miércoles, 10 de mayo de 2023

TREMENTINA

   Amo que esté nublado, que salga el sol de vez en cuando, son regalo para las plantas y para los chicos que tienen frío. Yo vivo encerrado en lo que se daba en llamar la pieza del opa. Les daba envidia que me divirtiera hasta con una uña de pie ajeno.

   La decisión fue de mis Padres. Lo mejor era el cuarto del opa, mis dibujos eran notables, la bruja de mi Madrastra los mandó a enmarcar.

   —En cuanto estén te los devuelvo.

   Pero no aparecieron más, ni mi Madrastra ni mis dibujos. Lo único que me daba alegría, era dibujar el mundo. Mi Padre, que era un pobre hombre, compró todo tipo de materiales para hacer lo que mi imaginación me dictara. Llegué a realizar pinturas al óleo, de considerables dimensiones, odiaba el acrílico, me sonaba a plástico.

   Me gustaba el olor a trementina, hacía ensoñar. El pobre hombre de mi Padre, hacía exposiciones donde se vendían todos mis cuadros. Un día se asustó mucho, porque la trementina y sus aromas no me dejaban despertar. Fui llevado a un Instituto especialista en vías respiratorias.

   El pobre hombre de mi Padre fue preso por ignorar mi derecho de Autor y quedarse con el dinero. Varias personas del Instituto habían adquirido mis cuadros. Recibí montones de pagos que me hicieron rico. Mi taller sigue siendo la pieza del opa. Pagué la fianza del pobre hombre de mi Padre. La plata nunca me interesó, pero le encargué a un mal hombre, que a todo se atrevía, que matara a la bruja de mi Madrastra. Así lo hizo, le regalé la mitad del dinero que tenía. Primero por su trabajo y segundo por mi conciencia. 

martes, 9 de mayo de 2023

SOCORRO

 

   Jugábamos al miedo, el mejor lugar era el último patio de la casa chorizo. Había una casita para la muchacha con cama, que fue reemplazada para muchachas por hora y más tarde por Mamá todo el día. La casita era el reservorio de la casa, había un maniquí sin brazos ni cabeza, tenía un solo apoyo que era una madera torzada. Una fragata de mi abuelo, gigante, tres catres de campaña, una familia de lauchitas que nunca denunciamos y cuatro roperos altos, con espejos, que multiplicaban el espacio, una ventana con postigones herméticos y la puerta que cantaba voces de fantasmas.

   Éramos tres, Pachi, Isa y yo. El juego consistía en meternos de a uno, cerrar con llave, de afuera y contar en un reloj viejo, cuántos minutos resistíamos. Ese lugar tenía un entramado de telas de araña, iban del maniquí a la fragata, a los cuadros de mar, con oleaje Titanic. Fotos antiguas, húmedas, que daban pánico. Encerramos a Pachi que se metía contento, tenía cinco años, no sabíamos qué hacía adentro, pero era el que más aguantaba, hasta que pisaba algún ratoncito o las telas de araña le envolvían el cuerpo. Según él, lo querían ahogar. Cuando escuchábamos que lloraba y gritaba:

   —Mamá!, Mamá!

   Le abríamos y salía, rebozado en telas de araña y negro de mugre:

   —Las dos son unas perras. ¡Las odio!

   El cobarde se refugió en el delantal de mi Abuela, que seguía mirando su teleteatro y ni lo escuchó. Volvió con nosotros:

   —¿Y ahora? ¿A quién le toca?

   —Vos, Isa, yo elijo porque duré siete minutos, a ver si me ganás.

   Isa se metió de una, pero tropezó con todo, rompió un espejo y se lastimó la frente. Pidió que le abramos. Pachi miró el minutero:

   —Ja!, valiente, tres minutos duró.

   Lo que menos le preocupó fue la frente con sangre. Le puse DG6, una curita y llegó mi turno. El corazón me latía, porque Isa dejó el maniquí en el piso y pensé que era un muerto, se me cayó el retrato de mi Tío Enrique en la cabeza, no me importaron los minutos, les pedí que abrieran. Se habían ido a la vereda, grité como loca y Mamá escuchó. Pachi perdió la llave, Papá abrió con una trincheta y me dejó una semana en penitencia. Isa y Pachi la sacaron gratis.

   Fue la fiesta de egresados de Pachi, nos invitó y como siguió siendo idiota, eran todos varones y nosotras dos las únicas mujeres. El que la iba de líder, propuso jugar al cuarto oscuro, en la pieza de Pachi. Manejaba la luz, previo poner música de Debussy y arrastrar tres cadenas de perro, sin perro, por el mosaico, apagó. Unos degenerados, nos tocaron el culo, las tetas, nos tiraron gaseosas en la espalda, algunos mordieron.

   Nosotras les arrancamos los zapatos y los metimos adentro de las camas, volcamos la mesa de luz en las putitas manos de Pachi, les tirábamos del pelo, hasta quedarnos con buenos pedazos en la mano. Aparecieron los viejos, a ellos les dieron un sermón y a nosotras la Madre nos peinó y emprolijó. Le contamos qué nos habían hecho y la vieja, con ojos de huevo duro, preguntó:

   —¿Y qué más?

   Contestamos que nada más, que no fuera a pensar que, bueno, esas cosas. La vieja respiró. A veces la oscuridad sirve. Yo, entre piñas y mojaduras, reconocí al que estaba más bueno, porque era el único con colita y pelo largo. Aproveché para un revolcón, con beso a boca cerrada. Cuando vino la luz, le escribí mi número de celular. Esperé que me llamara, pero no me llamó, el boludo. Encima se ponía colorado cada vez que nos cruzábamos.

lunes, 8 de mayo de 2023

LA CLASE VIVA

 

  El lenguaje se redujo hasta en las malas palabras, éstas últimas ahora son buenas, más aptas para el no consumo y liberan apetencias asesinas.  Un adolescente llama a su compañero: ¡Ché puto! Y el otro responde: ¿No ves, boludo?, la rueda se hizo concha.

