viernes, 8 de junio de 2018

PIANTÁ DE AQUÍ



   Hoy nos levantamos a las seis para llegar primero. El rito de prepararse, desayunar, tomar unos mates al llamado tripero y la ducha rápida. Él, hoy olvidó los anteojos.
   —Lo lamento, no traje los míos.
   Se enoja consigo, se enoja conmigo, putea el andar errático del tránsito. Corrí a la fila, sólo cinco personas audaces y molestas viven a dos cuadras.
   —¿Uds por qué vienen a chupar frío tan temprano?
   Me miran mal: —Yo quiero ser el primero.-Dijo uno-.
   Los otros tenían el mismo argumento. Llegó él, agitado de puchos nocturnos y tres matutinos: 
—Tengo que cargar la tarjeta de estacionamiento, vos quédate en el lugar, abren a las diez, antes llego, no te preocupes.
   Me dice al oído: —La plata de los impuestos la llevo yo, es mejor, por las dudas…
   Abrieron el Banco a las diez, él no llegaba. Entré y pedí un número. Me fijé en la cartera, estaban las tres boletas sin importancia, luz, gas, agua, prolijas como le gusta a él, pero del dinero ni noticias. Crucé a la plaza, yo estaba helada, cero grados y necesitaba aire. “Ya va a pasar”-Me decía a mí misma-.”Ya va a pasar…”
   Pasó en una Minicooper, con otro hombre que yo desconocía. Fumaban un habano cada uno, se reían, él miró el banco de la plaza y a mí, le causé risa, llegó a la carcajada y en un andar errático, desapareció.
   —¿Ve Oficial por qué asiento mi denuncia?
   El Oficial preguntó al Cabo: —¿Esta Sra,  pagó los impuestos?
   El Cabo movió la cabeza negando. El Oficial dijo: —Lo siento Sra, pero no puedo tomar denuncias de personas que no pagan sus impuestos, órdenes de arriba.

jueves, 7 de junio de 2018

SUSURROS DEL ACANTILADO



   Nadie me preguntó, ni mi Sra Madre Castellet: “¿Queréis nacer? ¿O deseáis no saber?”. No, ella de prepo dijo al Duque: —Quiero un hijo, si tan amable fuereis y vertieres una semilla donde tú conocéis mejor que yo.
   Germiné más pronto de lo esperado, me costó salir, las mujeres de alcurnia, suelen tener úteros estrechos y pujar les parece pecado. La fuerza la ejercieron: la Matrona, el Ama de Llaves y Robin Hood, que por aquél tiempo desconocía el comunismo y se dedicaba a subir el puente del acantilado, estrecho como las dilataciones de Madre.
   Cuando supe lo que era, comprendí aquello de que uno nace sabiendo todo y luego olvida. No fue éste mi caso, tengo una memoria por demás memoriosa. Felipa, la Doncella de Madre, me alimentó de sus pechos, los cuales eran tan pródigos, que debían arrancarme para dormir. Madre preguntó: —Felipa, ¿cuántos años teníais cuando paristeis la niña que duerme en la cocina?
   Tuvo miedo que la echaran, al saberse la verdad, desconocía la mentira: —Sra Castellet, tenía doce años y en no habiendo hombres en el castillo de la Sra, el Duque visitaba mi humilde lugar, para cubrirme si frio hacía y me daba el besito de las buenas noches. Los pechos me crecían. Yo los vendaba, para que el Duque siguiera el trato de niña, que tanto bien le hacía a mi orfandad. Una noche entró a su ceremonia diaria, cuando iba a cubrirme, habló: “¿Pero qué tenéis aquí, mi querida? Esto es un regalo, mejor dicho dos regalos, que podéis compartir conmigo, ¿me permites entrar en tu cama?, tomar calor de ti. Este castillo es helado en invierno. Nos calentaremos juntos. Si sintiereis algo raro, es una semilla que te pondré para devolver tus favores…”
   Madre no quiso saber más: —A este Duque que vive de mi fortuna, no le saldrá gratis lo que hizo.
   Parece que le gritó a mi Padre, desde el extremo del castillo: —¡Sois un viejo pedófilo de mal aliento!
   Padre se detuvo en mitad de una infinita escalera: —Felipa, aceptó gustosa mis favores y durante la germinación se fajaba, hasta el plexo solar, para que nadie notara que estaba en estado interesante. La niña nació como salida de un túnel, nadie tuvo que sentársele encima, gracias a su generosidad, privó a su hijita de leche, para entregarla a nuestro niño.
   La Sra Castellet no se dejó intimidar ante las confesiones del Duque, así habló: —Antes de iros, os diré que la semilla de nuestro hijo, no fue tuya, Robin Hood lo hizo con la bestialidad del bastardo, fue un placer, por mí desconocido, le acertó la semilla. El niño saldrá fuerte y de Izquierda tarifada. Ahora Duquestrán, vete al acantilado y tírate de aquél lado, hay cocodrilos hambrientos que gustan comer porquerías.

