sábado, 15 de junio de 2024

DONALD

    Le hacían firmar cheques a granel. Noventa años tenía el tío que los adoptó. (Luego que murieron sus padres.) A los tres huérfanos Dieguito, Luisito y Huguito.

   Amaban el dinero que les daba el tío nonagenario. Tomaban aviones propios y dedicaban sus vidas a dar la vuelta al mundo tiempo completo. Como al tío le daban miedo los aviones le compraron una bicicleta con rueditas para que los siguiera por tierra.

   Ese viaje, al tío viejo lo mató por agotamiento. Los sobrinos lo lloraron durante mucho tiempo. Dieguito dijo:

    —¡Cómo vamos a extrañar eso que tan bien le salía!

    —¿Vos te referís a los cheques? —dijoLuisito.

   —No, para nada. Nunca olvidaré lo de la cebollita en vinagre, su comida predilecta y la mía, él mismo las tallaba, de una grande la transformaba en chiquita, el vinagre lo inventé yo. A ustedes nunca los convidamos, seguro que hablarían de ellos con desprecio. Ja…lo que se perdieron estos guanacos.

viernes, 14 de junio de 2024

¡SALE HUMO!

    Primero tuvimos una cocina a kerosene.

    (Esta mujer está cada día más loca) El único inconveniente que tenía era la comida, salía con gusto a kerosene.

    La cambiamos por una garrafa, era muy buena, daba calor mientras cocinaba, con una sola pava preparabas café, té, sopa.

   (Allí me quemé las pestañas encendiendo un porro)

   Cuando mudamos el rancho cerca del pueblo compramos una cocina verdadera, con horno, anafe y barbacoa.

  (Sí, es cierto, está loca) El rancho lo transformamos en una casa chica, rodeada de araucarias y enredaderas desconocidas.

   Un día nos levantamos con el pie izquierdo. Porque nosotros éramos de izquierda.

   —Roque, mis manos están quemadas.

   —Agarraste la fuente sin los guantes que te regalé.

   —De ahora en más cociná el pan vos.

   —Para eso están las panaderías donde se encuentran bagettes recién hechas tibias y crocantes. Te voy a traer para que pruebes. (Le voy a proponer que vaya ella.)

    —Ni en pedo, ¿cómo voy a salir con esta cara?, deforme y quemada, los hombres y los chicos me van a mirar con asco y miedo.

     —Me parece que andás con ganas de otro hombre.

   (¿Quién le va a dar bola?)

   A las dos horas estaba con un tipo muy buenmozo, lo trajo a casa y me lo presentó. Era más joven que ella estaba tan entusiasmado, la besaba en la boca y le apretaba las tetas y el culo.

     —Disculpá, Roque, quiero que nos separemos. He conseguido un marido de repuesto. Se llama Ángel y es un Ángel, y limpia, cocina y me baña. Me compró un camisón transparente para cojerme el tiempo que le sobraba.

    —¿Y cómo se banca el Ángel, una mujer con cara quemada hasta los tuétanos?

   —Roque, me salió redondo, Ángel es ciego…

jueves, 13 de junio de 2024

CUARENTA GRADOS

    La maestra de cuarto lo llamó para corregir su cuaderno. Él contemplo las pestañas de seda, esa manos de paloma cerrando en un rojo fuego dando vueltas las hojas, le hacía cosquillas en la nuca. El perfume lo embriagaba. La señorita lo felicitó, escribió muy bien diez, excelente y le besó una mejilla.  Bruno sintió que le temblaba todo el cuerpo y sus oídos escucharon una voz familiar:

   —Es altísima, traé el jarabe.

   Sonó el timbre de salida, llegó a su casa y apoyó la mejilla en un azulejo del baño. Quedó estampado el rouge, Bruno besó con fervor aquella mancha, tenía frío y calor al mismo tiempo.

   Llegó temprano al aula y ella lo esperaba, le ayudó a quitar su mochila y él pudo ver el principio del escote. La señorita atrajo la cabeza de Bruno para que escuchara los latidos de su corazón. Sintió el privilegio de poder tocar con su oreja aquellas cosas mullidas.

   —El tema de hoy es el corazón —dijo la seño.

   Sintió que la sangre entraba en ebullición y de nuevo la voz lejana: 

   —Traigan paños fríos, sigue alta.

   Llegó el momento que tanto deseaba. La maestra lo abrazó y llevó la mano de Bruno ahí, justo ahí. Escuchó a su madre:

   —Ya está bajando, ahora que duerma se lo nota agotado.

   Quiso retornar, la escuela estaba cerrada. Sus padres y el médico rodeaban la cama, sonreían. Cerró los ojos, tranquilo, un líquido extraño mojó el pantalón de su piyama.

miércoles, 12 de junio de 2024

2013

    —Te dicen que te dan un papel, vení aquí afuera. Te advierto que esto no lo sé más que yo, sabés que te aprecio, lamento ser la portadora: nunca te van a dar el papel celeste. Sos guardaespaldas y no querés portar armas, eso a los tipos no les gustó, —él la interrumpió y le contó que esa era su indemnización de treinta años de trabajo.  

