sábado, 8 de julio de 2023

¿Y LA TORTUGA?

 

   Salieron a nadar pasando las escolleras. Les pareció aburrido y se metieron mar adentro.

   ─Vamos a perder la costa, de acá veo una sombrilla y el bañero montado en un mangrullo.

   ─Para eso nos untamos con aceite de hígado de bacalao y como soy muy precavida traje dos botellas de agua dentro del corpiño.

   ─Yo me metí dos en las bolas, mi malla de baño es bien apretada.

   ─Y nos metemos mar adentro, vamos a nadar mariposa, crol y pecho. Cuando nos cansemos hacemos la plancha, aquí hay calma chicha, podríamos dormir, para calmarnos un rato y después seguimos.

   El mar se enfureció y no había manera de doblegarlo. Las olas que les pasaron por arriba le quitaron el corpiño y robaron sus dos botellas de agua.

   ─No te preocupes, las mías las llevo entre la malla apretada, están pegadas a mi cuerpo.

   ─Bueno, no digamos más pavadas y nademos hasta no dar más.

   ─Es que yo estoy extenuada, si vos me podés arrastrar sería una solución.

   ─Pero es que me estás agarrando del cuello, me estás matando.

   En el medio del océano había una pizarra grande, tan grande como una ciudad flotante. Dos marineros de a bordo les arrojaron una escalera de sogas. Les agradecieron con un gracias furtivo y les rogaron una cama para dormir. No daban más.

   Uno de los marineros les advirtió que el barco se inundaba un poquito, pero eso les serviría para hamacarnos y dormir mejor. Tenían la piel tan arrugada que se les abrió por todo el cuerpo. A pesar de todo les alegró estar vivos.

   Fue poco tiempo, el mar estaba enojado y una ola gigantesca los hundió. Primero saltó el capitán, después los oficiales de abordo aterrizaron en botes fuertes y de la gente y de los niños, nada se supo.

   Nosotros nos agarramos de las patas de una tortuga de mar, nos llevaba mansa y hasta nos dio de comer corales y musgos. Comenzamos a ver las sombrillas y el bañero con su silbato.

   Éramos dos guedejas, nos hicieron expulsar el agua salada de nuestros pulmones. Llegó la ambulancia de primeros auxilios y nos terminaron de curar, gente con experiencia, se notaba.

   Preguntaron el nombre de aquella ciudad flotante. Recordamos perfectamente: “Titanic”.

viernes, 7 de julio de 2023

EVARISTO

 

   En mi casa jugaba solo, no podía salir a la vereda porque era peligroso, estaba el viejo de la bolsa caminando la manzana y si veía que era un niño me metía en la bolsa y desaparecía conmigo adentro. Ellos decían que lo hacían por mi bien, yo no les creía ni un poco. Mis padres me parece que decían mentiritas, porque se guiñaban los ojos. Me regalaban hojas de papel calzón, o canson, no sé bien, lápices de colores y fibras. Yo prefería la birome de mi papá, dibujaba más cómodo porque resbalaba y siempre me gustó la resbalación. Debía ser porque tenía el tobogán de la plaza al que nunca subí, ni resbalé, mami creía que podía haber gillettes y me lastimaría las piernas. Mi mami cuidaba tanto de mí, era bastante molesto. Cuando me hacía papas fritas con huevos fritos, olvidaba todos sus no hagas esto, ni lo otro, ni lo otro. Y la quería hasta el cielo, después le daba besos engrasados. Empecé la escuela y olvidé el viejo de la bolsa, los toboganes con gillettes y los miedos, se fueron. Conocí a Evaristo y nos hicimos recontramigos, éramos los mejores alumnos, nadie nos decía, pero nosotros sabíamos.

   Un día papi tardó tanto en ir a buscarme, que la señorita me llevó hasta casa. Al llegar, Clarita, la mejor amiga de mami, me levantó en brazos, yo no escuché nada, sólo vi que mi señorita estaba blanca como el papel calzón y Clarita le decía cosas en el oído. La seño se fue en su auto y Clarita me invitó a tomar la leche. Lloraba tanto que me empapó el uniforme. Yo le alcanzaba pañuelos y a lo último le di la tohallita de mi valijita. Cuando paró, me contó que a mis papis los vinieron a buscar de urgencia, para hacer un largo viaje donde no podían llevar niños. Hasta que volvieran, tenía que vivir con ella. Me puse a llorar, peor que Clarita, no entendía lo del viaje largo, porqué no me avisaron.

   Pregunté si eran los viejos de la bolsa que fueron a buscar a papi y mami. Esa noche dormí con Clarita y no quise comer.

   Al día siguiente me llevó a la escuela y se quedó a esperarme en la Dirección.

   El primer recreo salí con Evaristo al patio fuimos a un agujerito negro que descubrió él en una baldosa. Sin ganas le pregunté qué era lo raro del agujero. Preguntó si no sabía que a mis padres se los llevaron unos tipos con anteojos negros en un auto negro. La mamá de Evaristo le contó que eso pasó porque mis papis eran comunistas. No entendí lo de los tipos con anteojos negros, lo del auto negro y qué tenía que ver el agujero de la baldosa.

   Evaristo me dijo que mis papis estaban ahí, en el agujero negro, pero era tan chiquito que nunca podrían salir. Le pegué una trompada en la nariz y un cabezazo en la panza.

   La Seño y Clarita me fueron a buscar al patio, yo me arrodillé al lado del agujero y los llamé y les grité ¡Papi! ¡Mami! No me contestaron...

   Odio a Evaristo, lo odio, lo odio, lo odio, lo odio.

jueves, 6 de julio de 2023

LA PINTA ES LO DE MENOS

 

   Al costado de las vías vivía un grupo de cinco o seis crotos. Con latas de asas de alambre, tomaban lo que fuera. Los que compraban pan o manzanas, pasaban cerca de ellos y les regalaban de ambas cosas. Hasta los perros les llevaban pedazos de carne asada.

