miércoles, 23 de junio de 2021

¡AYUDA!

 

   Siempre tuve miedo de quedarme encerrada en un ascensor. Y al final sucedió. Éramos cinco personas. Metálicos el techo y las paredes. Un bunker hermético, donde se escuchaba la respiración de todos.

   Había un viejito que nos tranquilizaba:

   —A mí me pasó muchas veces y traté de poner mis pensamientos en positivo. Después de todo uno se puede morir de cualquier cosa, pero de ascensor no se muere nadie.

   —Pero estamos en el piso veinte, ¿si se descuelga y nos caemos?

   Primero pedimos socorro, después gritamos, de afuera nadie contestaba.

   —Es que son todas oficinas, estamos trabados hace más de dos horas, se deben haber ido todos los empleados—dijo alguno.

   Había un Custodio armado y en la desesperación de una chica a punto de dar a luz, le dijo:

   —Haga algo, si es Custodio y armado, aunque sea péguele un tiro a los botones.

   —¡¡No!!—dijeron varios.

   —¿Y si matamos una persona que esté dando vueltas en los pasillos?—respondió el Custodio—nos podemos sentar en el piso y esperar, en algún momento va a funcionar.

   Empezaron las contracciones de la chica embarazada. El Viejito había sido obstetra, pero estaba jubilado:

   —Sé muy bien cómo hacerlo, júntense todos en el rincón, necesito espacio y alguien que le sostenga la espalda. Yo me ocupo del resto. Le pido, Señora, que no guarde su respiración en la garganta, llévela hacia la pancita. Tiene una dilatación considerable. Necesito dos cordones, todos los pañuelos que puedan juntar, limpios por favor. ¿Alguien tiene alcohol o cualquier elemento para desinfectar?

   Yo le sostuve una mano, me arañó, me mordió y de su boca salieron sapos y culebras. De pronto el Viejito dijo con voz firme:

   —En el último pujo asomó la cabecita y el resto salió como en un tobogán.

   El Custodio le tomó las piernas y boca abajo dio su primer llanto. Se lo pusieron sobre un pecho mientras ataban el cordón umbilical con cordones de zapatos, lo cortaron por el medio con una navaja oportuna.

   Después salió la placenta, una Señora sacó una bolsa de nylon y la depositó ahí:

   —Esto se lo vamos a entregar a los Médicos, dicen que es muy útil.

   La chica lloraba y se reía al mismo tiempo, era un bebé perfecto. La chica me pidió perdón por haber estrujado mi mano.

   —Por ahora no hables, tenés que descansar.

   Tiramos todos nuestros abrigos en el piso para hacer de colchón. Nos emocionamos, menos un chico que le dio un ataque de pánico. El Viejito le puso una pastilla para que se durmiera y se dejara de joder.

   Dicen que los bebés traen un pan abajo del brazo, este bebé nos regaló la apertura del ascensor. Antes de subir a la Ambulancia la Mamá me tomó del brazo mientras decía:

   —No te vayas, no me dejes.

   Subí a la Ambulancia con ella y le deposité un beso en la frente.

martes, 22 de junio de 2021

BAJO LA MESA

 

   Nadie lo invitó, se invitó solo. Tardaron en abrirle, ellos espiaron por la mirilla mientras él la tapaba con un dedo para asegurarse que no lo vieran. La familia Pedinoti había preparado comidas sutiles y tragos largos. Los amigos insinuaban sonrisas, era gente distinguida, nunca mostraban los dientes.

   Se hizo presente Rolo Canuto, los Pedinoti lo hicieron pasar. Él eligió el mejor lugar de la mesa, la cabecera. Tenía el pelo engrasado, tomaba los cubiertos con los codos en el aire, haciendo bailar tenedor y cuchillo, miraba alrededor y no encontraba la comida.

   —Señora Pedinoti, ¿me puede llenar el plato? Y un trago largo, tiene buena pinta.

   Comía con la boca abierta:

   —Tengo hambre, me parece que voy a comer todo y beber también, por lo menos seis tragos largos.

   Todos hicieron caso omiso de Rolo Canuto, hablaban entre ellos de temas aburridos. El Señor Pedinoti ahogaba sus bostezos bebiendo agua. Rolo tomó lo que pudo y hasta le robaba tragos a los invitados.

   Dulce Liberal De Martínez Dios monopolizaba las conversaciones.

   —No sé si ustedes saben que estoy relacionada con casi toda la nobleza europea. Es una delicia pasear por los jardines de Buckingham, con la Reina Isabel del brazo. ¡Ah! Si ustedes supieran la cantidad de invitaciones que me brindan y en algunas ocasiones las debo rechazar, para las actividades sociales, aquí les resulto imprescindible.

   El Señor Pedinoti se quitó los zapatos y por debajo de la mesa, le acariciaba las piernas a Dulce Liberal, de la rodilla hacia arriba. Ella suspiraba y decía:

   —Más, más, más!

   La señora Pedinoti preguntó:

   —¿Por qué dice tantos mases?

   Dulce Liberal mirando al cielo, respondió:

   —Porque quisiera viajar más, disfruto tanto, amiga, como usted no imagina.

   Hacia el final dijo:

   —Acabé!

   Todos se sintieron aliviados, por fin había terminado de hablar. Rolo Canuto se levantó de la silla, haciendo ochos se fue sin decir nada.

   El Señor Martínez Dios, conocía muy bien a su mujer. Cuando le propuso viajar sola a Isla Mauricio:

   —Por supuesto, tus deseos son órdenes.

   Cuando pasaron a la sala grande para tomar café, se dieron episodios diferentes. El Señor Pedinoti, acarició los cabellos de su mujer, sin que nadie se diera cuenta.

   Dulce Liberal esperaba el plato de los quesos y recordó el olor a queso que tenía el Señor Pedinoti en los pies.

lunes, 21 de junio de 2021

LA LUZ MALA V° Parte

 

   Los miraba trabajar y le pareció injusto, deberían encontrar otros horizontes. Mandó a los tres a la Ciudad, para que estudiaran en la “Multi Universidad”, les ofreció los Profesores más popes. Cada uno elegiría su Carrera, él simplemente los becaba.

   Don Acevedo reunió a los tres y les dijo que prepararan sus petates para llegar a tiempo a sus inscripciones.

