domingo, 13 de octubre de 2019

HIJOS PUTATIVOS



   —¡Vicente, dónde estás!
   Seguro se mandó otra, yo escuché la sierra eléctrica, pero no me pareció capaz, estoy en la galería del fondo y justo que llegué al paro de cabeza, escucho su voz que me llama: —Ah, sos de lo peor.
   Le corté la rama más grande y encima me trata mal. El árbol tiene ciento diez años y está sobre el techo de mi pieza, le quité la rama que con cualquier rayo, caerá sobre mi cabeza.
   —Tenemos que hablar, Vicente, vos estás aquí, vos ya sabés, no es por revolver mierda, pero a la Tía Vericia la mató alguien. Somos dos los que siempre le ayudamos con la silla de ruedas y todo lo demás.
   —Yo no fui el asesino, cae la sospecha sobre vos. La Tía Vericia nunca fue de mi agrado, ni del tuyo. Además ella no nos soportaba. Un triángulo perfecto para el bienestar de la desgracia. Nosotros nos queremos, porque el  Viejo te adoptó de chico, siempre lo sospechamos, tal vez fue tu Padre biológico.
   Remigio acariciaba la enorme rama y marcaba para cortarla en rodajas.
   —Mamá te quería más, siempre dándote besos y te arropaba con dulzura. A mí no me soportaba, cuando venía Tía Vericia, hacía de cuenta que no establecía diferencia. Hacía su papel mentiroso, me arropaba como si fuera nadie y jamás me daba un beso.
   Cuando los Viejos murieron, la Tía Vericia era una carga para los dos. Yo lo vi, primero me alegró que sintiera algo de ternura por aquél esqueleto sin gestos.
   Parecía que paseaba despacio, la Tía dormía su siesta de costumbre, Vicente la llevó hasta donde comienza el pantano y fue sumergiendo las ruedas, luego, con una rama caída la empujó al pantano. Miró concentrado cómo la Tía Vericia, desaparecía con el armatoste, en la tierra movediza.
   —¿Sabés Remigio, que no puedo encontrar a la Tía Vericia? Ya busqué alrededor de la casa, en la escalera, en el bosque y en todo lugar.
   Mientras él la paseaba hasta el pantano, Remigio miraba en postura invertida, en un rincón de la galería. Esa noche comieron en silencio.
   —¿Qué raro, que la Tía Vericia no se haya arrastrado a la mesa?
   Dijo Vicente con cara de indiferente: —Y bueno, quién te dice que al verla echa un trapito, Dios se la llevó.
   Remigio quedó aplastado, cuando su hermano le partió la cabeza con el tronco que aserró, lo llevó hasta el pantano y miró cómo se hundía, con la ayuda de un puntapié. Volvió a la casa con una sonrisa, pensando que la Tía Vericia, ahora estaba acompañada.

sábado, 12 de octubre de 2019

LAS BOCHAS DE POLO



   Fue una actriz muy famosa que llegó a ganar el Oscar. Allí terminó su carrera en el Cine. No fue convocada por nadie en una década.
   De su piso sólo se escuchaba la voz del televisor. Tenía insomnio y los pasos se trasladaban de la cocina al sillón. El Encargado del edificio, le llevaba los víveres que ella solicitaba.
   En el piso de abajo vivía un deportista campeón de Polo.
   —Soy el vecino que vive bajo tu piso, tengo aquí un estudio de varios rubros, me gustaría ver cómo trabajás.
   Susana Rescoldo, casi no pudo hablar, el teléfono era puro polvo, hacía años que nadie llamaba.
   —Hace mucho que no hago nada, te mando por mail lo que ha quedado de mí.
   Polo Bolingo, quedó encantado, pensó que le faltaba entrenamiento, pinzar un poco esas tetas, rellenar el culo bien levantado y aplicarle ácido hialurónico a las arrugas apenas visibles.
   —Susana Rescoldo, me parecés un minón, tenés que hacerte unos arreglillos que correrán por mi cuenta. Es una Clínica famosa, por su responsable comportamiento.
   Ella quedó pensando algún tiempo, como hacen los solitarios.
   —Ya lo pensé, acepto tu propuesta, luego me contás de qué va.
   Polo Bolingo subió para arreglar los detalles. 
   —Yo tengo en el piso un rubro de Acompañantes, todos son diferentes, en mi cartera de clientes están apareciendo pedidos de mujeres vestidas de Monjas. Te aclaro, son Acompañantes, nada de sexo y esas cosas licenciosas. Vas a sacar buen dinero y si sos buena actriz, olvidate.
   Susana llegó temprano, para comenzar a ensayar. Él contestó que tenía que encontrar el auto, que no recuerda dónde quedó estacionado. La acompañó hasta la calle y le dijo que se cuidara. Tuvo que subir al Subte en hora pico, donde viajar era cuerpo a cuerpo.
   Hubo un tipo narigón, que le metió la nariz entre las tetas, le pidió perdón y le contó que su problema, era que la gente lo apretaba y muchas veces no había lugar para su nariz.
   Susana se dio vuelta y un tipo con mal aliento, le apoyó algo raro en el trasero, ella se dio vuelta y lo miró con odio y asco.
   —Disculpe, esta chica, pero tuve una erección, a mí no se me para nunca, el movimiento del Subte, su digno y mullido trasero, produjo este milagro. Lástima no poder continuar.
   Ella descendió antes porque el olor a chivo le daba náuseas. Llegó al lugar del ensayo, la hizo pasar una empleada. El deportista, de mal carácter dijo: —Llegaste tarde, Rescoldo, a mí esto, no me lo hacés más.
   Le hizo poner un traje de Monja, con un cuello blanco y un pañuelo que le llegaba al piso: —Ahora abrazate al caño, hasta subir bien alto. Con los pies y las manos te agarrás, después vas bajando despacio y llegás a una angulación de ciento ochenta. El hábito tiene tajos por todas partes, hacé uso de las aberturas, dejate llevar. En los pezones te vamos a colgar dos rosarios, los tenés que hacer rotar, cuando sueltes una mano y con la otra, seguís con el caño. Vas a llevar un consolador atravesado con ostias, se los colocás en la boca. Uno a cada cliente. Cuando salís de la barra, te les sentás en la falda y hacés todos los movimientos. Cuando el tipo se caliente, le hacés tomar tres copas más, con eso se hace mucha guita. Esta noche estrenamos.
   Cuando llegó al edificio con el cactus que compró para el Encargado, entró en el ascensor apretó el botón del piso del deportista. Le escribió en la puerta con fibra indeleble: “Puto”. Hizo casting como actriz en Teatros serios, consiguió un protagónico, sin caño.

