sábado, 22 de julio de 2023

JODIDO JODIDO

 

   Me sentía como una rata de laboratorio, para ser bien atendida, debía vestir traje oscuro y camisa blanca, planchada, tacos intermedios, un ligero dorado en la piel y rodete. Los papeles en una carpeta de cuero, la sonrisa necesaria y la voz colocada. Hablar lo imprescindible. Para mí habría sido más fácil leer la Biblioteca de Alejandría.

   En los laboratorios conocí experimentos que implementan para que la rata pase de un cubículo a otro, pasillo por medio, en ocasiones para encontrar una hembra y demás actividades que desconozco. Me parece injusto utilizar animalitos para comprobar nada.

   Bueno, ese día salí persona, igual a otras, pero las otras me veían, yo podía verme, pero sabía que ellos ignoraban. Entré en un laberinto de pasillos, cortados, con luz artificial en el cielo raso y escritorios agobiantes, de vidrios blancos. Ningún empleado se puso de pie, pero era un clásico el:

   —Tome asiento , ya la atiendo.

   Y el empleado tipeando, en la compu, charlando con un amigo por celu y haciendo señas con la cabeza, para que coloque mi expediente en su escritorio. Pidió perdón al celular, dejó de tipear y me arrebató de las manos el resto de los expedientes. Se puso rojo, le tembló todo el cuerpo.

   —Un momento, por favor.

   Y aceleró sus pasos, parecía que corría, pero no, caminaba, tenía oficio. Tomé tres cafés de máquina expendedora, uno más inmundo que otro. Se tomaba su tiempo el Abogaducho, prendí un pucho y sonaron todas las alarmas del mundo. Le di una pitada profunda, lo apagué. Alguien vino a cerrar la luz roja acusadora.

   Ese mismo alguien, me llevó por el laberinto, hasta un despacho que daba risa, la cabeza de Voltaire, de Perón y de Tinelli, talladas en madera, ocupando tres rincones superiores del despacho del Presidente de la Suprema de Pollo, perdón, de la Suprema Corte de la Injusticia.

   Acompañaban al más, el Abogaducho y dos Fiscales que no me fueron presentados. Me trajeron un café rico, como la riqueza y me acercaron un cenicero, prendí un pucho, ya había dos fumando. No sonaron alarmas, pero entraron a funcionar extractores ocultos. Ponían cara de complicados y me miraron con un silencio largo.

   —Miren, Señores, Uds conocen lo que atañe a este episodio criminal. La noche del 24 de Diciembre último, mi hija, Luna Martínez Rocha, cuyas parcelas lindan con el Regimiento 601, mientras su marido traía regalos para la noche, entraron a su domicilio trescientos militares de alta jerarquía y abusaron de mi hija en reiteradas oportunidades. Su Nana, que estaba a su lado, fue encerrada en el sótano, ella se encargó de llamar ambulancias de urgencia. Fue atendida de inmediato, sus órganos sexuales fueron destrozados, como si le hubieran introducido una granada. No podrá tener relaciones, ni hijos. Se encuentra en un Neuropsiquiátrico y no puede salir de un estado comatoso catatónico. Es por eso que soy su única defensa: los condeno a esta invención yanqui, gas pimienta, ácido sulfúrico y estricnina. Es un aerosol que los dejará paralizados, pero conscientes. Acá traje mi arma personal, una micro sierra, corte inmediato de braguetas, testículos y penes.

   Cumplido mi objetivo, por una puerta encubierta, me fui no sin antes colocar un cartel atravesado que decía: “Acá yacen los cuerpos de los asesinos de mi querida hija y la destrucción de mi flia”.

   Nos trasladamos a países desconocidos, allí, luego de practicarle 72 operaciones, mi hija obtendrá una recuperación completa, "física". Si existe población argentina, que siga permaneciendo en este país de mierda, que se jodan.

viernes, 21 de julio de 2023

IMPURAS MENTIRAS

 

   Las Fiestas son pabellones de días, donde no ocurre nada diferente a los días que vienen. Para hacer como que existen, se hacen regalos tontos, abrazos mentidos, risas de vino, champagne o sidra. (Qué asco la sidra). Los obligados arbolitos, con bolas de colores, un año bolas rojas, otro doradas, otro árboles blancos o pequeños y sucios en los negocios de “Comida para llevar” y Almacenes tan tristes, tan falaces, tan kitch.

   Siempre odié las fiestas, conmemoro el 25, la Navidad de mi Papá, el día que nació, abriendo al mundo su bonhomía y alegría.

   Porque los otros son tan robóticos y estos días, más diabólicos, impuros, descarados. Después es cualquier día de oficina, donde hay un bueno cada 25 malos. Los cuetes, que parecen tiros, las manifestaciones, gratuitas o pagas.

   Hoy es Noche Mala, perdón, Buena, tengo una botella de champagne, encima fumé tres porros paraguayos al hilo y un bagullito de hachís francés. Me tiro a la pileta, hago un tadásana perfecto. Miro los fuegos artificiales, cada vez más chicos, cada vez menos plata. Nado por abajo, salgo y la bata azul me envuelve, me lleva a la cama, miro una película de netflix “Merry Christmas”, espero el beso de mi Abuela, hago de cuenta que soy niña y me duermo.

jueves, 20 de julio de 2023

ORÁCULO

 

   Quería ser jefe de Estado y acá estoy, elegida en democracia y demos gracias, son chorros.

   No les quedó otro camino, o ellos o yo. Tengo un equipo inteligente y audaz, la ayuda es mutua. Antes de asumir quise limpiar los tres poderes.

   Dura tarea, estaban petrificados en sus lugares, los sacamos de prepo, sin prepotencia, las pruebas eran irrefutables.

   —Muy bueno lo tuyo, Dra Carnesoja.

   Le agradecí, es mi mano derecha y un excelente estratega. Tengo privilegios que rechazo. Viajo a dedo, al lugar que sea, de paso conozco la gente y su hambre, sus desdichas.

   —No hay trabajo, Jefa, si ustedes no mueven seguiremos varados.

   No sé qué cara puse, pero terminó él por consolarme a mí.

    —Hay que tener esperanzas, Jefa, mire lo que hay  y lo que no hay, hay que hacer balance.

   Llamé a Toro, mi mano derecha. Lo invité a departir en casa. Ninguno de nosotros tenía custodia, era más confiable.

   —Carnesoja, no hay que olvidar que nos robaron todo, tenemos agujeros oxidados y se agrandan.

   Toro la miraba partir, en el Di Tella que heredó de su padre.