   —¿Y qué Carrera quiere usted que elijamos?—preguntaron los tres.

   Don Acevedo les respondió:

   —Las que ustedes quieran estarán bien, para mí sería una alegría.

   Lu siempre supo que deseaba aprender Ingeniería Informática. Uno de los ex-peones eligió Veterinaria y el otro Agronomía. Los tres se recibieron en tiempo y forma, a pesar de la discriminación de sus compañeros. Invitaron a Don Acevedo para asistir a la entrega de su respectivos Diplomas.

   Él aceptó gustoso, lo emocionó tanto que se le cayeron lágrimas mientras los felicitaba. Pensaba que no los vería más. Se equivocó, aparecieron los tres:

   —Don Acevedo, todos estamos ansiosos de trabajar en sus campos, pero de otro modo.

   Querían aplicar sus conocimientos. Don Acevedo les preparó una fiesta con mozos y bocadillos exquisitos, luego bailaron por toda la casa. Lu, con decisión le preguntó si quería tomarla como esposa:

   —Soy Señorita, por fin. Ahora tengo cuatro años más y usted no me parece tan viejo como para negarse.

   Lu se casó vestida de Caperucita Roja. Los demás asistieron con smoking y moña negra. Pasaron su luna de miel en la casa del Tata de Lu. El Tata les ofreció su propia casa para estar solos.

   Lu, muy precavida, llevó Viagra escondida en su caperuza, por si  Don Acevedo necesitaba una ayuda, no fuera ser que no se consumara su matrimonio. Él no necesitó ninguna pastilla.

   Con sólo verla desnuda, fue suficiente. Se puso al día Don Acevedo. Lu quedó más que conforme, a los nueve meses parió gemelos. Hasta el aire cambiaron los niños. Se sembró mucho amor alrededor de la nueva generación.

      Nota de la Autora: Fin.

domingo, 20 de junio de 2021

LA LUZ MALA IV° Parte

 

   Don Acevedo quedó encantado con Lu, le regaló unas ovejas para que cortaran el pasto de los alrededores de su casa y también la de los peones, que ahora lucían camisa y corbata, con esa pinta trabajaban igual. Lu preguntó:

   —¿Don Acevedo me puedo disfrazar de pastora?

   —Me gustaría, haga lo que quiera. Acá tiene plena libertad.

   Ella misma eligió hacer de Caperucita Roja, a las ovejas les iba a gustar. Imitó un cuadro que tenía en la casa de su Tata, sólo le faltaba un bastón largo, se lo hizo uno de los peones con maderas que sobraban. Cuando todos la vieron, les pareció estar dentro de un cuento. Trasladaba las ovejas hasta que se hacía de noche. Mientras preparaba de comer, cantaba bajito y afinado. Cocinaba muy bien, les hacía tartas cubiertas de chicharrones.

   —Lu es una genia, tan ocurrente, histriónica e inteligente, ¿a ustedes qué les parece?—preguntó Don Acevedo a sus peones.

   —Nosotros pensamos igualito que usted.

   Por primera vez su Tata la visitó y muy enojado dijo:

   —Yo te dejé venir acá para conseguir marido y vos te dedicás a cualquier otra cosa, limpiar la casa, hacer de comer y usar el traje de Caperucita Roja. Hasta que no encuentres un marido como la gente, no pienso dirigirte la palabra.

   Pensó Lu: a mí la gente no me gusta para nada. Así que un marido, mucho menos. Y si mi Tata se enoja por menudencias, es problema de él.

   Lu empezó a decir malas palabras, como:

   —Me cago en vos, boludo, carajo.

   Don Acevedo la llamó:

   —Con tu lenguaje tan cuidado, te prohíbo decir malas palabras.

   Ella se puso roja como Caperucita:

   —No fue mi intención lastimar sus oídos, le digo con todo respeto, usted vive puteando, nadie le dice nada por ser Patrón. En este mundo somos todos iguales, está haciendo diferencias de clases sociales. ¿O no?

   Don Acevedo comenzó a tomar distancia de la joven. La espiaba por la ventana. Lu, mientras estaba con las ovejas, cantaba y bailaba. A él le parecía un sueño.    

   Pensó Don Acevedo: alguna vez me le voy a declarar, no ahora, todavía es muy joven, ni siquiera le vino la regla.

   Nota de la Autora: Continuará.

sábado, 19 de junio de 2021

LA LUZ MALA III° Parte

 

   Don Acevedo acusó una autoestima que le humedecía los ojos, andaba cabizbundo y meditabajo.

   Los Peones que se habían enterado por terceros, esperaban el castigo de quedarse sin trabajo. Fueron a la casa de Don Acevedo, con sus boinas dando vueltas en las manos, le pidieron perdón.

   —Los perdono—y les quitó la sensación de haber pecado—El hombre no es culpable en estos casos—tango triste y cierto que Don Acevedo había asimilado. 

  Las traiciones lo indignaban tanto que se sumió en el trabajo, ayudando a los peones, como uno más. Empezaron a tutearse y crearon un afecto escondido.

   No quería saber nada de mujeres y cuando supo que la hija del Patrón lindero lo pretendía, dijo un “no” convencido.

   —Que me dejen de joder, bastante he sufrido para que me presenten una mujer nueva.

   Una mañana de octubre, apareció una joven con cara de buena:

   —¡Hola!, Señor Acevedo, le vine a ofrecer mis servicios, le aclaro que esto no es trampa. No deseo seducirlo como manda mi Tata, además usted es muy viejo para mí, pero puedo limpiar su casa, la dejaré sin mácula. Plancho muy bien. Quiero que usted se vista como merece. Hacer acto de presencia con su ropa gastada, no está bien. Sus Socios lo respetarán, más por su presencia que por su dinero. Soy Modista y Sastre. Yo misma confeccionaré su ropa y reinará sobre sus tierras. Sé que aprecia el silencio, hablo mucho, pero también sé callar.

   —Mire Srta. ante todo, ¿cómo es su nombre?

   —Me llamo Lucila, pero me puede decir Lu. Sólo le pido un sueldo a fin de mes, el monto lo dejo a su criterio.

   Lu empezó a trabajar el mismo día que apareció. Dejó todo como un espejo. Lo vistió como a un Señor de la Ciudad bien atildado. Lu pensó que en lugar de ser Don Acevedo, quedaría mejor Señor Acevedo. Igual eso se irá dando solo.