   Saliendo de la Estación, la joven Melany, volvía de una discusión sin ganas de vivir. Cruzó al rincón de aquellos hombres:

   —¿Puedo sentarme al lado de ustedes, caballeros?

   En segundos le ofrecieron un rincón y el único almohadón, con agujeros, se lo dieron a ella, aceptó una manzana. Los caballeros crotos, miraban a  Melany cómo se le cerraban los ojos. La dejaron dormir y la cubrieron con sus propios abrigos.

   Fueron a comprar dos vinos de caja. La joven Melany estaba recostada sobre pedazos de hormigón y rodeada de botellas de cerveza vacías. Los crotos se amucharon para darse calor.

   Cuentan que esa noche, alguien les arrojó nafta, prendió unos fósforos y los quemó. Nadie se dio cuenta que los seis no estaban. Esa madrugada, unos muchachones, le golpearon la cabeza y el cuerpo, con los envases de cerveza. Melany no despertó, perdió mucha sangre y sintió que se iba lejos, se murió. El único croto que quedaba, llamó al 911. Cuando llegaron les mostró lo sucedido.

   Lo llevaron esposado y en una celda pequeña fue olvidado.

   —Tenés una joven que te espera, pagó la fianza.

   El croto sintió el abrazo, que aquella chica le brindó. Era la misma chica que sufrió los botellazos. Tenía cicatrices ya cerradas. Lo invitó a comer en su casa, un guiso con mucho queso y cuadraditos de pan frito.

   —A los policías les resultó más fácil para cerrar el caso, echarte la culpa de asesinato. Pero ya ves, estoy viva como antes, de los muchachones no se supo nada. Las Justicia para los pobres no existe. Estás conmigo, tengo preparada una habitación para vos solo y dos trajes, herencia de mi Padre.

   Al día siguiente lo encontró sentado en el jardín, tomando caldo en su recipiente de lata con asa de alambre:

   —A mí me gusta ser un croto, ser nómade y encontrar otros como yo, viajar en vagones vacíos y arrojarme del tren, antes que llegue a la estación.

   Melany pidió que la esperara dos minutos. El croto pensó que le iba a dar algún dinero. Apareció vestida de croto:

   —Yo me voy con vos, si permanecemos juntos, nunca te pelees con los demás. Tené en cuenta que a los crotos no nos mira nadie. Para ellos carecemos de existencia. Es mejor diferenciarnos de ellos, eso sí que es libertad.

   Lo tomó de la mano:

   —Ahora somos amigos y después de un tiempo, quién te dice.

   —Mirá que los crotos no nos casamos.

   —Por supuesto, pienso igual. Lo que quieras, pero…quién te dice…

miércoles, 5 de julio de 2023

TEMPESTAD

   El invierno castigaba cada día un poco más, no podía faltar a la posibilidad de viajar y encontrar a mi hermana, por razones pertinentes que no pienso ni debo contar, ni en un cuento siquiera. Es angosto el espacio, callar congela la memoria en un momento que no.

   Fue mi primer viaje en barco, los camarotes los sentía como cárceles cerradas y agobiantes. Tenía náuseas y para estar todo el tiempo de la litera al baño, preferí salir a cubierta. No había ningún pasajero, allá en el fondo vislumbré un hombre con sombrero y orejeras de lana, a pesar de mi vergüenza, me acerqué, pedí permiso y me senté a su lado. Tenía un amplio paletó de zorros, botines de esquimal y mitones de nutria. Le pregunté:

   —¿No es demasiado mi descaro para con Ud, pasar su brazo por mi hombro?

   Se abrió el sobretodo y me dijo muy serio:

   —Yo le triplico la edad y no tenga miedo, por dios, hace demasiado frío. Venga niña, siéntese, que este abrigo cubre mejor que un iglú.

    Me puso las orejeras y a partir de ahí lo escuché salteado, él iba a ver a su hermano en Jordania, como yo. No le pude contestar nada y estaba tan protegida que me dormí de inmediato. Él tarareaba canciones de esas tierras desconocidas por mí, ancestrales. Melodías más alegres que tristes y eso me dio más valor que cobardía. En un momento sentí una bolsa de agua tibia, mojó todo nuestro interior, toqué con mis manos, cuando me miré era sangre que salía del hombre por su pecho. Me puse de pie e iba a gritar, la tempestad en el mar tapa cualquier sonido humano. Fue providencial, tenía un cuchillo en mi mano y yo misma le di tajos profundos al hombre, sin pensar.

   Lo que hice me arrastró al camarote, el dolor me impedía respirar, tenía un cuchillo filoso clavado al medio de mi espalda.

   El que limpiaba la cubierta por la mañana, encontró un arroyo de sangre desde la reposera del hombre, hasta el camarote de la mujer. Llamó al Capitán de a bordo y a dos Oficiales. No pudo hablar, les señaló con el dedo, lo que ninguno supo explicar. 

martes, 4 de julio de 2023

VIAJES

 

   Salían contentos de su hogar, mirar otras caras, las sombras de los árboles, algún gaucho a caballo que no quedaban casi.

   ─Raquel, ¿trajiste la lista del cagarca? ─en realidad el super se llamaba Monarca, pero ellos lo bautizaron así.

   ─Si te olvidaste de algo, mucho mejor, para lo que te cobran estos latrocidas.   

   ─Roco, ¿vos hiciste la lista de la verdu?

   ─No, lo llevo en la memoria, yo primero miro y de acuerdo al precio y la calidad compro.

   ─Me quedo en el auto, Roco, no quiero enterarme de lo que gastamos, me da taquicardia. Después anoto todo en casa.

   Pasaron quince días del mes, ni Roco ni Raquel necesitaron hablar de nada. Tenían un pozo en el jardín con dólares, euros y los ahorros de toda la vida. Vendieron la casa donde fueron tan dichosos y la cabaña de Orense.