   Los ejemplos serían infinitos. Está la sensación común de creer cada vez menos. Entonces, las malas palabras, dejan de serlo, como las palabras semáforo, helado, zapallo, cada una tiene un valor intrínseco, que no necesita nombre. Aparece la era de la seña, fuck you, los cuernitos, el dedito acusador. La función del dedo tiende a expandirse, tanto para un moco seco pendiente, como para digitar un celular.

   Prepárense, falta poco para las cuatro patas.

   —¿Qué piensan de mi desarrollo nueva era?

   Los alumnos le arrojaban tizas, chicles masticados, cantaban a coro:

   —¡Que se vaya! ¡Que se vaya!

   Dieron vuelta los bancos formaron barricadas y jugaban a la intifada.

   El profesor renunció y vive en Bolivia, tuvo un encuentro casual con cuatro de sus fucking alumnos, estaban haciendo dedo.

  Los reconoció,  su auto le patinó raro, encima de sus ex alumnos.

domingo, 7 de mayo de 2023

MAGO

 

   Facundo Culette se levantaba de mal humor, su vida se reducía a hacer cola para cobrar, para pagar. De Lunes a Viernes. Hasta el día que su nieta le regaló los nuevos chicles “Gigant” “Para transformar la furia en dulzura, el judío en católico, el portero en gerente, su mujer en linda, sus hijos en buenos.” El prospecto tenía letra de hormiga y cobertura de mutual.

   —Abu, —dijo Rosita— podés hacer globos y todas las figuras geométricas que se te ocurran.

  Bajando del micro Facundo Culette metió el chicle en la boca. Las colas daban vueltas de una manzana a otra, se encontraban las puntas y el último se creía el primero. A medida que caminaba al averno de las hormigas, miró el reloj y calculó seis horas de pie. Esa conclusión lo llevó a masticar el chicle con intensidad, hasta que salió de su boca e hizo un globo como Rosita, cuando explotó fue sobre cinco cabezas que trataban de quitarse ese pegote. Sólo lo lograron aquellos dispuestos a perder los cuatro pelos que les quedaban. El chicle seguía fluyendo y envolvía las personas encoladas, los transeúntes comunes, los Azulitos llamaban por sus celulares pero las señales se obturaron con el chicle. Como fue mago de circo, Facundo Culette aullaba con voz de vieja:

   —¡Es un atentado, es un atentado!

   El chicle seguía su curso enrollando esto y aquello, pelucas, anteojos, semáforos.

   Llegó a un cajero automático, hizo el último tramo de su vida obligada. Su primera jubilación. Olvidó que el chicle seguía invadiendo, se pegaban billetes que volaban solos de las cajas.

   Al día siguiente salió en todos los diarios, que en Tandil había nevado.

   Estela llamó al cuarto del Abuelo:

   —¿Viste que salimos en el diario?

   —Lo que veo es cómo les gusta mentir.

   —Alegrate Abuelo, la verdad ya la dijeron otros “…Y en el mismo chicle, todos manoseaos…” 

sábado, 6 de mayo de 2023

LENTEJA

 

   Eran tan acelerados y acompañaban su forma de vivir con el apellido: Flia Rapitón. Comían rápido, se duchaban rápido, limpiaban rápido y esa rapidez seguía en la calle con el auto, acelerador a fondo. A las películas les adelantaban secuencias, para que terminaran rápido. Con los libros procedían igual, leían tres páginas y se salteaban diez. Había un componente familiar, que lo llamaban Lenteja, un tipito tranqui, tal vez demasiado, llegaba tarde al Colegio. Caminaba como una hormiga, el regreso con hambre y todos habían almorzado. En la cocina sobraban miguitas y un coquito de bagette, que mientras él lo miraba, el perro ya lo había comido.

   Lenteja tenía en vista, la chica de enfrente. Ella lo miraba, primero con discreción y por último con desesperación. Lenteja se dio cuenta cuando la descubrió abrazando al grandote de la esquina. Se sintió muy mal, porque él pensó, durante tanto tiempo esa relación.

   Miraba a la chica, había un acuerdo tácito, salían en simultáneo y se miraban con interés desmedido y prudente. Lenteja siguió el juego durante seis meses. Ella terminó aceptando las caricias furtivas del grandote. Él no pudo soportar aquellas escenas, cruzó la calle, se trepó al grandote, le tomó la cabeza, le hizo piquete de ojos y el grandote tiraba piñas al aire, mientras Lenteja le pegaba con ambos brazos estilo bicicleta. Lo desmayó.

   Lenteja y la chica lo arrastraron a un baldío de árboles bajos y yuyos altos. Hicieron curetajes rápidos de las heridas y bifes congelados en las piñas hinchadas. Le llevaron una almohada y una colchoneta.

   Por la tarde, la chica y Lenteja, se tomaron las manos, sin querer, las espaldas sin querer. Lenteja le rodeó la cintura, sin querer y se besaron, sin querer. Ella abrió las piernas, sin querer. El grandote quiso abrir los ojos, por los ruiditos de pastos amasados, pero no pudo y durmió como un guerrero, posterior a la batalla. Lenteja y la chica quedaron sumidos y consumidos de amor…

   ¿Para qué queremos saber del grandote?

                                                             ¿No?   

viernes, 5 de mayo de 2023

SABER PARA DORMIR

 

   Las manos de Bruno temblaban y no las podía controlar. No dejaba de fumar, aunque el pucho le bailara entre el pulgar y el índice, se dio cuenta que “prometer” era una palabra utópica. “Te prometo que dejo el pucho.” Bruno dijo: “te prometo que te voy a querer siempre.”

