jueves, 23 de agosto de 2018

OFIDIOS



   No estaban convencidos de seguir juntos. Tampoco de separarse, tiraron la moneda, ganó el divorcio. Vendieron el mobiliario y la casa. Los compradores tenían pinta de valijeros, pero pagaron todo con una inmediatez sorprendente. La sincronización entre ambos, luego de una charla de viajes y lugares desconocidos, quedaron en comer los cuatro.
   —¿Te parece, Pampi, que estuvimos bien en aceptar?
   Arturo miró la casa vacía y pensó en la nueva. 
   —Fue muy moderna nuestra decisión y civilizada. Podremos compartir una mesa sin discusiones, llevar nuestro fracaso con sonrisas y un buen vino.
   Pampi se vistió de princesa austera, con vestidos y accesorios, algunos comprados en Bruselas. Coral, la mujer del negociante, elogió tanto su colgante y no cesaba de preguntar si era único diseño, se agitaba cuando hablaba y parecía que se lo arrancaría.
   Pampi destrabó el cierre de la biyuta, comprada en el once y como si  importara nada, la depositó en el hueco de la mano de Coral. Ésta, no dijo ni gracias y la montó en su cuello gordo y corto, que delataba una extracción social subterránea. El marido, tan grasa como Coral, acariciaba bajo mantel, los gemelos de Pampi, ésta se hartó de la franela: —Escuchame, te has confundido, a lo mejor te picaba el tobillo y quisiste rascarte con la pata de la mesa, pero estás usando mis gemelos.
   Ante la sinceridad de la mujer, Coral dijo: —Existe la posibilidad que el roce bajo mantel, te gustara. A mí lo de Arturo me encantó, fue más audaz, me acarició con las manos…todo. Pampi, mi amor, ¿por qué no pensás lo del divorcio? Perder este hombre me parece una torpeza.
   Tan fina, Pampi, que parecía quebrarse, le echó limón en la cara.
   —Mi padre es Juez de la Nación y Economista, la venta del mobiliario y nuestra casa, queda sin efecto. Tengo un Padrino, más audaz que el tuyo, sus custodios saben dónde viven Uds, queremos la Escritura, mañana, depositada en el buffet de mis Abogados.
   Arturo cubrió los hombros de Pampi, con un chal de madroños de seda. Caminaron sin hablar, dentro del auto se besaron lo atrasado.
   Ya en la cama conyugal, que fue el piso, Pampi le dijo con una delicatessen ambiciosa: —¿Me tocás con las manos, como le hiciste a esa putita ordinaria?

miércoles, 22 de agosto de 2018

VOS ALLÁ YO ACÁ



   —¿Me prestás un libro pasatista?
   —No presto libros… “¿Pasar lista?”, bien de buchona. Si un libro sale de mi casa, prestado, no vuelve, después lo descubro en la repisa de tu cama y tiene mi nombre tachado y el tuyo encimado. Tengo mi biblioteca cada vez más flaca y lo que me falta, ¿dónde los escondés?, te dije que era mejor vos en tu casa y yo en la mía, pero te pareció que íbamos a gastar mucho en transporte. Lo pensé, no creas, pero tenías razón. Ignoraba las cosas que conlleva, te equivocás de cepillo de dientes, pensás que la heladera se llena sola. No coinciden nuestros horarios. Dormimos juntos los fines de semana, igual era cuando vos en tu casa y yo en la mía. No quiero usar más tu peine. ¿Y el mío?, detrás del sanitario, lleno de pelos ajenos.
   Sé lo que me está diciendo —¿Vos indirectamente me estás largando?
   Se dio cuenta la tonta. —Sííí, no acostumbro gastar saliva en tilingas.
   Le voy a contar: —Hay una nueva mujer en tu vida, te vi. Hacían de cuenta que no se conocían. Maldije las calles de Buenos Aires tan angostas. Tenía olor a chivo la mina, parecía un travesti.
   Carece de intuición femenina. —No, lo del sexo lo tiene claro, pero es un testigo protegido sin protección. Vive en la Boca, en un conventillo con olor a tortafritas. Se viste de travesti y saca unos mangos. Interesados siempre hay.
   Ella no podía asimilar lo que escuchaba. —¿Y vos te lo volteaste?
   Se emociona, me da pena. —Tás loca, yo seré lo que seré, pero puto no. Ahora lo protejo de día y de noche, si no tiene cliente nos vamos a tomar unas birras. Lo conozco del secundario, es un tipo de buena madera. Tiene un fangote de guita escondida, juró que me dará la mitad.
   Pensé que era un cómplice, un corrupto de mierda y eso fue lo que creí de mi amante, mi novio, el que decidía adónde teníamos que vivir, qué tenía que leer y ni siquiera me prestaba el cepillo de dientes, se cree que se la va a llevar de arriba. En esta calle no hay nadie, cubierta de ex – negocios con vidrieras: “Se vende”, forradas en diarios.
   Siempre llevo un revólver, con papeles y todo, porque sé que en calles como ésta, te pasa cualquiera. Busqué un pañuelo en la cartera y encontré la pequeña, así la llamo “la pequeña”.
   Justo daba vuelta la esquina, vi que no era él, pensé en un chorro que me atacaba, le metí cinco balazos. Cuando se pasó el estado shokeante, me dije: —Un chorro menos, es un chorro menos.

martes, 21 de agosto de 2018

LENGUARACES



   Los llevaron a una Iglesia octogenaria reciclada, alumnos entre diez y catorce años, invitados por un grupo de cuatro maestras devotas, con rosarios en las manos. Los recibió un sacerdote con su disfraz de Obispo, vestido largo negro, le atravesaba la panza una faja de color punzó y un gorro al tono, no un kipá, judío no era, pero el gorro le equivalía. Bendijo al grupo en el nombre de Dios, pidió disculpas por la escasez de luz, debido al importe excesivo de Edenor. A la entrada había una pila de mármol de Carrara, casi sin agua.
   —Como todos sabemos, el agua es un recurso no renovable, hace más de ochenta años, desde su inauguración, contiene el mismo líquido, antes de persignarse, humedezcan apenas el dedo mayor.
   Los chicos obedecieron entre risas y sumergieron el dedo hasta el fondo. Las maestras hicieron la mímica, pero quitaron la mano con el dedo seco. Hasta pusieron cara de asquito. El Obispo dio un paso pirouette con passé, levantando sus polleras de seda negra. El giro fue de tal exageración, que produjo la caída de un INRI de esmeraldas, al piso. Cuando sucedió el episodio desgraciado, apareció un monaguillo y juntó con un bolso de cierto pelo, las esmeraldas y los rubíes que representaban las lágrimas de Cristo.
   Desapareció tras unas cortinas. La estructura del Cristo, parecía de chocolate, uno de los alumnos le pasaba la lengua escondido en un confesionario. El Obispo descubrió al niño: —Me agrada tanto tu devoción, que te invito a pasar a mis aposentos.
   Los dijo casi en un murmullo, pero los compañeros escucharon y lo siguieron. El Obispo ordenó a las maestras, rezar en cuclillas tres rosarios completos y despaciosos. Él atravesó cortinados, junto con los alumnos curiosos. El lugar estaba tapizado en seda estampada.
   —Les voy a mostrar algo, que frente a las damas sería un sacrilegio.
   El Obsipo, con ayuda del monaguillo se fue quitando prendas con delicadeza y las depositaba en percheros de ébano, hasta quedar totalmente desnudo. Dejó su cuerpo caer al piso, con los brazos abiertos. —Alumnos, desnuden sus cuerpos y tomando el ejemplo del alumno, que pasó su lengua al cristo despojado, hagan de cuenta que soy de chocolate y pasen sus lenguas con detenimiento, por todo mi cuerpo, que es el cuerpo de Cristo, si se sienten pecadores, dejen que yo mismo les dé algunos mordisquillos. Este milagro no lo divulguen.
   Salieron del lugar, cuando las maestras iban por el duodécimo rosario. —Les comunico que estamos por terminar el Colegio doble turno, vendrán hermanos seminaristas a darles clases, los esperamos a todos.
   Realizó una bendición general y cerró la Iglesia.

