martes, 15 de noviembre de 2022

FRAGATA FRAGATITA

 

   Chascomús el antiguo, donde ella pasaba los veranos con sus abuelas. Al principio jugaban todo el día con ella hasta que se pusieron muy ancianas y se la llevaban por delante, pensando que se trataba de un gato.

   Cuando hacía mucho calor de noche, se abrían las ventanas y las puertas. El olor de los jazmines, las madreselvas y los junquillos, resultaban tan embriagadores que la hacían dormir hasta el mediodía. Luego salía por detrás y a dos pasos estaba dentro de la laguna. Nadaba hasta que se fuera el calor.

   Una noche sin luna, se hizo una corona de jazmines, gardenias y unos calzones hilados de magnolias, comenzaba a hacer la plancha hasta quedar dormida. Una fragata que venía serena, extendió una planchada y la tragó por la bodega. Le pareció raro despertar en su cama. Como si aquella aventura no hubiera sucedido.

   En la noche del día siguiente, seguro que su traje de baño no perdería ninguna flor. Hizo la plancha hasta que apareció la fragata, no estaba dormida y aceptó la propuesta del Capitán de subir a cubierta. Había tanta neblina que se perdieron en la blancura.

   Las Abuelas pidieron auxilio, hacía dos días que no aparecía. Pasaba el tiempo que hasta los Padres se resignaron a pensar que solamente había desaparecido. Eran tiempo parecidos a los anteriores, a los que suceden y los que seguirán sucediendo.

   Simularon un sepelio como si la chica hubiese muerto. Todos deseaban que mal rayo partiera al sacerdote para detener su diatriba. En medio de los asistentes apareció la joven, vestida con uniforme y preguntando quién era el muerto. Muchos se impresionaron y desmayaron. Las mujeres más católicas, se arrodillaban mirando al cielo.

   La joven volvió a la casa y hasta llegó a olvidar aquellos episodios. Cuando volvió a Buenos Aires, fue recibida por su Nana. Le dijo al oído:

   —Tenga cuidado, joven y arréglese el pelo tan desgreñado que trajo. Yo le voy tirando perfume, hasta cuando entre al comedor.

   Allí estaba el Capitán de la fragata y un ramo de flores que la emocionó. Cuando lo sostuvo en sus brazos, resultaron artificiales. El Capitán de la fragatita le pareció un desubicado y vulgar. Lo sacó de su casa y le entregó aquel engendro de plástico. Llamó a la Florería y encargó tres docenas de rosas blancas. Eran tantas que tuvo que repartirlas, en diferentes lugares del comedor.

   La visitaron las amigas, para el five o’clock. Al principio estaban encantadas con el olor de las rosas. Ni bien terminaron el té se fueron despidiendo con rapidez.

   —Siempre fue así cuando volvía de Chascomús. Está como…

   —¿Así cómo?

   —Como loca.

lunes, 14 de noviembre de 2022

EQUÍVOCOS

   El calor hacía que uno se derritiera como un helado. Llegué hecha mortadela a casa. Fui a ver el lavadero, en él se secan las ropas, saltaba la carne picada y en el inodoro la ropa. Vivía en pleno estado confucional.

   Me voy a casar con un tipo buenmozo y adinerado. En una fiesta encontré al indicado. Nos miramos y él desvió la mirada, ambos habíamos tenido infinidad de novios. Él sabía y yo también.

   ─¿A vos te parece que esto funcionará? No sé quién sos y me parece contar.

   ─Mi nombre es Mima, estudio Medicina, tengo veinticinco años… bueno, basta! No me gusta hablar de mi vida. Con esos datos te vas a tener que casar conmigo.

   ─No quiero ofenderte, pero jamás me casaría con vos. No es mi propósito, no me gusta tu cara, ni tu cuerpo, ni cómo pensás, si pensás. Además ponés la ropa en la heladera y la secás en el microonda.

   Todo lo que se pueda esperar, es de todo. El dinero puede más que todo, aceptó casarse. Comete errores con frecuencia. Se enamora de la persona equivocada. En este caso, resultó puto. 

domingo, 13 de noviembre de 2022

NO ME DIGAN

 

   Nos sentamos juntos en el bancote naranja, yo no lo conocía. Estaba triste y lloraba. Hasta el último papelito, no dejé.

   Él, con la mirada recta al Dique, preguntó si me pasó algo grave. Le conté telegrama:

   —Mi novio me dejó, me echaron del laburo, choqué el auto, a mi viejo le dio un un paro cardíaco…

   Esperó los instantes del rebobinado, dudó, pero me dijo:

   —Vos tenés que caminar, por todas partes, las sierras, las cuatro manzanas de las luces. Te van a mirar, porque sos linda y por ahí te nace un novio nuevo.

   Es un ingenuo, pensé, optimista y más agradable que el psicólogo. Nos despedimos al atardecer,  me preguntó si el bancote naranja me gustaba, le contesté que no:

   —A mí tampoco.

   Fueron sus últimas palabras. Estoy siguiendo las recomendaciones de él, camino todo y voy para el mismo bancote a descansar y esperar que aparezca.

   Lo encontré en pleno invierno, tenía el cuello al aire, le regalé mi bufanda.

   Quiso saber si me la tenía que devolver.

   —No, es un regalo por tu ayuda de aquel día. Y porque parecés un ángel.

   Le pregunté cuántos años tenía y me dijo nueve, además estaba acostumbrado a su madre, que era maníaco depresiva, con mis mismos síntomas.

   Regresé temblando por el frío y para alejarme del monstruo, porque ese chico, es un monstruo. Sabio,  oportuno, afectivo, inteligente. Todo lo que me digan, no quiere decir que no sea un monstruo.

sábado, 12 de noviembre de 2022

LAS TRES EDADES

 

   Vivíamos juntos, pero separados. Abigail se fue apropiando de mi casa. Empezó por las flores, le gustaba el césped inglés, después siguió con los árboles, los mandó quitar. Quedó liso, cortadito el césped, aburrido.

   Abigail, defensora de los recursos no renovables, de los árboles. Se ataba a ellos para que no desparecieran. Desde chica odiaba las quintas, donde sembraban rabanitos, para después cosecharlos. Le gustaba la Naturaleza, tal como estaba. Los Padres, orgullosos de Abigail y su militancia temprana a favor de la vida.

   La vi crecer frente a mi casa y me gustaba su proceder, pero nunca me enamoré de Abigail. Era invasora de todo lo que la rodeaba. Si había una pileta, nadaba sola y no dejaba que nadie se tirara.

   —¿No entienden? Quiero la pileta sólo para mí, vuelvan a sus ranchos ─pensaba que la pobreza era un insulto.