   —Lo invertí todo en la Harley Davidson. Puse el dinero ahí, no sé cómo decirle a mi mujer.

   Le pidió que la siguiera a su despacho. Entró desganado, ella le preguntó si estaba con ellos y su magnífico proyecto, gracias al cual tenía un piso y una cuatro por ocho polarizada.

   —Si vos no sos del partido, no puedo ayudarte.

   —¿No sos mi amiga de la infancia? Igual estás fuera del proyecto, tengo esta charla en el grabador.

   Él sacó un papel oficio del escritorio y renunció a su cargo.

   —No es conmigo sólo, es con todos, el país no está por venderse, ya está vendido, y además…

   Ella pidió que se retirara de inmediato.

  Se sube a la Harley, alguien lo sigue en un auto oscuro. Se detiene a tomar una birra. El auto oscuro lo espera. Él sale con una velocidad, que el auto se rinde. Llega a su casa. Cuando guarda la moto, el auto negro estaba estacionado en frente. Al día siguiente llevó a su mujer al trabajo y a su hijo a la escuela. Fue a ver a su amiga de la infancia, pidió disculpas por sus palabras. Ella lo creyó arrepentido y le dio un abrazo de bienvenida. Él rogó que el auto negro dejara de seguirlo. Su amiga le cerró la puerta en la cara. La amenaza fue permanente. Comía sin hablar, salió a fumar un cigarrillo, en la esquina le dispararon tres veces y fueron certeros. Amenazaron a su mujer y al hijo durante un tiempo. Los dos tenían asco, miedo y odio.

martes, 11 de junio de 2024

DERECHOS Y HUMANOS

    Tomé una combi para cruzar el puente, había un operativo, se llevaron a una pareja de un auto. Cuando los iluminaron pidieron documentos. Pasaron todos, menos Miguel Parra, chileno cantautor. Los milicos pensaron Parra: comunista, o algún ista. La portación de apellido pasó a algún centro de detención. Sus compañeros fueron dos curas y un abogado. Uno de los curas era especialista en Teología y el otro ayudaba en una villa. El abogado ganaba cuanto juicio laboral cayera en sus manos. Los curas y el abogado no fueron torturados. A Miguel, lo tomaron de punto. Cuando llegaba la noche, lo arrojaban encima de los otros. Los tres compañeros arrancaban pedazos de sus ropas y le hacían los auxilios que podían. Lo dejaban dormir y Miguel escuchaba sus conversaciones, todo giraba alrededor de Dios. Un día se apoyó en un codo y con dificultad le dijo al teólogo que él hacía otra lectura de Dios. Se convirtieron en antagonistas criteriosos. El fin de semana quedaba sin guardas, lo aprendieron de escuchar. Miguel pedía a gritos que lo sacaran de allí. Un sábado, decidieron los amigos abrir las rejas, con las manos. Pudieron por lo elemental de la construcción. Salió Miguel y los otros también. Era todo campo, corrieron kilómetros, tomaron diferentes caminos.

   A los veinte años del episodio, el conjunto chileno, dirigido por Miguel Parra, daba un concierto. La gente aplaudió tanto, porque lo bueno se agradecía así. El abogado quiso saludarlo y dio su nombre. La puerta se cerró. Se escuchó la voz de Miguel negando conocer a esa persona.

   —…Tal vez en una década que borré de mi vida. Decile que no sé quién es ni me interesa.

lunes, 10 de junio de 2024

EL OLOR DEL FUEGO

    Atardecer en una esquina de Tandil, una chica adolescente, peso esqueleto, pelos parados de todos colores, nariz de payaso, mejillas rojas y jardinero amarillo.

   —¿Cuánto cuestan los sahumerios que vendés?

   A ella la pisó la vida, tras la pintura, transparentaba un gesto ausente.

   —Lo que usted quiera, esta noche quiero comer.

   La gente hasta tomaba distancia por si la chica pedía. El Señor que le compró, pagó como para un sándwich, era Concejal, propuso dejar que los emprendimientos chicos tuvieran lugar en las esquinas, sin el trámite previo: “puedo o no puedo”. El resultado general fue: No.

   Todo es “No” para el pobre.

   —Que trabajen.

   No hay trabajo.

   —Que lo inventen.

   Por eso piden un espacio a la intemperie de una esquina, un Concejal dijo “Sí”. Era el Señor que se le nublaron los ojos, cuando escuchó:

   —Esta noche quiero comer.

