alimentar bien, para prevenir la peste. Ayer fui a visitar al niño que vive abajo.

   —No podés hacer eso, estás bien alimentado, la peste necesita que uses el casco nuevo, te pongas alcohol gel, en todo tu exterior. Antes lavate bien las manos. ¿Y cómo se te ocurre bajar por la escalera?, tu actitud no parece de un niño lindo y bueno. ¿A quién fuiste a visitar?

   —A un niño que no lo dejan ver a nadie, las ventanas de su casa están blindadas. Los zapatos los tiene que dejar en el pasillo, no usa barbijo ni anteojos. Me dijo: “Gracias por venir a visitarme, mantenete a cuatro metros de distancia, así dicen las Santas Escrituras.”

   —Ni se te ocurra salir del departamento y si un niño no cumple los santos protocolos y está en el pasillo, es porque adentro debe ser insoportable, como un niño que yo sé, vos no salgas de tu casa, está prohibido. El departamento es chiquito, no mires por la ventana.

   —Soy un niño lindo y bueno, pero yo te vi mirar por la ventana, para chusmear al Papá de mi nuevo amigo.

   —No lo puedo resistir, es tan buenmozo, que por cortesía voy a ir a saludar con el pretexto, que nuestros niños se hicieron amigos.

   —Mami, no me hagas pasar vergüenza, en las tortas de mis cumpleaños ponés tres velitas, pero ahora cumplí seis y vos seguís poniendo tres. No mientas cuando pregunten mi edad, deciles que tengo seis, si no van a pensar que soy un monstruito.

   —Niño lindo y bueno, tengo los derechos de una Mujer, que nunca ve a su Marido y tal vez, con este buenmozo, se me da.

   —Mami, ¿qué quiere decir “se me da”?

   —Quiere decir que si me invita dormir con él, yo le voy a decir que sí. Vos te quedás adentro del depto, te encierro con llave, para que no tengas miedo. Vuelvo temprano.

   Hace como un mes, que va todos los días y no entiende, esto le puede traer consecuencias.

   —Qué suerte que estás levantado! Venga aquí niño tan lindo y tan bueno. Estoy embarazada, vas a tener un hermanito.

   —No quiero un hermanito, vos ya sabías que a vos y a Papi no los voy a compartir con nadie, nunca jamás.

   —Vas a ver cuando venga Papi, qué contento se va a poner, fue un milagro, hace siglos que no estamos juntos.

   — Mami, ¿querés que se lo diga yo? ¿O preferís darle la noticia vos? Mirá, escuché la puerta del ascensor.

   —Mi amor, suerte que viniste temprano, justo para festejar. ¡Estoy embarazada! Ya me hice todas las pruebas y la primera ecografía. Es un varón y si no miralo, vas a ver cómo se le notan las bolitas.

   —Para que sepas, después de nuestro primer niño, no quise tener más, y para asegurarme, me hicieron una vasectomía.

viernes, 1 de abril de 2022

ZOOCIALIZAR

 

   Nicanor Hurtado llegaba tarde o temprano a todos lados, laburo, viajes, invitaciones, teatro, cine y luego las cosas de la intimidad.

   Le eran desafortunados sus desaciertos horarios. Llegar temprano al trabajo, tarde a un viaje en avión, temprano a la invitación de su jefe, solo, sin los otros invitados ¿De qué iban a hablar? Nicanor Hurtado terminó siendo alguien incómodo para todos.

   Su casa era el mundo, hablaba con las plantas, con los gatos, los pájaros y hasta objetos inanimados:

   —Vos, azucarera, me tenés podrido ¿Por qué ponés dura el azúcar?

   O:

    —Cacerola grande ¿Dónde te escondiste? Te encontré adentro del horno y con comida de ayer ¡Sucia!

   No tenía que llegar tarde o temprano a lugar alguno, ahora tenía su propio reloj: él mismo. Contaba hormigas que iban y venían, admiraba su laborioso trabajo de llevar y traer hojitas en la cabeza, a veces cambiaban de ruta.

