sábado, 10 de agosto de 2024

VACUNADOS

    Lo dibujó en un papel, nos llevó al terreno vacío y dijo que miráramos a través del papel cera, el piso quince, señalado con un punto rojo, globo a gas y nosotros como dos boludos, le dimos el adelanto de trescientos mil dólares. Al día siguiente le entregamos el dinero y con el entusiasmo olvidamos la certificación. Fuimos al siguiente y la Oficina era tapera, nunca se construyó nada, obvio y quedamos en la calle.

   Luego de curtir el duelo y sabiendo que aquello no tenía solución, a mí mujer se le ocurrió algo. Teníamos enfrente un terreno del tamaño de una manzana. Nadie sabía a quién pertenecía, pero una cortadora de superficies grandes dejaba un césped grueso y prolijo.

   Estaba rodeado de postes cuadrangulares, de madera noble, pintados con cetol y con cinco recorridos de alambres sin púas. Pusimos un aviso en el diario y llovieron las respuestas. Nos comportamos como el estafador, mostramos el papel cera, para ver a través. Conseguimos un globo a gas, rojo y a los futuros adquirentes, les señalábamos la ubicación de los distintos pisos. Mi mujer los atendía con ropa de diseño y escotes escotados. Yo con mi traje de casamiento y una corbata discreta, como la discreción.

   Cayeron tres puntos, con autos lungos gamuzados y uno tras otro dieron el adelanto confiando en nuestro aspecto confiable. Con novecientos mil dólares y otros cuatro puntos que cayeron retardados, dos millones doscientos mil dólares, desaparecimos del pueblo.

   Compramos una casa rodante importada de Panamá. Llegamos a una playa mejicana, conducía mi mujer cantando:

   —…si será gil ese gil, que creyó en tu aristocracia…

   Le dije:

   —Amor, pará ahí, por si nos trae mala suerte.

   Ella contestó:

   —Estamos vacunados, amor, relajate…

viernes, 9 de agosto de 2024

SEXUAL

   Alguien olvidó una parca. Lo corrí y se la alcancé, dijo gracias y me dio vuelta la cara. Trabajaba en el cubículo frente al mío. Tenía intriga, me asomé a su escritorio.

   —¿Me acompañás a comprar puchos?

   Le extrañó mi invitación.

   —Es como si dijeras a comprar veneno, pero vamos.

   Noté que me seguía a todas partes y ahora, si yo lo miraba, él también. Sus zonas predilectas eran mi culo, las tetas y mi boca.

   No daba más, le pregunté:

   —¿Y?

   Encontré un papelito en mi escritorio: “Te espero en la terraza, yo estoy como vos, es a las 18 horas, cumplí ese horario, porque después vienen otros. No te conozco, pero te quiero, intuyo que siempre te quise. No sabía que vos también.”

   Subimos al ascensor angosto, cuerpo a cuerpo y respirar era tormenta. Lo trabamos e hicimos el amor antes de quitarnos la ropa y después todo.

   Había encuentros tan frecuentes que no soportábamos la espera, cualquier lugar venía bien, públicos, entre yuyos y privados. Un día propuso atarme de pies y manos a la cama. Le escupí la cara rogando que me desatara. Subí al auto y me arrepentí antes de llegar, él estaba adentro con las sogas en la mano, lo puse boca arriba y de paso practiqué nudos marineros, lo monté como a un caballo y descubrí sus dotes de madera.

   Empezó la Facultad y nuestro alejamiento. Los encuentros fueron esporádicos y hablaba de sus compañeras, ocho años menores que yo.

   —Vos de joven debías estar buena, pero ahora tengo una compañera que te gana por varios cuerpos.

   Lo mandé a la mierda, sádico perverso. Renunciamos a nuestros trabajos y los dos obtuvimos laburos de menos horas, triplicando aquellos sueldos.

   Sus ojos parecían decir adiós y los míos ya extrañaban.

   No me casé ni tuve hijos, el tiempo pasaba y su imagen permanecía. Llegué a la vejez y gracias a Internet, logré localizarlo.

   Fui al lugar donde vivía, me atendió él, pelado, cara carrujada, lo reconocí por los ojos celestes en el fondo de sus párpados tristes. Yo estaba igual o peor, él no me reconoció. No le dije. Pretexté una equivocación. Escuché unos pasos tras de mí, era su hijo, una reproducción de él, joven.

   Subí al auto, la neblina no me permitió ver un hombre haciendo señas desesperadas, las ruedas pasaron por su cuerpo, bajé y era él, tuvo tiempo de murmurar:

   —Que se atrasen todos los relojes, te espero en la terraza… 

jueves, 8 de agosto de 2024

¿PARA QUÉ?