   Nota de la Autora: Continuará.  

viernes, 18 de junio de 2021

LA LUZ MALA II° Parte

   Y me la regaló como si fuera una cosa. Ahora me explico, se la quiso sacar de encima el muy truhán. Se llama Eva, me parece que el Peón era peronista. Ella se me tiró encima ni bien llegó y me cabalgó como se cabalga un caballo, yo tenía tantas ganas que me dejé. Eva tenía buenas bridas y no me soltaba nunca. Me cansé y le dije:

   —Vamos a dormir, mañana la seguimos.

   Desperté temprano, antes que me viera.

   Hice el alambrado para que los animales que recuperé quedaran al otro lado. Un toro pretendió saltar obviando el alambre de púa, perdió las bolas, ahora es vaca. No puede preñar a nadie, no sirve ni siquiera para mear.

   Eva se tira en la red marinera y me mira, se ríe, no hace nada.

   —Entrá para adentro así la seguimos.

   —Eva, no se dice “entrá para adentro”, se dice “entrá”. Pero sabés qué me parece, voy a cambiar de montura.

   Ella como vino se fue. Y a partir de ahí me dediqué a las vacas. Parían terneros, un montón. Parece que van a abrir las exportaciones, eso dicen, pero como mienten tanto.

   Ahora es cierto, les estoy vendiendo a los chinos, recuperé mi capital y hasta pude comprar el campo lindero. Contraté dos Peones fetén. Ellos hacen casi todo el trabajo, están bien pagos y no son golondrinas, viven aquí. Me llaman: “Patrón Acevedo”.

   Hicieron un asado de ternera y me invitaron, antes de ir me quité el cuentaganado, para no hacer ostentación. Yo tan rico y ellos tan pobres. Tenían una conversación interesante, no se tragaban las eses, manejaban muy bien los cubiertos y comían con la boca cerrada. Vinieron de la Ciudad porque allá no conseguían trabajo.

   Encontré una mujer que era Condesa, muy distinguida y me casé con ella. Teníamos una relación de hermanos, ella dormía en otra pieza y por las noches me decía:

   —Voy a visitar a los peones, están tan solos, yo me entretengo con los dos. ¿No te molesta, Acevedo?

   —Andá nomás, si a vos te divierte a mí me da lo mismo.

   Se acostaba con los dos, uno primero y otro después. Las mujeres, aunque sean Condesas, tienen comportamientos deleznables.

   Nota de la Autora: Continuará.


jueves, 17 de junio de 2021

LA LUZ MALA

 

   —Güenas y Santas, Don Acevedo, no terminé mi trabajo, pero lo sigo mañana.

   —Si son buenas no son santas, ¡jah! Usted se ha equivocado, veo que no lo terminó como habíamos convenido. Sigue mi consejo pero al revés, no dejes para hoy lo que puedes hacer mañana. Eso lo digo yo en rueda de amigos, pero usté es personal contratado y hasta debe trabajar o lo dejo de respetar. Además se dice “buenas”, con b larga.

   Agaché la cabeza:

   —¿Sabe que ando medio sordo?, ¿qué letra es b?, no la conozco, no tengo estudios.

   Se exasperó don Acevedo:

    —Es fácil, b de boludo, úselo como una regla nemotécnica.

   —Patrón, no me hable en difícil, le voy a entender menos de lo que entiendo. Pero yo hago de todo, Patrón, le cebo mate cuando amanece, preparo lo que va a comer, le lavo la ropa, es trabajo de mujer. Suelto los animales, ordeño las vacas a mano, le doy maíz a las gallinas. Y además es difícil sacar murciélagos podridos del entretecho. Tengo la nariz lastimada de ponerme un broche en la nariz, para que ese olor no se meta en mis pulmones.

   Me llevó dos días quitar los cadáveres de murciélagos. Hasta le pasé cera Suiza y lustré el entrepiso de rodillas. Don Acevedo me felicitó y me pagó con aumento, cinco pesos de aumento.

   Parece joda lo que me hace el patrón, pero qué le voy a decir, tiene su propio castigo, se han cerrado las exportaciones y eso le hace mierda el capital, que antes era su orgullo y ahora su humillación.

   Su casa está quedando vacía, vendió hasta la vajilla y duerme en el piso. Flaco está el Don Acevedo, se fue la mujer y sus hijos ni lo visitan ni lo llaman. Hay goteras, hace frío, se terminó el combustible.

   No nos diferenciamos, Patrón y Peón vivimos de la nada que tenemos.

   Ahora necesita una mujer y se le nota. Se pajea todo el día, pobre.

   —Don Acevedo, le propongo algo, vivo con una mujer que está buenazaza. ¿No quiere comprarla? Bah, qué va a comprar, si se ha quedado en pampa y la vía. Mejor se la regalo.

   —Y bueno, sí. A caballo regalado no se le mira el pelo.

   Nota de la Autora: Continuará.

miércoles, 16 de junio de 2021

CONCOMITANTE

 

   Catorce días tengo que permanecer dentro de mi casa. Mis actividades son dormir, soñar para olvidar, despertar, mirar por la ventana, me cansa la cama, la cambio por un sillón. Luego viene la silla o la silla viene a mí.

   Paso al banquito de cuando era chica. Miro por la ventana, lo estoy esperando. Siempre lo espero, no sé para qué, si no va a volver. Me abandonó, es contradictorio, parecía que me quería. Dormíamos juntos. Nunca me dijo nada, ni yo le pregunté.

   Lo extraño en el desayuno. Cuando sus pupilas eran dos círculos negros, apenas le daba la luz entornaba los ojos y dejaba de mirarme. Tenía ataques de indiferencia que me partían el corazón. Nunca me hablaba, eso me gustaba, aquel silencio lleno de palabras ausentes.

   Su soledad, tan parecida a la mía. En el invierno nos dábamos calor, parecía complacido con sólo un abrazo. Murmuraba en mis oídos, no le entendía, hablaba un idioma raro que yo desconocía. Jugaba a despeinarme y luego se iba. Estábamos en primavera, el tiempo no pasaba nunca. Catorce días que parecían multiplicarse con su ausencia.

   Un día inesperado entró por la ventana, mientras estaba en la cocina, se desperezó y bostezó, se metió entre mis piernas y pidió algo, parecía lamentar que le restara importancia, pero se dio cuenta y saltó a mi espalda, casi me hace caer.