   Los Kapos de la estupidez humana, argumentaban que la pobreza queda fea repartida en la calle. El Señor ni renunció, se fue a vivir a su pueblito de origen, que debido al cierre de todo, todito, todo, era una procesión de desocupados. Este gran hombre, energúmeno como todos los grandes, vendió el tambo recibido por herencia. Y lo que quedó lo trasladó al pueblito y todos tenían asegurado tres vasos de leche por día. Se le vinieron a vivir con él, jóvenes del pueblo del no.

   Sembraron. Comer, comían todos y las viviendas, de a poco, con materiales reciclados y la imaginación multiplicada, tomaban formas caprichosas. Un amanecer frío y oscuro, lo fueron a buscar al Señor apodado “Don Generoso”. A pocos kilómetros en una casa cuadrada de cemento, lo interrogaron acerca de temas que él ignoraba y recibió todas las sandungas de la década infame. Había dos bestias hilarantes y perversos, construyendo una cruz de quebracho. Estando él destruido, lo crucificaron con clavos de hierro y en una transcavator, lo trasladaron a la entrada del pueblito. Don Generoso recibió los alaridos del dolor y el espanto. Pertenecían a la adolescente que le vendió los sahumerios al precio que el Señor quisiera, porque aquella noche quería comer. Nunca cruzaron palabra, pero ella ni bien enterada, estuvo. Lo siguió trabajando junto a otros y convencida que Don Generoso, era su Padre, regalo de la tierra. Todo el pueblito ayudó a quitarlo de la cruz. Dos Médicos y Enfermeros, curaron sus heridas, su resucitación tomó un largo tiempo. Al año se le quitó el respirador. La secuela fue una ceguera milagrosa, que le permitió terminar su trabajo con los ojos del corazón.

   Hubo algún idiota confundido, del pueblo del “No”, que pidió canonizarlo. Le contaron a Don Generoso, que jamás levantó la voz a nadie y diatribó breve.

   —Me cago en el mal parido, sepa él que jamás he creído en dios y su fetichismo cobarde, sienta precedente, ya que la bestia cree toda esa sanata. Que arda en el infierno y se lleve el lote de canallas a la guarida del diablo.

domingo, 9 de junio de 2024

SI YO NO QUIERO ME VOY

    Ni pasaba por la Escuela. Dijo a sus Padres que no gastaran en la inscripción, no estaba en sus planes estudiar. Carmina vivía en un mundo con trazados firmes. Si era invierno tiraba el acolchado.

   —Es como dormir con un peso sobre mi cuerpo. Lo de sabanita lo acepto, para que no se pongan tristes, la termino usando de pañuelo, hecha un bollito de sonar. Igual Mami, vos preferís que me suene antes de tragarlo.

   Su hermana, Delfina, hacía de cuenta que no existía. Sentía que sus Padres la querían más a Carmina, un desastre en todo, que ella que era aplicada y prolija, obedecía cuando se le pedía una colaboración. A Carmina no la obligaban a nada, usaba artilugios.

   —Ma, voy a bañarme en el río, llevo jabón y tohalla, vuelvo al mediodía.

   Y volvía al atardecer. La corriente del río la fue llevando hasta donde vivía el Músico, ella estaba violeta y perdido el jabón y la tohalla. El Músico la hizo subir al puentecito, tenía los ojos cerrados y le alcanzó una bata.

   —¿Sos ciego?

   Lo vi que tenía ganas de mentirme.

   —No, pero cerré los ojos para no avergonzarte, a lo mejor no te diste cuenta, pero la corriente te quitó la malla.   

   Ella se hizo pasar sola a una sala ocupada por un piano de cola.

   —No sé cómo serás vos, pero en casa todos nos bañamos desnudos, mis Padres decían que así vinimos al mundo y la ropa fue un invento para molestar, cuando vamos al Pueblo sí nos vestimos, por la gente, para que no nos dejen afuera.

   El Músico empezó a tocar la Quinta de Beethoven. Ella la escuchó toda, luego aplaudió.

   —Yo sé que tocaste la Quinta de Beto el Joven.

   El Músico complacido le enseñó cómo se pronunciaba. Carmina le dijo que ya sabía, pero le quedaba mejor Beto el Joven.

   —Yo tengo diez años ¿y vos cuántos tenés?

   Él le dijo que veinte. Carmina sacó la cuenta.

   —Te autorizo a casarte conmigo, si yo tengo novecientos pesos ahorrados, vos tenés veinte más, es una buena dote que a mis Padres les vendría bien para pagar el Colegio de la estúpida de mi hermana.

   —Carmina, me encanta, pero sos muy chica y yo un viejo.

   Ella tocó unos acordes de Para Elisa y le contestó:

   —A mí me encantan los viejos y tengo una idea, yo te espero hasta que vos digas, no me quiero perder ese turno. Vení conmigo a mi casa, pero no les cuentes nada.

   Los dos, con viento en contra, se hicieron presentes. El Padre le desconfió y la Madre temblorosa.

   —Está lleno de pedófilos aquí en Valle Hermoso. ¿Cómo sé que uno de ellos no sea usted?