    —Te cuento Negra, por ser mi única amiga. Tengo un marido pelotudo que en la cara me dice que todos mis cuentos son malos. El muy bestia leyó un solo libro en su vida: “El mono desnudo de Desmond Morris”. No se puede pasar de la primer carilla. También leyó “El Principito, de Saint Exupery”, ahí vamos mejor. Me mastica en la oreja, no me deja dormir, ronca, está sordo y no quiere hacerse una audiometría. No se compra ropa. Yo no sé qué pensaba cuando me casé con esto y encima tuve un hijo que no me da bola, vivimos a cuatrocientos km de distancia, tiene auto, mi auto, porque se lo compré yo a su nombre. Eso sí, usa mi tarjeta a cómo dé. ¿Qué me decís?

    —Para mí es un compromiso, yo los quiero a los dos. Si te sirve de consuelo el mío también ronca, no se hace tomar la presión, mi comida le cae mal. Pone cara de culo si me compro ropa. Nunca le pide a los irrespetuosos de mis hijos, no sé por qué tuve dos que a una madre nunca se le habla de ese modo. Él tampoco se compra ropa, todavía usa la de su viejo, que murió hace veinte años. Tenés razón, yo no sé para qué mierda me casé y tuve dos hijos, que de mi también solo les importa la tarjeta. Lamento no poder ayudarte, quién más, quién menos, si se casa y tiene hijos, se jode.

miércoles, 7 de agosto de 2024

CASAS DE LUCES

    Elisa se perdió luego de discutir con su Madre, que le cruzó la cara con una cachetada llena de uñas largas. Le salía sangre y no tenía más que su guardapolvo blanco, secó con eso la mejilla y la sangre no paraba. Elisa tenía problemas de coagulación. Cruzó el monte de noche. No la siguió nadie. Su Madre estaría mirando una película, ni se fijaría si volvía a dormir.

   Caminó unas horas pisando las agujas de las pináceas, la luz de luna llena le hacía camino hacia una casita de madera, con luz de vela. Golpeó despacio, salió un hombre y detrás una mujer. Elisa estaba llena de hambre y ellos llenos de preguntas. En la mesa no había comida, sólo libros.

   —Por favor, Sres, quiero un pedazo de pan, aunque sea viejo, después les cuento.

   Le hicieron un sándwich de jamón, queso y tomate, de postre una banana. Les contó todo Elisa, todo. Todo no, le daba pudor. Pero mientras Susi le sacaba el guardapolvo, abrió la canilla de la bacha y la fue lavando por partes. Estaba llena de moretones y la espaldita tenía cicatrices de fusta.

   Antonio intentó hablar con la Policía. Ella le pidió que no lo hiciera, su Madre era violenta porque estaba enferma. Un Psiquiátrico tampoco era conveniente.

   —Son de terror —decía Elisa, que parecía  adulta cuando hablaba y tenía nueve años.

   La pareja, con emoción contenida, le preguntaron si no quería pasar unos días en la casita de ellos. La niña dijo que sí de inmediato. Preguntó a Antonio si no podía hacer ciertos trámites. Seguro que tendría que ir ella a declarar.

   —Si vos me acompañás, Susi, me hacés un favor, seguro que me interroga el Juez de Menores. Ya viví esto más de seis veces.

   —No entendemos, Elisa, explicanos.

   Parece que cuando nació la derivaron a hogares de tránsito, donde llamaba Mamá a todas sus custodias.

   —Hasta conocer a Mamá, que me aceptó y parecía quererme. Después comenzó a sentirse frustrada, no sé por qué descargaba su furia conmigo. ¿Me pueden ayudar?

   Los dos la abrazaron y  la hicieron dormir en la camita del hijo programado, que no tuvieron. Querían protegerla como las Abuelas, que cada acolchado significaba más amor.

   —Disculpen, me muero de calor, yo con un sólo acolchado estoy bien. Le agradezco a Dios haberlos encontrado, para ser sincera, no tengo la menor idea de quién es Dios. Pero es tan famoso que a lo mejor es él que hizo que viniera con Uds.

   Pasó un año, les dieron la tenencia, cuando estaba por venir la visitadora, Elisa limpiaba todo el despelote que hacían sus Padres y los retaba como si fueran sus hijos.

   —Cámbiense la ropa, eso sí lo pueden hacer solos.

martes, 6 de agosto de 2024

AUSENCIA DE MEMORIA

    Nos dan miedo todas las improntas que dejaron las guerras. Cubiertas de nubes y de olvido, para comenzar otra y otra y más.

   La locura de los humanos, deformando cualquier certeza del afecto, promoviendo el odio, para nada. Los niños que nos miran con desprecio por vernos tan cobardes, por la caca que nos ofrecen de regalo y nosotros sin entender, morimos por el asco. Recordar las cicatrices dejadas en mi estima, por las trompadas que Mamá pegaba en su panza, por mi llegada inoportuna. Volver a la misma casa de la infancia, entrar, la puerta está abierta, bajaron el sótano que ahora es de mosaicos rojos, lo que antes fue techo, ahora es entrepiso, no existe más el olor de los jazmines. El jardín está cubierto de baldosas.