   —¿Puedo saber en dónde estabas?

   Él miró su plato vacío, le entibié leche y le agregué las migajas que me quedaban. Después me fui a dormir, es lo único que hago bien. Él vino a dormir conmigo, ronroneaba, parecía decir que lo perdonara y lo perdoné. Le acaricié la cabeza y le hice cosquillas en la panza.

   Yo lo necesitaba como él me necesitaba. Volvió para quedarse. Era un gato manso y sigiloso, mi única compañía. Por fin estaba conmigo y yo con él. Se llamaba “Gatrucho”, lo bauticé primero “Gato”, comprendí que necesitaba un nombre propio. Gatrucho subió a mi escritorio, tiró al piso la birome y el cuaderno, le di un golpecito y me arañó. Se ofendió pero se quedó.

   Cambió mi vida, ahora camino en cuatro patas, me están creciendo los pelos y tengo uñas largas y filosas, esto sí que es vida.

martes, 15 de junio de 2021

SOBRINO X° Parte

 

   Le dio pena que las vacas durmieran afuera, pensó usar el trianón como refugio, pero no. Eran muchas, formaban pilas hasta la cúpula y los vidrios se empañaban. Ahora que estaba solo, las hizo dormir en la casona. Aposentos sobraban, sanitarios, cocinas, escaleritas y escalinatas. Aquella noche durmió con un ternero guacho, hasta una bolsa de agua caliente le apoyó en el lomo.

   Al día siguiente lo despertó un olor a mierda irrespirable. Abrió los portales y las ventanas, las vacas se asustaron como ajenas, se arrastraron a los bebederos y los rollos de pastura. Eran vacas que tenían buena leche, todas lo saludaron con muchos mumues. Limpió la casona con varias hidrolavadoras, sopleteó todo con alcohol 70%. Estrenó un perfume francés en aerosol, regalo de María, comprado con dinero de Catalina Chanchorena. Dando los trámites por cumplidos, les construyó una cabaña lejos de la casona. Cubrió el piso con heno mullido.

   Las vacas, agradecidas le dijeron mu mu, que en el lenguaje de las vacas, quiere decir “muchas gracias”. Al ternero lo adoptó como hijo, rodeó su cuello una cinta de terciopelo, con un diamante colgante. Le ponía pañalines para que durmiera con él. Lo bautizó “Catalino”, en honor a su Tía.

   A los 103 años, Gerineldo expiró. Lo heredaron sus sobrinos, que en vez de cuidar las vacas, se las comieron una por una. Al ternero también se lo comieron, el más joven de los sobrinos, se atragantó con el diamante. Nadie lo pudo quitar y el sobrino pasó a mejor vida.

   Aparecieron las mujeres de Gerineldo, que propusieron que la casona se transformara en un bulín mistongo. Las mujeres les  doblaban la edad a los sobrinos. Con excelentes cirugías laser, volvieron a ser jóvenes. Hicieron una fiesta negra para inaugurar el bulín mistongo. Se pusieron al día, las jóvenes viejas. Los sobrinos dejaron su celibato y arremetieron con todas. La casona se derrumbó con ellos adentro. Quedó todo lisito y un pesado olor a sexo.

Nota de la Autora: Fin.

lunes, 14 de junio de 2021

SOBRINO IX° Parte

 

     Gerineldo con dos rivotriles encima se sintió humillado.

   —Papel higiénico no preciso, prefiero usar el bidet. La Profesorda de Literadura es la única de estas mujeres que no probé, mis otras mujeres finalmente me aburrieron.

   Se presentó de inmediato, vestida con un tahier gris, camisa y corbata. Gerineldo se ocupó de desvestirla, cuando la tuvo desnuda casi desmaya. Tenía tetas de cabra y un culo chato y caído, debía ser porque siempre estaba sentada leyendo o escribiendo.

   La Profesorda se arrojó sobre su panza,  más gorda de tanto encierro y comiendo como un orangután.

Cuando él miraba hacia abajo, no podía ver su sexo, aunque lo tenía erguido, encontró que la Profesorda carecía de agujerito.

   —Hay otras cosas que podemos hacer.

   —No pienso usar mi boca en ese escroncho, prefiero leerte en voz alta.

   Gerineldo le dibujó sus partes inexistentes con una navaja. La Profesorda, muda de espanto, le permitió hacer lo que se acostumbra.

   Gerineldo descubrió que era insaciable. Cuando la besó tenía bigotes y le faltaban cuatro dientes. La arrojó de su cama al piso.

   —Si hubiera sabido no te convocaba. Me da aprensión verte desnuda, vestite en el pasillo y seguí leyendo, no necesitás nada, no te enterás de nada, en definitiva no sos nada.

   Hizo bien en despedirla, prefirió estar solo, antes que mirar ese esperpento. Decidió llamar a sus otras dos mujeres que le dijeron:

   —¡No!—al unísono.

   Le extrañó Sabrina que era la más insaciable de las dos. Gerineldo se asomó por la ventana para mirar las otras casonas, tenían carteles de “Se Vende”.

   Compró todas y las hizo escombros. Le dio alegría recuperar el horizonte. Sus mujeres se ofendieron, porque las casonas tenían hombres atractivos, para probar otras cosas. Cuando Gerineldo intuyó lo que pasaba, las metió en la diligencia que perteneció a Catalina Chanchorena y las mandó a la Ciudad.

   Su decisión le quitó tres pesos de encima.

   Gerineldo fue sobreseído, pero tanta soledad la reemplazó comprando un lote de vacas preñadas.

   Nota de la Autora: Continuará.

domingo, 13 de junio de 2021

SOBRINO VIII Parte

 

   Caballos sin jinete usaron los aleros de la casona, para dormir la noche y volver a trotar al amanecer. Llenaron de bosta todo alrededor.

   —Vení, María, todo es un asco.

   Sabrina, que amaba la tierra, le explicó que eso era abono para que crezcan las plantas y los árboles, con más nutrición y follaje.

   —Ahora le toca a Pirola, que no le hace asco a nada, que llene todo en una carretilla y lo reparta por aquí y por allá.

   Cuando Gerineldo miró la galería de la casona y la escalinata llena de mierda, montó un caballo en pelo. Quiso encontrar a los dueños y grande fue su sorpresa, cuando descubrió seis transcavators dando vuelta la tierra en los alrededores de su predio.

