jueves, 16 de julio de 2020

GALLINERO


  Siempre fue grandota, tenía la misma edad que nosotros, pero nos llevaba dos cabezas. En el Aula se sentaba en la última fila, para no tapar el pizarrón. Begonia, tenía brazos gordos y manitos redondas. Los hombros eran anchos y parecían tener una pelota de football en cada uno. La panza le llegaba al cuello. La cintura no estaba en los planos de su cuerpo.
   Las piernas de Begonia no le permitían correr, caminar caminaba, pero su cara tenía dibujado el sufrimiento. Había dos cosas bellas, su pelo abundante y largo y los ojos de almendra, azul ecléctico. Respondía a la tradición: “Todas las gordas tienen cara linda”.
   La queríamos porque era un pan de Dios, dictaba en los exámenes, contaba cuentos verdes desopilantes, imitaba a cualquiera a la perfección y hasta les hacía la misma voz. Cuando advinieron las Fiestas, de 15, de 18, de 24, la gorda bailaba sola. Los chicos le huían porque era de charlar mucho y con cualquiera.
   Yo siempre le era sincera: —Begonia, si vos bajaras de peso, serías la Reina del Mambo.  
   Según la Madre, era glandular.
    —Vamos a trazar un plan y te aseguro que en diez meses, les pasás el trapo a todas.
   Salíamos todas las mañanas, al principio Begonia se arrastraba, después empezamos a caminar y luego aumentó velocidad. Nos pagamos entre las dos, un Personal Trainer, venía con su Novia que era Profesora de Yoga. No quería que hiciéramos pelotas, digo Pilates
   —Hay que abrir el pecho, levantar el esternón.
   A veces nos deteníamos a mirar el paisaje, con diversas respiraciones. En un año, Begonia, llegó a tener un cuerpo armonioso, le adelgazaron hasta las manos. Cando íbamos a los Boliches, los tipos se intimidaban, mucha mina, asusta. Begonia se anamoró de un chico que le llegaba a las tetas, era negro y petiso.
   Las amigas envidiosas, como son casi todas las mujeres, le empezaron a prestar atención al Corto Villegas, tocaba el saxo con tanta polenta que hacía levitar.
   Fueron las que se decían Amigas y después trataban de avanzarlo, con un descaro perverso. Begonia me decía que lo que hacían las minas, era una putada.
   —Vas a ver mi venganza, para estas miserables.
   Estábamos en un rincón, chusmeando, se acercó la más arpía y le dijo a Begonia: —Cómo toca el saxo, el Corto Villegas.
   Puso tono desafiante y Begonia, con dignidad, como era ella, le contestó: —¿Viste que el saxo no tiene estuche? No lo necesita, duerme adentro de mi sexo.

miércoles, 15 de julio de 2020

NIÑO BONSAI


   —Mami, los niños del Colegio Privado que me mandás, usan botas de piel y camperas de piel. Yo tengo mucho frío, con el uniforme de tela.
   —No se deben matar animales para confeccionar tonterías.
   —Soy un niño lindo, que merece todo. Así me dice la Abuela, cuando le cuento algo de vos. Nunca le conté nada bueno. Papi se queja del frío pero lo soporta.
   —Estoicamente, como es él.
   —¿Qué quiere decir estoicamente?
   —Quiere decir estoicamente, o reemplazarlo por, estoy caliente.
   —Yo no hablo con mis amiguitos cosas de mayores. Por eso tengo que confesarte algo. ¿Viste a Papi, cuando me trae del Colegio?, viene la Maestra con nosotros y antes de bajarse, siempre le dice algo en el oído. Seguro que hablan de mí. Pero en los últimos días me puse bien cerquita y escuché a la Señorita, que lo miraba a los ojos: “Estoy caliente.” Y se bajó guiñando un ojo.
   —Niño lindo y bueno, no quiero saber más nada, tenés que ir a ordenar tus juguetes.
   —¿Por qué me tengo que ir?
   —Porque picar cebolla me hace llorar y no me gusta que mi niño esté presente.
   Llegó mi Papi, silbando desafinado, con cara de Feliz Cumpleaños.
   —¿Se puede saber de dónde venís? Vamos al Bar de abajo, tenemos que hablar.
   —Niño lindo y bueno, salimos con tu Padre, un ratito, vos quédate, hace frío.
   Fue más de un ratito, me dieron tiempo para ver dos pelis de Netflix. Al final me dormí con la tele prendida.
   Me desperté con la voz de Mamá: —Voy a lo de tu Tía, a pasar unos días. Me necesita porque está sola y dos de tus primitos tienen fiebre. Me llevo el auto, queda lejos.
   Durante la despedida casi me parte los huesos, eso quiere decir que fue un abrazo de cuando se va muchos días. Papi pidió licencia en el trabajo, para cuidarme.
   Lo pasé recontra bien, es un genio, andábamos en la moto, miramos películas no aptas para niños, esas me encantan porque te muestran todo. Papi me informó que a pesar de haber soportado estoicamente estas circunstancias, era mejor ir a buscar a Mami en moto.
   A la Escuela me llevaba la Maestra y me traía. Se hacía la buena y la simpática. Un día vi llegar a Pa y a Ma, en el auto. La Maestra los esperaba en la puerta de entrada.
   Se gritaron la vida, yo me escondí en el baño. Me siento mal cuando escucho pelear a los grandes.
   —Terminó nuestra pesadilla, vení a darnos un beso. ¿Por qué te vas a dormir tan temprano?
   —Porque estoy caliente.  

martes, 14 de julio de 2020

SE DICE DE MÍ.