   En una reunión con la Jefa, decidieron los vuelos de corruptos, se prepararon enormes redes donde amontonaron los latrocidas. Largaron las redes en las inmediaciones de las Seychelles. Se usaron aviones de los setenta. La Jefa, por cuenta propia, expropió campos, countrys, palacios de gente que vivía en Europa y todo lo que pudo en sólo 24 hs. Su equipo apoyó a la Sra Carnesoja. Algunas necesidades se cubrieron, pero la manta no alcanzó.

   —Toro, vos que sos visionario, ¿pensás que esto cambiará?

   Él miró el cielo y como un poeta dijo:

    —NO.

miércoles, 19 de julio de 2023

HAY QUE VENDER

 

   —Quiero una crema humectante, tengo la piel tan tensa, que si sonrío me quedo así y desonreírme me lleva media cuadra.

   Sí, pobre mujer, es un desastre.

   —Mire Señora, tenemos una crema con aceite de Rumania, sale un dinero, pero le aseguro que esa cara carrujada como bota de gauchada, le va a parecer lisita.

   Ésta me quiere vender la más cara.

   —El precio me queda grande, quiero una baratita.

   Seguro se la vendo.

   —Bueno, igual la anoto como que la compra, tengo una para sus párpados, que le llegan a las ojeras, es una jalea inglesa, al lado de Megan, usted parecerá una pendeja.

   Yo no quiero más cremas y esta pesada me insiste.

   —A mí no me importa la edad que tengo, para ser una pendeja cabeza dura como vos, prefiero suprimir esa gelatina ─no la puedo frenar, para mí se hizo una raya.

   —Igual se la sumo a las anteriores, verá que puede pagar, de algún culo va a salir sangre. Hablando de sangre, hay un producto para quitar esos puntos negros que le inundan la cara, viene con una muestra, para arrancar esos bigotes, se las sumo a las demás. Aunque tenemos esa papada que le llega a las costillas, ésta que tengo, es para una auto-operación, a realizar frente a su espejo. Pellizca con esta horquilla de cobre, todo lo que le sobre, viene con curitas especiales, por si se produce un sangrado, si le ocurre eso lo esparce sobre sus mejillas, que son tan amarillas que parece una vieja enferma, se lo sumo a lo anterior y después usted dirá si me lo paga efectivo o con tarjeta.

   Esta mina irrespetuosa, seguro que es chupapija del Dueño, y el Padre se la coje.

   —Mirá, bebé, envolvé toda esa sanata, ya mismo te la pago. Disculpame pichona me quedé si un centavo. Igual me llevo todo, te lo pago cuando se vaya este Gobierno. Un consejo de mi Vieja, a la salida, no andes moviendo el culo así en el Subte, porque te lo van a romper y no vas a saber quién fue. Ni se te ocurra hacer la denuncia en la Comisaría de la Mujer, allí sí que tienen todas el culo roto.

martes, 18 de julio de 2023

LA BODA

 

   Me equivoqué de Marido cuando en la Iglesia lo acepté. Pienso que fueron mis Padres, no querían morir sin verme casada con un hombre, que me doblaba la edad.

   —Vamos a pasar la luna de miel en Santo Domingo, de paso me  opero unas verrugas que tengo en los genitales y me saco la paranoia de si son malignas o benignas.

   Deduzco que este cascajo no tendrá nuestras primeras relaciones. Me alegro, puedo dormir toda la noche sin que nadie me moleste. Una amiga de mi Madre, me contó que el hombre con quien contraje matrimonio, era un millonario encubierto. Le quitaron las verrugas y fueron benignas. Cuando íbamos rumbo a casa, dijo:

   —Esta noche será nuestra primera noche, sólo pensarlo me seca la boca.

   Me dio vértigo la sola idea. Tengo una empleada a mi servicio, a la que cuento mis secretos.

   —Te lo pido por favor, vos, esta noche, ¿no podrás hacer de mí? Al Viejo le recetaron Viagra y una crema para anestesiar los pozos de sus verrugas.

   Yo ignoraba que mi empleada, antes de conocernos, fue prostituta, no me importó, al contrario, seguro que estaba acostumbrada a encubicular con cualquiera. Le ofrecí un cheque de mi fortuna. Ella se puso a llorar, agradecida y me prometió que se encargaría cada vez que el Viejo la solicitara.

   Diseñamos una estrategia, que ella padecía una timidez, que la podía atemperar en plena oscuridad y un camisón que le fuera de la cabeza a los pies.

   —Queridita, te espero en la cama y deseo tu cuerpo y tu alma, más tu cuerpo, te diría.

   Ay, qué sorpresa me llevé, la Señora tenía razón, por suerte fue sin iluminación, el Viejo baboso me daba indicaciones.

   —Tomé dos pastillas, a esta edad son imprescindibles a los efectos de consumar, para ponernos cachondos. Aquí tengo esta crema, para los pozos de mis verrugas, quiero que la extiendas con todos tus dedos y la levedad de una geisha.

   Le hice lo que pidió y lo que aprendí con mis clientes. Me extralimité, al Viejo le dio un paro cardíaco.

   Llamé de inmediato a la Señora y le di la buena nueva.

   —¡Lo mataste sin piedad! ¡Si hubiera sabido que este polvo comprado lo llevaba a la muerte!

   Por momentos noté sus gestos asesinos.

   —Esto llevará el castigo que merecés, devolverme el cheque que te otorgué.

   La empleada quedó paralizada.

   —¿Hablo con la Policía?, en la calle Juan Fangulo al 800, la empleada termina de matar a mi querido Esposo.

   Se hicieron presentes de inmediato, cuando trasladaron el cuerpo, el miembro del finado se encontraba erguido como un mástil. El Oficial primero dijo:

   —Esto está duro como una piedra, no sé cómo van a hacer con el cajón mortuorio.

lunes, 17 de julio de 2023

PERDER EL NOMBRE

 

   Vivía tranquila con un gato mimoso, acostumbrada a mi cama, mi cocinita escondida. Nunca me sentí sola y el lugar satisfacía todas mis expectativas.

   Estaba desordenado, pero yo sabía dónde vivía cada cosa, lugares absurdos, pero fáciles de encontrar. Conocí un chico en el micro, era un micro lechero, de los que paran a cada rato por problemas mecánicos. Yo hablaba de tanto vivir sola, él me escuchaba con mucha atención, cuando me quedó la boca seca, empezó a hablar él. Contaba lindas historias. Me invitó a salir y acepté. Ya era tiempo, nunca me dio por el sexo, lo tenía suprimido, entre leer y escribir era suficiente.