   —¿Se puede saber qué están haciendo?

   Un Capataz, gordo, negro y judío le contestó:

   —Vamos a construir casas tan grandes como su casona. Total, terrenos sobran y hay gente que invirtió en todo aquello. Lo verá cuando estén terminadas.

   Gerineldo quedó mudo de indignación indignada.

   —¡Salgan de aquí! Están usurpando, no comprando y este caballo se lo devuelvo, lo tuve que domar, me tiró al piso como tres veces. Dígale a su Patrón que se dé una vuelta por mi casona, va a saber lo que es bueno.

   Volvió a pié, cuando llegó pegó tantos portazos, que las mujeres, asustadas, se escondieron para no ser castigadas por Gerineldo. Tal vez descargaría toda su furia en ellas. No fue así, para alivio de todas.

   Gerineldo fue derecho a sus aposentos y desde allí, gritaba:

   —Esta tierra es mía, la voy a defender como pueda, aunque no pueda.

   En dos semanas y con más de cien albañiles, terminaron todas las casonas, igualitas a las de él.

   —Me dijeron que viniera para aquí, ¿por qué asunto es?

   —(Y encima me lo pregunta el muy caradura.)

   Lo sacó con cara templada a los panzazos.

   Lo fue a buscar la Policía y lo metieron preso.

   —¿Por qué me tratan así? Yo soy el Conde Gerineldo Chanchorena y defiendo mis derechos. ¿Me quieren decir el porqué de esta corruptela?

   Estuvo tres años detenido en sus aposentos. No podía recibir visitas. Sus mujeres recorrieron a los medios, para que les permitan visitas higiénicas y que por favor les llevaran papel higiénico, porque en estas situaciones era muy necesario.

   Nota de la Autora: Continuará. 

sábado, 12 de junio de 2021

SOBRINO VII° Parte

 

   —¡¡Fuera de mi casona!! Ja! Juez de Menores y no sabe nada, como todos los jueces, que reciben algo a cambio, pero yo de eso no bebo. Sabrina tiene dieciocho años, es mayor de edad y puede hacer lo que quiera. Burro, tonto, piérdase en el horizonte.

   María vio y escuchó las palabras de Gerineldo.

   —Miren ustedes qué cosa, finalmente Gerineldo tenía pelotas debajo de su panza.

   Él les ordenó a las mujeres:

   —Cierren las puertas con triple llaves y candados de bronce. A Sabrina me la dejan afuera, le tengo una sorpresa: un trianón que construí con mis propias manos, las mismas que le recorren el cuerpo de noche y de día.

   Sabrina se arrodilló para agradecer y subió la cabeza lentamente, hasta morderle la…la…, bueno, eso.

   La cúpula era de vidrio blindado, cuando el cansancio los vencía, miraban la luna y las estrellas.

   —Yo me sé los nombres de todas las estrellas.

   Gerineldo replicó:

   —Mi joven e ignorante querida, “no se dice yo me sé”, se debe decir “yo sé”. El “me” no va. Más que por viejo, por sabio, las estrellas son cincuenta. Quiero convertirte en Condesa y si te asomás al balcón circular, me gustaría que estuvieras desnuda y en camisón.

   María llamó a las otras dos, para que miren y comprendan el significado de la injusticia:

   —Ahora nos quedamos solas y encerradas, sin ningún amante. Nadie llamará a nuestros aposentos, vamos a extrañar al petimetre panzón e ignorante.

   Lloraron todas su ausencia. Menos la Profesorda de Literadura, que casi vivía en otro planeta y no le importaba lo que sucediera alrededor. María y Pirola, rompieron cerraduras y candados, corrieron al trianón donde Sabrina estaba sola, le arrancaron los pelos, le dieron trompadas y puntapiés.

   Apareció Gerineldo:

   —Qué formas adopta la cobardía, miren que tomar como enemiga a las más desamparadas de todas.

   A las doce de la noche, escucharon los cascos de muchos caballos.

   Nota de la Autora: Continuará.

viernes, 11 de junio de 2021

SOBRINO VI° Parte

 

   Eligió una diligencia con seis caballos percherones, que perteneció a los Chanchorena. Llegó a la Ciudad de las Diagonales, le resultó tan ajena que se perdió. Entró en un Burdel mistongo y apreció todas las mujeres luciendo escotes generosos, repatingadas en diferentes salones. Pasó cuatro noches, hizo uso de todas ellas. En un rincón iluminado con luz de luna y un candelabro de cinco velas, apuntaban a una mujer joven, casi menor de edad. Se descubrieron al mismo tiempo. Ella tenía ojos de sirena que miraron el abdomen prominente de Gerineldo.

   Sabrina era su nombre, virgen y recatada. Él la invitó a dar un paseo por un jardín versallesco, no le tocó ni un pelo, tuvo ganas de recorrer su cuerpo y Sabrina le ganó de mano. Fue todo un privilegio, la joven tan joven montada sobre su panza y jugando al caballito. Gerineldo se enamoró como Romeo de Julieta. Cuando gastó todo el dinero que había llevado, la invitó a su casona.

   —Les traigo un regalo que vino de la Ciudad—dijo Gerineldo observando las caras descompuestas de las tres mujeres.

   Les dio celos a todas, aquella presencia con cuerpo de niña y ojos de sirena encantada. Él le preparó un aposento, el más pequeño de todos y el más aislado.

   Sabrina dormía con Gerineldo todas las noches. La joven se sintió en deuda con las tres y se ofreció para todo servicio. María le pidió que se hiciera cargo de las bacinillas, repletas de la noche anterior.

   —Está bien, lo haré, aunque no me parezca muy refinado arrojar sus orines, así haga uso de guantes quirúrgicos, algo salpicará.

  Pirola la tomó de Niñera, para su bebé de un mes. Le ordenó bañarlo, cambiarle los pañales y alimentarlo.

   —Señora Pirola, ¿por qué no le da leche de sus pechos?

   Contestó Pirola:

   —¡Ni loca! Deformaría mis tetas perfectas. Acá tenemos cabras que reemplazan su alimento. De noche llora mucho, deberás llevarlo en tus brazos y hamacarlo suave, con golpecitos en la espalda, cantándole nanas. Cuando eso suceda, te lo dejaré a las puertas de mi dormitorio.

