martes, 20 de julio de 2021

OTRAS FORMAS DE AMAR

    Se llamaba Facundo, después le decían Facu, más tarde Fa. Tenía una Novia que lo bautizó Efe. Efe de felicidad, seguro. Los amigos recuperaron el Facundo, porque Facu les recordaba la Facultad.

   Quiso vivir con su Novia, lo enamoró que fuera leve. Sentía fascinación por la levedad. Caminaban la vida alegremente. Nunca se tocaron, sólo las tormentas y los vientos acariciaban los pelos de sus cuerpos y se conectaban. Nunca hacían el amor, pensaban que era mejor así. Sus almas y sus corazones estaban tan unidos que les permitían construir ideas nuevas.

   En la casa no había muebles, para que pudieran circular esas ideas, sin chocarse con mesas y camas. Dejaban abiertas las ventanas. La vista de cipreses cubiertos de nieve los asombraba. Un día se acostaron en la alfombra e hicieron el amor y se besaron, por primera vez se penetraron. Y aquella magia terminó por separarlos. Se arrojaron por una ventana cada uno y volaron hasta la punta de los cipreses nevados. Se tomaron de las manos y siguieron volando juntos. Con mucha levedad, siempre con mucha levedad.

   Hasta sus muertes, los hicieron comprender que el cielo los esperaba sinceramente. 

lunes, 19 de julio de 2021

LA HISTORIA DE MAMÁ Y LA HISTORIA DE YO

 

                                 LA HISTORIA DE MAMÁ

 

   Me hacía legrados una vez por novio, era una chica fácil. Si el novio no me gustaba como Padre de mi  hijo, lo fletaba. A los 30 años quería un embarazo, ahora que vivo con una persona que me quiere y  me protege.

 

   Llevó cuatro años cumplir mi sueño. Tardó en venir, tenía náuseas todos los días y recién me di cuenta cuando escuché latidos en mi barriga.

 

                                LA HISTORIA DE YO

 

   Yo me sé todo, es un lugar tibio y tranquilo. Mami me pone músicas especiales, tiene buen gusto. Cuando le dan ataques de bronca me asusta. Los líquidos en que vivo me tiran de un lado a otro, se endurecen mis paredes y me golpeo la cabeza, cuando esta mujer se tranquiliza, duermo.

   ¿Cómo será vivir del lado de afuera?, ¿bueno o malo? Vamos a esperar el lejano mañana.

 

                              LA HISTORIA DE MAMÁ

 

   Soy feliz, cumplía seis meses. El Doctor me pasó una gelatina tibia y lo miré por la pantalla. No sabía si iba a nacer hombre o mujer, bastaba con que fuera sanito. Es lo que dicen mis amigas, desconocen otras palabras para reemplazar “sanito”. Llegaron los nueve meses y mis Padres me trasladaron al Sanatorio. Qué feas y dolorosas son las contracciones.

 

                            LA HISTORIA DE YO


   El viaje hacia afuera era bastante dificultoso, un túnel interminable y estrecho. Desde allí descubrí una puerta que se abría. Me asusté y grité. Terminé sobre el pecho de mi Mami. Estaba en medio de dos globos inmensos con puntas que goteaban. Tenía sed y aproveché para tomar esa cosa tan rica. Cansaba pero saciaba. Agarré un globo y lo usé como almohada.

 

                          LA HISTORIA DE MAMÁ      

 

   Pobre mi Marido, durante el parto lo tomé de la mano y la retorcí, la mordí.

   ─Vos tenés la culpa de mi martirio hijo de puta, boludo.  ¡Ayudame! ¡Qué lo parió, cómo duele! Quiero anestesia. ¡Por favor! Torturadores de mierda.

   Mi Marido desapareció. No, no desapareció, se desmayó abajo de la camilla.

   ─¡Les dije mil veces que no quería padres en la sala de partos!─gritó el Doctor.

   Hasta mi pobre Bebé se asustó y lloró como un marrano. Yo en su lugar hubiera hecho lo mismo.

domingo, 18 de julio de 2021

IVÁN EL TERRIBLE

 

   Cuando está por venir mi Hijo, llenamos la heladera de cosas que le gusten. Cuando llega cambió de idea, hay otras cosas que le gustan, no están en la heladera. Le damos la tarjeta para que compre lo que quiera.

   Vive a 400 km y nos visita cada dos meses, suele quedarse de viernes a lunes. El viernes llega a la medianoche, agotado y se va a dormir. El sábado temprano me levanto a comer algo, toco la alacena con las manos y noto que de los brownies no queda nada. Me vuelvo a la cama y escucho la voz de su Padre:

   ─¡Iván despertate! Vamos a tomar unos matecitos y mientras tanto charlamos.

   Aparece vestido y calzado, durmió con la ropa puesta y las zapatillas también. Habla fuerte y en su celular nos muestra fotos y videítos, cuando detiene sus relatos, el Padre comienza a preguntarle de todo.

   A veces Iván me deja intervenir, pero en general monopoliza las charlas y pregunta qué vamos a comer. Le contesto:

   ─Una tarta, tu preferida.

   ─Lamento desilusionarte, pero me la comí toda. ¿Y si comemos afuera?

   ─Ni en pedo, te dan porquerías que cuestan un montón de plata.

   Tiene el celular pegado a su mano y hace una llamada tras otra. Después pone la música que trajo a decibeles que nos dejan sordos. El Padre no le dice nada, lo mira arrobado y le elogia todo.

   Yo hago lo mismo, no quiero pasar por la bruja de la casa. Pero mire donde mire, hay bolsas ocupando el espacio del living, los dormitorios y el baño siempre ocupado por Iván. El mejor de todos mis Hijos y tengo uno solo, que equivale a cuatro. Me besa, me abraza y dice quererme mucho. A veces no sé si creerle o no.

        ─Padres, les aviso que el domingo parto a primera hora. Tengo dos trabajos para hacer el lunes temprano.

   Intento colectar sus ropas y ordenarlas.

   ─¡Mamá! No toques nada. Yo sé cómo proceder.

   Abre el baúl del auto, repleto de cosas que no usó nunca. Cuatro camperas, dos pares de borcegos y medias y calzones sucios. Siempre hay algo que se olvida y lo mandamos por encomienda.