miércoles, 6 de junio de 2018

QUE NADIE SEPA



   El tamborcito me lo regaló Rita, cuando cumplí dos años y lo escondió mi madre, cuando tuve cuatro. Aguantó bastante, la pobre. Tenía hermanos antes que yo y después que yo. El séptimo era el único que tenía ideas, luego fueron ideología, se fue de casa para no comprometer a todos. Y se lo consideró desaparecido. El hijo preferido de Mamá, la volvió loca, ausentó su memoria y perdió las palabras. Papá la llevó a Irlanda y allí viven como si fueran nuevos. Nosotros quisimos quedarnos con Rita, que había perdido cinco hijos y un marido, en las mismas circunstancias que mi hermano. Nos recibió en su casa, se encontraba con el mismo deterioro que ella, la hicimos reparar, agrandamos las ventanas y achicamos la puerta de entrada. Ignoro la razón.
   Cuando cumplí treinta y tres años pensé que moriría y me pareció bien, muy bien. Pero con esta mala suerte que tengo, no sucedió. Tía Rita, ahora le decimos así para que sienta que somos parientes, encontró el tamborcito en nuestra casa primigenia. —Llegué a tiempo, sobrino, las ratas parecían dispuestas a comerlo.
   Todavía tenía los palillos, le mostré cómo tocaba con el tamborcito entre las rodillas. Los redobles conmovieron hasta a mi padre, que para nuestros cumpleaños, nos visitaba, sin Mamá, que tenía 43° de delirium tremens, y estaba convencida que nunca tuvo hijos. Descubrí mi vocación y les conté a todos: —Primero voy a estudiar batería con un gran Maestro y cuando me dé cuenta que sé, uno sabe cuándo sabe,  le diré al Maestro: good bye. En esta profesión, hay que saber inglés. Formé un grupo de jazz con tres amigos. Teníamos conversaciones de músicas, antológicas. Los admiradores nos llamaban: “Dave Brubeck Quartet”. Nuestro perfil era underground 100%, una noche, entre el público, encontré a mi hermano desaparecido, que no le avisó ni a Mamá. Gritaba mi nombre, no lo saludé. Soy un músico con ideas, tengo ideología, eso me permitió hacer de cuenta que no existía, después de todo era un desaparecido, hasta de la memoria de mi madre.

martes, 5 de junio de 2018

AMIGO


   Estaba solo como yo. Lo traje en una mano. Le daba alimento con gotero, mamadera y al poco tiempo comía por sí mismo. Mis pantuflas fueron destruidas, hasta convertirlas en guedejas inermes. Pensé en pegarle, pero me miró con la inocencia del que no sabe y no pude.  Cuando mordió los almohadones del living, las plumas suspendidas me hicieron pensar en odio nevado, enrollé unos diarios y arremetí contra sus asentaderas. Era lo único que tenía afuera, el resto del cuerpo lo trabó bajo mi cama. Lo saqué al jardín, ladró hasta que se prendieron las luces de los alrededores. Cuando me fui lo entré, hacía frío.
   Regresé tarde y contento. La mitad de mi novela fue aceptada con elogios  y me pidieron el resto. Tenía cuatro días. La casa era un infierno. Despedazó el colchón y masticó todos los libros del primer estante. Se arrastraba estilo hipócrita. Le di un puntapié y aterrizó en el jardín. Se transformó en alguien de afuera. No volvió a dormir bajo techo. Construí una casita de madera y arriba pinté su nombre: “Sorete”. Él quedó encantado, me besaba la cara y las manos agradecido. Al cuarto día tenía mi novela terminada. Quise festejar con alguien. Desayunamos juntos, adentro. Salí volando, no sin antes pasar por mi escritorio a retirar el material. Todo mi manuscrito hecho trizas, mi laptop hecha trizas y sin memoria. Sorete había entrado por el ventiluz de la cocina. Lo abracé para ahorcarlo y él me clavó sus colmillos en la carótida. Quedé tirado sobre las baldosas, no pude mover un pie, con una mejilla nadando en sangre. Sorete movía la cola y me alcanzaba pedazos de la novela. Movía la cola y limpiaba mi herida con la lengua. 
Esperaba un mimo, el muy sorete.                                                                                                    

lunes, 4 de junio de 2018

LA AUDACIA NO ENVEJECE


   La flia nuclear se reunía una vez por mes, Madre, Padre, Hijo y Nieto. Cuando fue chica la Madre, era todos los domingos, siempre alguien le señalaba con enojo, que bostezara a cada rato, menos el Tío Roberto que se dejaba coptar por el fuego, buen momento para no escuchar su mujer y dirigir con su brazo desplegado una sinfonía imaginada. Él también era señalado con enojo. Al diferente, acusado de loco en secreto, nadie le daba bola. Los normales, habrían preferido arrojarlo con las miguitas del mantel. Recuerdos de la ex-chica.
   Hoy es un Restaurante, lo que quedó de la flia numerosa. El Padre elige una mesa equidistante de las restantes, el Hijo al lado del Nieto, la ex-chica se queda con anteojos, un rato en cada mesa. Le pareció que todos se parecían a todos, si alguno hubiera cambiado de lugar, a otra mesa, nada habría cambiado. La ex-chica cumplía años, pensó que sesenta y ocho, su Marido dijo: —Sesenta y nueve.
 En un ataque de lucidez perestroika, pensó que si los números de sesenta y nueve mudaban al ves-re, noventa y seis, ella no estaría sentada en esa mesa. Tomó la botella de vino y sirvió dos copas hasta el borde y al hilo. Habló el Hijo: —Muy ordinario lo tuyo, no quiero papelones.
   Lo apoyó el Padre y el Nieto no escuchó, porque logró meterse con cuerpo y todo en el microcelular. Recorrió la ex-chica, con ojos de vino, mesa por mesa. Cuando se salía de foco, la misma mesa eran dos. Tanta observación la aterrizó en el ex-rotisero Bernárdez, ahora Senador en el Congreso Provincial, representando a Lugar Soñado. Corrupto, lavador, transatuti, petiso, gordo y rostizado, comiendo bocados enormes entre su flia acomodeitor. Eran dos mesas rotiseras.
   La ex-chica tomó dos tenedores, se puso de pie, caminó con dignidad de ocho y le ensartó uno en cada cachete. Ella volvió a su silla. Bernárdez no pudo ponerse de pie por su panza. Su flia sufría de lo mismo. Salían arroyitos de sangre y no podía quitárselos ni entre dos mozos. Claro, la grasa de los cachetes aprieta tenedores. En eso estaban. Mientras la ex-chica, su hijo, el Padre y el Nieto, seguían deglutiendo estilo: “Aquí no ha pasado nada”. El resto de la concurrencia sonreía, sin hablar, sin mirar y plena de satisfacción.           
   —Cobardes!   