viernes, 11 de octubre de 2019

CAMPEÓN



   Prefirió estacionar el auto en cualquier lado, quiso fijar en su memoria, “dónde”. A todos los boxeadores les pasa, se quiebran la cabeza, caen como huevo frito en el ring y de inmediato cranean su próxima pelea.
   Tiene dos cicatrices en la frente y la nariz se descubre por los orificios nasales. No tiene tabique. Anda con el paladar partido. Es un monstruo, pero las minas lo persiguen, porque Dany Servio, es famoso, él no le da bola a ninguna, andan con calzas sin calzón, mucho escote y pintura con brillos, le recuerdan a su Madre, que prefiere olvidar.
   Vive con una Monja de hábito blanco hasta los tobillos, usa un manto blanco en la cabeza, con una vincha almidonada, que le tapa la frente. Es un deportista de mal carácter, le pega a la Monja por cualquier menudencia y ella se deja. Las marcas en su cuerpo le parecen improntas del amor. Le da mucho en la panza, ya van dos hijos que perdieron, por el uso de la trompada prohibida.
   Tiene que subir al Subte, entre hora molesta y el sacudón con el cactus que compró. Los pasajeros le hacen espacio por temor a las espinas.
   Llegó sin avisar y un Empleado le impidió el paso. El Campeón alucinó un ring mínimo, tamaño ascensor. Con un derechazo certero, le rompió cuatro costillas.
   Quiso volver a su casa, donde la Monja esperaba aquellos golpes que da el amor al prójimo. La Monja estaba tras la puerta, con un hacha y cara de loca dispuesta.
   Para llegar tiene que encontrar el auto, que no recuerda dónde dejó estacionado.    

jueves, 10 de octubre de 2019

DEPENDÍA DE TRUMP



   Venía de la CIA o la KGB, ambas dependían de Trump. Se puede esperar desde una guerra nuclear, hasta una espía llamada Andrea Bravusky. Por orden de las más altas esferas, empezó a trabajar en una de las cadenas de la prestigiosa empresa “El Cagarca”.
   Nunca fue camarera y le llevó bastante tiempo equilibrar las bandejas de lo solicitado por los clientes presurosos. Su primer error fue arrojar dos cafés, en las faldas de dos ancianas que agradecieron su rapidez.
   Andrea llegó a parecer una camarera próspera. Si volcaba algo de café en los platitos, era una nada. Encubría su misión tras unos anteojos que le ocupaban casi todo el contorno de su cara. No los necesitaba, pero sus inmensos ojos claros ayudaban a que ningún parroquiano se pasara de listo y le tocara el culo, como quien no quiere la cosa. Si sucedía ella mandaba de inmediato los datos del hombre a la CIA. Era mágico, a la semana el tipo no aparecía más, no estaba ni muerto ni vivo, estaba desaparecido.
   A partir de esos episodios, nadie se atrevió, tan siquiera a rozarla. Cada vez que dejaba un pedido, decía con una sonrisa: “Que lo disfruten”. En una oportunidad, una señora frustrada, le dijo: —¿Qué dice? ¿Qué vamos a disfrutar una café frío y poquito?, ¿y encima hay que pagar?
   Andrea se retiraba con cara de baldosa y sonriente. El Encargado le hizo saber la regla: 
“—La razón siempre la tiene el cliente”.
   A ella le pareció injusto, cada niño maligno que pedía un helado gigante, se lo daba con una sonrisa, luego se lo quitaba y lo arrojaba en el sanitario. Cuando aparecía la Madre del monstruo: —¿Qué pasó con el helado de mi hijo?
   Andrea tenía una respuesta para cada situación: —Recién terminó el helado.
   Miraba al niño con expresión de bruja y éste se asustaba y decía a su Madre: —No sabés, Mami, lo rico que estaba.
   Andaba en una super moto, a mil, intimidaba a los autos y muchas veces perdió la peluca, las tenía de todos los largos y colores. Eran parte de su indumentaria, otra táctica para encubrir su personalidad todo poderosa.
   Otra camarera llamada Cielo, que parecía un Ángel, tenía la misión de controlarla hasta su partida. Un día Cielo la vio subir a un auto largo con el Alcalde Bolungui, enamorado de ella, pasando por alto su impotencia comprobada.
   Andrea se aburrió tanto que empujó al Alcalde al Dique y partió con el auto negro, de vidrios polarizados. Iba un Custodio que ella no advirtió. Alto, buen mozo, rico y corrupto (no existe una cosa sin la otra).  Se fueron juntos, tal vez demasiado juntos.
   Trump los protegió a ambos y ahora viven en una casa fetén, donde Andrea disfruta la vida, tomando baños sin ropas, en una pileta climatizada.

miércoles, 9 de octubre de 2019

PIEKNO


   En un bosque de Polonia, una cabaña cubierta de ramadales, se incendió, primero sus paredes de madera, luego se estrellaron los vidrios y los espejos. Narciso volvió del Pueblo, donde todos se le enamoraban, hasta llegaban a impedirle seguir su camino. Tanto hombres como mujeres, dejaban de respirar ante tanta belleza. Hubo muchos que se asfixiaron por la emoción de tenerlo tan cerca y tan lejos.
   Él logró crear a su alrededor un anillo sólido del elemento más importante de la Tierra, “el aire”. Cuando notó el olor del humo, ya era tarde, de la cabaña quedaron cenizas. Narciso buscó desesperado encontrar un trozo de espejo de los doscientos que tenía, pero resultó imposible. Él lo atribuyó a un rayo tan enamorado, que cuando pretendió tenerlo cerca, cayó en la cabaña y produjo el desastre.
   Narciso se sintió tan enamorado de sí mismo que necesitó de inmediato algún lugar para mirarse, pertenecerse y amarse por dos, él y su reflejo. En mitad de la angustia encontró un viejo que pintaba en el medio del bosque.
   —Señor, se lo pido en nombre de mi belleza, observo que pinta un lago transparente, yo no puedo vivir sin mirarme. ¿Podría usted ubicarme al borde del lago y hacer el milagro que pueda ser yo mismo el que se está mirando?
   El viejo, que era un virtuoso, aceptó el desafío. Narciso por fin se vio reflejado en el lago, se emocionó con el vértigo de los bellos y cayó al agua, pero no sabía nadar. —Una lástima que siendo yo tan viejo, no tenga fuerza para salvarlo.
   Llegó a tomarle un pie, pero el anillo sólido del aire, se lo impidió. Corrió despacio como los viejos, llegó al Pueblo y pidió ayuda.
   Los habitantes, en dulce montón, corrieron hasta el lago que el viejo les señaló. No encontraron nada, ni el agua, ni a Narciso. Todos hicieron un duelo de cuarenta días, dando vuelta los espejos de sus casas, los más fanáticos, los pegaron del revés.