   Con este tipo fue distinto, dormimos en mi casa el día que nos conocimos. Tenía una amiga que me decía:

   —Encontrá alguien que te guste mucho, antes que te alces y te acuestes con cualquiera.

   Nino se quedó en casa un día, a los dos días volvió con un cepillo de dientes y una tohalla deshilachada. De a poco fue trayendo su ropa. Después de seis meses me di cuenta que su cepillo de dientes no lo usaba.

   —Prefiero lavarme con el tuyo y cuando se abran las cerdas, empezamos a usar el mío, es nuevito, sin usar.

   Le expliqué lo de las bacterias, el contagio de las caries, si uno tenía angina, el otro se contagiaba. Me contestó que con mi criterio no nos besaríamos más, era tanto o más contagioso, la lengua tragaba cosas, que con el cepillo no sucedía. Sobre todo si practicábamos posturas del Kamasutra.

   Un día no encontré ni la compu ni mi Clase grabada. Miré por la ventana y estaba Nino en mi escritorio, que había sacado al jardín.

   —Pará un poco con la invasión, usá tu compu, si está rota llevala a arreglar.

   Me miró con ceño fruncido.

   —No tenés que ser tan egoísta, después de todo si la mía no funcionó, uso la tuya, la necesito para mi examen. Y pensá un poquito, hace cuatro días que llevás puesto mi sweter rojo y el olor a chivo se siente cada vez que pasás.

   Su enojo me pareció cosa de guarro, él cambió cosas de lugar, mi ropa, mis libros, jamás encontré mi cepillo de pelo, ni el peine, ni la planchita. Justifiqué todo, pensando que la convivencia era así, por eso tantas chicas como yo, se fueron a vivir solas.

   Pero Nino tenía sus cualidades, que antes no me ocupaban la cabeza. Hacía el amor como un experto, sabía escuchar los deseos de una mujer. Un día lo eché de casa, porque me hartó que no fuera capaz ni de lavarse el calzoncillo.

   Al mes lo tuve que llamar, me hice cuatro pruebas y todas dieron positivo.

    —Nino, te hablo para informarte que estoy embarazada y vos sos el Padre.

   Se escuchó una risa de mujer.

   —Me alegro que vayas a tener un bebé, pero aunque yo sea el Padre, a mí me gustan los chicos al horno o a la sartén. Además vivo con una mujer, en una casa más grande y más linda que la tuya, me permite hacerle de todo, por ejemplo algo que vos nunca quisiste, puedo usar la parte de atrás, donde la espalda pierde su nombre.

domingo, 16 de julio de 2023

VERSIONES

 

   Los adolescentes que se juntaban en el único café del Pago Chico, formaron una orquesta.

   Algunos fueron a un conservatorio de Buenos Aires y al no poder sostener una pieza de pensión volvieron al Pago Chico. Enseñaron a sus amigos a ejecutar algunos instrumentos. Aprendieron más por intuición escuchando en la única vitrola de Pago Chico.

   Le daban al puro tango y el bandoneón era el rey, junto a un violín llorón y dos contrabajos. El piano añoso lo tocaba el dueño del boliche, mal pero tocaba.

   Había un proxeneta que hacía trabajar a siete prostitutas. Las tres piezas de la casa vieja les servían para turnarse lo clientes. Ejercían por monedas, media hora, una o quince minutos los más pobres. Eran amigas o enemigas, según las circunstancias que se presentaban. O se agarraban de los pelos o se besaban en la boca.

   Un día apareció en un auto viejo, el único policía de Pago Chico.  Le decían Sargento Severo, porque ese era su nombre.

   ─Los conozco a todos ustedes desde que eran chicos. No sé si sabrán que apareció una mujer asesinada en medio de un pajonal donde empieza el puente. Estaba bien vestida, enjoyada y un sólo taco alto. Están buscando el otro, pero no lo encuentran. Fuimos a anoticiar a los padres, los de la finca grande que se ve en el horizonte. Los dos se abrazaban, se gritaban o lloraban. Había algo extraño en sus conductas. Decía la madre: “Yo le avisé que no se metiera, era un bicho raro y feo aquel tipo. No me hizo caso, nunca me hizo caso, me odiaba. Una vez cerró la puerta del auto con mis dedos adentro, quedé con dos dedos inmóviles, para siempre. Cuando se iba no me daba un beso y mentía que iba a la Universidad. Por eso viajaba tanto. Al padre lo amaba, parecían novios.”

   Severo bajó la vista y la madre tenía puesto el otro zapato de su hija.  

sábado, 15 de julio de 2023

ME VES CUANDO ME VES

 

   ─Fui el primero, mi vieja controlaba todo lo que yo hacía. Dios se apiadó de mí y se la llevó. De ahí provino en mí, que soy ateo, ¡gracias a Dios!... Detesto los velorios, sé que esa expuesta no era mi madre. Es inimaginable dejar de existir. Pero encontré mi vocación, escribir un relato que hable de mi tuberculosis generosa con una lapicera uni ball y un cuaderno Rivadavia. Cuando caía una gota de sangre sobre el texto, la dejaba, era mi rúbrica. Mi nombre es Facundo Saravia y espero ser respetado.

   ─Yo soy el segundo narrador y estoy seguro que lo de Facundo Saravia es un seudónimo de Frank Kafka, mi escritor predilecto. Necesito una persona que escriba lo que le dicto, perdí mis manos en una guerra sin sentido como son todas la guerras. Mi escribiente es un hombre culto que hasta me corrige palabras que sobran. Nos queremos, me doy cuenta, somos socios.

   ─Para nada, sé cuál es mi función, sería faltarle el respeto a tus escritos, para mí maravillosos.

  ─Quiero contar cómo era este lugar antes de las guerras. Polonia es mi lugar de pertenencia y el ser invadidos por otros, me desconcertó. Daba miedo ser uno que se quedaba y uno que prefirió huir como yo, como un cobarde en pleno estado de confusión.

   ─Soy el tercero y vengo montado en mi jaca. Vio un palenque y se me quedó, la muy desgraciada. Y aproveché el almacén de ramos generales para tomar una grapa, dos o tres. La cuarta se la llevé a la jaca. Había una helada, un frío que te partía el curo. Ella puso ojos de “dame otras” y le expliqué que no tenía ni un patacón. Parecía entender mi miseria, soltó las riendas y me las entregó en mano. La monté, estaba tan contenta que trotaba como un caballo. Yo era un peón golondrina y seguro que sería útil en cualquier campo. Es tan inteligente mi jaca, que vio en un cartel en una tranquera que decía: “NECESITAMOS UN PEÓN PARA LA SIEMBRA”.