domingo, 3 de junio de 2018

CHAPEANDO



   Flecha andaba en su Harley por las noches, calles vacías, ni un alma, o mejor ni una persona, no todas tienen alma. Se dirigió al banco sin respaldo, donde dormía el Doctor João. Tenía dos botellas vacías bajo sus brazos. Era un Poeta notable ignorado, sobre todo por poetas notables, trepadores, olvidables antes de cruzar la calle. João entreabrió un ojo —¿Qué hacés Flecha, a esta hora? No te convido por razones bobas, igual me abriga tu visita…
   Antes de terminar sus chamuyos fraternos, aparecieron cuatro patrulleros, dos motos y un cuatriciclo. —¿Se puede saber qué hace durmiendo en un banco público?
  —Ud, oficial, general o lo que guste, lo ha dicho. Es un banco público, formo parte del público y duermo porque tengo sueño. Les presento a mi amigo, Flecha de la noche, asistente de los solos.
   —Esto es el colmo, hay que explicarles a Uds, que tienen la peor prensa del mundo, qué hace el Dr y Poeta João.
   Flecha sacó su chapa. Quedaron mudos.  
—Como podrán apreciar en este bronce, soy el Jefe del boludo que los manda y los llama negros de mierda ¡¡¡Fuera ya!!! Me tapan la luna y el silencio.
   Desaparecieron de inmediato. —Ché, Flecha ¿Vos sos cana?
   —Dr, Ud mismo me explicó, que el mundo se divide en nosotros y la cana.
   —Tenés razón, no me acordaba ¿Y la chapa?
   —Me la prestó mi hijo, pero estos animales no diferencian el bronce del cotillón.
   El Dr y Poeta, preguntó: —¿No me prestás una birome?, papel tengo.
   Se sentó erguido como los grandes y escribió una poesía, se la entregó a Flecha, doblada prolija. 
—¿La puedo leer?
   —De ninguna manera, es para tu hijo y nadie más. Andá nomás, Flecha. Tengo ganas de seguir durmiendo.

sábado, 2 de junio de 2018

HAY QUE AHORRAR



   Antes de ir a dormir, apagar todas las luces de la casa, heladera inclusive. Desenchufar el teléfono fijo y el tele, porque esas lucecitas rojas gastan. Se puede prescindir de la calefacción a gas con una bata vieja de pirineo, de la Abuela, o un sobretodo andrajoso. Si esto no fuera suficiente, cubrirse con el acolchado de la cama, como el gas estará apagado, no correrá peligro bonzo. Si tiene estufas eléctricas, sáquelas a la calle, alguien se las llevará, no gaste en calor eléctrico.
   El papel higiénico se puede reemplazar con el uso del bidet, en el traslado del inodoro cierre bien los cuartos traseros, para no usar el papel ahorrado. No le apriete el botón, hasta que haya concurrido toda la familia, con un apriete es suficiente. Si no lo fuere, extraiga agua de su pileta y le echa un balde.
   Junte agua de lluvia en fuentones viejos y podrá darles uso, para lavados de cabeza, regar los perejiles si hay seca, o para beber si es prístina de lluvia, sin hojuelas o moscas muertas.
    Fuera los rollos de cocina, el secado de la vajilla se realiza en la mesada. Hay soluciones para fuentes u ollas grandes, reflote los repasadores escondidos en el fondo del placard, los reconocerá por los bordados de su Madre. El agua, recurso no renovable. Entre en la bañera, abra la canilla y mójese, cierre la canilla. Enjabone la esponja y raspe la mugre estacionada en su cuerpo. Abra la canilla y enjuáguese rápidamente, cierre y séquese con una tohalla de mano, para no gastar en su lavado posterior. Dúchese una vez por semana, el sábado es un día ideal.
   Suprima el pan, hincha su abdomen y es caro. Exponga al sol una cacerola con un puñado de perejil, tendrá caldo para el almuerzo y cena, el estómago se acostumbra a comer frío. Para que vire en sopa sustanciosa, busque en la alacena de seguro encontrará tostadas viejas, rómpalas y las agrega al brebaje.
   Las boletas de gas, luz y teléfono le llegarán, sus valores serán su sueldo entero. Poco a poco, no hay que desesperar, todos debemos contribuir.
Éste es un mensaje de la Presindencia de la Nación, para todos los habitantes que con su contribución, convencerán al FMI (Financiera Melindre Inocua) que nos presten a la brevedad, los dineros para el Bienestar Político, Militar, Académico. El pueblo cuenta con la ayuda de Dios, para ellos es más que suficiente.
                                      ¡Viva la Patria!, aunque todos Uds perezcan.  

