sábado, 22 de junio de 2019

YO TAMBIÉN



   —Male, nosotros empezamos el día de la Primavera, las flores tenían olores intensos, los amigos una vibra. El que te convidó y vos en agradecimiento le vomitaste todo el baño y gritabas: “¡Sáquenme esto de encima”. Lo fuimos a ver a Rufi, él me dijo que te metiera en la cama, con las ventanas abiertas. Amaneciste pidiendo más, soñaste maravillas y yo me alegré, no me hubiera gustado una novia careta.
   Mientras él habla, recuerdo que sembramos unas moño rojo, te daban vuelta, en el Parque Pereyra Iraola, íbamos a regarlas tres veces por semana, la última vez las buscamos empecinados y nada, nos las robaron.
   —Después puse en casa, en latas ¿te acordás Male? Las tenía que correr dos veces por día para que les diera el sol. Mi viejo se dio cuenta y el muy turro les tiró lavandina, qué ganas de darle una trompada. Ahorrábamos en dólares y nos íbamos tres meses a Buzios, nos regalaban del bueno, dormíamos en una Posada frente al mar. Estábamos fumados todo el día, vendíamos artesanías a los ricos de Río, con un collar comíamos tres días. Nos volvimos en avión, pero esa vez no hicimos ni un fino, evitamos marearnos.
   —Sí, pero ahora ¿qué hacemos con Ceci y el novio nabo de Angi y Sofi?, que se corta sola y compra la boluda. Estudian fumadas, ignoro cómo hacen pero aprueban todo. ¿Te acordás que antes fumábamos delante de ellas? Les pedimos que no le dijeran a nadie y regambas las tres. Ahora no sé qué hacer, me dejaron un bagullo en la mesa de luz. Ahora fuman en todas las películas, tendrían que legalizarlo, después de todo viene de la tierra, es algo sano.
   ¿Qué hago, le digo? —Male, yo las autoricé que usen la pieza del fondo para hacer un in-door. No gastan en comprar, que es peligroso en este país de mierda, lo hacemos jurando que es de uso familiar y chau carajo.       

viernes, 21 de junio de 2019

AHORA SOMO IGUALE



   Conducía con mi socio al lado. Éramos paperos, nos iba bien, en épocas de mishiadura la papa es un recurso.
   —Sabés lo que me gusta de vos?-Ahora va a elogiar mis ojos, mis manos, mi fuerza para hombrear bolsas. Permanecí en silencio, no me gusta ilusionarme-.
   —Sos tan buena chofer, que ningún tipo te mandaría a lavar los platos.
   Algo mecánico, frío y cualquiera puede hacerlo, destruyó mi ego. Muy buenmozo, hombre de campo, bronceado hasta en invierno, manos tan ásperas que un día le pedí permiso para limar mis uñas. Pensó que yo me tiraba un lance y pidió detenerse a un costado del camino, para hacer una siestita juntos. Cara de piedra, desubicado. Le dije: —Le recuerdo que aparte de socia, soy su Patrona, no estoy casada porque prefiero hombrear bolsas de papas, que un Marido.
   —No se preocupe Doña, yo tengo mucho palenque donde rascarme.
   —No me preocupo, le señalo cuál es su lugar.
   Cuando bajamos a comer lo odié, se sentó con otros de su clase. Me miraban, yo ni cinco. Después de un tinto o dos se me acerca uno:     
—Gustaría bailar este chamamé con mi humilde persona?-Seguro que la idea fue de mi socio, que se reía dando vueltas en la boca engrasada, un escarbadientes-.
   Fui a pagar y le pagué a él también, yo sí tengo clase. Le cabeceé hacia el camión. Vino despacio, con su conjunto color tierra y el sombrero ladeado. Ya tenía el camión en marcha, tardó tanto que reculé, lo confundí con un palenque y le pasé por encima. Quedó aplastado como una milanesa con papa, digo porque se rompió una bolsa y quedó todo rodeado de papa. Me bajé para mirar lo que quería dejar bien muerto. Cayó un milico y preguntó quién había hecho eso. Le dije con voz firme: 
—Defensa De Género, Oficial, soy la Presidenta de Sauce Viejo.
   Y me subí al camión todavía en marcha. 
—Oficial, se me corre un poquito?, sino va a quedar como el cristiano desgraciado abusero.    

jueves, 20 de junio de 2019

DELIRIOS



   —Están los dos boletos del tren, salen a la tarde.
   El Hombre dejó de cocinar, la Mujer abandonó la birome. La Mujer con voz de Sisebuta: —¿Cómo? El acuerdo era que nos quedábamos todos, yo estoy bien así, es como si recién empezara, el rompecabezas está, me falta armarlo.
   Debe creer que el Editor, que soy único, porque estoy solo, como lo que su Marido hace, a las papas fritas les pone azúcar, al chocolate sal y yo me lo banco. Mi tiempo transcurre deshaciendo los bollos escritos, que ella tira en el canasto y son muy buenos, mejor que ese rompecabezas lleno de personajes y acciones que ignoro cómo podrá conectar, tan ridículo. Sus pensamientos son patéticos.
   El Hombre viene con un cucharón en la mano: 
—Somos tres, el trato puede sufrir una alteración, usted se va y nosotros nos quedamos, es un gran beneficio, le queda un boleto demás, uno para el viaje y otro de recuerdo.
   El Hombre dice cosas absurdas y obviamente me está faltando el respeto. —Vea Grandulón, esta casa es mía, tuve la generosidad de invitarlos a vivir conmigo. Uds me pagaron la mitad de la casa. Esa plata me la gasté. Como Editor de la Novela que escribe su Mujer, pensé que nos íbamos a ganar un dinero satisfactorio.
   Sisebuta escuchó todo y abandonó sus escritos: —Se me ocurrió una idea, voy a escribir su vida. Usar todo lo que me contó de su infancia, su Padre abusador, su Madre narco. Esa Tía ninfómana, que lo hacía dormir con Ud y alguna amiga. ¿Qué me dice?
   De bronca quemé los boletos. —Si Ud sigue con su tema anterior, sin involucrarme en su Novela, nos quedamos los tres como al principio.  

