sábado, 7 de abril de 2018

COMPLICADO


   —Con la jubilación me organizo.
   Doña Francis es una mujer de mucha decisión y alto mantenimiento. Ella no podía resistir sus deseos de comprar.
   Tiene una zapatería bajo el edificio. —¿Qué necesita , Sra?
   —Quiero probar aquel zapato verde.
   —Le va perfecto.
   —Lo llevo.
   —¿Caja o bolsa?
   —Bolsa, trajo el izquierdo, yo quiero el derecho, además me tiene que cobrar la mitad.
   Estas chicas que ponen de empleadas no entienden nada.
   —Ud disculpe, pero los zapatos se venden por pares.
   —¿Y por qué voy a llevar dos si quiero uno? Es humillante, pero puedo pagar uno sólo.
   Contesta la tontuela: —Déjelo, Sra, cuando pueda llevar el par, prometo una rebaja interesante…
   Doña Francis no terminó de escucharla, se fue dando un portazo sin sonido, ahora las puertas cierran solas y despacio.
   Siguió caminando, con tacos que parecían tomar rutas distintas. Enfiló para la casa de ropa, flasheó con un vestido rojo:
 —¿Cuál es el precio, mija?
   —Tres mil novecientos.
   —Bueno, lo pruebo.
   Entra al probador, es previsora y siempre lleva una tijera en la cartera, por seguridad, o como en este caso, al escote muy  ceñido le realizó un tajo seductor, sin llegar al escándalo. El vestido no era de ruedo desigual, que es la moda cool. Lo extendió en el piso y le hizo un ruedo con tajos desparejos.
   —¿Le va bien Sra?
   —No se te ocurra correr la cortina, por ahora el recinto es mío.
   Guardó la tijera a buen recaudo y lo probó. Un espanto, era obvio que era segunda selección. Salió con la prenda hecha un bollo y la arrojó en la mesa.
   —¿Lo lleva, Sra? Le hacemos un descuento si el pago es cash, con tarjeta es un poquito más.
   —No lo llevo, no me va el color, el corte…hasta la confección es mala. El precio me va grande y no es “cash” es “cache”. Un consejo de vieja: tírelo a la basura…
   —Sra, es un delito lo que hizo con esta prenda, tendré que presentar una denuncia.
   —Pedazo de irrespetuosa, yo te haría una denuncia, pero por un trapo viejo, no vale la pena.
   Doña Francis, esta vez sí pudo dar un portazo con ruido y rajadura de vidrio. Quiso distraer tanta felonía y buscó un bar, pidió un cortado, le pareció un horror la gente caminante, tan ordinarios, hablando a los gritos, con esas cucarachas que les reemplazan una mano. Pidió la cuenta: —Srta, el café estaba frío y aguado, la leche cortada, la mesa pringosa y Ud, con esas uñas mugrientas, que no observé antes. No voy a pagar por este insulto.
   Le habían recomendado una casa de sweaters de lana, se avecinaba el invierno y todos sus pulóveres, llevaban el registro de mordidas de polillas.
   La encantó uno tejido a mano, con un primoroso bordado.
   —¡Hay cómo me gusta éste!
   La empleada le sonrió con dientes vendedores: —Pase por aquí. Tiene razón, es divino, ya verá.
   Doña Francis se miró al espejo y le pareció un tanto largo. Encontró la lana de cierre y haciendo un pequeño ovillo, que iba engrosando.   Se entusiasmó más con la tarea del ovillado, que con el sweater. Volvió a la realidad cuando miró al espejo. Le llegaba a las axilas.
   —Srta, Ud me va a disculpar, pero me va muy corto, demasiado.
   La empleada quedó con la boca tan abierta, que Doña Francis aprovechó para huir, mezclarse entre la gente y subir a su Depto. Buscó las agujas de tejer, se quitó los zapatos, los reemplazó con sus gatos pieseros y con el ovillote del sweater, que no compró, empezó a tejer uno nuevo. No gastó un peso.

viernes, 6 de abril de 2018

DISCRIMINATION


   El primer regalo que le hizo su Madrina, fue una enorme muñeca negra, su desagrado no tuvo disimulo. Las amigas se burlaban del color de la muñeca, decían: “Negra”, como algo peyorativo. Decidió esconderla en el último rincón de las muñecas.
   Había un haras de su prima rica, con unos caballos, blanco luna, moría por tener uno así. Para su cumpleaños, el Tío Gastón, le regaló un caballo negro como la noche, era brioso y de crines brillantes de cortes desiguales.
   Por agradecer, lo montó en pelo, se agarró de sus crines, galopando despacio, se agrandó y le dio en las ancas con las piernas. Sintió su vanidad plena, las primas de Buenos Aires, aplaudían su espalda derecha, la cabeza en alto. La Felicidad es corta, el caballo metió dos patas en una vizcachera, él zafó del pozo y olfateaba la cabeza de la amazona, que desmayó sobre una piedra inesperada. La trasladaron al casco y trajeron el único médico que había en la región. Trató de reanimarla con paños de agua fría y palabras dulces.
   Reaccionó luego de diez minutos, abrió los ojos y se encontró con el Doctor, de piel negra violácea, una sonrisa blanca y ojos de pestañas espesas. Ella suspiró hondo y cuando el Doc le besó la frente, lo tomó de un brazo: —Doc, gracias por curarme, Ud va a llegar lejos, como dice mi Abuela. Me gustaría que viniera a mi despedida, Tío Gastón siempre me hace una fiesta, con un asado que no comerá en otro lado. 
   Dos primas, reprobaron aquella invitación: —Vos estás loca, cómo vas a invitar un negro, aunque sea Médico.
   Todas opinaron lo mismo, menos los Padres, que consideraban al joven un atleta de la Práctica Médica, casi sin elementos, pero con manos mágicas, descubriendo enfermedades, sin diagnóstico ni en Bs As. Ella bailó con él, nacido en Senegal y afincado en Argentina. Comenzaron a encontrarse con frecuencia, para gran disgusto de sus Padres. Era una chica que no soportaba ningún tipo de tiranía. Partió con boda, para conseguir la Ciudadanía en Senegal, lo de la boda le pareció un acto vergonzante y no invitó a nadie. El regalo de su marido, fue un caballo de buen porte, color blanco nieve.