   “Siempre” le pareció una palabra superflua y agobiante. Tiró el pucho al empedrado, recordó que a esa hora, en esa esquina, Raquel pronunció: “Yo también te voy a querer siempre.” Ella lo dijo con el casette puesto y el énfasis actoral dispuesto a lo peor.

   Cuando entraron a la pensión, parecía todo clausurado, menos una escalera, que daba a la pieza sin baño de Raquel. Había olor a extracto de cigarrillos rubios, mezclado con olor a plancha de cocina, sucia. El anafe, estaba conectado a una garrafa, tan triste como el resto.

   Bruno sintió que ese lugar le pertenecía, mientras el pucho le temblaba y Raquel preparaba té, en un jarrito cascado. Lo sirvió en dos vasos, como muchas familias judías. Raquel, era judía. Bruno no era xenófobo. Pero lo que menos le gustaba de Raquel, era que fuese judía y que tomara té, en vaso transparente.

   Quedó embarazada, los dos quisieron. Fue varón y se llamó León.

   La pensión terminó en hacinamiento y discusiones estériles, recurrentes, impotencia, odio. Raquel y Bruno, convivieron con León, tres años. Bruno se fue sin decir nada. Raquel lo supo antes que él y tampoco dijo nada.

   Cuando León tenía seis años, preguntó por su padre. Raquel sacó fotos, contó historias y ocultó rencores. León dormía tranquilo, mientras alguien fumaba, con el pucho entre el pulgar y el índice, temblaba y miraba la ventana de León, desde el banco de la plaza, lejos.

jueves, 4 de mayo de 2023

TIERRA PARALELA

 

   Había un papero al lado, pegado a nuestras parcelas. Venía todas las tardes, cuando Papi no estaba, tomaban mate en la galería.

   —Admiro su campo de girasoles, Doña Elvira. ¡Cómo me gustaría tener sus parcelas!, Me enteré en el Almacén de Ramos Generales, que van a vender y se van para Buenos Aires. Es una pena, dicen que las retenciones se prolongan cuatro años más y después quién sabe.

   Este tano ordinario, seguro que lo compra cuando estemos con la soga al cuello.

   Continuaron las visitas de Don Javier y yo las condimenté con algo que no pudieron ni imaginar. Me probé un vestido de Mami de cuando era joven, bastante ceñido. Encontré el rouge que nunca usaba y unos zapatos de taco alto, del mismo color que el rouge. Aparecí en la galería y me presenté Don Javier.

   —Mucho gusto, Señor Don Javier, mi nombre es Marilú, pero puede decirme Maru. Lo felicito por hacer a mi Madre, tan feliz con sus visitas, ahora me agrego yo, para que la gente no piense mal. Mi Padre hace un largo trecho de noche y el viaje lo deja exhausto.

   Mamá tenía ganas de matarme, la hice quedar como una Señora buscona. Según sus propias palabras.

   Don Javier parecía más viejo que los años que tenía. Apenas diez más que yo. Me miraba subyugado y yo un poco también. Mamá no fue más a la galería.

   —Si me permitís tutearte y llamarte Javier, te invito a tirarnos en los rollos de alfalfa. Me quiero quemar la espalda hasta arder, este vestido tiene el mismo escote que una malla, veo que vos ya estás quemado, te presto este sombrero, de alas bien anchas, como una sombrilla.

   Don Javier hizo un respingo, no estaba acostumbrado a las mujeres independientes.

   —Maru, ¿le pediste permiso a tu Madre?

   Tenía todo planificado, seguro que ella pensaba que por suerte, yo era la última de sus hijas.

   —Javier, ¿me pasás esta crema por la espalda? De verdad estoy por arder.

   Tenía una suavidad este hombre, bien curtido. Me encantó su sufrimiento por mi espalda.

   —Te propongo un pacto, Maru, ¿y si nos casamos? No es por interés agrícola, es porque pienso que en breve, tu Padre no podrá con los impuestos. Y yo a la larga tampoco. ¿Y si unimos los dos campos? A mí me abruma un poco hacerle esta proposición, más pedirle tu mano y el resto del cuerpo también.

   El 16 de Septiembre nos casamos, mi Padre me dijo adiós, esperó menos que yo para decir “sí”. El vestido que usé lo llevaron tres generaciones. El arreglo del pelo fue diferente, apliqué en toda mi cabeza, microgotas de miel. Caminé un rato por los alrededores del monte y las mariposas amarillas venían a mi cabeza como si fuera un banquete. Fue mi tocado.

   Ahora mis Padres, Javier y yo, tomamos mate todas las tardes, hablamos de nuestras vidas pasadas y las presentes, dejamos espacios de silencio para escuchar el concierto de las hojas y los pájaros y las ranas.

   Ahora vivo en la casa de Javier, es más grande que la de mis Padres, muy suntuosa y de mal gusto, los paperos son así.

   En casa de mis Padres, las risas con mis hermanas se quedaron a vivir allí. Las voces de mis Abuelas y todos los que vivieron en la “Estancia Los Girasoles”.

   Con Javier se nota que él no tuvo familia, pero ahora me tiene a mí. Cuando sugerí cambiar el nombre de su estancia, me dijo un “no” contundente y me lo tuve que bancar. Se llama: “Estancia El Puré”.

miércoles, 3 de mayo de 2023

HAY QUE APROVECHAR

   No lograba pasar el Secundario, por una materia que di en Diciembre, mal. La di en Marzo, mal. La di en Julio, excelente.

   Me pagaron un Profesor especialista en geometría del espacio. Venía a casa todas las tardes, ponía empeño en que aprendiera. Me cansó su cara, su traje feo pero nuevo y de vez en cuando se ruborizaba. Eso me mataba, nunca conocí a alguien tan pero tan estúpido. No se daba cuenta que como hombre no le iba a dar bola. Cuando logré dar bien la maligna geometría, le agradecí con un abrazo.

