sábado, 13 de agosto de 2022

ENTRAÑABLE

 

   Nos mintieron, los hombres no bailaban con hombres. Para eso estaban las mujeres, que llegaban en alpargatas y las cambiaban por zapatos, de taco alto infinito.

   Se bailaba en esquinas sin ochava, con un bar pleno de alcohol, grapa que ya venía mezclada con escupitajos españoles. Vino de uva mosqueta, cabernet para los debiluchos y tinto borgoña para los ricachones. También vino suelto para los ricoteros.

   —Muchachos y chicas, adentro se toma, afuera se baila, hay que ponerle los pies a los adoquines, es más difícil para las damas, pero tienen que aprender a levantar la pata, es más cómodo para el hombre.

   Así habló “Don Javier” la noche que inauguró aquel boliche entrañable. La Hilda, concubina de Don Javier, era una artista para revolear la pata y no decía jamás que no a una inclinación de cabeza, apenas leve.

   Cuando Don Javier se dormía sobre un barril que le hacía de mesa y de almohada. Salían todos los tipos a pedir a la Hilda, de bailar un tango modernoso, la agarraban los mejores, le metían la pierna de él, adentro de las de Hilda, que sabía manejar el tajo del vestidito negro, algún voyer se daba cuenta. Los más hábiles se la metían y ella se doblaba hacia atrás, para hacerle un lugarcito más y tapar con la melena, aquel placer.

   Uno fue a alcagüetear a Don Javier. Ella entró a la pieza en alpargatas y dada vuelta del pedo que se agarró.

   —Tengo que hablar con vos.

   Este viejo choto, si ahora me voy a dormir la mona.

   —Quiero que te mandes mudar, me hacés quedar como un cornudo.

   Ella se fue sin contestar, con las crenchas para cualquier lado, agarró para cualquier lado. Se puso el traje de laburar y fue al Puerto. Todos la vieron mareada, pero nadie dijo nada.

   Avisó que iba hasta el baño y a partir de ahí o después, desapareció de todas partes. Ya van a cumplirse cinco años, que nadie sabe dónde fue. La Hilda lo quería a Don Javier, como quieren las putas, pero lo quería.

   Por eso nadie se explica lo que pasó. Don Javier cerró el boliche, se fue a recorrer el mundo, caminando de día y llorando de noche. Ya estaba viejo Don Javier, pero todavía sigue buscando.

viernes, 12 de agosto de 2022

CONOCIDA

 

   Tenía que llegar a la calle Garay. Había tantas manifestaciones, que mi destino quedaba lejos. Me arrastraron por el piso y me llevaron en andas, acostado, y yo pasaba de manos en manos. Pude salir porque terminé en el suelo. Corrí al Subterráneo pensando que estaba vacío.

   ¡No! Eran un grupo de Policías, cuya protesta pacífica, fue arrojar las esposas a la escalera, como símbolo de paz para aumentarles sus sueldos. De pronto me golpearon con las esposas y desmayé en un escalón. Tenía un chichón en la cabeza, que parecía un pomelo. Vi a mis pies botas de Yuta, seguro que me llevaban.

   Alguien pidió que me levantara y le pasara la mano por el hombro.

   —Tranqui, fuimos compañeros de Secundaria, vos no te acordás, pero yo sí. Vamos a caminar por este túnel. Buenos Aires, está lleno de túneles, con distintos recorridos. Me los conozco todos. ¿Vos a dónde tenés que ir?

   —Calle Garay entre Catamarca y no sé bien, pero tengo el número anotado.

   —Nos faltará, un túnel y medio. ¡Mirá, se ve el final con luz!, a ver esperá.

   Se quitó los arneses policiales y quedó en pelotas.

   —Prestame tu piloto, no voy a salir así. Y te invito a mi casa, tomamos un café, cognac caliente, lo que quieras. No soy Policía, soy espía de Policía.

   Al segundo trago se puso cachonda y esperaba algo más. Me negué.

   —Mirá, mi Mujer es como una Policía y su placer es espiarme. De lo que estás  pidiendo en silencio, no acostumbro ser infiel a mi Mujer. Y mucho menos con vos, te recuerdo clarito, una Policía por vocación.

   Pegué la vuelta y ella estaba apoyada en el marco de la puerta, con mi piloto abierto. Me tomó de la nuca, como los que saben llaves para inmovilizar. Yo no pude hacer nada, ella me llevó con destreza. Fue dentro de su casa, dentro de su cama. Sus microtúneles, eran de esos que te perdés y no podés llegar a casa, ni encontrarte con tu Mujer. Es demasiado doloroso. Mejor seguir aquí, esta Mujer conoce todos los túneles y yo conozco otros. Nos perdimos juntos.

jueves, 11 de agosto de 2022

LA QUERESA

 

   Lo amenacé con una cuchilla grande. Él caminó para atrás, se mató con un clavo oxidado que estaba en la pared. Yo no fui la culpable, la cuchilla era para asustarlo.

   Al turro no le había tocado ningún órgano vital. Lo salvaron los Médicos. No contento con eso, me denunció a la Policía. Tuve que asistir a prestar declaración. Trajeron una bolsa de nylon transparente y sellada.

   —Aquí están las pruebas, Señora.

   Me puse los anteojos y miré con asco aquel contenido.

   —Usted misma puede ver, es una cuchilla y un clavo oxidado.

   —Mi cuchilla de cocina, su uso es solamente culinario.