miércoles, 19 de junio de 2019

ATENTADO TENTADOR



   —¡Feliz Día Del Padre! Hacer 600 km en canoa, es gripe. Espero que el corte de necesidad y urgencia, se arregle a la brevedad y el agua, tengo una mugre insultante. La información viene de la radio del auto y desde allí te hablo. Con Mamá no me des, porque con su olfato privilegiado, se dará cuenta de mi olor a chivo. Decime, Papi ¿a vos te parece un atentado?
   —M fru elw.
   —Hay ruidos o interferencias, creo que una nube inmensa se acerca. Trump eligió mandarnos rayos y centellas, ya se morfó Venezuela, ahora quiere Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil y Argentina, que ya la tenía en el ojo, que le legó el estrábico en honor a sus ideas psicopolifacéticas. Brum Ssecla.
   —Otra interferencia. Papi, yo estoy de acuerdo con el tipo que dijo que la culpa de Yaciretá y otra represa, es un hongo que crece a pasos agigantados. Al principio era inofensivo, boina roja, con lunaritos blancos y parece que ahora, tiene el tamaño de un dinosaurio. Rebalsó las represas que hacían contacto con cables eléctricos antiguos. No mori no mor viv la mort.
   —Ahora se entiende más, es una interferencia con idioma raro, decime, Hijo, la nube ya está sobre nosotros, no tenemos agua, con algunos matrimonios amigos, nos bañamos en bolas bajo la lluvia, con jabón, shampoo y todo, unas ganas de ir al baño, como protesta cagamos la puerta del Municipio y tu Madre, viste cómo es, le cagó la silla al Intendente. No había nadie, sólo nuestros amigos y nosotros, volvimos a casa, prendimos la leñera y nos cubrimos con tohallas, Matilde se puso azul hipotermia, caminó hasta el fuego y se sentó en una brasa, no sabés la cantidad de pelo que tiene esa mujer, ahí. Casi nos quema la casa. Se le fue la hipotermia, le dimos tres whiskys y santo remedio. Se reía como loca. Cuando se terminó la leña, quedamos todos en la ardiente oscuridad, nos dimos el gusto, tiramos la tohallas a la mierda y hacíamos de cuenta que cada uno estaba con su mujer encubiculando. No fue así, nos dimos el gusto y algunos el disgusto, cuando llegó la luz. Volvió el agua, tomamos sin filtrar, de la alegría. Porompompom la la la la!
   —Alguien está escuchando, la verdad que no sabía, estás hecho un viejo gagá, hoy es tu día, no hagas que me dé asco, chau te quiero, puajj.

martes, 18 de junio de 2019

JUGANDO AL DOCTOR



   Se escondían adentro del ropero y se escuchaba: —Ahora mostrame vos.
   Y la otra contestaba: —Bueno, pero vos primero, me mostraste apenas.
   —Ji ji ji.-Eran las voces de mi primo y de mi hermana. Abrí el ropero y los encontré en una postura extraña-. —¿Me puedo sumar al grupo?
   Fui recibido tan enseguida que me tomaron de las manos y las patas. —Ay, tocame.-Dijo mi primo-.
   Mientras mi hermana decía que eso hacían los putos, nos pasamos la lengua por todo el cuerpo. —¡Esto es estar caliente! -Gritaba mi hermana que es una guarra-.
   El tríptico nos enredó piernas, cabezas y manos. Éramos un futbol cinco. Mi madre pasó justo la aspiradora y salimos rodando del ropero.
   —Son unos degenerados, cuando venga Papi, agárrense, mejor dicho suéltense, yo los ayudo, esto es un nudo gordiano, por suerte son flexibles. Ahora se van a bañar de a uno, se ponen los piyamas y se van a dormir, cada uno en su cuarto. Sin comer.
   En mitad de la noche nos reunimos todos, muertos de miedo, había ruidos como si alguien construyera aparatos de tortura, que ejercerían al día siguiente con nosotros. Los ruidos se apaciguaron y se escucharon gemidos de dolor: 
—¡Ay no, no, por ahí no!
   Era la voz de Mamá, luego: —Dale, dale, lugar es lo que sobra.-Eso lo decía Papá-.
   Abrimos la puerta pensando en ladrones, que les estaban haciendo mal, o bien. Mucho no se entendía. Ellos que tanto vigilaban nuestra pubertad en ascenso, para que no ascendiera. Estaban haciendo la porquería, que jamás hubiéramos imaginado. Mi primo, agrandado como galleta en el agua, bajó a desayunar con mis Padres. Les dio un beso a cada uno, no sé cómo pudo, y dijo: —¿Qué tal anoche, ché? ¿La pasaron bien?, no teman, íbamos a llamar a la Federica y nos dio pena, si la pasan bien haciendo porno explícito, Uds sabrán.

lunes, 17 de junio de 2019

CARTA MENTIDA DE JUAN



   Vivía en una granja chica, con techo de paja y adobe encerado por sus dos esclavas. Rosario Pilar, era íntima de Remedios Caparrós. La separaba un pedazo de tierra con achicoria, los indios respetaban a todos los ancianos, fueran de sus tribus o sus peores enemigos,  españoles y criollos.
   Eran tan viejas que olvidaron los rezos y las misas. Reemplazaban las ceremonias comiendo chipás y tomando mates. Los preparaba una esclava liberada, que se hizo la idea que las ancianas eran sus Abuelas. Junto a su Madre, esclava por elección, les quitaban los piojos de sus cabellos blancos y las liendres, que parecían comérselas en vida. Un chasqui le entregó una carta lacrada de Don Juan Manuel, él vivía en Inglaterra y hacía creer que las tierras de granjero, eran su   trabajo. Escribía a la Argentina, pidiendo dinero a los futuros K-chorros, ése era su sostén.
   Rosario Pilar debía regalar a Doña Rosa Caparrós, unas tierras peladas de indios, en Tandil, eran nada, apenas 10.000 há. de campo bendito y 5.000 en los pagos de Chascomús. Doña Remedios pensaba “para qué”. Su amiga le decía: —Para que devuelva algo de lo robado y aprenda que las guerras confusas, con muertes inocentes, se pagan acá en la tierra. Quién sabe si no es bastardo, el traidor que se piensa héroe.
   Doña Remedios pensaba un pasado de jugar al gallo ciego, hasta ahí llegaban sus recuerdos.
   —Se escapó a Inglaterra, ignoraba que su Padre nunca me tocó ni el borde de mi camisa, por eso lo parí sola, de Padre desconocido. Fue muy tarde, cuando desperté estaba oscuro, sólo vi una sombra que me desfloró. Desconozco su identidad. Te lo digo a vos que sos mi alter ego. Odio a Juan Manuel y esos rulitos que enmarcan su gorda cara, podría jurar que es marica. Te necesito, Remedios, huyamos a Chascomús, siento que el bastardo volverá, para matarme y heredar los cofres de joyas, que su falso Padre robó, durante la Guerra de Secesión. Estaban guardados en el Castillo de Dolores, es lejos de Chascomús, pero con mi ingenio, que es lo único que me funciona, les daré traslado a la casa de tu Padre, Caparrós, hombre de noble estirpe, constructor de escondites similares a las pirámides egipcias. Llevaremos esclavas, defensoras de género libertario y les sacaremos el cuero a muchas. Socorro, por ejemplo, que escondió uno de sus hombres de confianza bajo el miriñaque cuando la Mazorca se hizo presente para fusilarlo. No lo encontraron, Socorro le avisó cuando se fueron, era tarde, las ladillas le comieron sus partes íntimas y el olor a pescado viejo lo asfixió. Tengo otros cueros para sacar en palabras y que te rías. Si recuperás algo de tu memoria cansina, me contarás y reiremos las dos, como a los veinte. Dicen que este invierno se congelarán las aguas de la Laguna de Chascomús. Tengo un trineo de mi Padre: ¿No querés que vayamos? El trineo lo tirarán las esclavas, que nos idolatran.