lunes, 20 de agosto de 2018

EL DOLOR VIAJA



   Tengo un dolor que se traslada, el cuerpo tiene algo que me piensa como una autopista, choca con mi tobillo y se duerme un rato, luego me libera y se instala en la rodilla. Me abandona y puedo dormir quince minutos, hasta que me despierta con un choque múltiple en las ingles. Durante el sueño nocturno, él me ataca la otra pierna.
   Un día no me dejó ni leer, se abrazaba a mis músculos en las cabezas de fémures, tanto que impidió sentarme, pedí socorro y nadie me escuchó, caí acostada en la alfombra. A mi lado había un cutter, lo tomé con decisión y corté en todos los lugares que me dolían, porque seguía su desplazamiento.
   Había algunos tajos que profundicé más y más. Me quedé sin fuerzas, miré de costado y la sangre hacía caminos con afluentes, me dio pena la alfombra sucia de sangre, pero por suerte mañana viene la Señora que limpia, ya no la puedo esperar, siento que me voy y el dolor quiere llevarme con él.
   Pobre Dionisia, por suerte tiene llave.

domingo, 19 de agosto de 2018

CURROS TURROS



   Están apareciendo bolsones con guita. Hay mucha prensa metida en casos de esos casos. Bolsos por aquí, bolsos por allá y un camino bolso que baja y se pierde. Empecé a trabajar limpiando pisos en Ezeiza y un día me preguntaron si tenía estudios, Jefes me preguntaron, no cualquiera, lo único que aprendí en la vida fue a mentir. Dije la mentira: faltaba un año y era Director de Recolección.
   —Bueno, ahora te damos un ascenso, chito a todos, es fácil.
   Llegué a un campo liso, como una pista de aviones, pusieron un bolso en mi mano derecha y una mochila de cuero, por primera vez usé saco con corbata, ellos me lo dieron. —Ahora te vas para el norte, ¿conocés Formosa?
   Dije “sí” de mentira.
   —Si no la conocés no importa, olvidate. Aterrizás ahí y el piloto te indica, dónde dejás el bolso y la mochila. No pongas cara de susto, poné la de idiota que llevás siempre. Las dejás donde te indiquen, es una pieza sin ventanas. Tu flia y vos van a estar de primera, el sueldo es de 20.000 pesos cada diez días, te van a pagar más si no hacés boludeces. ¿Está claro?
   Yo le hice la venia, eso siempre es algo que te salva y éste tenía cara de malandra. Hice muchos viajes, me daban propinas, a lo primero no quería acectar, después sí. Mi jermu quiso una casa con pileta en Pilar. Un día me llamó un amigo para decirme que estaba marcado. Yo le pregunté: 
—¿No te habrán dicho “merqueado”?
   Me cortó el infeliz. Después me echaron con unos dólares de indemnización. No salí más de mi casa, hasta que llegó una citación para declarar ante un Juez. Fui por miedo, no le conté nada, pero le llevé todo mi dinero y los canutos que había hecho mi jermu en el jardín. El primer día, el Juez preguntaba cosas que yo, ni mu. Lo miré a los ojos, tenía cara de malandra, qué cosa, cómo se les nota. Le entregué una carpeta con toda mi fortuna. —Acá está todo lo que sé, Señor Juez.
    El tipo espió, gorda la carpeta, por los dólares y los pesos.
    —Vaya nomás, no es con Ud la cosa, se han confundido. Le ruego que desaparezca con su flia  y se vayan a otro lugar de perfil más pobre. ¿Me entiende?
   También le hice la venia, por las dudas, sobretodo. Ahora estamo en Balcarce, mi mujer vendió su ropa, toda de marca, no quiere dormir conmigo. Anda todo el día con cara de culo. Me enteré que me engaña, por el mismo amigo que dijo que estaba marcado. Pero vuelve como nueva, hace de comer, trae algún dinero, toma vino, toma, toma mucho, pero después le echo unos polvos mundiales mientras me dice: “Sos lo más, Pablo” o “Dale dale, Vicente”, “Lo quiero hasta el fondo, Orlando, vos podés”. Nunca dice mi nombre.
   Estoy piola, nadie me conoce pero todos me saludan con respeto. No sé por qué, pero tampoco me importa.