   El Profesor preguntó a mis Padres si podía festejar conmigo en un boliche, hasta la madrugada.

   ─Pero vos estás loco! Ella no sale de esta casa, si no regresa a las doce de la noche.

   La hija escuchó los murmullos de esta conversación. Ella era sincera y correcta. Preparó su mochila con un camisón seductor y un calzón “hilo dental”. Ni bien entró a la casa del Profesor, él estaba desnudo y ella lo imitó. Mirándolo de la cintura para abajo, su miembro tenía unas dimensiones de privilegio. No pasó nada, pero pasó de todo.

   ─¿Se puede saber a dónde fueron?

   ─A tomar una coca cola.

   ─¿Y qué estuvieron haciendo?

   ─Estudiando, el Profesor me está preparando para entrar en la Universidad, sabe de todo y tiene una paciencia justo conmigo que soy un animal, pero si vieras qué bien que enseña. Me parece que todas las noches las vamos a ocupar estudiando para poder entrar en la Universidad.

   ─¿Y después?

   ─Y después, qué sé yo…    

martes, 2 de mayo de 2023

JUAN LUZ

 

   Éramos un grupo pedagógico, adolescente, haciendo una experiencia con alumnos de último grado. Viajar a San Salvador de Jujuy, recorrer la Quebrada y retornar al límite con Bolivia. Tuvimos reuniones de intercambio, los adultos encargados de las actividades a realizar con los chicos.

   Conocía a algunos de la misma escuela. Teníamos calificaciones altas de orden práctico. A mí me gustaba que los chicos se divirtieran, la escuela pertenecía a una zona donde las carencias eran implotantes.

   En las reuniones me atrajo uno, con voz de mando, pelilargo inquieto, ojos cargados de celeste y párpados semientornados. Lo reconocía cuando venía en su bici, porque tenía un sólo equipo de jogging y zapatillas: “qué me importa”. Yo sin darme cuenta lo miraba con insistencia y me sentaba a su lado, trabajaba a su lado, planificaba a su lado y cuando me advertía, le asaltaba una alegría, que mostraba deshaciendo mi rodete que imitaba al de Evita.  

   —Suelto me gusta más.

   Él también era Evitista y con timidez decía que había que imitarle otras cosas, no el rodete. Acampábamos en lugares protegidos. Las carpas eran un préstamo del Ejército. Hubo un día que llovió y otro y otro. Juan se había llevado su propia carpa, decía que las de milico, tenían olor a mierda y sangre. Salí de la mía a fumar un pucho, él me vio y me invitó a su casa, así la llamaba, era una carpa inteligente, con un tatame alto, que no pesaba nada, mantas de pluma de ganso, una mesa enana para tomar mate y jugar al ajedrez.

   Me ganó siempre, después empecé yo, me di cuenta que Juan me dejaba ganar al notar mi cansancio y esfuerzo sin resultados.

   Yo estaba medio dormida cuando me quitó las zapatillas y desprendió mi cinturón, que no me dejaba respirar, lo hacía para que Juan viera que tenía una muy buena cintura. Cuando empezó con el cinto me desperté. Habló en secreto, porque los sonidos de carpa a carpa, se escuchan:

   —¿Hoy dormís conmigo?

   Me dio una remera larga y nos metimos entre mantas. Juan apagó el farolito. Yo tuve insomnio. Cuando se pone todo negro, no concilio el sueño.

   —Acá se acerca tu ángel guardián, te hace masajes en la espalda y con las mismas manos, llega a tus piernas.

   Yo escuchaba su voz ronca y sus caricias terapéuticas, aún con la atmósfera negra. Era mi primera vez y la primera vez de Juan. Disfrutamos juntos, tanto que produjimos luz en plena oscuridad. Las noches restantes escapaba de mi carpa y Juan me esperaba, para conocer los milagros que se suman, cuando la luz no existe.

   A Juan lo mataron años después, en una redada de milicos de mierda, tiempos oscuros donde la memoria recuerda hasta siempre.

lunes, 1 de mayo de 2023

RELACIONES PÚBLICAS

 

   Detesto las mujeres, no sé si porque somos tantas hermanas, más mamá y mis tías y las hermanas de mi padre y los colegios de hermanas, con compañeras mujeres y profesoras mujeres. Tengo un primo varón, pero es afeminado. No le quedó otra.

   Estudio para premios de tiempo libre. No cuesta nada, escucho las zarandajas de las profesoras y me quedan registradas. Con leer dos horas por día me recibí con el mejor promedio, casi once, como  dice la ambiciosa de mamá. Empecé Ingeniería en Sistemas, tengo el mejor promedio de la carrera. Los tipos me detestan, con la misma intensidad que a mí me encantan. El más perverso compite en todas las materias y le gano. Sin querer, sucede. El perverso me quita el hambre, he llegado a sentarme pegada a él. No me da bola, hasta parece tener asco de mi cercanía. Es el único tipo en la vida que no me puso diez en nada.

   Vinieron a comer amigos de mi viejo. Uno le va a otorgar un cargo alto en el Ministerio de Economía. Me invitaron a compartir la velada con ellos, sin mis hermanas. Saben que puedo monopolizar cualquier tema y dejarles sueltas las mandíbulas. Para eso quieren mis viejos que esté, para hacerlos quedar bien con la hija genia. La única que sabe cómo y cuándo hacer y decir lo que corresponde. Lo que los otros quieren escuchar de una joven. El valor agregado de ser alta, rubia, de ojos celestes, indumentaria elegida por mami, que hace de mí una persona distinguida y todas esas boludeces que me joden la vida mientras ellos se enorgullecen.

   Hoy el perverso preguntó delante de todos mis compañeros si yo les parecía frígida. Un bochorno, fue un “Sí” unánime.