martes, 8 de octubre de 2019

21 DE SEPTIEMBRE


   Ayer fue el Día de la Primavera, fue sábado y no se escuchó en la manzana donde vivo, ni risas, ni música, menos mal, porque les gusta la salsa, la cumbia y otras cosas que deprimen, relatos de fútbol grabados.
    Hoy fue domingo y todos los fondos que coinciden, empezaron con los fueguitos y el olor del asado que invadió mi casa, no sé quién hizo pollo y hablaban al mismo tiempo, de pronto un silencio largo, estaban como un coro en plena masticación y se escuchaba crunch crunch y seguían en silencio, hasta que abrieron los vinos. Brindaban a los gritos y se tiraban con pancitos, “un aplauso para el asador”.
   Volvió el silencio justo cuando terminaban los vinos, se escucharon los snif snif, en todas partes aspiraban al unísono y era merca de la buena. Todos resucitaron y empezaron a decir boludeces imperdonables, delante de los chicos, que no merecían aquél espectáculo grotesco. Soy vegetariana, para mí comer vaca es como carne de persona y el pollo es muy similar a comer pajarito. Mi dieta es vaporizada, verdura y semillas de cualquier cosa que tenga nutrientes.
   —Ché, Vieja, ¿Qué te parece si hago unos fideos con salsa?, queso de rallar que trajo Rubén y la esposa que viene sola. Desde que se divorciaron andan más juntos que nunca, se dan besos de lengua, con la comida adentro de la boca.
   A mí me viene perfecto, porque voy al baño y vomito todo lo que comí. Es una forma de adelgazar. Prefiero que vengan poco a visitarnos. Rubén es una excelente persona, cuando se divorciaron, la mujer se fue a vivir enfrente. Se visitaban todas las tardes y terminaban franeleando mientras los vecinos salían a la puerta, para mirarlos.
   —¿Sabés que cuando los ves en la vereda,-Contaba Pancha-, ella anda sin calzón?
   Le dije al viejo, que no los invitemos más y si llegan a aparecer, hacemos de cuenta que no estamos.
 Sacó la reposera al jardín y estuvo de acuerdo. Tomamos dos copas de vino y cuando deja de dar el sol, nos vamos a dormir la siesta.
   A las dos horas nos levantamos y tomamos té verde con galletitas dietéticas, miramos una serie en la bohardilla. A veces le vemos cuatro capítulos seguidos,  apagamos el entontecedor y bajamos a comer bananas con gelatina.
   Me tomo dos pastillas para dormir. No voy a seguir contando, porque nuestra vida, es una joda bárbara.


lunes, 7 de octubre de 2019

PRIMAVERA TRAIDORA



   Acostarme en la cama a las dos de la tarde y mirar una serie de netflix, me evita las pastillitas para dormir, porque me duerme la película. Siento escalofríos y me pongo tres acolchados, mojo todo el piyama, me tomo la fiebre y tengo 39°. Recordé que mi Tía Cata se olvidó un blíster de ibupirac, me tomé tres de una vez, me da miedo tanta fiebre.
   Tarda en bajar, entonces llamo a mi hijo que vive a 400 km de casa y le explico la situación.
    —Sí, Mami, acá estamos todos así, tomá tecitos vic y si no, hacete un jengibre hervido, con whisky y limón. Yo Mamita te quiero, pero estoy hasta las manos con el laburo, si no aprovecho esta ola, me comen los chimangos, justo viene un cliente, beso y si necesitás algo, llamame.  
   De la bronca, tiré el teléfono a la mierda, o sea, si yo me enfermo la soledad aprieta impía, la muy puta. Cuando pequeña, tipo seis años y se presentaban estos síntomas, Mamita querida decía: —Fijate en la heladera, a ver si hay algo, si no llamá a tu Padre, a la oficina.
    Un tipazo mi viejo: —Fijate en el baño, en el segundo cajón, allí hay un frasco de vick vaporub, sacá una buena porción y te hacés friegas en el pecho. Te presto mi pañuelo de seda, encima la bufanda de lana de conejo y tapate con cuatro frazadas. Si te seguís sintiendo mal, no te olvides que todo pasa en esta vida, al final te va a pasar. Decile a la turra de tu Vieja, que lo llame a Germán Niedfeld -Era nuestro Médico de cabecera que vivía enfrente.- Nena, mejor suspendé que le dije “turra”, porque es una persona que no diferencia lo que está bien y lo que está mal y es capaz de matarnos, para poder vivir sola.
   Uy, qué impresión me dio, a Mamita querida le hubiera gustado vivir sola. Al final nos parecemos, a mí lo único que me gusta de la vida, es vivir sola. Sin matar a nadie, eso sería mucho laburo y tengo la cuchilla sin afilar.

domingo, 6 de octubre de 2019

JODEN

    
   Lunes ir a los Escritorios, Bancos, volver, se olvida los anteojos. Nos fue bien, los arriendos llegaron en tiempo y forma. Cuando salimos me puse ropa de diseño, hasta tacos altos, lo pasaba cabeza y media, antes le gustaba, make up insolente, me solté el pelo y planchita,  liso como  calma chicha…
   —Vamos!, vamos!, que nos cierra todo.
   Controlaba las carpetas y los cheques. —¿Cómo estoy?
   Ya tiene el auto en la puerta. —Igual.
   Bajé el espejuelo y el pelo brillante, una pendeja. —¿No me notás nada raro?
   Le dio histeria. —Acá tengo para estacionar…¡No! La vieja de mierda me lo ocupó.
   Me doy vuelta calesita, así me ve, consiguió. 
   —Pasó el Contador y me dijo: “¡Mami!”. Después se puso rojo, se ve que me reconoció.
   Esa voz de gata alzada, me desconcha los recorridos, la necesito para todas la firmas. Tiene todo a nombre de ella, la perra, qué ganas de meterla en un taxi. Pero recordé, siempre me atienden primero, porque ella es alta y al más alto se lo respeta, encima se arregla el rouge, con la lengua afuera, los tipos mueren. Dan ganas de decirles: —No saben lo que es en casa, los pelos parados con olor a milanesa, más el del chivo, en chancletas y ese camisón con agujeros, que no se lo quita nunca.
   Me concentro en la compu, paso las boletas, hay algo que me molesta. La miro pasar y me pregunto ¿quién es esta stronza?                        

sábado, 5 de octubre de 2019

UÑAS POSTIZAS




   —Hoy comí, Tatita y muy bien, no gasté nada.
   Me va a preguntar el método, lo va a copiar y con cinco desmayos con Ambulancia, en el Supermercado, perdemos todas. Ana es chusma, dirá la autoría del método. El Super tendrá en cuenta nuestros apellidos y nos negarán la entrada.
   Estaba en la góndola de vegetarianos y carnívoros, cuando vi los precios me quise morir, metí cuatro bandejas en un bolso. Lo llevo cosido a la ropa, por si a algún chorro le despierta interés el contenido.
   Me bajó la presión y caí al piso. Llamaron a la Ambulancia, que ya pertenece al Super, por la cantidad de desmayos verdaderos, producidos por precios alzados, como los perros, buscando una víctima compradora. Al llegar al Hospital, justo frente a casa, les dije que me sentía como nueva, un estúpido comedido preguntó: —¿No quiere darme el bolso y la ayudo?
   Lo miré con expresión de anciana: —No, Pichón, todavía me arreglo sola.
   Ana puso ojos de huevo duro, comestibles: —A vos te fue bien porque sos actriz. Yo no sé.
   Y pone cara de nena, la vieja chota. Cuando le dije a Tatita que me casaba con Carlos, supo hacer todos los personajes.
   —Yo soy la Madrina, Ana, por favor dejame, ya tengo el vestido.
   No tenía el vestido, tenía camisón y se acostó con él, la muy perra.
   Cuando se casaron yo fui la Madrina. Los microgases lacrimógenos, acertaron en sus ojos, confundidos con el arroz, le sostuve la cara emocionada. —Pobrecita, Ana,-Y le dije en el oído-, con estas uñas postizas, te pincho los dos ojitos y vas a sufrir menos, de lo que me hiciste sufrir vos a mí.  