   Se presentó en mi casa:

   —Aunque te conozco sólo de verte, quiero recorrer tu vivienda, se ve tan lujosa. ¡Oh! Qué pisos, son de mármol de Carrera, o de otro carro, no sé cómo decir. Quiero usar ese baño, voy hacer pis, tiene tantas ventanas y tanto sol, que si fuéramos grandes, viviría en tu casa.

   Después su visita  diaria, consistía en llevarse pequeñas esculturas de marfil y traer de su casa, enanitos de jardín, que distribuía sin equidad, por donde más molestaran.

   —Les presento a mi Novio, lo llevo de la mano porque es muy tímido.

   Y así me presentó a sus amigas.

    Sus invasiones tenían el formato de la Invasiones Inglesas. Muchas veces tuve ganas de tirarle aceite hirviendo, para alejar aquél disparate de niña. Cuando pasaba la Mucama, levantaba una pierna, para verla tropezar. Después se le reía en su cara:

   —Menos mal que sos tan torpe, eso me aleja de ser tu amiga, encima sos pobre, es deprimente. No sé por qué debo dirigirte la palabra, sos Mucama. Así me enseñaron mis Padres ─más tilingos que Abigail.

   Llegó la adolescencia, Abigail cambió de órbita, nos transformamos en Saturno. A mí me bautizaron Saturno, mi Madre era hiponga y exótica. No sabía si yo era el anillo y Abigail la esfera. La miraba mucho, me daban ganas de darle un beso. Por suerte, después, esa idea comenzó a desaparecer.

   De a poco nos hicimos adultos, nos fuimos a vivir juntos, pero separados. Construí una pileta, Abigail nadaba sola y no me dejaba meter. Copó la cama de dos plazas y cerraba con llave. No tuve más remedio que dormir en un coy.

   Ella ocupó todos mis espacios. Una mañana decidí rajarme. Abigail no se dio cuenta, ni tampoco le importó.

viernes, 11 de noviembre de 2022

LA TIERRA

 

   Vivíamos a cuatro leguas de distancia, no nos queríamos, estando casi enfrente. Los enfrentes de los campos competían por cualquier verdura, tomates, lechugas, rabanitos, berenjenas y algún otro que me olvidé en la lista. Le pongo todo porque si no después me olvido. Yo no sé nada de computear, así que anoto todo en una libreta negra.

   Una noche lo encontré, le pedí perdón, él aceptó. Estando solos hablábamos con los perros que no sabían más que ladrar. Eso me hacía sentir loco, el idioma perro no lo conozco. Y los locos hablan solos, el muchacho de enfrente hacía lo mismo.

   ─¿Qué te parece si construimos una cancha de bochas y jugamos de tu casa a la mía?

   ─¿Y cómo lo vamos a hacer? El trayecto es largo.

   ─Es muy sencillo, vos hacés tu mitad y yo hago la mía.

   Por fin lo terminamos. La inauguración fue de noche y en verano. Yo le arrojé la primera bocha y aterrizó en su cabeza. Él me la devolvió y me rompió la nuca. Nos morimos desangrados.

   Me arrastré para salvarlo y él me escupió en la cara. Pensé que me quería, fue mentira que me había perdonado. Empezó a llover y poco a poco nos hundimos en el barro. Asomó su cabeza y mi nuca.  Cuando el odio comienza, crece como la muerte de dos campesinos solos.

jueves, 10 de noviembre de 2022

JUEVES

 

   Justo me falta hoy que es el día que más la necesito. Vienen Coli, Dolly y Pichi, para jugar a la canasta. Limpié mal y lo que pude. Las persianas a medias, para que parezca un buen trabajo de recepción. Desde el pasillo las escuché, hablaban como loros. No son amigas mías, eran las amigas de mi Madre. Para no extrañar al líder de su trilogía, venían a jugar a los naipes todos los jueves. Hablaban de Mamá, como si estuviera viva y trataron de convencerme que mi Madre me quería.

   —No me mientan, nunca me quiso, era mala como el demonio, a vos, Coli, te sacaba el cuero, decía que te vestías mal y tu ropa tenía olor a naftalina. A vos Dolly te tenía envidia por tener mucho dinero y le daba odio que fueras tan pijotera. Siempre recordaba el regalo que me hiciste a los quince, un collar de perlas que compraste en el kiosco de la esquina. De Pichi le repugnaba su mal aliento y sus pies con hongos.

   —Bueno, ya no importa, vení y prendete en la partida, jugás mejor que tu vieja.

   Mamá se acostó con los Maridos de las tres, ellas la querían tanto, que nunca se los dije. Era tan perversa que pretendió quitarme a mi Novio con ardides de puta.

   Coli, Dolly y Pichi, se peleaban por tenerme en sus casas, me llevaban al Cine y al Teatro. Me hacían sentir como una huérfana repartida entre tres Madres. Cuando por fin se murió, le quemé toda la ropa y el resto de sus pertenencias.

   No quise dejar nada afuera, les conté a sus amigas que Mamá le había sido infiel a mi Padre con los Maridos de ellas y con cualquier tipo que se le cruzara.

   Cuando me regalaron el auto, no quería que manejara. Me rebelé y le pasé por encima. Me parece que a Papá también lo alegró. Todos nos merecíamos este tiempo sin ella y fue lo mejor, porque descansamos con la conciencia en paz, para siempre. 

miércoles, 9 de noviembre de 2022

MEMORIA EMOTIVA

 

   Nos íbamos por unos días a una playa de pueblo chico y tranquilo. Mamá estaba enojada, nunca supe por qué, ni me preocupé, lo suyo era un estado permanente, la frente con gesto de disgusto. Le pedí que vinieran con nosotros, mi viejo hubiera aceptado. Ella no. Adujo que debía hacer muchas cosas. Muchas era tejer y limpiar, cambiar de lugar algún mueble. Encerar lo que a mí jamás se me hubiera ocurrido. Hacía de cuenta que era su casa, mientras papá pedía permiso para todo. Tenía cara de cansada y color pálido. Limpió su casa de Buenos Aires, luego vino al campo y limpió hasta la tranquera. Pasó por el pueblo y limpió el departamento de mi hermano y al fin mi casa. Un placer para ella. Mientras hacía criticaba mi no hacer, que era lo que más me gustaba hacer.

   El día antes de partir la invité a caminar la sierra y respirar árboles. Fue extraño ella nunca quiso ni quería salir conmigo, esta vez aceptó. Noté que se fatigaba muy rápido y decidí volver, no recuerdo mi excusa. Por la noche me dio un beso y puso su reloj en mi muñeca. Un regalo y un beso, dos acciones ajenas a nuestra no relación. Me gustó y no me gustó, como a toda histérica. Lo elaboré en análisis, mami no pudo o no supo aceptarme. Ese karma nunca se fue, lo sacaba en palabras pero las improntas de la infancia nos acompañan toda la vida. El día que partimos les hice jurar que esperarían nuestra vuelta para retornar a Buenos Aires, papá dijo que desde luego, mamá forzó una sonrisa.