   Durante la comida pensaba en él, mientras me hacían preguntas, una tras otra. Encima, era el bufón que debía entretener los vejestorios. Hice hasta dónde pude. Una señora muy académica, la mujer del tipo que conseguiría el curro a mi viejo, preguntó qué es lo que más me gustaría hacer en esta vida. Se hizo un silencio de ángeles, donde todos giraron sus cabezas esperando una respuesta que no llegaba.

   Pensaba en él, su sonrisa. Mi madre, con cierta premura, insistió para que responda. Miré a la señora y me pareció la cara de él, contesté con seguridad universal:

   —Cojer, es lo que más quisiera en esta vida y estoy convencida que es lo que más me gustaría hacer.

domingo, 30 de abril de 2023

PERMISOS

   Me amenaza con una escopeta, yo me escondo entre los ligustros.

   —¡Esperá! ¡Esperá! Que soy Lili.

   —No te asustes, igual no está cargada.

   Me hizo pasar a su nueva quinta, no lo reconocí, cambió su cara por otra nueva. Tenía implantes de pelo en la cabeza y ninguna cana.

   —¡Qué joven que estás, Bicho! Cambió tu fisonomía.

   Él me dijo sin piedad:

   —Qué cruel es el tiempo, parecés más grande que yo.

   Y sí, tenía razón. Dejé que el tiempo se depositara en mí como quisiera, nunca me teñí el pelo.

   —Me casé con una chica, si no me hacía todo esto, parecería su Padre.

   —Ni bien nos separamos ya vivías con otra. Pasé por tu quinta para arreglar algunas cosas que quedaron pendientes. No me gusta compartir la tenencia de los chicos. Esta situación los confunde, le dicen Mamá a tu Mujer, cuando están en tu casa. Tomé la decisión de tenerlos siempre conmigo. Tienen una Niñera que se ocupa de ellos cuando tengo que ir a trabajar. Se sienten divididos y se ponen muy tristes. La Psicóloga me dio la razón.

   —Lili, no me podés decir eso, tené en cuenta que les paso una pensión alimenticia mucho más alta que la que asignaron los abogados. Quiero que concurran a una Escuela Privada y bilingüe. Yo la pago, no te preocupes.

   —No quiero que medien abogados, arreglemos entre nosotros. Si tu Mujer no puede tener hijos, no quiero que se apropie de los nuestros. Te hago una propuesta, vení a visitarlos cuando quieras. Serás bienvenido, incluso si un día te quedás a dormir, no me molesta. ¿Entendés lo que te digo, Bicho?

   —Mirá, a esta altura de mi vida, no quiero complicaciones. Hagamos lo que a vos más te convenga. Como siempre. Te advierto que te tomo la palabra, iré cuando se me antoje.

   Me tranquilizó su aceptación y hasta renuncié a mi trabajo, para pasar más tiempo con ellos.  Se quedaba a dormir con cierta frecuencia.

    Los chicos fueron a pasar dos días con sus Abuelos. Cuando llegó le avisé que ellos no estaban. Trajo una botella de champagne. La tomamos sin comer nada. Él se puso cachondo y nos revolcamos con el entusiasmo del primer tiempo de nuestro matrimonio. Volvió a suceder con cierta frecuencia. Sabía que eso estaba mal, pero una no es de hierro.

   Quedé embarazada, no lo pude creer. Él tampoco.

   Y la Mujer, menos.


sábado, 29 de abril de 2023

ARCHI

 

   Todos los domingos iba a misa. Cuando llegaba el sermón se retiraba. Frente a un cafecito pedía perdón por sus pecados. Los acólitos lo miraban sentado en el bar y le daban vuelta la cara. El rostro de Archi parecía hecho de frutas y verduras. Una paradoja de Archimboldo, tenía dos bananas que definían la boca, dos enormes manzanas eran los pómulos, una sandía por cabeza, los dientes ajos pelados y las orejas compuestas por racimos de uvas.

   Puso una verdulería para vender su rostro. La primera clienta que entró se llevó toda su cara, hasta las papas que formaban su cuerpo. Archi no tuvo más remedio que cerrar.

   Seguía asistiendo a misa los domingos. Ahora nadie lo veía. Una anciana con monóculos le preguntó:

   —¿Las campanas doblan?

   Archi le explicó:

   —Tiene que mirar el semáforo para ver cuándo dobla hacia la derecha o hacia la izquierda. Acá en la esquina puede doblar a la derecha.

—Disculpe, joven, con esta neblina parece invisible.

Archi replicó:

   —Yo hice el protagónico del hombre invisible, decidí pintarme de blanco, porque la gente me empujaban, me escupían, me pisaban siempre. Mi querida Señora, es poco conveniente que la escuchen hablar sola, lo digo por su seguridad.

   La anciana escuchó aquellas palabras.

   —Usted no se preocupe, me cuido sola. ¿Desea usted acompañarme a la Iglesia?

   Archi, muy seguro de sí mismo:

   —Yo quisiera, pero no, están doblando las campanas, a las 20 horas voy a la Sinagoga, soy judío y Rabino.

   La anciana con asombro:

    —Es judío, no me diga que no, tiene cara de judío, lo que no entiendo es lo de la misa.

   —Archi sonrió, soy judeocristiano de pensamiento dividido. Los cristianos tenemos a dios entre nosotros. Los judíos todavía lo estamos esperando. Como me gusta ampliar mis horizontes, también soy taoísta, budista, evangelista y por las dudas fundamentalmente ateo. Lo de agnóstico me parece una cobardía.

viernes, 28 de abril de 2023

¿Y LOS CHICOS?

 

   Era el último día que si llegaba tarde lo echaban. Palabra de Jefe, viejo choto, que tenía su retrato entre ceja y ceja, desde que empezó.