   Me casé con la mujer más fea que encontré, no quería ninguna posibilidad de infidelidad.
   Ella pensaba que él la eligió por ser una persona singular, de aquellas que se quieren para siempre.
   Llevaba el desayuno al jardín y yo miraba cómo caminaba, chueca y en chancletas. Eso era lo de menos. Cuando la besaba sentía su acné permanente en cada poro de su piel, tenía un granito a punto de estallar y todas las noches que nos acostábamos, sentía que hacía el amor, con un choclo. No podía disimular el asco que me daba. Pero me sentía seguro, que nadie iba a reparar en aquel bagallo. La nariz era más grande que toda su cabeza y para besarla en la boca, la punta de su nariz se me clavaba en la mejilla. Se operó la nariz. Al cirujano se le fue la mano y quedó con nariz de chancho.
   No la podía mirar de frente, sus mocos eran más descarados que los granos, me saludaban todo el tiempo. Por propia decisión, se cirugeó de pies a cabeza. Le hicieron los ojos oblicuos  y usaba lentes de contacto, color azul tormenta. Daba miedo la boca, con el rictus en dirección a los ojos. Aunque se enojara, no podía dejar de sonreír. Las lolas eran notables, dos lunas llenas con volumen. Y el trasero le rozaba la cintura. Se lo hicieron con lo que sobró de las lolas. Pudieron enderezarle las piernas y rellenarle los gemelos.
   Comenzaron mis problemas, fue cuando la ascendieron cuatro veces en un año. Sus Jefes se enamoraban de su cuerpo. Nunca supe cómo hizo, para llegar a ser “Ministra de Economía”.
   Fui el último en enterarme, que la mujer más fea que encontré, me engañó con todos sus Jefes.
   —Llegaste temprano.
   Yo la seguía viendo fea, acudía a sus citas fortuitas. Los amantes jugaban a tirarse del ropero. Entre uno y otro, no tenía tiempo de higienizarse. Llegaba a casa con un olor a zoológico, que abría las ventanas para ventilar en pleno invierno.
   —No soporto más ni tus aventuras ni tu olor y antes de matarte, prefiero que te vayas.
   Ella se fue, en eso tuve suerte. Ahora me casaré, con la mujer más linda que encuentre, y así fue. Pude olvidar esa primera mujer, tan fea, tan fea, pero tan fea, que podría entrar en el Guinness de las feas y llevarse el Primer Premio.

lunes, 13 de julio de 2020

POR AHORA Y SIEMPRE


   Uno vive rodeado de prohibiciones, así que estamos en casa. Desde la mañana hasta la noche.
   Él quiere que haga cosas para criticarme: —¿Por qué no arreglás las canillas que pierden, vos que sabés?
   Yo sentí una sombra, no era una sombra, era él: —No sabés cómo se hace, dejá que sigan perdiendo.
   Mientras tendía la cama: —Estás tendiendo mal. Poné la sábana de abajo, que quede lisa, sin arrugas. Te equivocaste, la sábana de arriba quedó abajo. Si no estoy yo, tenderías la cama con las sábanas en diagonal.
   Me seguía a la cocina: —Puedo ver desde aquí, que las copas, apenas se vislumbra que son de cristal, ponelas en agua y lavandina.
   Él, mientras acechaba mis equivocaciones, tenía las manos cruzadas, atrás de su culaso. Cuando fui al baño, él estaba adentro escondido, mientras me duchaba: —Lavate sobre todo en tus partes íntimas, incluye el cogote, las téticas, fregate los pies con el cepillo de acero y péinate los pelos que tenés ahí. No sabés bañarte, te pasás la esponja así nomás y te salteas zonas. Mirá lo que sos, te estás secando con la misma tohalla de ayer. Las tohallas las tenés que cambiar todos los días. No te me vayas, secá el baño que mojaste hasta el techo.
   Un rato de muerte vendría muy bien, para descansar un poco de este criticante infernal. Él hace cien días que no duerme, hoy cayó sobre la mesa del comedor, me dio un poco de pena, un poco. Lo tapé con una manta y le llevé una almohada. Él roncaba y babeaba, le tapé la cara con la almohada y no podía dejar de apretar, y apretar, y volver a apretar, es el día de hoy que sigo apretando. Él no se mueve, es tan inactivo!

domingo, 12 de julio de 2020

TABLEROS



   Decían que la Facultad de Bellas Artes, era la prima pobre de otras Facultades de La Plata. Había una sola Mujer que posaba desnuda, en las Clases de Dibujo. Le compraron tres estufas, para aminorar el frío, de estar una hora quieta, sin siquiera pestañear.
  Una noche de milonga, el Profe de Dibujo Goijman, descubrió una Mujer con volúmenes interesantes. Trabajaba de Prostituta, su nombre era Blanca. Goijman se trabó en una charla con ella y le propuso cambiar de rubro. Debía posar desnuda de lunes a viernes, en las Clases de Dibujo. El primer día apareció con un batón de tres botones, donde le asomaban los rollos.
   Los Alumnos hicieron silencio mientras Blanca, se quitó la ropa, con gestos acostumbrados, no usaba bombacha ni corpiño. Se subió a un practicable. Los Profesores le decían qué posturas debía tomar y cada cuarenta minutos, la dejaban descansar. Andaba por los tableros y los miraba con detención: —Esta no soy yo, no es mi cara ni mi cuerpo.
   Mientras recorría los dibujos: —Esta sí soy yo, la verdad, que me hiciste hermosa, te felicito, no me digas tu nombre porque seguro me lo olvido.
   Le cebamos mate, mientras ella contaba su vida. Con un pucho prendía el otro. —Trabajé de Prostituta desde que era chica. Al principio me daba impresión, pero después me acostumbré. La propuesta de Goijman me encantó. Prefiero andar en bolas frente a ustedes, que frente a aquellos hombres grises.
   Los Profesores la invitaban a tomar café, en el Barcito de la Facu. Blanca aceptaba la invitación y salía desnuda, del salón al Bar, caminado. Cuando los Profes se daban cuenta, alguno corría a buscarle el batón.
   Tienen prejuicios los Señores, me tapaban con sus sacos, porque no sabía dónde dejé mi batón. A mí me da lo mismo, si me dibujan en bolas. Después se avergüenzan en mi nombre, por ir hasta el Café. Ellos también quieren escuchar mi vida.
   —Mis viejos vivían de mi trabajo y el de mis hermanas, el lugar se llamaba: “Dulces Sirenas acarician tus sueños”. Nos quedaban los riñones destruidos. Si algún cliente nos castigaba, pedíamos: “Socorro, Policía” y el tipo golpeador, que resultó ser Policía, sonreía de coté. Mi Viejo golpeaba la puerta, después hablaba con el yuta: “Esta hija que tengo, ¿le dio problemas?” y el tipo contestaba que sí, pero si le devolvía la guita, estaría todo bien. Mi Vieja se retobaba y nos pegaba con un cinturón: “Ustedes son unas hijas de puta.” Y era cierto nomás, ella también era puta, igual que mi Abuela.
   Detenía su relato, cuando aparecía algún alumno sin estrenar.
   A los cuatro años de laburar en la Facu, se casó con Goijman, posaba para él, que sólo la tocaba para cambiar la postura.
   —Con todo lo que he vivido, que no me toque mi Marido, es una liberación. Y si me pongo cachonda, siempre encuentro algún pendejo, que me hace el favor, con fervor.

sábado, 11 de julio de 2020

¿VOS DECÍS?