viernes, 4 de octubre de 2019

QUE VUELVA



   —Vamos a probar una semana, ya van veinte años, no la conoce, voy a estar todo el tiempo, pero me saludó, me llamó con mi nombre. Quiso que pasara a recorrer el lugar. En su pieza había tapices hechos por ella, tenía talento. Le encantó el auto, hablaba como cualquiera de nosotros. Reconoció el frente modificado, lamentó la ausencia del enrejado colonial. Se sentó, tenía cara de cansada. Le traje a Verita.
   —Dámela, dámela! Hace tanto que quería conocer a Verita, mirá, me quiere, se parece a vos.
   La miró dudando: —Mamá, los bebés son todos iguales, aunque esta ya no es bebé, tiene cuatro años, no sé por qué dije eso, me puse nerviosa.
   —Dormí toda la tarde para poder resistir la noche, igual se me cerraban los ojos, cuando escuchaba su voz, no lo que le decía. “Viene de familia, pero necesito contarte, vos no vas a ser así…Vera era puta, cobraba y eso que no lo necesitaba. Su Madre se hizo famosa por prostituirse.”
   —Vera, tomá mi ejemplo, si les cobrás los ponés en su lugar, disponés por dónde querés que te pongan la salchicha, o el salchichón. Si te hacen doler, los mandás a la concha de su Madre, yo los espero aquí y recibirán su merecido. Mientras tanto no pierdas  tiempo, andá a la Facultad, para aprobar Materias, no te gastes en estudiar, te los cojés de prepo y es una Materia menos. A las Profes mujeres, que te miren con avidez, retirate de la clase y las denunciás por acoso...
   —Mami, ¿qué es ser puta?
   Se le volcó la leche. —Cuando seas más grande te explico.
   Siguió jugando y le daba galletitas al oso. —Ma, ¿la salchicha es la que comemos con puré? ¿O tiene un hermano que se llama Salchichón?
   La Madre no entendió. —¿Vos sabías que las salchichas hacen doler?, me contó la Abuela, después dijo concha de tu madre, ¿eso también me lo vas a explicar cuando sea más grande? Igual la nena de al lado me dijo que todas las Mamás tiene concha, pero me falta saber: ¿qué quiere decir coger?
   Verita prendió la tele, sin esperar respuesta.
   —Roberto, llevátela hoy, no quiero que la despida a Verita ni a mí, sacala por el fondo.

jueves, 3 de octubre de 2019

UNA TARDE APACIBLE



   —Señora, disculpe que la interrumpa, pero su hijo se encuentra a caballo de esos cristales blindados, su niño mide uno cincuenta, a ojos de buen Camarero, pero él se halla en la parte superior, que tiene tres metros de distancia hasta el piso.
   La mujer entornó los ojos achimangados. 
   —Gustavo Adolfo, bajá de donde estás porque el Mozo tiene una mala onda, que ya mismo nos retiramos.
   Una mujer alta, gorda, danesa, con el monstruito regando con helado las ropas de los parroquianos de la Terraza, tiró todas las sillas que encontró, le tiró del pelo a un bebé en cochecito, que arrojó por un plano inclinado, llegando al cordón de la vereda. Los Padres del bebé rampante, discutían sobre qué gusto llevarían los helados. El joven Camarero, llegó justo al momento en que venían tres autos cordoneando. Llevó el cochecito hasta adentro. 
   —¿Cómo se va a llevar a nuestro bebé sin avisar? Su prioridad es atender nuestros pedidos.
    El Camarero tomó el primer vasito: —¿Qué gustos desean los Señores?
    Empujaron sus panzas cerveceras contra la vidriera: —Yo quiero limón, chocolate, palta y ciboulette. Para mi Marido, dulce de leche, mandarina, zanahoria y morrón.
    El Camarero, sin perder el control, les dijo que en los vasitos no cabían los gustos que pedían. 
   —Además, helados verduleros, no tenemos.
   La mujer bajó indignada, con el cochecito en el aire, mientras su  Marido le dijo al Mozo: —El dueño de este lugar es un amigo que sabrá de su injustificado comportamiento.
   Se iban chupando dedos dejados por el niño anterior, subieron a su auto y partieron. El niño anterior aterrizó en el recipiente de residuos, metió la cabeza adentro y quedó atrapado comiendo barquillo ajeno y pasando la lengua por restos de helados.
   Cuatro mujeres que no paraban de hablar y para sacar a la criatura, hicieron tanta fuerza que casi degüellan al chico, llegó la ambulancia y el personal médico, no encontró manera de solucionar aquello, cuando la cabeza quedó suelta en el cesto, con el cuerpo separado.
   Era gente recién recibida, le pegaron la cabeza al revés, la cara mirando hacia la espalda y la nuca al frente. La Terraza quedó con el piso lleno de helado, zapatitos de niño, sangre por doquier, pedazos de mesa partidos, la mentira de los vidrios blindados, totalmente estrellados. Se llenó de perros de la calle, que lamían todo lo que encontraban, hasta el Camarero tirado en medio de aquel Apocalipsis Now.

miércoles, 2 de octubre de 2019

SERVICIOS ATENDIDOS



   Ese día empezó a trabajar. Estaban a la expectativa, porque era amigo del Jefe, un tipo de pasado turbio y dedicaba su tarea a mirar cuánto culo pasaba. El amigo no necesitaba laburo, vivía de su familia de un establishment holgado.
   El Jefe era un voyer, vaya la coincidencia, porque su amigo era igual, pero con otras expectativas. Le interesaba ver la sexualidad en los mínimos detalles de cada persona, ya fuera hombre o mujer, quería descubrir en la sonrisa completa, si era verdad o mentira, si la cara de una mujer expresaba el descontento que le producía vivir. Observaba los movimientos de las manos, si eran para contener o alejar. A la salida de los Jardines de Infantes, veía los dibujos de la frente de los niños y si el andar displicente conjugaba con su cara.
   Le gustaba descubrir a cualquier persona, que hablara con él, si lo que tenía enfrente era una cara de vida o una careta de hipócrita recibido. Al finalizar el día, tipeaba lo que él llamaba, “Servicios Atendidos”.
  Creció en la lectura de los ajenos, que se cruzaban en el tren, en el colectivo, en el Bar de cualquier esquina. Perdió el control, muchas personas sentían la molestia de esas miradas que atravesaban. Dejó la oficina sin decir nada. Estaban todos los observados, hasta la forma de atarse los cordones.
   Un día que llegó a la casa de sus Padres, había tres autos de la Policía Federal, la gente del barrio, presentó la denuncia que un hombre con su nombre y la descripción de sus gestos y miradas, era el sospechoso de abuso de menores, arrebato de mochilas, violaciones y miles de personas con paranoias irreversibles, por el delirio de pretender, aquel hombre, la observación continua.
   La prueba que lo mandó a prisión, fueron los tipeos permanentes y archivos por mail a los futuros todavía no encontrados.  