   Un día de playa que el bebé disfrutó más que nosotros, rodamos por un médano hasta la casita. Había una camioneta de la policía, miraron raro, uno de ellos me apartó del resto y habló de algo que pareció ajeno, todo el aire se tiñó de negro.

   Mis padres, dos días antes de nuestro regreso, se fueron. La curva, alguien de contramano. Mamá te debo una charla, vos no podés. Yo te hablo mamá por todo lo que nunca. Discuto con vos aunque no estés. Fue idea tuya. Dos días antes. Por vos, por todo lo que nunca.

martes, 8 de noviembre de 2022

DOBLETE GENEROSO

 

   No sé si podré escribir con esta birome de mierda. Me olvidé de comprar y tengo una historia para escribir, cuando se termine la tinta voy a tener que abandonar.

   Era la madrugada y Gabriel no estaba, se fue en puntas de pie, para desayunar con Piera. La había conocido por la calle de su trabajo. Ella era pálida como la nieve, pero tenía una sonrisa que invitaba a la charla desprolija.

   —No podré desayunar con vos, se pasó la hora, tengo que ir si no pierdo mi turno.

   A Gabriel le disgustó, por excederse de tiempo, escuchando a Piera. A él lo contaban como ausente y entraba en la lista de los próximos diez echados. Su Mujer trabajaba todo el día y no le quedaba tiempo para preocuparse del despido de Gabriel.

   El tercer lugar fue para Piera, como no asistió sería atendida mañana. Se sentó en la puerta, esperando que la nieve calmara su oficio de nevar y pudiera caminar.

   Gabriel la encontró de nuevo:

   —Te veo mucho más pálida y la boca la tenés azul, sería un placebo invitarte a tomar un capuchino, un café o lo que quieras.

   Este tipo es comedido, merece mi respuesta:

   —Cualquier cosa que ingiera, la vomito a los tres minutos, mi única esperanza es llegar a tiempo para la quimio. Me alivia estos dolores, aunque sea hasta mañana.

   Salió corriendo una senda, con sus patines, él la vio entrar y esperó ver cómo desaparecía entre tantos pasillos cruzados. Fue hasta la Recepción.

   —Quisiera saber el lugar de una paciente llamada Piera. Sé que se hace quimio. ¿Tiene cáncer?

   La mujer lo miró como a un bicho raro:

   —Mire señor, aquí no brindamos ese tipo de información, guardamos la privacidad de todos los pacientes. Piera es una entre un montón, que lucha hace más de diez años y éste es su último recurso. No tiene dinero para que la puedan operar de un tumor, que no crece, pero está. Le alivia venir acá, escuchando otras historias. Gabriel quedó pegado con la noticia que Piera podía operarse. Corrió al Banco y sacó sus ahorros de veinte años de trabajo.

   El Médico que le asignaron a Piera apareció una mañana y le contó que alguien anónimo, había donado el dinero para la operación. Ella, refulgente preguntó quién había tenido ese gesto inesperado y generoso, se dirigió a la Recepción.

   —Lo único que puedo decirte, por haber recibido yo el cheque en mano, es que vestía una parca verde, era alto, con un sombrero que le cubría los ojos.

   Al ser primera en la lista, le fue otorgada la operación gratuita. Salvó su vida y la festejó por dentro. No quiso que otros enfermos cayeran en estados depresivos. Alguien le alcanzó la dirección de Gabriel. Pudo prescindir del cheque, lo puso dentro de un sobre que en su portada firmaba: Piera.

   Y al final me quedé sin tinta, si no llueve mañana voy al pueblo, compro una, podré seguir esta historia y lo que pasó entre…qué lo parió, no escribe más.   

lunes, 7 de noviembre de 2022

¡CUIDADO!

 

   —Me pusieron una pierna ortopédica, no había mi número, quedaba sólo talle S. Camino renga, ni uso bastón.

   Su amiga no dudó un segundo.

   —Yo por suerte conseguí talle L y me entró a la misma altura que la sana.

   —Tantos años que nos conocemos y nunca te pregunté cómo fue.

   La amiga acarició su pierna y le contó el episodio, una camioneta de la policía pasó por encima de su pierna y se dieron a la fuga no sin antes gritarle:

   —Te queda la otra, nosotros siempre dejamos propina.

   Ella se asombró, porque le sucedió igual, un patrullero le destrozó la pierna y se dio a la fuga.

   —A esta gente hay que matarla, subirlos a una máquina recolectora y que los compacten. Total no sirven para nada y encima te van quitando pedazos.

   La talle S pensaba que matar era feo, tal vez lo mejor sería darles el traslado a Medio Oriente, munidos de armas plásticas.

   —Sabés lo que hago cuando veo un cana? Le pregunto cualquier verdura, hago que me mareo y le vomito encima, cerca de la cara.

   La talle L, con la talle S, iban a pagar el plus que dispuso la Municipalidad para la policía local. Se brotaron las dos cuando vieron la cifra, la cuarta parte de sus jubilaciones. Fueron a ver al Intendente y el nabo les dijo que no estaba enterado. Tenía cicatrices en las muñecas de tanto meter la mano en la lata. Talle L y talle S quitaron sus piernas ortopédicas y le pegaron en todo el cuerpo, sobre todo en la cabeza. Siguieron, no  sin antes descansar los brazos, le pegaron, le pegaron, le pegaron, lo mataron.

domingo, 6 de noviembre de 2022

A NADIE LE GUSTA LA ESCUELA

 

   —Soy un chico feo y malo. Te pido respeto, el mismo respeto que tengo por vos. Basta de niño lindo y bueno.

   —Algunas escuelas ya están funcionando, elegí la que te guste.

   —No me gusta ninguna. El año pasado la chica más linda, me dijo que era feo y malo. Hizo hincapié en que era feo, feísimo. Me fui a sentar en otra mesa, le tiraba con piedras inofensivas y dijo: “Sos un chico malo, malísimo.” No entiendo cómo son las chicas. En el segundo recreo, ella se acercó y me dio un piquito. Dijo: “¿Sabés que los chicos feos me parecen atractivos?, los lindos son insulsos. También me gusta tu casa tudor y que te saques diez en todas las materias.”

   —Vos todavía sos chico, tenés que estudiar como hasta ahora, seguro que te eligen abanderado. Y a esa chica, no le des importancia.