sábado, 18 de agosto de 2018

PARADOJAL



   El entusiasmo le ganó a su cansancio, un amigo incondicional encontró una nuez y le sacó fotos mínimas con su cámara zeiss ikon y máximas. Abrió la nuez con cuidado científico y descubrió los bajorrelieves y los altos. Amplió todas las secuencias y llamó a Maru, ella tenía mal carácter, vomitaría la verdad. Abrió la puerta y entró, las paredes estaban cubiertas de gigantografías.
   —No es posible Jere, tus imágenes son una obra de arte, quiero que sean expuestas, junto a lo que pueda gestar en volumen. Voy a representar una vagina en primer plano. Va a pertenecer a una mujercita lejana, como un gran angular ensañado con el sexo expuesto. Empiezo ya, tengo el lugar que me cedió la Muni de La Plata. Necesito soledad, el material lo compré con la tarjeta de mi viejo. Ya avisé a todos mis contactos que no me visiten hasta el día de la inauguración.
   —Si querés dormir y comer en casa, tenés mis llaves.
   Ella craneaba por dónde empezar: —Gracias, Jere, yo trabajo de una o no trabajo.
   Maru talló las cáscaras de nuez con formón, escoplo y buril, tan inmensas, hasta lastimar sus manos, le dolían pero lo tomó con humor. Siguió el trabajo mientras se decía: “Parirás con dolor”.
   Para el interior usó gubias y limas, colgó el nuecero en diagonal al espacio de la sala, a un metro del piso. La mujercita con muslos que se engrosaban hasta llegar al sexo relajado, la realizó a la cera perdida. En la antesala ubicó las fotos de su amigo. Ese trance lo hicieron entre ambos.
   Hubo otros trabajos en diferentes lugares de La Plata. Escultores de alta gama y Autoridades de la Provincia de Bs As con María Vitral a la cabeza, fueron el Jurado. El Primer Premio le fue otorgado a Maru Siniglesia y el Segundo, a su amigo Jere Entrón.
   Ambos fueron aplaudidos, felicitados, besados, aclamados y todos los ados e idos conocidos.
   Les entregaron una bolsita de nueces a cada uno y una botella de gaseosa, para compartir.
   Se fueron taconeando bajito. Maru se indignó: 
—¡No nos pagaron ni los materiales!
  Jere también los insultaba y todos los amigos, acompañaron con gritos la pijotería inaudita del Jurado. En medio de la contienda, apareció el Cónsul de Francia. Habló con los artistas y ofreció 300.000 Euros por las obras. —Tendrán un lugar definitivo en el Museo de Artes y Oficios de París, compartirán sala con Mademoiselle Silvie Pineu 1925-1980, Escultora vanguardista. Parece sostener entre la axila y el brazo una baguette, pero es obvio que es un inmenso pene.
   Monsieur le Cónsul les entregó un sobre con el cheque y otro sobre con pasajes para Maru, Jere y los amigos más entrañables. Tomaron tanto champagne, obsequiado por la Embajada Francesa, que Maru dijo unas palabras, para su pueblo de origen: —¡Devuelvan la guita, Chorros!

viernes, 17 de agosto de 2018

PROHIBIDO PROHIBIR


  
   Juntaba hongos todas las mañanas, conocía distintas formas, tamaños y diferenciaba los venenosos de los inocuos. Era una Abuela rodeada de un bosque de piñoneros intrincados. Los nietos comían diferentes alimentos con alguna variedad de hongos. La mayoría prefería los de sombrerito y tallo gordo. Reprochaban a la Abuela que nunca encontraba los de sombrerito rojo con lunares blancos. Había sido muy bella de joven y su marido era fanático de cualquier verdura o carne, con hongos. Él mismo, también juntaba cuando volvía de su trabajo de leñador, la Abuela los doraba en manteca y los agregaba a las comidas. Un día él apareció muerto.
   La Abuela llamó al Médico de campo, que diagnosticó envenenamiento por ingesta de hongos venenosos, otra explicación no había. La Abuela llamó a la Policía, para deslindar responsabilidades por el deceso de su Marido. La base de aquel matrimonio era el amor mutuo. Los policías se ocuparon del sepelio, sus hijos no podían creer lo que le pasó al Padre.
   A los nietos se lo fueron contando a medida que crecían, en especial, para que no comieran hongos encontrados por cuenta propia. Los niños sienten curiosidad cuando lo prohibido aparece. Jugando en las hamacas encontraron hongos con sombreros rojos y lunaritos blancos. Juntaron unos cuantos e hicieron una comida especial para la Abuela, querían sorprenderla, agregaron copitos de azúcar y yogurth casero. Le llevaron el desayuno a la cama, la Abuela emocionada comió con fruición todo el tazón. Fue algo imprevisto, los hongos aquellos eran venenosos. La Abuela murió.
   Ninguno de los nietos dijo que ellos juntaron los hongos. Ni cuando fueron grandes tocaban el tema.

jueves, 16 de agosto de 2018

ARMATOSTE



   Eran amigos desde chicos.
   —Como está tan oscuro, no hay luna, el centro de la laguna es hondo, pero no tiene remolinos, es agua mansa.
   Vani pensó, el pobre tiene miedo de mi miedo, desde que pasó quiere sacar todo eso del galponcito del fondo. Jano empujó el bote hasta la orilla, lo ayudó hasta que comenzó el agua, se hizo liviano.
   —Mejor que vayas sola Vani, no pesás nada y los armatostes pesan menos que yo.
   —Decime si entendí bien qué dijiste, en el centro hay un poste que fue árbol, ato el bote, no me paro, puedo desequilibrar y caer junto con el armatoste. Vos esperame, Jano.
   Manejaba bien los remos, en la mitad se detuvo y como una experta, subió los remos al bote, nunca pensó que fueran tan pesados. Descansó, estiró las piernas y se masajeó los brazos. En tres movimientos llegó al poste, no podía anudar el bote, el musgo hacía imposible sus esfuerzos. Miró hacia la orilla y levantó la mano. Apenas lo divisó, quedaba más lejos de lo que imaginó. El bote se desequilibró, cayó al agua el armatoste y después ella. El aire le alcanzó para llegar a la superficie, nadó con desesperación, en la mitad apareció Jano y la ayudó.
   —¿Por qué todo esto?
   —¿Vos te acordás? Mis padres vivían con terror, primero desapareció mi hermano mayor, después el del medio, no tenían prueba de vida, como otros padres. Yo contaba con siete años, pensaba que estaban en Australia, siempre me contaron eso. Vi a mi viejo sacar armas de grueso calibre, del entretecho, cajas de balas, metralletas. Pregunté.
   —Vos, no sabés de todo esto. Pedile a Vani que ayude, ella ignora que a sus hermanos los llevaron ayer. Ni se te ocurra decirle.
   Los esperó en la costa. —Deben tener hipotermia, se cubren con estas toallas y derecho a casa.
   —¿Y vos, Papá?
   —Me avisaron, esta noche vienen por mí…

miércoles, 15 de agosto de 2018

ALPEDOLOGÍA ACADÉMICA



   Me mandaban allí porque era cerca, la Maestra tenía nariz de bruja. El lugar donde vivíamos, tan árido que ni podíamos sembrar perejil.
   Una sola Escuela, una sola Maestra. Según Mami, para ser buena con los niños, necesitaba un novio. Yo no entendía, si la Maestra iba con un novio ¿sería más buena? —No Anita, deja el novio en su casa y después les da clases más contenta.
   Un día la Señorita me hizo cambiar de pupitre tres veces, al cuarto pedí que me explicara los traslados. —Cuando les doy una redacción, -dijo la Srta- tema libre, avisás que con éste se van a reír.
   Yo contenta, me gusta que todos estén contentos, pero, dijo la bruja: —Escribiste una que leíste primero. Yo no me reí, no fue gracioso, ¿a alguno de Uds le dio risa?
   Todos miraban para abajo, serios. —Ahora que lea Javier, que es un modelo de niño, llega a escribir treinta páginas, mínimo.
   Ese día me enojé, porque el niño modelo ocupó toda la mañana leyendo disparates. Cuando tocó el timbre, había hecho un moco grande, que construyo cuando me aburro, se lo pegué en la Carpeta de Asistencia y el chicle que mastiqué toda la mañana, fue a parar al almohadón donde se sienta. La clase siguiente, me retó porque dice que hablo mucho y hago lío, siento mal precedente.
   Levanté la mano: —Mire Señorita, mi Mamá tiene razón cuando dice que le hace falta un novio y mi Papá continúa: “Un polvo de vez en cuando”, eso último no lo entiendo, pero debe tener razón porque es dramaturólogo. Mi Mamá me aconsejó que no le diera pelota, eso tampoco lo entiendo, yo no tengo pelota y si tuviera seguro que no se la daría. Cuando hablan entre ellos, dicen que Ud es una hamburguesa careta. ¿Será por el Carnaval? Y seguro que nunca probó un porro, ya que estamos, Srta, ¿qué es un porro? También dice que Ud tiene endivia de mi libertad. Y yo le digo que hoy le hago guelga y no le voy a contestar nada de lo que me pregunte.

martes, 14 de agosto de 2018

¿CUÁNTO?