   Según una Señora de la fila del Super, había un montón de vacunas para aplicarse, A, B, C, D, E, y la F, que está de última moda. Todas se pagaban y se daban en la Farmacia.
   —¿Usted se hizo el hisopado?, eso lamentablemente es en el Hospital, consiste en un algodón que le inunda la boca y empujan con un palito, como una lima de uñas, cuando está bien mojado, lo sacan con los dedos, lo miran a trasluz y lo ponen a lavar, para que sirva a los pacientes que hacen la fila. Me pareció correcto, todo se recicla, menos las personas, por eso debemos cuidarnos. Y respetar los protocolos, para no convertirnos en agentes de contagio.
   —Mi hijo, que es Médico, me contó que todo lo que usted dice, no sirve para nada, las vacunas las hacen con agua sin filtrar, el hisopado es mentira, lo preparan para hacerte creer y porque tienen estómago. Nadie quiere quedar sin trabajo. Ahora están contratando Enfermeros, que son Albañiles, esos sí que no le hacen asco a nada. Te ponen cemento en la boca y empujan con una pinza de hierro, luego con un cincel y un martillo, te sacan todo. Después masticás pedacitos de cemento, durante una semana o dos. Y algunos dientes, averiados, no hay encías que los puedan sostener. Mi hijo, el Médico, dijo: “Mamá, tratá de conseguirme pacientes, tengo el consultorio vacío. Me tienen miedo a mí, al Consultorio y piden turno para el 2.040”.
   Yo por mi parte le haré caso a mi Abuela, que para no sufrir cantaba: “Por la vida contenta voy, saboreando este rico mantecol, por su agradable gustito, es la alegría de los grandes y los chicos.”

viernes, 10 de julio de 2020

UNO PIENSA Y AL FINAL...


   En la cuadra había veinte conventillos. Selena, sentada en el umbral de la vereda, fumando un cigarrillo, mirando una casa.
   Cómo me gustaría vivir allí, donde tienen dos autos, un jardín, con el césped cortadito, pleno de flores exóticas multicolores, que trepaban las paredes y las rejas que lo rodeaban.
   Selena, comparó con el patio de su conventillo, la pura maceta de malvones, hombres y mujeres tomando mate, que siempre la invitaban. Selena contestaba: —No es por despreciar, pero el mate me cae mal.
   Ella se encargaba de baldear los patios de tres conventillos. Un tipo buenmozo, alto, de mirada dulce, abrió la puerta más grande: —Qué lástima que gastes tus manos, tan blancas y jóvenes, baldeando estos patios infinitos. Tu nombre es Selena. Tenía muchas ganas de conocerte.
   —¿Por qué?
   —Porque me gustás mucho, tanto como tus bucles. ¿Te los hacés vos, o son de peluquería?
   —Es mi pelo natural.
   Él masticaba hojitas de menta, y la convidó. Selena aceptó y crearon una atmósfera mentolada. Se sentó bien cerca de ella y le apoyó la mano en la rodilla. Selena pensó: chau, este tipo ya es mío.
   La invitó a entrar a su pieza y le preparó un cafecito, mientras ella miraba las paredes, con afiches superpuestos, algunas fotos porno, una alfombra gastada y la cama de dos plazas, sin tender.
   —¿Querés que haga la cama?
   —No es necesario, yo me encargo, tengo que cambiar las sábanas porque hoy llega mi pareja.
   —¡Ah! ¿Estás casado?
   —Y, tendría que convivir más tiempo.
      Tocaron la aldaba y entró un hombre que él abrazó y le dio besos en la boca.
   —Selena, te presento a mi Marido, se llama Armando. Si nos permitís, hace un tiempo que no nos vemos y necesitamos estar solos. Cuando nos casemos quiero que vengas, podés llevar a tu Novio, no hay problema.

jueves, 9 de julio de 2020

LA GORDA ES KK


   —¿Por qué estás todo el día en casa?, si ahora podés salir.
   —Porque extraño si me voy y me da miedo la calle, toda esa gente, al ser famoso me reconocen, por ser aquel niño lindo y bueno, piden autógrafos, me vuelven loco. Yo igual, les firmo a todos.
   —Tenés que ser humilde. La Señora del 4°C, ¿te acordás que le salvaste la vida, cuando cayó en el toldo de abajo?
   —¿Cómo olvidarlo?, si para escalar hasta su ventana me apoyó su pata en mi cabeza. Allí depositó su peso la gorda y me dejó un chichón y el cuerpo plegado como un acordeón.
   —¿Y no le dijiste nada?
   —Si cuando le iba a decir, la gorda ya estaba adentro de su depto. No me dijo ni te ayudo, ni gracias.
   —¡Qué gorda de mierda! Ya la voy a agarrar yo. ¿cómo te va a dejar solo y averiado en el toldo?
   —Mirá que es tan, pero tan gorda, que no tendrás resistencia y te va decir que soy un niño feo y malo y que la quise matar. Mami, no, su cerebro es pura grasa.
   —Cuando llegue Papi, le voy a contar la historia, ¿él, sabés lo que le va a decir? Que es una kakoncha mal parida y abusadora de menores, como el Presi o la Presi, que están demás en la Argentina, porque amenazan con el Virus, nos dejan sin trabajo, entre otras perversiones, luego la va a incrustar en la puerta y le va a pegar diez fustazos.
   —Mami, sos una genia, a Papi le va a servir de descarga y nosotros pasaremos a segundo plano. No va a preguntar quién es el niño lindo bueno y boludo, que le escondió las pantuflas. Cuando meta las manos debajo de la cama y mire la mugre que tiene, te dirá: “No hacés nada en todo el día y si no limpiás, es porque sos una zorra hija de puta.” Viste cómo odia a la Abuela y todas esas palabras que ustedes me prohibieron decir.
   —¿En serio me lo decís?
   —No, pero me gustaría.