domingo, 16 de junio de 2019

ES FAMILIA



   —No sé para qué existe la familia, te quieren, te protegen, te detestan. Ésta última fue mi relación con la familia. A vos, único sobreviviente…
   —Bueno, pará con los reproches, se dio así.
   Esos ojitos de cuis, pero verdes. —¿Sabés que tenés ojitos que podrían ser de mar?, pero son riachuelos, charcos pisoteados. ¿Te acordás cuando le dijiste boludo a Papi? Lo más triste fue que lo venías caminando de hacía rato. Papá era un santo no sólo con nosotros, con el mundo entero, perdonó a su hermano, a Mamá, a vos. No son reproches. Yo no quiero nada de vos.
   Puso la boca finita y su nariz ciranesca, se volvió espada. —Ya que estamos cara a cara, ¿sabés cómo quedaron los viejos cuando te fuiste sin decir nada?
   Está solo y se la banca, aunque cien personas lo circulen, está solo.
   —No había nada que decir, Mamá mandaba, todos obedecíamos. Fui mi propio arco y la flecha dijo andate. ¿Vos sabías que Mamita querida me corrió con un cuchillo? Me salvaron los vecinos. ¿Sabías que me encerraba en el sótano, hasta que se me partían las tripas de llorar? Entonces abría. Yo tenía nueve y te cambiaba pañales, te daba la mamadera, me levantaba cuando llorabas de noche y más. Fuiste mi hijo tres años. Un hijo insoportable, por cierto.  
   Ahora me psicopatea con que va a cortar. 
   —Tenés cinco minutos más, decime, necesito saber por qué los mataste, aflojaste cuanto tornillo lleva un auto, perdieron la dirección, eso no tiene explicación.
   Resopla. —Si no fuera porque murieron, no tendríamos de qué vivir, además Papá te quería tanto, fue su inconsciente. “Los chicos se quedan con la fábrica, tienen el porvenir asegurado.” ¿Te acordás o no?
   Era difícil contestar entre separadores de aglomerado y veinte teléfonos en conversación.
   —Yo no soy mejor que vos, sí, sería capaz de asesinar, así dicen los honrados con escrúpulos, los que saben discriminar. Este lugar lo pago yo, para que no salgas peor de lo que sos, es limpio, la comida es buena y estás solo como te gusta a vos. En cuanto a la Fábrica, no la necesito. Vivo de mi trabajo. Cuando quieras, te la podés meter en el c…
   Sonó la voz de un Guardia. —Terminó el horario de visitas.
   Se abrió un pasillo y lo vi caminar en fila como cuando iba a la Facultad. 

sábado, 15 de junio de 2019

MUY CÓMODA



   —Buenos días, voy hasta Corrientes al XXXI.
   Va rápido, excelente conductor. —Me bajo acá, es cerca.
   El Chofer la bichó por el espejito. —No es aquí, debe tener alguna confusión.-Contestó en voz alta-.
   —Yo soy de acá, no me haga lo de la voltereta para cobrarme más, Ud es un maleducado, si yo le digo acá es acá.
   Él la miró por el espejuelo y andaba rápido esquivando los de la mano contraria.
   —Baje la velocidad, ¿A dónde me lleva?
   El Chofer hizo media sonrisa. —No se me retobe, y con eso no quiero decir que sea Ud una yegua, sé lo que hago.
   Cuando entró a terrenos baldíos, ella imaginó lo peor. —Mire, Sr Chofer, esta es mi billetera, todo mi haber.
   Él le arrancó la billetera, la cartera y pasó la mano por el interior del corpiño. —No es lo que se dice para culear, pero bastante bien, quería saber si tenía más dinero oculto, muchas hacen eso. Con lo que hay puedo terminar de pagar mi casa. Tiene cara de vivir sola, dígame su domicilio. Si lleva todo eso encima, es ricachona, veamos.
   Siguió rápido y llegamos en minutos. Pidió las llaves, entró con una seguridad asombrosa, tenía informantes, porque descolgó el cuadro y allí estaba la caja fuerte. —Siéntese ahí y dígame la combinación.
   Le salió de maravilla, se reía como un niño autista. Sacó el bolso paraguayo que más amaba y volcó el contenido total. Muy educado.
   —Muchas gracias, muchas.
   Por fin terminó, me desperecé. —Bueno, Chacho, ya entendí cómo se hace, sos un instructor excelente. ¿Probamos?
   Me arrojó las llaves y en una hora estuve en casa. Tripliqué su robo anterior, me quedó todo muy cerca y el tipo era Juez, no había caja fuerte, tenía todo en su escritorio como si fueran expedientes.
   —Llevate lo que quieras, hay mucho más, pero por seguridad, me mandaron a sitios que sólo ellos conocen. Así es. Dentro de la Ley, todo, fuera de la Ley, lo menos posible. La felicito, muy bueno su trabajo.
   Chacho no lo podía creer, con pasaporte en mano, cruzando el aire, comimos frente al Central Park, no sabíamos que se podía entrar y nos sentamos en el cordón de la vereda. Nuestra profesión era sustento vitalicio. Argentina, como no hay seguridad, es muy cómoda para trabajar, toda zona liberada.

viernes, 14 de junio de 2019

DE TERROR



   Pedíamos limosna con vestidos andrajosos de mis Abuelos. La gente era muy generosa, ni nos conocían. Pasábamos tres meses y éramos el terror del pueblo, Mercedes, Bs As.
   Un sábado vino el Cura de la Iglesia, a pedir a mi Abuela, que no nos mandara más a misa, se le salían los ojos al viejo: —Son hijos de Satanás, Doña Clara. Hasta que se les vaya el Diablo del cuerpo, que no vengan. Guillermo, el de las ideas brillantes, encontró apellidos pícaros en la Guía, Tetamanti, Culaso, Pedote, Chotolasi y Caraco. Cuando los vecinos sacaban sus sillas de mimbre a la vereda, el calor decía hasta luego por un rato. A cada persona que pasaba, mi primo decía: “Adiós Sra Culaso”. “Ahí vienen las Chotolasi”.
   —Ahora deciles vos.-Y yo hacía caso al Capitán-.
   —Adiós Srtas Chotolasi.
   Las personas eran menos despiertas que en Bs As, pero no boludas, se daban cuenta. En medio de la noche, caminábamos por las medianeras y tirábamos corchos, bolitas japonesas, maderitas. Se asustaban de inmediato y llamaban a la Policía, que eran dos autos destartalados y un Fiat tortuga. Todo el pueblo sabía y los Policías eran cuatro viejos carcamanes, que preferían dormir y que los Abuelos se encargaran de nosotros.
   Mi primo hablaba cinco idiomas, Francés, Inglés, Italiano, Alemán y Malas Palabras. En lugar de decir Feliz Año Nuevo, decía Felisa Me Muero, gritaba y en Pascuas, Felices los huevos. A mí me emocionaba Guillermo, cuando la parra se hacía espesa, dormíamos la siesta sobre las uvas.
   Los Abuelos se pusieron viejitos y dividieron las Vacaciones, un mes y medio yo sola, y otro mes y medio Guillermo solo, de mentirita. Muy pronto hacía migas con cualquiera. Cuando me iban a buscar, mi Abuela hacía eclosión de lágrimas.
   Cuando lo retiraban a Guillermo, la Abuela se reía y le decía:—Taza, taza, cada uno a su casa.