   ─Yo soy el cuarto, analfabeto, pero la tengo a mi mujer, ella hace todo lo que hago yo. Me gusta, me hace sentir útil… Y en la cama ni contar.

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   Muy bueno el grupo, lo dejamos acá, nos vemos el martes 25 de julio.  

viernes, 14 de julio de 2023

INEXPLICABLE

 

   Cuando nos cruzamos puso un papel doblado en diez pedacitos. Fui al baño para leerlo, me dio vergüenza lo que escribió. La propuesta con letra manuscrita (que sabe pero no puede).

   Debía encontrarme con él en su oficina personal y despojada. Decía que yo le gustaba tanto que no lo dejaba dormir. Tiré el papelito en el inodoro. Cuando llegué a mi escritorio me miraba todo el tiempo. Me di cuenta por primera vez, que miraba siempre mis ojos y comencé a mirar los suyos.

   Cuando nos encontramos confesó que era célibe, doce años menor que yo. Apenas me recibió, incrustó su cuerpo en el mío, tuve tres orgasmos seguidos. Siempre terminaba afuera, salpicó las paredes. Le pregunté por qué lo hacía así.

   ─Porque tengo miedo de dejarte embarazada. Te pido que pases la lengua a mi semen y lo tragues.

   Cada día me gustaba más y en el trabajo nos rozábamos con cualquier excusa. Cuando quedábamos enfrentados en una puerta angosta, él respiraba con ganas. A mí también me daban ganas. Él proponía que nos encontráramos cada cuatro días, así nos calentábamos antes que sucediera. Lo nuestro era puro sexo.

   Pasé cuatro años y no me lo podía sacar de encima. Nunca hablábamos, teníamos mejores cosas para hacer. Un día me pidió que comprara ropa interior descarada, tipo prosti. Me asombró que llevara una tijera. Cortó todos los elásticos de mi ropa, después me ató a la cama. Por un momento le tuve miedo y le pedí por favor que me desatara. No quería, el muy enfermo. Sus últimas acciones fueron castigarme con un látigo.

   Renunció y se fue sin despedirse de nadie. Hablé con su Madre por teléfono y nos charlamos todo:

   ─Siempre fue así, ahora que fue a vivir a Irlanda ni me escribe ni me llama, desconozco su dirección. No te desesperes, lo suyo no tiene remedio. Nunca me habló de vos. ¿Quién sos?

   Y le corté.

   A los dos meses apareció en mi vida un señor francés. Lo conocí en un restaurante. Se acercó a mí, se arrodilló y pidió que me casara con él. Estaba enterada, el franchute tenía mucho dinero y a mí el dinero me puede. Nació un bebé y después otro. El primero era el vivo retrato del que me dejó. Tiene un lugar definitivo en mi cabeza.

   Hice el ADN de los dos. Tenía pelos de recuerdo en un camafeo. Era su padre biológico. No sabía si avisarle o no. Un Padre psicópata, consideré que era lo peor para mi hijo.  

    ¿Cómo, si él siempre acababa afuera? Se descuidó el imbécil.

jueves, 13 de julio de 2023

NARANJO EN FUGA

 

   ─No sé por qué la mató, si hubiese sido infiel.

   ─Pero no, Raquel, para ella no existía otro hombre como él. Estaba pegado en su pensamiento y eso que él no le hacía el amor, la violaba y ella lo disfrutaba, en especial cuando eran siete sin sacar.

   ─No soy inocente, ¿pero qué quiere decir siete sin sacar?

   ─Siete polvos con el mismo instrumento adentro. ¿Calaste, inocente? Él también la tenía en la cabeza, tiempo completo. No le dejaba espacio para andar sin pensamiento, recuerdo que quedó pálido, con ojeras violetas y flaco como un esqueleto. No pudo más y le pegó cuatro puntazos en la carótida.

   ─Chicas, ella no se lo merecía, pobre.

   ─Yo no pienso como vos, le debe haber gustado hasta que la matara.

   ─Estuvo en su velorio y después en el entierro, cuando hablaron de ella, elogiando su conducta, él cayó muerto sobre el cajón. Los enterraron a los dos juntos, es un horror!

   ─Estoy segura que están en el infierno. Haciendo de todo, como siempre. Dios los envidia con rencor, con mucho rencor.

   ─Yo pagué la lápida con un nombre: FUNES.

miércoles, 12 de julio de 2023

DESTINOS LEJANOS

 

   Rulo tenía como cuarenta y tres y vivía con sus padres.

   Cuando comprendieron que no se iría nunca, le construyeron un bulín en el fondo. Él trabajaba para Gobierno, es algo que nunca digirió. Lo usaban como ordenador manual.

   —Rulo, de la página veinte a la setenta, de esta pila, los quita y los quema, el resto queda encarpetado.

   Sentía que sus jefes no eran dignos. Hacía horas extras, no tomaba ningún franco y laburaba en vacaciones.

   Ahorró hasta comprar un Unicooper descapotable, el auto más caro del mercado. Olvidaba como niño, en un negocio de tragos mejicanos tomaba margaritas con sombreritos masticables, hasta ver al barman multiplicado por ocho. Salió confundido en tiempo y espacio. Comenzó a manejar y daba vueltas en redondo una y otra vez. El viento en la cara, los árboles, las pérgolas glicinadas, los bancos enamorados. La única Plaza donde la Policía, ante el exceso de velocidad, sacaba un aparato para medir alcohol en sangre. Lo pararon, uno le pidió los papeles y los otros rodeaban el auto con admiración y respeto (por el auto).

   —¿Sabe General? Me los dejé en lo de alguien, pero no se preocupe que mañana aparecen.

   Le hicieron el dosaje y había tomado tanto que el aparato medidor llegó a la cima y reventó. Subió a un patrullero mientras el General manejaba el Unicooper. Se escuchaba cada vez que los pasaba:

   —No saben lo que es esto ¡Miren la capota!, todo es digital.

   Rulo pensaba que si el General le rompía el Unicooper, lo denunciaba al O.Í.M.E., Dieron una vuelta cada uno y lo llevaron a su casa. Lo dejaron tirado en el jardín, con el auto al lado. Rulo despertó por la lengua de su perro y los hocicazos afectivos inmundos.

   Recibió una citación policial, judicial y financiera. La madre salió con un café y un triángulo de pasta flora.