   El Músico explicó cuál era la situación. Les contó hasta la propuesta de la niña para después. El Padre quedó prendado del relato del Pianista.

   Y bueno, Marta pensó que le podía enseñar. Carmina sintió que el Músico la había traicionado y merecía un castigo ejemplar. Se hizo la amable con Delfina y le contó el secreto que debían compartir: el Pianista del puente abusó de su inocencia y la amenazó: “Si alguien se entera de esto, te sumerjo en el arroyo, no sin antes dejarte sin respirar”.

   Delfina dijo a su hermana, que ella se ocuparía. Un día faltó a la Escuela y se metió en la casita, el Músico estaba tocando el adagio de Albinoni. Le sorprendió ver a la púber desnuda, con un cuerpo de mujer. Hizo lo imposible para que el Músico perdiera la razón y cuando él se dispuso a penetrar aquel ángel tan dispuesto, Delfina le clavó en la espalda el cuchillo más grande que realizó su Padre en la fragua. Delfina se bañó en el río, se puso el uniforme y marchó a su casa, donde habían empezado el almuerzo.

   Carmina se levantó para besar a su hermana. Los Padres no se asombraron, porque Carmina tenía gestos imprevisibles.

sábado, 8 de junio de 2024

LOS POLVOS

    Asomada al balcón, donde entraban ella, su gato y una maceta, las perversas dimensiones de un monoambiente, dormitorio, un anafe y un baño. Todo en cuatro por cuatro, allí vivió Roberta, sus últimos días en Buenos Aires.

   Desde Trieste, su Abuelo, le mandó un pasaje para viajar y una carta que la hizo llorar: “Querida Rober, necesito que vengas, como tu País, según las noticias, se viene abajo y encima una pena tan grande como la muerte de tu Abuela, me dejó sin casa y resolvieron encerrarme en un Manicomio, siendo yo sano. Claro, ver tanto loco me volvió loco. Te espero para que des cuenta de mi cordura y consigas un Abogado que se haga cargo de recuperar mi casa…” La carta sigue, pero transcribirla está fuera del alcance de cualquiera.

   Roberta era experta, con su cara de inocente, de cualquier tropelía, sin medir las consecuencias. Empezó por hacer viajar de polizones, el gato y la maceta. Hizo contrabando de ambos, seduciendo al Comandante de abordo. Le costó un polvo rapidito, en el baño del Aeropuerto. Viajó en primera clase, gracias a una viejita alzheimeriana de 93 años, le contó cualquier verdura para cambiar su asiento de segunda, por el de la anciana. Totalmente creída que Roberta era una Virgen, que la bendeciría en cualquier momento de su vida y muerte. Lo de muerte lo agregó ella, para que la viejita se quedara en el molde, si la querían volver a su asiento.

   Llegó al Nosocomio, donde siendo la nieta adulta, venida de América, así lo declaró ella. Un Médico la hizo pasar a un cuarto sucio de pintura descascarada.

    —Ud quiere hacerse cargo de su Abuelo, eso tiene un precio.

   Hasta olor a humedad tiene el sinvergüenza. Le costó un polvo rapidito, sacar a su pobre Abuelo.

   Abrieron la casa y estaba tal cual la dejó el Abuelo, el diario en la segunda página de aquel día y la única variable fue la cama deshecha, sábanas sucias. Usaron la casa de bulín, seguro.        Roberta buscó un Abogado, luego de limpiar y alistar al Abuelo. Buscó el mejor Abogado de Trieste, según le informaron. Tuvieron tres horas de espera, hasta que los recibió. Era un gordo más ancho que alto, cuya baba secaba con un pañuelo, de manchas dudosas. Luego que le relataron lo sucedido:

   —Sr Roca, tenga a bien tomar asiento en la Sala de Espera, me interesa hablar con su nieta, los términos de mis Honorarios.

   Cuando quedaron a solas, el gordo dijo a cuánto ascendía lo que deberían pagar. Roberta casi desmaya.

   —Bueno, mi querida, hay otras formas de pago.

   Éste fue un polvito más extenso que los anteriores, pero cerraron el trato y ganaron el Juicio.

   El Abuelo le preparaba té de camamila, todas las noches y de día polenta al hilo. Ella sentía un hogar recuperado y las anécdotas del Abuelo, casi siempre las mismas, la hacían dormir en mantas de recuerdos calentitos.

   —Rober, querida nieta, veo que salís a buscar trabajo todos los días y no encontrás. Te vas a enfermar, aquí también la desocupación es alarmante.

   Ella se cansó de rebotar en cada lugar y se le ocurrió una idea tropelíaca, ofrecía al paso, sus polvos rapiditos. Le fue tan bien, que puso con el Abuelo, una pequeña Pizzería al Paso, la llamaron: “Pizzería La Rapidita”.

viernes, 7 de junio de 2024

POLONIA

    Kartosky, amigo de Pietosky, vivían a cuarenta km de distancia, se juntaban todos los días en la casa de Mika. Era una valiente que quedó sola. Sus padres murieron en una guerra sin sentido, como todas las guerras.