jueves, 13 de junio de 2019

MUCHO



   Hay que escribir un libro, hablar con otros grupos y ver de qué va y dónde. Mis ideas tienen que ver con personajes que he conocido o los imagino. Me gusta usar la primera persona, pero se me tinca la tercera, me tengo que cuidar de no volver a la primera y que el absurdo idiota le gane al episodio que descarrila. Suelo matar personajes, soy asesina del principal, pero nunca los resucito. Exprimo recuerdos entrañables o bizarros, pero el disparate usa los colores del arcoíris.
   El Padre Conti vivía a la vuelta de casa, durante mi infancia pintaba y lamentaba no tener tiempo para rezar. Mi Papá lo visitaba y hablaban de cómo plasmar la Naturaleza en una tela, como una fotografía. Pero una cosa es hablar y otra muy diferente es llevar el pincel con libertad. El Padre Conti hacía paisajes realistas, pero se escondía el Impresionismo, desde un conjunto de árboles o el Expresionismo, entre dos animales comiéndose a mordiscos, con tal rapidez que expresionaban.
   También podría escribir cuando vine a Tandil, conocí una mina muy muy burguesa, pero tenía una bizarría que me gustaba, hasta que la vi mostrar cómo denostaba al personal de su inmensa casa, transformada en sitio entre hotelero con habitaciones de volados almidonados y ventanas amables de soles repartidos. En casa había más cuadros que paredes. Le regalé el cuadro del Padre Conti, con el dolor de las personas que les cuesta despedirse de sus cosas. Al mes fui a la casa ecléctica y pretenciosa, habían construido una habitación interna sin ventanas, un escritorio apolillado y el cuadro solitario que era la imagen más bella del parque, ahora público, que perteneció a su flia. Negué sus llamados de solitaria y sus invitaciones con gente concheta y superficial. Este relato me llevó más que el tiempo querido. Mi familia tiene una mitad de gente virtuosa y otra odiosa, desechable. Allí hay tanto material interesante, divertido, dramático, oculto, que me llevaría años discriminar los sí y los no.
   Escribir una novela implica tener un equilibrio del que carezco, es un placer para mí que el Farmacéutico leyó un cuento mío y se cagó de risa. O el Diariero que hasta sabe de cuándo es el cuento. O la mesera de un Bar, o un amigo de mi hijo.
   Es perfecto y necesario escribir un cuento por día y subirlo a mi blog a las veinticuatro horas. A lo mejor son un mamarracho y otro más que menos. Pero yo no creo en nada y esto me lo creo.

miércoles, 12 de junio de 2019

UN DÍA PERVERSERO



   Caminamos hasta el cajero, Tobal sacó un dinero. —Esto es para que te compres lo que quieras.
   Me pareció innecesaria su generosidad. Tengo más ropa que años. Pero me gusta soñar y soñé. Quiero zapatos, cartera, un pulóver amplio, un pantalón ancho con algún corte raro, zapatillas color neutro, rímel, set de primeros auxilios y alguna parca tradicional. Por supuesto, ese listado existía como un deseo imposible y suntuario. Había algún negocio abierto, con ropa tipo “me la quiero sacar de encima.” Cuando emprendía la retirada, vi la vieja Casa Grimoldi, Sucursal Tandil. Entré con Tobal que ama protestar en negocios truchos. Se acerca una mina joven, con bigotes. —¿Necesita algo, la puedo ayudar?
   Justo caigo en esas banquetas horribles, forradas de plástico negro. Por primera vez no fue mi culpa. —¡Si venden zapatos y carteras, para qué mierda tanta banqueta!
   La chica que me habló primero mostró desprecio, no sé si por banqueta o por mierda. —¿Necesita algo, la puedo ayudar?
   Era un grabador la mina. —Voy a mirar y si me interesa algo te llamo, No hay nadie, ¿por qué no corrés esa banquetas?, digo, para libertad del movimiento.
   —La decoración es así.
   Encontré lo que supuse un bolso cómodo, con separadores y no pesaba nada, viene la mina y pregunta: —¿Quiere probarse, allá tiene un buen espejo.
   Hizo bien en la ridiculez de probarme una cartera. Las correas me apretaban la axila. —¿Se pueden alargar?
   —No, no se puede, es así, le cuento, ésa estaba a 7.000 pesos, la rebajamos a 5.000.
   La puse hecha un bollo y viene Tobal: —¿Cómo 5.000, si parece de caja de pizza?, esto no se lo vendés a nadie.
   Tomé otra cartera, bolsón insulso,  pero al menos no tenía escronchos plateados. Miro la correa, era como para sacarla a pasear de la mano. —Decime, che, ¿esta también es correa corta?
   —Es lo que se usa, todas vienen así. Costaba 10.000, ahora la tenemos a 5.000.
   Mentí para joder un rato: —¿Sabés por qué no la llevo? Porque la cartera me va chica y el precio me queda grande.
   De aquí a que la neurona entendiera, se le frunció el entrecejo y la baba.
   —No entiendo.
   Me ataqué. —Sí entendés, vos con tu sueldito, no podrías comprar un cuarto de esa cosa llamada cartera. Me alegra, no van a vender un carajo. Los K-Chorros compran en Buenos Aires, o Europa, depende el grado de corrupción.
   Tobal cerró con un: —Afeitate los bigotes, porque te van a llamar  Ricardo.
   Nuestro próximo rubro, Farmacia, le pido Adermicina, mira por sobre mi hombro, algo o alguien al fondo, me intrigó. Miré. Nunca lo sabré.
   —No se fabrica más.
   Puse cara de león de la Metro. —¿No se fabrica o no entregan?
   La pendeja masticando chicle con desesperación: —No se fabrica más.
   —¿Ché, Benítez, con qué se reemplaza la Adermicina?
   Me dirigí al tipo: —No, dejá, Benítez, eso no se reemplaza.
   Seguí con Caja de Gasas Grandes.
   —Están en falta.
  Seguí: —Rinhal, nasal, tres cajas.
  Fue a la trastienda y volvió con la pintura corrida, al cabo de ocho minutos. —Rinhal, recién la semana que viene, o la otra, no sabemos.
   Le pasé la lista a Tobal. —¿Tendrán Solución Fisiológica?
   Se piantó a la trastienda. —Recién vendimos la última.
   Es práctico Tobal. —Decime, pendeja. ¿Por qué te metés ahí atrás y volvés como si te hubieran echado tres polvos? Me hiciste acordar ¿Forros tendrán?
   La pendeja contestó con miedo de rata: —No, no hay.
   Tobal, a toda voz, contestó: —¡¿Cómo me decís que no?! Haber hay, todos Uds son unos forros.
   Nos fuimos cagados de risa, hicimos caer a dos viejitos que entraban.
   Y buéh, la perversión es contagiosa y en este pueblo de mierda, no hay vacunas.