   Juntaba caracoles y preparaba mermelada de caracol. Lo fueron a buscar para una pericia psiquiátrica.

   Estaba ubicado en tiempo y espacio, contó la historia de su vida y la solución que encontró para olvidar los tempranos y los tardes.

   —Yo diagnostico, Dr, que esta persona está sana.

   El otro Dr, mesándose la barba, dijo:

   —Estamos en un todo de acuerdo, si es sano es un enfermo, propongo un tratamiento para curar su sanidad, hasta convertirlo en un enfermo y sea recuperado para la comunidad enferma que tenemos.

   Nicanor Hurtado fue puesto en un lugar de alta seguridad. Todas las mañanas iba un Dr para preguntar cómo se sentía, se cayeron bien y empezaron las confidencias:

   —Yo soy sano, Nicanor y Ud también, es hora que haga un poco de circo haciendo de cuenta que está enfermo. Lo ayudo, pero invíteme a su casa, será un placer.

   Nicanor Hurtado se puso tan enfermo que los Doctos lo devolvieron a su casa. Abandonada durante cuatro años, le dio pavura abrir la puerta. Se le tiraron los dos gatos a saludarlo. Las plantas con flores, floreaban sobre un humus negro desconocido. Los frutales en su apogeo. La casa estaba impecable y recién pintada. Nicanor pensó, sin encontrar explicaciones. Una tarde de Diciembre apareció el Dr sano:

   —¿Y? Qué me dice ¿Cómo encontró su mundo?

   —Alguien entró y cuidó de mis plantas, animales y hasta la pintura, debe ser alguien que me quiere mucho y yo desconozco.

   —Vamos a hacer como los chicos en sus compus Face, Nicanor Hurtado ¿Querés ser mi amigo?

   —Ya somos amigos Dr, Ud está tan sano como yo ¿Nos estaremos volviendo locos?

   Contestó el Doc, extendiendo un mate:

   —Mirá Nicanor, si uno no se vuelve un poco loco, la vida sería un aburrimiento enfermizo.

jueves, 31 de marzo de 2022

GUARDA LA MOSCA

 

   El destino no importaba, la idea era viajar a dedo hacia el Norte. Usamos una brújula que brujuleaba sin errores.

   Nos llevaba un auto y a los diez minutos apareció una camioneta. Ésa portaba frutos moscosos, íbamos en la cabina. El conductor pidió que cerráramos bien las ventanas. Si llegaba a entrar una con vitalidad nos volvería locos. Y si estaba mormosa descansaría en algún borde molesto de la cara, orejas, o pestañas.

   —Yo estoy acostumbrado, las vitales las combato con el matafuegos y las mormosas las reviento con la mano donde se pongan.

   Yo tenía ganas de mear o ambas cosas, estábamos en el medio de algo parecido a un desierto. Le pedimos que nos dejara allí. La única construcción era un baño semiderruído, tenía techo, paredes y dos entradas que decían Damas y Caballeros.

   —¿Vas a tardar mucho, Negra?, te espero afuera, por ahí pasa alguno que nos lleve.

   Había una cortina de tiras negras, las atravesé en vuelo y debo haber meado dos litros y lo segundo también. Eran letrinas con mosaicos de dibujos arbitrarios, miré el techo cubierto de moscas, mi entrada las movilizó y comenzaron a rodearme. Algunas me decían cosas al oído, otras se posaron donde debía limpiarme. Pegué un grito desesperado, entró el Flaco corriendo.

   —Hay cortinas de moscas. ¿Qué hago?

   Me dio furia:

   —Espantalas.

   —No puedo, son millones, no me dejan.

   —¡¿Cómo no te dejan boludo?! Son moscas, espantalas con el sombrero.

   No me quiso asustar, pero habían formado una pared dura, como cemento armado. Y pobrecita yo encerrada, decía algo, pero  no le entendía. Las moscas me invadieron el interior de la boca. Salió de una nube de tierra un Lamborghini cuatro puertas y tocó bocina.

   Escuché poco, las mosconas me pusieron huevos en los oídos.

   —Dejá Flaco, yo tengo una maza.