   La quisieron adoptar, como cinco matrimonios. Ella les negó a todos una familia nueva, con el recuerdo de la suya, le bastaba. Kartos y Pietos corrían aventuras con Mika, tenían las mejores ideas. Todas de alto riesgo como trepar piedras y desde allí tirarse a ver quién llegaba más lejos. Ella los compensaba con comidas extrañas, sus amigos hacían que deglutían y luego escupían, o decían “voy a hacer pis” y vomitaban.

   Mika se enamoró de Kartos, en una de sus tantas caminatas se le tiró encima, le di un beso y otras cosas. Él no quiso, de ese modo tan explícito.

    —Si tenés tiempo te leo mis libros preferidos, vas a ver que te vas a divertir y necesito que Pietos esté presente. Escribe muy bien y es encantador escucharlo.

    —No entiendo, los tres fuimos a la misma escuela, ustedes aprendieron y yo, nada.

   Le dijo Mika:

   —Y si vos ni mirabas el pizarrón y odiabas la matemática, preferías trepar árboles. Quiero que se enteren, no pienso casarme con ninguno de los dos.

   —Nadie pidió tu mano, las mujeres nos dan miedo y espanto. Son mandonas y te ves obligado a realizar cosas que no te gustan. Enseguida quieren tener hijos y nosotros seremos los encargados de cambiarles los pañales.

   Habló Mika:

   —Todo lo que me denostaron no es joda. Además ¿quién habló de casamientos e hijos? Yo prefiero jugar tiempo completo, me faltan muchos árboles para trepar y conocer sus nombres. El que sabe al respecto es mi nuevo amigo Kielovsky. Si llega a pedir mi mano, se la entrego y me pongo al día, como corresponde lo que corresponde.

jueves, 6 de junio de 2024

COBARDES IGNORANTES

    No es que leamos mal los signos

   Milei dice lo que le dice

   la perra tiene vos y botox.

   La gente no discute

   protesta

   entre góndolas

   están serios

   callan

   hay miedos encubiertos

   pero

   es tarde.

CASH

   Vos sabés

   que mañana

   es el final

   no te importa

   a mí tampoco

   el niño

   no es de nadie

   que le sonría

   o le regale

   un chocolate.

   Él frunce el seño

   no es que no

   es que sí

 

   llora bajo…

   camina mientras llueve

   y se ríe…

   Hoy no se baña

   al cielo le agradece

   no está sucio

   un angel refulge.

      Y es él… 

miércoles, 5 de junio de 2024

VAS A VER QUE ASÍ VA A SER

    —Señor Rolex, le traigo este reloj de péndulo, perteneció a mi Abuela. Necesito que lo repare, antes de lo posible.

   Ejem…ejem, me dice creer que ser relojero es igual a un médico.

   —El arreglo completo estará fin de mes, tiene partido el péndulo. Esto no se pega y le dará incorrecta la hora.

   Este Señor Rolex, no lo quiere arreglar y yo lo necesito para controlar huevos pasados por agua, duros. Si hoy los chicos vuelven a la hora que dijeron.

   —Cuando termine la tarea, el reloj me lo trae usted. El armatoste es muy pesado y estoy sin auto.

   ¿Por qué hay que controlar la vida de acuerdo a qué me diga el reloj? Las horas, los minutos, el minutero y las campanadas, que evitan prescindir del despertador.

   Suena el timbre, es el señor Rolex, aunque lo de señor lo podemos suprimir. Me dice que el péndulo de bronce, suizo, le atravesó los cristales y no vio dónde cayó, pero que falta, falta. Doy por sentado que no lo arregló, lo destrozó. Dejé los pedazos en el garaje.

   —Usted lo único que tiene de relojero, es su apellido Rolex. Y vuele de aquí, mentiroso.

   —Decime, Roxi, ¿no conocés un relojero que haga bien los trabajos?

   —Es el señor Omega, cuidadoso y cumplidor. No lo podés creer. Si no lo puede solucionar, toma un avión y recurre a su Abuelo que vive en París y su nombre es Patek Philippe. Lo soluciona en tres días y opina que el Omega es una lata inservible. Te lo trae él mismo en una caja forrada en matelassé de seda mullida. Le agrada quedarse una semana, en la casa del cliente, por si existe laguna falla, los repuestos no los cobra, le interesa sólo la perfección de su trabajo. Habla español, si Francia le queda al lado, viste como en 1930, con un sombrero bombín. Hace poco quedó viudo y no lo podía superar. Viste cómo son todos los hombres, es viejo pero su aparato funciona como un reloj. No seas tan remilgosa y lo invitás a tu cama. Tiene veinte años más que vos y sos tan bella que el señor Patek Philippe te lleva a vivir a París. Tené en cuenta que le gusta cambiar de mujer, para no acostumbrarse después, a extrañar. No te enamores, entregate a lo que sea, pero después la cortás. Verás que tu autoestima queda inmune, como funciona un reloj. Tu marido se va a sorprender frente a tu cara de felicidad y tus hijos no te van a conocer. Después volvés a la rutina, encargada ella sí, de romper tu autoestima.