   —Le dijo a todo el mundo que soy su novio, me espera a la salida y me acompaña hasta casa, me despide con un beso, que ya no es un piquito. En la escuela acerca la cabeza, se copia todo. Igual soy el primero en terminar. Voy a la Maestra para que me corrija, siempre pone ¡Diez! ¡Excelente! En el recreo no puedo jugar con nadie, ella siempre habla conmigo y dice estupideces.

   —Bueno, hijo, yo también hablo mucho y digo estupideces.

   —Así me contó Papá, no lo dejás hablar, ni siquiera le preguntás cómo está cuando vuelve de trabajar.

   —Ah, sí, cuando venga le voy a parar el carro.

   —Hacé lo que quieras. El otro día entré al salón y todos gritaron: “Tiene Novia, tiene Novia”. Fue un papelón. Ella me miraba arrobada. No le pienso dar más pelota. En los recreos voy a jugar a la pelota con los chicos, es muchísimo más divertido.

   —Muy bien niño, perdón, digo chico astuto.

   —Lo peor fue cuando me nombraron abanderado. Estaba la Directora, la Maestra y ella con un guardapolvo nuevo y almidonado. Un moño gigante en el trasero, con cientos de “te quiero, te quiero, te quiero.” La dejaron tomar la punta de la bandera, para ayudar a que no tocara el piso cuando la izaba.

   —Hijito, perdóname, no asistí a la ceremonia, porque la Abuela estaba enferma. Siento mucho orgullo…

   —Mamá, la indignación me superó, tuve náuseas, vomité sobre su cara y la bandera. Tenía muchas ganas de hacer pis, bajé el cierre de mi bragueta y meé los zapatos de todos lo que me rodeaban. Quedaron anudados, perdón, anonadados. Cuando salí yo solo por la puerta de la Escuela, me dio una diarrea, que tampoco pude contener. Me bajé el pantalón y les cagué toda la escalera.

   —¡¿Y después qué más te pasó?!

   —Por fin descubrí que la escuela es una mierda.

sábado, 5 de noviembre de 2022

DIABÉTICO

 

   El colectivo, lo tomo en la puerta de mi casa y me deja en el café. Siempre iba con chomba, pantalón y zapatos.

   Un día decidí ir en pantuflas, tenía los pies hinchados y era todo tan inmediato, que nadie diría nada. Otro día, quise ir con mi pantalón piyama y pantuflas, pero seguí conservando mi chomba.

   Finalmente, encontré el atuendo más cómodo, para mi café de la mañana, un buen piyama, una bata de pirineo, último regalo de mi abuela. Nadie dijo nada, luego recordé que nunca dicen nada.

   El café tiene doce cubitos de azúcar, que sumerjo de a uno, como un orfebre. Lo único desagradable, es que el café desborda la taza, el plato, la mesa y finalmente aterriza en mi bata de pirineo. No me importa, con la cucharita, tomo jugo de azúcar con café. Soy feliz. El Médico me dijo que me voy a morir, yo le dije que él también.

viernes, 4 de noviembre de 2022

LA INJUSTICIA DE UNA MADRE

 

   La familia, los amigos y yo, nos dimos cuenta que Nora tenía preferencia por uno y el otro no le importaba. A pesar de ser un Pintor pope, yo me encargaba de pagar los gastos de la casa, las vestimentas de todos y el Colegio pago de mi hermano.

   Me despreciaba con los gestos y al otro le hacían fiestitas y le traían regalos.

   —Qué suerte, Nora, que este te salió rubio y de ojos celestes, en cambio el otro, tan morochito, de párpados caídos.

   Las amigas se fueron dándole un beso a Nora y a su hijo predilecto. A mí me saltaron. Mi Madre déspota insistía que yo le hiciera los mandados. Mientras ella hamacaba al niño, blanco como la leche. Para mí, le faltaban glóbulos rojos.

   Les compré una Mansión rodeada de árboles piñoneros. Salimos los dos hermanos a recorrer la floresta, sin la anuencia de  Mamá. Nos esperaba con una fusta en la mano, a mí me daba fustigazos en la espalda y al blanco parecía hacerle caricias con la fusta.

   —Me parece que Mamá vive pegada a mí y con vos, es tan injusta que voy a defenderte.

   —No, dejá, sería peor.

   Por qué no me quería, si era un pancito. Comimos en el salón principal. La mesa era redonda, cubierta con un mantel bordado en Richelieu. Me obligó a tender la mesa.

   —Si acá sobra el servicio.

   Dijo Nora:

   —A vos te queda liso, en cambio las otras parecen haber salido del barro. Las tengo para que limpien los pisos y los vidrios. Lo demás lo hago yo, tengo terror que me rompan alguna pieza importante. Ocupe cada uno su lugar, ya está lista la cena.

   Era un pavo relleno, dorado y con guarniciones de papas fritas y zanahorias. El rubio estaba bien cerca de su Madre, yo me puse en el medio, como si comiera solo. De pronto sentimos unos ruidos. Podía ser una nota, una sola. Podían ser ratones o algún gato que se colgara de una teja. Me inclino por la primera.

   En la parte más aburrida de la conversación, no había ninguna parte que no fuera aburrida. Cuando mi hermano se puso a defenderme, Mamá dijo:

   —Quietito, ni se te ocurra levantarte de la silla.

   A los postres, se escuchaban cristales que se entrechocaban. Se desprendió la araña y cayó sobre nosotros tres. Quedamos aplastados. Murió la Mamá y el blanquito. Yo sobreviví ante una escena desagradable.

   Salí a juntar piñas y me olvidé de llamar una ambulancia.

jueves, 3 de noviembre de 2022

CONVERSACIÓN ANIMADA

 

   —Mientras estudian no me usan y eso que soy un cenicero importado. ¿Será que me desprecian?

   —A mí me pasa lo mismo, dejan el cigarrillo y me queman los bordes. A veces se olvidan. El otro día casi llegan a quemarme toda.

   —Se compenetran y nos olvidan.

   —Con el servicio que les prestamos, tenemos que vengarnos, seguro que dan mal todas las Materias. Recemos por eso. Ojalá pueda abrir mis patas y les incendio todo. Me va a doler, pero me pongo cicatul y listo.

   —No sé por qué te preocupa tanto, sos la preferida de tu Abuela, gubeada con dibujos originales del Marqués de dos puertas, bien barrocas.

   —Ellos también se van a incinerar y les harán trasplantes de piel que son dolorosos. Bien merecido lo tienen. A vos te hicieron trizas, a pesar de protegerte, no pude ayudarte y sin patas, menos.

   —Les podemos gritar.

   —¿Vieron lo que les pasó por hacernos esto? Los Padres se van a enojar, sobre todo cuando vean que se incendia la casa completa.