   Usaron un mapamundi y cada uno de ellos señaló algún lugar. Coincidieron, fue Suiza, sacaron los pasajes el mismo día. Sus hijos le tramitaron los papeles correspondientes. Burocráticos e imbéciles, no los hijos, los trámites. Cuando llegaron a Suiza les preguntaron cuanto tiempo se quedarían.

   ─Hasta que consigamos los trabajos posibles, necesitan gente rubia y de ojos claros, tenemos varias opciones, mientras tanto viviremos en la casa de nuestra nieta y su marido suizo.

   ─Nos expulsaron de nuestro país por sus comportamientos delictivos. Mejor. Yo no voy a extrañar para nada ─dijo Raquel.  

   Y Roco agregó:

   ─Si salimos de la nada, nos estaban acosando. Mañana empezamos las clases del idioma que nos dará nuestra nieta. Los dos tenemos facilidades, vos con francés y yo con inglés.

   Ambos fueron contratados para la administración de un hotel y elegir un personal idóneo. Raquel sentía nostalgias repentinas.

   Una noche fría con nevadas le confesó a su marido que eso no daba para más. Preferiría volver.

   ─Mirá, será un país de mierda, pero es nuestro lugar de pertenencia ─dijo Roco.

   ─No quiero volver a tandilandia, pero tenemos el campo, que como dijo mi viejo, la tierra no la vendan nunca y es lo único que no vendimos.

   ─Estamos de acuerdo una vez más.

   Tomaron el avión de regreso con dos mochilas que no contenían dinero, si no sueños que llamaban al viento que despierta.

lunes, 3 de julio de 2023

TIENE AGUJEROS

 

   Me despierto de mal humor, para escribir está la noche y el día para observar. Desde que dejé de fumar ando medio loco y descargo en cuaderno y lapicera. Tengo pesadillas con vida propia, me olvido de las cosas, soy como un queso gruyere, tengo agujeros ricos pero solos y como la memoria se hace cada vez más exigua, trato de leer lo que llega a mis manos. Los libros que más me han gustado me amplían expectativas. Tengo setenta y cuatro años y soy tan ingenuo que pienso que el futuro todavía existe.

   ¿Cómo se relacionan los otros con la estupidez humana? Tiene cuarenta años mi hijo y dice cosas como:

   ─Viejo, la estupidez humana existió siempre y seguirá. ¿O vos a veces no te sentís estúpido? En la última entrevista que te hicieron te preguntaron qué es lo que más te gusta de la vida. Y vos contestaste con cara de sabiduría: “el queso gruyere es lo que más me gusta.” Vos sabés que me dieron unas ganas, abrí tu heladera y comí la mitad de uno que tenías encanutado.

   ─¡Cómo me pudiste hacer esto! Y tenés razón, vos a veces sos un genio y otras veces ¡estúpido! Reponé lo que comiste, o no vuelvas más a esta casa.  

domingo, 2 de julio de 2023

NO DARLES EL GUSTO

 

   En tercer año de humanidades, ni Pablo ni yo, podíamos pagar alquileres separados, era mi mejor amigo. Decidimos vivir juntos en un solo departamento. Estudiábamos y a media noche cada uno a su cama. Hasta que de amigos a compañeros devinimos en una pareja y dormíamos juntos.

   Pablo amaba el futbol, yo lo detestaba, no a Pablo sino al futbol. Los domingos Pablo no me hablaba, escuchaba partidos todo el día con esos cablecitos diabólicos metidos en sus orejas. Peor fue al principio, los miraba por televisión y gritaba los goles o puteaba jugadores, arqueros, de medio campo, referís y a todos los que amaban la pelota.

   Una noche decidí pedirle que me dejara el televisor para mí. Veía películas de Netflix que a veces daban sueño y otras despertaba. Las primeras me hacían dormir siestas largas.

   Un día, el padre, le regaló un televisor chico que lo puso en el lavadero, otro lugar no había.

   Tuvimos un hijo varón y lo llamamos Godo. Desde chico miraba partidos con su padre. Lo que más le gustaba era gritar los goles. Cuando el Mundial, fuimos los tres a la cancha. Pablo compró plateas. Yo también me entusiasmé. Cuando íbamos ganando me emocionaba.

   No alcanzó a ser eterno mi entusiasmo, era la década infame donde murieron mis dos hermanos, mis mejores compañeros y treinta millones más.

   El futbol no alcanzó a tapar las tropelías de los asesinos. Después vinieron por Pablo y por mí. A Go lo dejamos con una vecina. No lloré nunca, no les quise dar el gusto.  

sábado, 1 de julio de 2023

MARTITA

 

   Era más puta que las gallinas.

   Se la había agarrado con su nariz. Le parecía grande y antigua. En tres años se operó cuatro veces, hasta convertirla en un porotito picudo.

   Pero tan picudo, tan picudo, que en una quinta visita al cirujano le llenaron la punta con botox.

   Lo que más atormentaba a Martita era el paso del tiempo y la envidia.

   Para vencer estos demonios, enfundaba su culo enorme en unos pantalones rojos elastizados que le juntaban el desparramo y se lo ponían como enfrentando a cualquier vidente.

   Se jactaba de no usar bombacha, decía que los elásticos arruinaban la redondez (que ella imaginaba perfecta) de su trasero.

   Todo en ella era color rojo. El pelo, un pañuelo estilo Annie Okley, rojo.

   Remeras con lunares, o rayas o bordados absolutamente rojos. Las uñas, la boca y las sandalias, al tono, rojas.

   Tenía un marido fijo, un novio definitivo, un amante para siempre y veinticinco “amigos” (decía ella) que la amaban hasta la muerte y le pagaban muy bien.

   Un seis de enero,  como regalo paradojal, le pegaron cuatro tiros en la puerta de su casa, a la hora de la siesta.