   —Hijo, después del desayuno, pienso que es conveniente que te vayas, no es necesario que vuelvas, nosotros te queremos igual.

   Subió al Unicooper, bajó la capota y salió a mil. Sin querer tocó un botón y empezó a volar, aterrizó en un lugar preciso, él no supo bien dónde, pero había más de tres manzanas de boliches con margaritas de diferentes colores. Con ese auto jamás le pidieron documentación y hasta en los desfiles militares se abrían para dejarlo pasar, luego le hacían la venia. 

martes, 11 de julio de 2023

JAQUE MATE

 

   Quintina me mandó una carta con letra gótica. Exótica su invitación, me costó descifrar mi lugar de destino.

   Pero la carta no vino sola, un joven de unos veinte años se hizo presente. Fue contratado por Quintina como guía para no equivocar cambio de aviones y esas cosas. Ella sabía de mi cobardía e ignorancia. Y era cierto, me dio pavura cuando llegué. Era una mezcla de selva con lugares citadinos y caminos que subían y bajaban.

   Al llegar estaba ella, me abrazó como a una hermana y algunos lagrimones se nos piantaron a las dos.

   ─Te va a encantar este lugar, hay calles con negocios de ropa de seda, percal, terciopelo y modelos los que quieras. También hay librerías donde todo está escrito en el idioma que les pidas. No es por soberbia, pero te diré que soy políglota, me resulta fácil encontrar lo que busco. Vamos ya. Quiero que lo veas todo. Cualquier cosa que desees comprar es tan barato que no te deja cerrar la boca. Voy a dejarte sola, te vas a asombrar. Yo te encuentro cuando concluya mis tareas en la esquina de esta ochava de colores.

   Los negocios estaban llenos, las mujeres se amasijaban para llevarse todo. Me dio asco presenciar esa competencia.

   Elegí un camino de árboles con orquídeas y lagos con nenúfares, lo raro es que estaba rodeada de alambre de gallinero, por dentro había personas extrañas, disfrazadas de cualquier cosa, mucha lentejuela y pedazos de telas desgarradas. Apareció una señora con aspecto de Directora y me pidió que saliera, ese predio era un manicomio.

   Seguí caminando en busca de otras cosas. Encontré unas alfombras de Esmirna de colores implotantes, elegí dos y me las llevé. Fue en ese lugar donde perdí mi carterón, dentro llegaba mis documentos, el carnet de osde, el pasaje de regreso y mucho dinero de euros, mi pasaporte incluido. Pregunté si alguien había visto mi carterón, no, nadie.

   Apareció un señor distinguido llamado Ralph Fiennes y era él mismo, el de las películas que más me gustaron.

   ─Se lo digo con todo respeto, tengo un avión privado y un carterón igual al suyo, tal vez alguien lo escondió allí. En este lugar ocurre lo que usted imagina. Venga, los motores están prendidos.

   ─Ralph, hicimos una película juntos, mi nombre es Anya Taylor Joy, te invito a jugar al ajedrez, hasta la finalización de este viaje. ¡Me olvidé de Quintina!

   ─No te preocupes, vive encerrada en el manicomio de acá. Lo hace para evadir impuestos. 

lunes, 10 de julio de 2023

SE GANÓ LA GRANDE

   El ascensor era un conflicto permanente cuando llovía día por medio. Ella entraba en piloto y botitas animal print, correcto, la mina era un animal. Su idioma consistía en monosílabos o tos seca bien agarrada, hasta silbaba bichofeo cuando subía él, que vivía en el mismo edificio, un piso más abajo. Éste, nublado o con sol usaba paraguas. Bajaban o subían a la misma hora todos los días, fines de semana también. Él odiaba esa vecina y ella no le hacía nada. Olvidó con los años, el tema “Let It Be”. Una mañana de Domingo, él le pidió a Dios y eso que era ateo, que no bajara la mina de arriba, madrugó.

   A las seis estaba de pie, no perpendicular al piso, oblicuo, el paraguas lo ayudaba a mantener la vertical perdida en la noche, por el vino y otras yerbas. Entró en el ascensor sin mirar, sintió el olor a perfume vencido. ¿Quién sino ella?

   Las medidas del ascensor eran inhumanas, estaba hecho con montaplatos reciclados. Bajaban o subían sólo dos personas, codo a codo y verso a verso. Es decir, Buenas Tardes, Buenos Días, Buenas Noches. No se podían agregar otras palabras, porque perdían el oxígeno del engendro. Ya dentro del ascensor, sin proponérselo, metió la punta del paraguas sobre los dedos de la vecina en ojotas, le hizo un agujero notable, la sangre brotaba como un géiser, se detuvo el microascensor entre piso y piso. Él sacó de su bolsillo pañuelitos Elite y se los alcanzaba por el hombro, ella con voz de abeja, le preguntó si no la podía chupar, se refería a la sangre. El vecino interpretó mal, logró poner una pierna de ella en la cintura de él y la otra sobre la puerta del cubículo.

   —Ud, vecina, relájese, que es una postura de película. ¿Vio que ahora los actores tienen sexo de pie?

   La mina no dijo nada, porque el oxígeno se agotaba y ella quería gritar de dolor, no por el agujero del pie, sino por el miembro del vecino, algo nunca visto. 

domingo, 9 de julio de 2023

UN AMIGO NUEVO

 

   Hicieron un camino perpendicular a mi casa.

   Una noche, tarde, bajaba las persianas y lo vi. Era un perro alto, blanco, prístino, con manchitas negras, una mirada profunda y tierna. Cuando se acercó a la ventana le tiré un beso y lo saludé con la mano en alto. Bajé las persianas y me acosté a dormir.

   Al siguiente día estaba ahí, pensé: quiere comida. Estiré el brazo y le alcancé un coquito de pan. Miró como diciendo que ya había comido, hizo un giro de cabeza hacia la plaza. Salí en pijama, blanco y robe negra, me dio risa, yo había agregado un gorro negro con orejas. Él prefirió caminar hasta el bosque. Seguro que la plaza era un algo sin sorpresa. A mí me sucede lo mismo. Rodeamos la laguna y cuando el cansancio me pudo, regresé a casa. Él vino conmigo, entró hasta el living y miraba todo, entibié leche y llené mi vaso. El paseo me dio hipotermia, a él le serví en una charola honda y con cuatro lengüetazos, la terminó.

   ─¡Muy bien, Pierre!

   A partir de ahí se llamó Pierre. Miraba la puerta con la insistencia de:

    ─Dejame salir.