viernes, 1 de junio de 2018

ABRE A LAS DIEZ



   Había una mujer embarazada con un chico de dos años que pedía caramelos  y uno de cuatro que lo arrastraba por el piso como un lampazo. El Banco recién abría, la mujer fue la primera, porque llegó dos horas antes, pero el de dos escapó al cordón de la vereda.
   —Andá buscale. -Decía la mujer al de cuatro-.Que perdemos el lugar.
   Puso su enorme panza entre el más chico que largo a largo no despegaba de las baldosas y el grande que tiraba del vestido de la madre. En esos minutos se colaron tres viejos, dos mujeres operadas y tres de la Fuerza Aérea, todos sabían, pero todos ponían cara de fastidio porque la mujer y los chicos se convirtieron en un impedimento para pasar rápido. El custodio de la puerta miraba su reloj como a un diamante. Un Sr de edad mediana, se acercó a la señora de las desgracias: —Señora, por su estado tiene derecho a pasar primero, es por Ley.
   La mujer ni sonrió y pasó por un lado y salió por el otro, sin haber hecho su trámite, el ventanillero, quitándose los mocos le dijo: —Sin número, no, vaya y pida uno.
   La mujer sacó un celular pringoso, sin crédito y el custodio le señaló que no hablara con el celu dentro del Banco.
   Un anciano con bastón se arrastraba para conseguir el Certificado de Supervivencia, cuando estaba por llegar, se derrumbó sobre sí mismo, un Médico casual le hizo los primeros auxilios, pero el viejito seguía desmayado, llegó la ambulancia después de una hora. Curiosos lo rodeaban, quitándole oxígeno. Lo pusieron en una camilla y al andar se le salió una rueda, que a los hijos de la embarazada les vino bárbaro, para jugar. Los camilleros, con ojeras de dos días de guardia, levantaron la camilla prescindiendo de las ruedas. Cuando salieron, algunos se acercaron al Médico que lo auxilió y el tipo dijo que era lamentable, que habían cesado sus latidos.
   En el medio del infierno, tres adolescentes formando un círculo de charla, tipeaban sus celus, mientras miraban fotos. Cuando pasó la camilla, la que pasaba imágenes, fue empujada: —¡Ay loco qué bestia, casi me hacés caer!
   El tipo de Informes tarjeteros, escritorio por medio, hablaba con una familia, mientras sumergía una media luna en una taza de café con leche. Los sacaba de dudas, en tanto les tiraba migas mojadas a los anteojos del cliente. Terminó de explicarles con la boca llena, no se le entendía nada. Una chica le contaba a una señora, que ese empleado ligó piñas del público, dos veces en un mes, pero como es cuñado del Gerente…
   La mujer embarazada rompió bolsa, los de la Fuerza Aérea la metieron en la ambulancia junto con los niños y el viejito que ya no. El camión de Prosegur se ubicó atravesando la ambulancia, dos micros estaban cruzados delante de Prosegur, delante de la ambulancia y de un Taxi con un Señor, con cara de hacer favores, porque uno de los niños de la parturienta, saltó de la ambulancia, decidió llevarlo al Hospital.
   Cruzados de brazos, tres azulitos, unos verdecitos y cuatro Policías Federales, miraban sin mover un ápice de sus cuerpos.

jueves, 31 de mayo de 2018

GUNDO



   —Salieron antes, unos años, se distanciaron nueve años y hace tres meses viven juntos.
   Me lo dice así, al vuelo, sabiendo que es mi hermana, aunque no nos veamos igual es. Me contó Malita, que Gundo se casó con mi  hermana, yo ni enterada estaba que él, era él. Aunque ya nada, son tres hijos de puta. Malita que me anoticia lo de mi hermana Isabel y sus masajes en la nuca de Gundo, a mis espaldas. En dicho momento, todavía vivíamos juntos. Ella nos visitaba, qué hermana perra, por dios. —Te lo cuento ahora, es una infidencia, pero pasaron tantos años…
   Qué mala que es, uno tiene su corazón con faltantes cicatrizados y esta idiota mete agujas. Soltera y virgen, no sabe lo que es un polvo, prefería chusmear los ajenos y eso no le daba tiempo para sí. La llamé a Isabel, mintiendo una hermana querida: —¡Hola Isa! ¿Todo bien?        
—… 
   —Sí, yo igual, quería saber de Uds. ¿Tuvieron hijos?                               
— …
   —Cuánto me alegro, no hay que aumentar el número de habitantes.   
— …
   —Yo tampoco tengo. Bastó el ejemplo de nuestra flia, nefasto o Mefisto, ambos le caben.                                                                      
— …  
   —Decime, Isa querida. ¿Me comunicás con Gundo?                        
— …  
   —¿Por qué, imposible?...no…no lo puedo creer. ¿Se casó con Malita?
—… 
   —¿Viste Isa cómo todo vuelve? Fue igual que cuando vos me sacaste a Gundo de un zarpazo. Gundo es un ser tan pequeño. Mirá que preferirte a vos y después a este piojo resucitado.

miércoles, 30 de mayo de 2018

ESCUCHÁ LA BARRA


   A diferencia de Angelito, sus padres no tenían la menor idea de lo que era un Hipódromo, sólo jugaban al ta-te-ti y dominó, mientras él era un jugador empedernido. No faltaba jamás al Hipódromo. Si ese día suspendían las carreras, iba al barrio de los studs y disfrutaba mirar cómo los cuidadores los vareaban. Tenía dos predilectos, jugaba a ganador, le hicieron ganar mucho dinero. Los amigos le preguntaban, por qué no jugaba a caballos favoritos, a segundo o tercero.
   —A segundo,  es de cobarde y a tercero es de judío, si no me creen observen.
   —Sí era verdad.
   Un día trajeron a Fosforito, un caballo imponente y corría como flecha. Angelito andaba con poca plata, tomó del joyero de su madre dos pulseras de oro, un prendedor con tres brillantes y el collar de perlas cultivadas."Mamá jamás se pone nada, lo que tenía eran regalos que ella no daba importancia". Angelito fue a una Casa de Empeños y dejó una seña para recuperarlos en cualquier momento.
   El domingo jugó todo el dinero de las joyas a Fosforito, a ganador. Perdió, igual lo fue a saludar, después de todo era un caballo que le había dado muchas satisfacciones.
   Dio unas vueltas hacia ningún lugar. Visitó a su amigo 1, relató el episodio y esperó respuesta: 
—Ahora, la cagada, ya te la mandaste, poné la misma ligereza en juntar el dinero. Te dejo unos mangos, jugá a Yuyo el jueves, en la décima, quién te dice…
   Angelito tocó la puerta de su amigo 2 : —No me cuentes, me avisó 1, te fuiste al carajo y con tu madre que es una santa mujer. Perdoná que te juzgue, me sacaste, no te puedo prestar un centavo, acá en casa no queda nada, pero tengo una idea. ¿Si vas a tu amigo 3, el judío de la peletería? Esa cifra a él le hace cosquillas, los viejos viven en Israel y le dejaron vía libre.
   Angelito, devenido en zombi, fue a ver a su amigo 3, todavía las vidrieras estaban iluminadas y el judío, contra la puerta, leía la Palermo Azul, para mañana. No levantó la vista: —Siempre está el moishe, ¿no?, que es judío, pero te quiere, xenófobo de mierda.
   Le dio un abrazo y le puso en el bolsillo las alhajas rescatadas. El dueño de la Casa de Empeños, era su primo y recordó: “no sé por qué los judíos tienen tantos primos”.
   —Andá directo a lo de tu vieja…no me digas nada, chau.
   Llegó tarde, Angelito, los hermanos ya dormían. La puerta de la cocina entornada y escuchó la voz de su madre y el ruido del diario.
   —Ché viejo, ¡mirá esto! resucitó Perchita, llega ganando en Palermo, San Isidro y viene para La Plata, dale viejo, jugame unos boletos…ganamos seguro.
   A angelito le pareció un sueño lo de sus viejos, pasó despacio para el dormitorio, metió las alhajas en el joyero y se fue a la cama sin comer. Durmió como un Angelito perdonado.