   En el fondo la diviso a Severina, debe tener doscientos años, es un alambre, cuando me vio se ocultó entre dos tapices. Llegaron ruidos de la calle, eran los nuevos dueños, todos peruanos bien vestidos. Los atravesé como una sombra inexplicable, cuando había sol y el cielo era celeste.

   Hoy me dan miedo los setenta y los gritos de compañeros llevados de los pelos. El futuro que presiento, triste y apagado, con ausencia de ideas, tapado, resignado.

lunes, 5 de agosto de 2024

DESPERTÓ CUANDO LA VIÓ

    Nació para no hacer nada, ni de chico, ni de joven, ni de adulto. Él mismo se preguntaba por qué había nacido sin permiso. Su madre lo trajo al mundo pensando que era un lugar maravilloso. Nunca jugó a nada, todo le parecía aburridísimo. Dormía tiempo completo, no le gustaba cuando venía su madre a besarle los cachetes, asco daba. Su padre sentía impotencia ante el modo de ser de Potencio, le daba odio haber elegido ese nombre para su hijo impotente.

   Cuando Potencio hizo el secundario, las cosas tomaron color. La chica que ocupaba el lugar de al lado, jamás le hablaba, pero le copiaba todo. Jacinta tenía pelo color amapola ensortijada, ojos color cielo tormentoso y la sonrisa prohibida. Potencio le hizo cosquillas en un recreo, lo miró complacida, sonrió con los ojos, sin la boca. El día de la primavera, Jacinta lo invitó a comer a orillas del río, dijo tener una sorpresa para él, la condición fue que quedara entre ambos. Cuando terminaron de comer unos deliciosos pescados de merluza con papas fritas. Él preguntó por el postre. Jacinta dijo que el postre era mostrar su sonrisa con dientes. Le puso un pañuelo de seda en los ojos y procedió, tiró una punta del pañuelo. Aparecieron sus dientes, los de arriba tenían colores primarios, los de abajo secundarios y uno de oro con su nombre. El sol se reflejaba en el diente de oro, rodeado de rojo, amarillo, azul y arriba, abajo verde naranja y violeta.

   Él con suma delicadeza la atrajo desde la cintura y le dio un beso con su lengua recorrió cada uno de sus dientes. Después vino lo mejor, eso preferiría no contarlo, queda a gusto del lector, desde ya está invitado al borde del río.

domingo, 4 de agosto de 2024

VIAJE CORTADO

    —Son nuestras primeras vacaciones a Uruguay, con vos Tati, mi mejor y peor amiga, con Aldo, tu marido un amor de persona y las melli, mis queridas hermanas…

   —Bueno, basta! Soy tu marido el que va al volante, no me distraigas o podemos tener algún percance, dios no lo permita. ¡Pero mirá justo aquí tenemos un corte con más de dos mil personas protestando en contra del gobierno y otras a favor! ¿Por qué no van a joder a la casa de gobierno? Sus logros recibirán tiros y uno que otro, muerto. Manga de inútiles…

   Rita, su mujer, señaló un camino libre hasta de mosquitos, autos y personas. Cuando rotaron con decisión el marido dijo:

   —Pasamos justo por la puerta de mi querida suegra.

   —Y vos? ¿Qué tenés que decir de mi vieja, que es una santa? A veces no siempre, claro.

   Y él pasó a los pedos, ni se le ocurrió parar a saludarla, su odio era más grande que el odio mismo. Rita lo pellizcó, sin que nadie se diera en cuenta.

    Tati le alcanzó una aguja finita para reafirmar el castigo de su mejor peor amiga. El conductor tuvo un mareo y cayó en un barranco. Rita se quebró la mano, a Tati se le desinfló su botox recién hecho. Las mellis quedaron sin dientes. El marido de Rita perdió el conocimiento y se le partió la frente. Una de las mellis, que era enfermera, le dio media botella de cachaza y le coció la herida tipo Finochietto, ni se le notaba.

   —¿Y después qué nueva sorpresa vamos a tener? —dijo Tati.

   —¡Miren, ahí viene un auto de la policía!

   Los polis dijeron:

    —¡Mirá el batifondo que se les armó a estos! Lo mejor es seguir, a ver si encima los tenemos que ayudar…

sábado, 3 de agosto de 2024

LOS ÁRBOLES MUEREN PARADOS

    —Nunca lo vamos a visitar, desde que murió la abuela menos.

  El primo Daniel fue el primero en abrirnos los ojos.