   Le dio con todo, logré pasar por el agujero y me encerró en una bolsa de arpillera plástica. Tenía una fuerza descomunal, me tiró en la parte posterior y el flaco iba de copiloto.

   —Chicos, si me perdonan, abro todas las ventanillas, prendo el aire, le doy al acelerador a fondo, está lleno de moscas de letrina. Disculpá, flaca, pero el olor a mierda me asfixia.

   El aire y la velocidad disminuyó la población, estaban pero no jodían.

   Cuando el olor se hizo insostenible:

—¡Chicos! ─frenó de golpe─ por favor bajen, corran no sé, desaparezcan.

   El Flaco me sacó la bolsa y tuvimos que correr, largamos las mochilas porque nos seguían empecinadas con nuestros ojos, las piernas, los brazos, algunas parecían quedarse a vivir en cuanto orificio teníamos. Llegamos al Palmar de Entre Ríos, nos acostamos en el agua, quitamos las más insufribles, no se iban, eran anfibias las muy putas, salimos del agua corriendo y seguimos y seguimos. Nos dimos vuelta y vimos un tornado de moscas que se disponían a remontarnos.

miércoles, 30 de marzo de 2022

IN MEMORIAM

 

          Los meñiques reemplazaron a las personas. Todo empezó con las ruedas que suplieron las piernas. Los estómagos tomaron idénticas dimensiones que el tórax.

La ingesta cervezochatarra se ocupó de esta transformación. El exceso de hacer, decir, pensar e imaginar todo lo que la tecnolodeformación irradiaba por pantallas, auriculares y demás implementos antihumanos, produjo la enanización neuronal y su reducción al punto que la punta de un meñique encerraba los aparatos intelectuales de los individuos.

La meñiquización fue un fenómeno que nos dejó globvandalizados, tanto los triste ferros como los lavaedros brotaron como el musguito en las canteras. Las salivaderas bancarias volvieron a su función original, escupir. Salivar, para el lector fino o esputar, para el lector cafisho.

Otro fenómeno que produjo la meñiquización fue el cierre de esfínteres colectivo. La libido se redujo al olvido, al igual que la necesidad del alimento y su deposición posterior. Cerraron escuelas, universidades, fábricas, lugares deportivos, bares restaurantes, privaditos, aeropuertos, terminales, hospitales y todo tipo de socialización meñicosa. Quedaron las estructuras, entre ellas las centrales nucleares. No faltó un meñique descerebrado que apretó el botón. El resto del Universo lo festejó. Hubo una mesa de negociación interplanetaria, donde concluyeron que el espacio que dejara la tierra, quedara libre para fijar en la memoria de los otros universos, lo que no debe hacer un planeta.

martes, 29 de marzo de 2022

ELLA

 

   Salgo muerto, quiero esa mesa, un café con una medialuna. Si está ocupada la espero, no importa cuánto.

   O ésa o nada. Hay un balcón en un edificio antiguo, justo enfrente y una vieja de pelo entrecano, tiene una vincha de plástico rosa chicle, un batón azul mareado, un brazo laxo y otro descansando en la balaustrada. Los ojos son grandes, acá es lejos y los veo grandes. Si le da el sol y es invierno los entorna como los gatos.

   Se me enfría el café, ejerce una hipnosis, está conforme, con un rictus joven en la boca, ese rayo que la enceguece y ella que lo disfruta.

   Al balcón le faltan pedazos, me da vértigo. Cuando descubre que la espío se asoma más y frunce los ojos con intriga. Ella es una mujer pobre y la pieza debe pertenecer al edificio hecho conventillo. Ella debe estar enferma y el médico le aconsejó tomar sol. No puedo dejar de ir, de lunes a viernes, aunque salga muerto.

   El café siempre lo dejo, igual, me hace mal. Cuando miro el balcón y la mujer olvida el mundo con los ojos entornados y la sonrisa escondida, a mí se me van las ganas de comer la medialuna. Hace diez años, el mozo me conoce, ni pregunta, me ve y trae un café y una medialuna. Es un mozo sin asombro, anónimo, sigiloso y prudente.