   —Paula ¡Despertate! No voy a trabajar, no quieren que vaya nunca más.

   La mujer bostezó, seguía soñando con el hombre de su vida. Sintió la sacudida y era el marido de su no vida.

   —¿Y qué hacemos? Yo a mi viejo no le pido un mango. ¿Te indemnizan?

   Se olvidó de avisarle a Paula del colchoncito de plata, que guardaba en una media pinchuda. Buscó en los lugares posibles y no encontró nada, debía reconocerlo, se olvidó igual que cuando no puso el despertador.

   —Paulita, vos que sos tan memoriosa, ¿no podemos sacar de tu cuenta en el Banco?

   Ella hacía yoga para no matarlo.

   —Vengo ahorrando desde antes de casarme. ¿Debés mucho?

   Él pensó que debía tanto, que olvidó cuánto:

   —Yo no le debo nada a nadie, me conocés. Saquemos pasajes y cruzamos el charco, tengo dos tíos en España, primos en Italia y con tus hermanas, en Inglaterra, llenas de dinero. Se me ocurrió que podemos inventarles una situación dramática, cuya única solución es quedarnos en alguno de sus petits hotels.

   Paula se reía con histeria:

   —Vos no tenés límites, mis hermanas te odian, te olvidás de sus cumpleaños, te negaste a asistir a sus bodas por miedo al avión y te inventaste un cáncer.

   Uy se puso re-triste el patético, lo voy a abrazar y besar, preparo un desayuno americano. Me visto sensual, putesca. Apoyo el culo en la mesa igual que en las películas, lo acerco con prepotencia y arranco el pijama, le indico. Él, sin GPS, que vengo a ser yo, se paraliza blandengue. ¡Esta vez no! Se acordó cómo se hacía, fue mejor que la primera vez. Tomamos un baño juntos, rodeados de velitas y velones. Permanecíamos en el agua con ojos cerrados.

   —Decime Paula, ¿qué festejamos? Tanta vela me está dejando sin oxígeno.

   Esta vez, fue Paula que olvidó de traer los chicos del Colegio:

   —Salí ya del agua y traé tus hijos del Colegio, es re-tarde!

   Él salió con su bata de toalla, prendió el auto y no andaba. Abrió la puerta del baño: ¿Sabés, Paula? Me olvidé de ponerle nafta al auto. No te preocupes, los chicos esperan y mientras tanto, hacemos la segunda versión de la mesa, que es con vos al revés.

jueves, 27 de abril de 2023

ACRÓSTICO

 

   Recorría la calle ocho y siempre estaba él escribiendo poesías, a cada mujer que encontraba le pedía su nombre y poniendo las letras en columna regalaba palabras de elogio, admiración o esperanza. Lleva un nombre ese formato, me olvidé y ni pienso buscar en internet. Lo indiscutible era el hombre que a veces se sentaba en el cordón de la vereda, entre tacones y bocinas en procesión, escribía y el entorno se ausentaba de sus oídos.

   Una señora admiradora le regaló dos biromes y un cuaderno azul. Se levantó con dificultad:

   —¿Me puede dar su nombre y le escribo un poema?

   La señora le dijo:

   —Lola, mucho gusto ¿Puedo sentarme a su lado y usted me enseña cómo se hace?

   El poeta se sacó el sombrero, se rascó la frente:

   —No hay recetas, todo ocurre en el pensamiento, sentado en una nube de reflexión.

   La mujer tenía cara triste, sacó dinero de la cartera y lo ofreció a cambio de recibir clases.

   —No! No es por ahí, no quiero pecar de soberbio, pero esto lo debe hacer con el corazón y lo que uno escribe, no se vende.

   El poeta murió de frío una noche de invierno despótico.

   La persona que lo encontró se encargó de su sepultura y los cuadernos fueron publicados.  Esta persona agotó tres ediciones, ganó cifras interesantes.

   Lola tuvo conocimiento de su muerte y buscó como saeta al que editó aquellos cuadernos.

   Cuando logró encontrarlo le contó que ese poeta era su padre, los ADN no mentían.

   Lola obtuvo los derechos de autor, herencia de su padre. Ella no permitió más ediciones de la obra. Tiene los cuadernos en su casa. Lee todos los días y va descubriendo los cómo, los porqué, está armando el rompecabezas de su padre.

miércoles, 26 de abril de 2023

UNA GRANDE QUE NO LE IMPORTA

   Quintina siempre fue vanguardia. Fueron malas las críticas de su primer concierto, la abucharon, le tiraron tomates, huevos y cualquier verdura. Se presentó a un segundo concierto. Ejecutó música de Chopin, Beethoven, Mozart y fue aplaudida de pie, saludó cinco veces.

   —¿Viste cómo les gusta la música clásica a estos burgueses de mierda?

   —El público es como vos decís, pero la música clásica agoniza, estos conciertos son escuchados por grupos reducidos, sólo en espacios enormes como el Colón. Y después venís vos, con tu música nueva que te abre la cabeza, mucha mérde, yo te miro entre bastidores.

   Se acercaba al piano como a un desconocido. Abría con música clásica, parecía colgar de una tecla para cederle el espacio a una sola.  Extendía sus brazos a las cuerdas interiores, parecía querer cortar todas y mientras dejaba que corrieran, golpeaba la tapa del piano creando sonidos que inquietaban. Solía tocar de espaldas al teclado. Los acordes más difíciles de los clásicos, de pie. Se desmayaba sobre las teclas con el cuerpo tocando negras y blancas. Lograba tonos medievales y terminales rockeras.

   Dio uso a todo lo que implicaba un piano. Abandonaba y hacía un saludo principesco. El público esperaba en un silencio asombrado. Rompieron con un aplauso cerrado, que pareció eterno. Le arrojaban rosas, claveles y ramos. Justo los que le daban alergia. No se quedaba a escuchar elogios individuales. Yo la esperaba con la puerta abierta del auto.   