   —El abuelo es un viejo de un mal humor permanente, no quiere a nadie y menos a nosotros…me parece que se casó con la abuela porque cocinaba bien. La pobre sufría, me acuerdo cuando lavaba los platos, lloraba. Me enteré por el hijo del jardinero que tiene un jardín privado con toda clase de frutales. Yo les propongo que vayamos un día y le pedimos unas mandarinas, podemos repartir cada gajo entre todos.

   —Disculpá, Daniel  —dijo Rami— yo prefiero que nos regale manzanas sacados del árbol. El jardinero avisó que tiene todo rodeado de alambre de púa. Él conoce un lugar que él mismo abrió, considerando que lo otro era un abuso de menores, sobre todo con nosotros, éramos casi niños. Pasamos y apareció el abuelo con el ceño fruncido y una escopeta en el hombro.

    —¡Fuera de mi jardín!

    —Queremos que nos regales unas manzanas, las más grandes que tengas, sería nuestro postre, dale.

    —Mis bolas les daría para que coman. ¡Uyy!, lo que dije! Traten de olvidarlo, sino sus padres me matarían. Vengan. Saquen las manzanas que más les gusten.

   Arrancamos las más rojas, un montón, para nuestros otros primos también. Luego las lustramos con las mangas.

   —¡No niños, por favor! Se comen del árbol a la boca, si unos no se creen el pecado original y esas boludeces.

   Estaban tan ricas que dejaron el árbol sin una sola manzana, se puso tan triste aquél árbol que se murió. Pero era tan digno que murió de pie.

   El abuelo los reputeó a todos, a sus hijos también. Se encerró para siempre en su casa. Pegó un cartel afuera: “PROHIBIDA LA ENTRADA”…   

viernes, 2 de agosto de 2024

PRESCRIBIÓ, DIRÁN

  Nadie negará tu pensamiento en la extraña virtud de tu silencio, nadie podrá con él, aunque te arranquen las vísceras. Los entrenaron para eso y vos, que sos de hierro, te lo bancás, les ves en los ojos, quieren partirte, vos no largás un sólo nombre, respondés siempre igual.

   —Soy Pablo Argüelles y vivo en la Calle Hidalgo 1328.

   No te dejan descansar, hasta ellos no dan más y siguen picaneando aquí y allá, Pablo ya no siente nada, sueña con ella, volviendo de la Facu, abrazados, si veían un auto negro sospechoso, se daban un beso, como si el resto del mundo sobrara. El auto aceleraba y se iba, el amor de dos los espantaba.

   Ella presentó recurso de hábeas corpus y después iba a Tribunales, todos los días y nadie sabía nada. Los amigos abogados, trabajadores en la villa, solicitaron prueba de vida, les mandaron un chaleco rosa con manchas de sangre. Uno de ellos fue a ver un Gral, amigo de su Padre.

   —Nosotros no podemos hacer nada.

   A la semana de aquel encuentro, los chuparon a todos. Murió en la tortura, Pablo. A los demás los consideraron desaparecidos.

   Después de cuarenta y tantos años, aparecen sus fotos en afiches, pegados en el Banco, en paredes, en columnas de viejos teatros. Casi todos tienen esos grafitis encima, que no quieren decir nada.

   Si siguen así, un día van a buscar a los autores de la Revolución de Mayo de 1810. 

jueves, 1 de agosto de 2024

LOS HABITANTES DE LA MORA

    —Lo vengo a ver de cuerpo presente, me encuentro estreñida de ideas y no me sale nada aunque pase horas sentada. Necesito dinero de inmediato para pagar mi tarjeta excedida.

   El Editor, sin levantar la vista del escritorio:

   —Eso le pasa por ir de vacaciones, la gente de su clase económica, no puede ver el mar, aunque sea un finde. Míreme a mí, no salí de este escritorio, pensando cómo haré para pagarle a usted, por ejemplo, los últimos libros quedaron expuestos. Nadie compró nada. Le regalo una idea: tome sopa de letras, se pone a noviar con tipos de vastos conocimientos, en libros de culto. Plagie algo de la biblioteca de su abuelo, nadie se acuerda de páginas antiguas. Hubo premios a escritores zopencos que hicieron sanguchito y en el medio lo rellenaron con otro libro. Usted es muy seria, plagiar hoy no está mal visto. Y si no, el novio que le tipea e imprime, que le escriba algo inventado.