   Le abrí y fue a hacer pis. Luego arañó la puerta y le indiqué un lugar para dormir. Se acostó largo a largo en una alfombra de piel de vaca. Cruzó sus patas delanteras y me miró con la nobleza de un agradecido. Me dio un beso de hocico frío y se durmió.

   Como era de esperar apareció su dueña, casi al amanecer, me preguntó por él con otro nombre. Le dije que el mío se llamaba Pierre y en cuanto lo vio:

   ─Ese es mi perro, mire cómo mueve la cola, me reconoce…

   ─Él prefiere estar acá, lo dijo en idioma perro. Yo entiendo todos los idiomas. Le gusta el bosque, el lago, la leche tibia y dormir a los pies de mi cama. Por primera vez en años soy feliz.

   ─Quiero que me devuelva el collar y su medalla.

   ─Desde ya el collar le resulta pesado y la medalla la desprecia porque no es su nombre actual.

   ─No me llore, señora, Pierre me dijo que la visitará tres veces por semana y fiestas de guardar. Es tan bueno y educado que hasta se las ingenia para robar billeteras para mí y para tranquilizarme, me cuenta que son dineros de ricos, ni cuentas que se dan.   

sábado, 8 de julio de 2023

¿Y LA TORTUGA?

 

   Salieron a nadar pasando las escolleras. Les pareció aburrido y se metieron mar adentro.

   ─Vamos a perder la costa, de acá veo una sombrilla y el bañero montado en un mangrullo.

   ─Para eso nos untamos con aceite de hígado de bacalao y como soy muy precavida traje dos botellas de agua dentro del corpiño.

   ─Yo me metí dos en las bolas, mi malla de baño es bien apretada.

   ─Y nos metemos mar adentro, vamos a nadar mariposa, crol y pecho. Cuando nos cansemos hacemos la plancha, aquí hay calma chicha, podríamos dormir, para calmarnos un rato y después seguimos.

   El mar se enfureció y no había manera de doblegarlo. Las olas que les pasaron por arriba le quitaron el corpiño y robaron sus dos botellas de agua.

   ─No te preocupes, las mías las llevo entre la malla apretada, están pegadas a mi cuerpo.

   ─Bueno, no digamos más pavadas y nademos hasta no dar más.

   ─Es que yo estoy extenuada, si vos me podés arrastrar sería una solución.

   ─Pero es que me estás agarrando del cuello, me estás matando.

   En el medio del océano había una pizarra grande, tan grande como una ciudad flotante. Dos marineros de a bordo les arrojaron una escalera de sogas. Les agradecieron con un gracias furtivo y les rogaron una cama para dormir. No daban más.

   Uno de los marineros les advirtió que el barco se inundaba un poquito, pero eso les serviría para hamacarnos y dormir mejor. Tenían la piel tan arrugada que se les abrió por todo el cuerpo. A pesar de todo les alegró estar vivos.

   Fue poco tiempo, el mar estaba enojado y una ola gigantesca los hundió. Primero saltó el capitán, después los oficiales de abordo aterrizaron en botes fuertes y de la gente y de los niños, nada se supo.

   Nosotros nos agarramos de las patas de una tortuga de mar, nos llevaba mansa y hasta nos dio de comer corales y musgos. Comenzamos a ver las sombrillas y el bañero con su silbato.

   Éramos dos guedejas, nos hicieron expulsar el agua salada de nuestros pulmones. Llegó la ambulancia de primeros auxilios y nos terminaron de curar, gente con experiencia, se notaba.

   Preguntaron el nombre de aquella ciudad flotante. Recordamos perfectamente: “Titanic”.

viernes, 7 de julio de 2023

EVARISTO

 

   En mi casa jugaba solo, no podía salir a la vereda porque era peligroso, estaba el viejo de la bolsa caminando la manzana y si veía que era un niño me metía en la bolsa y desaparecía conmigo adentro. Ellos decían que lo hacían por mi bien, yo no les creía ni un poco. Mis padres me parece que decían mentiritas, porque se guiñaban los ojos. Me regalaban hojas de papel calzón, o canson, no sé bien, lápices de colores y fibras. Yo prefería la birome de mi papá, dibujaba más cómodo porque resbalaba y siempre me gustó la resbalación. Debía ser porque tenía el tobogán de la plaza al que nunca subí, ni resbalé, mami creía que podía haber gillettes y me lastimaría las piernas. Mi mami cuidaba tanto de mí, era bastante molesto. Cuando me hacía papas fritas con huevos fritos, olvidaba todos sus no hagas esto, ni lo otro, ni lo otro. Y la quería hasta el cielo, después le daba besos engrasados. Empecé la escuela y olvidé el viejo de la bolsa, los toboganes con gillettes y los miedos, se fueron. Conocí a Evaristo y nos hicimos recontramigos, éramos los mejores alumnos, nadie nos decía, pero nosotros sabíamos.

   Un día papi tardó tanto en ir a buscarme, que la señorita me llevó hasta casa. Al llegar, Clarita, la mejor amiga de mami, me levantó en brazos, yo no escuché nada, sólo vi que mi señorita estaba blanca como el papel calzón y Clarita le decía cosas en el oído. La seño se fue en su auto y Clarita me invitó a tomar la leche. Lloraba tanto que me empapó el uniforme. Yo le alcanzaba pañuelos y a lo último le di la tohallita de mi valijita. Cuando paró, me contó que a mis papis los vinieron a buscar de urgencia, para hacer un largo viaje donde no podían llevar niños. Hasta que volvieran, tenía que vivir con ella. Me puse a llorar, peor que Clarita, no entendía lo del viaje largo, porqué no me avisaron.

   Pregunté si eran los viejos de la bolsa que fueron a buscar a papi y mami. Esa noche dormí con Clarita y no quise comer.

   Al día siguiente me llevó a la escuela y se quedó a esperarme en la Dirección.

   El primer recreo salí con Evaristo al patio fuimos a un agujerito negro que descubrió él en una baldosa. Sin ganas le pregunté qué era lo raro del agujero. Preguntó si no sabía que a mis padres se los llevaron unos tipos con anteojos negros en un auto negro. La mamá de Evaristo le contó que eso pasó porque mis papis eran comunistas. No entendí lo de los tipos con anteojos negros, lo del auto negro y qué tenía que ver el agujero de la baldosa.

   Evaristo me dijo que mis papis estaban ahí, en el agujero negro, pero era tan chiquito que nunca podrían salir. Le pegué una trompada en la nariz y un cabezazo en la panza.