   Es todo un personaje Iván. Tiene la cabeza afeitada y tatuada con una telaraña gigante. Se hizo poner un diente de plata. Me quiero morir cuando lo miro. Cuando viene nos alegramos mucho y cuando se va lloro, lloro y no puedo parar de llorar.

sábado, 17 de julio de 2021

GOZAR DIFERENTE

 

   Tomar un subterráneo en la hora pico, lo hacía porque me dejaba en la puerta de mi edificio. Sentía que viajaba en una lata de sardinas.

   Los cuerpos se acomodaban como en un puzzle. Primero me empujó, después dijo “perdoname”. Nos miramos cara a cara y se produjo un largo cortocircuito o largo circuito. Nuestros cuerpos se encastraron, su respiración era agitada, la mía también. Me pisó los dedos de los pies y repitió: “perdoname”. Me hizo girar y el quedó detrás de mí. Estábamos tan pegados que sentí su erección entre mis piernas. Hizo que mi vestido se trepara, abrió el cierre de sus vaqueros y me penetró. Cojimos todo el viaje, nadie se dio cuenta. A medida que los pasajeros se bajaban en distintas estaciones, el vagón quedó vacío, menos nosotros. Cuando se abrieron las puertas donde debía bajar, terminamos al mismo tiempo. Bajó

conmigo diciendo: “perdoname”. Lo arrastré hasta mi edificio, le mostré en qué piso vivía, miró hacia arriba.

   ─Preferiría tomar el subterráneo a la hora pico. Te espero hasta que llegues. No lleves ropa interior, no es necesaria, “perdoname”.

viernes, 16 de julio de 2021

FEÍTO ¿NO?

 

   Trabajaba en uno de esos lugares que parecen ratoneras. Mi espacio era un escritorio del mismo tamaño de la computadora. Una  silla giratoria, expedientes apilados para resolver en un día y en la jornada siguiente recibía otras pilas para terminarlas en ese día.

   Al lado tenía un compañero que hacía el mismo trabajo. Él no resolvía ninguno de los expedientes, su pila tan alta llegaba hasta el techo. Se me cayó la peineta al lado de su escritorio, me incliné para levantarla y lo hicimos al unísono, nos chocamos las cabezas y nuestros ojos se encontraron. Me enamoré de esos ojos y rogué que no se hubiera dado cuenta. Hubo un “gracias” mío y un silencio suyo.

   Cuando llegó la hora de la salida, el mejor momento del día, irse, sentí una mano que se apoyó en mi espalda.

   ─Disculpá, fue sin querer.

   Cuando volví a casa, todavía sentía el calor de su mano. Un día me invitó a tomar un café y acepté, no pude emitir una sola palabra. Él hablaba por mí:

   ─Me mata la rutina, ¿a vos no?

   Contesté con un: “ajá” terminal.

   Tiempo después volvió a depositar su mano en mi espalda, de nuevo me estremeció. Subí a la terraza para fumar un cigarrillo. Él apareció detrás de mí y prendió otro. Me parece que le gusto, pensé. Soñé que me besaba. Marcábamos tarjeta los dos juntos, mientras caminábamos hacia nuestras respectivas ratoneras, él dijo:

   ─¿Sabés lo que más me atrae de vos?, tu silencio. Detesto las mujeres que hablan todo el tiempo como mi Hermana, no se detiene nunca. Le conté de vos como ejemplo, por vez primera no dijo nada.

    Mi problema era la anorexia para adelgazar.

    Alguien me dijo que estaba blanca como un papel, me desmayé. Él me besó la boca como nunca nadie. Cuando volví en mí, apareció la Secretaria General del building. Sentí que volaba y le conté.

   ─Pichona, el haragán te hizo respiración boca a boca y se fue. Creo que lo pasó a buscar alguien que dijo ser su mujer.

jueves, 15 de julio de 2021

EL INODORO

 

   Mi Madre era muy prolífica, tuvo seis hijos. Ella decía: “Voy a tener todos los que Dios mande”.

   No sé si por católica o por caótica. Yo sería el séptimo. Mis hermanos nacieron sin Asistencia Médica. Ella tenía el privilegio de una dilatación del cuello uterino exagerada. Mi Padre, Médico, le realizó unos costurones:

   ─Lo hago porque esta mujer va a terminar pariendo en cualquier lado.

   Sucedió algo impredecible. Tomaba litros de agua, por eso iba al baño a cada rato. Estaba sola cuando se sentó en el inodoro, tenía ganas de hacer pis y justo en ese momento asomó mi cabecita. Mamá ni se dio cuenta y apretó el botón. Quedé varado en el inodoro. Yo era un recién nacido, fui tan precoz que grité:

   ─¡Socorro! Estoy sumergido en agua fría, pis, soretes y una bolsa rota.

   Esta última me limpió algo. Por suerte apareció mi hermano más grande, excelente Plomero. Tenía un brazo largo, pero como no me podía alcanzar, usó una sopapa y salí enseguida. Pensé que el mundo era una mierda. Llegó mi Mamá, me tapó con dos edredones y así entrar en calor. Casi me vuelvo a ahogar, suerte que se dio cuenta y para limpiarme pasó su lengua por todo mi cuerpo. Me gustó mucho y de inmediato quise tomar la teta, era tan larga su teta que enseguida la tuve en mi boca. Yo le decía:

   ─¡Quiero más! ¡Quiero más!

   Por suerte le quedaba otra teta de repuesto. Casi me la como y ella se dejaba. Llegó mi Padre y me tuvo entre sus brazos diciendo:

   ─¡Es nuestra primera hija!

   ─Hijo, querrás decir.

   ─¿Y vos cómo sabés?

   ─Por las bolas.  

miércoles, 14 de julio de 2021

EL CANDELABRO SOLO

   La selva amazónica es el lugar ideal para escribir. Maru, su mujer, lo acompañó. En medio de tanta planta, en la tierra, en el cielo, horizontes de más árboles. Pedro pensó que su dulce y leal Maru, iba a asustarse de todo. 

   Tenía una casa vieja, de madera restaurada, cerca de riachos. Había dos mujeres que ayudaban en todo. Maru no tenía que cocinar, una actividad que le gustaba. Tuvo que apartarse porque ambas mujeres se pusieron celosas. La cocina les pertenecía. 

   El Doctor Manolo Uranga, era un investigador de plantas, tenía un laboratorio donde hacía sus experimentos. De día trabajaba en sus temas, de noche escribía.