jueves, 5 de abril de 2018

TUVO


   El uniforme de pollerita kilt, tableado, blazer, camisa blanca y corbata, unas caras de celular incorporado. —¡Pobrecitas, qué les habrán hecho! 
-Dice beba, que es Maestra en un edificio gris musgo, estilo francés, con molduras olvidadas-.
   Su hermano, escritor de teatro, lúcido y loco, parecen opuestos pero es igual: —Casi no conocen a sus Padres, criadas por niñeras indiferentes, con cualquier suma a disposición.
   —¿Me dejan ir a la fiesta de Dol…? -Y los Padres, las dejan, olvidan ir a buscarlas y el embarazo de la más chica, tapado con legrado cuidadoso. Ni a la chica, ni a su novio free lance, les preocupa demasiado-.
   Ella está tranquila, porque es el Médico de la flia, le da unos sedantes, para que internet no le llene la cabeza. De cualquier modo, ella en la cabeza, no tiene lugar, en la panza sí. Todo ocurrió en tiempos confusos. La familia en cuestión, pasó de una casa country a una casa de ciudad, más chica. Pasaban los veranos en balnearios extranjeros, con spa y gastos suntuarios. Después, cerca de Bs As, en Punta del Este. Luego llegó Pinamar, apenas quince días.
   El Padre tuvo un cargo de menor jerarquía, mayor tiempo de trabajo, sueldo y “hasta aquí”. Las chicas se mudaron a Escuela del estado, guardapolvos a cuadritos azul y blanco. El viejo sacó un préstamo, compró el terrenito de al lado y se hizo una pileta que comió al jardín, reemplazado por macetas. Allí pasaban los veranos, se esfumaron las niñeras, la cocinera y la mucama. Quedó Juana, que limpia los pisos, se jubila el año entrante, su columna dio hasta donde pudo. Ahora comen todos juntos, se dan un beso cuando llegan y cuando se van. Las chicas cuentan, las Profesoras de cuarta y las pretensiones de primera. Juegan a ver quién se va en menos materias. A veces, el Padre, le besa la mano a la Madre : 
—Ché, qué rico está esto.
     Ella le agradece y oculta que compró en la esquina, comida hecha. Tiene dos trabajos y el tiempo no le cierra. Por primera vez son un grupo unido. Hay disputas, que luego de los perdones, unen más.

miércoles, 4 de abril de 2018

METÁSTASIS ELEGIDA


   2 de Abril de 1982. Milicos descerebrados, le declaran la guerra a Inglaterra. Nunca visto, el tercer mundo organizar una batalla contra el primero, Islas Malvinas. Con un ejército mal pertrechado, viejo, arreglado con alambritos, obligando a los morochos pobres de Chaco, Formosa, Mesopotamia, Catamarca y otros pueblitos indigentes, a tomar un fusil, ignorando su manejo, tanques y dos submarinos de descarte. “Que se mueran los negritos, no importa hay muchos.” Daban partes de triunfo, y estaban en la lona. Puerto Belgrano, la antesala del infierno, “Empujamo con el tanque y llegamo al otro lado.” Cuatro islitas, o no sé, en el medio de la nada, fueron son y serán inglesas, porque nuestro país, un empujoncito más y no existe.
   El Sur, desde Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego. Desde el nombre son boleta y como si fuera nada, venden tierra a gringos, turcos y otros ricos que quieren juntar suelo por las dudas.
   Por todo esto, Islas Falklands, hasta el apocalipsis.
   Argentina tiene deudas con parientes de muertos y lisiados vivos. Ya se olvidaron. No sé qué conmemoran, el día que se mandaron la cagada. Qué brutos que son, dan vergüenza propia, por vivir uno en este país de cobardes, latrocidas y corruptos. No les damos con metralla, porque tenemos principios y no armamento.
   Siempre queda tiempo para revertir y entonces…prepárense…   
                                       