   —Te llevás el auto?
   —No encuentro las llaves, se me hace tarde.
   —No te las voy a dar, empiezo a laburar hoy, no quiero que piensen que soy una rata sin auto. Menos tenés, peor te tratan.
   —Me pone contento que tengas un laburo, por fin te diste cuenta que la guita no alcanza.
   —Si a cada Secretaria nueva le hacés regalos y después te la cogés. La muy putita, te acusa de acoso, todos le creen, pero la echan por las dudas. Y no aprendés, te ponen otra y la cogés con promesas de ascenso. Después se me aparecen a mí! Para el reclamo. Y les miento que te fuiste a la mierda. Son muy consideradas, me invitan a tomar el té, la conversación gira en sacarte el cuero. ¿Por qué no cobrás tu herencia de una vez y nos arreglamos o me arreglás con unos mangos?, vemos.
   Hoy visito a Peter y Tolo, vamos al Abogado carancho y hacemos la división, de paso, me la saco a ésta de encima.
   —Cacho, lo agarramos desprevenido al boga yendo los tres juntos, no va a tener otra, que leernos lo de Papi.
   Entró Tolo primero, el que más intimida, siempre anda armado. El abogadito también, pero es cagón, somos tres contra uno.
   —Buenas tardes Doctorcito, perdone si lo sacamos de los ravioles. Tenemos premura para que nos lea los papeles del reparto de nuestro Padre.
   —Cómo no, ya mismo, hay una cifra importante para las tres Secretarias que sé, perdón, que tuvo relaciones sexuales, otra parte para dos hijos biológicos que se hicieron presentes en el día de ayer. Trajeron los ADN que coinciden con los de vuestro Padre. Deudas con el fisco a montones, disculpen ¿su Padre jugaba?
   —Sí.-Dijimos los tres a coro, recordando cómo lloraba la vieja cuando perdía-.
   —Bueno, mis queridos, lo adeudado debe ser pagado por Uds, que son los parientes más allegados.
   —¿Algo que falte?-Pregunté yo como un imbécil-.
   —Sí, claro, mis Honorarios, que equivalen a vuestra herencia, pero yo los espero.
   Tolo, después de las noticias, preguntó: —¿Qué hago? ¿Vuelvo y lo mato?
   —Ni se te ocurra! No problem, alguien se va a adelantar.

lunes, 13 de agosto de 2018

DISFUNCIONAL



   Fui al Banco y esperé tres horas hasta que abrieran, prefiero cagarme de frío tres horas, antes, afuera y no tres horas adentro con bronca. Tenía la campera cerrada, pero una apertura en el medio del pecho, transportó viento, con frío helado y lluvia. Dardos que aterrizaban en mis bronquios. Entré al Banco, tibio de mugre, extraje dinero, casi todo. El arrendamiento acumulado y ahorro. Fui a la Contadora, la calefacción al mango, entregar todo el dinero, menos un piloncito que daba risa. Los Impuestos están más altos que la tierra.
   No supe dónde estacioné el auto, lo dejé. El viento a favor hizo que llegara rápido al sweet home. Al entrar hice un camino de mochila, campera, pulóver, camiseta, medias mojadas y borcegos inundados. Calé mi pijama de oso, me metí en la cama temblando.
   El termómetro marcó 38°. Tomé una pastilla y dormí, hasta que un trueno me hizo marcar el número de mi Psi. Le dejé un mensaje: “Me enfermé, lo dejamos para la semana que viene”. Es la tercera vez en los veinte años de psicoanálisis, que falto. Otras veces con culpa, esta vez convencida. Dejé sin cobertura mi locura. Llegó Mario. —Estoy enferma, no me acuerdo dónde dejé el auto ¿lo podés ir a buscar?
   Miró con desprecio matrimonial: —¿Estás enferma? Saliste con la campera abierta.
   Se fue, dando un portazo. El picaporte de adentro cayó al piso. Volvió con el auto multado.
   —¿Me traés un té con limón y una tostada?
   Escuché la pava golpeada contra la hornalla.
   —Tenés todo en la cocina, detesto miguitas en el dormitorio. ¿A ver?
   Me tocó la frente. —No tenés fiebre, podés caminar, te escuché, cancelaste la sesión. Ya no sabés cómo joderme, lo tenía que ver a Sebas en ese horario, pero no. El boludo se queda para cuidarte. La multa la pagás vos.
   Mi locura no tiene cobertura, debería haber ido con fiebre y todo. Tengo que pagar al Psi para que me contenga, mierda, carajo!

domingo, 12 de agosto de 2018

EL DÍA "D"



   …“Los abortos, a partir del día de la fecha, serán realizados por los Senadores”…
   —¿Te parece que los harán bien?
   Trini dijo dudando: —Y mirá, si son ladrones de guante negro, es un riesgo. Me quedo con la vieja que me hizo cinco, con un Anestesista Practicante y ella con mano bendita, concluyó mi legrado sin yo perder una sola gota de sangre. No me cobró nada, era Tía de una amiga. ¿Por qué hiciste esa pregunta Moni, estás embarazada?
   —El turro se rajó y no me dio un mango, no sé adónde ir, ¿qué hago?
   Trini pensó en sus ahorros y en la Tía generosa, le contaría dónde vive Moni, alguna rebaja le haría.
   Moni sintió premura, su Madre presentía y le preguntó por qué andaba con náuseas. Casi le cuenta. Frenó a tiempo. Decidió ir a cualquier lugar. Le dieron un turno a las tres de la tarde. Ella, dos y media se presentó.
   —Mirá piba, si te dije a las tres, no te me aparezcas antes, pasá, pero yo ni lavé la cocina. Algo siempre hay que esterilizar. Tiene que venir mi sobrina para la anestesia. No llores, eso hay que pensarlo antes. Ahora acostate en la mesa larga.
   Moni escuchó a la sobrina que hablaba bajo con la mujer.
   —¿Vo está segura que e mayor de edá, mira que yo no quiero quilombo. ¿A ver, nena? Tiene venas grande, por suerte. ¿Se la pongo ahora?
   La mujer contestó. —Sí, dale, que a las cuatro y media viene otra.
   Moni no sintió más nada, recuperó la conciencia en un catre con una colcha de manchas dudosas. Antes del desmayo vio el catre inundado de sangre. La dejaron en la puerta del Hospital y se fueron.
   Le dijeron a la Madre que le habían hecho un aborto, personas sin experiencia.
   —Ahora que siga Élida, yo no puedo.
   La Madre no entendía nada, cuando el Médico le informó que el legrado le produjo una infección generalizada. Moni murió, la Enfermera Élida la abrazaba. —Mirá, mi amor, acá hay muchos culpables, las mujeres que carecían de asepsia, el Estado, la Iglesia y todos los que votaron en contra de la Ley.
   Aparece Trini sacada de sí: —Voy a hacer la denuncia en la Policía y entro clandestina al Senado.
   Mi micrófono de karaoke le pondrá letra a la muerte de Moni. La ligereza de sus ambiciones está cargada de asesinatos ignorados, que ahora serán realizados por Uds, algo huele mal en Argentina.
   Se siente, se siente, el pueblo está caliente.
   ¿Apagarán con sangre las fogatas?