   Maru casi no salía desde que las dos mujeres le pusieron una culebra bajo la almohada. Ella le contó a Pedro lo sucedido. El Doctor Uranga las puso de patitas en la selva. A cambio encontró dos indios de una tribu lejana, para reemplazar el trabajo de las mujeres anteriores. Maru se sintió protegida, ya no estaba sola adentro de la casa. Además aquellos hombres le dejaron la cocina por su cuenta.

   Maru preparaba comidas exquisitas mientras uno de los hombres tendía la mesa larga con un candelabro al medio y la mejor vajilla que tenían. Esperaba a Pedro con ansiedad. Volvió tan tarde, que encontró a su mujer acodada sobre la mesa y dormida. Tenía puesto su vestido más lujoso.

   -¡Maru, despertate! Vamos a comer juntos esta vez. Te voy a contar los descubrimientos que hice. 

   Ella logró levantarse de la silla y corrió a darle un abrazo.

   -¿Qué hacés con esa ropa en medio de la selva? Me parece algo ridículo. A mí me gustás cuando tenés el piyama puesto y bien dispuesto.

   -Me voy a descansar, no me siento bien. He tomado el vino que íbamos a compartir. Mi vestido es ridículo, tenés razón, pero tus ausencias son imperdonables. 

   -Tenés que comprender, estoy escribiendo un libro, es algo serio que me lleva más tiempo del que pensaba. Hay dos hombres en esta casa que pueden comer con vos, ¿te resultaría denigrante? No quiero que discrimines.

   Se hicieron muy amigos los tres. contaban cosas de sus vidas, le enseñaron a tirar con cerbatana y con arco y flechas venenosas. Las noches cuando la soledad la agobiaba, llamaba a uno de los hombres y se pegaba un revolcón. Lo necesitaba, ahora sus ojos tenían luces nuevas. también probó con el otro. Después con los dos juntos.

   Una noche Pedro llegó temprano y los descubrió. Insultó a los tres.

   -Y vos Maru, te vas a hacer ver la cabeza en Buenos Aires.

   Dijo Maru:

   -Como vos dijiste, no tengo que discriminar.  

   

      

martes, 13 de julio de 2021

MILLENNIUM

   Compré un terreno en el Delta, con el sudor de mi frente y el trabajo de mis manos. Al muellecito le hice una curva, como si fuera un espejo de agua. En ese lugar anclaba mi pequeño velero, herencia de mi Padre. Cuando era chico navegaba con él, cuando el río se ponía picante, regresábamos a tierra. El agua siempre me resultó peligrosa. Ahora que tengo la casita y miro el velero anclado, no lo uso casi. Permanezco en la galería mirando cómo el velero se incrustaba en el muelle y al final no necesito más ancla. Quedó varado, lo rodeaban flores acuáticas de todos colores. Era un placer mirar el atardecer desde ese lugar. Una noche escuché pasos tranquilos y una parejita que se reía. Me armé de valor y salí a ver lo que pasaba. Estaban los dos bien amochilados. 

   -Disculpá que te invadimos la casa, pero nos enamoramos de ese velerito y quisiéramos pasar una noche aquí.

   Pensé que no había cuchetas, las velas rasgadas, los ojos de buey con vidrios rotos.

   -No tengo inconveniente, se pueden quedar más de una noche. Yo lo encuentro abandonado, pero si ustedes quieren...

   Y quisieron. En una semana dejaron el velero como nuevo, lo pintaron, le pusieron los vidrios faltantes. Lo habitaron como algo propio. La chica me invadió la cocina:

   -Disculpá, pero tu nave no da para cocinar, en cambio acá tenés de todo, preparo la comida para los tres.

   A la semana siguiente me preguntaron:

   -¿No podemos usar algún dormitorio con camas?, nuestras columnas lo necesitan.

   Como tenía un dormitorio para mis Sobrinos, les dije que sí. 

   -Con lo que han trabajado se lo merecen.

   Siguieron los pedidos, usar mi baño, la sala de estar. Traían a sus amigos y hasta a sus Padres invitaron. Un día sentí que me ignoraban. Hasta recibía órdenes y yo, como un boludo, les hacía caso.

   Nunca tuve hijos, pero con estos dos entenados era más que suficiente. No eran mis hijos, lo comprobé un día que me rogaron si podía dormir afuera por un tiempo. 

   -Tenemos que hacer de cuenta que es nuestra casa, para ver si vale la pena que nos casemos.

   -Si ustedes se apropiaron de todas mis cosas, llamo a la Policía y les cuento que dos desconocidos, consumen marihuana, cocaína, heroína. Tengo vecinos solidarios que me saldrán de testigos. Les doy media hora para retirarse. 

   Me encerré en el dormitorio para que juntaran todas sus porquerías de drogones millennium.

   Cuando me asomé a la galería, ellos no estaban y tampoco el velero. Mirando hacia el horizonte del río, un velerito con velas nuevas se deslizaba manso, hasta que un ruido violento me sacó de aquel estado de gracia que da el silencio. Le habían agregado un motor fuera de borda.   

   

            

lunes, 12 de julio de 2021

PLATA EN MANO CULO EN TIERRA

   Este invierno tuvo frío. Él no tenía calefacción ni salamandra. Se calentaba con una sola hornalla de la cocina, para gastar lo menos posible. Pero este invierno fue distinto, no podía entrar en calor y andaba con dos piyamas superpuestos, guantes rotos, sobretodo y sombrero enjaretado.

   Le tentaba la caja de palo de rosa, regalos de su Madre cuando era chico.

  -¡Mamá!, esta caja está vacía.

   -Bueno, de eso se trata, andá ahorrando desde ahora y la ponés adentro. 

   Tomó la decisión de comprar una estufa eléctrica. Abrió su caja y retiró lo que había ahorrado durante toda su vida. Encontró un lugar conocido y se compró la estufa. Todo un fraude resultó. Era grande, del tamaño de un televisor, el frente era una placa roja. Le enseñaron en el negocio, cómo se manejaban los controles.

   -Si vive lejos se lo llevamos nosotros.

   -Sí, vivo lejos, pero quiero llevarla caminando.  

   Le gustaba caminar y portar semejante aparato bajo el brazo. Ni bien llegó a su casa, prendió la nueva estufa, pensando que por fin estaría calentito. No había caso, apenas entibiaba.