martes, 3 de abril de 2018

CONTRAMANO



   El sillón más cómodo, estructura de ratán y almohadones de duvet, puedo descansar mis piernas presiesteras.
   La espalda semioblicua, con el sol de la tarde entreverado entre cañas y una puerta que le da la bienvenida. El placer de los gatos dormidos, acompaña mi reposo. Observo bufandas de luz, con pelusas microscópicas o alas de mariposas suspendidas en el aire, como ausentes. Se me caen los párpados, imagino vidrios rotos que separan su entero y flotan como besos olvidados, niños transparentes que juegan a ser copos invisibles. Levanto mi mano cansada y trato de cambiar el rumbo de las bufandas y puedo ver el sol que abandona sus dibujos. Los gatos vuelven a la alfombra, el más chico sigue durmiendo, en el lugar de mi panza, donde más me duele.
   Cuando llego al sueño tranquilo, se escucha la voz de la enfermera:
—Señora. –La Señora es mi Mamá, que tiene yeso en los brazos y en las piernas, debe tener vendajes-.
   Papá quedó hipoacúsico, se rasca la espalda con una aguja de tejer.
   —Por suerte  el hijo no tiene nada, el Dr dijo que lo traumático se cura. Se atiende solo, pero no contesta.
   La Enfermera insiste en llevarme a la cama. Le digo: —Me duele la mano, los dedos en especial.
   —Mamita. –Me dice la bestia- Es la memoria del cuerpo, la mano la perdiste en el accidente.

lunes, 2 de abril de 2018

CUARENTA GRADOS


   La maestra de cuarto lo llamó para corregir su cuaderno. Él contemplo las pestañas de seda, esa manos de paloma cerrando en un rojo fuego dando vueltas las hojas, le hacía cosquillas en la nuca. El perfume lo embriagaba. La señorita lo felicitó, escribió muy bien diez, excelente y le besó una mejilla.  Bruno sintió que le temblaba todo el cuerpo y sus oídos escucharon una voz familiar: —Es altísima, traé el jarabe. 
   Sonó el timbre de salida, llegó a su casa y apoyó la mejilla en un azulejo del baño. Quedó estampado el rouge, Bruno besó con fervor aquella mancha, tenía frío y calor al mismo tiempo.
   Llegó temprano al aula y ella lo esperaba, le ayudó a quitar su mochila y él pudo ver el principio del escote. La señorita atrajo la cabeza de Bruno para que escuchara los latidos de su corazón. Sintió el privilegio de poder tocar con su oreja aquellas cosas mullidas.
   —El tema de hoy es el corazón. -Dijo la Seño-.
   Sintió que la sangre entraba en ebullición y de nuevo la voz lejana:  —Traigan paños fríos, sigue alta.
   Llegó el momento que tanto deseaba. La maestra lo abrazó y llevó la mano de Bruno ahí, justo ahí. Escuchó a su madre: —Ya está bajando, ahora que duerma se lo nota agotado.
   Quiso retornar, la escuela estaba cerrada. Sus padres y el médico rodeaban la cama, sonreían. Cerró los ojos tranquilo, un líquido extraño mojó el pantalón de su piyama.

domingo, 1 de abril de 2018

DE GÉNERO


Roberto Cazeneuve recomendaba a sus amigos: 
—Si se casan con cualquier mujer, aunque prometa el oro y el moro, será el comienzo de dejar de ser hombres, a mí me ocurrió y recuperar mi hombría, llevó la mitad de mi vida. La otra mitad la heredó ella, vendiéndola por moneditas.
   —Roberto, vos nos contaste que ella era generosidad en estado puro, te dejaba hacer los mandados, limpiar toda la casa, cocinar mañana y noche, llevar los chicos a la Escuela, lavar y planchar, barrer la vereda y pasarle la manguera. Ella salía con sus amigas, renovaba su guardarropa, gustaba de viajar sola con tu hermano…
   —Por todas esas menudencias dejé de ser hombre, no me afeitaba porque no me salían pelos en la cara. Ataba mi pelo con una gomita, para que no me molestara en las tareas y me compré un uniforme de pollera, para no ensuciarme la ropa. Cuando tocaban el timbre, por algún expediente atrasado, yo decía que el Señor no estaba.
   —Escuchame, Roberto, vos sos un tipo pintón, no se nota que sos más pobre que las ratas. Agarrala de prepo a tu mujer, del pelo, viste que para ella los rulos son sagrados, la llevás a la vereda y le decís que la barra, le eche agua y secador. Cerrás tu casa con llave. Abrile la puerta con un canasto hasta el tope de ropa sucia y ¨se va la segunda¨: “Lavá esa mugre, secala y planchala¨ Si no recuerda cómo se hace un huevo frito, tirale por la cabeza el libro de Doña Petrona. Después fíjate, los dos últimos críos son el retrato de tu hermano ¿Cuánto hace que no te la cogés? Mi teoría es perfecta, está siempre de viaje con él, por las fechas, son de él. Mandale los pibes a tu hermano y te sacás dos pesos de encima.
   —No te parece un poco cruel?
   —Para nada, fíjate en el baño, te está creciendo la barba. Si ella trata de seducirte, sacale un pasaje a Berisso y listo el pollo. No te jode más y así tu consejo se hace tan real que si se te cruza una mina en la calle, le pegás una buena patada en el culo.