   —¿Puede relatar lo sucedido desde el principio?

   Lo miré con cara de odio, como se mira a un Policía.

   —El reo me robó la billetera, lo negaba hasta que la encontré en el bolsillo de su campera. Le dije que lo iba a matar, por supuesto que fue una amenaza y el muy gil se lo creyó. Pensar que yo misma, me encargaba de llenar la palangana con agua tibia, probaba la temperatura con el codo, para ver si estaba a su gusto. Él metía los pies y yo, arrodillada, le sacaba la queresa, que hacía más de un mes que él no lo hacía. Le secaba el pelo, lo peinaba, lo perfumaba, lo vestía y lo mandaba a trabajar. Ignoraba que no tenía trabajo, por eso me robaba. Doy por terminada mi declaración. Comisario, le recomiendo que mire cómo escribe el Oficial, tiene faltas de ortografía y por ser tan lento, salteó pedazos de mi declaración. Usted sabrá, aunque en general, ustedes nunca saben nada.

   —Espere, Señora, por favor, los Policías no somos todos iguales.

   —Bueno, déjese de hablar pavadas, me devuelve la cuchilla que es mi instrumento de cocinar. También exijo el clavo oxidado, para sostener la viga del dormitorio.

   —Sí Señora, espere que le envuelvo todo como para regalo. Le agradezco sus palabras, claras y directas. En cuanto a su Marido, póngase contenta. Lo tenemos encerrado y el Juez seguro que decide alguna injusticia.

   —Le pido, Comisario, no me citen nuevamente, aquí hay olor a pis, a sobaco y a corrupción.

miércoles, 10 de agosto de 2022

NIÑO LINDO BUENO APRENDE

 

   —Mami, me dijeron que los hoteles alojamiento están cerrados. ¿Por qué los cerraron?

   —Para que no contagien el Covid 19, haciendo esas porquerías.

   —¿Qué porquerías? ¿Las que se tiran a la basura?

   —Niño lindo y bueno, no me preguntes más, acá cerca hay tres y están funcionando.

   —¡Viento!, Mami, por fin los voy a conocer, me parece que soy un poco más grande y ya puedo.

   —Cuando venga tu Padre le voy a contar todo lo que dijiste.

   —Él te va a contar que su mejor amigo, va todos los días y su Mujer no sabe, pero sospecha. Le pidió un favor, cuando él esté en el telo, va a decir que está con Papá.

   —¿Vos lo escuchaste niño lindo y bueno? Porque me estoy volviendo loca de tanto estar loca.

   —Siempre estuviste loca, hasta yo me di cuenta.

   Llegó Papi y le pidió perdón, una vez por semana visitó el alojamiento, para acompañar a su amigo. Yo no le creí y me parece que Mami tampoco.

   —Papi, ¿por qué mentís?, si vas todos los días.

   —Y bueno, no miento, salgo todos los días con la Mujer de mi amigo. Me pide que la abrace, que le dé besos. Se nota que necesita cariño. Igual no pasa de ahí. A veces pasa sin que nos demos cuenta. Es de vez en cuando. Se siente sola con esto del Covid. No me puedo negar, soy un caballero, ella es un desahogo para mí.

   Dijo Mami:

   —¿Cómo vas a sincerarte delante del niño?, sos un animal.

   —Por mí no se preocupen, la niña del amigo de Papá, es tan linda y tan buena, que la voy a invitar a jugar al cuarto oscuro. Igual, no pasará de ahí.

martes, 9 de agosto de 2022

PELAR EL SUEÑO

 

   —Terminal!

   El chofer vio un pasajero dormido, le palmeó el hombro. Se despertó como si siempre hubiera estado despierto:

   —Chofer, me he pasado cuatro estaciones, culpa de la patota.

   El chofer preguntó qué patota.

   —La que me tiró al piso, me robaron, me hicieron este tajo y me…

   —Un momento Sr, fíjese si tiene todo lo que llevaba.

   Estaba el llavero, la billetera, documentos y celular.

   —Y en cuanto al tajo de la cara, yo no veo nada, trompadas ni el espectro.

   El pasajero se levantó y dijo:

   —Tendrá que acompañarme a hacer la denuncia.

   Lo miró mal el chofer:

   —Ud pretende que yo, haciendo catorce horas de laburo lo voy a seguir a la yuta. Cómo se reirán de su declaración y por ende de la mía.

 El hombre se acomodó el sombrero, subió camisa y corbata hasta el mentón, dejó que cayera a su aire. Fueron en el micro hasta la comisaría. El pasajero denunció los vejámenes a que fue sometido por una patota, que quiso robarle todo lo que llevara encima, explicó que por suerte tenía todo. En lo mejor apareció una mujer elegante y furiosa:

   —Éste bueno para nada que ven acá, es mi marido, es sonámbulo, puede sonambulear cuatro días seguidos y nadie lo nota. Apariencia normal, pero sus pensamientos avizoran incendios, bombas, fusilamientos. El vicio que tiene es subir a un micro sonambuleando, con la zarandaja del micro imagina situaciones. Queda tieso porque duerme hasta el final del recorrido.

   —Uds disculpen, Sres policías, no volverá a suceder.

   Cuando se fue quedó el chofer, que tenía la boca abierta, parecía para siempre.