   Al día siguiente llegó al Negocio. Lo atendió el que se la vendió. 

   -Vea Sr, esta estufa tiene algo roto, se la cambiamos por otra, pero la va a tener que pagar de nuevo, en esta casa no aceptamos cambios.

   Le dieron otra estufa nueva, cuando se retiraba, un Custodio lo tomó del brazo y lo condujo a la Caja.

   -Acá le confecciono la boleta, a ver...a ver..., tiene que pagar las dos.

   -Pero, ¿si la compré ayer?, ustedes mismo reconocieron que estaba rota. ¿por qué la tengo que pagar de nuevo?

   -Señor, ya le expliqué, la Casa no admite devoluciones, por si no le quedó claro, el que rompe paga y se lleva una nueva. aunque es posible que deba pagar las tres estufas.

   -¿Cuál es la tercera?

   -La tercera es por las dudas.

   -Pero no tengo más plata.

   -Vea, acá tampoco se fía, como todo el mundo sabe: plata en mano, culo en tierra. 

   Ni bien llegó a su casa la prendió. ¡Daba calor a todo! Nadie lo hubiera dicho, se partió la pantalla en cuatro y por no tomar la distancia que corresponde, se sentó en la estufa y se quemó ahí, ( donde nos quemamos todos los que nos gusta sentarnos en la estufa.)

   Él, tomo la estufa y caminó hasta el negocio, la arrojó en la vidriera, la hizo añicos.

   Se sentó en una escalera del banco, con su caja de palo de rosa, abierto a su lado y decía:

   -¿No me daría una monedita por favor?

   Cuando se cansó volvió a su casa y mientras se untaba los glúteos con Cicatul, miraba la caja vacía. 

                

jueves, 8 de julio de 2021

UN CUENTO MÁS

 

   —Tengo que aprovechar cuando se baña, me meto en el placard para hablar con mis amigos o amigas. Te corto, ya terminó sus abluciones y ahora viene para decirme que la dejé sin agua caliente. Que agradezca que todavía no la dejé. Después te llamo. Porque me va a preguntar cualquier verdura, un beso, chau.

   Me pregunta:

   —¿Y si comemos una pizza?

   Todas las noches comemos pizza y no me permite usar ni plato ni cubiertos.

   —Después tengo que lavar la cocina, en cambio así, comemos sobre el cartón y nos quedamos tranquilos.

   Equivale a mirar películas y después hasta mañana. Yo dormí en el sillón de abajo, ella en el dormitorio de arriba. Era una muralla construida por los dos. Ninguno de los dos soportaba nuestros propios ronquidos. Cuando la conocí parecía una mujer tímida, obediente, considerada. Llegamos al ahora, donde me vuelve loco con sus brujerías. Cortó un mechón de mi pelo mientras estaba dormido, lo ató con una cinta negra y luego lo puso bajo mi retrato.

   Tenía ganas de divorciarme, pero no sabía cómo hacer, ni cuándo decirle, ni cómo. Me encontré con su hermana, donde habíamos convenido, le conté todo con pelos y señales.

   —Ponela en su lugar, tratá que no te joda, amenazala, ignorala y después venís a mi casa. Lo importante es que no pase nada entre nosotros, aunque…si pasa, pasó.

   Se refería al primer día que hicimos el amor, nos fue tan bien que nos dio miedo. No sé cómo mi mujer se enteró, me pone hormigas en la cama, nunca más se lavó los dientes. Lo voy a consultar con mi Jefe:

   —¿Qué hago?, me divorcio o no me divorcio.

miércoles, 7 de julio de 2021

METICHE

 

   Siempre decía cosas imprudentes de los presentes.                                               

   —Ramón, vos sos un buen tipo, recuerdo cuando me regalaste tu bicicleta vieja porque a vos te compraron una nueva. La vieja era desvencijada y nunca se pusieron de acuerdo las ruedas con la cadena. ¿Sabés cuánto gastó mi Viejo para repararla?, lo mismo que costó la tuya nueva. Me la quisiste cambiar, ¿te acordás? Yo te dije que no y vos te fuiste—dijo Marcelo, el dueño de casa, donde transcurría esta reunión improvisada—qué gordo mentiroso y aburrido, no es cierto lo que contaste, tenés el cerebro de una hormiga. Son insectos que trabajan, no como vos, que lo único que hacés es recorrer nuestras casas. Y cuando no estás con nosotros, ¿con quién estás?

   —Visito otras casas y adoran escucharme.

   —Disculpen la intervención pero apoyo lo que dijo Ramón, es mendaz, agregaría un ser casi prescindible.

   —Pensar que  en otras casas hablo, me aplauden y piden más whisky.

   —Pero vos, ¿cuántos años tenés?

   Contestó muy orondo:

   —Tengo ochenta, pero parece mucho menos, yo diría que tengo veinticinco, el día que cumplí veinticinco, me detuve ahí. Estoy algo deteriorado, pero siempre a fin de enseñarles lo que fuera. Son todos bastantes ignorantes por cierto. Disculpen mi aburrimiento, como intuyo que me detestan, voy a visitar una casa, donde son todas mujeres, me idolatran. Una vez me transformaron en una torta de casamiento. En algún momento debía salir de la torta cubierto de crema en las partes pudendas. Era una despedida de soltera, todas se abalanzaron sobre la crema y pasaban la lengua hasta que se dieron cuenta que estaba desnudo. Se peleaban por seguir con la lengua y claro, con mi cuerpo romano perfecto, la avidez fue tanta que me comieron el prepucio. Por suerte había una Médica que dijo que lo mejor que podían hacerme era chuparme…à tout à l´heure!

   Lo último que salió de él fue su sombrero.

   Cuando se retiró rieron a carcajadas. Pasó una semana, se rieron hasta que llegó el hombre de crema y todos se pusieron serios.

martes, 6 de julio de 2021

ORÁCULOS TERRENOS

 

   —Y me dijeron que sí, tenía tiempo de despedirme de mis personas más queridas, pero separadas.

   Me daban inyecciones de morfina para poder soportar el dolor del cáncer. Me dieron siete días, diez como mucho, lamentablemente no pudieron hacer nada. La primera despedida fue a mi Madre, nos dimos un abrazo encerrado, pero nadie lloró.