sábado, 31 de marzo de 2018

NÉCTAR


     Amo el sol cuando huye, pretendo subir y bajar médanos, no lo alcanzo, hay una palmera que me ayuda y le veo rayos verdes y magentas.
   Y amo la palmera, que me subió tan alto como mi Padre me levantaba en la terraza, para ver el sol cuando nacía.
   Amo el olor a tostadas de mi madre y el olor de su pelo mojado, para luego no volver durante cuatro horas. Amo los árboles enfrente y las sierras protectoras de sus copas. Hablando de copas, amo tomar un whisky al atardecer, ver al matrimonio de quinteros pasar por la vereda tomados de las manos, con espaldas encorvadas para siempre.
   Amo los perros de la calle y esos ojos tan tristes, cuando semiduermen y tan alegres cuando llegan sus amigos. Amo todos los novios que tuve y los dos maridos que bancaron mis histerias y respetaron el silencio de mis cuentos. Amo a todos y cada uno de mis compañeros desaparecidos, tan jóvenes, dejaron una generación rota, dando como resultado la ignorancia y la barbarie. Amo las hortensias azules de mi abuela y el temor de las hijas a que no se casara nadie. Da risa, porque todos nos casamos dos y tres veces, a pesar de las hortensias.
   Amo cuando miro parejitas de quince, pegados en un abrazo y un beso de alfiler, que cierra un amor un rato, o para siempre, nunca se sabe.
   Amo el tránsito sólo de bicicletas, partiendo el aire con la pureza de una recta sigilosa. Amo mi hijo, mis libros y el jardín que crece como quiere. Amar es un deleite que se aprende de los otros, los que aman la tierra, el aire y el cielo.
   Amar es también, quedarse un ratito más en la cama.

viernes, 30 de marzo de 2018

NADIE ME QUIERE



   Acá el compañero me dice que yo odio 24 horas y si el día tuviera 28, no me perdería las cuatro restantes.
   No respondo, porque es cierto, odio todo, las personas, los autos, las calles, los edificios, los niños que lloran, las madres que cruzan la calle con cuatro niños atrás, como si no les pertenecieran.
   Los curas, las monjas, la gente que no sonríe, la gente que toma el segundo puesto en la carcajada y es falsa, forzada, molesta. Odio los motoqueros, los obreros comedidos que te dicen: —Cuidado, Señora, se le puede caer un ladrillo en la cabeza.
   O cuando tropiezo largo a largo y vienen cinco a preguntar: —¿Abuela, le pasó algo?
   —Momento, Abuela su Madre, yo aterrizo y me levanto sola, no rompo ni los anteojos, pueden seguir chusmeando a los que nunca se caen.
   Odio la verdulera, cuando pregunta qué voy a hacer de comer, me dan ganas de contestar: Mierda. Pero no lo hago porque temo que la próxima vez me rellene alguna verdura con caca.
   Odio hacer cola en el Banco, voy bien temprano y ya hay gente. Al rato parece la Corte de Los Milagros. Un olor a pelo sucio, a crema barata, a pata, a milanesa.
   Odio mi compañero que me dice que pare un poco con el odio continuado. Justo paso por un Local Kakoncho, falso peronista y les grito: 
—¡¡Devuelvan la guita, chorros hijos de puta!!
   Hay gente que se siente aludida, por algo será, a veces son amigos y es un papelón. Después tendría que pedir perdón, cosa que odio como cuando se me rompe la heladera. Odio hablar del odio en un cuento con las mejores intenciones. Odio cuando opinan que es bueno y yo opino que es una gadorcha.  

jueves, 29 de marzo de 2018

DESDE EL ALMA



   Querida Isabella:
                               Te mando esta carta manuscrita, con sobre blanco y estampillas, certificada sino, no llega. Notarás la letra tembleque, es porque tengo una enfermedad del nombre de no sé quién, si del Médico que la descubrió o el enfermo que la padeció. Es casi seguro del miedo a la muerte, no existe idea más obsesiva para mí, que en cualquier momento me voy a morir y si después sigo temblando, yo me muero.
   No es un disparate, pero si lo es, por favor escribime. Un beso en cada mejilla y saludos para los que quedan, si no me contestás, sabré qué te pasó, nos pasará a todos.

   Queridísima Fátima:
                                    ¡Estoy viva! Es una rareza, sabés que no me ubico en tiempo y espacio. Tengo curiosidad, cuándo te conocí y dónde nos encontrábamos cuando sucedió? Mi memoria está perfecta, sé que sos mi querida Isabella, pero no me atreví a llamar y disculpá mi sinceridad, me dio miedo que estuvieras tocando el arpa. Soy tan mala para los presagios, que confundo si primero tenés que morirte vos o yo.
   A veces pienso que el tiempo hace que paseemos con abanicos, en vez de celulares y los jóvenes feliciten a nuestras Madres, por tener tan bellas Hijas. Por suerte, ambas no existen, porque ¡cómo nos jodieron la vida! No quiero ni pensar que nos jodan la muerte. Con respecto al espacio, te digo que caminar por el techo es fantástico, para atrapar arañas, sin plumero y tocar la panza de la luna, cuando está llena. Entre otras diversiones.
   Bueno, dejo aquí porque la espalda me está matando, muy irónico. Me voy a dormir a la pared, es donde mejor amanezco. Deseo que tus temblores no impidan que me respondas y continuemos nuestra amistad, en una relación epistolar.
                                            Te mando besos desde algún lugar que ni yo sé.