martes, 4 de junio de 2024

OASIS

    Tenía que ir a buscar materiales y de pronto le dieron ganas de seguir y seguir con las ganas. El terreno se puso difícil. Decidió seguir a pie, encontró un médano alto y le seguían otros atrás, menos altos. El sol le otorgaba ver los médanos, verlos en diferentes colores. Tropezó con un oasis de gente amable que le ofreció meterse en el agua. Lo invitaron a comer, había un suntuoso comedor, no había cubiertos, comían con la mano y enjuagaban sus dedos en una charola de plata. Lo invitaron a dormir en una cama con colchón. A las cuatro de la mañana apareció una chica en pelotas que se metió en su cama.

   —¿Porqué entrás desnuda?

    —Es muy simple ¿para qué voy a venir con túnica? Si después me la tengo que sacar.

    —¿Me tenés miedo? No sabés las cosas que te voy a hacer. Después te invito a Buenos Aires —dijo él.

   —Muchas gracias pero sería un oprobio, soy una persona decente. Además en el oasis hay una sola mujer y quince hombres. Los atiendo a todos, es mi obligación. Son insaciables, me dejan exhauta, pero satisfecha. Cuando quieras, mis piernas están abiertas. Disculpá, mis puertas están abiertas.

lunes, 3 de junio de 2024

UN GATO INOCENTE

    A mi Auditor no le gustó el cuento del ascenso al Everest, donde yo llegaba a la cima. Justo él, que es incapaz de trepar un médano de arena. “Ver el mundo desde esas alturas hacía comprender que uno era una mosquita y el resto, tanta maravilla, que hasta una mosquita podía sobrevivir.”

   El Auditor fruncía la cara en señal de desagrado. Lo odié porque mi deber era escribir un cuento por día y a media noche subirlo a mi blog. Me pareció ingrato de su parte, nadie ganaba echando palabras que usaría quien las necesitara, dijo el Cartero Massimo Troisi. Engañarme a mí misma no me cayó nunca. Sabía que casi todos los cuentos no eran buenos. Pero algunos pocos sí.

   Una noche, el muy bastardo, me ofreció su escritorio que a su obra le resultaba fuente inspiradora, para escribir algo como la gente, siendo que para mí, las gentes eran especímenes de cuidado.  Trabajé hasta el amanecer, hice un recreo merecido y revisé la literatura escrita por mi Auditor. Viejo mentiroso explotador. Había cosas mías copiadas textualmente. Partí furiosa, no sin antes vomitarle hasta el pobre gato. 

domingo, 2 de junio de 2024

SENTIMIENTOS PENETRANTES

    Fuimos amantes prohibidos, nuestros encuentros intensos no le importaban. Yo estaba tan pendiente de su ficción, que le entregué mis secretos. Se reía sin motivos, frente a mi cara. Hasta llegué a pedirle perdón por sus abandonos, diciéndole que yo en su lugar, haría igual. Mi cuerpo lo demandaba, él luchaba consigo, para no necesitar nada de mi persona.

   Un amigo ingenuo, me contó que visitaba la casa de una mujer, Madre de un hijo de catorce. Entendí, eran compañeros de gimnasia dura y ella le enseñó ejercicios de yoga, para calentar y en otros le corregía las posturas con las manos. Se instaló a vivir en la casa de la mujer.

   Veinte años más tarde, cinco de ellos lloré su ausencia. Mis proyectos personales crecían en horizontes. No pude establecer otra relación como aquella. Nadie sabía de los artilugios inventados por él, rompiendo conmigo su celibato. A esta relación le di una dimensión que no existía, poco a poco me resigné y hasta recordé la historia como una perversión de los dos.

   Fui a una Conferencia, la daba él. Era mi propia Tesis, que la asimiló de memoria. Adelante, en primera fila, estaba aquella mujer. La agarré del brazo con una cierta violencia:

   —Tu Novio, casi de la misma edad que tu hijo, plagió todo mi trabajo, decile y esto va para vos también, que su única verdad, era el mástil de su miembro.

   Los encontré en el Subte, la mujer masticando chicle con la boca abierta y colgándose de su hombro. La gente me empujó hasta ella, se lo grité:

   —Vos lo tendrás ahora, pero yo lo estrené, mientras él me entrenaba.

   Cuando me bajé del Subte, me di vuelta para mirarlo.

sábado, 1 de junio de 2024

THOMAS ALVA EDISON

    Le daba fobia la electricidad al prender la licuadora, tapaba sus oídos. Al microondas le temía menos pero siempre pedía ayuda para enchufarlo. Cuando quería ir al baño, si nadie le prendía la luz, no iba. Compró pañales geriátricos para tal situación, en ocasiones le rebalsaba, era humillante llamar a su Vecina para que la ayude.