sábado, 11 de agosto de 2018

ADELANTE



   No le gustaba trabajar, en la infancia, su Madre, hacía constar ante quien quisiera oír: “Es incapaz de levantar un papel del suelo”.
   Podía vivir sin trabajar, su Madrina bendijo su anorexia laboral. Cuando falleció le dejó una fortuna. Por soledad y por desgracia buscó conchabo en internet, aceptaron su solicitud, pero en ningún lugar figuraba de qué se trataba. Tenía la dirección, había un terreno de cuatro manzanas sin construcciones y una tapa de Obras Sanitarias, a ras de la tierra, con un picaporte. Bajo relieve se leía: “Baje sin llamar”.
Lo atendió un anciano de barbas blancas, largas hasta las rodillas. Ninguno se dio ni las buenas tardes. Barba larga habló primero: —Todo consiste en editar 35.000 ejemplares de un libro que yo escribí con las peores intenciones, le aclaro que no muerde. Tosió seco y gargajeó vivo de risa. Levante Ud este paquete, con las primeras ediciones que son 1.000, debe encargarse de la venta y la edición de los 34.000 restantes. Prefiero una editorial desconocida.
   El nuevo trabajo lo inquietó: —Si no es molestia quiero saber el título del libro y algo referido al contenido.
   El viejo miró la escalera de caracol y por vez primera le notó una exacta similitud con la vida. 
   —La curiosidad de algunos jóvenes me sigue asombrando, sé que lo leerán. Los libros están cerrados. Sólo el comprador podrá abrirlos. Casi olvido decir, que se venderá únicamente a personas lectoras. El título es una ligera modificación de lo que reza la puerta de mi casa: “Entre sin llamar”. En cuanto al contenido, Ud dirá, si es lector y lo compra. Todo está pagado, aún la editorial es la única desconocida, la encontrará enseguida. Muchacho, este trabajo lo ocupará la vida entera, puedo asegurarle que habrá reediciones. Ud mismo debe encargarse de las ventas, lector por lector. Cuando termine, le pido, que me visite, gustaría de saber la repercusión de mi obra.
   Alquilé el Congreso de La Nación por tiempo indeterminado. No iba nunca nadie. Se rumoreaba que en el año 2.078 será demolido por el pueblo en su conjunto, que en ese tiempo andará con pensamiento.
   Pasé años dentro del Congreso, vendiendo cientos y cientos de libros cerrados, terminé por llevar mi cama y dormía allí. Nunca me atreví a abrir ningún libro, por no ser yo lector.
   Cuando quedó el último ejemplar, no lo pude resistir. La portada era como la descripción del autor, con el agregado de “Editorial Desconocida”. El nombre del barbado “Ausencio Bajotierra” y dentro había 250 páginas en blanco.
   Por voces que llegaron a mis oídos, supe que los adquirentes lectores escribieron su propia novela, en el libro sin letras.
   Visité al barbado, había unos trabajadores de Obras Sanitarias y aseguraron que allí nunca pudo vivir nadie, porque siempre estuvo lleno de aguas servidas.

viernes, 10 de agosto de 2018

AH, SOLEDAD, QUÉ TRABAJO ME DAS



   Escribí un cuento sobre el Ángelus de Millet, tan triste que a mí que fui autora ideológica, me dio angustia. Había tormenta de vientos importantes y lluvias con ganas de seguir lloviendo. La imaginación es el combustible para empezar un cuento.
   Estaban las dos hermanas enfrentadas, cuando terminaron de ver dos películas consecutivas. 
   —Clara, ¿sabías que Papá no tenía para mandarnos a la escuela a las dos? Te eligió a vos porque con una sonrisa sin palabras nos criaste, hacías la comida, armabas barriletes y entre todos nos divertíamos con el teatro de sombras, donde cada uno de nosotros hacía su personaje por las noches. Durante la infancia cuando uno es feliz, es feliz todo el tiempo. Cuando apareció Pietro, el Señor de las veinte parcelas, así le decían, te hizo la corte cortita, para que fueras a vivir con él. Vos sola, Clara, decidiste. Papá fue el primero en enterarse, su mayor dolor fue que dejaras la escuela. Consideraba a Pietro un stronzo. Te dejaba sola unas horas, un día y luego fueron meses.
   —Celia, eso, pertenece a la prehistoria. Cuando murió Papá todos Uds se instalaron en la casa de Pietro, había desaparecido y a nadie se le ocurrió buscarlo ni hacer denuncia, yo la primera. El estúpido me pegaba, arrojaba objetos filosos y los amenazaba a todos Uds. 
   Papá inventó una especie de medio silo para moler semillas. Pietro, con dos botellas de Whisky, tomadas al hilo, subió la escalerita con la máquina funcionando. Carne macerada, las semillas molidas tenían un tinte rosado. Vino fenómeno para enriquecer la tierra…
   A Celia le dio un paro cardíaco. Clara prendió el televisor y vio la película que quiso sin consultar con la finada.
   Cuando terminó, arrastró el cuerpo de Celia, abrió la puerta del sótano y la deslizó dentro, junto a los restos de sus otros hermanos. Echó lo último de cal viva que todavía quedaba.
   Cerró la puerta del sótano, cubrió el piso con la alfombra. Se recostó en el sillón y se tapó con un poncho. Antes vio las luces de un auto, tomó los prismáticos, conducía alguien solo. Preparó la escopeta, pensó que el sótano le estaba quedando chico.

jueves, 9 de agosto de 2018

LÍNEA "C"