martes, 1 de octubre de 2019

FERROCARRILES



   —Para mañana por la mañana, necesito la última parte del cuento, no crea que mi parentesco lejano con su Padre, haría funcionar su postergación, el parentesco en la entrega será más cercano. Yo también tengo mi compromiso y está firmado.
   Me miraba mientras su índice gordo me señalaba, el Editor me dio la oportunidad y le estoy haciendo una bizarría. Los chistes del Diario, eran su cultura. No iba más allá de su obsesión para la venta, de las porquerías que le entregaran, mientras que le pidieran tres ediciones consecutivas.   
   La hoja en blanco era una tortura, noche cerrada y debí abrir mi imaginación. Mi Padre, tutor acertado, decía que empezando por el final, se llegaba al principio, nunca lo pude hacer. La birome se retobaba y salió el cuento de una. “La Mujer del Inspector se entregó al que vendía boletos. De tanto verse al pasar, cuando le llevaba merienda a su Marido, ambos bajaban la cabeza al piso.
   Terminaron escondidos en la pensión del Boletero, la primera noche fue timidez, la segunda alguna caricia, la tercera pareció dar la vuelta al mundo. Él renunció por carta a su trabajo de Boletero y entre los dos limpiaban oficinas de lugares importantes, donde hubieran necesitado tres personas más, pero ellos lo resolvieron así, ganaban buenas rupias y los capos de los lugares, les dejaban propinas cuantiosas.
   Les generaba simpatía porque eran dos pendejos que se jugaban el esfuerzo, de dejar todos los días más brillantes sus tareas. Esta vez, sin avisar, se fueron a vivir al Tigre, les dieron una casita recién construida, cuya función era llevar a los turistas hasta la Isla Martín García y otras más chicas, que el Río subía y las tapaba y en las bajadas la gente se divertía, pescando mojarritas, nuca faltaba el que les abastecía el vino.
   Recuperar el tiempo de hacer el amor o intentarlo, los dos tenían la edad, donde las hormonas se vuelven locas y vuelta a empezar todo el tiempo, hasta que nacieron los gurises. Fueron mellizos, un bebé y una bebesa. Ya tenían la parejita.
   En uno de los ferrocarriles nuevos, el Padre de ella, que ansiaba que su hija se casara pronto, para dedicarse a la bebida y a las mujeres, sin tener que ocultarse. En esa zona de campo, por vez primera pasó el tren, en el baile anual del lugar, la chica fue presentada al Inspector de la Estación.
   Él le triplicaba la edad, pero la boda se realizó. Ella no tuvo luna de miel y no hubo ni miel ni luna. La inocente pensó que casarse era así y al final se acostumbró. Preparaba dos meriendas, una para su Marido y otra que le daba a escondidas al Boletero. Cuando huyó de la casa, al Inspector le dio alegría, sentía que era una putada, arrebatarle la juventud a esa criatura hermosa e ingenua.
   Era un hombre tan generoso, que le pareció una reparación, que su reemplazo lo cumpliese aquel joven de ojos buenos, Boletero de la Estación”.

lunes, 30 de septiembre de 2019

TREMENTINA



   Amo que esté nublado, que salga el sol de vez en cuando, son regalo para las plantas y para los chicos que tienen frío. Yo vivo encerrado en lo que se daba en llamar la pieza del opa. Les daba envidia que me divirtiera hasta con una uña de pie ajeno.
   La decisión fue de mis Padres. Lo mejor era el cuarto del opa, mis dibujos eran notables, la bruja de mi Madrastra los mandó a enmarcar. 
—En cuanto estén te los devuelvo.
   Pero no aparecieron más, ni mi Madrastra ni mis dibujos. Lo único que me daba alegría, era dibujar el mundo. Mi Padre, que era un pobre hombre, compró todo tipo de materiales para hacer lo que mi imaginación me dictara. Llegué a realizar pinturas al óleo, de considerables dimensiones, odiaba el acrílico, me sonaba a plástico.
   Me gustaba el olor a trementina, hacía ensoñar. El pobre hombre de mi Padre, hacía exposiciones donde se vendían todos mis cuadros. Un día se asustó mucho, porque la trementina y sus aromas no me dejaban despertar. Fui llevado a un Instituto especialista en vías respiratorias.
   El pobre hombre de mi Padre fue preso por ignorar mi derecho de Autor y quedarse con el dinero. Varias personas del Instituto habían adquirido mis cuadros. Recibí montones de pagos que me hicieron rico. Mi taller sigue siendo la pieza del opa. Pagué la fianza del pobre hombre de mi Padre. La plata nunca me interesó, pero le encargué a un mal hombre, que a todo se atrevía, que matara a la bruja de mi Madrastra. Así lo hizo, le regalé la mitad del dinero que tenía. Primero por su trabajo y segundo por mi conciencia.  

domingo, 29 de septiembre de 2019

NO ES NECESARIO



   Todos hacían fiesta a los quince años. Una tradición estúpida, pero, se trataba de nuestra mejor amiga, Cecilia Duprat. Para ir a un Boliche, sentarme en la barra, tomar gaseosa y nadie quería ni hablar conmigo por ser menor, se notaba.
   Cambié de idea y de vestuario, fui hasta casa y me puse el traje de luces, un mamarracho que compró mi Tía para estos eventos. Ni bien entré al lugar, me sentí entre desconocidos, ni la vi a Ceci, ni a nuestras amigas.
   Tarde me di cuenta que me equivoqué de salón. Pero todos bailaban en parejas o consigo mismo. Pasaban los mozos haciendo equilibrio, ofreciendo mojitos, bloody Mary, margaritas, whisky y ron. Yo fui probando de todo, los únicos que se me acercaban con una sonrisa, eran los mozos. El techo me daba vueltas y yo, bailando sola, lo acompañaba, hasta que nos perdimos, después no sé qué ocurrió.
   Me levanté de entre muchos almohadones, rodeada de chicos y chicas, durmiendo, algunos solos, otros de a dos y otros…no sé, porque volví a mi casa. El uniforme cubrió el vestido y llegué corriendo al Colegio. La única que me perdonó la ausencia, fue mi amiga Ceci. A las dos semanas empezaron las náuseas, hasta en el Colegio tenía mareos y Ceci me acompañaba al baño y vomitaba, con ella que sostenía mi frente. Hice el test de orina y el color fue contundente.
   ¿Cómo decir a Mis Padres que ni sabía quién era el Padre? Ceci me acompañó al gineco, cuando ya estaba de cuatro. El Médico que me atendió, dijo ser muy peligroso practicar un legrado a esa altura del embarazo. Nadie responsable sería capaz. Se ofreció a seguir los controles y así lo pude conocer adentro de mi panza.
   —¿Querés saber cuál es el sexo?-Preguntó el Doc-.
   —No es necesario, yo sé que va a nacer hombre.
      Mis Padres se enteraron por Ceci, quise que lo supieran.
   —Nosotros no vamos ni a aceptar, ni proteger, el resultado de la buena educación que le dimos.
   Ceci se ocupó tanto de mí, que perdió ese año del Colegio. Los Viejos de Ceci, estaban de viajes permanentes. Ella armó el dormitorio del bebé al revés. El cielo era el piso, lleno de estrellas y una luna calma, blanca. El techo tenía árboles, colinas, gatitos, flores y un sol que recién salía dando los buenos días.
   Todo esto se terminó cuando a Ceci se la llevaron sus Padres. Entré al Hospital en el momento que rompí bolsa. Corrió el Doc sin el ambo y me ayudó a subir a la camilla, ni bien separé mis piernas, vino al mundo Cecilio, salió como tobogán y el primero que lo sostuvo fue mi querido Doc. Me tomé de él, muy muy fuerte. —Por favor, mi querido Doc, no quiero que me quiten el bebé, si Ud no me ayuda, ¿quién me va a ayudar?
   Mientras depositaba a Cecilio sobre mi pecho, dijo: —Vos y el bebé se vienen conmigo, yo me lo venía pensando de antes.