miércoles, 8 de julio de 2020

OÍDOS SORDOS


    Le hicieron dos que Jorge Rizzo nunca olvidó. Cuando lo nombraron Juez en Olavarría, tenía un auto largo y fantochero, con mucha capacidad de asientos. J.R. pensó que fue bullying, pero tenía colegas en Tribunales, que le pidieron volver con él a La Plata. No se podía negar.
   Fueron cinco los que viajaron con él y le decían: —Acelerá, porque a tu ritmo llegaríamos más rápido a pie.
   J.R. dijo: —Me muero de ganas de hacer pis y también de lo otro, paro acá, si abren la puerta trasera y la delantera, me cubrirán mientras hago y evitarán que las luces me iluminen.
   Los colegas arrancaron y lo dejaron al borde de la ruta, con los calzoncillos por las rodillas, cada auto que pasaba le iluminaba el culo. Se detuvo un auto policial. No tuvo otra, que tarjetear que era Juez en Olavarría. Lo llevaron hasta su casa y cuando se retiraba, uno asomó la cabeza y le preguntó: —¿Es cierto lo que dicen: “hacete amigo del Juez y no le des de qué quejarse”? Buenas noches, Doctor.
   Al día siguiente, el Juez J.R., convocó a sus colegas a una reunión.
   —No les voy a permitir que se burlen de mí y me usen como chivo expiatorio.
   —A pesar del mal momento, le pido, en nombre de todos, que acepte nuestras disculpas y si es así, ¿podrá usted llevarnos a La Plata como siempre?
   J.R. les contestó: —No tengo por qué. Prefiero viajar solo.
   Llovía a cántaros y J.R. pinchó una goma. Se dispuso a cambiarla, mientras la lluvia seguía lloviendo. Puso la cabeza de costado, por la pérdida de los tornillos. Los encontró en medio del barro y concluyó su trabajo. Subió al auto con los oídos llenos de agua. Volteó la cabeza de un lado al otro, para que se destaparan.
   Viajó sordo hasta su casa y pidió turno urgente, con su Otorrinolaringólogo. El Médico le informó que el agua le había perforado los tímpanos.
   J.R. siguió viajando a Olavarría y continuó su tarea de Juez, sordo, como la mayoría de los Jueces. Sus colegas lo saludaban y él nunca les respondió. Renunció a su trabajo y vendió el auto con veinticinco abolladuras.  
    Contrató un Acompañante Terapéutico, para que viviera con él. Le enseñó a leer los labios y se encargó de la instalación de luces rojas en la puerta y en el teléfono.
   Cada vez que miraba las gomas de los autos, se llenaba de odio. Tenía lástima de sí mismo, por no saber perdonar.

martes, 7 de julio de 2020

VOY A PONER LAS PIEDRITAS


   —Se cayó en la vereda, tenía los labios blancos y la cara pálida. Lo llevaron al Hospital y lo trataron tan bien, que un Médico le dijo:
   —Parece que lo tiene, joven.
   —¿Qué cosa tengo?
   —Eso que nadie nombra, porque les da pánico de pertenecer al grupo.
   —¿A qué grupo?
   —A los que se saludan: “¿Todo bien?” “Sí, todo bien, nos vemos.”  
   —A mí me parece que todo mal.
   —Para vos, todo mal, nosotros estamos fenómeno.
   —Qué van a estar fenómeno con lo que les pagan.
   El Doctor, con sonrisa dibujada: —Prefiero el escaso sueldo a tener lo que tenés vos.
   Fuera del Hospital, Marta, la novia del joven, charlaba con su Suegra, a tres metros de distancia. Marta decía: —Ni aunque me dejaran entrar, que no, no puedo ver que le duele. Algunos dicen que no duele nada. A mí esas cosas me confunden, duele, no duele.
   La Suegra no resistió la charla. Estaban todos de pie, en la vereda enfrente del moridero: —Suerte que nosotros, volvimos de Milán, a tiempo para ver a mi hijo.
   Marta le dijo que entrara rápido al Hospital. La Suegra cruzó sin mirar y se la llevó puesta un micro. Falleció de inmediato. Marta se sintió culpable, llegó al Hospital y entró. La interrumpieron, ella pidió que la revisaran, para ver si tenía o no. El mismo Médico que atendió a su novio, usó las mismas palabras: —Parece que lo tiene. Hay una cama libre y una Enfermera que se ocupará de bañarla y ponerle un camisón.
   Al novio lo pusieron al tanto, su novia también estaba con la misma enfermedad. El joven pidió si no podían casarse en el Nosocomio. Le dieron su anuencia.
   —Quiero que mi Madre sea la Madrina.
   Marta no quiso darle la noticia, le parecía atroz: —Será imposible, en este momento está escalando el Himalaya, no tiene señal, su celular está muerto.
   —Bueno, no importa, le guardamos las fotos.
   Los Testigos fueron la Enfermera y su amante, el Doctor que los atendió a los dos. Cuando concluyó la Ceremonia se besaron, se abrazaron. Ambos se desplazaron al piso, no pudieron hacer nada, estaban débiles, frágiles y expiraron, con una sonrisa en la boca.

lunes, 6 de julio de 2020

AIRBAG CON MIEL


   Si hasta ahora no fracasé, es porque no soy fracasada. Ni siquiera estoy casada. Sin querer me salió un verso. Conocí un tipo que me gustaba y me invitó a salir. Chocó de frente con un auto, se abrió el airbag y le pegó en el ombligo. Le quedó como un bandoneón, eso sí que no tuvo solución.
   —Para que te enteres, mi miembro es mucho más grande que su apariencia.
   No pudimos hacer nada, él se acercaba, pero el bandoneón se abría. Lo único que pude fue ejecutar un tema de mi Viejo, que vivía de eso. Cuando el instrumento se cerró, él me ensartó.
   —¡Ay! ¿qué me estás haciendo?
   —No lo digo por soberbio, pero es tan grande, que de tanto forzar para entrarlo, en tu cueva se sintió tan cómodo que no quiere salir.
   —Tirá de la punta y sacalo. Apenas salió.
   —Tené paciencia, cada tanto se le hacen nudos.
   —Cada nudo que sale, me hace doler como un parto, no tengo vaselina, pero sí miel. Vos permanecé quieto, yo te unto.
   —Me vas a dejar pringoso.
   —A mí me encantan los chupetines de miel y me gusta chuparlos.
   —Pero no lo hagas por la mitad, hacelo entero.
   —No puedo, se terminó la miel. Soy un fracaso.
   Por razones obvias me cansé y cuando cerró la puerta, la mitad se partió. Lo metí como souvenir en mi cartera.
   No sé de qué se quejaba, si con lo que lo dejé, será mucho más cómodo para él.