   Yo sé quién es ella, no voy a cruzar ni tocar el timbre.

   La quiero así en mi memoria y en los días que le queden. El ángulo del sol, la mesa, el café y la medialuna son el viaje para estar un rato con ella, que no sabe quién soy. Fui criado por mi tía Pilar, antes de morir, entre delirios hablados, me apretaba las manos y relataba de su hermana que fugó y del hijo que le dejó, contó detalles. Echó tanta luz sobre lo negro, casi me ciega.

   Ahora yo también soy viejo.

   ¿Qué me puede decir? ¿Qué le puedo decir?

lunes, 28 de marzo de 2022

PIANÍSIMO

 

   Hacía tiempo que no veía un fósforo de madera. Él se ofreció con su encendedor. Yo prefería más los fósforos, son tibios y naturales.

   ─Señorita, ¿quiere fuego o no? La miro, le hace falta un cigarrillo.

   ¿Por qué a mis congéneres les asombra que pida fósforos y nunca fume? Si no ven la asociación inmediata, te denostan, piensan que estás loca, olvidan sus adentros, los tapan, los pisan y fuman.

   Él me reconoció caminando:

   ─Es una suerte encontrarnos, tengo un obsequio para usted.

   Me emocionó su generosidad. Le dije gracias y llevé el fósforo al bolsillo izquierdo. Lo apretaba despacio, temí que se rompiera.

   Es el tacto más…más…más placentero.

domingo, 27 de marzo de 2022

ENCUENTRO

 

   Después de la compra al super, cargó el baúl. Apoyó la billetera en el capot. Como todos los viernes se inundaba de motos emitiendo sonidos de decibeles altos.

   Como de la nada dobló una Harley Davidson, el conductor portaba casco negro, equipo negro de cuero de víbora. La luz roja no le impidió rayar el auto de la mujer a todo lo largo. Le robó la billetera del capot. Huyendo con rojo lo atropelló un auto.

   Quedó tendido en el asfalto, se juntó tanta gente observando la sangre que lo rodeaba. Era un chico joven.

   ─Es una lástima ─dijo alguien.

   La mujer se preocupó por encontrar su billetera. Estaba junto al cordón de la vereda, la billetera de él también. Se llevó las dos. Al día siguiente fue al Mecánico. Él mismo se encargó de reparar el rayón del auto. No le costó nada, porque en la billetera robada había un montón de dinero. Cuando arrancó portaba una sonrisa triunfal.

   A la semana se presentó el joven, parecía un patchwork, heridas múltiples.

   ─Si usted me compra una moto igual a la que se rompió, no haré ninguna clase de denuncia.

   La mujer se asustó y le regaló la Harley de su hijo. El joven había hecho la denuncia sin avisarle, lo salvó el Comisario que era su padre.

sábado, 26 de marzo de 2022

LA VENTANA

 

   La ceremonia se completa con la lectura del diario. Pero hoy no, por fin no. Prendí el particular, que ahora viene vacío para estar acorde con este tiempo. Miro pasar gente. La ventana esmerilada de mugre, una mosca enamorada de mi taza vacía, me deposita en las cucarachas, pegadas a las orejas de los que vienen y van. No escucho qué dicen, debe ser aburrido. Por las caras iguales. Alguna risa, alguna discusión, negocios, un amante, un hijo, mandados, consultas o “cuánto hacía”. La maté con el encendedor, estaba boba, fue fácil…   Quedo sólo, un chico pasa detergente y secador a mi ventana. Se ve mejor. Van y vienen como hormigas, con sus cucarachas adheridas, vida de insectos. Los conductores con una mano en el volante y la otra en la cucaracha, taras irresponsables del hombre de hoy. La parada del micro enfrente. Un pobre disfrazado de todavía puedo y otro de ya no puedo más. El armatoste humo negro los lleva, casi atropella una viejita encorvada. Pero no. A lo mejor le hacía un favor. No creo que ella piense lo mismo. Alcanza la vereda, tiene un ángel que le pide que siga.