sábado, 28 de septiembre de 2019

MANDARINAS ESPECIALES



   El tipo venía en remera, vaqueros, pelo largo y con mirada entre tierna y perversa. Lo contrataron mis viejos, por una materia del Secundario, que me hizo perder un año de Facultad. Estudiaba Ingeniería y era muy ingenioso para explicar “Geometría del Espacio”. Tenía ángulos que existían, no necesitaban papel, él usaba las manos para señalar las cosas que se encontraban dentro de la construcción de mi casa, era alto y eso para mí significaba una virtud, lo que más me gustaba era el olor a mandarina que traía en sus dedos largo infinito y el aliento de ese fruto, mejor que el dentífrico o cualquier otro perfume.
   En mitad de la Materia, informó que no podía seguir, su vida se complicó y no brindó explicaciones. Les dijo a mis Padres que tenía un amigo de su confianza que continuaría su trabajo. El primer día, cuando lo vi aparecer con un traje prolijo pero deforme, zapatos recién lustrados, medio colorado y con los ojos uno muy cerca del otro, lo único común con el anterior era el olor a mandarina.
   No tenía nada que ver con un tipo de traje y corbata, desprestigiaba la mandarina. Un día le mentí, le dije que esa fruta y el olor que dejaba no me gustaba para nada, le pedí disculpas y a él se le juntaron los ojos, que casi se le atropellan. 
   —Prefiero aroma a jabón, no el olor de las mandarinas.
   ¡Para qué me habré metido!, se compró un perfume berreta, que me daba asco, escuché sus clases y después estudiaba por mi cuenta. Quería cortarla y que se fuera.
   Dijo mi Padre: —Vos sabés, pobrecito, me preguntó si vos podías salir a tomar un café, en la última clase. Le dije que sí, no había problema.
   Mi Viejo no entendía nada, cuando le contesté con ira: —Ni dormida, ni muerta. No lo quiero ver más en mi vida, es feo, ordinario y medio bizco, además Papá, ¿cómo vas a contestar por mí?...
   Di bien la Materia, me saqué diez, después de tres veces, la tercera fue la vencida.
   Pasaron unos años y me crucé con el primer Maestro, ahora Ingeniero, el alto de manos largas, miraba mis tetas más que mis ojos. Me invitó a tomar un licuado y habló de su bulín de diseño propio. Después me dijo que fuera a ver su creación. Era un tipo tan seductor que acepté. Había fabricado unos arriates, en una terraza chica y sus únicas plantas eran arbolitos de  mandarina. Iba seguido en la estación de los frutos. Crecí tanto como él y un día de terraza y mandarinas, pasó algo, que no pienso contar a nadie.

viernes, 27 de septiembre de 2019

PERDONES LUJOSOS



   El peor compañero, malo como la peste. 
   —Miralo, se le fruncen las cejas, su primer gesto diabólico, volcó el tintero en mi espalda, si me disculpan, me cambio de pupitre.
   Le pegó en el recreo, al más chico de la clase, todos miraban, nadie hacía nada, lo tenía trabado en el piso y le golpeó la cabeza tres veces. Vino la ambulancia, con una sutura estuvo presente al día siguiente. Se acercó al vándalo: —Dijo mi Vieja, que si alguien me pegaba en una mejilla, dejara que me pegara en la otra, ahora decime, lo que hiciste fue en mi cabeza, lo que viene, ¿es que me patees el culo?
   El desgraciado miró al cielo, nunca bajó la cabeza: —Sí, como si fueras un fulbito, no lo hago porque si me rajan de la Escuela mi Viejo me deshace y eso que no es mi Padre. Es un tipo que mi Vieja se lo trajo, no sé de dónde. A ella la caga a piñas, ya le sacó dos dientes. Va a la Comisaría de la Mujer y nadie le da bola. Se hacen las que se van a ocupar y después nada. Que nadie me diga nada, prefiero esta flia, antes que las flias aburridas que tienen Uds, van a salir todos putos…
   Nada lo detenía, excepto un día que se llevó la Caja de la Cooperadora y lo capturó la Policía. Allí le dieron con la tohalla mojada, no podía ni hablar. Cuando obtuvo su libertad del Reformatorio, que no le reformó nada, volvió a su casa y cuando vio la infamia que cayó sobre su Madre, casi agonizante y sus hermanitos golpeados, entró al dormitorio y vio a su Padrastro beodo. Corrió a la cocina y con una cuchilla le perforó el pecho. Le dieron ocho años de cárcel, por el crimen atenuado por las circunstancias.
   Durante ese tiempo fui todos los días de visita, le llevaba merienda no perecedera, cigarrillos y un dinero que me daba mi Padre, para entregar a los que seguro abusarían de su persona.
   Los compañeros de la Escuela no lo perdonaron a él ni a mí.
   Por buen comportamiento le devolvieron sus escasas pertenencias y atravesó la salida donde yo lo esperaba, con un sobretodo y un abrazo.

jueves, 26 de septiembre de 2019

I HATE I LOVE




   Lo eché a Tito fuera. Fuera de aquí. —Era petiso y gruñón, desde que estamos juntos, yo voy a trabajar y él lava, hace la comida, tiende las camas y me espera leyendo el diario.
   —¡Hoy no repasaste los pisos!
   Come tranquilo y despacio: —Si me seguís gritando vas a tener mala digestión, después de comer repaso el pasillo hasta el ascensor.
   No le interesa cómo me fue en el laburo. —Si me volvieron loca, o me volvieron puta, son dos posibilidades que hay en esta patria maldita. A Tito lo echaron del laburo, dicen que nosotras somos más eficaces y claro, nos pagan menos, nos tratan como a sirvientas y después nos invitan a una comida de negocios, te dan un vestido a préstamo y sólo podés hablar si alguien te dirige la palabra. Que sea para el negocio, tu vida privada sucede afuera y carece de interés comercial, sobre todo de interés comercial. El regreso lo hacés sola, en un auto negro de vidrios polarizados. Es para engañar a la competencia, “con un trabajo de jerarquía, esta mujer merece tenerla en nuestro plantel". Lo hablaron al salir, en el hall, pensando que no entendía, soy hija de rumanos y mis estudios los hice allá. Los tipos me subestimaron. Para eso estamos las minas.
   —¡Ay! Te comprendo, Chari, pero me largás todo de golpe, no sé cómo ayudarte. A vos, Tito no te interesa, parece tu mucama y él seguro que está con vos, porque no tiene trabajo. No lo digo con malicia, quiero entender qué camino podés tomar. Yo no la paso tan bien como vos creés.
   Miré cómo acariciaba mis manos y comprendí que Rita, mi propia hermana, era la única que pensaba con afecto, como hizo nuestra Madre, ella nos enseñó.
   Dije que renunciaba para trabajar en la competencia, me pagaban el doble y el cargo era Secretaria del Presidente.
   —Chari, no lo vamos a permitir, vos te quedás aquí, sos imprescindible, llevás la contaduría de toda la Empresa y las Sucursales de Miami, de manera tal que cobrarás el cuádruple de lo que ganabas.
   Llamé a Rita de inmediato. —Me alegra todo lo que te pasó y estar mitad de tiempo aquí y mitad en Miami, es ideal comparado con tu vida anterior.
    Me quedé pensando en su alegría por mí y de pronto me dio pena Tito, después de todo no era un marido proveedor, pero tenía una cama excelente, jamás bajó la guardia, me quedé pensando cachonda cuando escuché al otro lado: —Viste cómo es la vida, primero te quita todo y después te devuelve lo grande. No sabés, Chari, estoy viviendo con Tito, nunca pensé que iba a tener un amante, así, lo más, mirá lo que son los gustos. ¿Te acordás cómo lo denostabas?