   —Si les cuento no me lo van a creer, pero fue así. Ella también es sonámbula y más de una vez me la he tenido que llevar a casa, se duerme conmigo y dice cosas que me vienen bien, yo manejo todo el día, si la Sra quería manejarme a mí, que se maneje. Igual es buena gente, aunque sean sonámbulos, peor ser negro, chino, judío, argentino, eso sí que es peor.

lunes, 8 de agosto de 2022

LA PRESENTACIÓN

 

   —Me llamaron del Gabinete y las escuché, una decía que mis ejercicios matemáticos, eran de un niño superdotado. Mi Señorita opinaba que era bipolar.

   —¿Qué quiere decir bipolar?

   —Quiere decir que tenés dos polos, yo pienso que sos multipolar. Es complicado de explicar. Fingís tristeza y alegría, niño lindo y bueno. Sos el mejor Actor que conozco.

   —A mí me encantaría trabajar en un Teatro. Puedo hacer todos los personajes, el ser multipolar me facilita. Mami, yo soy un montón. Voy a proponer en la Escuela que me presten el Salón de Actos, para actuar los sucesos de mi casa, las peleas de vos y Papá. Y otras cosas que veo que ustedes ni se imaginan. Seguro que va todo el Colegio y al final vendrán los aplausos y los gritos que dirán: “¡Otra, otra!”.

   —Ni se te ocurra, lo harán porque son chusmas. La sorpresa será que en nuestra casa, ocurre lo mismo que en las suyas.

   El Niño abrió la función hablando de sí mismo y sus virtudes. Cómo su Mami y su Papi se peleaban todo el tiempo:

   —No dicen malas palabras, para cuidar el lenguaje en mi presencia. Cuando creen que no estoy, se bañan juntos, para no llegar tarde a sus trabajos. Después se putean por cualquier cosa. Cuando Mami enceró y mi Papi se resbaló, se quebró una pata. Cuando socializan parecen culturosos, se dan piquitos para demostrar que se quieren. No es así, son un matrimonio de mentirita. Prefiero que vivan así y no que se divorcien. No sabría con cuál de ellos me tocaría. Mami es mano larga y Papi alquila películas de terror, para que me calle. Yo no sé para qué me tuvieron. A mí nadie me quiere, presiento que hay una fucking bomba de tiempo, en mi asiento. Al final no explotó y se avecina la pandemia. Yo no los prevengo, que se arreglen. Si no, pueden recurrir a los Gobernantes varados en París.

domingo, 7 de agosto de 2022

DIAGONAL

 

   Habito el cuarto piso, mi nombre es André Benoit y mi Tatarabuelo diseñó esta Ciudad. Mi esposa y mis hijos murieron, todas las mañanas abro las ventanas de las habitaciones. Las camas de mis hijos están tendidas, con las pantuflas al costado.

   Una Mujer que se encarga de la limpieza, lleva la ropa de la familia ausente, incluyendo las sábanas, a la tintorería cada dos meses. Todo tiene aroma de alcanfor, encuentro mi infancia gracias a ese olor. Después de desayunar en un Bar de la Diagonal, camino hacia la Plaza San Martín. Disfruto el aroma de los tilos, las magnolias tan intensas, el color de los ceibos, la sombra de las palmeras.

   Hay cuatro jardineros que se ocupan de la plaza, parecida a un Jardín Botánico. A veces me pierdo en la memoria de mis hijos, tirando semillitas, para que los pájaros canten más alto. Abren los bebederos al máximo y vienen los pájaros a darse unos baños cortos, porque los Guardianes de la Plaza, hacen sonar sus silbatos. Y mis nietos se asustan, o mis hijos, los confundo.

   Miro mis manos jóvenes que dedican sus horas a dar vuelta las páginas de los libros. Ahora dejé mi hábito de la lectura, el Oculista me anunció que disfrute lo que pueda, porque se avecina la ceguera de las sombras. Le hablé a Jorge Luis, para preguntarle, me atendió como un Lord:

   —No te preocupes André, desaparece lento y después te acompañan los otros sentidos.

   Me miré las manos, están surcadas de puentes azules y violetas, los dedos tomaron distintos rumbos, se cansaron de estar juntos y engordar algunos, otros parecen quebrarse.

   Tuve dos infartos consecutivos, mi cuerpo respondió a las operaciones y los Médicos contentos, no por mí, sino por sus trabajos. Me di cuenta por los cobros desmesurados.

   Sigo yendo por la Diagonal, desayuno en el mismo lugar. Se me durmieron las piernas para siempre, tengo un acompañante, que por suerte es alegre y canta mientras arrastra la silla de ruedas.

   —No me gusta verlo siempre en esa silla, si usted lo permite, lo traslado a un banco de la Plaza.

   Tengo una justificación para no contestar, puedo escuchar, pero no hablar, me acompañan el canto de los pájaros, cada vez más lejanos, la audición declinó, a veces me parece que dejé de escuchar e imagino sonidos.

   Sigo en la Plaza, hace frío, mucho frío, debe ser de noche.

   Siento el inconfundible olor a Hospital, alguien me extiende un lienzo, cierra mis párpados y me tapa hasta la cara.

sábado, 6 de agosto de 2022

LET IT BE

 

   —No te pongas los dedos en la nariz, usá pañuelo, como dice Mamá. ¿Sabés hacer pancitos?