miércoles, 28 de marzo de 2018

CORTINAS


   Lo único que le rescataban algo de ganas de vivir, eran sus viajes. Mandaba tarjetas mensualmente de Jujuy, Salta o Río Negro, escritas con tina negra, decía obviedades; Mamá por eso, tal vez, leía con gesto indiferente. Él volvía feliz, por unas horas. Todos sabíamos que deseaba partir antes de llegar. Viajaba seguido en el Vapor de la Carrera, tenía un grupo de amigos con ganas de vivir. Se los ve en las fotos sonriendo. A mi madre, el gesto de las sonrisas, la ponía triste.  A Él le gustaba Montevideo y pasaba tiempos solo. Mi madre lo recibía con un beso y sonrisa forzada.
   Mi tía Emma pidió ir de visita, en ausencia de nosotros. Ese día llegamos temprano del colegio. Algo rescatamos, Emma hablaba de derechos, murmullos inaudibles y luego: “…nosotras somos distintas, hay un departamento, justo enfrente.” Dedujimos que tenía dinero para comprar una propiedad. Se escuchaba: “vamos, Laura, lo hecho, hecho está, no llores más. Vos sos perceptiva ¿ni se te ocurrió?” Por último, de mi madre, escuchamos eso: “Que los chicos nunca lo sepan.” Nos intrigaba qué cosa no debíamos enterarnos y porqué no. Si mamá lloraba, debía ser importante. El único dato fehaciente, según mi hermano, era las ventanas de enfrente. Con mucha frecuencia tomábamos los prismáticos para ver de qué se trataba, sólo veíamos cortinas volando y otras cortinas que impedían ver quién vivía allí. Mi padre siguió con su vida nómade por consejo médico.
   La última vez que decidió volver se instaló en la última pieza de casa. Estuvo una semana mirando el techo en la semioscuridad. Mamá le dejaba las comidas cerca de la puerta que él había cerrado con llave. No probaba bocado. Una mañana todos escuchamos un disparo. Era papá, que se había ido de viaje para siempre.  Los ojos de mamá quedaron tristes de todos los días. Ella también miraba las ventanas de enfrente con prismáticos. Le pasaba como a nosotros. Había tantas cortinas que descorrer. Decidimos investigar en la baulera. Había juguetes que no eran nuestros, ropas de bebé apolillada y un zapatito bañado en bronce.
   En nuestro primer día de Universidad vimos salir alguien extraño de enfrente. Tenía la bufanda roja que tejió mi madre, le daba dos vueltas al cuello y lo que nos dejó pasmados fue que era igual a mi padre de joven. Tomamos el mismo tranvía. Bajamos todos en la misma Facultad. Él nos alcanzó y nos preguntó en qué aula se cursaba derecho penal, tenía la misma voz que nuestro padre. Cuando volvimos, entre cómo les fue y el chico igual a papi, mi madre sólo dijo: “En esta familia hubo siempre hijos naturales y a su padre se ve que le gustaba mucho la Naturaleza.”

martes, 27 de marzo de 2018

SE SIRVEN LO NUESTRO


   —Fui capataz de mis vacas, el ojo del amo engorda el ganado, dicen. Las vacas engordaban y el gobierno de la estúpida las adelgazó.
   —No se ponga así, Don Ramiro, este Gobierno lo va a sacar del pozo, ya va a ver.
   —Ya estoy viendo, estamos peor que antes, no hacen nada por nosotros y reparten sonrisas y tocan puertas al pedo. La gobernanta, con esa cara de niña buena, prometió, junto con el otro, bajar las retenciones. ¡Mentira! Las de soja no bajaron y nos subieron los demás impuestos. Estoy pagando mi tierra, cuatro veces más, como si la comprara de nuevo ¿Y sabe cuánto tengo?, dos parcelas.
   —Tiene bastante, Don Ramiro, si no fuera porque a su hermano se le ocurrió lo del tambo, a lo mejor ahora sería rico.
   —El campo se inundó cinco veces, parecía la laguna de Chascomús y las pobres vaquitas, nadaban crol en el agua. Qué me habla de ser rico si estamos como los pobres, los que tienen 6000 hectáreas, esos sí que van a Europa todos los años, sin pagar impuestos ni nada. Son unos hijos de puta, son. Dejo a mis hijos acá y que dios los ayude, saldrán del pozo. No creo que dios exista, si no se borró bien borradito.
   —¿Y usted que va a hacer, Don Ramiro?
   —Yo me subo a mi tordo y me voy a trabajar de peón golondrina, le mando la miseria que me van a pagar, al gurí menor, para que termine la escuela, aunque más no sea. Los demás que aprendan a no servir, sino a ser servidos, como antes mis padres y mis abuelos. Ellos sí que educaron, no como los maestros de mierda que ahora son tan pobres como nosotros…
   —Algunos, Don Ramiro, mis hijas no, por ejemplo, enseñan gratis y llevan la frente alta, no como lagartijas. Ellas son mi orgullo y los chicos mi esperanza.    