   Mi hermano fue la otra visita, ni bien me vio dijo:

   —No, por favor, no te mueras, sos mi único socio y si vos te morís, el que va a ir en cana voy a ser yo.

   Después vino Coco:

   —Añares, pichón ¿cómo podés andar así?

   Al siguiente día le tocó a mi Padre:

   —No sabés cómo lo siento, tan joven.

   Me daba por muerto el desgraciado, ¿será mi Padre, después de todo?

   Por la mañana temprano llegó Vito, se sentó en la cama sin decir una palabra. Siguió sin decir palabra alguna y se fue sin decir nada.

   Ruque, mi sobrina preferida:

   —Gracias, Tío, qué suerte que te vas. Alcanzá a llegar a tu testamento y me ponés como única heredera de todas tus propiedades. Chuik.

   El séptimo día me otorgaron el beneficio de morirme. No iba a sentir ningún dolor, triple inyección de morfina y tocaría el cielo con mis manos, mis brazos, mi panza, o sea todo yo. No está tan mal.

lunes, 5 de julio de 2021

CUANDO NO HAY RUTA

 

   Pobre Tía Nela, un alzhéimer galopante me confundió con la Señora que limpia y con una linterna me mostraba dónde había pelusa.

    —Mire Raimunda, los escalones para usted no existen, la próxima vez que me encuentre con alguna sorpresa, la voy a tener que echar. Mire la cara que tiene, no la quiero en esta casa.

   —Y me empujaba a mí, que soy su Sobrina, hasta que salí a la calle, con un “No venga más, por ahora, si la necesito la llamo”. Sugiero que la próxima vez vayas vos a visitarla.

   —¿A quién tengo que ver?

   —A la Tía Nela.

   —¿Y quién es la Tía Nela?

   —Es nuestra Tía y deberías estar agradecida, nos regaló su casa.

   —¿Qué casa nos regaló quién?

   —Ahora que me preguntás me olvidé de lo que estábamos hablando. Alcanzame eso.

   —Qués es “eso”?

   —Eso, eso, eso. Qué va a ser eso, dale, traelo.

   Y cuando lo trajo, la hermana no se acordaba qué le había pedido.

   —Últimamente me olvido de todo, así fue como me robaron la cartera. Compré algunas cosas, llevé las compras al auto. Corrí al negocio y pregunté si alguien había visto mi cartera negra. Y no la habían visto. Me dio tanta bronca que dejé el auto cerrado, con las compras adentro.

   —¡Me acordé! Es la primera vez en siglos que me acuerdo de algo. Tu cartera la dejaste colgando del perchero.

   —Bueno, gracias, es un alivio, ¿y el auto?

   —Ah, no sé, si no te acordás vos. Es más, ni siquiera sabía que teníamos auto.

   —Un día nos vamos a dejar el gas prendido, no quiero ni pensar.

   —Tengo una idea, ¿y si nos vamos a vivir con la famosa Tía Nela?

   —Y sí, porque si yo he perdido la memoria, vos también, la Tía Nela que no recuerdo ni quién es, nos va a recibir encantada.

   Abrió la puerta:

   —¿Ustedes quiénes son?

   —Somos tus Sobrinas y vinimos a vivir con vos.

   —Hay un pequeño detalle, yo no tengo Sobrinas.

   Cerró la puerta con triple llave.

   Pensé que algo tendríamos que hacer, nos salió redondo, volver a nuestra casa.

   Estaba incendiada totalmente, pasamos por delante sin darnos cuenta, las dos habíamos olvidado la dirección de dónde vivíamos.

domingo, 4 de julio de 2021

ASUMIR

  

   Edna y Vera eran idénticas, vecinas y amigas. De sus almas, mejor no hablar.

   Vera había perdido a su Padre en una contienda confusa, la culpa fue de la Madre de Edna, acusada de homicidio culposo con premeditación y alevosía. Le había clavado un cuchillo en el corazón. Era una mujer inocente. Aceptó salir culpable para que fuera inocente su hija Edna.

   Los cuatro Padres se reunían los fines de semana. Todo puro jarai ja ja. Eran alegrías fingidas, Vera se dio cuenta de inmediato por sus miradas permanentes por roces y sonrisas premeditadas.

   Su Madre parecía ser amante del Padre de Edna. Prefirieron no opinar ninguna de las dos. Ese tema a ellas no las involucraba. Siguieron yendo al Cine, conocieron lugares desconocidos que les hicieron saber que Buenos Aires era mucho más que eso. Había chicos que las seguían. Ellas ni los miraban.

   —Mejor olvidar que existen las parejas, ¿no?

   —Psi.

   Debajo de una historia siempre hay otra escondida y otra y a lo mejor otra.

   —¿Esta noche me podés acompañar? Es un tema delicado.

   Vera estaba muy intrigada por ese llamado. Edna dirigía, nunca preguntaba, Vera obedecía. Se encontraron en un boliche oscuro con olor a viejo, café quemado y en ese contexto le contó todo: siempre le había gustado el Padre de Vera, lo persiguió hasta  gastarlo. Él le huía y le daba odio, porque a él también se le notaba.

   —Un finde que vos te fuiste con tu Madre a la costa, me quedaban sábado y domingo para comerle la boca. Entré sin llamar y él estaba en la cocina, encontró lo que buscaba, como hacen en las películas fue en la misma cocina. Me dolían las vértebras, hacerlo con el filo de la mesa en la espalda. Se puso pesado, me dio con todo. Hasta me ató las manos. Lo hice sin darme cuenta, tomé la cuchilla grande y se la ensarté en la panza. Le conté a mi Vieja, fue el domingo a la noche, llegó volando. Sin hablar, quitó la cuchilla y la lavó con mucha minucia: “Ahora pasale estos trapos a todos los lugares donde hayas dejado tus huellas.” Me hizo jurar que no diría nada. Ella quiso pasar como asesina. Y yo la dejé. No sabés cómo me arrepiento por mi cobardía. Decime algo, Vera, por favor, ¿qué hago?

   —Te podés presentar y decir la verdad. Además, qué hija de puta que sos, mataste a mi viejo y me lo decís como si hubieras ido a comprar frutillas. Y para que sepas, yo me cojo a tu viejo, como debe ser, con amor y en silencio. 

sábado, 3 de julio de 2021

REBATIBLE

 

   Era fea y era linda. La conocía de la Estación, nos cruzábamos porque yo volvía del trabajo y ella del Colegio. Subíamos al mismo tren, siempre fue el de las 12.30. Ella buscaba un asiento rebatible para sentarse frente a mí.