   Es un agente encubierto del asco, me mostró su colección de pancitos en el retrato de nuestro Padrastro. Tenía razón, se lo merecía, le pegaba a nuestra Madre, era un tipo de tomar vino hasta el fondo. Ella lo arreglaba con maquillaje y lentes oscuros. A nosotros nos daba con todo. La Señorita preguntó si nos peleábamos seguido. Mi hermano, que es un poeta le decía que el chico más grande de la manzana, nos robaba la pelota y así nos ganábamos los golpes.

   Para mi hermano, la pelota era más hermosa que la luna, la defendía como a una novia. La Señorita nos mandó al Gabinete y vinieron nuestros Padres. Se hacían los sorprendidos:

   —Nosotros concurrimos a Terapia de Pareja, pero no hablamos de los chicos, creo que ni siquiera sabe de sus existencias.

   A los Padres se los acusó de abandono de personas, agresiones reiteradas y negación de la Potestad. Los chicos, en la duración de los litigios crecieron, uno tenía quince años y el hermano dieciocho. Les otorgaron una casa con una Acompañante Terapéutica, que los dejaba ser y eran felices. De noche se turnaban para entrar a su habitación, ella les enseñó todo lo necesario para hacer feliz a una mujer.

viernes, 5 de agosto de 2022

MIÉRCOLES 17 HS

 

   Triste de nacimiento, depresiva compulsiva. No podía quererme ni por una opción diferente. Detestaba mi ser, por fuera y por dentro. Esto último era tan amplio, lleno de sombras y ámbitos oscuros donde estar en paz conmigo resultaba una broma del pensamiento. El miedo de creer en la genética del suicidio, devengo de una familia muy creyente en suprimir sus vidas por propia voluntad. Cuando el deseo se me hizo insoportable pedí un turno con Bourdet. Así transcurrió una vida de todos los miércoles, a las cinco de la tarde, con alguienes que me tiraban sogas en momentos aciagos. Excelentes escuchas todos. De Jorge pasé a Flavio y de éste a Lucía. Y que viva Freud y que vivan estos tres ortodoxos. Maestros de palabras y silencios. Asistí al primer analista ignorando el tiempo y el espacio. Deliraba con voz inaudible y Bourdet supo de mi hijo recién nacido. Le pedí perdón por no saber cuidar aquella criatura desconocida y voraz, por asistir a las sesiones sucia y despeinada, por rascarme el pelo de modo continuo. Pidió que lo tuteara, contó de sus pacientes en Romero que jamás se bañaban, tenían piojos y olor a todo eso. Él los escuchaba, la falta de aseo en ellos no importaba. Lo mío no era nada:

   ─Tranquila ─decía, en cuanto al bebé aseguró que seríamos grandes amigos.

   Había que esperar y Jorge acompañó la espera, con llamados cotidianos a medianoche. Así ganó mi confianza y un día cesaron los teléfonos nocturnos. Luego de años comprendí la grandeza de Jorge, la enorme responsabilidad de su paciente loca con un bebé, recién nacido, a cargo. Después de saber cuándo eran las cinco de la tarde o las diez de la noche, después de entender el espacio que existe entre la rajadura y la junta, Bourdet dejó que describiera al ineludible pa y ma de mis primeros años y los posteriores. Con él fue siempre cara a cara, no me tentaba el diván, necesitaba ver sus ojos, la expresión de su cara. Cumplimos un ciclo y nos divorciamos de común acuerdo. Aclaré locuras viejas y parí locuras nuevas.

   Derrapé en Flavio. Fumaba en pipa y tenía una inmensa foto de Freud a sus espaldas. Me dio risa la Mise en escena, él preguntó porqué no le contaba así nos reíamos juntos. Él así lo quiso y yo le dí el gusto. La siguiente sesión desapareció el retrato de Sigmund y la pipa. Aparecieron los Particulares. Como Bourdet, usaba siempre el mismo pulóver, lo pensé como el hábito del oficio, el guardapolvo del trabajo. Buen analista el flaco, algo rudo como cuando dijo que me dejara de ñoñerías:

   ─Tenés treinta y ocho, ya sos una señora, no jodamos.

   O cuando le pedí el diagnóstico y contestó:

   ─Depresión machaza, el miércoles la seguimos.

   Aquella vez que no supo qué decir de mi cuerpo que lloraba de los pies a la cabeza y se acercó y me dio un abrazo de padre, sin palabras. Luego de improviso me mudé a un pueblo lejano. Se puso como caballo indignado, decía que la gente era lo peor que podía, me daba libros de poetas platenses no valorados. Por vez primera dejó que le viera el “él” que no había imaginado. Al llegar a este pueblo llamé a una psiq-psi. La elegí por su prestigio y por su nombre de luz de agua. Ella preguntó quién me derivaba, yo le contesté que acostumbraba a derivarme sola.

   Hace más de una década que Lucía trata de estabilizar mis histerias y otros carajos que no tienen nombres. Por vez primera sentí la confianza de tirarme en un diván. Lucy no es como Jorge o Flavio, ella tiene disfraces de todos los colores, atuendos inauditos, sombreros exóticos y una seguridad tan depositada que permite abrir puertas y ventanas. Echa luz donde hubo negro y agua cuando uno se mustia.

   Lucy me dio permiso para mi bohardilla, mi jardín de invierno, mi estanque selvoso, me mandó de vacaciones. No es literal, son semillitas que ella tira al aire, está de uno germinar o nada.