   Dos dieron certeros en el pecho de un adolescente que charlaba tímidamente con Martita.

   Los otros dos le dieron a ella, en el codo derecho y el culo respectivamente.

   El joven murió a los dos días de la tragedia.

   Martita se compuso, luego de cinco intervenciones en el brazo y tres en el glúteo derecho.

   El que disparó resultó ser un amante, ex policía, que odiaba a los pendejos.

   Se hicieron arreglos para que el tipo saliera de la cana.

   Lo encerraron en Melchor Romero, en el sector de pacientes ambulantes.

  Martita sigue vistiendo riguroso rojo. Su mirada es triste, no habla con nadie y cuentan que el miedo no la deja dormir.

   Ahora le preocupan dos cosas.  El loco, que se la tiene jurada. Y que ya, no le pagan como antes.

viernes, 30 de junio de 2023

LA PUNTERITA

 

  ─Mami, quiero jugar al ruby, necesito que me compren una pelota de cuero cosida como la del abuelo. Está en el sótano, yo la vi, la lustré y se notaba que el cuero estaba viejo, se rajó.

   ─Muchachito es un juego muy brusco y si no preguntale a papi. ¿Viste cómo quedó?, tiene un brazo partido para siempre y contusiones que él lleva de recuerdo, con orgullo y silencio. Además no se dice ruby, se dice rugby.

   Ella iba a verlos jugar con ropa canchera pero lo que más le interesaba era el tercer tiempo.

   Ahí fue su desgracia, papi conoció a su futura mujer.

   ─¿Por qué no jugás al basket?

   ─Me pudren, Jorge, Luis, Humberto. Siempre les gano por ser el más alto. Y ellos planean venganzas tontas que prefiero ni hablar. Mis amigos diferentes a los tontos, me están enseñando todas las jugadas de rugby, como decís vos. Laffitte que es el más experimentado, me regaló el equipo de su finado hermano, menos la pelota. Ahora sé que cuando formamos un círculo conviene ocupar la parte baja. Willy pensaba que ese lugar era el más benigno. Como es un deporte de evasión y contactos físicos había peligros implícitos. Al referí no se le daba bola en general.

   Mi primer partido dio miedo éramos quince jugadores por equipo. Duraba ochenta minutos, divididos en dos partes de cuarenta con un descanso de quince minutos.

   Un torpe que no me enteré nunca quién fue se me cayó la máscara y metió su talón en mi nariz. Dejé de jugar en tercer tiempo, me esperaba mi amiga de al lado. Puso una bolsa de hielo y dejó un ojo libre para que la pudiera ver. Tenía una trenza espesa que le llegaba hasta el culo. Resultó postiza y cuando bailamos me quedé con la trenza en la mano. Ella era una regia que nada le daba vergüenza, se la regaló a mi vieja, que estaba presente.

   Se sonrieron por primera vez. Después se odiaron, nunca supe la razón ni me importó. Después de la experiencia con el rugby comencé a odiar los juegos de todo tipo con pelotitas. Pelotas grandes, pelotas medianas, pelotas chicas. Tenía preferencia por jugar a las bolitas. Eso fue juego de niños, de púberes y en mi caso de adolescente.

   En mi último cumpleaños mi madre me regaló una caja que contenía aquella trenza de mi vecina. Con ella me casé, no con mi madre, con mi vecina. En el séptimo año, la comezón clásica produjo nuestro divorcio.

   Me sentí libre y oxigenado, tenía cuarenta años y seguía jugando a las bolitas en soledad.

   Tuve vergüenza de mí mismo, pero llevo a punterita en el bolsillo. Cierta vez llevé mi campera a la tintorería.

   Busqué en todos los bolsillos y no estaba, hasta lloré su pérdida. Cuando fui a buscar la campera, el chino, dueño del negocio, dijo:

   ─Usted, joven, olvidó algo dentro de su bolsillo.

   Era la punterita, casi lo abrazo al chino, pero me contuve…         

jueves, 29 de junio de 2023

FUERA DE FOCO

   Los primeros autos que pasan, me despiertan el odio que acumulé durante la noche, mi yo humano antes se difuminaba, apenas se notaba, ahora se me agarra. Desayuno con el odio, no me baño porque el odio que me tengo, quiere que ande sucia. Llamo al ascensor, con un canasto de ropa sucia, la gente que sube y baja, si abren y estoy yo, prefieren las escaleras. Mi odio los remite a sus propios odios.

   No lavo la ropa, la tiendo para que tome sol, a mí también, a veces me da odio mi propio olor. Tengo atenuantes, odié a mi Madre, a mi Padre y a mi hermano. Nunca les hablé del odio que me producían. Estudiaba tanto para no verlos, siempre obtuve las calificaciones más altas, en casa lo festejaban y a mí sus sonrisas satisfechas de algo ajeno, me daba odio.

   Cuando me indispuse por primera vez, fue tanto el odio que los paños inundados, atravesaban hasta mis uniformes y yo, como la mejor, cuando alguien me avisaba, la miraba con odio color sangre.

   El chico más lindo del Colegio se enamoró de mí. El odio que me daba todo, a él le parecía revolucionario. En el Baile de Graduación, por ser los mejores alumnos, salimos a bailar al centro del salón. Le di un beso espeluznante en esa boca perfecta, lo dejé con labio leporino y un diente de menos. Él me siguió queriendo, era incondicional, es la cosa que más odio.

   Después nos casaríamos y el día de la boda me miró con orgullo, cuando me preguntaron si quería y todas esas boludeces, dije: “No”. Salí del recinto con odio, los Padrinos me corrieron, gritando que lo pensara, que él era un buen chico y que me amaba... A la Madrina le arranqué el vestido y al Padrino le desgarré el traje. Odio que me hagan dar más odio, con palabras vulgares.