martes, 29 de mayo de 2018

DESHUMANIZACIÓN



   Al lado de mi depto, las noches de verano, hay un lugar que pertenece a las torres de la Muni, tiene escalones, hay techos y columnas. Es una torre alta, que junto a otra, encierran el Edificio Municipal, más que centenario, puro estilo neo renacentista alemán. Los que construyeron las torres, no son arquitectos, son bestias. Por las noches duermen allí grandes y niños, en situación de calle. En el verano, con sábanas y lo que algunos generosos de mi edificio les daban, era un lugar. Ahora empezaron los fríos.
   Junté en mi chata todos los colchones de gomapluma viejos, que pude. Mis amigos sustrajeron frazadas del Ministerio de Acción Social, donde se ocultan desde la época kakense. Material para aquella inundación, que por historias partidistas, no se distribuyeron. Entre otras cosas, alimentos no perecederos y ollas enormes. Los fines de semana hacemos guisos, en siete departamentos de mi edificio. Cada quién en su cocina, luego los juntamos y se los llevamos.
   Es de la buena gente que agradece lo que le damos nosotros, les decimos que les devolvemos, lo que los gobiernos les quitaron. La semana pasada, cuatro micros policiales, se los llevaron a todos. Parece que hubo quejas, aduciendo que la gente en situación de calle, ensucia las calles. Los indigentes, arruinan el paisaje mugriento de la city.
   Todos nos reímos, porque primero regresaron los más jóvenes, luego los viejos y los niños. Compartan la miseria, putos. Tener conciencia visual es el primer paso.

lunes, 28 de mayo de 2018

¿Y...QUÉ TAL?


   Estuvimos juntos seis meses. Cuando lo descubrí pensé, ése es. Según me contó, a él le sucedió parecido, pero tuvo miedo que fuera casi una niña y ser acusado de vaya a saber qué. Se produjeron intermitencias de un enorme deseo, pasar de los besos y franelas a la idea completa de hacer el amor. De mi parte, hasta lo puse en palabras, que él devolvió: —Sos muy chica, me da miedo por vos y por mí, tenés que vivir muchas cosas antes, esto es una etapa.
   Me dejó muda, con la vergüenza de mi descaro y darme cuenta, años después, de la sensatez de su reflexión: —Yo no sabía que para vos soy una etapa, no sé para qué carajo me dijiste “Te quiero para siempre”. Ignoraba que te daba miedo. Para mí, eras las puras mariposas en mi panza…
   Me largó y sentí que caía en un abismo sin fin. Tuve noticias, él andaba con una de las mejores bailarinas del Teatro Argentino. Claro, era imposible que le diera pelota a alguien que parece de doce, sin tetas, ni culo, un bagayo, bah.
   Pasaron veintitrés años y recibo su llamado: 
—Pido perdón por ser tan obvio y cursi, pero la memoria y verte en la Facu, me hicieron dar cuenta que te quería y eras el amor de mi vida.
   Me esperaba en el Bar “donde antes”, concertamos hora. Sonaba como desafinada la propuesta, aunque no carecía de misterio, además he salido con cada boludo, en este caso, ¿por qué no…? Para ver. Llegué puntual, ocupé nuestra mesa, vino el mozo: —Estoy esperando a alguien, luego te pido, gracias.
   Esperé más de lo que corresponde, llené la mesa de origamis, hasta terminar todas las servilletas. Me levanté y me fui. Había postergado dos clases. Di una vuelta manzana y pasé de nuevo por el Bar. Lo vi de espaldas, encorvado, el pelo blanco en canas, un pucho prendido, como si se fumara la vida, igual que antes. Sentado con una molicie patética. Pasé a buscar a mi marido por el Estudio: —¿Y? ¿Qué tal el primer amor que se tomó su tiempo?
   Pasé por alto su ironía: —¿Y? ¿Qué tal, fuiste a buscar los chicos al Cole como quedamos…?

domingo, 27 de mayo de 2018

CÓMO COTIZA?