miércoles, 25 de septiembre de 2019

EL JARRÓN



   Vivía en medio de dos aparatos que no alcanzaba a comprender. A la izquierda, una mujer que andaba muy bien empilchada, elegante y tenía sensualidad para caminar, usaba pestañas postizas que le llegaban a las cejas, zapatos de tacos altos con plataforma de diez centímetros.
   Un hombre en la casa de la derecha, con aspecto de Lord inglés, algunos decían que era actor, por sus pañuelos largos de seda, otros que era un ladrón encubierto. Me da mucha vergüenza, pero los escuchaba a través de la pared, con una copa de cristal, ella tomaba un whisky por las mañanas y hablaba por celular, las cosas más importantes me las perdía, porque cambiaba de habitación o cerraba puertas.
    El Lord estudiaba, no sé en qué momento, pero en el kiosco decían que estudiaba. Una vez le pregunté a Celina por mi vecina, revoleó los ojos, frunció la nariz, abrió la boca y al final no me dijo nada. Deduje que Celina era una chusma gestual. Para mí que vivo sola, estaba esperando que pasara algo y llenara mi imaginario. Compré ropa interior aputosada, un vestido rojo con un cierre práctico, medias negras y zapatos chatos, mido un metro setenta.
   Escuché la puerta, los golpes y el timbre, muy insistente. Espié por la mirilla y era el Lord, con sombrero. —Espere que me cambie y enseguida lo atenderé, usando el mantra vísteme despacio que llevo prisa.
   Abrí las tres cerraduras y con un: —Good Night, Miss Ralé.
   Me apuntó con un revólver. —Quiero que llene esta maleta, con todo el dinero que tenga, incluso los dólares escondidos también, ese juego de plata y la caja de joyas.
   Después, el Lord, por su cuenta, llevó el resto que le pareció interesante, los tapices de la entrada y lo que más me dolió, un jarrón de la Dinastía Min-Go, S.IV, con escenas de luchas y amores de colores dorados cobrizos y un sostén de palo de rosa, con seis pies. Dedicó tiempo en buscar una caja y rellenarlo con cuatro rollos de papel higiénico, lo envolvió en un matelassé de terciopelo. Consideró su trámite consumado.
   —¿Cómo, Lord, no me va a violar? Aquí es costumbre que el que roba, después viola.
   Me deposité en una chaise longue de seda malva. Primero fui la Maja Vestida, quedó desbundado. 
   —En nombre de Goya, le pido que me transforme en la Maja Desnuda.
   Me quitó la ropa como un Lord, le desgarré hasta los zoquetes y los zapatos ardieron en el fuego. O yo tenía un arco ideal o él amaba hacer goles, luego de noventa minutos y ocho goleadas sin salir del arco, me dio un beso tan hondo, que casi vomito.
   —Cuando me voy te dejo este arma de juguete, que sirve de consolador, lo pongo en el arco, vos dispondrás.
   Cuando el Lord se retiró, me puse el batón y las ojotas. Al día siguiente fui a visitar a la Señoritinga de la izquierda, le conté lo sucedido con el Lord. Ella me dio un pellizco en la mejilla.
   —Tranquila, hago un té de la India.
   Me dijo que era una zona muy robada: —Pero nunca violaron a nadie. Estoy segura que el Lord, es incapaz de robar. Te habrá parecido. No olvides que hay mucha inmigración inglesa desde el Brexit, no te preocupes.
   Casi cuando salía, vi en un rincón de su living cache, mi jarrón de la Dinastía Min-Go, S. IV. Había pasado tan bien la noche, que no quise discutir, me caí encima del jarrón Min-Go, se hizo trizas, una pena.     

martes, 24 de septiembre de 2019

ENTRE DORMIDA



   Muy cerca de una aldea en altura, con cataratas delgadas en la ladera de montaña, construcciones antiguas, con techos angulados dirigidos al cosmos.
   Me metí entre cañas de bambú que no se doblaban, las cañas parecían un monte sin salida, me asusté. Las cañas se fueron haciendo bajas y flexibles. Me regalaron una sorpresa, un portón de dos hojas inmensas, todo tallado a mano. Ningún espacio era idéntico a otro, había filas de soldados, batallas, bodas y nacimientos, letras que desconocía. Tenía curiosidad y me colé por un costado.
   Por fin aparecieron personas, vestidas como en siglos anteriores y sonreían contentas ante mi paso inseguro. Casi ni llevaba cosas, las fui dejando en el camino, lo último que tiré fue la mochila y los botines. No sé cómo pude andar durante tanto tiempo, con tantos kilos apoyados en mi espalda. Ellos hablaban en un idioma desconocido y tranquilo. Yo contestaba en mi idioma, tenía miedo que se ofendieran si me callaba. Bajaron de la ladera con camino acaracolado, unos veinte monjes de túnicas rojas y anaranjadas. Traían una mandarina cada uno y las pelaban dejando pedacitos de cáscara, para poder retornar, un testimonio en el ascenso.
   El más viejo, que tenía doscientos años, era el consultor de todos los monjes. Él les ponía límites a distintas problemáticas. Tenía como instrumento, un ábaco de uvas, había momentos que sacaba alguna y la comía pelada con dedicación.
   Con doscientos años el ábaco se le hacía complejo. Antes de morir, las comió todas. Después se encerró en una casa de hornero y reencarnó en doscientas parras. El más joven heredó el trabajo de consultor. La única mujer era yo. Me senté en una piedra y pude ver el paisaje de montañas finas y altas y las cataratas angostas le dibujaban hilos de plata.
   Vino el consultor joven y hablando con gestos, señaló que no podía permanecer una mujer. Era una tentación prohibida para tantos monjes. Dio media vuelta con la cabeza inclinada y manos unidas, señaló mi salida con una sonrisa. Las puertas talladas estaban abiertas y en un costado mi mochila, con la ropa lavada y alimentos en un recipiente de cobre. Cuando quise agradecer las puertas estaban cerradas.
   Me asombró la cercanía de una ruta, subí a un taxi, que en el vidrio trasero, tenía impreso el paisaje que conocí. No le di importancia, porque recién había abierto los ojos y entre dormida vi una cartera en lugar de la mochila. Giré mi cabeza y allí estaba el paisaje donde estuve, yo sentada en una piedra, me saludé con bonhomía. De a poco cerré los ojos y me dormí de nuevo, el chofer me despertó: —Aquí es la dirección que me dio Ud, tenga cuidado, porque los semáforos no andan.