   —¿Quedaste contenta con este triunfo?

   Quintina seguía tocando el piano sin piano, en el tablero del auto.

   —No. Quiero más, necesito crecer para domar mi instrumento y tirárselo a la gente como ellos me tiran flores, que sé que no merezco todavía. Vayamos a un tugurio de amigos, tomamos unas copas y ellos tienen el piano libre, porque voy todas las noches y toco lo que me pidan. Cuando se llena me premian con dinero.

   —¿Y eso no te complace?

   —El dinero no me interesa, yo no toco por dinero, toco porque amo la música. Cuando llega y cuando se va. Siempre vuelve, sabe que la espero. 

martes, 25 de abril de 2023

UÑAS POSTIZAS

 

   —Hoy comí, Tatita y muy bien, no gasté nada.

   Me va a preguntar el método, lo va a copiar y con cinco desmayos con Ambulancia, en el Supermercado, perdemos todas. Ana es chusma, dirá la autoría del método. El Super tendrá en cuenta nuestros apellidos y nos negarán la entrada.

   Estaba en la góndola de vegetarianos y carnívoros, cuando vi los precios me quise morir, metí cuatro bandejas en un bolso. Lo llevo cosido a la ropa, por si a algún chorro le despierta interés el contenido.

   Me bajó la presión y caí al piso. Llamaron a la Ambulancia, que ya pertenece al Super, por la cantidad de desmayos verdaderos, producidos por precios alzados, como los perros, buscando una víctima compradora. Al llegar al Hospital, justo frente a casa, les dije que me sentía como nueva, un estúpido comedido preguntó:

   —¿No quiere darme el bolso y la ayudo?

   Lo miré con expresión de anciana:

   —No, Pichón, todavía me arreglo sola.

   Ana puso ojos de huevo duro, comestibles:

   —A vos te fue bien porque sos actriz. Yo no sé.

   Y pone cara de nena, la vieja chota. Cuando le dije a Tatita que me casaba con Carlos, supo hacer todos los personajes.

   —Yo soy la Madrina, Ana, por favor dejame, ya tengo el vestido.

   No tenía el vestido, tenía camisón y se acostó con él, la muy perra.

   Cuando se casaron yo fui la Madrina. Los microgases lacrimógenos, acertaron en sus ojos, confundidos con el arroz, le sostuve la cara emocionada.

   —Pobrecita, Ana —y le dije en el oído— con estas uñas postizas, te pincho los dos ojitos y vas a sufrir menos, de lo que me hiciste sufrir vos a mí. 

lunes, 24 de abril de 2023

AMIGAS

 

  —La entrevista te la conseguí yo. Te dije la fecha para que te prepararas como una lady, no con ropa comprada a los coreanos. Además mirate la cara, el pelo, los kilos que engordaste por mirar películas pochocleras, dejame de joder.

   —Eh, che, pará un poco, si vos misma me dijiste que el tipo era un negro de mierda ¿Para qué carajo tantas exigencias? Además no tengo un mango…

   —Ah ¿Y vos creés que yo tengo guita? Sin embargo me arreglo perfecto. Un taier con un buen corte y una camisa blanca con algún detalle no abusivo, austera ¿entendés?

   —Sí, ya sé que sos una pelagatos igual que yo, pero astuta. Yo no soy así, no se me ocurre, podrías ayudarme. Puff, tengo olor a chivo, me pego una ducha y vos contame qué puedo hacer, mientras...

   Escucho la ducha, le hablo sentada en la tapa del inodoro entre nubes de vapor, con olor a pedo y jabón.

   —Te pedí un turno en la peluquería, allí depilan, de paso sacate los bigotes. A la dermatóloga andá sin turno, que te borre las tablitas de la frente y el ceño de estreñida que tenés. Ah y la boca, que te ponga algo de botox para inflarte ese tajo triste que tenés por boca. Que sea poco, please.

   —Bueno, ta bien, pero vos acompañame. Si es más importante mi aspecto que traducir en cinco idiomas, el que me dará el trabajo debe ser un analfa-funcional.

   Me levanto del inodoro y le corro la cortina.

   —Decime, boluda ¿querés el laburo o no?

   —Sí, claro, ya no tengo ni para los pochoclos, mirá cómo será. Además no me digas boluda. Boluda.

   —Bueno Pau, no quiero joderte, quiero ayudarte. No discutamos.

   —Es que no discutir con vos es imposible, sos igual a como era mi vieja, me hacés mierda la autoestima.

   —Mirá bo...quiero decir Pau, andá a un buen sicoanalista, de paso dejas de echarle la culpa a tu vieja por todo. Somos grandes. A esta altura uno es lo que es y punto.

   —Sí, lo decís vos, que hace veinte años que te tratás y seguís igual. ¿No te parece un poco cínico de tu parte, ese consejo?

   —Voy a hacer de cuenta que no escuché nada. Traje unos zapatos que te van perfectos seguro. Tienen taco, vas a tener que ensayar. Sería patético caerte delante del tipo. Tenés quince días para ir a un buen masajista que te dé un poco de firmeza a todo lo que se te mueve. De las tetas olvidate, son de mal gusto tan grandes, te presto mi corpiño reductor.

   —Bueno, te voy a dar bola, sos como mi hermana o mejor, sin entrar en detalles. Hablando de detalles,¿quién pagará todas esas porquerías?

   —Pau, querida, ¿Para qué está mi marido? Jamás le pedí un mango. Me llenó de hijos, no pude estudiar más. Vos sabés bien que es un bastardo egoísta. Ahora es mi turno. Saqué del cajero todo lo que pude y voy a seguir. Ojalá pida el divorcio después de esto. ¿Te dije que me voy a operar el culo?

   —¿No me digas que tenés hemorroides?