   —Además de descuidarse son burros y tontos.

   —Yo diría más tontos que burros.

   —Como epílogo podés rescatar un buen pedazo del vidrio del cenicero y les arrancamos los ojos.

miércoles, 2 de noviembre de 2022

LA ESPERA

 

    ─No sé si la noticia para vos será buena, para mí es el episodio más ansiado.

   ─¿Qué pasó?, contame.

   ─Estamos esperando un bebé, para que mi felicidad sea completa necesito tu opinión.

   ─Carla ubicate, tengo diez años menos que vos. Te atacaron los treinta, por eso tanto apuro.

   ─Ese argumento de la edad me parece idiota, el chico está dentro de mí. Siento que late, me hace cosquillas, es como un pececito que espera tranquilo. Si vos no querés que lo tenga, es tu elección. La mía es otra y la voy a defender.

   ─Carla, vos estás loca. Empezá una terapia, esta situación se resuelve entre dos. Si vos querés tenerlo sola, es cosa tuya, a mí no me involucres.

   Calixto me hablaba a mí, como me dejaba sola de lunes a sábado, su hermano venía a quedarse conmigo.

   ─Una mujer que espera un niño, debe ser muy bien cuidada.

   Cuando nació me llevó a Suiza, donde vivían sus padres.

   Él quería que conocieran a su nieto. El lugar tenía aire puro y una casita que mandaron a construir los abuelos. El olor del espliego despertaba las mañanas.

   ─Carla, quisiera que nos hiciéramos adn, sospecho la paternidad de mi hermano.

   Él mismo resultó ser el padre. Los días que la acompañaba curtían sexo desenfrenado, que luego viró en un amor para siempre.

   Calixto vivía y trabajaba en Japón. Un día los vio caminando, él portaba el bebé en la espalda, iban abrazados, pasaron a su lado, eran ellos sin duda.

   Pero Calixto no quiso darse vuelta.

martes, 1 de noviembre de 2022

GALLINERO

 

   Siempre fue grandota, tenía la misma edad que nosotros, pero nos llevaba dos cabezas. En el Aula se sentaba en la última fila, para no tapar el pizarrón. Begonia, tenía brazos gordos y manitos redondas. Los hombros eran anchos y parecían tener una pelota de football en cada uno. La panza le llegaba al cuello. La cintura no estaba en los planos de su cuerpo.

   Las piernas de Begonia no le permitían correr, caminar caminaba, pero su cara tenía dibujado el sufrimiento. Había dos cosas bellas, su pelo abundante y largo y los ojos de almendra, azul ecléctico. Respondía a la tradición: “Todas las gordas tienen cara linda”.

   La queríamos porque era un pan de Dios, dictaba en los exámenes, contaba cuentos verdes desopilantes, imitaba a cualquiera a la perfección y hasta les hacía la misma voz. Cuando advinieron las Fiestas, de 15, de 18, de 24, la gorda bailaba sola. Los chicos le huían porque era de charlar mucho y con cualquiera.

   Yo siempre le era sincera:

   —Begonia, si vos bajaras de peso, serías la Reina del Mambo. 

   Según la Madre, era glandular.

   —Vamos a trazar un plan y te aseguro que en diez meses, les pasás el trapo a todas.

   Salíamos todas las mañanas, al principio Begonia se arrastraba, después empezamos a caminar y luego aumentó velocidad. Nos pagamos entre las dos, un Personal Trainer, venía con su Novia que era Profesora de Yoga. No quería que hiciéramos pelotas, digo Pilates.

   —Hay que abrir el pecho, levantar el esternón.

   A veces nos deteníamos a mirar el paisaje, con diversas respiraciones. En un año, Begonia, llegó a tener un cuerpo armonioso, le adelgazaron hasta las manos. Cando íbamos a los Boliches, los tipos se intimidaban, mucha mina, asusta. Begonia se anamoró de un chico que le llegaba a las tetas, era negro y petiso.

   Las amigas envidiosas, como son casi todas las mujeres, le empezaron a prestar atención al Corto Villegas, tocaba el saxo con tanta polenta que hacía levitar.

   Fueron las que se decían Amigas y después trataban de avanzarlo, con un descaro perverso. Begonia me decía que lo que hacían las minas, era una putada.

   —Vas a ver mi venganza, para estas miserables.

   Estábamos en un rincón, chusmeando, se acercó la más arpía y le dijo a Begonia:

   —Cómo toca el saxo, el Corto Villegas.

   Puso tono desafiante y Begonia, con dignidad, como era ella, le contestó:

   —¿Viste que el saxo no tiene estuche? No lo necesita, duerme adentro de mi sexo.

lunes, 31 de octubre de 2022

LA MUDITA

 

   Le decían la Mudita y eso que ocupaba todo su tiempo hablando de los demás. Los vecinos eran su tema. Lo que escuchaba hablar entre ellos, cuando iba a pedir sal. Era la típica de al lado, que siempre necesitaba algo que le faltaba, un pedazo de manteca, la dirección del oculista que seguro no la perdió. Sus pretextos eran varios y en momentos inoportunos. Como cuando fue a lo de Inés, que después de cinco años la invitó su marido a un polvo rapidito. Tocó el timbre la Mudita, en mitad de la forreada. Se fue sin decir nada y de los nervios, al marido de Inés, el forro se le pegó en el techo.

   Jugaban a la canasta los jueves y mientras la Mudita barajaba, sacaba secretos de los demás, a veces se confundía, porque eran seis las familias y cada una tenía problemas, de infidelidad, exceso de odio, mentiras y las pavadas que contribuyen a hacer de la convivencia un infierno.

   La Mudita se apropiaba de los conflictos ajenos y los desparramaba sin piedad, siquiera con el paralítico que vivía solo y tenía un novio que lo visitaba con la asiduidad del enamorado. De ese se ponía Mudita, porque ella, alguna noche, se mandaba un touch y no go, “me quedo una semana”, decía el galancete y seguro que todas las noches le rompía el, el, el que todos sabemos y no entregamos con facilidad. Con ella era distinto, lo entregaba con felicidad.

   Un jueves, faltó la Mudita a la canasta, del árbol caído todos hacen leña, pero tuvieron miedo de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Esa tarde se aburrieron. El descaro de la Mudita para contar sus chismecitos, hicieron que taza taza, cada una a su casa.