lunes, 26 de marzo de 2018

PERSISTENTE


   Virginia venía todos los veranos a la casa de Eduviges, una tía abuela. Me fugaba a su casa, allí sí me daban permiso y si no iba igual. No había un solo rincón de la casa que no tuviera olor a pis. No de gato, ni de perro, ni de loro, era olor a pis de persona.
   La Tía Abuela se sentaba en el alféizar de la ventana: —Les voy a contar la historia de la señora tan rica, que vive en…
   Le tomaba como un freno de mano en el relato, mientras contemplaba el vuelo de una mosca. La espantaba sin un brazo, Eduviges tenía una cara tan horrible, que hasta las moscas huían. Y seguía: —Una casa parecida a un Monasterio y él…
   Frenaba de nuevo. —No sé en qué estaba, seguro que no tenía importancia. Salgan a jugar, usen la casa, la vereda, el placard de vestidos antiguos.
   Virginia abría, pero la ropa tenía un olor a pis de generaciones.
   —Se ve que mis antepasados meaban tupido.
   Eduviges iba a Misa, al llegar a la esquina se dio vuelta y nos miró como cinco minutos, con apariencia de no conocernos. Siguió caminando media cuadra y se dio vuelta y nos miró con curiosidad apagada. Ese día la corrimos. —Hola Eduviges, ¿vas a Misa?
   Contestó: —Voy a visitar a la Sra…
   Pausa, cinco minutos. —No sé quién ni dónde, pero voy.
   Virginia se puso roja: —¿Sabés que nunca se cambia los calzones? Desde que tomé conciencia de los diferentes olores, me di cuenta por qué ningún familiar la visitaba ni la invitaba. Mamá dice que ojalá los perfumes importados tuvieran la persistencia del olor a pis de Eduviges. Toda mi familia piensa que soy una santa en venir a pasar algunos días del verano. Soy desconsiderada con vos, perdoná…
   —Mirá Virginia no sé si es peor, pero cuando viene mi Abuela en el verano, a pasar unos días, mi Madre le hace tazones con dos cajas de Factor AG y no pasa nada. La mía, la ventaja que tiene, es que usa silla de ruedas, te la olvidás en el jardín. Estrategia de mi hermana.

domingo, 25 de marzo de 2018

UTÉRICA


   —Elis, estamos en la lona, si te casás con Ramiro, podemos levantar vuelo.
   Elis era bellísima, solía romper corazones y se le conocieron, al menos, dos suicidios por ella denostar aquellos amores.
   —Mamá, Ramiro es un culo roto, pretencioso y engrupido, mirá si es infiel? Insolente.
   Cuando se terminó el papel higiénico, Elis sedujo a Ramiro, que agarró viaje enseguida. Pasaron la luna de miel en Japón. Ramiro llevó su Secretario, para no retrasar sus negocios. Siempre tenía mesas de acuerdos en Japón. Elis quedaba sola y pensaba: —Si así es mi luna de miel, lo que me depara el después. Este Ramiro no curtió conmigo ni la noche de bodas, adujo que estaba cansado, no tiene cara.
   Lo único que me daba placer, era que mis viejos, gracias a las matufias de Ramiro, se convirtieron en nuevoricos. Pero yo necesitaba otro tipo de placeres. Visto y considerando que con Ramiro no pasaba one, me acosté con el ascensorista, con el chef de cocina, con el conserje, con algún pasajero solitario y dos japoneses juntos, pero respetuosos de sus turnos. Todo esto lo pude hacer porque ¿Quién me conoce en Japón?
   En Argentina Ramiro tomó las riendas y se puso al día con sus deberes maritales, eran lastimosas sus intervenciones, torpe, egoísta e ignorante.
   Volví sin avisar a nadie, en Japón son unos capos, los oblicuos, gracias a un japonés que hablaba español, supe que Ramiro se suicidó. Me hizo sentir pésimo que hubiera un tercero que tomara esa determinación por mi amor.
   Retorné para el sepelio y los cobros de única heredera. Fui citada por el Escribano, leyó el testamento, Ramiro dejó toda su fortuna al Secretario, el suicidio fue porque el Secretario me extrañaba y le dijo que estaba enamorado de mí.
   Los japoneses del Hotel, le contaron mis habilidades culinarias y el Secretario pensó, pelito para la vieja. Nos casamos y abrimos una cadena de hoteles japoneses, incluyendo mis servicios, que a mí no me costaban nada, tengo fiebre utérica. Dentro de dos semanas hago mis votos de castidad y entro en un Convento. Para mí fue suficiente.