   La Seño y Clarita me fueron a buscar al patio, yo me arrodillé al lado del agujero y los llamé y les grité ¡Papi! ¡Mami! No me contestaron...

   Odio a Evaristo, lo odio, lo odio, lo odio, lo odio.

jueves, 6 de julio de 2023

LA PINTA ES LO DE MENOS

 

   Al costado de las vías vivía un grupo de cinco o seis crotos. Con latas de asas de alambre, tomaban lo que fuera. Los que compraban pan o manzanas, pasaban cerca de ellos y les regalaban de ambas cosas. Hasta los perros les llevaban pedazos de carne asada.

   Saliendo de la Estación, la joven Melany, volvía de una discusión sin ganas de vivir. Cruzó al rincón de aquellos hombres:

   —¿Puedo sentarme al lado de ustedes, caballeros?

   En segundos le ofrecieron un rincón y el único almohadón, con agujeros, se lo dieron a ella, aceptó una manzana. Los caballeros crotos, miraban a  Melany cómo se le cerraban los ojos. La dejaron dormir y la cubrieron con sus propios abrigos.

   Fueron a comprar dos vinos de caja. La joven Melany estaba recostada sobre pedazos de hormigón y rodeada de botellas de cerveza vacías. Los crotos se amucharon para darse calor.

   Cuentan que esa noche, alguien les arrojó nafta, prendió unos fósforos y los quemó. Nadie se dio cuenta que los seis no estaban. Esa madrugada, unos muchachones, le golpearon la cabeza y el cuerpo, con los envases de cerveza. Melany no despertó, perdió mucha sangre y sintió que se iba lejos, se murió. El único croto que quedaba, llamó al 911. Cuando llegaron les mostró lo sucedido.

   Lo llevaron esposado y en una celda pequeña fue olvidado.

   —Tenés una joven que te espera, pagó la fianza.

   El croto sintió el abrazo, que aquella chica le brindó. Era la misma chica que sufrió los botellazos. Tenía cicatrices ya cerradas. Lo invitó a comer en su casa, un guiso con mucho queso y cuadraditos de pan frito.

   —A los policías les resultó más fácil para cerrar el caso, echarte la culpa de asesinato. Pero ya ves, estoy viva como antes, de los muchachones no se supo nada. Las Justicia para los pobres no existe. Estás conmigo, tengo preparada una habitación para vos solo y dos trajes, herencia de mi Padre.

   Al día siguiente lo encontró sentado en el jardín, tomando caldo en su recipiente de lata con asa de alambre:

   —A mí me gusta ser un croto, ser nómade y encontrar otros como yo, viajar en vagones vacíos y arrojarme del tren, antes que llegue a la estación.

   Melany pidió que la esperara dos minutos. El croto pensó que le iba a dar algún dinero. Apareció vestida de croto:

   —Yo me voy con vos, si permanecemos juntos, nunca te pelees con los demás. Tené en cuenta que a los crotos no nos mira nadie. Para ellos carecemos de existencia. Es mejor diferenciarnos de ellos, eso sí que es libertad.

   Lo tomó de la mano:

   —Ahora somos amigos y después de un tiempo, quién te dice.

   —Mirá que los crotos no nos casamos.

   —Por supuesto, pienso igual. Lo que quieras, pero…quién te dice…

miércoles, 5 de julio de 2023

TEMPESTAD

   El invierno castigaba cada día un poco más, no podía faltar a la posibilidad de viajar y encontrar a mi hermana, por razones pertinentes que no pienso ni debo contar, ni en un cuento siquiera. Es angosto el espacio, callar congela la memoria en un momento que no.

   Fue mi primer viaje en barco, los camarotes los sentía como cárceles cerradas y agobiantes. Tenía náuseas y para estar todo el tiempo de la litera al baño, preferí salir a cubierta. No había ningún pasajero, allá en el fondo vislumbré un hombre con sombrero y orejeras de lana, a pesar de mi vergüenza, me acerqué, pedí permiso y me senté a su lado. Tenía un amplio paletó de zorros, botines de esquimal y mitones de nutria. Le pregunté:

   —¿No es demasiado mi descaro para con Ud, pasar su brazo por mi hombro?

   Se abrió el sobretodo y me dijo muy serio:

   —Yo le triplico la edad y no tenga miedo, por dios, hace demasiado frío. Venga niña, siéntese, que este abrigo cubre mejor que un iglú.

    Me puso las orejeras y a partir de ahí lo escuché salteado, él iba a ver a su hermano en Jordania, como yo. No le pude contestar nada y estaba tan protegida que me dormí de inmediato. Él tarareaba canciones de esas tierras desconocidas por mí, ancestrales. Melodías más alegres que tristes y eso me dio más valor que cobardía. En un momento sentí una bolsa de agua tibia, mojó todo nuestro interior, toqué con mis manos, cuando me miré era sangre que salía del hombre por su pecho. Me puse de pie e iba a gritar, la tempestad en el mar tapa cualquier sonido humano. Fue providencial, tenía un cuchillo en mi mano y yo misma le di tajos profundos al hombre, sin pensar.

   Lo que hice me arrastró al camarote, el dolor me impedía respirar, tenía un cuchillo filoso clavado al medio de mi espalda.

   El que limpiaba la cubierta por la mañana, encontró un arroyo de sangre desde la reposera del hombre, hasta el camarote de la mujer. Llamó al Capitán de a bordo y a dos Oficiales. No pudo hablar, les señaló con el dedo, lo que ninguno supo explicar. 

martes, 4 de julio de 2023

VIAJES

 

   Salían contentos de su hogar, mirar otras caras, las sombras de los árboles, algún gaucho a caballo que no quedaban casi.

   ─Raquel, ¿trajiste la lista del cagarca? ─en realidad el super se llamaba Monarca, pero ellos lo bautizaron así.

   ─Si te olvidaste de algo, mucho mejor, para lo que te cobran estos latrocidas.   

   ─Roco, ¿vos hiciste la lista de la verdu?

   ─No, lo llevo en la memoria, yo primero miro y de acuerdo al precio y la calidad compro.

   ─Me quedo en el auto, Roco, no quiero enterarme de lo que gastamos, me da taquicardia. Después anoto todo en casa.

   Pasaron quince días del mes, ni Roco ni Raquel necesitaron hablar de nada. Tenían un pozo en el jardín con dólares, euros y los ahorros de toda la vida. Vendieron la casa donde fueron tan dichosos y la cabaña de Orense.