domingo, 5 de julio de 2020

MAXITRIBUTO


   Paz: —Estoy triste, nerviosa, desalentada.
   Psi: —¿Y por qué desalentada?
   Paz: —Vine para que me conteste, no para que me pregunte.
   Psi: —Yo también estoy triste, nervioso, desalentado.
   Paz: —Si le pasan esas cosas, debe ser porque tiene menos pacientes, poca plata. Nadie hace Terapia, para poder ahorrar.
   Psi: —Vino un amigo y me abrazó, decía que 100 días era demasiado tiempo para no abrazarse y nos dimos un beso y un abrazo, como los de antes.
   Paz: —Vivo sola y me siento tan sola que hablo conmigo y me contesto.
   Psi: —¿Por qué me cuenta lo mismo que todos sabemos?
   Paz: —Lo mío sucedió cuando venía mi hijo de visita, no lo dejaron salir de la Ciudad, había cambiado sus sábanas. anoche me di cuenta que esas sábanas no fueron lavadas desde hace cien días. No me baño ni me peino, ni cambio mis sábanas. Para llegar hasta su Consultorio, me exigieron tantas tarjetas, que al Poli se le cayeron dos. Por suerte quedaron pegadas en las ruedas del auto.
   Psi:— Para venir, ¿se bañó? No logró peinarse, tiene un ovillo en la cabeza. Eso sí, se puso perfume francés, para que no me diera cuenta.
   Paz:—Usted tampoco se bañó, hay olor a chivo y a patas. El barbijo transparente también tiene mugre.
   Psi: —No quiero que venga más, cuando usted se retira, me deja sus liendres en el diván y toda clase de insectos. Lamento echarla, pero tengo mis razones. Usted es un máximo exponente de contagio.
   Paz: —Ya estoy contagiada y no me ando quejando como usted.
   Es terrible salir del Psi, sin ninguna solución. Pero como dijo una Maestra burra que tuve: —Las cosas, es así.

sábado, 4 de julio de 2020

ALLORA PARLA


   Acordaron no hablar entre ellos, dos horas por día. Frida y Samuel sintieron que con dos horas no era suficiente. Frida engrosó su ausencia de pensamiento y pudo escribir sin pensar, mientras que lo pensado, se le adelantaba sin necesidad de pensar.
   Samuel trabajaba el diseño de edificios en altura, fuera de la tierra, sobre pilotes de cemento. Cambiaba detalles que no lo conformaban.
   Durante el almuerzo, Frida le propuso a Samuel, extender el plazo de dos horas, a cuatro. Preguntó Samuel: —¿Por?
   —Necesito más tiempo para escribir mi novela, sería mejor para terminarla, hace tres años que comencé.
   —¿Vos decís generar más tiempo y más también?
   Llegaron a un mes de no hablarse y lo extendieron a tres. A Samuel le aceptaron los planos del edificio y empezaron a construir. Frida terminó su libro y lo publicó. Los dos sintieron ganas de estar juntos y hablaron de pavadas, temas que habían tratado quinientas veces.
   Él sabía cómo terminaría ella. Frida sabía de memoria como terminaría él. Se pusieron endogámicos, no salían de su casa. Los silencios comenzaron a ser infinitos, mientras cada uno seguía sus trabajos.
   —Frida, me parece que le estamos errando fiero. Tenemos que hacer algo que no hayamos hecho antes. Igual, hace mucho tiempo que nuestro matrimonio es una costumbre molesta.
   —A mí me parece que lo más apropiado, sería divorciarnos, nos estamos privando de muchas cosas.-Aseguró Frida, con mucha seguridad.-
   —Ni que lo digas, Mujer.

viernes, 3 de julio de 2020

LÁZAROS


   Llegué a ser un croto. Vivía de lo que me daban y después los puteaba, pensaba que me volví loco por la miseria.
   Mi Mujer me esperaba en casa, de cuatro paredes de cinc.
   —¿Y hoy trajiste comida para compartir?, percibo que no, mañana salgo con vos.
   Como estaban cubiertos de pobreza, nadie les daba bola. Hablaban solos: —¿Viste que no nos piden ni documentos? Andamos sin barbijo y para la Cana, somos personas que molestan, por eso nos tiran las camionetas encima.
   Tomábamos mates todas las mañanas, con la familia incluida, hablábamos de pájaros, de árboles y de sus peores enemigos: la lluvia y el invierno. Jamás tocábamos aquel tema. El ser tan crotos nos facilitaba andar por la calle, a cualquier hora del día. Nos sentíamos tan libres, por primera vez éramos felices.
   Dormíamos en las esquinas, unos guarros nos robaron las bolsitas de los pocos alimentos que llevábamos. Nos sentimos vulnerables, abandonamos la calle y no salíamos de nuestra casa.
   Estábamos tan desnutridos que fuimos a pedir al Hospital, que nos dieran camas.
   Por primera vez teníamos sábanas, colchones y abrigo. Ella le decía a su Marido: —Qué suaves son las sábanas, las frazadas son tan blancas y finitas, aquí conocemos el estar calentitos.
   Las Enfermeras nos daban trato de privilegio.
   —Yo de acá no me voy.
   El Médico de las noticias terminales, nos dijo que toda la familia, teníamos Corona Virus. Acá nos sentimos tan bien, que nos vamos a quedar.
   —No tenemos camas, necesitamos las suyas. -Dijo el Doc-.
   —¿Y nosotros?
   —Deben volver a su casa.
   —Y allá, ¿quién nos atiende?, si todos estamos enfermos.
   —Les recomiendo la cama y dormir, son dos detalles, con el que pueden subsistir, frente al hambre y la sed.