   En los ojos se le reflejaba que el campo le gustaba, más que gustarle lo amaba.

   —Señor, ¿me permite intercambiar asientos?, porque donde estoy, el tren va para atrás y eso me molesta, me da náuseas.

  —Tuve una idea, en vez de cambiar de asiento nos sentamos juntos.

  Miró con una mirada más bella que sus ojos.

   —A usted, Señor, se lo pregunto por curiosidad, ¿hacia dónde se dirige?

   —No estoy muy seguro, pero ya me voy a dar cuenta. A todo esto, me pasé de Estación. Ahora me toca a mí ¿por qué una chica tan joven viaja sola?

   —Es que me esperan en la Estación, el resto del viaje lo hago en auto. Acá me tengo que bajar. ¿No quiere que lo llevemos con nosotros?

   Y yo acepté, no podía abandonar aquellos ojos. La Madre tardó mucho en aparecer. Mientras tanto nos resignamos a la espera. Valió la pena, porque llegó. Estaba despeinada, con el rouge corrido, manchas rojas en el cuello y le faltaba un bretel del corpiño, por eso llegó tarde la sinvergüenza.

   —¿Con quién tengo el gusto de hablar?

   La hice corta y le contesté:

   —Conmigo.

   Arrancó el auto y la chica dijo:

   —Me gusta este Señor, Mamá, pero no para amigo, para novio y marido.

   —Pero, ¿qué decís?, este hombre, perdón este Señor cuadruplica tu edad o casi. No te pasa con uno, te pasa con un montón. Además, hijita, te pasa con todos.

   —Salí a vos, Mamá, te pasa con todos, no tengo más ganas de hablar con vos. Me voy con él. Las diferencias son grandes cuando el corazón es muy chico. ¿No está de acuerdo conmigo, Señor?

   —No, tiene razón tu Madre, hay que terminar la Facultad, elegir qué camino vas a seguir.

   Pobre la niña grande, se ha puesto a llorar. Apoyé una rodilla en la tierra y le regalé el reloj que fue de mi Abuelo. Se le pusieron los párpados pesados. Yo mismo le cerré la cadena con el reloj que respiraba con ella.

   Al día siguiente escapamos juntos, con el auto de su Madre, el camino era escarpado, pero ella una excelente volante. Yo le pedí cambiar de conductor. Había un agradable olor a lilas, pensé. Este viento nos repara. Aquellos pájaros nos saludan. No alcancé a ver que del otro lado venía un vehículo, se cruzó a mi mano. Alcancé a ver sus ojos espejados.

viernes, 2 de julio de 2021

SOLEDAD CONECTADA

 

   Establecía conversaciones con los muebles, el lavarropas, la secadora, las ventanas. Mirando al sur descansaba de protestar, elogiar, contarle cosas íntimas al retrato de sus Padres.

   —Buenos días, voy a meter la ropa en el lavarropas, espero que no me traiciones con las manchas perennes y sonidos que se escuchan anunciando que tengo que comprar otro.

   Ese día salió la ropa impecable, el lavarropas le contestó:

   —No vas a comprar otro porque para eso estoy yo. Usted es muy torpe conmigo, me enchufa y desenchufa como si estuviera haciendo puchero.

  Ella no sabía si entendió lo que le decía, tenían un idioma desconocido. Se comunicaban a cada rato. La estufa eléctrica ni siquiera funcionó. La cruzó enfrente:

   —Alguien te va a llevar.

   —Qué mal agradecida que es usted, hice lo que pude, me parece que usted misma apretaba los botoncitos de uno en uno, al final nada. ¿Quién me va a llevar?

   —Es cierto, soy torpe, tropecé con la aspiradora que rodó por la escalera de entrada. Me transformé en mala. Le grité de todo y estaba tan furiosa que fui a buscar los guantes de box de mi hijo, la cagué a trompadas.

   Salieron los vecinos que llamaron a la policía. El interrogatorio fue extenso, mientras ella le hablaba a la compu que tenían sobre la mesa:

   —Desde acá estoy muy bien, me siento protegida.

   Se acercó un funcionario militar, le hizo otro tipo de preguntas. Ella le contestaba a los botones dorados:

   —Qué suerte que los arrancaste, los milicos no me gustaban.

   Finalmente llamaron a una ambulancia mientras ella le hablaba a los picaportes, a las rejas, a la luneta trasera.

jueves, 1 de julio de 2021

DOS HOMBRES Y UNA MUJER

   Decidieron recorrer un brazo del Amazonas. Usaron una balsa con bidones de latón y plataforma de madera. A la mujer se le ocurrió hacer una especie de refugio con cortinas de junco y una lona blanca por techo. Estela era una mujer que tenía la fuerza de un coloso, no era una molestia como cualquier mujer en una balsa. Se empujaban con palos largos. De noche descansaban.

   Descubrieron que en algunas aldeas eran rechazados. Se ponían todos de espalda como diciendo “aquí no”. Un día estaba tomando sol Estela, en un costado de la balsa, acariciando el agua se quedó dormida. Eric y Felix descubrieron pirañas alrededor de su brazo, quisieron socorrerla y no pudieron. El brazo estaba comido hasta el codo.

   —Eric, sacate esa bincha y atame aquí, bien apretada, buscá camisetas. Quiero unas pastillas para el dolor.

   Se acercaron a otra aldea que tenía un muellecito. Pidieron auxilio, vino el Brujo de la tribu, pidió que la pusieran horizontal sobre la tierra. Tenía dos ayudantes que le quitaron las vendas improvisadas. Molieron hojas de colores diferentes, las aplicaron sobre la herida y le echaron una manta por si tuviese escalofríos.

   Felix sabía hablar muchos dialectos, así pudo entender los cuidados para ella. Le cosieron un cabestrillo de cuero para sostener lo que quedaba del brazo.

   Dijo el Brujo:

   —Hay algo que cura todo, se llama peyotl. Deben hacer una semana de ayuno y después viene el peyotl, tendrán alucinaciones y algunos mareos. Asimilar conocimientos que nunca imaginaron.