   Ella nunca muestra si su tristeza es honda o de qué tamaño es su alegría. Lucy es y quiere que uno sea. La primera vez que me advirtió de su viaje a algún lugar, le lucía un lago en la partida.

jueves, 4 de agosto de 2022

EL VIENTO

 

   Se enojaba si no le avisaban, así contó él. Alguien del laburo lo llamó para decir que Luis estaba enfermo. No preguntó nada, se derrumbó junto al teléfono. Mientras el viento quería llevarse sus rulos había palabras que se perdían, lamentos ciertos y definiciones inciertas. El café frío de tanto hablar y el pucho apagado. Le agregó azúcar que el viento dispuso fuera de la taza. Prendió el encendedor cuando advirtió, entre sus dedos, el apagado terminado. Parecía capaz de fumar otro y llegar fuera de hora. Lo hizo. Se despidió confuso y caminó errático.

   Hoy nos dijo que Luis murió. Habló de la injusticia de esa ausencia, un intelectual, un soñador, un grande, uno de esos que no se perciben de tanto que armonizan con la vida. Tapaba con bronca el dolor que no lloraba. Pagó el café de memoria, se despidió con abrazo y sonrisa de percha. Dio pasos apurados, quiso ser puntual. Cuando dobló la esquina sopló un viento repentino.

   Pasaron muchas horas y no deja de soplar, arranca las hojas de los árboles del verano, silba, cruje, grita.

miércoles, 3 de agosto de 2022

SALOMÓN

 

   Vivían de los frutos de la tierra, en Checoslovaquia, cerca de Trebisov. Los labriegos, con sus herramientas sencillas, hicieron un pozo redondo y profundo. Los soldados pusieron hombres, mujeres y niños en los bordes. La metralla se ocupó de llenar aquel agujero, con un pueblito entero. Salomón, cuando escuchó el retiro de los motores, trepó entre cadáveres hasta encontrar el cielo. Tenía doce años, único sobreviviente de un pueblo de muertos y casas en llamas. Corrió de aquel espanto, a través de aldeas en llamas, como la suya. Siguió corriendo entre abedules de terrenos salvajes. Su primer tropiezo fue providencial, un carromato de familias judías que lo adoptaron de inmediato. Historias más, historias menos llegaron cruzando el océano al puerto de Buenos Aires.

   A los noventa y cinco años dormitaba en una hamaca primaveras y veranos. Nos saludábamos, pero nunca hablábamos. Era un viejo hermoso, de pelo blanco y ojos color cielo. Cuando nació mi hijo, Salomón preguntó su nombre  y sonrió cuando le dije:

   ─Simón.

   Tomó sus manitos y besando su frente dijo:

   ─Shimele, bonito nombre.

   Luego me enteré el significado, era un diminutivo, Simoncito. Todos adoramos al abuelo Salomón, su memoria era prodigiosa, pero nunca contó el horror de su pasado. Vivía con su nieto, que es el padrino de mi hijo, además, entrañable amigo.

   Una noche de invierno, el abuelo Salomón decidió vivir en el cielo. Hubo que enterar a Simón. Con apenas cuatro años, caminó a su cuarto y desde allí se escuchó su vocecita, diciendo que no quería tomar la leche ni asistir al jardín, hasta que el abuelo Salomón volviera.

martes, 2 de agosto de 2022

VAIVÉN

 

   La flia nunca quiso tratar la demencia de la Madre de Molly, al saber que esperaba su segundo hijo, habiendo denostado a la primera, que fue Molly, la familia la marginó definitivamente.

   Molly se crio a sí misma, se mandaba a la Escuela, se alimentaba de polenta y mandarinas. Intentaba dar besos a sus padres, que la apartaban como a un perro callejero. Su Madre, una psicópata encubierta y el Padre, un indiferente crónico. Cuando Molly cumplió dieciséis años, le anoticiaron la llegada de un hermano. La sorpresa la dejó inmersa en un después incierto. Le preguntó a la Abuela, a quien visitaba a escondidas, tenía prohibido establecer una relación.

   —Ay, Abuela, pobre ese bebé que está llegando. ¿Y si no es tan fuerte como yo, que será de él?

   La Abuela mentía bondad en su hija y generosidad en su yerno, una de las caras del amparo, para que Molly no sintiera la intemperie.

   —Vos ya cumpliste dieciséis, Molly, terminaste tu Secundario en tiempo récord y te regalás un Año Sabático antes de la Universidad…de algún modo, una hermana tan grande es como una Madre.

   Molly volvió a su casa contenta. Sin saber, hizo maniobras de cambio, mudó el pequeño escritorio, al lado de su dormitorio, pintó el minicuarto de celeste marítimo y el techo de azul pampeano. Encontró en el galpón de las porquerías la cuna mecedora, donde durmieron tres generaciones, le dio un lustre superficial.

   Cuando nació Santo, su Madre tuvo un brote de Madre, le dio la teta, cambiaba los pañales, le cantaba en susurros.

   Molly veía los besos que recibía Santo y pensaba: “Esta vieja loca le está dando los besos adeudados a mi persona, mejor, lo mío fue, él recién empieza”. A los seis meses, la Madre volvió al centro perfecto de su locura: dejó al niño en manos de nadie. Allí fue cuando Santo se convirtió en un bebé de llanto continuado. Molly empezó a mecerlo de noche, hasta quedarse ambos dormidos.

   El Padre volvía de trabajar y los miraba:

   —Así me gusta, Molly, que mimes a tu hijo.

   —Papá es tu hijo, no mío.

   —Disculpá hija, la locura de tu Madre es invasiva.