jueves, 2 de julio de 2020

PURA ASTILLA


   Caminábamos en torno de caléndulas y camamilas. La casa, grande como un palacio pintado de naranja. En honor a un naranjo centenario que seguía dando frutos, era pródigo. Nosotros queríamos que alguien nos hiciera jugo. Fuimos a parar al medio del campo, dijeron que allí estaríamos a salvo de la peste. Colocaron un freezer enorme en la cocina, cargado de comidas y verduras especiales. Vimos naranjas en el piso que entraron por las ventanas. Elegimos la más redonda sin madurar y jugamos a la pelota. Juego muy bien y en un puntapié certero, metí un gol y la naranja reventó en las zapatillas de mi hermano, blancas y recién lavadas.
   Una Anciana, Pura Astilla, nos trajo jugo de naranja exprimido. Mi Madre contó que no tuvo Padre ni Madre, nació de gajo. Pusimos un equipo de música y rock and roll memorables. Bailábamos y saltábamos. Mi hermano se quiso hacer el listo, subió la escalera, pisó un escalón partido al medio, de mármol pura cepa. Cayó a la planta baja y de allí al sótano. Huyó despavorido, estaba lleno de ataúdes.
   —Salgamos o nos quedamos sobre una bóveda repleta de muertos.
   Yo armé mi carpa afuera. Al lado vino mi hermano y armó la suya pegadita a la mía. Hablaba solo: 
   —Me da tanto miedo que me voy a dormir con ella.
   Llevó la comida adentro por si hay un muerto con hambre.
   El desayuno que sirvió Pura Astilla, tenía la leche de una vaca flaca de ubre grande y tetas que llegaban a la mesa. Pura Astilla retorcía cada teta y llenaba nuestras tazas con una cucharadita de cacao. Le tomamos cariño a la Anciana Pura Astilla y a la vaca también.
   Jugábamos afuera de la tranquera, pasó un camión de la Policía Rural: —Chicos, adentro, está prohibido andar afuera.
   La Anciana Pura Astilla se cansó de nosotros, afiló la cuchilla más vieja de la cocina, se puso de espaldas con la cuchilla entre sus manos, no calculó que detrás de ella había un espejo. Nos llamó con voz de cariño y odio de sola. Pidió que nos fuéramos. Le quité la cuchilla con dos dedos y cuando se la iba a clavar: —No te molestes, hace más de cien años que estoy muerta, el stress que produjo la visita de ustedes, me hace extrañar el ataúd con tapa. ¿No me podrán llevar?
   No pesaba nada, la metimos en el único cajón que estaba abierto. Clausuramos la bóveda del sótano, con adoquines y cemento.
   El jueves apareció mi Madre a buscarnos, desde que nacimos le apareció el delirium, no esperaba mellizos y se sintió tremens, le mostramos la cuchilla con la que la Anciana Pura Astilla, nos quiso matar.
   —¿Saben que la vieja había muerto hacía poco? El día martes pasado, era mi Suegra, cuentera, insoportable, pijotera y ladrona, un día que el Padre de ustedes no estaba, clavé ese mismo cuchillo en la espalda de la Señora Pura Astilla, no le salió ni una gota de sangre. Para que Papá no se diera cuenta que le faltaba alguien, la llevé al campo, al sótano del castillo.
   El mismo lugar donde nos llevó a nosotros para preservarnos de la peste.

miércoles, 1 de julio de 2020

EN CASA


   Como no podían salir, jugaron a sincerarse. Él confesó que antes la engañaba con cualquiera.
   —¿Vos sabés que yo antes hacía lo mismo?, pero no con cualquiera, con los Maridos de mis amigas, eran los que tenía más a mano, ahí comprendí, por qué estaban de acuerdo. Se quitaban los Maridos de encima. Yo les hacía el favor y me acosté con todos. Eran diez. Decidieron separarse de sus Mujeres, para casarse conmigo, yo les dije que sí a todos. Entonces te inventé que llevaba un contingente de turistas, por un tiempo. Vos seguías leyendo, mientras yo me bajaba cada salame al sótano, no cabíamos, éramos muchos. Les empecé a cobrar, ninguno quiso pagar. Los largué o se largaron. En casa no vivieron más, por fin logré descansar.
   —Te tengo que decir algo, todo lo que te conté, es mentira, vos te lo creíste. ¡Ja!
   —Yo también te inventé todo. Es para condimentar este tiempo de la pandemia. Un matrimonio con aburrimiento, se nutre de inventar historias o de cagarse a trompadas.
   —A mí me dieron ganas de varias cosas, cortarte la cabeza, tirarte por la ventana, me brotó el instinto asesino y te empiezo a correr hasta que te alcance y te sugiero que para despedir esta historia, nos acostemos.
   —¡Qué disparate! ¡Qué ascoo!!

martes, 30 de junio de 2020

PERSEVERAR


   Soy dueña de una Editorial, equivalente a Gallimard. Tengo un encuentro con mi viejo Editor. Después que rebotó todos mis trabajos, tiene el tupé de pedirme que le edite un libro escrito por él.
   —Se puede hacer, no sin antes pasar por el Corrector.
   Se presentó al día siguiente, pero el Corrector todavía estaba trabajando. Cuando lo leía, había cosas que me resultaban conocidas. El Viejo raboverde, eligió escribir sobre mi vida, cosas personales y de las otras, las que invaden el marco de encierro.
   Este cuento no se refiere a la pandemia, debe ser el único. Nuevamente el Viejo sacó provecho de mi vida. El Corrector no salía de su asombro, había tantas faltas de ortografía, que no terminaba de corregir, me llamó: —¿Usted está segura que lo quiere editar? No lo va a comprar nadie.
   Apareció y preguntó: —¿Ya editaron mi libro?
   —Sí, aquí los tiene, como pan caliente. ¿No le da vergüenza haber escrito mi vida?
   —Usted debería estar feliz, yo se lo dediqué.
   —Le recomiendo que empiece la Escuela, desde primer grado y siga con el Secundario.
   —¿Por qué yo haría una cosa así? Odio la Escuela, por eso no fui nunca.
   —Sí, se nota. Dé media vuelta y desparezca de aquí.
   Me envió con los mandados, un enorme ramo de rosas y un ejemplar de su libro.

lunes, 29 de junio de 2020

LA PRESENTACIÓN


   —Me llamaron del Gabinete y las escuché, una decía que mis ejercicios matemáticos, eran de un niño superdotado. Mi Señorita opinaba que era bipolar.
   —¿Qué quiere decir bipolar?
   —Quiere decir que tenés dos polos, yo pienso que sos multipolar. Es complicado de explicar. Fingís tristeza y alegría, niño lindo y bueno. Sos el mejor Actor que conozco.
   —A mí me encantaría trabajar en un Teatro. Puedo hacer todos los personajes, el ser multipolar me facilita. Mami, yo soy un montón. Voy a proponer en la Escuela que me presten el Salón de Actos, para actuar los sucesos de mi casa, las peleas de vos y Papá. Y otras cosas que veo que ustedes ni se imaginan. Seguro que va todo el Colegio y al final vendrán los aplausos y los gritos que dirán: “¡Otra, otra!”.
   —Ni se te ocurra, lo harán porque son chusmas. La sorpresa será que en nuestra casa, ocurre lo mismo que en las suyas.
   El Niño abrió la función hablando de sí mismo y sus virtudes. Cómo su Mami y su Papi se peleaban todo el tiempo: —No dicen malas palabras, para cuidar el lenguaje en mi presencia. Cuando creen que no estoy, se bañan juntos, para no llegar tarde a sus trabajos. Después se putean por cualquier cosa. Cuando Mami enceró y mi Papi se resbaló, se quebró una pata. Cuando socializan parecen culturosos, se dan piquitos para demostrar que se quieren. No es así, son un matrimonio de mentirita. Prefiero que vivan así y no que se divorcien. No sabría con cuál de ellos me tocaría. Mami es mano larga y Papi alquila películas de terror, para que me calle. Yo no sé para qué me tuvieron. A mí nadie me quiere, presiento que hay una fucking bomba de tiempo, en mi asiento. Al final no explotó y se avecina la pandemia. Yo no los prevengo, que se arreglen. Si no, pueden recurrir a los Gobernantes varados en París.