   Los Señores de la gleba nunca bajan al pueblo, por eso no tocan plata, cuentan vacas, parcelas de soja y calculan.
   —Sra Brígida Camposanto, le informo que su marido, cuando le paso al lado, me toca el culo.
   La Sra levanta sus ojos a los brotes de maíz: 
—Es que el Sr. calcula el peso del maíz, en tu trasero, es costumbre.
   Yo le contaría cuándo la Sra Frígida, perdón, Brígida, duerme de noche, él espera y saca provecho de mi cuerpo. No digo nada porque temo que me echen, o que el resto de la peonada diga: “Ahí va la Putita.”  Y yo no soy ninguna de esas cosas, sólo obedezco las órdenes del patrón. Anoche me dijo que tenía olor a campo usado y granitos por la mala alimentación.
   —A vos, que no le hacés asco a nada, bajá al pueblo, te ponés en la cola del cajero y sacás lo que necesites. Dicen de una casa de ropa: “Madame Bovary”, ahí elegite un vestido fetén, verde malva, largo, con cuello y puños de puntillas antiguas tejidas a mano, corset y la cintura marcada. Los aretes y gargantillas se los saco a Brígida, que no los usó nunca. Después te vas al “Savoir Faire” y que te bañen en espuma con olor a Francia, lijar el rostro y un peinado que inspire respeto, pienso rodete alto y resortes en derredor del rostro. Escaso maquillaje, una nada en pómulos, con la bocota que tenés, rouge no precisás. Te imagino así y ya me caliento. Perfume francés del caro, sin exagerar, una gota bajo los lóbulos y otra donde baja el corpiño hasta el ombligo.
   La Sra Brígida Camposanto, mostró piedad al ver que yo comiera con ellos. Le asombró un poco que me otorgaran la cabecera. Traté de hablar lo menos posible, para que no advirtieran mi bizarría. La Sra se sintió intimidada, ante el aspecto de joven formal, austera, distinguida, como si nunca hubiera bajado al pueblo.
   Esa noche, el Patrón, pidió mi mano antes de usar mi cuerpo: —Toda vos decí que sí, mi putita de noche, mi esposa de día. ¿Dale que sí?
   Para hacerme la fina dije: “Oui”. Bajé a desayunar con mi nuevo vestuario, él me esperaba, mientras la Sra Brígida Camposanto tenía mi uniforme de Mucama, sonreía con odio, tiró el café hirviente en mi vestido nuevo. Le dí vuelta la cara de un sopapo: —Frígida, ¡Mérde!, bajá al pueblo, ni se te ocurra aparecer.
   El Patrón cerró la escena con un aplauso, mientras comía de mi boca, la tostada que yo masticaba con fruición.

sábado, 26 de mayo de 2018

DESPUÉS SIGUE...



   Cuando el hombre despertó, encontró un hombre durmiendo al lado, era deforme, sin duda. En el pecho tenía dos globos, con sus mismos pezones. Casi muere de terror, cuando vio la raja entre las piernas, no tenía pito ni bolas. Le dio pena, cómo habría sufrido el tipo cuando lo castraron y el tajo, por si llegara a rebrotar. Bostezó: —Qué hora tiene?
   Se nota que es un espécimen nuevo: —¿A ver?, deje que mire, es el cuaternario en punto.
   Se sacudió el polen de las inmensas plantas. 
—¡Se me hizo tarde de nuevo!, en realidad nos retrasamos ambos.
   Sentí algo raro, pero desde que me desperté siento, lindo siento como si fuera el primero. 
—Usted no escuchó, tal vez es hipoacúsico, pero una voz del cielo dijo que empezáramos a encubicular, si no el mundo se quedaría sin habitantes.
   Yo no tenía ni idea cómo se hacía, por suerte soy un miembro duro y quedó quietita la raja, no sólo nos pegamos por el fenómeno de imantación, nos atravesamos, salimos y volvimos a entrar. Los dos suspiramos y hasta gritamos, tanto placer nos agotó.
   Hicimos una siesta, fuimos a caminar. Encontramos sonidos idénticos a los nuestros y entre tantos vegetales, salía una pierna, un brazo, una cabeza. Después pasaban de a dos. Había astutos que descubrían piedras enormes con agujeros para guarecerse de las lluvias. A muchos seres les crecía la panza.  
   Otra vez, del cielo, cayeron estas palabras: —Las de globos, raja y panza se llaman “mujeres”, los que no poseen estos atributos se llaman “hombres”. Cuando la panza de las mujeres, duele y al rato duele al grito, lo mejor es que se tomen de las manos a una rama fuerte y hagan fuerza, el hombre puede ayudar sosteniendo lo que de ellas salga. Se llaman bebés, la primera vez de una mujer, salieron dos, Caín y Abel. A este proceso se le llama nacimiento. Pienso que con estos datos es suficiente. Cuando llegue la modernidad, el que lo desee, me puede seguir escuchando o hacer de cuenta que no existo. Esto último se los agradecería, porque recién empiezo y estoy exhausto.

viernes, 25 de mayo de 2018

STAND UP



   Mi mejor compañía soy yo. Sé cuándo me miento, cuándo entrego el alma de generoso o me la guardo entera de pijotero. Nadie mejor que yo para elegir dónde voy, sin saber por qué. Dejarme llevar por mí, es siempre cerca de los trópicos y lejos de los Médicos. No siempre estoy conforme, la culpa me instala mal en el universo, detesto a los niños, o pisar un camino de hormigas. Igual me perdono, porque no soporto estar enojado conmigo y después tener que comer juntos, o charlar un pos vino. Mi ausencia de modestia, enorgullece mis conclusiones.
   Qué placer estar acostado en el mar, boca arriba y pensar de mí, conmigo. Nos abrimos caminos sin baches, somos enemigos de los engaños. Son notables nuestras coincidencias, cada día estamos más unidos. Esto último significa que mi mejor compañía, que soy yo, odiemos a Estados Unidos. Cuando levanto fiebre, yo mismo cambio paños fríos y mi compañía controla el termómetro. Mi mejor compañía soy yo y nos enfermamos, me quedan cuatro días, máximo. (No el hijo de la perra, claro.)
   Y llegó el momento, siento como que yo me separo de mí y mi compañía se apresura a buscar otro mí.