martes, 11 de junio de 2019

CASI UNA NIÑA



   La hicieron salir del cuarto. Ella escuchó ruidos de vidrios rotos y algo de metal que golpeó el piso, debieron ser las mangueras, tres Médicos nerviosos.
   —Tenele las piernas, vos los brazos.
   —Yo le mantengo la lengua.
   Las Enfermeras del piso corrían con inyecciones, rodaba una máquina.
   Ella preguntaba: —¿Qué pasa?
   Una Enfermera la empujó contra la pared.
    —Lo que tenía que pasar, éste es el último lugar. ¿Vos sos la Esposa?
   No supo qué contestar. —Vivimos juntos.
   La Enfermera le acarició el pelo. —Ya viene el Médico que te va a explicar, sentate en esta butaca y respirá hondo.
   ¿Qué iba a respirar? El olor del Hospital le dio náuseas, se preguntó por qué el Medico tardaba.
   —¿Vos tenés algún familiar que pueda venir?
  Ella pensó en mil caras, pero la más cerca vivía a cuatro cuadras, para Buenos Aires son ocho y la Tía usaba bastón. —¡¿Por qué tiene que venir alguien. Eh, por qué?!
   La Enfermera contestó: —No grites, hay otros enfermos, es para que te acompañe alguien, escribime el teléfono aquí, yo me encargo. Vos estás con baja presión y el pulso…mirá, justo viene.
   Le dio ilusión, el Medico le sonreía. —Mire Sra, hicimos lo posible y…
   —¡Ya sé, lo salvaron!-Dijo ella-.
   El Doctor la abrazó y sus palabras la hicieron gritar, mientras le daba trompadas en el pecho al Médico. Miró el cristal al fondo del pasillo. Corrió. Como un milagro quedó su silueta.
   Ella, once pisos más abajo.

lunes, 10 de junio de 2019

CASAS DE LUCES



   Elisa se perdió luego de discutir con su Madre, que le cruzó la cara con una cachetada llena de uñas largas. Le salía sangre y no tenía más que su guardapolvo blanco, secó con eso la mejilla y la sangre no paraba. Elisa tenía problemas de coagulación. Cruzó el monte de noche. No la siguió nadie. Su Madre estaría mirando una película, ni se fijaría si volvía a dormir.
   Caminó unas horas pisando las agujas de las pináceas, la luz de luna llena le hacía camino hacia una casita de madera, con luz de vela. Golpeó despacio, salió un hombre y detrás una mujer. Elisa estaba llena de hambre y ellos llenos de preguntas. En la mesa no había comida, sólo libros. —Por favor, Sres, quiero un pedazo de pan, aunque sea viejo, después les cuento.
   Le hicieron un sándwich de jamón, queso y tomate, de postre una banana. Les contó todo Elisa, todo. Todo no, le daba pudor. Pero mientras Susi le sacaba el guardapolvo, abrió la canilla de la bacha y la fue lavando por partes. Estaba llena de moretones y la espaldita tenía cicatrices de fusta.
   Antonio intentó hablar con la Policía. Ella le pidió que no lo hiciera, su Madre era violenta porque estaba enferma. Un Psiquiátrico tampoco era conveniente. —Son de terror.-Decía Elisa, que parecía  adulta cuando hablaba y tenía nueve años-.
   La pareja, con emoción contenida, le preguntaron si no quería pasar unos días en la casita de ellos. La niña dijo que sí de inmediato. Preguntó a Antonio si no podía hacer ciertos trámites. Seguro que tendría que ir ella a declarar. —Si vos me acompañás, Susi, me hacés un favor, seguro que me interroga el Juez de Menores. Ya viví esto más de seis veces.
   —No entendemos, Elisa, explicanos.
   Parece que cuando nació la derivaron a hogares de tránsito, donde llamaba Mamá a todas sus custodias. —Hasta conocer a Mamá, que me aceptó y parecía quererme. Después comenzó a sentirse frustrada, no sé por qué descargaba su furia conmigo. ¿Me pueden ayudar?
   Los dos la abrazaron y  la hicieron dormir en la camita del hijo programado, que no tuvieron. Querían protegerla como las Abuelas, que cada acolchado significaba más amor.
   —Disculpen, me muero de calor, yo con un sólo acolchado estoy bien. Le agradezco a Dios haberlos encontrado, para ser sincera, no tengo la menor idea de quién es Dios. Pero es tan famoso que a lo mejor es él que hizo que viniera con Uds.
   Pasó un año, les dieron la tenencia, cuando estaba por venir la visitadora, Elisa limpiaba todo el despelote que hacían sus Padres y los retaba como si fueran sus hijos. —Cámbiense la ropa, eso sí lo pueden hacer solos.

domingo, 9 de junio de 2019

EMPEZAR



   Yo nunca te voy a olvidar, aunque hayas sido un milico y te dieran más ganas que vergüenza, cuando en el hueco de mi mano dejabas papelitos, rogando que te quiera con faltas de ortografía. Después el ensayo de un encuentro, programado por vos.
   Era un secreto, donde tus mayores supieran, te esperaban en el Sur, porque para ser bestia había que tener cara de ángel y mano pesada con otros. Conmigo no. No con golpes, pero sí con la mirada del odio. Y después te mandaron conmigo, no quisiste ayuda, vos solito con una picana que soñaba y un beso que decía cosas con música, tan alta que yo casi no escuchaba. Una voz fuerte te golpeó la puerta: —¿No cantó nada?
   Y yo me reí fuerte y dolorida, olvidaste apagar la picana. El tipo levantó la voz: —Dejala porque se te va a quedar ¿Y qué le decimos al Negrazo? La quiere viva y que cante, no jodás, vení a tomar un tinto. Si podés y la mina está despierta, le hacés el submarino.
   Aparecías con flores escondidas no sé dónde y me pasabas tu mano de seda, como un amante chino o japonés, pero tirando la cadena a cada rato. Vos me decías que simulara ahogo y vómitos, yo te obedecía, te tenía confianza. Mis compañeros dejaron mi memoria.
   Cuando me ataste las manos y los pies, desconfié, te pensé torturador, cerré los ojos y sentí tu cuerpo acostado sobre el mío, no me cogiste, me hiciste el amor, fue mi primera vez. Soltaste mis nudos. —Ponete esta ropa.-Dijiste en secreto, un uniforme de fajina-.
   Salimos del sótano. Pusiste el jeep en marcha. Cruzaste hasta el Bermejito. Yo no podía detener mis ojos de tus manos, no importaba dónde. Cruzamos a Brasil vestidos de personas y un Pueblo que esperaba nada, se llamaba “Bon Principio” y había olor a pan recién horneado. Encontraste una casa de maderas cansadas, la arreglamos con la premura de uno que son dos. Me embarazaste de tres niños color vos. Parecía un pueblo medieval, nunca hablaste del pasado, yo nunca te pregunté.
   Ahora somos viejos, fabricamos chocolate y los chicos reparten pan recién horneado.  