sábado, 24 de marzo de 2018

EN LOS ASCENSORES NO SE HABLA


   —Lo traje a Lito para que lo conozcas, te hablé de él dos años y nunca…
   Doris vivía en el quinto, tenía un aura de soledad que dolía, nos cruzábamos en el ascensor y hablábamos pavadas. Se invitó sola a tomar un café a mi departamento. —Si no es molestia para vos, Mechi, necesito tu opinión.
   Vivía con su hijo de cuarenta años, que no trabajaba, tomaba whisky todo el día, no quería bañarse y le sacaba la totalidad de su pensión.
   Doris tomó mis manos. —Decime, Mechi ¿Qué hago?
   Me molesta que me toquen las manos extraños. —Echalo, es lo más sensato.
   Doris quedó peripléjica,…
   Al día siguiente lo trajo, sin previo aviso. Alto, traje de buen corte, pelo mojado y engominado, ojos esquivos. Me besó en la mejilla:
   —Mucho gusto, Mechi, Mami me ha contado tanto de Ud, que es como si la conociera de antes.
   Todo dicho con aliento a whisky y oliendo a medio frasco de perfume vencido. Se fue a los cinco minutos, antes extendió la mano a su Madre, con la palma hacia arriba. Doris abrió el monedero y le dio todo lo que tenía.
   Me saludó: —Nos vemos, Mechi.
   Y cerró la puerta como suya.
   —¿Viste que buen mozo Lito? Olvidate lo que te dije el otro día. Soy de exagerar.
   No me dieron ganas de contestar nada.
   —Me enteré que vienen tus hermanas y esos sobrinos divinos que tanto te cuidan, vienen a dormir, charlan y se ríen.
   Nunca supe cómo sabía de mi flia, pero bueno, cada loco con su tema y cada tema con su loco.
   —Quiero conocerlos, Mechi. ¿No puedo venir mañana, que sé que están todos?
   No me dio tiempo a eludir ese descaro. —Y…bueno, Doris, vení. Vamos a ser un montón.
   Y la muy caradura contesta: —Es un dicho popular, donde caben ocho, caben nueve.
   Mis hermanas charlaban conmigo, de los Tíos del campo, los trabajos, los chicos, en fin, temas comunes en nuestras reuniones.
A Doris nadie le dirigió la palabra, ella pasaba garbosa a la cocina y para todos era como un objeto no identificado. La mañana siguiente, apareció a las ocho de la mañana, con ruleros y una bata abierta.
   —Ay, Mechi, me muero de curiosidad, contame qué te dijeron de mí tus hermanas, tus sobrinos y una señora que se ríe todo el tiempo, ves, ésa no la tenía. ¿Te dijeron algo de mi vestido hecho con mis manos? ¿Y de mi collarcito de perlas sin cultivo?...Mechi, no te quedes con la boca abierta, por favor decime qué opinaron todos y cada uno de ellos.
   No hubo caso, no pude cerrar la boca, pero sí cerrar la puerta, con ella afuera…   

viernes, 23 de marzo de 2018

PARAJODA


   Quedan cosas pegadas de libros, películas, obras de teatro, hay músicas que no suelen acompañar al escritor, aunque algunas notas impliquen palabras. Y los años malignos, con tantos nombres, anécdotas, odios, amores, olvidos, recuerdos, no hay lugar para tanto.
   Me da bronca cuando releo un cuento mío y le encuentro olor a otros autores, de lo que sea. Aunque comprenda que las historias son las mismas de siempre, contadas desde ángulos diferentes, parecen recién nacidas.
   Odio que me interrumpan cuando escribo. Me llaman a comer, estoy desfalleciente de hambre, no me importa, me cortan lo que estoy escribiendo. Una vez relaté una historia de una mujer, que casi se ahoga por lucir unas piedras preciosas y por una intervención como:
   —¡Vení a comer!
   Desfiguró la historia, la mujer terminó comiendo papas fritas, con huevos de esmeraldas.
   Taché todo, desde el principio que tan mal no estaba, hasta el bodrio final.
   Me tomé cuatro rivotriles, el efecto paradojal no me dejó dormir tres días. A los tres, resucité entre los muertos y comencé un cuento tan, tan cursi, que partí la birome y me fui a caminar como loca mala. Soy mala escritora, pero buena persona, en mi caminata no pisé ninguna margarita.

jueves, 22 de marzo de 2018

Y OTRAS CUESTIONES


   —Hace cuarenta años que es mi Secretaria, tenemos confianza de hermanos, de amigos, de ideología y sobre todo moral.
   —¡Escuchá lo que decís! Cuarenta años y me vengo a enterar ahora. ¿Vos que tenés en la azotea?
   Él le contestó: —¡No! Lo tuyo no tiene nombre, hace cuatro años que te pusieron a trabajar, tenés un Secretario, un tipo que recién conocés y te la pone.
   —Por lo menos, nosotros usamos su departamento y a veces hasta laburamos, en cambio vos y esa vieja trola, con la que acordaste tener un dormitorio al lado de la oficina…
   Si ella supiera que mi Secretaria viró a matrimonio hablado y más tarde al silencio comprensivo de los años.
   No quiero lastimarlo, fue un apasionado en los principios. Tuvimos hijos, cambié pañales, les di la teta, tres años a cada uno y pasó el tiempo, me aburrí y decidí trabajar. Un corrupto del gobierno anterior, al que yo escondía mi desprecio, me dio trabajo, los expedientes tapaban el escritorio. Mandaron un Secretario sigiloso y capacitado, los cafecitos de todas las mañanas, eran tácitos. Al año, subiendo una escalera, para buscar la carpeta de un Jubilado olvidado, él me acarició las piernas, temblé, hacía tanto que nada y el abrazo olvidó los expedientes. Fuimos despedidos por inoperantes.
   —¡Sí Uds traban todo kakonchos y el que está ahora se hace el sota!
   Es lo mejor que me podía pasar, no laburar más para delincuentes…vivimos en su departamento, mitad del día y la otra, vuelvo a casa. Él se pone contento y me da besos que me dan asco.
   La Secretaria de él es casada. Mi Secretario también.
   Es toda una espiral que llena de humo para confundir la vida.  
                 