   Subí al auto de mi negado novio y partí con un odio expandido, tomé todas las calles de contramano, a unos chicos que jugaban en la calle, me gustó pasarles por encima y dejarlos chatitos en el asfalto. 

miércoles, 28 de junio de 2023

SEGUIR AL REBAÑO

 

   Los chicos jóvenes, vivían en un pueblo chico y aburrido. Ellos tenían el vicio de jugar a situaciones peligrosas y provocar desenlaces confusos, que les llegaran a caer lágrimas de tanta risa.

   Formaron pareja, sin casorio, para disgusto de las dos familias, acostumbradas a los disloques de los chicos.

   No les hablaron por un año, ellos no se preocuparon, un año sin cumpleaños, fiestas y comer asado los domingos, les parecieron buenas vacaciones.

   La casa era chica, pintada de blanco, malvones rojos, como las ciento y pico de casas del pueblito, nada diferente. Vera y Agustín necesitaban pasar desapercibidos, Vera usaba ropa de señora joven, pollera gris, saco azul, zapatos de taco carretel. Agustín chomba blanca, pantalones tostados, cinturón marrón. Ella rodete bajo, él casi a la gomina. Verlos juntos daba sueño.

   Iban a misa todos los domingos para parecerse al resto. Eran ateos y hablaban poco y nada con algún vecino. Sonreían complacientes a todo el que se le cruzara. No existía otra gente de la edad de Vera y Agustín. El pueblo no superaba los cincuenta años, largos. Vivían de una tía octogenaria, que les depositaba todos los meses, cifras interesantes, nada que llamara la atención, ni del Banco.

   Cuando llegaban a la casa, quitaban sus ropas caretas y andaban desnudos, Agustín decía:

   —Vestidos con nuestra propia piel.

   En invierno, con mucha calefacción y en verano una pileta mediana y aire acondicionado full time. Las medianeras altas, con cañas de puntas recortadas, para ocultar las plantas de cannabis, fundamentales en sus vidas.

   —Total, en este pueblucho no conocen ni el olor.

   Una noche de temperatura baja, propuso Agustín:

   —Che, Vera, te juego a que des una vuelta manzana, así como estás.

   Vera lo miró sin entender:

   —¿Vos decís así, en pelotas?

   Agustín le contestó que la esperaba en la pileta climatizada.

   Vera caminó, mirando casas, todas con luces cenitales, una mesa al medio y el televisor prendido. Dio otra vuelta y volvió corriendo, se metió en la pile.

   —¿Y? ─preguntó Agustín.

   —Y nada, loco. No me vio nadie, me cagué de frío.

   Hacia el verano comenzaron los dos a salir desnudos a la calle, la gente los saludaba con bonhomía:

   —Ay, chicos, qué envidia, todos deberíamos andar así.

   Vera la entusiasmó:

   —Haga lo mismo, Doña, piense dónde vivimos, un pueblo que ni nombre tiene, no hay policía, no hay diarios…

   La Doña imitó a los chicos, se fueron pasando la voz y el pueblucho entero, andaba desnudo como si tal. Haciendo algún mandadito, o yendo al Banco. Fue una costumbre, aceptada hasta por el cura, que le sacó ese trapito que le ponen a INRI. No quería que a los parroquianos les pareciera que andaban pecando y suspendieran su concurrencia.

   Parece que alguien anduvo corriendo la voz y se enteró el Gobernador. Le mando un comunicado al Banco, no había Municipio ni Correo. Rezaba así: “Se comunica al pueblucho que no tiene nombre, que hemos resuelto que de ahora en más, se llame: Pelotas”.

   Agustín y Vera se pusieron contentos. Fueron nombrados Agustín Intendente y Vera Secretaria Privada.

   Invitaron a sus padres para la asunción mandataria, también asistió la tía octogenaria de su rentas. Los padres vivían en Montevideo, cruzaron a Brasil, se adentraron en el estado de Río Grande Do Sul. Estaban tan plenos de alegría, que se presentaron a la asunción de sus hijos, en la Ciudad de Pelotas, en pelotas.

martes, 27 de junio de 2023

YESO

 

   No puedo disfrutar la pileta. Para bañarme contraté una mujer con experiencia. Me cubre el yeso con un nylon negro, usa una esponja vegetal enjabonada y me friega la queresa que dejó esta situación.

   —Ya va a pasar, ya va a pasar.

   Usa palabras de amor para consolarme, aunque yo no tenga consuelo. Extendí mi contrato para que se quede todos los días.

   —Se lo agradezco, porque el dinero no me alcanza.

   Nos hicimos amigas inseparables, hasta me tiene que lavar el culo cuando cago. Me humilla la condena de su trabajo. La compenso mirando Netflix junto a ella. Películas repetidas que no me hacen gracia alguna. Me explica:

   —Aunque sean repetidas las disfruto, las entiendo. Cuando las vi por primera vez, me costaba saber de qué trataban.

   Los días se fueron escurriendo como nada. Antes de partir me dio un abrazo. Se emocionó mientras yo repartía lágrimas por doquier. Le pagué generosamente.

   —Si todos fueran como usted, a esta altura sería rica.

   Cuando quedé sola descubrí que había robado mis ahorros y mi perro. Sus acciones me molestaron más que el yeso. Era una buena mujer, necesitada. Ella creía en Dios, yo no. Si existía, por acá no había pasado.

   —Ya va a pasar, ya va a pasar ─decía la mujer─ cualquiera se puede olvidar, pídale que le ayude aunque no crea. Es un buen tipo y tiene oído.

   Ella vive sola.

   —Por fin tengo un perro que me ladre, Soy casi feliz, Señora, y usted sabe bien que la felicidad no existe y menos, enyesada.

lunes, 26 de junio de 2023

EL NOCTURNO

   Esas preguntas que nos hace la vida:

   —¿Hoy lloverá o no lloverá? Él, ¿vendrá o no vendrá?, ¿Me visto de verano o de invierno?¿Vamos en auto o a pie? ¿Compro bananas o cacahuates?