   El Editor está cada vez más corrupto y pretende que lo imite. Me tiro a la pileta y nado hasta no dar más. Miro desde el borde, sin salir, toda clase de insectos con sus flias, hay uno en especial que siento conocer de antes. Es un gusano largo de cuerpo de esferas, casi blancas, comiendo pedazos a la mora y sus hojitas. Un déjà vu, vi la cara del Editor, en la cabeza del gusano. Le arranqué la cabeza, la metí en un bombón de dulce de leche, mastiqué y luego lo escupí en el lavatorio. El gusano resbalaba sus esferas. La última esfera tenía la cara del Editor, que me tiraba besitos. 

miércoles, 31 de julio de 2024

EL LUGAR

    Después de su regreso de España, Austria, Hungría, Polonia, Rumania, era divertido escucharlo. Países tranquilos, aunque existan robos, agresiones, saben salir de las situaciones, desde la cabeza, se dejan vivir. Silvia me pellizcó finito: —Tenemos que ir, no quiero seguir regalando lo que gano a este país, que como dijo Eddy, no nos conocen, pero saben lo que estamos sufriendo.

   —Después hablamos, ahora quiero escuchar.

   —Austria es un lugar tranquilo, lo elegiría para vivir.

   Lo decía con voz apagada, los amigos viajábamos con él en sus descripciones. Algunos tenían envidia y a todos les parecía justo el resarcimiento. Eddy fue torturado durante la Dictadura Militar, hay cosas para olvidar y poder permanecer en la vida. A medida que entraba la madrugada dijo que le dio bronca tener que volver, llegó a Buenos Aires y tomó otro vuelo para la Patagonia, donde su mejor amigo, de gracias y desgracias, había decidido vivir.

   —Nos reímos mucho, cuando un tipo de a caballo, le dijo que tenía que tramitar cambio de domicilio “¿Qué cambio si vivo arriba de un médano? Y de aquí no me muevo, vaya y dígale a sus chorros dirigentes que los médanos están rodeados de otros médanos. Mi mujer y yo vivimos en esa casita hecha con todo material reciclado, andamos el día entero en pelotas y si hay sol nos metemos en el mar, no sin antes untarnos con grasa de foca. El único ser viviente que nos visita es un indio que dejaron de muestra y nos trae quesos y verduras, sabe melodías extrañas, que cuentan el paisaje sin nadie. El interior de nuestra casa está forrado con piel de oveja pampeana. No tiene ventanas, sólo un buraco redondo que da al mar.”

   —Sabés, Eddy? Tu viaje me encantó, pero antes que vuelvas al ovillo de Satanás, alias Buenos Aires, quédate unos días, sos un bacán, tenés un traje de neo prene!… Después volvete a Austria, queda en Australia, ¿no?

martes, 30 de julio de 2024

TESTIGOS

    —Los vi con mis propios ojos, están a la vuelta de aquí, por favor hagan algo ya.

   El policía, con cara de sueño llamó a otro que llamó a otro.

   —¡Qué suerte que son tres! —dije con inocencia.

   Casi sin aire les conté que había un camión negro y una doble fila de gente armada mal vestida. Por el medio pasaban jóvenes y los tipos les pegaban patadas en cualquier parte y culatazos para que subieran al vehículo. Había tres más chicos, eran arrastrados de los pelos.

   Ellos ni escuchaban, me pidieron documentos, se comunicaron con alguien, les decían mi número de DNI. Yo les gritaba que no perdieran tiempo, porque se iban a ir. Apareció un gordo panzón con aspecto de jefe. Dijo que me fuera a mi casa, mientras a los otros los tildaba de boludos. Decía que yo tenía doce años y que era una pendeja estúpida. Cuando salí estaban mis amigos en el fitito que manejaba mi novio. Nos temblaban las piernas a todos. En la estación de servicio de 7 y 46 cinco patrulleros rodearon el auto,” ¡Manos atrás de la nuca!” Un flaco tanteó nuestros cuerpos. A mí me preguntaron por qué no llevaba cartera, yo les dije que no me gustaba, para eso estaban los bolsillos del vaquero. Abrieron la puerta de una patrulla y nos trasladaron a la comisaría primera. Los chicos ligaron unos cachetazos, a mí no me hicieron nada. Le pedí al policía más petiso que llamara a mis padres porque me iban a matar. El tipo preguntó:

   —¿Quiénes, nosotros?

   Miré mis zapatos y le dije que no, que de eso se encargarían mis padres.

   Entró mi madre, por la puerta que tenía dos policías a derecha e izquierda, con armas largas cruzadas. Mamá les dijo que sacaran esas porquerías porque me tenía que retirar. Luego entró papá, tarjeteando que era abogado, Director de sumarios en la Legislatura. Llegó el padre de mi novio, con su falcon verde, dijo que era el Doctor S. Los polis respetaron más el falcon verde que su oficio de médico.

   Nuestros dos amigos quedaron allí para averiguación de antecedentes. Ellos eran lúmpenes. Al día siguiente sus padres pusieron un dinero, bastante por cierto y salieron.