  Cuando le tuvo fobia al teléfono, no se atrevía a levantar el tubo por miedo a quedar electrocutada. La comunicaron con un Acompañante Terapéutico, para ver si podía asistirla las 24 horas del día. Le contestaron que sí. A las cinco de la tarde apareció el Acompañante.

   Era joven y atento, le prendía y le apagaba las luces de toda la casa. Cuando quería ver una película le entregaba el control a él. Le parecía que por los controles pasaba electricidad. El Acompañante se fue sin saludarla, tenía miedo de no poder disimular que la odiaba, llamó a un amigo para que lo reemplazara.

   Ni bien se vieron, notaron una conexión más allá de lo conocido. Tenían los mismos gustos. Él se le adelantaba en sus mandatos. Prendía la tele antes que ella lo pidiera. Iban al baño juntos para prenderle la luz. Él se quedaba esperando y después la acompañaba al dormitorio.

   ─¿Apagaste la luz del baño?

   ─No, todavía no, tuve que prender la del pasillo, la de su mesita de luz y después apago la del baño.

   Esa situación, amo y señor, duró cuatro años. Hicieron un festín para festejar el aniversario. Él trajo un estuche. Seguro que es un anillo de compromiso, pensó ella. Pero comieron y brindaron y el estuche no se lo entregó.

   ─Compré un anillo para mi novia y como usted tiene muy buen gusto, quería que lo viera y emitiera su opinión.

   Ella le dijo que era precioso.

   ─Para usted tengo otro regalo, más placentero que un anillo. Me lo mandaron de Suiza, es a pila y sin enchufe, tiene seis velocidades. Abra el paquete por favor.

   Ella le sacó los papeles de afuera con cierta premura. Se encontró con un objeto raro.

   ─Hágalo funcionar, yo también lo quiero ver, le adelanto que es un consolador. Lo puede usar a cualquier hora del día y de la noche. No se lo mande muy adentro porque después para sacarlo, voy a tener que venir yo. Le va a gustar, le va a gustar tanto que hasta los vecinos la van a escuchar.

viernes, 31 de mayo de 2024

A LOS GRITOS

   —Chicos silencio, no es necesario que griten todo el tiempo. Tomen el ejemplo de Abelardo, no conoce los signos.

   —¿Qué signos?

   —Los de admiración, los de interrogación, etc.

   —No es que no sepamos, lo que pasa es que usted explica mal.

   La maestra lloró lágrimas de conjuntivitis.

   —Señorita no es que leamos mal los signos y usted parece que nos odiara.

   Convocó a los padres y les explicó lo que pasaba.

   —El chico es el peor de todos. ¿Ustedes podrán hacer algo para revertir esta situación?

   Dijo el padre que la culpa la tiene la maestra y lo mejor que podrían hacer es echarla de la escuela.

   Se escuchaba un coro que a los gritos cantaban al unísono.

    —¡¡Qué la echen!! ¡¡Que la echen!! Y cientos de que la echen.

   Cuando se hizo de noche siguieron “Que la echen”. La maestra no paraba de llorar, se desmayó. Los alumnos le caminaban por encima hasta dejarla como un huevo frito, pedía que no la mataran.

   Llegó la inspectora con cara de policía y dijo muy segura:

    —Tienen que entender (aunque no creo). Es que las cosas no son signos. Pienso que tendrían que echar a todos los alumnos.

   Uno de ellos dijo:

   —Mejor, tendremos todo el tiempo para jugar.

   Salieron en los medios, el señor presidente Milei ordenó cerrar todas las escuelas. Los padres los reputearon pero a Milei no le importaba nada. 

jueves, 30 de mayo de 2024

AROMOS

    Huyó de su casa, no daba para más. Era grande y todavía lo golpeaban, los insultos no le hacían mella. Cocinaban feo, muchas veces se descompuso y pensó que era demasiado. Armó su mochila y tomó cualquier micro. No sabía hacia donde iba, quería una sorpresa más agradable de lo vivido. Se hizo adicto al cigarrillo y otras hierbas. Los amigos le presentaron una chica que luego fue su novia. Era buena charlando y en la cama ni que hablar. No era un tipo que callara sus sentimientos, le decía:

   —Yo te quiero pero me aburrís. Cansa andar a pata por la ruta.

   Le gustaba dormir bajo los aromos, ponerse panza arriba y observar la luna y las estrellas.

   Una noche apareció una señora joven de acaballo. Como era de rigor se presentaron.

    —Mi nombre es José y vivo así.

    —Tenés que comprender que este predio es mío, no puede haber desconocidos, me llamo Estrella y tengo ganas de cabalgarte.

   —¿Tenés caballos?