   A Sabrina le pareció mala y engrupida.

   —Tengo derecho a dormir con Gerineldo, alguna vez me toca a mí, ¿o no?—dijo Pirola.

    A la Profesorda de Literadura, no le hizo mella, se notaba que los hombres no eran de su interés.

   Una mañana se hizo presente el Juez de Menores y pidió hablar con Gerineldo, que se dedicaba a colocarle acrow a la casona, para prever que no se derrumbara y en eso estaba cuando se escondió entre los matorrales.

   Nota de la Autora: Continuará.

jueves, 10 de junio de 2021

SOBRINO V Parte

 

   —Los convoco a los dueños, menos a María por su parto inminente.

   Distribuyó el trabajo, Gerineldo se ocuparía de trasladar los escombros de la columna, con la ayuda de un caballo y tres sogas atadas en la espalda. Él tenía la fuerza de un toro en celo.

   Había quedado un pozo de hierros partidos y oxidados. Del Rolls Royce, la Profesorda rescató la estructura que quedó y la enderezó con sus propias manos. Colocaron una roldana para subirla hasta el techo y enterrarla. Entre Gerineldo y la Profesorda lograron que quedara erguida. Fabricaron cemento con residuos de escombros y agua. Cubrieron la base hasta llegar al tope del techo.

   En tres días secó toda la columna. Justo el lugar en que esos aposentos quedaran igual como estaban. Creció la admiración a la Profesorda de Literadura. Ella, con voz y cuerpo exhaustos, les habló de su historia. La compró como esclava, una familia que la fustigaba por puro gusto. El hijo varón de esa familia entraba en su pieza y entre revolcón y revolcón le decía que la amaba. Se retiraba de la pieza diciéndole:

   —Sos una negra puta, como todas las negras.

   La Profesorda tuvo dos hijos, murieron al comenzar la pandemia. El día del entierro por la noche se escapó. En la ciudad, un mecenas le dio la posibilidad de estudiar bibliotecología. Los Profesores quedaban boquiabiertos por la inteligencia de una mujer negra.

   —A los negros nos consideraban inferiores, pero yo les pude retrucar cuando me entregaron el título de Profesorda de Literadura.

   María y Pirola lloraban por la historia injusta de aquella mujer. Se convirtieron en amigas las tres. Cada vez que Gerineldo las escuchaba, ellas lo ignoraban y hasta lo mandaban a dormir.

   Gerineldo se sintió despectado y se los hizo saber:

   —Tengo turno para vacunarme mañana.

   Preguntó María:

   —¿Y nosotras cuándo podremos vacunarnos?

   Gerineldo pensó que con la suma de las tres, no llegaban ni para hacer una sola mujer. Lo atropellaron todos los pensamientos juntos y eligió vengarse.

   Nota de la Autora: Continuará.

miércoles, 9 de junio de 2021

SOBRINO IV Parte

 

   —Las rojas no te hacen nada, bah, te pican poco. Las negras son difíciles que te las saques de encima. Pero yo tengo un remedio infalible, sacate la ropa y quedate desnuda—dijo María.

   —Te voy a echar Raid, para cucarachas y hormigas, quedate tranquila, es un aerosol que actúa de inmediato.

   Mientras Pirola tiritaba, María le roció todo el cuerpo. Las hormigas rojas y las negras murieron de inmediato. Gerineldo las depositaba en una bolsa, para algo servirían. Le pusieron paños fríos para deshincharle las picaduras. Por primera vez Pirola le agradeció a María.

   —Yo me encargo de licuar la comida y voy a agregar estas hormigas, un condimento parecido al orégano pero más fuerte.

   Dijo Gerineldo que por fin haría algo útil. Las dos mujeres se hicieron amigas. Las amistades tienen fechas de vencimiento, en esta ocasión tuvieron fecha de nacimiento.  Hablaban todo el tiempo, como hacen las mujeres. A Gerineldo no le daban cabida en sus conversaciones. Él aprovechaba para comer todo lo que había.

   Pirola no podía tener hijos. María descubrió que tenía las cañerías pegadas, ella misma se encargó de despegarlas. Fue así como Pirola quedó embarazada, para gran contento de los tres.

   Gerineldo cubrió las rajaduras de la casa con Poxi-ran y luego usó pintura blanca para cubrir las paredes. María tuvo celos. Una noche Gerineldo se acostó con ella, que también quedo unpregnant. Todo un semental resultó Gerineldo. Las relaciones entre ellos comenzaron a resquebrajarse. Eso sí que no se pudo arreglar, no eran paredes, eran seres humanos en la plenitud de sus odios. Hasta que llamaron a sus puertas. Era una mujer de color:

   —Quiero trabajar en la biblioteca de la Señorita María, soy Profesorda de Literadura y si ustedes me hacen el honor de aceptarme, a pesar de mi color, me solucionarían la vida.

   María se alegró, necesitaba ayuda, con aquella panza no podía hacer nada, estaba en fecha cuando se derrumbó la primera columna. Las Profesorda de Literadura, tuvo una gran idea.

   Nota de la Autora: Continuará.

martes, 8 de junio de 2021

SOBRINO III° Parte

 

   Luego de tanta voltereta y para asombro de María, los dos se acercaron a la casa, vivitos y coleando, igual que dos serpientes.

   —María ponete este delantal y limpiá el polvo que dejó el incidente.

   —Vos y Gerineldo, recién se enteran, apareció el Covid 19, es mejor que nos metamos adentro, el único modo de no contagiarnos entre nosotros. El delantal tiralo o ponete a limpiar vos. Acá les tengo barbijos, no se los quiten nunca. Vamos, vamos. Debo cerrar la puerta y sopletear la casa con alcohol 70%, eso, de ahora en adelante lo van a hacer ustedes.

   — ¿Y para comer cómo hacemos?—preguntó Gerineldo, el más glotón.

   —Se ponen sorbetes por debajo del barbijo y vamos a tener que licuar nuestros alimentos.

   —¿Y para ducharnos, cómo se procede?—interrogó Pirola.

   —Es muy sencillo, te bañás con el barbijo puesto, de paso te lo lavás, que ya lo tenés mugriento.

   —¿Y el niño?

   —Mi bebé está inmunizado, no precisa nada, y vos Gerineldo, bañate primero, que tenés un olor que da náuseas.