   No eran diferentes a la Mudita. No hubo una sola que no la fuera a visitar. A todas les extrañó que la casa pareciera abandonada, con olor a mucho tiempo que allí, no vivía nadie. Tocaron el timbre, golpearon y sintiendo que los golpecitos podían llegar a hacer venir abajo todo. Fueron a la única Inmobiliaria del Pueblo. Les aseguraron que ese lugar, no se habitaba desde hacía ciento cincuenta años, tal vez más. Nunca vivió una mujer “La Mudita”, ni en esa casa del Pueblo, ni en otro lugar, debió ser una alucinación que se contagiaron las seis mujeres. Nadie se resignó a la ausencia inexplicable.

   Los jueves quedaron como recuerdo y algunas se lo borraron. Entre ellas, dejaron de ser amigas. No se saludaron más y si tropezaban en la calle, ni pedían perdón ni “no es nada”.

   Del Pueblo se fueron de a poco, todos. No había más trabajo, ni negocios, ni Escuela. El viento sí se quedó y los yuyos ocuparon el Pueblo vacío, las casas se derrumbaron todas, menos una, tenía un porchecito, donde se escuchaba una silla de mimbre, que se hamacaba sola, sin nadie sentado, la Mudita contaba la historia del pueblo, que alguna vez hubo allí, pero ella no estaba. Sólo su voz en el viento, que hacía doblar los yuyos y las flores, por miedo a ser criticados. Ni yo, que escribo esta historia, no sé qué es verdad o mentira, tal vez algún lector generoso me ubique en tiempo y espacio. Tengo ciento cincuenta años, después de todo, en realidad, ya no  importa.

domingo, 30 de octubre de 2022

¡QUÉ ME CONTÁS!

   La espiaba por la cerradura, y salía sin olvidarme las llaves, pero sí las carpetas. Mientras ella llamaba al ascensor, yo ya estaba a su lado, me intrigaba su vestimenta, toda gris y si hacía frío, agregaba un chaleco negro, llevaba una vincha oscura y una cola de pelo triste.

   —¿Usted trabaja en un Colegio religioso?

   Se quedó de perfil y con voz de aburrida y sola, contestó:

   —Mi nombre es Marina, vivo enfrente de Ud. Pertenezco a la Congregación de Monjas, con voto pero sin hábito. Entrego mi vida a Dios, que me salvó la vida, por eso mi pensamiento reza y reza sin cesar. Hay de mi congregación que se casan, pero no quieren tener hijos. Está vedado a nuestro Protocolo bíblico, por respeto a los niños que andan la vida sin padres, según dios y algunos hombres buenos, sin dios, eligen adoptar. Le llené la cabeza con mi vida y creencias. Le pido que me perdone, hablo sólo con dios, pero él tiene la costumbre de hablar con todo el mundo a la vez. Se desencuentran los pedidos con los agradecimientos. Hay una mezcla que hasta el propio Dios, tiene mareos y otitis o le sangra la garganta, de tanto hablar y hablar. Está grande y bastante cansado de repetir siempre lo mismo, que es racional, divino y las personas preguntan, piden, ruegan, exigen. Yo en su lugar los mandaría a la mierda, pero su paciencia es infinita.

   Me quedé pensando en cuánto hablaba, pero cuando le vi esa cara de armonía, de generosa y de loca, me dieron ganas de decirle:

   —¿Y si hoy faltás al Convento? Te invito a ver cuatro películas cortas de Charles Chaplin y dos de mi querido Buster Keaton.

   Se le puso el contorno de todo el cuerpo brillante. No me di cuenta que íbamos por la plaza, el sol del atardecer la iluminaba de atrás.

   —Podemos ir ahora y comprar pochoclos que son muy entretenidos para ver películas.

   Me encantó la monja, el hábito, el voto, todo eso no tenía importancia, su núcleo pasaba por una ruta distinta. En el Cine fui atrevido y le toqué una mano y le pasé la mano por el hombro. No dijo nada, sólo masticaba y se reía, como por primera vez una niña.

   Cuando salimos tenía una sonrisa con todos los dientes saludando.

   —No te creas que no me di cuenta, no me molestó, igual prefiero que me pidan permiso.Ahora te vas a sorprender, yo no soy una monja, soy atea convencida. Estoy ensayando una obra de Teatro, que se llama: “Golpes a mi puerta”. Hay dos personajes que son dos religiosas, o monjas, como más te guste. Hay una de ellas, la mía, que me cuesta incorporar y me comporto como mi personaje, hace un mes que decidí este método. Y vos me ayudás, ¿vos sabés lo que hago?, te espío por la cerradura y salgo cuando vos salís. Mi personaje tiene que simular, subyacente y callada, que está enamorada de un joven que ellas esconden en su casa, de una persecución.

   Allí Marina no dijo más nada.

   —No sabés cuánto te debo, mi monja se está enamorando de vos, pero no yo, la actriz. ¡Qué me contás!

   Flasheé unos segundos:

   —Marina, a mí me pasa lo mismo con vos, pero no como actor, como hombre. ¡Qué me contás!


sábado, 29 de octubre de 2022

RECUPERACIÓN SOÑADA

 

   El auto quedó sin combustible, la mujer quiso abrir la puerta, olvidó que se trababa dos por tres, el marido, un pterodáctilo como ella, abrió la suya.

   Una traffic, que venía a mil, rozó filoso al pequeño auto y le llevó la puerta.

   Yo estaba estacionado, leyendo mis resultados de sangre. Bajé del auto, el viejito se agarraba la cabeza, su mujer parecía embalsamada. Le pregunté si estaba lastimado, dijo que no, igual miré su cuerpo, toqué toda su cabeza, los brazos, las piernas. Le ofrecí acercarlo a una guardia, para estar más seguros.

   El de la traffic frenó cuadra y media después y corrió hasta el auto con la puerta en la mano.

   Parecía que yo sobraba y entré en mi vehículo. Él tendría unos veintiocho años, calculé. Le pidió disculpas, que no lo vio, que cómo se encontraba, mientras tocaba su cuerpo y decía “Bien, bien”, dijo ser médico. El viejito le explicó que estuvo algo confundido, pero ahora se había recuperado. La mujer agradeció la deferencia del chico, que sonreía con alivio, él les explicó que tenía seguro y agregaría un dinero para que el auto quedara como nuevo.

   Enganchó el auto en la traffic, para cargar nafta. Los invitó a subir y la viejita decía que la camioneta era viajar en un elefante.

   Aplaudía como una niña y su marido le besaba la frente. Es verdad, decía el viejito, como reza la propaganda, un “lugar soñado”.

   El chico advirtió que la pareja, no era de acá.

   Le inspiró ternura la conclusión del lugar soñado.

   No quiso desilusionarlos. Él sabía que era un pueblo de mierda.

viernes, 28 de octubre de 2022

BAJO LA CAMA

   Le empezó a crecer la barba, los bigotes y comenzó a trabajar en un cine como acomodador. A su amiga, la vecina, también le crecieron bigotes. Sentía orgullo por ese detalle, como admiradora de Frida Kahlo que usaba bigotes, igual a los de ella.