   —Sí, tengo cuatro que son mis preferidos.

   —Pero a vos te doy un empujón y me acuesto encima tuyo, prepárate. Cabalgás bien, tendrías que montarme con más brío.    Pero es que no puedo, sos muy gordo, ese peso me impide disfrutar.

   —Nunca te vas a olvidar de todo lo que no me dejaste hacer.

   Era cierto, tenía un paquete más que interesante. Le dieron ganas de quitarle el paquete. El gordo estaba sobrando.

   Se sintieron los cascos de un caballo, era el padre de Estrella.

   —¿Qué están haciendo?

   —Lo mismo que hacés con la mucama y con mami, que a veces no la encontrás, porque tiene novio.

   —¿Mirá qué traidora? y vos me das vergüenza.

   —No te preocupes porque nos vamos enseguida.

   —¿Y a dónde?

   —Donde nos lleve el viento y no pensamos ni casarnos ni esas boludeces.

   Subieron a un auto rojo descapotable. Del padre no se despidieron.

   Anduvieron a la marchanta. Esas casualidades que tiene la vida. Era pampa lisa y ambos se dormían. Vieron de lejos una casita que pertenecía a sus amigos de la Universidad. Al llegar tocaron bocina y enseguida salieron a recibirnos, estaban canosos y con caras derrumbadas.

   Esa noche estrella se acostó con el marido de su amiga. Y José no se quedó atrás, hizo el amor con la mujer del marido.

   Partimos al día siguiente, el acelerador a fondo, chocamos contra un árbol, el auto se hizo mierda y nosotros también.   

miércoles, 29 de mayo de 2024

VERNISSAGE

    El abrigo hacía su persona. Tan alto y buen mozo, el sobretodo perfecto. Con un agujero feroz en el centro de ambos omóplatos. Todos lo mirábamos de frente. Estábamos curiosos y temerosos. De atrás nadie le iba.

   Era de bala y reciente. Tenía pedacitos de algo ensangrentado. Piel, debió ser. Había una ninfómana que se le prendió de la espalda y metió la lengua en el agujero.

   Pidió disculpas. Lo hizo para ver si él agonizaba y enterarnos si el abrigo era robado.

   Confesó que sí, robado. Relató que su hermano mellizo lo sacó de sus cabales y le dio un disparo en la espalda para que se calle la boca. Fue para ver si lo entendía y lo escuchaba, pero el chulo resolvió morir antes que eso sucediera. El matador le quitó el sobretodo al mellizo y se vio perfecto en el espejo francés del living inglés, aceptó la invitación al vernissage en el consulado de Penesuela y ahí estaba, con las manos cruzadas y todos nosotros mirándolo a él y al espejo, con él de atrás y delante en persona.

martes, 28 de mayo de 2024

TIC

    Subió al subte la pareja, ella se adormecía en un hombro y él le besaba la boca, pero con tal discreción que nadie se daba cuenta, excepto en el fondo, en un asiento individual, Raquel no podía despegar los ojos de aquel amor silencioso.

   Los miraba con ternura, como se mira de afuera alguna escena similar. En una Estación cualquiera, la mujer de la pareja se acercó a Raquel indignada, fueron varios los momentos donde Raquel miraba al novio y le guiñaba el ojo izquierdo.

   —Sabés que tengo un tic en el ojo, no es que me pase siempre, me sucede solamente con las parejas ajenas, no te enojes, quedate acá y mirá lo que me pasa, tu novio, el que ahora está sin vos, lo miro y el ojo me hace un tic parecido a un guiño de avance.

   La mujer usaba voz baja, pero no terminaba de entender.

   —Y no es que te lo quiera robar, no te ofendas, pero tu hombre, no me gusta para mí, aunque entre ustedes dos intuyo una pareja de excepción.

   Esta chica no es normal, pero parece sensible, lo del ojo se dio al nacer, según ella cuenta, si lo que quiere es un hombre, guiñarle un ojo no es bueno para empezar.

   Entiendo lo que dice.

   —Soy horrible, pero es que no me miraste bien.

   Estaba equivocada, la chica era de cara tranquila y de ojos orientales, que parecían querer ver hasta el fondo de todas las cosas, un gato, un perro, un cartel, si reparaba en ellos, algo los iluminaba. Tenía el pelo trenzado, le llegaba hasta la cintura y la rodeaba una especie de aura invisible, cuando la oscuridad de algún túnel.

   Ahora llega mi Estación, fue un gusto conocer una persona que por fin le puedo explicar. La chica llamó a una Señora, que parecía dormitar.

   —Vamos!, vamos!, María, tenemos que abrir la silla antes de llegar.

   La Señora se puso de pie y a su derecha encontró la silla de ruedas y la abrió, allí se sentó la chica. La Señora la llevaba, antes de salir, junto con la trenza se dio vuelta y les guiñó un ojito a la pareja, que apenas pudo cerrar la boca.