   Por la noche escucharon unos ruidos extraños, provenían de los zócalos de toda la casa. La histérica de Pirola descubrió que las paredes se estaban rajando.

   —¿Por qué no nos mudamos a otra casa?

   —Vos, además de estúpida no entendés nada. Heredamos una casa de doscientos años, es una reliquia que nos pertenece a todos. Si nos olvidamos de los amores contrariados, la podremos reparar.

   Pirola puso cara de “no te doy bola” y cuando se miró el cuerpo, estaba cubierto de hormigas negras y rojas.

   Nota de la Autora: Continuará.

lunes, 7 de junio de 2021

SOBRINO II° Parte

 

   El sobrino de Catalina Chanchorena, heredó la casa. Alisó el frontón para ponerle su propio nombre: GERINELDO. Se casó con una chica llamada Peteira Pirola, se hacía llamar por su apellido, Pirola. El nombre Peteira le parecía muy largo y tenía el olor de una oficina donde tanto practicó el peteirismo.

   Gerineldo encontró a María en la puerta de su casa, llevaba un niño en brazos.

   —¡Qué suerte que te casaste, María! Y tuviste un hijo.

   —Qué está diciendo, no tengo Marido y este niño fue un regalo suyo.

   Pirola escuchó todo. Se dirigió a María:

   —Yo no puedo tener hijos. Lo menos que podés hacer, después de haberte acostado con mi Marido, es regalarme ese niño.

   Pirola se lo arrebató de los brazos.

   —Mirá, Gerinaldo, el pequeño es tu vivo retrato. Nadie dudaría que somos un matrimonio con un hijo.

   María habló con voz serena:

   —No sé si ustedes asistieron a la lectura de los herederos, ordenados por Catalina Chanchorena, sólo la mitad de esta casa es suya, el resto está habilitada para mi biblioteca de 22.000 libros. Aquí vienen a estudiar los chicos de las Escuelas Rurales de la zona. Le exijo, Doña Pirola, que devuelva mi criatura.

   María levantó con sus manos una escopeta de dos caños, previo esconder a su hijo en un ropero. Ante el peligro de morir a balazos, corrieron hacia el auto. María les gatilló las cuatro ruedas, derraparon y dieron cuatro vueltas en el aire.

Nota de la Autora: Continuará.

domingo, 6 de junio de 2021

SOBRINO

 

   Trabaja desde los catorce años, donde su Madre la abandonó. La casa parece un templo griego, en el frontón tiene el nombre de la anciana que es CATALINA. La anciana dama adoptó la chica abandonada.

   María limpiaba la casa con esmero, mientras hablaba con la anciana, le contaba su infancia y hacía agradable lo terrible. La Srta. Catalina le enseñó a leer y escribir. Por las noches devoraba los libros de un escritorio antiguo, algunos le resultaban apasionantes, leía dos o tres veces el mismo. La relación entre ellas era armónica y respetuosa. Catalina le pidió:

   —Me gustaría que me leas antes de dormir, cualquier cuento que se trate de amores contrariados. Estoy casi ciega, prefiero que limpies menos y me leas más.

   —Señora, yo soy la Sirvienta, me parece una falta de respeto hacia usted.

   —Querida María, no se dice “Sirvienta”, se dice Empleada.

   —Se dirá Empleada, pero yo trabajo más como Sirvienta.

   A Catalina le daba piedad verla todos los días encorvada y con las manos entre detergentes y estropajos.

   Llegó de visita un sobrino de Catalina. Pasaron la primera cena, tomando y tomando, hasta que la anciana se durmió y entre el sobrino y María, la trasladaron a sus aposentos. Cuando quedaron solos, el sobrino se acostó en la cama de María. Por ser su primera vez de alguien que conoció por primera vez, se divirtió bastante. El sobrino le dijo que la quería para siempre, le pediría su mano a la Tía. Esa noche, María, soñó con los angelitos. Él le había prometido que partirían al día siguiente. Ella se despertó temprano con su bolso listo. La anciana le señaló la ventana, había un Rolls Royce. El sobrino saludaba con la mano. Lo conducía su futura esposa. María abrazó, llorando, a la anciana.

   —No llores, querida, siempre fue mejor leer un libro que tener Marido.

sábado, 5 de junio de 2021

EL DOLOR VIAJA

 

   Tengo un dolor que se traslada, el cuerpo tiene algo que me piensa como una autopista, choca con mi tobillo y se duerme un rato, luego me libera y se instala en la rodilla. Me abandona y puedo dormir quince minutos, hasta que me despierta con un choque múltiple en las ingles. Durante el sueño nocturno, él me ataca la otra pierna.

   Un día no me dejó ni leer, se abrazaba a mis músculos en las cabezas de fémures, tanto que impidió sentarme, pedí socorro y nadie me escuchó, caí acostada en la alfombra. A mi lado había un cutter, lo tomé con decisión y corté en todos los lugares que me dolían, porque seguía su desplazamiento.

   Había algunos tajos que profundicé más y más. Me quedé sin fuerzas, miré de costado y la sangre hacía caminos con afluentes, me dio pena la alfombra sucia de sangre, pero por suerte mañana viene Dionisia,  la señora que limpia, ya no la puedo esperar, siento que me voy y el dolor quiere llevarme con él.

   Pobre Dionisia, por suerte tiene llave.

viernes, 4 de junio de 2021

DISECCIÓN

 

   Le decían cuello de cisne. Daba miedo que se quebrara. La invitó a salir para ver una película cualquiera. Los que estaban mirando le pedían que bajara la cabeza, ella se apoyó en su hombro izquierdo, pesaba mucho. La cabeza era grande y el cuello un defecto de nacimiento.

   Tenía una pierna más larga que la otra.

   —Si tenés la pierna así, ¿por qué no usás bastón?

   Ella le contestó que para eso usaba el brazo de él. Comenzaron a salir todos los días, pero se convirtió en un trabajo. Siempre se caía y la tenía que levantar. Caminaba para un lado y miraba para otro. El día que fueron a un restorán, sumergió la cabeza en la sopa. Tuvo que deshacerle el nudo del cuello, de tan delgado no lo podía mantener erguido y al final se le quebró.