   Son interrogantes tan profundos como una copa vacía. Equivalen a nada, nos deja con flotador incorporado para que la realidad, sea una ficción que nos atonte. Ud, el tercero, apague ese celular, esto es una clase que les doy, para que muevan las neuronas, Ud recibe un mensajito. “¿Qué hago con los chicos? ¿Los meto en lo de tu vieja o te los llevo a la Escuela?”

   —Ud lee eso que le ocupa la cabeza y lo saca de la clase. Le voy a hacer una pregunta, no necesita libro, ¿Por qué es importante un ser humano?

   El alumno piensa cinco minutos y levantando los hombros dice que no sabe.

   —¿Sabe por qué responde así? Porque para Ud, como casi todos los de su edad, el ser humano no existe. No quiero entrometerme en lo privado de su vida, permita este ejemplo. Una respuesta eficaz, habría sido apagar el celular. Pero como carece de eficacia. Usted contesta: “A los chicos metelos en una bolsa de residuos, los dejás en Recolección y vos matate” vi lo que escribiste, lo leí y me diste lástima, tirás tus hijos a la basura, a tu mujer la incitás al suicidio. Sos una semilla que viene desarrollando…

   —Bueno ¡Basta Profesora! Me parece que tiene unas telarañas en el mate. Nos subestima, nos ofende, nos acusa ¿Y Ud quién mierda es? A ver cuente, a ver si se toma una copa y se interroga ¿Somos seres humanos? ¿Para Ud somos importantes? No le importamos, se nota.

   La Profesora juntó sus carpetas y mirándonos a todos:

   —Uds son unos negros de mierda, que no merecen que les enseñe un carajo, son pobres porque quieren.

   Las palabras de la xenófoba, fueron apagadas por treinta adolescentes golpeando una Docente que ya ni respiraba. 

domingo, 25 de junio de 2023

TAJOS LEJANOS

 

   —Hace como tres meses que no sé nada.

   Úrsula, la “lleva y trae”. Trajo.

   —Se cirugeó un solo ojo, quería probar con uno para ver si el otro se lo hacía igual. Encontró unos folletos, le gustaron los ojos de Julia Roberts, se lo hizo.

   Ahora el derecho es la réplica de Scarlett Johansson y el izquierdo quedó idéntico al de Julia Roberts. Le torcieron la nariz estilo Maryl Streep. Y la boca fue una historia.

   Una comisura sonríe hacia arriba y la otra se enoja hasta el mentón…

   —¿Y el marido, qué dijo?-preguntó Vane-.

   —Gritaba ¡Tenemos un Picasso en casa! No estoy segura si la largó, o se fue de la City. Ella quedó con la autoestima sin estima y sin auto. El psicólogo dijo que tendría que estar contenta, había pocas o ninguna persona, tan multifacética como ella. Coincidía con su problema de polipolaridad. Que poco a poco soliviantaría sus desfasajes.

   Vane sabía que Almodóvar contrató la cirugeada, como su nueva actriz fetiche. No le contó a Úrsula por chusma y mala. Llamó a su amiga sufriente

   —Hola, habla Vane para felicitarte por lo de Almodóvar.

   La otra agradeció :

   —Tu llamado resultó providencial, Pedro necesita una actriz enana gorda y narigona, de inmediato pensé en vos. Él te manda un pa…hola, hola ¡hola! Cortó.

  Vane maldijo aquella oferta irrespetuosa, se esfumó la culpa de haber hecho el amor con el marido de ella, más veces que ella, durante quince años.

   —Hola Úrsula, te voy a dar una sorpresa, Almodóvar quiere una actriz como vos, vieja, petisa y pelada. Dice que el pasaje te lo pagues vos, tal vez sea mejor que vayas sin tu marido, yo te lo cuido y es un pasaje menos.

   Contestó Úrsula:

   —Desde ya, acepto y me voy tranquila, con la seguridad que cuidarás de Tony.

   Ni bien partió, Vane se hizo presente en lo de Tony y lo cuidó, según las indicaciones de Úrsula.

   Fueron tantos los cuidados que tuvieron un hijo, igualito a…pero esa información no está disponible.

sábado, 24 de junio de 2023

¡QUE VIVA LA LIBERTAD!

   Mami dice que cuando nací pensó que me habían cambiado, no me parecía a nadie. Considera que soy inútil para todo servicio. Tengo nombre, pero para mami soy che. Che estudiá, che alcanzame. Che lavate las manos. Cuando vienen visitas me llama hija esto o hijita lo otro. Delante de sus amigas cuenta que soy inteligente, buena, obediente y estudiosa, una bendición de dios. En privado, se toma la cabeza y dice que soy una maldición de dios. Así comprendí que dios es contradictorio.

   Compró un sillón mullido siesta, para el escritorio de papá. Cuando me quise sentar, ambos me tomaron de las orejas para gritar que ni se me ocurra, con esos vaqueros tan sospechosos como mi higiene personal. En eso les doy un poco la razón. Mami también compró la banqueta más incómoda que encontró, para la Secretaria de papá.

   El otro día entré con sigilo al escritorio, salí de la escuela tres horas antes. La Secretaria estaba tirada en el sillón nuevo, con ambas piernas en alto y papá sobre ella, tal vez probando el sillón. Cuando llegó mami de jugar al bridge, su única ocupación además de la canasta, le conté que papá y su Secretaria dedicaron ese día a probar el sillón nuevo, haciendo cabriolas de toda índole. Agregué que estaban sin ropas, tal vez para cuidar el tapizado.

   No me explico las razones, pero se divorciaron, no sin antes romper toda la vajilla y demás enseres, a saber, el sillón nuevo rasgado con un cuchillo grande, junto con los colchones, el mío inclusive. Mami tenía mucha fuerza, le rompió cuatro costillas a la Secretaria y le partió una pierna, con el atizador de la salamandra. Mami se fue a Europa con su mejor amiga y papá se casó de inmediato con la Secretaria.