domingo, 28 de junio de 2020

YA PASÓ


   Hoy nos compramos dos botellas de cerveza y una de whisky. Como vivimos encerrados, nos divertimos el fin de semana y nos tomamos todo, nos fumamos todo. Andamos desnudos, ¿para qué la ropa?, si venimos forrados en piel.
   Llamé a mi hijo que vive en una Ciudad donde hay más Policías que personas. Todos sabemos que ni cien Policías, equivalen a una persona.
    —Quiero que me cuentes cómo pasan ustedes este protocolo.
   Tenían la música tan alta, que apenas lo escuchaba.
   —Y como todos, el Domingo tomamos dos botellas de vino y seguimos con margaritas. No podemos andar en auto si carecemos del permiso municipal. Hacemos lo mandados a pie. Viene una chica tres veces por semana y hacemos yoga. Lo ideal sería después correr, está prohibido. Nos acostamos y miramos Netflix y sus películas infames. Nos quedamos dormidos. A la noche nos llaman los amigos para preguntar qué estamos haciendo. Es como estar prisioneros. ¿Y ustedes cómo están?
   —Chocamos con una moto, o la moto nos chocó. Se acercaron muchas personas. El chico estaba tirado en la calle, llamaron una ambulancia. En el mientras tanto fui a ver cómo estaba. Nos puteaba y les dolía, porque gritaba ¡Ay Ay Ay! Nos secuestraron el auto y llevaron a tu Padre a declarar a la Comisaría, después le dijeron que debía ayudar a subir la moto para secuestrarla también. Al día siguiente fuimos a declarar al Seguro, allí también nos hicieron esperar. A Papi le subió la presión y a mí se me cayó el pelo. Para nosotros el auto equivale a nuestras piernas. Esperamos que lo devuelvan. Nunca se sabe. El pendejo se golpeó en el codo y lo operaron. A tu Padre lo llevaron al Hospital, para sacar una muestra de sangre. Yo me quedé ahí en el lugar del accidente. No me dejaron que lo acompañara. Por suerte llegó mi hermano y me dejó en casa. Cuando se fue me lloré todo y miraba por la ventana, para ver cuándo llegaba. Ya está aquí.
   —Bueno, Mamá, ya pasó, ahora quedate tranquila, vayan a dormir para reponerse, luego se toman unas birras y después whisky y después un join y después Netflix, hoy dan una que se llama: “Chocó y se murió”, tiene mucha sangre, no sé si les va a gustar. En definitiva están mejor que nosotros, les pasan cosas para contar. Fue una pavada, hagan de cuenta que no pasó nada.
   Le corté, me pareció tan egoísta como yo.

sábado, 27 de junio de 2020

QUERIDO DIARIO


   Querido Diario, estoy mal y eso me pone triste, la tristesitud está conmigo y no me suelta ni siquiera para dormir y organizar mi cabeza. Estar conmigo adentro del departamento, me está comiendo las neuronas.
   —Señorita Malina, hace dos meses que no paga el Alquiler ni las Expensas. Le han cortado la luz, el gas y el agua.
   El tipo un irrespetuoso.
   —Don Falsete, yo no puedo salir de aquí, en el Banco cerraron todas mis cuentas. Tengo prohibido salir de mi casa. Ya releí todos mis libros. Pinté el departamento, remendé las medias, calzones al agujero perdido, ordené pulóveres, hice desaparecer las manchas de humedad, de los azulejos del baño.
   —Señorita Malina, todos estamos encerrados y lo peor, que nadie puede pagar nada. Señorita, tengo que darle una mala noticia, los vecinos se enteraron de su fiebre alta, sus dolores en el pecho, llamaron a su Médico y él dijo que usted, Señorita Malina, tiene Corona Virus. Le indicaron quedarse en cama, aquí. En el Hospital no hay más capacidad.
   —¿Están pidiendo que me vaya? O yo escuché mal, por tener Covid, ¿dónde quieren que me vaya? Si no se puede salir, los protocolos van en aumento, las autoridades tiran cada vez más pálidas. Ayer forzaron la puerta del departamento y me ataron a la cama.
   Querido Diario, ¿por qué no les decís que respeten al enfermo y se dejan de joder?

viernes, 26 de junio de 2020

BORRADOR


   Esta mañana me desperté, con muchas ganas de acostarme a dormir. Hoy nos reunimos con las chicas en un restaurante, que es caro y se come nouvelle cuisine, que viene de poco. Tiene separadores con la otra gente. Se escucha todo, pero no importa, es divertido escuchar a matrimonios, parejas, amantes, colegas. Cuando dejan sus celulares y se comunican primero despacio, pero al final de las botellas, levantan la voz. Celina llega primera, después las demás. Última y demacrada, no me da por el make up.
   —Pensábamos que ya no venías y nos extrañó, porque vos, Chiqui, no tenés problema, en dos minutos estás lista.
   Después de escuchar boludeces, les leía la boca, para salvarme del sonido. Hoy es 25 de Mayo y soy la abanderada, se me fue de la cabeza, debo tener un microagujero, por donde pierdo la memoria. Llegué cuando estaban todos formados. Crucé corriendo hasta la bandera y la pude izar. Un viento, que primero sopló despacio y después se escucharon los truenos. Cayó en la cabeza de la Directora, el mástil con su punta de metal. Se partió en dos. La punta la tenía clavada en el rodete y con la bandera se envolvió.
   Cantamos la última estrofa del Himno, casi ni se escuchaba. Dieron por terminado el festejo y desalojaron la Escuela. La bandera se tiñó de rojo, pero la Directora permanecía de pie, con la punta en la cabeza y un geiser que expulsaba sangre. Llegué última y me fui primera. No quise mirar el desastre. Me gustaría saber qué se festeja. Los maravillosos Gobiernos que tenemos, tuvimos y tendremos.
   Un pueblo tan cobarde, que siempre aplaudió la muerte. El exitismo que presta a sus líderes, que son los reyes de los robos. Los que no dejan estudiar a los jóvenes, prefiriendo que sirvan mesas.
   Una manga de delincuentes con corbata, que nos sigue dejando en bolas. ¡Qué carajo festejan! My God.
   Será por eso que esta mañana, me desperté con ganas de acostarme a dormir.

jueves, 25 de junio de 2020

¿LO QUÉ?