   Usaron un mapamundi y cada uno de ellos señaló algún lugar. Coincidieron, fue Suiza, sacaron los pasajes el mismo día. Sus hijos le tramitaron los papeles correspondientes. Burocráticos e imbéciles, no los hijos, los trámites. Cuando llegaron a Suiza les preguntaron cuanto tiempo se quedarían.

   ─Hasta que consigamos los trabajos posibles, necesitan gente rubia y de ojos claros, tenemos varias opciones, mientras tanto viviremos en la casa de nuestra nieta y su marido suizo.

   ─Nos expulsaron de nuestro país por sus comportamientos delictivos. Mejor. Yo no voy a extrañar para nada ─dijo Raquel.  

   Y Roco agregó:

   ─Si salimos de la nada, nos estaban acosando. Mañana empezamos las clases del idioma que nos dará nuestra nieta. Los dos tenemos facilidades, vos con francés y yo con inglés.

   Ambos fueron contratados para la administración de un hotel y elegir un personal idóneo. Raquel sentía nostalgias repentinas.

   Una noche fría con nevadas le confesó a su marido que eso no daba para más. Preferiría volver.

   ─Mirá, será un país de mierda, pero es nuestro lugar de pertenencia ─dijo Roco.

   ─No quiero volver a tandilandia, pero tenemos el campo, que como dijo mi viejo, la tierra no la vendan nunca y es lo único que no vendimos.

   ─Estamos de acuerdo una vez más.

   Tomaron el avión de regreso con dos mochilas que no contenían dinero, si no sueños que llamaban al viento que despierta.

lunes, 3 de julio de 2023

TIENE AGUJEROS

 

   Me despierto de mal humor, para escribir está la noche y el día para observar. Desde que dejé de fumar ando medio loco y descargo en cuaderno y lapicera. Tengo pesadillas con vida propia, me olvido de las cosas, soy como un queso gruyere, tengo agujeros ricos pero solos y como la memoria se hace cada vez más exigua, trato de leer lo que llega a mis manos. Los libros que más me han gustado me amplían expectativas. Tengo setenta y cuatro años y soy tan ingenuo que pienso que el futuro todavía existe.

   ¿Cómo se relacionan los otros con la estupidez humana? Tiene cuarenta años mi hijo y dice cosas como:

   ─Viejo, la estupidez humana existió siempre y seguirá. ¿O vos a veces no te sentís estúpido? En la última entrevista que te hicieron te preguntaron qué es lo que más te gusta de la vida. Y vos contestaste con cara de sabiduría: “el queso gruyere es lo que más me gusta.” Vos sabés que me dieron unas ganas, abrí tu heladera y comí la mitad de uno que tenías encanutado.

   ─¡Cómo me pudiste hacer esto! Y tenés razón, vos a veces sos un genio y otras veces ¡estúpido! Reponé lo que comiste, o no vuelvas más a esta casa.  

domingo, 2 de julio de 2023

NO DARLES EL GUSTO

 

   En tercer año de humanidades, ni Pablo ni yo, podíamos pagar alquileres separados, era mi mejor amigo. Decidimos vivir juntos en un solo departamento. Estudiábamos y a media noche cada uno a su cama. Hasta que de amigos a compañeros devinimos en una pareja y dormíamos juntos.

   Pablo amaba el futbol, yo lo detestaba, no a Pablo sino al futbol. Los domingos Pablo no me hablaba, escuchaba partidos todo el día con esos cablecitos diabólicos metidos en sus orejas. Peor fue al principio, los miraba por televisión y gritaba los goles o puteaba jugadores, arqueros, de medio campo, referís y a todos los que amaban la pelota.

   Una noche decidí pedirle que me dejara el televisor para mí. Veía películas de Netflix que a veces daban sueño y otras despertaba. Las primeras me hacían dormir siestas largas.

   Un día, el padre, le regaló un televisor chico que lo puso en el lavadero, otro lugar no había.

   Tuvimos un hijo varón y lo llamamos Godo. Desde chico miraba partidos con su padre. Lo que más le gustaba era gritar los goles. Cuando el Mundial, fuimos los tres a la cancha. Pablo compró plateas. Yo también me entusiasmé. Cuando íbamos ganando me emocionaba.

   No alcanzó a ser eterno mi entusiasmo, era la década infame donde murieron mis dos hermanos, mis mejores compañeros y treinta millones más.

   El futbol no alcanzó a tapar las tropelías de los asesinos. Después vinieron por Pablo y por mí. A Go lo dejamos con una vecina. No lloré nunca, no les quise dar el gusto.  

sábado, 1 de julio de 2023

MARTITA

 

   Era más puta que las gallinas.

   Se la había agarrado con su nariz. Le parecía grande y antigua. En tres años se operó cuatro veces, hasta convertirla en un porotito picudo.

   Pero tan picudo, tan picudo, que en una quinta visita al cirujano le llenaron la punta con botox.

   Lo que más atormentaba a Martita era el paso del tiempo y la envidia.

   Para vencer estos demonios, enfundaba su culo enorme en unos pantalones rojos elastizados que le juntaban el desparramo y se lo ponían como enfrentando a cualquier vidente.

   Se jactaba de no usar bombacha, decía que los elásticos arruinaban la redondez (que ella imaginaba perfecta) de su trasero.

   Todo en ella era color rojo. El pelo, un pañuelo estilo Annie Okley, rojo.

   Remeras con lunares, o rayas o bordados absolutamente rojos. Las uñas, la boca y las sandalias, al tono, rojas.

   Tenía un marido fijo, un novio definitivo, un amante para siempre y veinticinco “amigos” (decía ella) que la amaban hasta la muerte y le pagaban muy bien.

   Un seis de enero,  como regalo paradojal, le pegaron cuatro tiros en la puerta de su casa, a la hora de la siesta.

   Dos dieron certeros en el pecho de un adolescente que charlaba tímidamente con Martita.

   Los otros dos le dieron a ella, en el codo derecho y el culo respectivamente.

   El joven murió a los dos días de la tragedia.

   Martita se compuso, luego de cinco intervenciones en el brazo y tres en el glúteo derecho.

   El que disparó resultó ser un amante, ex policía, que odiaba a los pendejos.

   Se hicieron arreglos para que el tipo saliera de la cana.

   Lo encerraron en Melchor Romero, en el sector de pacientes ambulantes.

  Martita sigue vistiendo riguroso rojo. Su mirada es triste, no habla con nadie y cuentan que el miedo no la deja dormir.

   Ahora le preocupan dos cosas.  El loco, que se la tiene jurada. Y que ya, no le pagan como antes.