   Me dan ganas de matarlos a todos por mentir sus soledades, por ese odio encubierto que tienen hasta los chicos. Mejor me mato yo, menos laburo. Lo pensé muchas veces. Cuando era joven más.

   Entre tanta nada en el desfile aparece Alberto y sus rulos. Se sienta, antes me saluda, se ríe, siempre se ríe. Me hace bien. No hablamos de la realidad. No interesa. Le digo que anoche subí uno, regular. Él no vio nada. Fue tarde, cinco de la mañana. Elogio su excelente poesía del martes, un comentario. Me da risa su risa, nos reímos juntos. Él es diferente, yo también. Será por eso, no usamos cucarachas. Usamos internet, un insecto más grande.

   Se sumaron otros, escribimos cuentos o poesías, somos cuatro, como dijo hace treinta años mi psi de La Plata:

   —Y viste como es ahora…uno para dos, tres para uno… agoniza la lectura. Mucha cocaína, pocas neuronas vivas.

viernes, 25 de marzo de 2022

ALIAS

 

   Mis dos hijos van a venir, soy el padre, me ocupé de ellos. Les pasaba para que no les falte, la atorrante de mi mujer sabía, pero nunca dijo nada. El trabajo me lo consiguió un taura, que era su amante. Fui un gil con suerte. Hacía los traslados de los centros de La Plata.

   Me tuvieron confianza y me ascendieron, llegué a comandar grupos de tareas de primera línea. Decían que cualquier complicación había que consultar al Ruso. Ese era mi nombre en el trabajo, el Ruso. Nunca le hice asco a nada. Nadie dejó de cantar conmigo. Yo me la creí y aceptaba el miedo ajeno como condecoraciones. No sé cuántos fueron, pero me dejaban de cama. Prefería jóvenes, los viejos no resistían nada. Después de siete años me jubilé. Había buchones y tuve miedo.

   Vivía en La Pampa, andaba hecho un maricón, lloraba en los atardeceres. Allí también era el Ruso, pero distinto. Vinieron dos tipos atildados en un auto moderno, que manejaba un chofer con cara de guarda el hilo. Uno bajó y preguntó si yo era Pedro Rudenko. Me quedé frío, parecía que preguntaban por otro tipo y como un boludo dije que sí. Era un nombre viejo, me pareció ajeno.

    Bueno, fui con ellos, me hicieron un juicio con acusaciones que yo ni recordaba. Y a cada rato decían:

   —Pedro Rudenko, alias el Ruso.

   En un momento miré, a ver si estaban mis hijos. Pero no, ninguno de los dos.

jueves, 24 de marzo de 2022

DE FUERA A FUERA

 

   Las personas dejaron de escuchar música, corría el 2075. Sucedía igual que con las caminatas. Tan contradictoria la medicina, ahora se recomendaba la vida sedentaria, para que el corazón no trabajara demás. Me dolían las piernas y el torrente sanguíneo lo sentía como salsa bechamel. Los movimientos se atortugaron.

   Se expandieron bosques y caminos ayuyados. Una mañana de Octubre decidí mi primer caminata luego de añares. Las casas parecían abandonadas, se escuchaban escobitas aisladas. En un chalet de persianas entornadas, con olor a romero, aromo, retamas, vi entrar una persona joven con un violoncello en su enorme estuche. Abrió las puertas de latón oxidado y dentro había sol, plantas aromáticas, carecía de techos y paredes, al fondo asomaba una pérgola de glicinas, con un banco de troncos y un atril de ramas secas. El frente del viejo chalet cumplía la función de entrar de fuera a fuera.

   —Buenos días ─dijo el chico mientras con una enorme llave abría las puertas para luego cerrarlas.

  Seguí caminando y me detuvo una melodía de las Seis Suites de Bach, parecía Yo Yo Ma ejecutando. Provenía de las persianas entornadas, me senté en una hamaca de enredaderas, tocaba como aquel ángel chino, Yo Yo Ma no podía ser porque tendría unos 120 años, y el ejecutante era muy chico. Se me hizo costumbre pasar todos los días, cada día una Suite diferente, todas idénticas a Yo Yo Ma.