   Era una mujer perseguida por la fatalidad. Llevaba su cuello rodeado de palos de escoba, siendo él muy hábil encontró esa solución. Rodeó los palos con cien pañuelos de seda. La cabeza le quedaba dolorida, su cuello no pudo sostenerse y se partió por sí mismo.

   Él comenzó a tomarle inquina y le daban ganas de serrucharle las piernas. Ella se alegró, por fin había encontrado una mano que la tocara, con una sierra eléctrica. Siguió con los dedos de los pies y de las manos, lo demás lo hizo con una tijera filosa. Le cortó las orejas y las tetas caídas también. Después siguió con la nariz, le dio asco porque estaba llena de mocos. Cuando llegó al sexo, se entusiasmó e hizo uso. Después le cerró el agujero con una aguja de coser, le pareció adecuado usar el punto cruz. Ella no podía sonreír porque también le costuró la boca para no tener que escucharla decir tantas, tantas cisnadas.

   Ya no está con él, la extraña tanto que va a la laguna de Monte, para ver los cisnes y admirar aquellos cuellos.

jueves, 3 de junio de 2021

DESPELOTE

 

   Que un día se puede entrar en Tandil, vos te vas contento, pensando que verás a tu hijo y no, ese día no. Te ponen a un costado de la ruta y preguntan hasta cosas personales. Ellos son burros, el Intendente es burro y de los otros mejor no hablar.

   Hay que usar barbijos quirúrgicos, no entregan, no entregan hasta la semana que viene, no y no. Hoy llegó el día, me vacunaron, es injusto que haya sido el día de mi cumpleaños. Mejor, detesto cumplir años y que me feliciten es lo peor.

   A algunos les dieron la rusa, la norteamericana, la griega. Los de Casa de Gobierno se hicieron poner todas, hasta las de Senegal. La segunda vacunación la pasaron por alto. El Gobierno es capaz de vacunarse con mierda.

   Salí de esa vacunación plena de sospechas. Hablé con mi hijo en varias oportunidades, por la vacuna y por el Feliz Cumpleaños. Mi Marido me regaló un pullover fetén, con capucha y bolsillos, color rojo bordeaux. Compramos una botella de champagne y una torta con una sola vela, bueno sería que fueran setenta y dos. ¿Setenta y dos cumplo?, la verdad es que perdí la cuenta y necesito que cada día sea nuevo para escribir mis queridos cuentos. Sin ellos no podría vivir. En la vejez uno nace de nuevo, con el cuerpo viejo y el corazón joven.

   Voy a dormir porque me levantó fiebre.

   ¡Carajo!

miércoles, 2 de junio de 2021

PLENILUNIO

 

   Hicimos un paseo postprandial, se cayó una vez por cuadra, veinte cuadras, veinte caídas.

   —Abuelo, ¿por qué no usás bastón?, o mirá el piso al caminar, o…

   El Abuelo me puso cara de cachetada. —Tengo muchos años y no quiero perder los que me quedan con la cabeza mirando las baldosas rotas, gracias al chorro del Intendente. Cuando dejo mis piernas a su libre albedrío, me regalan los nombres de los árboles que no recordaba, la camamila que me daba tu Abuela, diviso las brevas de una higuera y cerrando los ojos tengo tus años. Hay subidas y bajadas como los médanos del Cairo y me enojo por no encontrar los camellos de aquel tiempo. Tanto ensoñar, y ver que algo quedó, aterrizo.

   El abuelo está viejo, pero es sabio, no quiere ayuda para ponerse de pie, está loco, a mí me gustan los locos, la gente sensata me da sueño.

   —¿Abuelo, y si vamos a tocar el violín a la punta de la montaña, donde se ve el mar?

   Tardamos tanto con sus derrapes y el cuidado de los violines, que se prendió la luna. Llegamos justo, como para el adagio de Albinoni, Claro de Luna…

   Mi familia se preocupó por la tardanza, considerada desaparición. Salieron a buscarnos, todo el vecindario de casa separadas, juntó sus fuerzas. Temieron lo peor y se repartieron en caminos diferentes. Nosotros escuchábamos el eco de sus voces y los perros ladrando a la luna.

   El abuelo decía: —Ayudame a no romper esta noche, es luna llena y nuestro repertorio alcanza hasta el amanecer.

   Le dije que sí. —Con mucho gusto, Abuelo, no sé por qué la gente piensa que somos eslabones. Siempre agarrados por algo, presienten lo peor y no hay magia en sus angustias.

   El Abuelo tironeaba de mi brazo, hasta donde las olas rompen en las piedras, los dos teníamos los dedos con sangre, guardamos los violines. Emprendimos el regreso, subimos con dificultad, pero bajamos como dos pendejos.

   Ya cerca de la multitud que nos buscaba y los perros que saludaban con alegría, los grandes nos puteaban como a dos estafadores. Mis hermanos consideraron una traición no haberlos invitado.

martes, 1 de junio de 2021

A LAS TRES DE LA NOCHE

 

   Su situación económica no tenía solución, ni con préstamos bancarios, o familiares o el recurso de los dólares en el jardín. Este último episodio fue el más lamentable, no recordaba dónde estaban enterrados, había árboles caprichosos, donde trepaban enredaderas que cubrían la tierra y donde no la había, césped prolijamente cortado, donde no existían señales de pozos.

   El insomnio de Clemente Micoto lo levantaba de la cama, se producían confusiones en su cabeza, llamó a su amigo Cristiano Soborno. —Hace catorce días que no duermo, camino con sigilo por las noches, buscando la paz que necesito. ¿Entendés mi desesperación, Soborno?

   Al otro lado se escuchó un hondo suspiro. —A mí me sucede como a vos, no sé si peor, me embargaron la casa, el auto, a mi mujer no, que habría sido una alegría.

   No le dio risa, me dio miedo su miedo. —La culpa la tiene este Gobierno de mierda, en vez de expropiar los bienes a la K-chorra, que viralizó la corrupción, el Príncipe Idiota pretende que nosotros, los que sí tenemos escrúpulos, paguemos como boludos, los agujeros que…

   —¿Me escuchás, Micoto? No llores, que me hacés llorar a mí, parecemos dos maricones, dejá de joder, venite a casa y no hablaremos de estos chanchos. Te prometo silencio y unas pitadas para curtir un poco el cielo y las estrellas. ¡Uy! Recién cayeron dos, fugaces, símbolo de buen augurio…a lo mejor…