sábado, 8 de junio de 2019

PERSIANAS BAJAS, DUERMEN



   Nos gustaba leer novelas policiales, nos sentábamos en el mismo banco, con el sol entreverado de los fresnos. Solía venir por las mañanas Isaías Gesell, hablaba mucho y luego callaba.
   —Yo trabajé en la plantación para fijar los médanos, con mi primo Gesell, pinos piñoneros. Compramos los médanos por monedas.
   Bruno, que es inquisidor y desconfiado, preguntó: —¿No es Ud joven, para esa hermosa odisea?
   Pensó, pensó, pensó mucho, dijo: —Ando mal de la memoria, tal vez fueran Isaías Gesell, mi Abuelo y mi Bisabuelo, Germán Gesell, déjeme el beneficio de la duda, tengo la certeza que soy Isaías Gesell. Acá se acerca mi Mujer, pero no le pregunten porque le incomodan mis confusiones.
   La Mujer era negra, de ojos celestes y pelo mota. Nos miró de arriba abajo como hacen en los pueblos. —Uds deben ser los que charlan con Germán. Él los quiere y los admira.
   El sonido del idioma era raro, mezcla de brasilero con paraguayo.
   —Sra, pero él, ¿no se llama Isaías?
   La Mujer frunció el ceño, pero acampanó una sonrisa. —Le gusta que lo llamen Isaías, pero es Germán, de paso me presento yo, soy Marta.
   Bruno me acompaña al Super, si no doy mil vueltas, las góndolas me confunden. Él sabe con exactitud dónde está cada producto. Habían pasado unos años de aquel encuentro y sentí que alguien a mis espaldas preguntó: —¿ Vos sos Coca, la esposa de Bruno? Yo soy Marta, la Mujer de Germán Gesell, los queríamos felicitar por el arbolado de la plaza. ¿Les ayudaron los vecinos?
   Yo tenía bronca por tanta soledad. —No, los vecinos espiaban tras los visillos, cómo nos rompíamos nuestras espaldas, son una mierda.
   Cuando dije mierda, puso cara de vergüenza. 
   —Coca, no digas malas palabras, está mal visto.
   Era negra pero su ambición de blanca, quería usarla en las costumbres pelotudas de estos hipócritas. Hablaba perfecto el tandilino, su adaptación repugnaba, parecía blanca.
   —¿Sabés que Germán tuvo un ACV? Quedó cuadripléjico, le funciona lo peor, habla, escucha, ve. Por fin se me dio, conseguí un Ayudante Terapéutico que se ocupa de él y de mí. No tengo edad para quedar afuera de nada. Lo adoro, leyó todas las policiales que Uds tanto querían.
   Bruno cuando nos vio, huyó. —No sabés, el pobre Isaías quedó cuadripléjico, menos la cabeza, que olvidó todo, habla, escucha, mira.
   Después de limpiar la casa “por donde ve la suegra”, fuimos a la plaza y los vimos. Isaías en una silla de ruedas. El Acompañante Terapéutico la conducía y Marta colgaba del brazo del conductor. De pronto Isaías gritó: —¡Que se besen! ¡Que se besen!
   Marta se prendió de la boca del Terapista, en un beso que los llevó hasta la casa. Bruno y yo corrimos, Isaías Gesell, estaba frente a la ventana del living, cantaba y tosía.
   A Marta y al Terapista no se los veía. La persiana del dormitorio estaba baja.  

viernes, 7 de junio de 2019

AL FIN ANDAR



   Los espiaba del balconcito de arriba, jugaban en la vereda a tirarse naranjas. La Calle 47 brindaba árboles cuyos frutos resultaban amargos para ingerir, pero las guerras daban risa cuando eran blandas y más de uno se borraba afligido, porque lo alcanzaron con una verde, que parecía piedra.
   Le tiraron varias veces al balconcito. —No seas cagón, vení con nosotros, sino…va ésta. -Y otro decía “y ésta”-.
   Él era rengo y no quería que se burlaran en la Escuela y luego en la calle. Rompieron dos vidrios, pero la Madre estaba en la Escuela y el Padre con alguna novia. A veces se las presentaba, y a él le daba vergüenza ajena. Se acostaban en el dormitorio matrimonial y ponían música para que el chico no escuchara.
   Una tarde de “Papi te engaña”. Sin pensar bajó a la vereda y se sumó a los juegos de naranjas pesadas, estables, naranjas piedras. Muchos días él se acercó y ellos lo aceptaron en el Club.
   —Los chicos crecen, dejan de creer en algunas cosas y empiezan a creer en otras.
   Se asombraron, sentados en el cordón de las motos. —¡Miralo al Rengo! Era un tipo profundo, no un idiota como decían Uds.
   Un indignado le agarró el cuello de la chomba y se lo subió hasta la cabeza. —Sucio, bocón, vos un día dijiste que era tonto y entre todos inventamos el apodo “Rengo tonto”. Pero vos no vas a ser tan tonto de enojarte, “Rengo”.
   El chico del balconcito contestó: —Me siento tonto por pertenecer al grupo, eso no me ofende y lo de Rengo no tiene remedio. A cambio de las ignominias, les pido un favor. ¿Ven los ventanales bajo mi balconcito? Mi viejo trae minas cuando Mami trabaja. Ahora, por ejemplo. ¿No podemos agarrar las verdes y les rompemos los vidrios del ventanal?
   Todos se mostraron lujuriosos por la historia, el más jugado prefirió un adoquín. Le dio en la cabeza al viejo del Rengo. No midió las consecuencias, le dieron diez puntadas en la frente. El Rengo, tenía cara de resarcimiento. La Madre consiguió un novio que tocaba el bajo todo el día y cuando se cansaba, salía a la calle a jugar a la naranja futbolera. Al viejo del Rengo, le quedó una abolladura en el mate, que lo dejó idiota, en la casa vieja de la Abuela.