   Llegó más tarde que de costumbre.  

   —Buenos Días ─dijo el chico.

   Cuando cerró las puertas, se abrió el estuche y cayó el violoncello, carecía de cuerdas y el arco era una aguja, de madera, de tejer. Sin más entornó las ventanas y arremetió con la Suite nro 6 de Bach. Pudo la curiosidad más que mi prudencia, el atril tenía hojas amarillentas de diarios, reemplazando partituras. El encordado del cello era de hilo sisal. La música provenía de un disco de vinilo en un equipo cuidado con obsesión. El joven tocaba con el pelo en movimiento, siguiendo cada nota.

   —Señora, veo fascinación cuando escucha mi música, ¿tendría Ud a bien dar vuelta mis partituras?  No puedo equivocar una sola nota, mucho menos teniendo una fiel oyente de mis conciertos.

   —Para mí sería un honor.

   —Merci madame.

miércoles, 23 de marzo de 2022

OLVIDATE

 

   Lo de la escuela pública fue idea de tu abuela, ahora, esto de invitar a tu cumpleaños a la hija de la portera y a los chicos de esa escuela, no corresponde. Por eso quería que fueras a “Jesús de las piedras”, ni tu padre me escuchó. Tenés que socializar con chicos educados, hijos de profesionales, gente bien vestida y bien hablada. Hija, tenés que entender que tienen olor a milanesa, muchos no usan desodorante. No puedo permitirlo.

   La niña lloraba tanto que la vieja la mandó a su cuarto y le cerró la puerta. La niña echó llave por dentro. Total, para qué le festejan su cumpleaños con hijos de amigos de los grandes. Casi todas chicas tontas, que encima  regalan cosas aburridas como una camiseta blanca y un suéter que pica. Jugar a las estatuas y al gallito ciego.

   A mí me hacen feliz los chicos y las chicas de la escuela. Sobre todo los chicos audaces que caminan la cornisa, le ponen dulce de leche al mástil. Además me invitan, las chicas no, porque son sedentarias. Los varones me enseñaron a trepar árboles más altos que la escuela. El otro día llevaron un Marlboro al patio y me invitaron a fumar con ellos. Las chicas se reían, secreteaban, pura envidia.

   A mí los varones me gustan hasta para besarlos que, desde ya, es un asco.

martes, 22 de marzo de 2022

HACER LO DEBIDO

 

—Mire Sartrita, ya van como veinte sesiones dedicadas a su hijito. De usted, quiero que me hable, qué quiere de la vida, cuáles son sus deseos, qué le gustaría hacer…

   —Ante todo, Dr Embroyo, mi nombre es Sarita, no Sartrita.

   —Por favor, sepa disculpar, se me produjo una mezcla entre su nombre y Sartre.

   —¿Qué tiene que ver Sartre conmigo?

   —No sé, me acuerdo que escribió La náusea y usted, a veces, me da… Bueno mija quiero ayudarla.

   —Yo de la vida quiero que mi hijo me quiera y más ahora que tiene un buen puesto, es asesor de la estúpida, perdón Embroyo, fue un fallido, de la Presidrenta quise decir, deseo que me consiga veinte jubilaciones de privilegio. Me gustaría un viaje por el Egeo, haría lo que fuera por él, si quiere que porte heroína, yo me prendo.

   —Cálmese Sartrita, bueno Sarita. Seguimos en lo mismo, su vida empieza y termina en su hijo.

   —Se equivoca, Embroyo, yo quiero mis jubilaciones y viajar al Egeo, con heroína si es posible. No hablo de mi hijo, hablo de mí.

   —Bien, bueno, bueno, pero no podrá negar que la proveniencia de lo que pide atañe a su hijo.

   —Parí un monstruo, Embroyo, no me llama, si llamo yo hace decir que no está. De todo lo que afana, perdón un lapsus, de todo lo que afanosamente gana, que es un montón, se lo aseguro, no me da nada. ¿Entiende lo que le digo, Embroyo?