   Ninguno quiso quedarse conmigo. 

viernes, 23 de junio de 2023

CONCOMITANTE

   Catorce días tengo que permanecer dentro de mi casa. Mis actividades son dormir, soñar para olvidar, despertar, mirar por la ventana, me cansa la cama, la cambio por un sillón. Luego viene la silla o la silla viene a mí.

   Paso al banquito de cuando era chica. Miro por la ventana, lo estoy esperando. Siempre lo espero, no sé para qué, si no va a volver. Me abandonó, es contradictorio, parecía que me quería. Dormíamos juntos. Nunca me dijo nada, ni yo le pregunté.

   Lo extraño en el desayuno. Cuando sus pupilas eran dos círculos negros, apenas le daba la luz entornaba los ojos y dejaba de mirarme. Tenía ataques de indiferencia que me partían el corazón. Nunca me hablaba, eso me gustaba, aquel silencio lleno de palabras ausentes.

   Su soledad, tan parecida a la mía. En el invierno nos dábamos calor, parecía complacido con sólo un abrazo. Murmuraba en mis oídos, no le entendía, hablaba un idioma raro que yo desconocía. Jugaba a despeinarme y luego se iba. Estábamos en primavera, el tiempo no pasaba nunca. Catorce días que parecían multiplicarse con su ausencia.

   Un día inesperado entró por la ventana, mientras estaba en la cocina, se desperezó y bostezó, se metió entre mis piernas y pidió algo, parecía lamentar que le restara importancia, pero se dio cuenta y saltó a mi espalda, casi me hace caer.

   —¿Puedo saber en dónde estabas?

   Él miró su plato vacío, le entibié leche y le agregué las migajas que me quedaban. Después me fui a dormir, es lo único que hago bien. Él vino a dormir conmigo, ronroneaba, parecía decir que lo perdonara y lo perdoné. Le acaricié la cabeza y le hice cosquillas en la panza.

   Yo lo necesitaba como él me necesitaba. Volvió para quedarse. Era un gato manso y sigiloso, mi única compañía. Por fin estaba conmigo y yo con él. Se llamaba “Gatrucho”, lo bauticé primero “Gato”, comprendí que necesitaba un nombre propio. Gatrucho subió a mi escritorio, tiró al piso la birome y el cuaderno, le di un golpecito y me arañó. Se ofendió pero se quedó.

   Cambió mi vida, ahora camino en cuatro patas, me están creciendo los pelos y tengo uñas largas y filosas, esto sí que es vida. 

jueves, 22 de junio de 2023

SANS HONTE

 

   Fui contratada de acompañante por su sobrino.

   Mi trabajo consistía en contarle cuentos diferentes, todas las noches, antes de dormir. La mujer era adinerada, tenía una mujer para rascarle todo el cuerpo, por su cansancio de movimientos y un tropel de servidores para mantener el lugar y vigilar cualquier movimiento extraño. Ni bien me hicieron pasar, se puso ansiosa por saber de qué cuento se trataba.

   —Los cuentos son sorpresa, si no, no vale la pena leer, mi estilo es poco suntuoso y ecléctico.

   Me pidió que me sentara en una butaca de almohadones almidonados, ella tenía un camisón almidonado y luego de mirar cualquier detalle, tenía almidón. Hasta la que le rascaba, vestía una funda blanca y almidonada.

   —Sé que su nombre es Lola Mora, la escultura preferida de su Señora Madre, según contó su sobrino, le gustaba que la llamaran Lola. Mi nombre es Juana Azurduy, igual prefiero sólo Juana.

   Usaba una cinta negra de terciopelo, con una camelia blanca y el pelo todo junto con dos horquillas, que le daban aspecto de pirámide.

   —Lola, ¿cuántos años tiene usted?

   Se rió con el pecho que subía y bajaba:

   —Los que usted quiera, Juana, la verdad, que ya me olvidé.

   Esta mujer tan distinguida, alejó a todos los hombres, por su voz de mandato imperial y sus pedidos absurdos, como el que contó su sobrino:  "Un día tocó la aldaba  a su casa Monsieur No Sé, un maniquí vivant, con todo el savoir faire mundano. Luego de presentarse, le ofreció qué podría otorgarle, que no fuera un lugar común y Lola le contestó:

   —¿Puede usted quitarse la ropa de la cintura hacia abajo?, no tema, no le haré nada, es sólo para ver qué cosa tienen entre las piernas los hombres, que a las mujeres las vuelven locas y a otras desilusión.

   El francés comenzó de inmediato a quitarse la ropa, con mucho respeto y sigilo. Lola quedó prendada de la camisa que caía de sus hombros, con olor a déjà vu y el exquisito fular, que le rozaba la frente cada vez, intentando mirar lo que no podía con sus lentes, usó el monóculo de cristal, que siempre colgaba del cuello, le pidió al Señor No Sé, sin mostrar ningún rubor, que levantara su camisa y se corriera el fular, y dijo Lola:

   —Qué maravilla esas circunferencias de un color tanto más claro, que esa especie de picaporte que cuelga.

   Cuando Lola lo rozó con un dedo, se levantó como exigiendo algo más. Todos estábamos de espaldas y no queríamos ofender a Monsieur No Sé.

   —Por favor, Juana, alcánceme el alicate, quiero tener un recuerdo.

   Nadie imaginó que Lola cortara tres milímetros del prepucio.

   —Por favor, Juana, alcánceme un frasquito de formol, que tengo en mi mesa redonda. Será un recuerdo hasta mi muerte.

   Monsieur No Sé, quedó pasmado y no pudo bajar aquél picaporte sangrante, que tuve el honor de vendar con gasas blancas almidonadas. Se fue sin saludar a nadie, apenas podía caminar.