   —Tu Papá es pordiosero Chichí, te lo cuento ahora que sos grande.
   Se remontó  a la infancia. —¿Por qué esperaste tanto? Me dejaste fuera de mi historia, tuve un Papá que no murió y si es pordiosero, está vivo, claro, no a la altura de tu elegancia. Yo te admiré más de lo que te quise y ahora siento el derrumbe de esos sentimientos.
   Perla se miró en el espejo al pasar. Tenía fascinación con los espejos que repetían su imagen hasta un infinito. Después se llamaba a sí misma, para no ir tan lejos.
   —Tu Padre lustra zapatos en la línea “C” del subte. Si es tu deseo conocerlo, a mí no me afecta.
   Chichí se vistió dama de honor, tenía el mismo porte de su Madre, no la elegancia, boca rojo sangre, ojos enmarcados en negro, pelo negro, con rulos colgantes y anteojos oscuros enormes. Esperó el subte que nunca tomó y lo vio. Ojos verdes terminantes y color de piel donde el páncreas, agotado, le pedía no más alcohol. Tenía pómulos altos como los suyos y ojos perdidos como los suyos.
   —Buenos Días, Señor.
   Él no la miró, parecía ciego. Esta ceremonia la cumplió tres meses. A comienzos del invierno le tejió una bufanda de cachemir.
   En cuanto lo vio, casi a ras del piso, le envolvió el cuello con la bufanda.
   —Gracias, linda, no la registro, pero sé que es linda, porque me da como un calorcito, cuando la siento cerca…
   Chichí le dejó un sobre entre el betún y su caja. Después de ese momento le dejaba la mitad de su sueldo, todos los meses. Sin decir, porque una vez se ofendió. —¿Qué pretende una chica, de alguien como yo?
   Ella no le contestó.
   Perla no sabía: —¿Y? ¿Ya pasó la impresión de mi noticia?
   A ella la asaltó la curiosidad, pero redujo todo a su menor expresión.
   —Debió ser un hombre muy buen mozo, tal vez necesitó ayuda. El vino es una novia, que él desvirga, cada vez que destapa una botella. Para vos un bochorno, para mí: Papá…

miércoles, 8 de agosto de 2018

NO RETURNS



   Tiene buena prensa. Hace siglos que no voy al cine. Saco la entrada, pulso un botón, como en un cajero automático. Debo pulsar otro botón para fila y número de butaca, elijo Fila 10 Butaca 12.
   Piso un felpudo de acero, se abren las puertas, no hay Acomodador, en su reemplazo una luz cenital señala fila y butaca. Se apaga la luz, comienza la película, paso por alto el lenguaje contracturado, los actores generan acciones absurdas, algo voy entendiendo, allí no existe ni el amor ni el odio, no hay guerra ni hay paz. Los actores hablan en diferentes direcciones, no se miran entre sí. Es mucho esfuerzo para mi cobertura intelectual. Recuesto la cabeza en la butaca articulada y duermo. Cuando despierto miro la pantalla y dice “Te En”, me perdí el final.
   Me levanto con la dificultad ósea de los años. Buscando la salida, una cinta metálica me traslada. No hay nadie, fui única espectadora. Quise volver a casa, flechas indicaban otra mole parecida a otro cajero automático. En la calle no había personas ni autos. Por intuición pulsé el botón rojo de la mole. Provino una aerosilla, tomo asiento y un plano de la Ciudad, con un puntero automático, dibuja el signo de apertura de pregunta, señalé mi casa, no sentí ningún movimiento, tuvo la velocidad de la luz, el costo estaba implícito en la entrada, junto con fila y butaca. La casa, casi oculta, entre infinitos tubos de metal, que carecían de puertas y ventanas. No se escuchaban pájaros y los árboles no tenían existencia.
   Entré apurada a la cocina, respiré. Por fin algo humano. Olvidé en qué día estaba, miré el almanaque, decía 24 de  Septiembre del 2.090.

martes, 7 de agosto de 2018

VACACIONES



   —Son tres pacientes por mes.
   Esta mina está más loca que sus pacientes. 
—No soy Psicóloga, Abigail, es antiético, el hecho de analizarme toda mi vida, no me habilita.
   Abi le clavó los ojos. —Un paciente de mucho tiempo, es casi un Psi, la sesión te la pagan a vos, unos mangos son, nunca me tomé vacaciones, jamás te pedí un favor…
   Zulma tenía ganas de matarla. —No me ruegues, se te pone cara de vaca vieja. Dejame sus diagnósticos aproximados y detalles de comportamiento, bueh, vos sabés.
   —Te quiero, Zuli.
   Zuli le dio con el diario en la cabeza. —A veces lo dudo. Un mes sólo, un mes y no me jodas.
   El primero es puntual, fóbico exasperante, voy a actuar que sé lo que no sé.
   —Señor, no tiene que venir dos veces por semana, no mejorará su situación por la frecuencia, nos vemos, en dos semanas.
   —Adelante.
   —Yo soy el caso dos, me enamoré de la Psi, que no es Ud., es la anterior. Siento el abandono de mi amante, grande es mi desencanto. Campeona olímpica en las lides del amor. ¿Cómo no fue conmigo de vacaciones? No me diga nada, soy su plan B, no para Ud, para ella. No creo que encuentre otro como yo, que se deje fustigar, pinchar con agujas de tejer, tirarse del ropero y embocarla. Nos vemos cuando ella vuelva. No se ofenda, pero seguiré en la cama mirando el techo.
   Llegó la que viene cuando quiere.
   —Pase por favor.
   —¿Por qué me dice “por favor”, Ud que ni la conozco? Conteste ya!
   —Mire Srta caso 3.
   —¿Por qué me dice caso 3? ¿Soy la última?
   —Y por una cuestión de edad, es así.
   —¿Ud, Dra piensa que entré en la tercera edad?
   —Sí mi querida, nos vemos en la próxima, si sigue en la recta de la vida.
   Abi no tiene piedad, cómo me va a dejar estos engendros a cargo. Ninguno me pagó, creyeron que la atención era gratis.
   Sigo atendiendo mi consultorio, tengo una buena cartera de pacientes, gracias a los treinta años que me analicé con ella. Encima la turra usa esta pobre gente, para confundirla más de lo que está, los vuelve locos para que no se le borren. Cuando vuelva, la muy infame, seguro que quiere contactarse conmigo, me haré negar un tiempo, dos meses y después la busco, la abrazo y le digo que es irreemplazable.