   —Mi querida, la entiendo, hay cientos de personas en su situación. Pero debe usted ser algo objetiva, su hijo es un hombre y lamento ser yo el portador de esta conclusión, que debiera haber sacado usted misma. Lo que usted parió Sarita, es un corrupto que merece su desprecio. Si usted tiene valores morales y éticos, no se puede exponer a perderse en pasillos degenerados.

   —Usted está atrasado de noticias, ética, moral, son valores que no cotizan, no existen. Yo quiero guita, no me interesa si es robada, prestada o alquilada, quiero plata. Viajar y vender la droga más cara del mundo. La que paguen más. Y si estoy aquí soportando un psi, que hasta se parece a mi tío sacerdote, me voy y chau.

   —Estamos de acuerdo, váyase. Pero pronto, antes que le vomite encima. Si logra comunicarse con el delincuente de su hijo, dígale que me pague las veintiún sesiones que la atendí gratis. Dígale que si no lo hace, le voy a mandar un morocho, paciente mío, hábil en estas lides.

lunes, 21 de marzo de 2022

SOLEDAD CONECTADA

 

   Establecía conversaciones con los muebles, el lavarropas, la secadora, las ventanas. Mirando al sur descansaba de protestar, elogiar, contarle cosas íntimas al retrato de sus Padres.

   —Buenos días, voy a meter la ropa en el lavarropas, espero que no me traiciones con las manchas perennes y sonidos que se escuchan anunciando que tengo que comprar otro.

   Ese día salió la ropa impecable, el lavarropas le contestó:

   —No vas a comprar otro porque para eso estoy yo. Usted es muy torpe conmigo, me enchufa y desenchufa como si estuviera haciendo puchero.

  Ella no sabía si entendió lo que le decía, tenían un idioma desconocido. Se comunicaban a cada rato. La estufa eléctrica ni siquiera funcionó. La cruzó enfrente:

   —Alguien te va a llevar.

   —Qué mal agradecida que es usted, hice lo que pude, me parece que usted misma apretaba los botoncitos de uno en uno, al final nada. ¿Quién me va a llevar?

   —Es cierto, soy torpe, tropecé con la aspiradora que rodó por la escalera de entrada. Me transformé en mala. Le grité de todo y estaba tan furiosa que fui a buscar los guantes de box de mi hijo, la cagué a trompadas.

   Salieron los vecinos que llamaron a la policía. El interrogatorio fue extenso, mientras ella le hablaba a la compu que tenían sobre la mesa:

   —Desde acá estoy muy bien, me siento protegida.

   Se acercó un funcionario militar, le hizo otro tipo de preguntas. Ella le contestaba a los botones dorados:

   —Qué suerte que los arrancaste, los milicos no me gustaban.

   Finalmente llamaron a una ambulancia mientras ella le hablaba a los picaportes, a las rejas, a la luneta trasera.

domingo, 20 de marzo de 2022

COCINA BIEN

 

   Federico era sonámbulo, no había que despertarlo. De noche recorría toda la casa. Para los Padres, Federico se hacía invisible. Si no tenían que vigilarlo.   

   Todas las noches hacían turnos. Él usó su tiempo, entró a la habitación de sus Padres y le llamó la atención el acolchado que se movía. Vio un bulto encimado que aceleraba cada vez más. Después quedaron paralizados.

   El episodio le dio asquito. Su Madre cocinó los tallarines de todos los domingos.

   ─Mami, ¿puedo hacer la salsa yo? Lo aprendí mirando a la Abuela. Si aceptás mi salsa, te voy a querer más.

   ─Sos muy chico…pero probemos.

   Él se puso atrabajar con delantal y gorro de Cocinero. Cuando los tallarines estuvieron servidos, la Madre pidió que trajera la salsa. Él estaba encerrado en la cocina y orinó dentro de la salsera, le agregó orégano para disimular. Tras el primer bocado, todos fruncieron la cara, nadie lo imaginó, pero Fede les contó que había orinado en la salsera. No le dieron los tiempos para llegar a la poceta.

   ─¿Vieron qué rico quedó?