   Festejamos en la Plaza Moreno, con una botella de cachaça y todos se reían de mi vieja entrando a la comisaría en camisón, tapado de piel y ruleros. Yo recordé que en casa, mi viejo, cada vez que mami se rayaba, que era todos los días, me guiñaba un ojo y decía ¡Qué General se perdió la Nación!

lunes, 29 de julio de 2024

AGUA

    Un paracaídas turquesa y azul, no tenía tiros ni estacas, casi levitaba, casi. Lo dispuso al espacio perdido y la salida daba al mar.  El horizonte color azul, después turquesa y el último trecho, vasito.

   Se acercó bamboleante y metió los pies en el agua tibia la arena fina. No comió, no fumó, quiso ver paisaje sin intervenciones. Algo más tibio que todo bajó por sus piernas, cataratas temerosas de pis se desplazaron al agua. Se internó en el mar que llamó en silencio y nadó hasta una piedra similar al trono de Zeus, se sentó cómoda, había un agujero bajo su trasero, allí el agua se apuraba, cagó sin esfuerzo con el sol en la frente. Quiso saber, el agua se llevó todo al Océano. No arruinó el factor constante por algo que si no está, no es. Era tan salada el agua que horizontal, de cara al cielo se entregó a los brazos de Morfeo. Con sus manos le acarició una teta, la otra, las dos.

   Ella, sin consciencia abrió las piernas y un cazador que por allí pasaba se le metió dentro, anduvo redondo y ella sonreía, él siguió complaciendo. Despertó hecha Venus, con un gemido profundo como el Olimpo. Sin perder el estado de gracia, llegó a su refugio, el interior del paracaídas azul turquesa.

   La esperaba un marinero, cansado de navegar, que ni bien percibió la deidad, regodeó su piel en ella que le dio la bienvenida. El marinero cantó muy quedo en el oído a la bella. Y partieron a los mares, en un amor para siempre. 

domingo, 28 de julio de 2024

NO RETURNS

    Tiene buena prensa. Hace siglos que no voy al cine. Saco la entrada, pulso un botón, como en un cajero automático. Debo pulsar otro botón para fila y número de butaca, elijo Fila 10 Butaca 12.

   Piso un felpudo de acero, se abren las puertas, no hay Acomodador, en su reemplazo una luz cenital señala fila y butaca. Se apaga la luz, comienza la película, paso por alto el lenguaje contracturado, los actores generan acciones absurdas, algo voy entendiendo, allí no existe ni el amor ni el odio, no hay guerra ni hay paz. Los actores hablan en diferentes direcciones, no se miran entre sí. Es mucho esfuerzo para mi cobertura intelectual. Recuesto la cabeza en la butaca articulada y duermo. Cuando despierto miro la pantalla y dice “Te En”, me perdí el final.

   Me levanto con la dificultad ósea de los años. Buscando la salida, una cinta metálica me traslada. No hay nadie, fui única espectadora. Quise volver a casa, flechas indicaban otra mole parecida a otro cajero automático. En la calle no había personas ni autos. Por intuición pulsé el botón rojo de la mole. Provino una aerosilla, tomo asiento y un plano de la Ciudad, con un puntero automático, dibuja el signo de apertura de pregunta, señalé mi casa, no sentí ningún movimiento, tuvo la velocidad de la luz, el costo estaba implícito en la entrada, junto con fila y butaca. La casa, casi oculta, entre infinitos tubos de metal, que carecían de puertas y ventanas. No se escuchaban pájaros y los árboles no tenían existencia.

   Entré apurada a la cocina, respiré. Por fin algo humano. Olvidé en qué día estaba, miré el almanaque, decía 24 de  Septiembre del 2.099.

sábado, 27 de julio de 2024

AH, SOLEDAD, QUÉ TRABAJO ME DAS!

    Escribí un cuento sobre el Ángelus de Millet, tan triste que a mí que fui autora ideológica, me dio angustia. Había tormenta de vientos importantes y lluvias con ganas de seguir lloviendo. La imaginación es el combustible para empezar un cuento.

   Estaban las dos hermanas enfrentadas, cuando terminaron de ver dos películas consecutivas.

   —Clara, ¿sabías que Papá no tenía para mandarnos a la escuela a las dos? Te eligió a vos porque con una sonrisa sin palabras nos criaste, hacías la comida, armabas barriletes y entre todos nos divertíamos con el teatro de sombras, donde cada uno de nosotros hacía su personaje por las noches. Durante la infancia cuando uno es feliz, es feliz todo el tiempo. Cuando apareció Pietro, el Señor de las veinte parcelas, así le decían, te hizo la corte cortita, para que fueras a vivir con él. Vos sola, Clara, decidiste. Papá fue el primero en enterarse, su mayor dolor fue que dejaras la escuela. Consideraba a Pietro un stronzo. Te dejaba sola unas horas, un día y luego fueron meses.

   —Celia, eso, pertenece a la prehistoria. Cuando murió Papá todos Uds se instalaron en la casa de Pietro, había desaparecido y a nadie se le ocurrió buscarlo ni hacer denuncia, yo la primera. El estúpido me pegaba, arrojaba objetos filosos y los amenazaba a todos Uds.