   Atendía un kiosco, quedaba justo en el frente del cine. Se hicieron inseparables. La madre del niño tan bueno y lindo, se fue convirtiendo de a poco en malo y feo.

   Un día entró a su casa y no los encontró en ninguna parte. Entró al dormitorio y tampoco los vio. Ellos se refugiaron debajo de la cama. Se daban piquitos y gemían como adultos.

   La madre no quiso seguir haciendo de voyer. Y llamó a su marido:

    ─Los chicos son grandes y están desarrollados. En cualquier momento ella podría quedar embarazada. ¿Y entonces qué hacemos?

   ─Pero querida, estamos cubiertos. Le regalé una caja china que trae dos mil quinientos profilácticos, garantizados. Se pueden pinchar o morder que resisten todo eso y más.

   ─Mami, papi, quería tranquilizarlos, todavía no llegamos a hacer la completa, pero en cualquier momento empezamos. Yo no doy más de tanta abstinencia y ella tampoco. ¿Nos prestan su cama de dos plazas? Estaríamos mucho más cómodos, para hacer nuestras cositas.

   ─¡Me quiero morir! ¿Vos escuchás lo que nos están pidiendo? Son dos mocosos de mierda.

   Dijo el padre enojado:

   ─Y bueno, que se arreglen, ya tenemos bastantes problemas. Dejémoslo así. ¿Vos no tenés memoria? Pero nosotros lo hacíamos en cualquier lado, en el zaguán, en la pileta y hasta en la Escuela. 

jueves, 27 de octubre de 2022

UN AMANTE CON PUNTILLAS

                       UN AMANTE CON PUNTILLAS

 

   Llamaron a la puerta y lo atendió Raquel.

   ─No te llevaste las llaves.

   ─Y vos no fuiste a trabajar.

   ─Necesitaba un día de descanso, la repetición cotidiana me quita las ganas de vivir.

   Justo cuando me encontré con Pipo, el amigo más buenmozo, inteligente y seductor.

   Vino a visitarnos sabiendo que lo más probable es que estuviera sola. ¿Cómo se enteró? Es un misterio. Empilchaba en inglés. Se arrodilló a mis pies, pidió que le extendiera la mano. Sacó de su bolsillo un anillo con una piedra de aguamarina, deleitó mis manos ver en el reverso del anillo un grabado que decía: Siempre tuyo…

   Las puntillas de su traje asomaban por las mangas. Raquel elogió las puntillas y él de inmediato las arrancó y se la regaló.

   A ella le pareció demasiado y lo invitó a caminar por la calle. Había un charco ancho para cruzar y él como caballero que era extendió su capa de terciopelo negro sobre el agua y Raquel pasó sin mojarse ni un callo.

   Llegó una carroza tirada por cuatro corceles. Él le extendió su mano y la ayudó a subir. El interior parecía un living antiguo. Raquel estaba tan cansada que durmió en un sillón largo y mullido.

   Mientras él le acariciaba la cabeza, ella ni se daba cuenta. Pero sonreía. Era hermética la carroza. Como nadie podía verlos ni escucharlos, tomaron champagne y encubicularon como Raquel y su marido, la noche de bodas.

   Pipo se aburrió de esta mujer necesitada y demandante. No le dijo nada y partió para Bruselas.

   Raquel le contó todo a su marido y él le respondió con indiferencia.

   ─Está bien lo que hiciste, yo parto con él mañana. ¿No te dijo nada? Hoy saqué los pasajes. En el aeropuerto parecíamos hermanos, yo llevaba volados en todo el traje, me regaló una capa igual a la suya. En Argentina resultábamos sospechosos, en Bruselas nos ignoraban.  

miércoles, 26 de octubre de 2022

SÍ, LO DEMÁS

 

Late fuerte el corazón, se hace cierto ¡Casi se me sale el corazón! Pasaba todos los días, pensé que iba a la Facu, después supe que era para verme de lejos. Gonnet es chico y soy casada, pero él me empezó a gustar, de a poco, la infidelidad estaba prohibida. “Prohibido prohibir”, decían en la Francia del 68 y ese gusto, me lo debía.

   En la Estación de trenes de Gonnet, nos encontrábamos, en una punta él miraba a la izquierda y en la otra yo miraba a la derecha, ninguno de los dos tomaba el tren. Mi casa quedaba frente a la placita de juegos y árboles, cubierta de gramilla blanca, por los chicos y el barro. La ventana de mi escritorio estaba casi al ras de la tierra, era el lugar excusa para no hacer nada. Sentada en el alféizar, el sol me adormecía. Mi mano recibió un papelito doblado en diez… “Quiero verte, si podés a las 15 horas, tengo ganas de abrazarte y después por tus miradas, o el cruce de los dos, no te niegues.” Y luego venían palabras de loco ansioso desprolijo, ni con lupa entendía sus últimas tres oraciones. Cursi, torpe, joven, hermoso.

   Me nació un amante que se vio que nunca, pero conmigo todo. Un día dijo:

   —No quiero verte más, sos más grande que yo, de chica seguro estabas buenísima, la gente no es tonta, se dan cuenta y no me gusta. No me late el corazón cuando te espero. Yo no te quise nunca, sí lo demás, lo demás sí. Vos decías “te amo” y me parecía superfluo y mentiroso.

   Tiré el celular al piso y lo deshice a taconazos. En nuestra cuarta mudanza, después de aquellos episodios prohibidos y olvidados, encontré un sweter azul, me dio impresión, no pertenecía a nadie, no sé por qué, a veces la memoria del cuerpo, trae sorpresas tristes. Doblé el sweter para regalarlo, rápido. En eso estaba y en el entretejido, como encarnado, encontré un pelo del mismo color, la misma textura, tiré de él, era largo y rubio. Abrí la salamandra, miré cómo las llamas lo desaparecieron.

   La tristeza entra en mi cabeza, con la facilidad de las puertas abiertas y por allí pasó, toda aquella historia, con su final patético y humillante.     

   Pasó el tiempo.

   —Rita, te prometo que es la última vez, perdóname, fui torpe.

   Rita preparaba un omelet.

   —Sí, perdono, pero ésta es la última vez.

   Al mes entró con cara de zorro:

   —Tengo que confesarte, Rita, soy infiel, pero te pido por los chicos, es mi última vez. ¿Me perdonás?

   Ella siguió con el alicate y sus uñas.