   —Para nada, me lo hago levantar y paso unos días con un amante touch and go. Me lo merezco. ¿No te parece?

   —No, no me parece, pero como decís vos somos grandes y a esta altura una es lo que es.

domingo, 23 de abril de 2023

LAS AMIGAS FINAS

 

   Terminó el castillo y nos invitó a comer.

   —Milena, ¿viste el castillo?, es totalmente barroco y encima lo cubrió con piedras de colores —dijo Ester.

   —Qué mal gusto tiene la Duquesa de Malavida, por favor.

   Las recibió el Ama de Llaves, Clorinda. Para saludarnos se agachó hasta el piso.

   —Nosotros somos los finos de esta invitación, los ordinarios son absurdos, suerte que estamos nosotros para que aprendan la diferencia —dijo Milena.

   —Hay que llamarla Duquesa sólo, Malavida no le gusta, habrá tenido flor de mala vida —aclaró Ester.

   —Miren cómo está vestida aquella mujer. Un escote que le termina en el ombligo y atrás casi casi…ese corset le debe aplastar los pulmones, forrado de satén y una pollera que le llega a los zapatos amarillos de tacos altos, con siete vueltas de perlas rodeando el tobillo y una esmeralda en el dedo gordo —observó Ester.

   —Las demás, flores de percal superpuestas.

   —Las interrumpo —dijo Clorinda con una inclinación de cabeza hasta el pecho.

   —A continuación de la mesa de ustedes comienza la de los señores.

   Tenían un listón de papel crepe, color fucsia que los separaban.

   —Los hombres hablando de mujeres y nosotras, hablando de hombres. Jah! Son tan obvios.

   Iban por la décima copa de clericó, cuando las damas vieron que la cortina se movía. Los caballeros estaban bajo la mesa y beodos, les abrían las piernas a todas y sumergían sus cabezas lo más hondo que podían.

   —¡Milena! ¡Milena!, despertate.

   —No saben la pesadilla que tuve, no se las puedo contar para evitar mi vergüenza.

sábado, 22 de abril de 2023

QUÉ MÁS DECIR

 

   Me mintió, alguna vez lo había sospechado.

   Recibí un llamado anónimo donde me contaron todo sin piedad y con odio. Le corté.

   Su saludo era:

   ─Me voy a trabajar, se me hizo tarde, entre tus reclamos amorosos y las películas de netflix, nos acostamos a las tres.

   ─¿No vas a desayunar?

   ─No.

   Dio un portazo y se fue.

   Llamé a su trabajo en varias oportunidades y nunca estaba. Decidí seguir sus pasos, caminaba rápido y en la Calle Chacabuco 584 tocó un timbre. Lo atendieron enseguida. Lo esperé en un café pirulo, fumé un atado de puchos y tomé doce cafecitos.

   Lo vi salir del edificio seis horas después, lo acompañaba una mina flaca alta y rubia, con aspecto de yiro.

   Se convirtió en una obsesión, seguirlo de lejos.

   Pasé por una cerrajería e hice cambiar la cerradura de casa.

   Después de tres días apareció. Escuché sus llaves, no pudo abrir y golpeaba la puerta. Lo atendí por la mirilla y le pedí que se fuera.

   ─No te quiero ver nunca más.

   Y lo miré cuando se iba, llevaba un traje nuevo y zapatos color caro. Escuché sus pasos melifluos y un gran alivio me mandó a la cama.

   Estaba tan cansada de caminar para seguirlo a donde fuera, me sentí imbécil. Qué más decir.

   No pude dormir, salí a la mañana para seguir al yiro de lejos. Ella tomó el subte, me senté en otro vagón. Nos bajamos al unísono, la corrí, la insulté y cuando la tiré de los pelos me quedé con una peluca rubia en la mano. Tenía voz de hombre.

   Qué más decir.

viernes, 21 de abril de 2023

¿DISTRACCIÓN?

 

   Si acá no viene nunca nadie. ¿Cómo se puede perder? Es el mejor sweater que tengo, igual al de mi hermano. A él no le pregunto porque seguro se ofende.

   Es de pelo de conejo me lo trajo un amigo de Italia, hace mil años, pero está impecable.

   Cada vez que tomo el micro a mi trabajo, observo a todo el mundo a ver si alguien lo porta. Puede ser un ladrón, alguna Mucama que trabajó en casa. Esto último me molesta.

   Siempre que falta algo la culpa es de la Mucama, costumbre de burgueses pelotudos. En el escritorio abrí todos los cajones peor había sólo expedientes, pedí permiso a mis compañeros y busqué en otros escritorios también. Se preocuparon ellos, revisaron hasta la oficina del Jefe Puajj. Así era su apellido.

   Bajé a la casa del Portero y le expliqué la situación. Dijo que era el encargado de limpiar por las noches. Pidió perdón y con cara de circunstancias preguntó:

   ─¿Usted sospecha de mí? Quédese tranquila, que soy honrado. Igual recuerdo su pullover, le quedaba tan bien que todos hablaban de él, con una mezcla de admiración y envidia.

   Pregunté en la Cafetería de enfrente, donde voy todos los días, se ruborizó pensando que yo lo creía un ladrón.

   ─Te pido por favor que observes a los parroquianos, ellos suelen olvidarse de alguna cosa.

   Me di por vencida. ¿A quién le iba seguir preguntando? ¿A la Policía? Esos sí en un descuido lo podrían haber sustraído. Robar se a incrementado mucho en estos tiempos.

   Volvía a casa en un Uber, a él también le pregunté porque lo conocía. Dijo que no:

   ─Yo siempre me fijo antes que descienda el pasajero, lamento desilusionarla, pero nunca encontré nada.

   Entré a mi departamento llorando, me miré en el espejo y lo tenía puesto, con la capucha levantada. La gente hoy por hoy es indiferente.