miércoles, 21 de marzo de 2018

LAS CUARENTA


   —Hola…
   —Sí, te escucho, sí estoy nervioso.
   —Tengo el teléfono intervenido y no es q…
   —Sí, sé, pero no me lo digas, nos encontramos.
   —También me siguen, sí, sí, sí, tenés razón, soy un otario.
   —Dónde va a ser? En el lugar que ya…
   —Bueno, me alegro que te acuerdes. Espalda con espalda, no, no.
   —Es por si a vos también. Hablame por el hombro derecho, te contesto por el izquierdo. ¿Qué?
   —No, me parece que la copa hace más aspaviento.
   —Pará, loco, qué te pasa!? Yo me la cogí una vez, una putita, no jodamos…voy para allá, pero cambio de auto, no te lo voy a decir por teléf…sí chau.
   Me suena el celular, justo el Chofer se da vuelta: —Hola…te gastaste en Detective, en autos con tipos raros.
   —Y yo que voy a saber que es tu mujer, gil. Morite, puto.
   El tipo me pega un balazo justo aquí: 
—Chofeer!...Nooo!!!
             

martes, 20 de marzo de 2018

USTED SE HA COMUNICADO CON...


   Viajamos, una vez por mes, a ver a Mamina y Ema. El micro a Buenos Aires me da ganas de vomitar, Papá me pone un pañuelo con perfume, miro a Mamá, le digo: —Voy a vomitar.
   —Ni se te ocurra.
   Le vomito encima, al pañuelo de Papá no le queda ningún lugar limpio y el de Mamá es chico, se enoja: —Es mi ropa de viajar a Bs As.
   Dice que me va a matar, con los dientes apretados. Le pido perdón.
   —No! Qué perdón ni perdón, vos no sos una hija, sos una desgracia.
   Papi le dice que baje la voz, porque los pasajeros miran.
    Cuando llego, me gusta entrar por la puerta de la cocina, donde viven Justa y Raimunda, me saludaron con abrazos, pero duró dos minutos.
    Mami me pellizca finito, para que salude a mis Abuelas. ¡Es de feo! No te abrazan y te dan besos pinchudos, que salen de globitos negros, se llaman lunares, además  me dejan la cara mojada. Paso el primer living, que está de adorno, el comedor, el pasillo, con tantas puertas que marean. Aterrizo en el living de estar. Mamina me pregunta si ya voy al Jardín y Ema: —¿Cuántos años tenés, Patricita?
   Le digo cinco y me contesta que ella pensó que diez. Papá se va a Tribunales y Mamá a visitar las mellizas. Ema llama a los dos chinos y encarga tostados de jamón y queso. Vienen rápido. Mamina se pone un plumero en la cabeza, con el mango metido en la espalda.     
   —Juguemos a las visitas, vos Ema, ponete el bonete chino…
   No hay señal cuando es la infancia, se corta y me pongo grande, porque llega mi hijo y hace tanto, sin avisar. Nunca le conté lo de mis padres, sólo sabe que militaban, no los mataron, murieron mucho después en un accidente de auto.  Ahora no importa. Me abraza y le doy un beso, me mira fijo la mejilla. —Mami, tenés un lunar con un pelo pinchudo, como me dijiste de las Abuelas. La semana que viene te lo saco, para eso me hiciste cirujano. Trabajo con láser, en el primer mundo, las técnicas son no agresivas, le voy a dar un poco a toda tu cara, vos te la dibujaste triste, yo te llevo conmigo a Rumania, necesito un poco de infancia. ¿Qué loco, no?...

lunes, 19 de marzo de 2018

LO MEJOR


   Trabajar todos los días, ni en pedo. Trabajar es una mala palabra, si la separás, en un episodio de sensatez: “traba” de trabar y “bajar” de hundir.
   Te paraliza y te hunde la vida, por si no fui coherente. Le doy bola sólo a mis ganas. Se cruza una bahía azul, queda en Isla Mauricio, aterrizo al día siguiente, tengo un amigo sinvergüenza, que tiene un avión privado.
   Eso ocurre si movés todo el tiempo, conocés gente piola, generosa, o gente gris avara. A estos últimos no les des importancia, saludás igual, el saludo no se le niega a nadie. Puede que te cruces con un cana buena onda y le des un abrazo.
   Al día siguiente te encontrás con la mochila vacía y pensás que fue él. Agarraste para el lado más bestia de la vida, la Srta que te sedujo anoche, vació tu mochila, y sí, hubo un polvo a cambio, pero te salió carísimo.
   Tejer y destejer, andar y detenerse, cuando lo desees le ponés gran angular a la vida, que es angosta, sobre todo para un tipo como yo, que tengo cáncer y me dieron dos meses, con suerte. Esto último, siempre me faltó.