   —La última vez, prometiste tu última vez y sí, te perdoné. ¿Hasta cuando querés jugar a ser lo que no sos?, yo voy por el séptimo y jamás se me ocurrió romperte las bolas, con “Perdoname, es la última vez” y lo jurás. No seas pesado, pará.

martes, 25 de octubre de 2022

CALAMARES E SU TINTA

 

   Me anoté en la Marina Mercante, cuando por primera vez aceptaron a mujeres. Pensé que íbamos a ser muchas, pero en el barco había una sola, Verinia, que era yo con doscientos cincuenta marinos. Se reían de mí cuando pasaba por sus filas para saludar a la bandera, se tocaban los codos como diciendo: “Qué hambre de hombres tienen algunas minas” y no era como diciendo, lo decían bien cerca de mis oídos, también escuché “Qué bagayo de mujer, aquí está segura, nadie le va a proponer nada, ni bailar en esas fiestas ridículas haciendo subir minas pagas para nosotros”.

   Yo nunca asistí a esos eventos, prefería vomitar tranquila en mi camarote. Durante meses, antes de llegar a los lugares de destino, Prefecturas de distintos países, no permitían desembarcar a Puerto, Allí empecé a odiar a los hombres.

   —Verinia, te invitamos a jugar al billar con nosotros.

   Me gusta ese juego y acepté ir con ellos a una inocente partida. El Comandante de a bordo, miró con desconfianza y haciendo la venia de hablar con él:

   —Mire, Verinia, yo tuve el honor de ser compañero de su Padre. En nombre de aquella amistad, le pido me permita asistir a su camarote, para advertirla de las dificultades que podrían presentarse. Quiero ser la persona a la que pueda recurrir.

   Cuando entré en el salón, ya habían abierto el juego. Cuando tocó mi turno, mi concentración promovió pegarle a tres bolas de direcciones complejas, hasta que pude llegar y entrar al hoyo con firuletes pensados. Alguno aplaudió, otros me silbaron y un tercero dijo:

   —Con ese culo me puedo divertir tres Puertos sin bajar, aunque se pueda.

   Hice que no escuché nada, pero era el mismo que una vez entró a mi camarote sin llamar y dijo con mirada torva, dando tres pasos adentro.

   —Disculpe, me equivoqué, pensé que era el mío.

   Escuché risotadas que provenían de la borda. Otra noche para él inesperada, entré en su camarote sin llamar, pedí a sus tres compañeros que por favor tenía que hablar a solas, un tema de vital importancia.

   Trabé la puerta, el marinerito quedó asombrado cuando le arranqué los botones braguetiles y con mis propias manos, tomé su miembro respetable y bien dispuesto. Mi pantalón estaba rajado entre las piernas, hice una reforma de último momento. Lo guié hasta el lugar y él se metió tierra adentro, en este caso mar adentro. Era mi segundo día de menstruación abundante y entre una cosa y otra, quedó embadurnado con sangre desde su miembro hasta su boca.

   Antes que me vomitara en la cara, le meé y le cagué su litera. Salí con toda calma y me metí en mi camarote, con la satisfacción del deber cumplido. No habrá pasado una hora, cuando se hizo presente el Comandante de abordo. Tenía sus pretensiones y cumplí sus órdenes, como no, si era mi superior.

   Hizo todo con ojos cerrados y lo que pensó un exceso de flujo placentero, cuando terminó, tenía sangre en todo su uniforme. El viejo verde pidió detalles:

   —¿Entonces no era su culo?

   Lo miré con perversión de chica mala:

   —Eso le pertenece a mi novio y lo que usted pensó era mi propia boca.

   El viejo voló como una gaviota y se tiró al mar, las máquinas hicieron el resto, quedó hecho carne picada. Algunos dicen que fue un suicidio, yo declaré que dormía y no había escuchado nada. Pasé al lado de un marinerito sin estrenar, me miró como si fuera un hombre y no un pendejo de mierda.

   —Me dijeron que te llamás Verinia y sos una yegua pura sangre.

   Pedí la baja inmediata. Ahora vivo tranquila, esperando mi bebé, ignorando quién es el Padre. Nadie sabe dónde estoy y esta cabaña está oculta entre bosques y praderas.

lunes, 24 de octubre de 2022

MANDARINAS ESPACIALES

 

   El tipo venía en remera, vaqueros, pelo largo y con mirada entre tierna y perversa. Lo contrataron mis viejos, por una materia del Secundario, que me hizo perder un año de Facultad. Estudiaba Ingeniería y era muy ingenioso para explicar “Geometría del Espacio”. Tenía ángulos que existían, no necesitaban papel, él usaba las manos para señalar las cosas que se encontraban dentro de la construcción de mi casa, era alto y eso para mí significaba una virtud, lo que más me gustaba era el olor a mandarina que traía en sus dedos largo infinito y el aliento de ese fruto, mejor que el dentífrico o cualquier otro perfume.

   En mitad de la Materia, informó que no podía seguir, su vida se complicó y no brindó explicaciones. Les dijo a mis Padres que tenía un amigo de su confianza que continuaría su trabajo. El primer día, cuando lo vi aparecer con un traje prolijo pero deforme, zapatos recién lustrados, medio colorado y con los ojos uno muy cerca del otro, lo único común con el anterior era el olor a mandarina.

   No tenía nada que ver con un tipo de traje y corbata, desprestigiaba la mandarina. Un día le mentí, le dije que esa fruta y el olor que dejaba no me gustaba para nada, le pedí disculpas y a él se le juntaron los ojos, que casi se le atropellan.

    —Prefiero aroma a jabón, no el olor de las mandarinas.

   ¡Para qué me habré metido!, se compró un perfume berreta, que me daba asco, escuché sus clases y después estudiaba por mi cuenta. Quería cortarla y que se fuera.

   Dijo mi Padre:

   —Vos sabés, pobrecito, me preguntó si vos podías salir a tomar un café, en la última clase. Le dije que sí, no había problema.

   Mi Viejo no entendía nada, cuando le contesté con ira:

   —Ni dormida, ni muerta. No lo quiero ver más en mi vida, es feo, ordinario y medio bizco, además Papá, ¿cómo vas a contestar por mí?...

   Di bien la Materia, me saqué diez, después de tres veces, la tercera fue la vencida.

   Pasaron unos años y me crucé con el primer Maestro, ahora Ingeniero, el alto de manos largas, miraba mis tetas más que mis ojos. Me invitó a tomar un licuado y habló de su bulín de diseño propio. Después me dijo que fuera a ver su creación. Era un tipo tan seductor que acepté. Había fabricado unos arriates, en una terraza chica y sus únicas plantas eran arbolitos de  mandarina. Iba seguido en la estación de los frutos. Crecí tanto como él y un día de terraza y mandarinas, pasó algo, que no pienso contar a nadie.