   Y se retiraba tocando con el dedo meñique, la nariz de Santo.

   Ellos no tenían vínculos con nadie, pero fueron duramente criticados. En especial cuando Santo, le decía Mami a Molly. Ella lo cargaba en una mochila y dio el Ingreso, con resultados de niveles que asombraban a los profesores, siendo una alumna madre soltera.

   Santo era tan feliz, se prestó a confusiones de parentesco, cuando del Jardín la llamaron para felicitarla por el comportamiento de Santo, ella dijo:

   —Lo que sucede es que al ser hermana de mi hijo, nos da fuerzas para divertirnos, aún ante situaciones adversas.

   —¿Cómo es eso, Molly?, no entiendo.

   —No se puede explicar, es complicado.

lunes, 1 de agosto de 2022

LA PUERTA

 

   Espió por el ojo de la cerradura, no lo conocía, era un ladrón, si a ella no la visitaba nadie. Si no le abro me rompe la puerta y es nueva. Es lo único nuevo de la casa. Lo hizo pasar:

   —Sos un ladrón, a pesar de mis noventa y ocho años, te parto este jarrón en la cabeza.

   Y se lo partió, se alegró, porque fue regalo de su suegra.

   Siguió con palos de golf sobre la espalda, encontró un martillo y le partió los dedos de los pies, con una maza le rompió las rodillas. El ladrón intentaba explicar.

   —No me dirijas la palabra, delincuente perverso.

   El hombre trataba de incorporarse tomado de la puerta.

   —Ah, me querés robar la puerta que me mandó a hacer mi sobrino, por seguridad ¡Oh, qué seguridad!, una puerta.

   La de latón era lindísima, ahora tener que limpiar toda esta sangre, a mi edad.

   Ahí lo veo que se va, en cuatro patas, ya va por mitad de cuadra, suena el teléfono:

   —Sí, soy yo, no sabés sobrino, gracias a tu puerta nueva, lo que me pasó. No te preocupes, al tipo lo hice picadillo…

   Escuchó la voz enojada del sobrino:

   —Tía, me volvés loco!, el Sr que te visitó hoy, es el que se encargó de hacer la puerta, con blindaje escondido, hoy te llevaba las cerraduras de seguridad ¿Qué le digo yo al tipo, ahora? ¿Qué le digo?? ¿Eeh?

   La tía respondió en voz alta:

    —Decile que las puertas que hacen son una mierda, cualquier ladrón entra como pancho por su casa. Traé la de latón, esa no falló nunca.

domingo, 31 de julio de 2022

EL SEÑOR NO

 

   No como, no duermo, no tomo agua no trabajo. Vivo del aire, papando moscas como predijo mi madre. Lo que no supo es que mi mejor amigo soy yo.

   Hoy tengo sesión con mi psi Oliverio.

   ─¿Y a qué debo el disgusto de tu visita?

   ─Querés decir el gusto, ¿o no? Vengo porque quiero saber quién soy.

   ─¿Y vos qué pensás que sos?

   ─Oliverio, no me venga con el mismo verso que usan todos los psi. Me siento orgulloso de ser yo el tipo más piola del mundo. Pero ya veo que mi mejor compañero soy yo. Si tuviera que casarme me casaría conmigo. Tendría una que otra discusión, yo mismo me calmaría. ¿Y vos qué pensás de vos si pensás?   

   ─Soy un solitario, me place cuando atendí los pacientes de ese día. Me cansan, me aburren con sus quejidos “cómo subieron los precios” o “me parece que mi marido me engaña”. Dicen tantas boludeces. Todos esperan lo mismo, que se caiga este gobierno de mierda. ¿Sabés por qué no hacemos nada? Yo tampoco sé.

   ─Me tenés que dar la receta, ¿te canto mi carnet de osde?

   ─Mi única receta es que te construyas una ermita con muchas violetas. Si de eso te alimentás, te vas a dar cuenta quién sos. Osde no reconoce las violetas, no te harán ningún descuento.

   El psi Oliverio está más loco que yo. No voy a venir más. Prefiero encerrarme en mi casa y sostener una charla conmigo, para decirme de una vez por todas, quién carajo soy.

sábado, 30 de julio de 2022

SERVIDUMBRE

 

   Trabajaba en una especie de rancho castillo o castillo rancho. Lo realizó un carpintero de Bernal y un marmolero del Cementerio Platense. Desde los ocho años Domitila cebaba mates, limpiaba, cocinaba, hacía los dormitorios, a cambio de techo y comida. Los patrones la encontraron desmayada en la cocina, el exceso de trabajo le produjo anemia, guardó cama tres días. A instancias del médico, tomaron personal nuevo. Un mayordomo, una mucama, una lavandera y una niñera.

   Quedó tiempo libre para Domitila, su patrona la mandó a la escuela primaria y terminó su secundario. Se convirtió en una dama joven y elegante. Quien no conocía a la flia, creía que Domitila era la mayor de los hermanos.

   —No puede ser que confundan gente normal con los sirvientes. Domitila, si bien es cierto que ahora es persona con estudios, sigue siendo sirvienta.

   El más grande de los hijos de la patrona, la quería como a una hermana.

   Ella le leía cuentos por las noches, abrazados, cerca del fuego. La menor de todos los hijos, le tenía una envidia venenosa. En especial cuando a ella la confundían con una sirvienta. Contó a su madre que su hermano y Domitila hacían chanchadas en el sillón grande. No le creyó. La hermana comenzó con maldades, juntaba cucarachas y se las ponía entre las sábanas. Le preparó un brebaje que la hizo dormir cuatro días.