lunes, 6 de agosto de 2018

NO ME BUSQUES



   —La casa que tanto te gusta, con escaleras que suben y otras que bajan, tiene dobleces con ventanas rondantes, arriba tejas de pizarra, sótano ocupando toda la superficie de la casa, con una luz enceguecedora, que ni su propio arquitecto se explica, la arboladura que la envuelve. La enredadera pegada a todas las paredes. La compré. Ocupa una manzana triangular. No tenés vecinos en plena ciudad. Es tu manzana, única casa, es para vos. Los gastos corren por mi cuenta.
   —Estás loco de remate, no entiendo.
   Él se miró la punta de los zapatos, que subían y bajaban como las escaleras. —Tiene condiciones, recibite, largá el pucho, conseguite un novio de tu edad, no ese viejo de mierda que nutre su vida hermetizando la tuya. Tirá esa tecnonada, compu, celu, mirá la realidad, sentila, tocala, comela, ayudala.
   Se le puso piel de pollo de asco y odio. —Tu generosidad es…es…es carísima, ¿recibirme? Ni en pedo, me equivoqué en los cuartos de final, pero me saqué un elefante de encima. ¿Dejar de fumar? Es mi mejor amigo, jamás lo traicionaría con cortarle el humo. Me decís “conseguite un novio”, como si el tema me interesara, vos pensás que un novio se consigue en la sucursal de tu barrio. La palabra novio me da náuseas, me fue mal con todos. Con respecto al viejo de mierda que denostás, no me impone condiciones, vivimos en una casita para no mojarnos cuando llueve, el resto del tiempo viajamos a los países que más nos interesan y no para ir de shopping o mirar galerías de cuadros. Eso ya lo hicimos. Ahora viajamos para visitar amigos queridos. Ese viejo de mierda, fue el que te vendió la casa que me querés regalar, a través de una inmobiliaria. Con esa guita y otra venta del Petit Hotel a María Culia Altocaray, conocemos, vivimos y nos compramos tecnología, que no usamos en la reputísima vida…
   Le dio tos, se le cayó el sombrero. —¿Yo qué te hice para que me trates así?
   Le vomitó la respuesta: —Lo mismo que vos le hiciste a Mamá.  

domingo, 5 de agosto de 2018

PARA EL TÍTULO NO ME ALCANZÓ EL TIEMPO



   —El problema de ahora es el tiempo. Interhueva te lleva la vida. Que te operen de algo, suerito, inyección y hoy por la tarde abandoná la habitación, porque hay pacientes en espera.
   Celular en el Supermercado: —Fijate si quedaron fideos, ¿qué más era?...queso de rallar…¡Acordate vos!, no me acuerdo ¿qué más hace falta?...sino vení vos, acá está el carro…y yo le calculo seiscientos. Igual traé. Chaucito.
   Si te enganchás con una serie de Intrenet, vas a dormir dos horas menos y si te atacan la pelotuduceses de Infrabae, te quiero ver mañana, con los ojos hinchados, llorando, porque tu único hijo no te llama y es domingo. Me propuse y lo cumplo, un cuento por día, lo subo a mi Blog, como ejercicio y por placer. Otro tiempo que me impide rascarme el ombligo, pensar una idea, desarrollarla, corregirla.
   Soy estreñida porque la cuestión del tiempo cubierto me cierra el culo. El odio que me da sumar lo que gasté en la diaria y cuando miro las cuentas a pagar, araño las paredes.
   Ahora soy del bando “yo de política no hablo”. Para cortarla con algún antagonista ñocoso, encima me hace perder tiempo.
   Contesta mi Psi, con voz de estanque tranquilo: —Preocupate por vos, hacete un tratamiento para tus peladas en la cabeza, una limpieza de cutis, mimate vos un poco…
   —Tenés razón, pero sabés qué pasa, el día tiene veinticuatro horas y a mí no me alcanza, necesitaría cuarenta y ocho y el resultado sería el mismo, no me alcanzaría el tiempo.

sábado, 4 de agosto de 2018

LA VISITA DE PLANO


   —¿Qué pasó esta vez?
   Siguió ordenando ropa.
   —Lo que nos pasa a todas, salimos ocho días y el último me dijo que prefería variar de pareja. Antes me amaba: “Qué buena estás” “Qué inteligente sos”, pero al tipo el entusiasmo le duró ocho días.
   Angie tocó dos notas de su flauta dulce.
   —Hacé otra cosa, algo que te guste, que los tipos pasen a segundo plano. Ocupá la cabeza con algún conocimiento que te entusiasme y cuando estás hasta las bolas, estudiando, porque rendís mañana, aparece en primer plano el Profesor. ¡Que va a tu casa! Por dos motivos, clarificarte en alguna cosa que te vio flojita y darte un abrazo de avance. No le des pelota, controlá tu libido y te das una materia: diez. 
   Toca cuatro notas de la flauta dulce, melodía medieval, le sale saliva.
   —Y vos, ¿cómo sabés tanto del tema, Angie?
   Seca la saliva con un elite.
   —Similar a lo tuyo, me hizo perder un año de la Facu. Y no fue demasiado lo que recibí a cambio. Me concentré y estudié con tal interés, que los apuntes me quedaban chicos. Investigaba en la Biblioteca, donde el silencio y el espacio, colaboraron para organizar memoria racional y conclusiones propias. Soy mi propia dueña, no le hago el entre a ningún tipo y el tiempo de pos grado llena mis noches. Te puedo asegurar que me siento en estado de gracia.
   Guarda la flauta en el estuche. —¿Y? ¿Te sirvió de algo mi experiencia?
   Le iba a decir que la experiencia no se transfiere, miré el sillón, se dejó la flauta y se llevó el estuche. Faltan diez minutos para que venga el hermano de Angie, descubrí que haciendo lo contrario que ella me aconsejó de onda, me copa más. Su hermano me pidió que nos casemos en secreto, estoy de dos meses y quiero que Angie sea la madrina. El beneficio es doble, porque mi hermano estudia flauta dulce con ella y se le cae la baba por la flauta y por ella.
   Algo va a pasar, cuando se encuentran, para ir al Conservatorio, a Angie le da una dislexia repentina y se le pone toda la cara bermellón.

viernes, 3 de agosto de 2018

MICKEY MOUSE




   Gracias noche, por este espacio de silencio, que me permite escribir un cuento, sí, sigo engordando, haciendo vida sedentaria, dejé el pucho.
   Mi pecho se enojó conmigo, por llenarlo de humo cincuenta años. Tengo la cara como si hubieran puesto mi cabeza en una morsa, me estoy quedando pelada, olvido todo, confundo, escucho menos y me acorté casi besando el piso.
   —Habrá biromes chiquitas?
   Es mágica la noche, me sacó de la queja y escucho los pasos de arriba, parece que los departamentos fueran de cartón prensado. Él reprocha la desaparición de un salame. —Pietro, si comés salame, no vas a poder bailar tango, tenés un nombre, un lugar, y esa panza no es de embarazo. Para  que no encontraras el salame, lo tenía escondido, pero viste que hay ratas y les gusta picar algo.
   Escucho la temática y agradezco vivir sola. Ahora vienen golpes de arriba, encontraron la rata y él quiere matarla con la escoba, ella está arriba de la mesa, pidiendo clemencia para el animal. —¿Vos sos tarada?, no es un animal, es un roedor y se multiplican con rapidez. Hace un mes tenían que venir los fumigadores.
   —Y bueno, Pietro, no pagues las Expensas, hasta que no maten la última rata, que dios me perdone.
   —Tengo una idea, traé la aspiradora.
   Los pasos son rápidos, violentos. Hay un motor prendido y ella le indica: —¡Ahí está!, qué buenas estas aspiradoras alemanas, la atrapaste, es una sola, debe tener toda la familia, le damos a este depto y seguimos con el resto del edificio.
   —Es perfecto, pero hagamos una distribución equitativa de las bolsas, dejemos una bolsa en cada piso.
   Me intrigaba este matrimonio y tanta aversión a los roedores, con razón no tienen hijos. Si una rata les molesta, no quiero imaginar un hijo.
   —¿Cuántos pisos faltan, Pietro? Me cansé de vaciar ratas en bolsas de residuos, por suerte se asfixian antes de romper las bolsas.
   —Para tu tranquilidad, éste es el último. Y abajo parece que hubiera una reunión de Consorcio…
   Me alegró ver las caras a las cuales pertenecían los pasos de arriba. Eran jóvenes y lindos. Cuando ellos llegaron, con aspiradora en mano y pañuelos tapando sus bocas, fueron ovacionados.
   —Yo, como Presidente del Consorcio, los declaro encargados de desinfección ratera, de todo el edificio, una vez por mes y a cambio recibirán una cifra interesante. Quiero una respuesta inmediata.
   El matrimonio dijo sí, porque la empresa de desinfección iba cuando quería y olvidaban alguna cría.
   Yo me puse contenta, a pesar que mi mascota es una rata de cola larga, pero está castrada. Sigo escuchando al matrimonio de arriba, pero me parece que alfombraron, porque sus pasos no los percibo.