   Se embarcaron, mejor dicho embalsaron con fondos de tambores y adioses. Siguieron en absoluta soledad, no encontraron más tribus. Eric propuso:

   —¿Y si nos volvemos?

   Dijo Estela:

   —Vos estás loco y no soporto tanta piraña que me ha dejado sin un brazo y el peyotl que me dio vuelta la cabeza, o un milagro, tengo mi brazo entero.

   —Bueno, decidí vos hacia dónde nos dirigimos.

   Ella se había recostado como un mascarón de proa y desde allí dijo:

   —Sigamos por el río, nos ponemos en el verbo y seguro que llegamos al final.

   Tomó cada uno su palo y comenzó el apuro para conocer el final.

   —¿Y lo conocieron?

   —No sé.


miércoles, 30 de junio de 2021

NO ES LO QUE PARECE

   —Leonor, vos que sos Decoradora, ¿no te pareció un horror el jarrón que puso Dora sobre la mesa ratona?

   —¿No me digas que tiene una mesa ratona? Ni cuando se usaban fueron lindas. Pobre Robert, haberse casado con una mujer que tenga tan mal gusto.

   Maca, sentada en un rincón dijo:

   —Ché, basta, encima que nos invita, no es correcto criticar a una persona porque les parezca ordinaria. Tiene una paciencia y un corazón más grande que su mal gusto. Después de todo, Robert no es ningún santo. Una vez, estando tan borracha que no podía caminar, él mismo me llevó a casa y fue sacando mi ropa y después me puso el camisón. Me extrañó, porque no encontré mi calzón. No había pasado nada entre nosotros.

   Al día siguiente llamó Dora:

   —¿ Sabés qué encontré en el bolsillo de Robert?, tu calzón negro.

   Me quedé pensando.

   —Mirá, Dora, yo estaba desmayada no sé bien lo que pasó. Tal vez se llevó el calzón de recuerdo, en diferentes ocasiones logró batir el record de calzones afanados.

   —Entonces quiere decir que se acostó con todas mis amigas.

   —Sí, debió ser así, pero conmigo no. Conmigo es distinto, porque somos amantes desde hace quince años. Un alivio para vos, una alegría para mí. Lo único que te pido, es que me devuelvas mi calzón, es mi preferido.


martes, 29 de junio de 2021

TSUNAMI

 

   Las olas arremetían contra su cabaña palafita, construida por él mismo. Primero temblaron las columnas de madera. Flotó la cabaña después de arrancar puertas y ventanas.

   Él estaba a cierta distancia, volvía de hacer la compra y encontró el mar calma chicha. Pudo rescatar su escritorio, la mesa, dos sillas de caña y cientos de libros mojados que arrastró en una red hasta los de Nilda, que tenía secadores porque era peluquera. Secó hoja por hoja cien libros, los demás los dio por perdidos. Cuando llegó a la playa donde había una pérgola, encontró todos sus escritos, estaban secos, era su último libro que constaba de 180 páginas. Juntó hasta la página 180.

   Le pidió prestado el jeep a Nilda, la Peluquera. Llegó a la imprenta algo tarde. Entregó el borrador de su libro. Dijo el Editor:

   —Vos sabés que ahora que lo leí, no me gustó para nada. Pero no te desalientes, empezá a escribir otro.

   El escritor lo miró y pensó: este se cree que algo que me llevó cuatro años se lo entregue en seis meses.

   —Tenés talento, escribís muy bien. Para enganchar un lector, hay que tirar un anzuelo que lo amarre y no pueda pensar en otra cosa. Ellos al terminar te van a comer crudo. Tus finales les van a quitar las ganas de creer que todavía existe la lectura.

    El Escritor le contestó:

    —Escribo porque me gusta, no para satisfacer a un lector, ni esperar ningún dinero a cambio de lo que hago. Usted es un Editor que no entiende de estas cosas, no me voy a molestar en explicarle nada.

   Pero una pequeña venganza, no le hace mal a nadie. Durante una reunión de Editores consagrados, dando esas conferencias que hacen bostezar, lo descubrió sentado entre dos damas, estaba con la boca abierta. Le ensartó el anzuelo en el paladar, tenía la caña, la tanza y el anzuelo, que el pelotudo del Editor se lo tragó. 

lunes, 28 de junio de 2021

REVOLVER

 

   Tenía cáncer, los Médicos decidieron operarlo. En medio del estómago abierto, encontraron una bolita roja alojada muy cerca del páncreas.

   —Mire Sr Valiente, le devolvemos la bolita roja, así tiene un souvenir como recuerdo de esta operación complicada. Estuvo mal diagnosticado, usted cáncer no tiene.

   El Señor Valiente se enojó con todos, cuando era chico jugaba a las bolitas y esa, que le habían quitado, era justo su punterita. Se la tragó de chico, para esconderla en algún lado donde nadie la descubriese. Fue el tiempo donde en cada competencia ganaba siempre. Logró salir campeón de la vereda. Tenía un hermano grande y tan estudioso, que llegaba temprano a la Facultad.

   Un día que el Señor Valiente tenía todo servido, llegó el hermano flaco, alto, hábil y con un roce apenas le pegó a “su punterita”.

   El Señor Valiente sumido en su primer fracaso, rompió su caja de bolitas, menos una, la punterita, devolución de su hermano el estudioso. Tragó su tesoro con un vaso de leche tibia. Cuando deponía reparaba bien en no haber cagado su punterita.

   Fue así que quedó incrustada entre estómago y páncreas. Años y años revolviendo mierda, para asegurarse que la punterita todavía le pertenecía.

domingo, 27 de junio de 2021

BESO

 

   La consigna de las mujeres dependía de un cafisho. Las mujeres entregaban todo, menos la boca, una manera de preservar algo del cuerpo.

   Tenían pseudónimos, los nombres verdaderos estaban en los documentos, que el cafisho guardaba para que no se fuera ninguna. Una mujer joven, no muy hermosa, se llamaba Feli. Tampoco era armoniosa su presencia cuando trabajaba. Pero lo hacía tan bien que muchos clientes estaban satisfechos. De las mujeres, Feli se cotizaba, se enriqueció allá y enriqueció al cafisho que no tenía ningún nombre, para su seguridad.

   Él estaba perdido por ella, hasta le respetaba la boca, todas las noches que se encontraban.