jueves, 6 de junio de 2019

PEN DRIVE



   Escribía en un idioma raro, arrastraba el lápiz con la derecha y en la izquierda una goma de borrar Staedler. Suprimía cosas que no me había enterado, ella, cada vez que borraba decía: —¡Qué tonta! Ni yo lo entiendo.
   El Profesor seguía con su conferencia, haciendo gala de sí mismo. Ella escribía lo que él no decía. Estaba frente a él, que miraba alterado, un idioma de palitos círculos y aves. Teniendo en cuenta que estaba al revés, quedaría como un estúpido sacando un espejito con un peine, que llevaba en el bolsillo interno. Era gay, pero se mataba para que no se notara. Hacía voz de hombre, alta, áspera y cuevosa.
   —¿Hoy viene el puto?-Era común que sus alumnos lo designaran así-.
   Le convidaba caramelos con un pen drive a su compañera de atrás. En los recreos se daban piquitos en la boca. —Mi amor, si no fuera por vos. Y si el beso era más hondo y el pen drive más importante, aterrizaba bajo la lengua equivocada.
   Nadie las miraba, algunos tenían asco, otros prejuicios y los que se sentían acompañados. Supe que el Profesor las denunció, una escribía, la otra era la mensajera. Los pen drive traducían los signos de Jueces, Secretarios, Fiscales, Abogados. Propiedades, vuelos ultraprivados, reductos de cifras millonarias ocultas, Países e Islas, que negociaban con los de aquí. Hasta en Medio Oriente tenían conexiones.
   Las chicas desaparecieron y nadie supo y nadie dijo. Aparecieron dos meses más tarde, violadas y torturadas, con un balazo en la frente. Los asientos no fueron ocupados por ningún compañero, era un homenaje tácito.
   El Profesor renunció, nadie asistía a sus Clases. Con su sueldo de Docente se perdió en Islandia. Igual que durante la Dictadura Militar. Pero ahora, cuando todos quisimos descansar, aparecen otros, en otras décadas de silencios abatidos.

miércoles, 5 de junio de 2019

EL JOVEN DEL PUENTE



   Por la mirilla vio que eran dos policías. Abrió de inmediato, no había dormido. Él desapareció la tarde anterior buscando cigarrillos. A la mujer le dio cierto contento, que no encontrara tan sólo un pucho.
   Él se fue sin decir. Ella sonrió, sin un peso no podía comprar. Lo espió corriendo la cortina, le pareció tan lindo, alto, flaco y caminando a tientas hacia el puente, donde todas las mañanas, era su costumbre.
   —Te vas siempre con un pucho en la mano.
   Él miró con ojos ausentes.
   —Vas a encontrar un trabajo que te guste, hay quien permanece en un laburo, años. Mirá yo. No llevamos una vida de ricos, pero sí digna. Tenele paciencia al tiempo que transcurre, mirá los barcos del Riachuelo, parece que Quinquela estuviera vivo proyectando otra forma del agua. No quiero molestar, después de tu paseo no me olvides y volvé.
   Desapareció mirando el mundo. —Todavía hay belleza repartida. Esperá que terminé tu gorro azul, abriga para meditar en el recodo que elegís, siempre el mismo.
   —¿Sra Brassens? Si nos permite, queremos hablar con Ud…
   Ella pensó en una borrachera, tal vez una pelea…
   —Pasen, por favor. Hace un frío polar.
   El más viejo usó las palabras que pudo, cuidadosas. —Hoy encontramos el cuerpo de un hombre, flotando en el río, apretando fuerte este gorro y un cigarrillo.-Se lo mostraron-.
   La mujer, impasible, reconoció el gorro y preguntó dónde, cuándo, cómo y otros detalles que pregunta la angustia.
   —Llevaba en su bolsillo derecho, este documento, René Brassens y responde a esta dirección.
   Ella perdió el color y gritó con odio: —¡¡Fuera de esta casa!! Yo sé que él va a volver, seguro. 

martes, 4 de junio de 2019

PSICO MAMUSHKA



   Tantas personalidades en una sola mujer, daba la sensación de una casa de mil puertas y dos mil ventanas. Ella debatía, consigo misma, la visita de Petra, sería conveniente tratarla tan bien, como el olor a tostadas del invierno, hablarle bajo, lento, pero no inaudible exasperante. Contarle que el hibiscus hablaba más de tres idiomas, era tan amable que su Madre lo plantó en la vereda y saludaba a la gente que pasaba. Los saludados, giraban sobre sí mismos investigando la proveniencia del Good Morning, Buen Día, Bonjour, Zãoshang Hão. Mamushka recibió a Petra acorde con su ocurrencia. Le dio un abrazo leve pero sincero y la tomó de las manos como una bendición. Petra, cuyo único estado era el nervio constante, partió en estado de gracia.
   Otro día de Agosto, Mamushka implotante, no pudo detener la faceta de su otra personalidad, castigar a sus ex, con palos, rebenque, gritos destemplados y reproches a insatisfacciones sexuales. Fueron invitados y asistieron hasta algunos desconocidos, la vieron hermosa, con esos ojos verdes que de entrada taladraron a todos. Les desnudó el alma, los castigó a cuatro manos, no hubo sangre porque una de las personalidades de Mamushka, era tener los pisos sin mácula. Terminó su resarcimiento, con palabras gritadas que dejaron a los ex con la autoestima pegada a los omóplatos. Quedó agotada, luego de echarlos con su marca de fuego en los culitos.
   Ahora Mamushka tenía hambre de perversión y salió a la calle a tocar con la inmensidad de su mano, tetas notables, advirtiendo a las caminantes si eran compradas, o de nacimiento.
   Más tarde siguió con los hombres, los tomaba de las braguetas y advertía si eran con relleno o verdaderas. Pensó que todo lo que tocó podía tener microbios, se bañó en alcoholgelado. La semana siguiente, Mamushka, tuvo un ataque de lucidez intelectual y se anotó en cuatro Carreras, dos Humanísticas y dos Exactas. Ella tenía la propiedad de sacarse o ponerse la personalidad que se le antojara. De allí su nombre.