   Papá inventó una especie de medio silo para moler semillas. Pietro, con dos botellas de Whisky, tomadas al hilo, subió la escalerita con la máquina funcionando. Carne macerada, las semillas molidas tenían un tinte rosado. Vino fenómeno para enriquecer la tierra…

   A Celia le dio un paro cardíaco. Clara prendió el televisor y vio la película que quiso sin consultar con la finada.

   Cuando terminó, arrastró el cuerpo de Celia, abrió la puerta del sótano y la deslizó dentro, junto a los restos de sus otros hermanos. Echó lo último de cal viva que todavía quedaba.

   Cerró la puerta del sótano, cubrió el piso con la alfombra. Se recostó en el sillón y se tapó con un poncho. Antes vio las luces de un auto, tomó los prismáticos, conducía alguien solo. Preparó la escopeta, pensó que el sótano le estaba quedando chico.

viernes, 26 de julio de 2024

TRABA ARTESANAL

   Van los huerfanitos al mismo paso, desde que están solos compran en la esquina de un Almacén sobreviviente. Permiten llevar libreta, donde anotan la deuda. Se quedaron en un tiempo, donde desconocen las tarjetas. Compran 50 gramos de salame Milán y 60 gramos de queso de máquina. Los dos contemplan fascinados cómo la Gorda del Almacén cortaba con ese cuchillo giratorio que va y viene. Una vez fueron a quejarse porque el fiambre tenía gusanitos, el Almacén estaba lleno. La Gorda los acusó de mentirosos, por los clientes.

   Los huerfanitos volvieron a la semana, con la libreta y el dinero correspondiente. Llevaron lo mismo, salame Milán y queso. La máquina estaba tan limpia que parecía nueva y la Gorda los miraba socarrona, mientras la cuchilla iba y venía. Caminaron curiosos y rápido, usaron el papel de estraza, de mantel y se sintieron heroicos, nada tenía gusanos. Venía con un pancito criollo de regalo. Fueron a los tres días, el Viejo pintaba un cartel con letra fileteada, tipo Martiniano Arce, decía: “No se fía”. Los vio por el espejo.

   —Uds se van ya, al que no pagó no se le vende.

   Los huérfanos lo miraron feo:

   —Le pagamos a la Señorita Gorda, que debe ser su hija.

   El Viejo la llamó:

   —Diga la verdá, porque hay testigos y la libreta dice ¿Ud se quedó con el dinero de los chicos?

   La Gorda se tragó el sapo:

   —¿Papá, me está acusando de ladrona?, la libreta es trucha, se lo juro por Dios, que me caiga muerta.

   Ellos miraron al Padre y a la Gorda, se retiraron con un “Buenas Tardes” educado. Al día siguiente volvieron, la Gorda estaba en otro mundo, se había enamorado. Pidieron:

   —Lo de siempre, 50 y 60.

   La Gorda cortaba mirando por la tele al actor que la había enamorado. La manivela iba y venía, la cuchilla, no se sabe cómo, le cortó un dedo de ida y otro de vuelta. Los huerfanitos llamaron al Padre. El Viejo juntó del piso los dedos de la Gorda.

   Subieron en la misma camioneta que después volvieron.

   —Un cliente me lo dijo, si hacés a tiempo los dedos te los pegan en la Sala de Emergencia, no necesitan coserlos.

   Los huérfanos salieron contentos, se reían de la vida y cómo todo lo que iba, volvía. Con el agregado adicional, de dos pancitos criollos. 

jueves, 25 de julio de 2024

NO TE ESCONDAS

    Cuando miraba la costa y más allá del horizonte del mar, después de tanta vida plena de mujeres, hijas de las que fueron como las tres marías, separadas en la misma recta, se desconocían.

   Pero él supo con exactitud cuándo empezaban las caricias y terminaban cachetadas, ellas nunca quisieron continuar las verdades de la guerra y los simulacros de la paz. Desaparecieron fugaces. Los hijos iban y venían compartiendo los ellos y las ellas. Cada nacimiento eran un él y una ella. Los chicos se fueron, con libertad aprendida, a recorrer el mundo y alguna comunicación por whats up, fondo selva, fondo archipiélagos, fondo edificios. Cuando los vio canosos o pelados, hablando con acentos de diferentes idiomas, él se jubiló de Profesor y tuvo un accidente que lo limitó a caminar con muletas. Compró la casita marinera, con ojos de buey por ventanas y puertas ermitañas como él. Veinte años sin salir de su casa. Un carrero le llevaba comestibles y libros que él devoraba como chocolate.