   —Hubo cosas feas y jodidas en mi vida, desde chica pasé de mano en mano. Ahora quiero tener mi propio bulín. Para eso necesito mis documentos que el cafisho se niega a de devolver.

   Dijo Martirio:

   —Si nos das trabajo en tu negocio, nosotras le vamos a robar todos nuestros documentos.

   Nos escapamos una mañana temprana. Llegamos al bulín cuya casa tenía una cierta nobleza. Vinieron muchos clientes que conocía de antes y otros nuevos, farabutes y conchetos que pagaban en dólares y no esperaban el vuelto.

   Feli era la Madama de aquel lugar. Por respeto nunca la convocaron, logró tener una postura digna y distinguida. El cafisho apareció solo, estaba quebrado y pidió acostarse con ella. Feli lo aceptó de inmediato: “Estoy conmovido ¿y si nos juntamos?” Ella se colgó de su cuello y le contestó un: “¡Sííí!, hasta te voy a permitir que me des un beso en la boca.” 

sábado, 26 de junio de 2021

INESPERADOS

 

   En medio de la limpieza, yo, con mi ropa agujereada, los pelos parados, subiendo y bajando de rodillas y de pie. Desplazando sillones pesados. Bichi, que se le rompieron dos persianas, trataba de arreglarlas cuando la aspiradora prendida, echaba humo por el enchufe. Hubo que destapar dos cañerías, eso nos llevó una hora a cada uno.

   Con el lavarropas, todo mal, perdía agua por atrás y por adelante y del secarropas ni hablar, tuve que romperlo para sacar la ropa que estaba adentro.

   Nos pusimos a podar porque adentro no se veía nada. Después que rebalsó la poceta, se inundaron las alfombras. De a poco nuestras manos se transformaron en mancas. Nos miramos a los ojos y nos abalanzamos sobre el cafecito y un pedazo de queso de rallar. Nos reíamos porque estábamos mojados y con todas clases de hojitas pinchudas. Parecíamos soldados camuflados.

   Alguien se prendió al timbre y no lo soltaba. Abrimos y eran las dos hermanas de Bichi, con sus maridos y los chicos.

   —Parece que llegamos en mal momento.

   Se hizo silencio.

   —Y sí, la verdad que llegaron en muy mal momento—dije yo con toda furia—por favor, váyanse ahora mismo.

   Quedaron tan ofendidos que contaron a nuestros amigos que éramos unos mugrientos.

   Bichi dejó de hablarles a sus hermanas. Yo no les di más importancia de lo que merecían.

   Me olvidé de decir que el más chico de los chicos, perdió un dedo en el primer portazo. Me dio bronca, porque esa puerta había quedado impecable y quedó manchada de sangre y un dedito en el piso. Nos pidieron que les devolviéramos el dedito. Pasaron los recolectores y se llevaron nuestras bolsas de basura, con el dedito adentro.

viernes, 25 de junio de 2021

¿LLEGARÁ?

 

   El Día del Padre, supusimos que vendría. Hacía trece años que no lo veíamos. Lo llamamos por teléfono y lo invitamos para que viniera. Dijo que sí, atendió él, no la bruja de su mujer. Teníamos todo listo, preparamos la comida que antes fue su predilecta.

   Lo esperamos hasta las 2 de la mañana. Pero no vino. Nos mandó un mail que decía: “Estuve complicado, ¿por qué no se vienen para acá?”

    Fue tácito, no le contestamos nada. Dimos vuelta su retrato de joven, ninguna quiso comer. Nos fuimos a pasear al jardín, las cuatro del brazo. Encontramos el árbol que había plantado mi Padre. Hacía frío, nos refugiamos en distintos lugares del árbol. Era un ombú calentito, nos hizo dormir con él. En cada rincón del ombú, estaban gubiados nuestros nombres.

   Cayó una neblina espesa que no nos dejaba descubrir dónde estaba el camino a casa. Vimos un hombre que parecía acercarse o alejarse, dubitaba y eligió acercarse. Las chicas nos juntamos formando una barrera.

   —Sabemos que sos Papá, quedate donde estás.

   Él no hizo caso y ahí estaba. En su vida se había producido algo insólito, estúpido, pero extraordinariamente hermoso y agradable.

jueves, 24 de junio de 2021

POLITICHORROS

 

   Morir de frío para que tres boludos icen la bandera, casi todos llevaban blazer azul, si no tenía que ir con guardapolvo y no me dejaron poner uno que me tejió mi Mamá, de lana gruesa con doble abotonadura. Ése lo tenía que dejar, porque no correspondía y así conocí la Antártida del Colegio. Mamá dejó una tarta en el horno y fue volando a quejarse. Me dio orgullo lo que dijo mi Mamá:

   —Por culpa de ustedes mi chico tiene gripe.

   Las Maestras miraban cómo tiritabamos en los recreos del patio.

   —Ustedes no tienen vergüenza.

   Una Maestra despistada la interrumpió:

   —Señora, hacemos lo que podemos.

   —Por favor no me interrumpa, sé que estamos viviendo tiempos aciagos, hay un Alborto de Presidente y una idiota le dice lo que tiene que hacer.

   Otra Mamá me contó el otro día:

   —Yo de política no sé nada.

      ¡Mentira! Se ve que esa mujer no fue nunca a un Supermercado, eso es política, ver que las cosas imprescindibles no se pueden comprar. Ustedes no disfrutan de los chicos, los sufren.

   Mamá prendió un cigarrillo. Dijo la Directora:

   —Acá no se puede fumar.

   Mamá le tiró humo en la cara.

   —Usted es la autoridad de este Colegio. Lo menos que podría hacer es renunciar.

   La Dire no paraba de toser.

   —¿Por qué no lo cambia de Colegio?

  —Me gusta que mi hijo vaya a un colegio público, los privados enseñan menos que ustedes y son más caros, ja, ja, ja. Todo se puede resumir en una sola clase: “Este Gobierno nos está matando”.

   —Mamá, estuvo buenísimo lo que dijiste y por propia elección no quiero ir a ninguna escuela.

   —Bueno, acepto, pero seguí estudiando en casa.

   —¿Cómo? Si precisamente no voy a la escuela porque hay que estudiar.

   —Después de todo, tu Papá y yo, aprendimos más en la calle que en la escuela.

   Pobre Mamá, olvidó la tarta que estaba en el horno y se quemó.