lunes, 3 de junio de 2019

RECUPERADO



   El Editor que ya va por el delirium tremens, dice que mi cuento, “Perdidos en el día”, es plagio de “Perdidos en la night”. Como siempre hizo, me da una semana para un cuento que no conste de meras descripciones.
   Vamos a por él: “Oscar era marinero, su trabajo el peor, fogonero, pocas veces detenía su trabajo y paseaba la cubierta. Tenía ataques de locura, que sus compañeros ocultaban. Cuando comenzó a golpear a cualquiera, se comunicó al Capitán, un hombre mordido, sangrante, pidiendo por favor, le hicieran Junta Médica al fogonero Oscar Defalco. Resolvieron darle una licencia permanente por insanía. Producto de los ruidos de los motores y el fuego, perdió la razón. Le dieron un chaleco químico importante y los Médicos opinaron que su mejor cura, era permanecer en la casa de su Madre viuda.
   Lo recibió con un bife de ternera, acompañado de papas fritas. Concurría al Psi, tres veces por semana, con medicación igual se ponía agresivo, ni él podía consigo, ni su Madre, que lo adoraba como a un Dios. Tenía amigos que fumaban cannabis paraguaya y con anuencia de su Madre y los Médicos, le dieron a probar. No sólo fue una panacea, sino que los medicamentos, él mismo los dejó.
   Eran gente humilde y la cannabis, cara para sus posibilidades. Oscar empezó a plantar en el inmenso jardín de su casa. No tenía problemas vecinales porque la construcción quedaba en el medio de una loma.
   Se rodeó de lúmpenes que lo querían, más por interés que por Oscar persona. El amigo lúcido le dijo: —¿Sabés que yo venía en la bici y de lejos, tu casa parece un macetero? Sé precavido, porque se puede dar cuenta la yuta.
   Y así fue cómo un Comisario, enterado de su historia, llevó el caso a Tribunales, nuevamente Junta Médica, Fiscal, abogado y su Madre.
   Le dieron una autorización especial, esto ocurrió hace mucho tiempo, cuando existían hombres sensibles, de aquel grupo le permitieron fumar cuando necesitara, sin hacer uso comercial. Esto último no fue necesario, porque él le regalaba a quien quisiera. La Vieja vivía haciendo brownies, para que no arruinara sus pulmones.
   Cuando murió la Mami de Oscar, se fue a vivir a Buzios, donde no existía ningún emprendimiento inmobiliario. Un Diplomático argentino y Escritor, escribió la vida de Oscar con su permiso. Le regaló una casita de pescadores. Pasaba el día tejiendo redes de pesca, cuando bajaba el sol se arrojaba de las piedras más elevadas y nadaba, siempre algún piadoso lo subía a su barca y lo trasladaba a la casa.
   Había comida sobre una mesa, algún pescado con ensalada y dos huevos fritos o feijoada. Oscar no sabía quién se tomaba la molestia. Nunca supo que era de todas las casitas, que se turnaban.”
   El Editor falleció esta mañana. Me dejó una nota breve: “Nunca conocí a nadie tan impaciente como Ud, siga escribiendo, se lo merece. En cuanto a sus ideales, no permita que lastimen su corazón.  Anastasio Broli.”

domingo, 2 de junio de 2019

TRINCO



   No sé abrir la puerta del garaje. Cerrar la de calle tampoco, el puro picaporte. Veo la compu, esa mierda siempre abierta y desconozco todas sus funciones. Me ducho con baldes porque las canillas del baño no responden a mis fuerzas. No puedo mirar películas porque no sé cómo prender y apagar. Si llama el celular ni idea cómo se atiende y se apaga. Ni soñar con tipear un número. Por suerte tengo uno de mi viejo, con ruedita númérica.
   Para salir al jardín uso la claraboya del baño, ya no soy tan ágil como antes y moretones y lastimaduras estampan mis piernas. Hice hacer cinco veces anteojos de ver de cerca, porque los pierdo o los piso, me rendí, uso una lupa pesada y dejo de leer, no por ojos cansados, sino por el esfuerzo muñequil de mi mano derecha, la llevo con faja de neoprene permanente.
   Puse un aviso y encontré un acompañante para ayuda de elementos aviesos e imprescindibles. Elegí un chico joven y fortachón, que aceptó encantado, sabía que era día completo. El primer día se presentó con un catre de campaña y un mameluco blanco.
   La primer ducha normal, Trinco, así era su nombre, subió el coso y movió la palanca a la temperatura de mi gusto. La hizo girar, se quedó sentado en el inodoro sobre la tapa y me esperó que terminara.
   —Permiso, Sra Juana, si me deja pasar la mano, cierro.
   ¡Y cerró!, es un genio. Con la cocina tengo dificultades, nunca vi una cocina nueva y desconozco cómo se prende y apaga. Trinco la prendió de una y molió el café. Me parece que este joven hace magia. Al final preparó el desayuno, no sé cómo hizo pero el tostador prendió y las tostadas salieron solas.
   Tenía un montón de ropa para lavar, Trinco puso a funcionar el lavarropas y luego el secarropas. 
   —Ya que estoy, Sra Juana, le doblo la ropa y se la guardo, la ropa interior, por respeto, hágala Ud, otra cosa, ¿qué le parece si nos pedimos un catering?
   Era un premio merecido, le dije que sí, nos acostumbramos. Una vez me confundí y entré en la ducha con él, es tan oportuno: —¿Quiere que le enjabone la espalda, Sra Juana?
   Le dije que sí, si yo apenas llego. —¿Quiere que le enjabone yo, ahora?
   Trinco dijo: —Fenómeno, haga nomás.
   Este joven llegó a ser mi mano derecha e izquierda. Una noche de frío que partía: —¿Trinco, necesita otra frazada?
   No se escuchó nada. —Si no es molestia, hay tres grados bajo cero, ¿no puedo ir a dormir con Ud, Sra Juana?
   Tenía razón, yo tengo lugar de sobra en esta cama. —Venga, Trinco, que yo lo caliento.
   Vino en segundos, llevó más tiempo, pero, no sé. Cuando me puso algo bien calentito entre las piernas y entró, la verdad, ya no me acordaba de ese agujerito, pero él lo hizo funcionar, yo gritaba de felicidad!

sábado, 1 de junio de 2019

ELECCIONES


   —¿Por qué tenés esa cara de culo?
   Vera tenía náuseas. —En el medio de los cachetes tengo un agujero y nada de boca, nariz ni espanto. Mi cara es un culo, yo así la siento y vos así la ves.
   Se hace el boludo, tiene cara de boludo. 
—Preguntás como si no supieras, te dije que estaba y vos te reías como si fuera broma. Me pareció que sobraba explicar nada, por eso te pedí la plata, lo pasan como práctica médica.
   Yo no sé qué tiene en la cabeza, apenas le doy de comer a mis hijos y doy gracias que puedo pagar el alquiler, me ayuda la Negra, una mina fuerte y leal. Se hizo cargo de cada chico que teníamos. Jamás reclamó nada. Y esta tilinga viene a pedir guita. ¿Por qué no le pide a su amiga, que tiene? Ella me contó que el Padre la violaba y su vieja se hacía la sota. Cuando quedó embarazada, el Viejo se mandó a mudar, dejó a su Madre, fue la que pagó el aborto. Se juntó con un tipo y echó a Vera a la calle. Tenía miedo que esta vez su hija le cogiera al novio. —No te hagas problema si conseguís la plata a mí me solucionás la vida, yo después, una semana, ponele, te devuelvo todo.
   Le voy a pedir a la Tía Clara, ya me dio el mes pasado para mi familia. Le invento algo, me va a creer, es mi Madrina. —Yo te acompaño, Vera, quiero ver cómo es el lugar, la gente, que te cuiden.

   Sigue con esa cara, ¿no pensará…?, no, eso seguro que no.
                                      
   Siempre me manejé sola, mal pero sola, que no me haga el Papi bueno, igual lo quiero, esta vuelta no, porque está complicado, pero cuando tengamos una casita nuestra, así nomás, quiero un hijo suyo.

   Nunca supo que soy casado, tengo hijos y vivo bien. Ella fue cosa de unos meses. Pobre Vera, con todo lo que le hicieron. Va a tener que entender que no soy Dios, gracias a Dios.