   El miércoles, que suele ser un día de miércoles, salió un sol que doraba todos los contornos. Limpió su ojo de buey preferido, justo frente a la cama y miró asombrado tres hombres, dos con sombreros diferentes y el tercero ilustrado de pies a cabeza, los tres empujaron la puerta, vieron la toalla donde el viejo lloraba todos los días un buen rato.

   Se juntaron los brazos y las cabezas. Salieron los cuatro de la casita con trancos largos, el Viejo se hacía el pendejo  y andaba a la par revoleando las muletas. Uno hizo un agujero en la arena y escondió la toalla de llorar. El Viejo, que todavía leía sin anteojos, le dijo:

   —Muchacho, devolvé lo que enterraste, porque cuando Uds se

vayan, la voy a necesitar.

miércoles, 24 de julio de 2024

CARTA CERRADA

    Sr Fiscal Pasaroto Mandola: Tal y como Ud indicó, intentamos desalojar el edificio de la calle Rosman nro 2530. Todos y cada uno de los pisos, blindaron sus puertas. El Portero incluido.

   Tiene cámaras de seguridad, la comunicación con los habitantes se realiza a través de una micro ojiva ventricular, multipersonal. No hay que oprimir nada, se ubica Ud paralelo a la micro ojiva y será atendido por la multipersonal del piso. Nunca pudimos desentrañar cuántas personas trabajan por piso.

En el primer piso fuimos atendidos por Marga Rocatagliata, joven, soltera a disposición. Tenía prohibido brindar información, con voz de mangrullo dijo ser la encargada de las teleras, para todos los pisos.   Un montaplatos interno trasladaba los pedidos.

   El segundo piso tiene ciento ochenta japoneses trabajando en una sección de veinte metros cuadrados. El producto que fabrican es secreto, pero abastece China, Méjico y Argentina.

   Cuando llegamos al tercer piso, informo que ese lugar funcionaba enviando información a Kugan Trum, Zoofilón, Trifal, Isla Mauricio y países desconocidos. Había un sector del piso con una cámara de tortura indolora, para detectar los traidores a sus respectivos lugares.

   Cuando llegamos al cuarto piso, se escuchó una voz de barítono. Practicaba un Coro de voces femeninas, que pertenecían a hombres sometidos a la ablación de sus órganos sexuales.

   Sr Fiscal Pasaroto Mandola, estamos al borde de la muerte, sálvenos. En el quinto, el Portero es el que resuelve, con una máquina osterizer trituradora Secolax, hacer de nosotros carne picada, y repartir hamburguesas en cada piso, para su ingesta.

   La carne argentina les encanta y si es humana, un plato de alta gurmetería.

   —¿Qué nos dice, Sr Fiscal Pasaroto Mandola?

   — Nada, ésa fue toda su tarea. Habrá aumento para Uds, simbólico, claro está.

martes, 23 de julio de 2024

(SIN TÍTULO)

  Hablamos con susurros,

   con palabras abiertas

   con gritos destemplados.

  

   Nos pusimos de frente,

   con mirada de toros

   los puños cerrados,

   quedamos agotados

   confusos, desarmados.

  

  Cuatro testigos mudos,

  pararon aquella guerra.

  Las cuatro manos juntaron,

  los vestigios, algunas rarezas.

  Hablamos con susurros.

lunes, 22 de julio de 2024

FACTOR AG

   Si en un sillón circular se está arreglando el mundo, siempre hay uno que se tira un pedo, sin querer, se le cayó, lo hizo a propósito, no asume su culpabilidad. Entonces todos dudarán de todos, menos él, que fue un hipócrita, corriendo a abrir las ventanas. Cuando vuelve restriega sus manos.

   —Lindo tomar algo de fresco, además de los jueves, nos podríamos ver acá, otros días.

   Nos miramos con más confianza, de pronto nos trajo el recuerdo que alguno se desgració, con cara de yo no fui, fue él, o aquel, o todos.

   Algún pedo tenemos todos en nuestro haber pasado, en el presente nadie puede contener a nadie, así es de ingrata la vejez, se escapa todo, los recuerdos inclusive.

   —Vos te quedaste con mis Hauser I, II, y III. Hace veinte años, devolvelos, ya es tiempo.

   El tipo permanece impertérrito, es sordo. Me olvidé, a él no le gusta usar el aparato, de coqueto nomás.

   La casa de las reuniones es la del sillón circular. Anoche, el dueño, hizo una carbonada patriótica. Cuando llegamos, nos puso una banderita a todos. Después nos obligó a jugar al gran bonete. Entró un pájaro, nos recorrió y se posó en su hombro.

   —Viene todas las noches, me caga todo, pero como estoy al pedo, no es ninguna molestia. Terminamos la carbonada, se pueden ir, vamos, vamos, vayan.

   Quería que nos fuéramos, se avecinaba un pedo que requería la libertad de la soledad.

   La estridencia se escuchó desde la ruta.