    Aprovechó para pelarle la cabeza y recortarle las pestañas. Lo peor fue cuando destrozó la muñeca, el último regalo de su madre antes de morir.

   Domitila craneó una solución definitiva, esa tilinga nunca la dejaría en paz, parecía querer matarla, todo iba in crescendo. La noche del eclipse, Domitila llevó a la hermana al bosque cerca del río, le dijo que era el lugar para ver mejor. Cuando se puso todo negro, la llevó a la punta de un risco.

   Ella no quería que Domitila la tocara, prefería ir sola.

   El risco tenía musgo, la hermana cayó al río caudaloso y revuelto. Domitila vio cómo la hermana era arrastrada por el río, cuando no la vio más sintió alivio. Fue rastreada por personas y perros, la búsqueda infructuosa, no obtuvo resultado.

   —Ya va a aparecer, estoy segura que volverá ─decía la madre, como un fantasma mirando el río.

   Al mes, Domitila y el hijo mayor se casaron, cuando el cura dijo el consabido:

   —Si hay alguien o algo que impida esta boda, que hable ahora o calle para siempre.

   La ceremonia fue interrumpida por la entrada de la hermana, vivita y chorreando agua.

   —Ninguna sirvienta se casará con mi hermano.

   Dijo el cura:

   —Que sea sirvienta, no es una razón, hija mía.

   La hermana quiso arrancarle los pelos a Domitila, olvidó que ella misma la había rapado. Los novios, apresurados, dijeron que aceptaban, el cura los consagró de lejos, les gritó que comieran una miguita de pan, es lo mismo que una hostia. Ellos subieron al camioncito, repleto de libros, en la curvas, uno o dos se caían.

   —Domitila, pensé que la habías matado vos. ¡Qué garrón!

   —¡¿Cómo se te ocurre?!

   Hizo media sonrisa dulcemente diabólica.

viernes, 29 de julio de 2022

¿TANTO?

 

   Siempre estoy sola, soy sola, me gusta. A veces me abrazo a mí misma para tener algo en común conmigo. Necesito quererme y hago lo posible y lo contrario, odiarme. No sé qué decirme. Hace tanto que no hablo con nadie, hago el esfuerzo y las cuerdas vocales se trabucan.

   Llamaron al celular. Estaba invitada a una fiesta donde me decían que iba a estar con mis amigos de antes. Dije sí, no sé por qué. Me recibieron con globos y pancartas. No podía recordar sus nombres. Nunca me sentí tan sola. Me escapé por la puerta trasera y cuando llegué a casa, vomité todo lo que había escuchado. Cerré puertas y ventanas, blindadas el año pasado. Las pesadillas me acosaron toda la noche.

   Desperté con el propósito de invitarme café en la esquina. Mi cita era frente a un espejo. Me tengo que preguntar quién soy, cómo y por qué. Soy yo, alguien perversa, agresiva, histérica, psicópata, mentirosa. No sé para qué coño me cité. No me gusto, me detesto.

   No molesto a nadie, porque no hay nadie. Soy de pensar mucho, a veces tanto que me parezco a margaritas, calas, claveles del aire. Ellas no hablan, a mí me parece genial.

jueves, 28 de julio de 2022

CONVIDÁ LOCO!

 

   Fausto fumaba un porro contra un árbol de la Plaza principal. Llevaba la mochila con medio kilo más del material. Tres motos de la policía lo rodearon y lo condujeron a la Distrital.

   Dijo el más capito:

   —Encima es menor, que si no lo deshago, pendejo drogón, hay que llamar al padre y que se maneje. El material incautado lo repartimos entre nosotros.

   El chico, en un rincón, escuchó la llegada de su padre y tembló. El viejo lo levantó del cuello de la campera y le daba cachetadas, que luego fueron trompadas y más tarde puntapiés en cualquier parte. Los canas quedaron espantados al ver cómo un civil podía ser peor que ellos.

   Fausto fue llevado a Terapia Intensiva por su propio padre. Explicaba a todos:

   —Le apareció el coma porque yo le puse el punto sobre la ies.

miércoles, 27 de julio de 2022

MALA LECHE

 

   ─Yo pienso venir al humillante trámite de supervivencia hasta los ciento veinte años.

   Don Juan la miraba risueño:

   ─Bueno, el día que no nos veamos ya sabemos que la superviviente es usted.

   ─Que no le quepa duda, vengo de una familia de ciento y pico. Cuando me muera será por hartazgo.

   Don Juan, que iba por los noventa, siguió a Carmen Vidurria de noventa y cinco:

   ─¿Vamos por ahí?

   Don Juan no sabía dónde quedaba por ahí ni por allá, hacía tiempo había perdido la memoria de ese espacio. Por esta dificultad, confundía el inodoro con el zapato. La calle los recibió con motos y autos. Él la tomó del brazo y ella lo llevaba del hombro. La velocidad de la calle les era conocida, pero ambos miraban fuera de ellos, tantos salvajes juntos, parecían querer expulsarlos de la vida.

   Iban enlazados como troncos de glicina y llegaron “ahí”. Donde las verbenas. Los espliegos y robles sirvieron al descanso de los viejos, que recostados pusieron en orden los latidos de sus taquicardias. Un agente del desorden, pidió que se retiren porque ese sitio era público.