   —Mirá, el franchute cobarde por un apenas de menos. Bueno, al menos se fue mi intriga, la diferencia entre un hombre y una mujer, es que ellos tienen un pedacito más. 

   La anécdota corrió por toda la alta sociedad. Ningún hombre, ni el Jardinero, dirigió la palabra a Lola, mucho menos para pedir su mano.”

   —La Señorita se ha quedado dormida, tiene los ojos cerrados.

   —Pero estoy despierta y bien despierta.

   —Le pagaré más que a mi sobrino, su cuento fue una obra de culto, por favor, venga mañana, si le es posible más temprano. Traiga otro de sus cuentos, plenos de malas palabras, le será fácil, lo que más tiene este mundo, además de las guerras y hambrunas, son las malas palabras.

miércoles, 21 de junio de 2023

Y CÓMO DECIRTE

   ─No te hagas problema, llevo un bolso con poca ropa.

   ─Yo te espié mientras vaciabas tus petates.

   Íbamos por tres días y ella se trajo todo el ropero. Doscientas bombachas, cuatro pares de zapatillas, diez bikinis, seis enterizas, cuatro camperones, dos pares de borcegos, siete ojotas y un tapado de piel.

   Cuando llegamos a la playa se metió en el mar. Llevó una de sus bikinis plateadas. Cuando salió volvió con otra malla dorada. Iba y volvía con mallas diferentes. Al final me cansó.

   Se hizo la que se ahogaba para que aquel Bañero (estaba buenísimo), la rescatara. La transportó en sus brazos a la playa, la atendió en primeros auxilios. Primero fue respiración boca a boca, le vino bien para pasarle la lengua, como no reaccionaba hizo fuerza con sus manos sobre las tetas, salió todo el agua del mar que le mojó la cara al Bañero.

   Cuando se puso de pie abrazó al Bañero. Para agradecerle lo invitó a comer esa noche. Él aceptó y pensó ¿qué apuro tiene?

   Ella lo hizo pasar, tenía la mesa preparada:

   ─Pasá, sentate, vas a ver qué rico cocino.

   Sobre la mesa había papas fritas envasadas, maníes, aceitunas y una banana de postre. Llegó el Marido:

   ─Soy el nuevo cornudo.

   ─Si vos lo decís, no entendés que me gustan los cambios, a veces por un día otras por un rato. Tengo muchos, me sobran.

   ─¿Así que soy mil veces cornudo?

   ─Te quedás corto y por favor, andate, dejame un rato hasta que termine con el Bañero. ¡Le tengo unas ganas!

   Y su Marido volvió, fue la primera vez que no la encontró histérica. Estaba de un humor excelente. 

martes, 20 de junio de 2023

SEIS MILLONES

 

   Mi nombre es Nitán, no me gusta trabajar, ni tanto, ni tan mal pago.

   Encontré a mis amigos de la cola del Banco Nación, mientras esperamos que abran, tomamos mate, hablamos, nos reímos. La cola se hace contra la pared, una o dos veces al mes. Llega a tener seis cuadras de víctimas, esperando que las puertas abran. Se parece a un campo de concentración. Hoy fue distinto, hicimos silencio, había una tristeza atmosférica que provenía de nosotros. La entrada era a las diez de la mañana, había un apretado grupo de seguridad que nos obligó a pasar de uno en uno.                                

   A todos nos pusieron un sello en la frente.

   Cuando tocaban nuestros turnos, dimos vuelta a las mamparas. Detrás no había nada, las cajas no existían, el espacio era toda la superficie del banco. Nos apiñaron y en el techo había duchas con un fuerte olor a Mortimer.

   Esto es Auschwitz, pensé, apagaron las duchas y fuimos trasladados a los vagones de piedra Fortabat. Vimos las casas largas y angostas, hechas con madera de cajón de manzanas.

   Un personal extraño nos hizo pasar, a reductos invivibles, había bebederos de vacas, allí irían todas nuestras deposiciones.

  Dormí en la silla del Banco, una señora me despertó, venía mi número. Entré, cobré y me odié ¿Cómo voy a soñar con Auschwitz? ¿Por los relatos inconclusos de mi abuelo, que registró mi cabeza? Crucé al café y desde allí comprobé, la cola daba vueltas a seis manzanas. No es, pero se parece, giré mi cabeza hacia otro lado.

lunes, 19 de junio de 2023

INFORME PRIVADO

 

   No quiero que se den cuenta que estoy enferma. Mi Madre no podría entender cómo una chica saludable y deportista, se podía encontrar tan mal. Los primeros días tuve fuerzas para disimular.

   Me visitaban con miradas compungidas y hablaban entre ellos de mí, en voz baja para que no los escuchara. No se dan cuenta que estoy enferma, pero vienen igual. Por las dudas y por las deudas que tenía mi Madre con ellos. Tanto gasto, se quedaba sin plata tres días después de cobrar la jubilación.

   —Estos días le está bajando la fiebre, pronto va a poder entrenar y entrar en las finales de tenis, seremos ricos y les podré devolver.

   —La fiebre le baja, pero tiene ojeras y apenas camina, no tiene fuerzas. Le voy a regalar un libro que terminé de leer, se llama: “Cómo vivir enfermo” y te da ideas de para soportar estas contingencias.

   —Mamá, no quiero que venga más nadie y menos la Tía que más odio, con su libro pura verdura. Al Médico rajalo, lo mío no tiene solución y no me llore que me hace mal, porque a vos te hace mal. Mirá tele, salí a pasear, tejé un gorro, que me da frío en la cabeza.

   ¿La muerte empezará por la cabeza? ¿y vendrá por el resto después? Soy tan estúpida que termino pensando que hay un después.

   —¡Mamá!, no te vayas, no me dejes. Durmamos juntas, así me das calorcito.

   Por la mañana estaba fría, no respiraba. Su Madre lloraba, lloraba y no paraba de llorar.