   Lo que más recuerdo de cuando alumbraron juntos, fueron los pasos de un hombre desconocido. Llegaron hasta su cara, le faltaban los ojos, o los tenía, pero eran blancos.
   —Con la luz me arden, vengo de un incendio, todavía están cayendo algunos árboles carbonizados. No los puedo llevar a mi cabaña porque se incendió. Me siento perdido, estafado, duelen las quemaduras. Mi familia se fue en una balsa que yo les fabriqué, lloraban, pobres. No los acompañé. Un peso demás y la balsa se hundía. Pivotaba sobre mí mismo, no había nadie. Fue una suerte haberlos encontrado. Estoy buscando al niño de mi mejor amigo, hace veinticuatro horas que no sabe de él. Y para la denuncia deben pasar 48 horas. ¡Miren al niño lindo y bueno!, está en la cumbre de la montaña, donde el incendio se ve diminuto. Nos saluda y llegó la Mamá con los pelos parados. Lo abrazaba.
   —No nos pudiste hacer esto, ahora te veo feo y malo. A tu Papi casi le da un paro. Está en el Hospital en terapia intensiva.
   —Pobre Papi, no sabía nada, pero te dejó el auto, por lo que veo.
   La Madre le pegó dos bofetadas.
   Esta es bruja y malvada, no le voy a decir nada, pero no se lo perdono.
   —En cuanto al mejor amigo de tu Papi y esta pareja encantadora, quiero que vengan a casa, les debo la aparición de este niño lindo y bueno. Lo que me cuesta entender es cómo se metió en este cuento. Si él ya tuvo sus protagónicos. Acá no tiene que estar, fue una confusión de la que escribe. Últimamente se le mezclan las hojas, las biromes. Recuperé mis personajes, ella decía. Lo que más recuerdo de cuando alumbraron juntos, fueron los ojos blancos, los árboles quemados y la aparición del niño, con cara de juguete y ojos de fogata.

miércoles, 24 de junio de 2020

¿QUÉ PRETENDEN DE TODOS?


   —Quiero un protector que descubrí en una propaganda.
   —Aquí lo tiene, Señora, tuvo suerte. Hoy los recibimos.
   —¿Me lo puedo probar?
       La Vendedora misma me explicó cómo hacer. Era fantástico, tenía ventanas por toda mi cabeza, dos agujeros para mirar, dos para poder respirar por la nariz y uno en la boca, para el cigarrillo. Era blando, flexible y plegable.
   —¿Puedo salir a la vereda, para ver qué tal?
   Di una vuelta manzana y seguí hasta mi casa, algo me olvidé, llamé al negocio y pedí disculpas por no haber pagado. Escuché una voz Call Center: —No se preocupe, lo debitamos de su cuenta.
   —¿Cuánto me salió?
   —Barato, quince mil pesos.
   Hay que reconocer cuando una pierde, sobre todo si está acostumbrada a perder. Compré otros implementos, a saber, líquidos, alcohol, lavandina, gel y rociadores.
   Me equivocaba cuando llegaba de la calle, rociaba con lavandina toda mi ropa y el alcohol lo reservé para las heridas. Me superó el odio, toda mi ropa con manchas de lavandina. El alcohol lo tomé una noche, pensando que era whisky. Dejé de hacer filas para comprar y me metía de prepo, diciendo que tenía algún hueso roto. Nunca nadie me dijo nada y pensé “el protocolo que se lo metan en el culo”.
   Hoy fue un día especial, tiré las cosas compradas en una bolsa de residuos, todo menos la lavandina, que me sirve para el inodoro.

martes, 23 de junio de 2020

LAS TRES EDADES


   Vivíamos juntos, pero separados. Abigail se fue apropiando de mi casa. Empezó por las flores, le gustaba el césped inglés, después siguió con los árboles, los mandó quitar. Quedó liso, cortadito el césped, aburrido.
   Abigail, defensora de los recursos no renovables, de los árboles. Se ataba a ellos para que no desparecieran. Desde chica odiaba las quintas, donde sembraban rabanitos, para después cosecharlos. Le gustaba la Naturaleza, tal como estaba. Los Padres, orgullosos de Abigail y su militancia temprana a favor de la vida.
   La vi crecer frente a mi casa y me gustaba su proceder, pero nunca me enamoré de Abigail. Era invasora de todo lo que la rodeaba. Si había una pileta, nadaba sola y no dejaba que nadie se tirara.
   —¿No entienden? Quiero la pileta sólo para mí, vuelvan a sus ranchos.-Pensaba que la pobreza era un isulto-.
   Se presentó en mi casa. —Aunque te conozco sólo de verte, quiero recorrer tu vivienda, se ve tan lujosa. ¡Oh! Qué pisos, son de mármol de Carrera, o de otro carro, no sé cómo decir. Quiero usar ese baño, voy hacer pis, tiene tantas ventanas y tanto sol, que si fuéramos grandes, viviría en tu casa.
   Después su visita  diaria, consistía en llevarse pequeñas esculturas de marfil y traer de su casa, enanitos de jardín, que distribuía sin equidad, por donde más molestaran.
   —Les presento a mi Novio, lo llevo de la mano porque es muy tímido.
   Y así me presentó a sus amigas.
    Sus invasiones tenían el formato de la Invasiones Inglesas. Muchas veces tuve ganas de tirarle aceite hirviendo, para alejar aquél disparate de niña. Cuando pasaba la Mucama, levantaba una pierna, para verla tropezar. Después se le reía en su cara: —Menos mal que sos tan torpe, eso me aleja de ser tu amiga, encima sos pobre, es deprimente. No sé por qué debo dirigirte la palabra, sos Mucama. Así me enseñaron mis Padres.-Más tilingos que Abigail-.
   Llegó la adolescencia, Abigail cambió de órbita, nos transformamos en Saturno. A mí me bautizaron Saturno, mi Madre era Hiponga y exótica. No sabía si yo era el anillo y Abigail la esfera. La miraba mucho, me daban ganas de darle un beso. Por suerte, después, esa idea comenzó a desaparecer.
   De a poco nos hicimos adultos, nos fuimos a vivir juntos, pero separados. Construí una pileta, Abigail nadaba sola y no me dejaba meter. Copó la cama de dos plazas y cerraba con llave. No tuve más remedio que dormir en un coy.
   Ella ocupó todos mis espacios. Una mañana decidí rajarme. Abigail no se dio cuenta, ni tampoco le importó.