jueves, 24 de mayo de 2018

TERCERA GENERACIÓN


   Las armas ejercían una fascinación que ocultaba en la memoria. Le ocurrían contradicciones, quería una en sus manos y otra lejos, que careciera de existencia. Su Padre le enseñó, en el campo, con un arcabuz del Abuelo: —Vení, Hijo, no seas cobarde, primero la recorrés, no tiene balas, quiero que al tocarla le pierdas miedo.
   El niño, con las manos transpiradas aceptó, no quería tener en sus oídos la palabra “cagón”: —Le digo que sí, Patrón. Ud le pone las balas y en los troncos las víctimas: dos frascos con mugre, el pájaro embalsamado y la cacerola oxidada.
   El Padre tiró primero y acertó todo. —La puntería, Patrón, es por su experiencia, a mí de chico no me gustó tirar con cebitas, no podía ni quería, pero como Ud dice, siempre hay una primera vez.
   Le dio al pájaro embalsamado, los otros blancos quedaron tal cual.
   —Hijo, veo que Ud no tiene la suerte de la primera vez, siquiera. Continúe con sus libros, en eso acierta, me preocupa cómo se quema las pestañas y los anteojos culo de botella, parece que dejara sus ojos en las palabras escritas.
   Le quedaba una semana en el campo y después dar la primera materia del año. Quiso tomar un baño antes de salir, pero escuchó la ducha, le extrañó que no cantara. —¿Qué hace tan temprano, Patrón?
   —Tuve ganas de estar limpio y atildarme, después, si el auto me arranca, lo llevo a la Estación.
   Mientras se secaba, escuchó un ruido familiar, pero más intenso. Entró en la cocina, miró al viejo doblado en una silla, con el arcabuz en el piso, inundado de sangre.

miércoles, 23 de mayo de 2018

PASÓ, LUGAR SOÑADO



   —Vamos todas, no seas boluda. ¿No era que estabas podrida de los boliches del centro?
   Yo no lo hacía de cobarde, era una de mis primeras salidas a los trece años.
   —¿A una quinta de tipos más grandes que nosotras, alquilada para fiestas privadas? ¿Y a mis viejos qué les digo? Me van a contestar cualquiera. Encima es por la loma del orto. Un remisse hasta allá sale un huevo…bueno, no lo pienso más, voy con Uds, a lo mejor hay un buen DJ.
   Fuimos tarde, había tarados conocidos y otros parecían conchetos, Clareta y Yusara alucinaban.
   —Tomá, Lucía, son unas pastillas que te mandan al cielo, dale, dale.
   Se las agregué al whisky, a los cinco minutos no sabía dónde estaba. Un guarro, en cámara lenta, metió el dedo en mi vaso, le dio vueltas.
   —¡Dale, tomá nena y vamos afuera, de la fiesta sos lo más!
   Me dejé llevar, tenía la orientación de él, de mí nada. No sentía ni frío ni calor, justo pasaban un tema: “Anestesia”, eso, eso era lo que sentía.
   Nos sentamos y él, encima de mí, como si fuera una muñeca de trapo, dobló mis articulaciones. El dolor hizo que llamara a Clareta, a Yusara. Ellas no escucharon. Salieron de la camioneta cinco tipos y todos lo mismo que el primero. Siguieron cuatro pendejos: —¡A estrenar! ¡A estrenar!
   No pude contarlos, pasó una camioneta sobre mi pierna derecha y el desmayo. La sangre, la ambulancia, el hospital, primera cura. Alguien llamó, alguien atendió: —Acá estamos, trabajando bien, hay gente idónea. ¿Por qué el traslado a Mar Del Plata?
   Llamaron del Municipio, yo debía ser secreto. Reputación de hijos del poder, a salvo. Vino mi flia, hicieron juicio, los testigos no quisieron declarar. El Juez dijo que sin víctima no hay causa.
   Mis padres estuvieron conmigo, cuando salí de Terapia Intensiva.  Les dieron una casa nueva, trabajo para mi viejo desocupado y abrieron una cuenta, donde depositaban a nombre de mi madre, una miseria. Tratamiento psiquiátrico, psicológico, hasta hoy. No quiero ver nunca más a mi flia.
    —Vivo en otra ciudad, que nadie conoce, limpio casas de día, estudio de noche.

martes, 22 de mayo de 2018

FIESTA


   En la casa Tudor de la esquina, se hacían los preparativos de fin de año. Los dueños eran personas cultas, distinguidas, muchas cunas de generaciones enriquecidas,  no se supo cómo.
   Los “cómo”, en este tipo de familias tienen fecha de vencimiento.
   A la Señora Nora San Martín de Belgrano, le gustaba agregar amigos a los festejos. El Doctor Belgrano Bonzo, adhería a los gustos de su mujer. La mesa principal era para veinticuatro personas. Venía toda la familia y los lugares desocupados daban tristeza, de ahí las invitaciones a los no parientes.
   Nosotros vivíamos enfrente y recibimos un llamado para compartir aquel festejo. No pudimos negarnos, mi marido trabajaba en una de las empresas del Dr. Belgrano Bonzo.
   Aquello me produjo un stress altísimo. No tenía ropa adecuada, mi pelo vivía en un rodete insignificante. El cutis de la cara y mis manos desconocían el uso de cremas hidratantes. Otro problema era mi marido, él sí tenía trajes adecuados, por sus funciones. Lo peligroso consistía en su amor etílico.
   Un tipo generoso, usó sus ahorros y los míos, para la compra de un vestido en Madame Fellattié, vanguardia en indumentaria galaciega. El vestido era de seda glisada. Hasta olor a gusano tenía. Un collar de perlas de kiosco y listo.
   Le pedí a Billy prudencia en la bebida, que no hablara con la boca llena, ni le pasara miga de pan al plato vacío. Llegamos a las veintitrés quince, la hora convenida era veintitrés, me pareció más fino quince minutos más tarde. Las cabeceras las ocupaban Nora San Martín de Belgrano y el Dr. Belgrano Bonzo. Los demás lugares tenían tarjetas con nombres de los ocupantes. Tal vez para evitar avalanchas. Nosotros fuimos ubicados separados, no podía mirar a Billy de tan lejos que estaba.
   Todas la mujeres operadas tenían un parecido notable, a medida que transcurría la velada, me enteré que no eran parientes. El cirujano debió ser el mismo tipo. Hablaban de ropas, viajes, hijos que vivían del otro lado del mundo. Nora elogió algunos atuendos y en especial el mío, lo encontró austero y elegante. Le conté que era de gusano. Las mujeres quisieron reír, pero no podían por la tirantez cirugiástica. “De seda querida, de seda.” Dijo alguien que brindó por mi ignorancia. Los comensales no paraban de comer y beber. Sus modos suaves y lentos del principio se aceleraban. El personal de servicio no daba abasto con las exigencias recurrentes de quiero más de esto, déme más de aquello. Había un Champagne que les llenaba los estómagos de planetas y las voces subían rebotando en el techo.
   Una señorita de corset con ballenitas, estiró tanto su brazo para alcanzar los bocadillos de caviar, que su teta izquierda se salió del corset y se sumergió tan luego en la copa de Billy. Él que es tan atento, cuando quiere, usó su servilleta para secarla. Entre otro señor y Billy trataron de ponerle la teta adentro, resultó imposible.
   La señorita siguió comiendo su caviar agradeciendo a los caballeros tanto esfuerzo para nada. La teta quedó a la intemperie.
    El Dr. Belgrano Bonzo hablaba a los gritos puteando al gobierno de turno largo de impuestos infinitos.
    Un joven engominado, con aspecto de custodio, se subió a la mesa y defendió el modelo, acusando al Dr. Belgrano Bonzo de traidor, le mandaría la AFIP, el ANSES, ARBA  y el último nuevo organismo “POTDEB”, sigla que significa pagá o te dejo en bolas.
    Nora San Martín de Belgrano cruzó la mesa para defender a su marido, cayó sobre el joven, le pareció buen mozo y le comió la boca. Luego la escupió, dijo que tenía gusto a KK. Alguien llamó a las fuerzas del desorden,  cincuenta gendarmes, cinco autos de la policía de la provincia, tres camionetas del Partido de La Matanza, dos tanquetas y dos aviones a control remoto.
    Cuando vieron aquella fiesta y manjares sobrantes, se abalanzaron a comer. Con tal avidez que no sobró ni una frutilla. Agradecieron con un Feliz Año Nuevo, arrastrado y dejaron algunas drogas de regalo.