lunes, 23 de septiembre de 2019

LA VITTORIA È NOSTRA



   —Hace dos años que estás y ni mis colegas notan alguna mejoría. Ocupás una cama, atención personalizada, ya sé, ya sé, está todo pagado. Pero sabés que esta cama la necesitamos. No desesperes y empieces a revolear objetos, tengo preparado un experimento que debe funcionar, que debe funcionar, de lo contrario voy a quedar en la calle, por más Psiquiatra, Psicólogo y no sé cuántas cosas más, si me embargan el Instituto y la casa. Tu viejo para lo único que pone guita, es para tenerte encerrada acá y no arruines su prestigio, sin honra, sobre todo para organizar manifestaciones K. No me voy a ir por las ramas, porque anoche lo podé y soy capaz de trepar al árbol, pensando que todavía están y cagarme de un golpe en el suelo. Fue un lapsus lo de cagarme. Además yo no cago nunca, ni sé por qué lo nombré.
   —Victoria Malchota, empezamos en una hora, quiero que estés en ayunas.
   No sé qué le pasa al Psi, ¿habrá tomado mis pastillas que hoy no las encontré? Me voy a relajar con un Omm, multiplicado por tres, para no perder tiempo. Escucho sus pasos de Timberland.
   —Victoria Malchota. ¿Cómo no te cambiaron el apellido? ¡Qué desagradable! Vamos a concentrarnos, cerramos las ventanas, recostate en el futón, dejá caer los párpados despacio. Quiero que te tires de cabeza, metafórico, claro, adentro de vos misma, odio usar psicofármacos, pero te di una dosis menor, para que no me engañes como hacés siempre. Dejá que te cierren los ojos y cuando diga tres, buceás por toda tu cabeza y seguís hasta los pies. Vas a comenzar a hablar. Bien, contame lo que veas y cuál es la forma que procede y la que precede también.
   Tardé mucho en hablar, al Psi le parecí dormida y a unos segundos: —Ahora veo el cerebelo, el cerebro, mis pómulos huesudos, los dientes que costaron un auto, los conductos de los oídos parecen sembrados de zapallo, los pobres no tiene salida, fueron ametrallados con decibeles muy altos. Me resbalé por la garganta y casi quedo trabada en hilos de tabaco negro. Pude deslizar por el esófago, que tiene una giba y después los intestinos, un incordio de grosores, el corazón está como nuevo, si casi no tiene uso, en mis pechos veo todo nublado, parecen plástico licuado, son buenos para descansar, blandos y las tetas verdaderas, dos huevos fritos pegados a mis omóplatos, me perdí de los riñones, el páncreas y la vesícula que ya no está, del hígado queda poco. Los pulmones tienen alvéolos rellenos de piedras alquitranadas, los ovarios relucen solitarios y el útero tuvo tantas visitas, que debería tener una agenda. Después vienen las piernas, que son chuecas y en los callos plantales, termina mi sumersión.
   El Psi le pregunta si no vio alguna neurona, algún trauma de la infancia, algún recuerdo de adentro que no recuerde de afuera.
   —Tengo vista tísica, neuronas veo dos, son dos hembras que no creo que tengan hijos. Veo tres glóbulos rojos, que andan a mil, para que pueda vivir. Son generosos y no pueden parar, porque si abandonan una estación, voy directo a Cirugía. A la entrada del útero recuerdo una cabeza, que es muy similar a la de un novio de mi Mamá. Lo más terrible que vi en este viaje, es que adentro de mi panza, vive un bebé de cuatro meses.
   —Victoria, yo te doy el alta, pero te derivo a un Psi, que es especialista en casos perdidos.

domingo, 22 de septiembre de 2019

LOS PUCHOS



   Eran mujeres, algunas amigas de otras, de esas que cambian el departamento cada dos años. Las del 3° B, mientras jugaban a la canasta, daban noticias de los otros pisos, eran tóxicas.
   —Va la del 2° A, con un nene en cochecito, te digo, Pirucha, que ese armatoste, jode lo más que puede y el llanto del bebé. La chica está deprimida, el Padre se fue con el hartante: “Voy a comprar puchos”. La chica tiene los ojos hinchados, no de llorar, si no de las piñas del tipo, una en cada ojo, parece un mapache. Ayer lloraba tanto el bebé en el ascensor, que le cerré la boca con cinta de embalar. La Madre estaba catatónica, no ve, no habla, no escucha, mira el techo. Ayer pasó algo diferente en su vida, entró el tipo, ella se hincó y decía: “Perdoname, perdoname”, le pegó una trompada en la quijada mientras le decía: “Hacelo callar o lo tiro”.
   —La pasé de prima, tu hermana Vera me felatió, como a vos ni se te ocurre, claro que después le tuve que devolver el favor. Tenía feo gusto y mal olor. Llenamos la bañadera con espuma y nos metimos los dos, hicimos la felicidad, ella casi se ahoga, pero no le importó, siguió y siguió, hasta que la piel me quedó como papel crepe. Me fui sin saludar, no me quedaron fuerzas. ¿No te pone contenta que haya vuelto? Uy, me olvidé, voy a comprar puchos.

sábado, 21 de septiembre de 2019

SALUD PÚBLICA



   —Te quería preguntar, ¿viste los brotes de Pancho en la cara? Ahora se le extendieron por todo el cuerpo.
   Liz la miró con anteojos negros, porque era bizca y las personas, cuando le hablaban, no sabían a cuál de los ojos dirigirse, los vidrios negros ahorraban el trabajo de cualquiera.
   —Sí, Vale, con mi nene empezó en la cara y le siguió en las piernas. No es ni varicela ni viruela ni sarampión, ya lo consulté con el pediatra. Es una alergia, ni él sabe cuál es la razón. El Padre, cuando se le hicieron círculos de agua, los pinchó con una aguja, ahora es peor, tiene lastimado en todos los brotes.
   Le cuento para que la aflicción sea compartida.
   —Fijate a la salida del Cole, todos los chicos están igual, los de la tarde también. Para mí es el agua, que viene del Dique, ellos toman de la canilla, ¿y si hablamos con la Directora? Juntar a todos los Padres. Yo me encargo de los Padres, que no falte ninguno y a la vieja la consultamos a la salida. Ella se queda hasta que sale el último niño.
   Fuimos todos, con honda preocupación y le contamos del agua, nos dejó de una pieza, porque la Dire, también tenía en la cara y en las manos, con uñas largas y rojas, se notaba más. Dijo que iba a seguir el protocolo, primero a la Inspectora y después al Ministro de Educación, que nunca se encontraba en su Despacho. Así procedió, se mandaban mensajes y no pasaba nada. Los devolvían con una respuesta que decía: —Ya tendrán noticias, sepan esperar.
   Se extendió a otras Escuelas, hasta que el Ministro los recibió. Al tipo no se le movía un pelo. Obras Sanitarias se puso en contacto con nosotros, tenían compañeros internados. Habrá pasado una semana, Padres, Madres y Obreros, callaron sus quejas. A todos se les mandó un dinero, cash, en un sobre. No decían el remitente.
   Las Autoridades Merqueras, lo solucionaron así y nadie protestó. En estos tiempos, a la gente no le alcanzaba siquiera para comer, tenían atenuantes para el soborno.
   Hasta el más alto cargo de los corruptos, se llenaron de brotes en la cara, lo gracioso de la tragedia, es que en todos los discursos, se rascaban las bolas, de forma ostensible. Los Ordenanzas preparaban el café, con agua de la canilla, ellos también tomaban y no les pasó nada en absoluto.
   Todavía están investigando dónde está el meollo de la cuestión, ahora los papeles están en Suecia, tal vez ellos…