   Carmen Vidurria dijo:

   ─Usted mismo lo ha dicho, es público, debió confundirse de orden, vaya mijo, vaya.

   Terminaron en la cama de Don Juan, les llevó tiempo desanudarse y el doble, desnudarse.

   Recordar cómo era, les resultaba imposible.

   Él no sabía qué tenía que poner dónde y ella olvidó sus zonas erógenas. Se abrazaron y el recuerdo emergió. Carmen Vidurria despertó a Don Juan, le propuso un matutino. Claro, pensó él como ella no tiene que hacer nada, piensa que yo sí debo.

   Además, no recuerdo qué pasó y mucho menos cómo se hace.

   ─Bueno, ─dijo Carmen Vidurria─ entonces tomemos unos mates. Para mí es lo mismo.

   Ella trató de rescatar la memoria nocturna, sin éxito:

   ─Don Juan, voy a casa, me siento agotada, nos vemos en tres meses, es tiempo suficiente para reponerse.

   Cuando llegó el día, Carmen Vidurria se vistió como para un casamiento. Sombrero de paja de Italia, con el jardín de los cerezos cayendo en sus hombros, vestido de seda gris, con una cinta roja en la cadera.

   Le dieron el certificado de supervivencia, antes le tomaron la temperatura, si estaba fría no lo podían otorgar. Carmen Vidurria, mirando a ver si lo encontraba, escuchó una señora muy aseñorada:

   ─Usted busca al Señor Don Juan, él falleció hace una semana.

   Ella la miró como si el mundo hubiese dejado de girar:

   ─¿Y no dejó nada dicho para mí? 

   La mujer aseñorada preguntó su nombre:

   ─Sí, dejó un mensaje para usted, aquí está: “Querida  Carmencita, lamento haber partido antes que vos y lo que más lamento, es que ya, me acordé cómo se hacía”.

martes, 26 de julio de 2022

YA VOTAMOS ¿Y?

 

   Se lastimó la mano con el cortapapel del escritorio, pensó que no tenía filo y abrió la cuenta de Arba, como hacía su padre, eran tan altos los impuestos, que se había propuesto no salir de las conductas normales, hacer lo que estuviera dentro de sus posibilidades, lo demás navegando en el olvido.

   —Qué bestia que soy, me ensarté el cortapapel en las venas de mi muñeca izquierda.

   Se envolvió con una toalla y gritó el nombre de su amiga Soledad, vivían juntos desde chicos, pero jamás pensaron ni sintieron ganas de otra cosa, con otros tampoco. Enfermedad que se llama “Libido Ausente”.

   —¡Cómo te vas a cortar así, Ramiro! Te quisiste suicidar, yo te notaba triste y deprimido, pero qué te iba a decir si somos iguales. La sangre que te sale parece un grifo abierto.

   —Soledad, no seas mequetrefe, estoy cerca del desmayo.

   Ella puso la mano de él sobre las toallas del otro baño.

   —No puedo contradecirte, Ramiro, si tu deseo es suicidarte, hasta te puedo ayudar, siempre respeté tus elecciones. Uno se acobarda frente a sus propias decisiones, somos casi hermanos, excepto cuando se nos dio por besarnos, fue tanta la impresión que metimos nuestras bocas en detergente, con lavandina y trenet. ¿Te acordás que estuvimos alejados? El olor a lavandina nos hacía sentir que cuando comíamos, éramos dos sanitarios enfrentados.

   Ramiro estaba blanco.

   —Soledad, prefiero morir desangrado, antes que seguir escuchando tus boludeces, cortame la otra, de paso tenés un motivo para llorar en tus depresiones.

   Sonó el timbre, dos facturas más de Arba. Soledad juntó todas las boletas, las embebió en las manos de Ramiro y se fue en bici hasta el banco. Pegó las cuentas en la puerta y con un fibrón rubricó: ARBA, ASESINOS SERIALES.

lunes, 25 de julio de 2022

LA NOTICIA

 

   Hoy estaban todos reunidos en la despensa-vinería.

   Hablaban en voz baja, alguien le tenía que decir, tenían taquicardia, en la despensa se escuchaban todos los corazones tic tic tic tic. El más joven dijo yo y el más viejo se calló. Entró temblando de frío, con su sobretodo largo que usaba invierno y verano. Saludó a todos y todos respondieron juntos, bajaron la cabeza, algunos se apoyaron sus sombreros en el pecho. Pidió un vino tinto. Se lo tomó de un trago, prendió un pucho, se dio vuelta y preguntó:

   —Quiero saber qué pasó, así nos preocupamos todos.

   Uno de sus peores amigos le acercó un tazón de café, el mejor puso la silla cerca de él y pasó el brazo por el respaldo de su amigo.

   El más joven se arrodilló a sus pies, juntando las palmas le dijo que él, no podía decirle.

   El más viejo habló:

   —Mirá viejo, recién llamaron de Siria, tu hija murió anoche.

   Siguió tomando vino y no hablaba. Dejó de temblar, se quitó el sobretodo y lo tiró al fuego.

   Su mejor amigo lo llevó arrastrando hasta la casa, le puso su propio saco.

   En el camino decía:

   —Querés que te diiiga una co... una... cosa. Lo que más bronca me da es que no me avisara que se iba a morir...que no me avisara ¿entendés? Además ¿qué carajo estaba haciendo en Siria?