lunes, 21 de mayo de 2018

JUNTAR, QUITA



   —Marchitar el sol del verano con este frío, sin salamandra, con la estufa de gas que no funciona.

Se queja, se queja, el aire acondicionado anda, dice que como está arriba no llega abajo y roba aire. No sé por qué la escucho, me junté con quejas. Tengo la cabeza caliente, es irónico. Vivir solo, hacer o no hacer, que nadie te cante en el oído cosas ajenas, reiteradas, iguales.

   —Contestá cuando te hablo, préstame tu manta, tu bata, tu cazadora forrada en piel, yo no tengo nada, no vivas en mi casa, soy pobre. ¿No entendés? Yo tampoco sé por qué me junté con vos. Mañana, andate. Ah! Vivir sola, hacer algo, a vos no te importa. Mejor.

   No le voy a contestar, encuentro el bolsote y lo lleno de mis cosas, falta poco y estoy conmigo, tengo las llaves del loco que está en España. La espío, ya se durmió. Salgo por la ventana, prolijo, cuando supe de ella entré por ahí.

   Lo llamo y no contesta, el bolsote se fue con él adentro, hoy salgo a buscar trabajo. —¿No estás? ¿No es joda? Hacés chistes crueles… Tengo un trabajo enfrente, me compro una eléctrica con las chirolas que dejaste.

   Cómo la dejó mugrienta el loco, acá hay una carta: “Te dejo la compu, un tele pantalla grande, la heladera, la cama con colchón nuevo, cocina. No lo hago de generoso, sabía que vendrías, por las baldosas flojas de tu pareja. Y en nuestro último saludo, te dejé el llavero en el bolsillo. No te juntes de nuevo, estar solo se parece a la felicidad. Lo digo porque sos el hermano que no tuve. Escribime, será una alegría, te advierto que cuando reciba tu carta, la voy a leer cuando se me cante. Vos sabés.”

domingo, 20 de mayo de 2018

ESCRÚPULOS



   Querían vender la bóveda de Chascomús, primos y hermanos. Linda la bóveda, art nouveau, parecida a una biblioteca. Tantos ataúdes tallados a mano, con nombres que nadie recordaba, lindaba con la laguna.
   Cada vez que llovía se inundaba, la fuerza del agua abría las compuertas y los cajones salían y flotaban. Apesteguía, al que todos llamábamos: “La peste te guía”, con gritos que no escuchaba porque era sordo. Mi Papá, que todavía vivía, subía con él a un catamarán y con palos de gancho puntero, enganchaban de goznes oxidados, los ataúdes. Parecían felices de encontrarse y entraban solitos a la bóveda, algunos pretendían cambiar de sitio, pero se escuchaba la voz de mi tía Emma, lo único que le sobrevivía, con palabras mortecinas y autoritarias: —Cada uno en su lugar y un lugar para cada uno.
   Cuando cesaban las lluvias, se acomodaban los ataúdes, siempre faltaba alguno. Mejor…quedaban tíos geriátricos que ocuparían esos lugares. Papá estuvo de acuerdo en la venta, estaba cansado del mandato de recorrer cuatrocientos kilómetros, para llevar un ramo de flores, dos veces por mes.
   Se juntó el dinero para alquilar un cartel de ruta, destacando el beneficio del monumento, agregaron una foto de su inauguración fotoshopeada. El primer interesado, llamado: Augusto Chabrón, oriundo de Marsella, lo compró por one million de euros, con el mismo olor del perfume, una delicatesen.
   Llegado el momento del reparto, se produjo la batalla campal, tan agresiva y poco civilizada, que perdió la vida mi primo preferido, Lucas y dos de mis hermanos.
   —Bueno, hija, pertenecen a una generación sin crepúsculos, si no queda lugar en la bóveda, serán incinerados y puestos en jarrones de la Dinastía: “Yo quiero mi pedazo”. Es una traducción del chino que desconozco. Las cenizas serán esparcidas en el campo, tal vez la soja, aumente hasta el cielo.