jueves, 2 de agosto de 2018

ABANDONOS



   Había chicos de todos los países de África, mientras la gente tomaba sol en reposeras, sacaban fotos de los que brotaban del mar. Arribaron en gomones inundados, balsas semidestrozadas, con las cabezas mirándose los pies y trapos  de colores tan  brillantes como sus cuerpos.
   Hacían camino sin saber hacia dónde, pero todos juntos, como una procesión, diciendo sin decir: 
—Queremos un cacho de tierra, formamos parte del mundo.
   Hacían ruidos en silencio. Quintina vivía en un rancho, cerca del spa de las reposeras. Tomaba sol y estaba tan negro bronce, como los inmigrantes. Ella sabía, porque dedicó su vida a nutrir su intelecto, daba charlas, clases, hacía cursos por internet, donde sus hábiles respuestas eran un referente.
   Cuando sintió más ganas de vivir en una playa, que seguir desarrollando sus investigaciones, tomó conciencia que la soledad la abrumaba. Una mañana, el llanto de dos bebés desnuditos, la despertaron. Había una carta en francés, donde le pedían que los adoptara, ellos sobrevivirían como pudieran y deseaban que al menos, sus hijos tuvieran comida, techo y una madre reemplazo.
   Yo iba por mi sexto hijo y después de doce años de ausencia, se comunicó conmigo, desde el hotel donde le prestaban internet y siempre tenían buena disposición para ayudarla.
   —No sé qué decirte, Quinti, vivo cambiando pañales, ni aunque me pagues el viaje, sería imposible, estoy separada. De él no espero nada, vive con otra mina que tiene celos que venga. Convengamos que éramos distintas, ahora seríamos como dos desconocidas.
   —Si sos la hermana que nunca tuve. ¿Quién me va a ayudar?
  —Quintina, si fuéramos hermanas, no habrías tardado doce años en llamar. Ahora, vos que nunca te hiciste cargo de nadie, tenés dos bebés inmigrantes, ¡Surprise! Yo tengo seis y vos ni enterada estás. ¿Sabés lo que es mantener seis en este país de mierda? Para tranquilizar tu ego, yo sí me preocupé en buscarte por todo el mundo, por interhueva, claro y en cada lugar que llamaba habías estado, pero ya te habías ido. ¿Y sabés por qué ahora te comunicás conmigo? Porque estás sola y necesitas ayuda, te equivocaste de puerta, llamá a alguno de tus ciento cincuenta novios, maridos, amantes, algunos fueron míos y vos los avanzabas y pediles a ellos que te ayuden!
   —Disculpá, no sabía que estabas tan alterada, yo te quiero, sabés? -Decía la cínica-.
   —Yo también te quiero.-Y le corté-.

miércoles, 1 de agosto de 2018

NINFOBEA



   Empezó el ensayo, Bea llegó tarde, había tomado whisky, pero era tan buena actriz que nadie lo notaba. Después de la primera función quedé algo herida. Se tomó el personaje en serio, me dio fuerte en la cara y arañó mis brazos. En medio de la sala, seguían aplaudiendo, eran todos parientes. Se acercaron la mamá y la hermana de Bea.
   —¿Y? ¿Les gustó?
   La hermana dijo algo bajo, al oído de su madre, me miró desafiante la vieja.
   —La bragueta de Vani es gigante, dichosa su novia.
   Me dio asco. Saludé a mis viejos que reconocieron mi trabajo. Debió ser la primera vez. El reverso de mis alegrías, conlleva una depresión donde todo queda lejos.
   Bea me pidió que la acompañe, no supe ni dónde. Sólo le vi su minifalda corta y la campera ajustada, parecía una puta. En un Café, me contó que tenía dos maridos, uno en Bs As, otro aquí y dos hijos que los criaba su hermana. A ella nunca le gustaron los chicos, puso cara de rata. 
   —¿Me llevás a casa? Me mareo, no recuerdo ni dónde es.
   Tenía los minutos contados, mi consejo fue tomarse de las paredes y en las esquinas pedir ayuda. —Quedé con Vani, ya es mío, soy su amante, no sabés lo que es…
    —Te pido, por favor, no me cuentes.
   Reconoció su casa, unos chicos le tiraban piedritas de a muchas, no sintió nada.
   Fue en Siglo III A de C. Debíamos cubrirnos de pies a cabeza y cuidarnos de no ser descubiertas en los avatares de tener un amante. Sonaban murmullos de mujeres. —Bea, todos sospechan y en cualquier momento…vos sabés...
    Un círculo de hombres la rodeaba, miró el suelo, arena y piedras, la primera piedra la arrojó su amante, lo conoció por su túnica. Luego siguieron los otros, fueron tantas que no le dolió más nada. Bajo el montón de piedras que la cubría, el dedo gordo del pie izquierdo asomaba. Vino un grandote, no necesitó piedras, le pasó por encima, fue ahí donde dejó de respirar.
   En el Siglo V, conocí una joven escultora, amante de Pericles, tuvieron una hija, que se llamó Bea. Ninguno la quiso porque era renga, la dejaron en el Monte Egisto, donde iban los deformes.
   Ahora es el Siglo XXI, harán un casting para el protagónico, que sólo yo sé que me pertenece. El precio fue alto, coger con el Director y el Asistente, no sentí nada. Me posicioné entre las mejores, dirigí una obra que yo misma compuse, con un elenco over street. Fui convocada a España y después Alemania. Cuando una se pone vieja, termina dirigiendo y cagando a algunos.
   —¿Me pregunta por Bea?, tengo un vago recuerdo, pero si me apura no sé quién es. Cambiando de tema, me convocó Michailkov, capo ruso, soy muy tímida, no sé si podré.