domingo, 16 de agosto de 2020

SULQUY

 

   Teníamos que salir para hacer las compras en el Super, en la Verdu, en la Farma. Desde que estamos juntos, nuestra relación simbiótica hacía que lo acompañara, hasta la esquina y demás lugares. Aquel día le dije, no. Necesitaba estar sola, para saber cómo era estar conmigo misma. Usé el celular para señalarle las cosas que necesitábamos.

   —¿Por qué no me acompañaste?

   —Para despegarnos un poco.

   Ese tiempo lo usé para llorarme todo. A él no le gustaban mis lágrimas, decía que llorar no servía para nada. Ni para visitar a los amigos, que huían de mi depresión. Pensaban que los contagiaba. Yo a todo “solo” que encontraba, trataba de enseñarle los beneficios de vivir. Mentía, para mí, vivir era una desgracia. No heredé los genes del Tío Francisco, que sembraba zapallos y sentado en la galería, miraba cómo crecían, agradeciendo a dios, aunque era ateo: —Soy un hombre feliz y me gustaría que vos también lo fueras.

   Me invitaron a pasar unos días en su casa. Ya estaba separada de mi Marido. Fueron a buscarme en su viejo Sulquy. El Tío Francisco y su Esposa Juanita.

   —Es una suerte para nosotros, que vengas a nuestra casa.

   —Pero Tío, esta no es una casa, es un rancho.

   —Lo hicimos con nuestras propias manos, de adobe y con una letrina, a veinte metros de la casa. Cuando tengas ganas de obrar, vas allí.

   En mitad de la noche, fui y les grité: —¡No hay papel higiénico!

   Apareció la Tía Juanita: —Aquí no usamos esas cosas, fíjate, a la derecha, que hay un gancho con marlos, es mucho más sano y efectivo.

   Ayer se los patenté, ellos lo merecen.

sábado, 15 de agosto de 2020

OCRE

 

   Di marcha atrás y le pasé por encima, por miedo le volví a pasar, no quise mirar la pura sangre y él destruido en el asfalto. Me siguió la Policía. Me llevaron al Destacamento, me interrogaron. —Fue un accidente.-Les dije convencida-.

   —Hablo con la verdad, nunca miento.

   El Oficial miró con las mejores intenciones. Hubo un Juicio, donde me declararon inocente. Cuando salí de Tribunales, el Oficial, sin uniforme, me pareció natural, no estaba de servicio. Cuando llegué al depto, miré por la ventana, lo vi y él también.

   Hacia mis compras y escuché unos pasos, era él que me seguía. Al siguiente día, conseguí un turno con el Médico. Tenía el auto secuestrado, como quedaba cerca fui caminando. Estaba él, que de nuevo me seguía. Salí del Consultorio y él, de pie en la puerta, miraba con insistencia. —Quiero saber por qué usted me persigue todo el tiempo.

   Él no me contestó, dio media vuelta y siguió caminando. Tuve temor y volví a mi casa en taxi. Él estaba ahí, le miré la cara, me invitó a tomar un café. Tenía ojos opacos y tristes.

   No sé por qué acepté su invitación. Conmigo no habló nada, sólo con el Mozo, para hacer el pedido y nada más. Cruzamos a la plaza, me resultaba incómodo su silencio, pero no sé por qué lo respetaba.

   Una hoja color ocre, se le instaló en el pelo. Quise desprenderla.

   —Ni se te ocurra.-Él lloraba como un niño viejo y quebrado-. Aquel hombre que atropellaste, tenía dieciséis años y era mi hermano.

viernes, 14 de agosto de 2020

EL CALORCITO

 

   Para mi Madre, era un ser indiferente, no me daba ninguna importancia, daba frío. Siempre tuve frío. Por suerte estaba mi Padre, un Dibujante excepcional, que trabajaba demasiado, para abastecer los deseos absurdos de Mamá. Aun en inviernos despiadados, Mamá prohibía la calefacción. —Me seca el cutis y engrasa el pelo.-Decía-.

   Papá me compensaba con un amor permanente. Cuando estaba en casa, me cubría con cuatro frazadas, bien, bien apretadas. Sacaba mis brazos afuera y me ponía guantes azules de lana de conejo. Antes de irse me besaba la frente varias veces. Siempre dormí con esos guantes, parecían crecer conmigo.

   Ellos se divorciaron, fue un gusto para mí, pero un secreto que quedó conmigo. En lo único que coincidimos, fue en la decisión de Mamá. Me dejó con mi Padre. Fue mi primer Profesor de Dibujo, que me permitía trabajar con los guantes. Mamá se fue a vivir tan lejos como pudo. Nunca pregunté por ella. Él me decía que debía perdonar. Fui a estudiar a La Plata y llevé mis guantes puestos. Pasó un tiempo y no tuve más remedio, que dejar los guantes.

   Eran imprescindibles mis manos desnudas, para lavar, ducharme y bañar a mi querido bebé. Cuando me casé me puse un solo guante, que escondí bajo el ramillete acostumbrado.

   Ahora que estoy sola, porque Papi decidió conocer el cielo, antes de dormir, me pongo los guantes. Fueron y seguirán siendo, el calor que me brindaban el recuerdo, de aquel hombre maravilloso, que señaló el camino, para encontrarme a mí misma.

   Y aquí estoy, dibujando su retrato, con los guantes puestos. 

jueves, 13 de agosto de 2020

NI AHÍ

 

   Tres Padres, amigos de Luli, le pidieron que fuera Niñera, cinco veces por semana, para pasear y descansar sin los niños. Le dijeron que eran buenos y tranquilos, no iba a tener ningún problema.

   El primer día les puso dibujos para niños, se durmieron enseguida, ni siquiera despertaron cuando llegaron los Padres. Al segundo día se presentó a cuidar tres niños, de caras buenas.

   —Me llamo Luli y espero que se porten bien.

   Cuando se distrajo en un noticiero, sintió mayonesa en la cabeza. No quiso retarlos. Se lavó en la ducha, habían tirado una botella de aceite en el piso. Resbaló y dio con la cabeza en el sanitario Luli quedó mormosa, con un golpe azul en la frente. Volvieron los Padres, estaban encantados con los niños y Luli. Ella quedó horrorizada.

   Por necesidad concurrió el tercer día, eran dos, estaban jugando concentrados con muñequitos. Luli, reventada del día anterior, decidió tomar sol en el balcón, mientras con un ojo los contemplaba, se le cerraron los dos. Cuando escuchó tanto silencio, se levantó como un resorte. Había uno con tijera y otro con sevillana, cortando todos los colchones de la casa. La atmósfera la ocupaban las plumas y miles de pedacitos de goma pluma. Ella lloraba en el suelo. Los chicos se reían, pintaron en la puerta “Luli loca no vuelvas más”.

   Los Padres les dieron la razón a ellos, que ponían caras de inocentes. La sacaron a empujones injustos y no le pagaron.

   Llegó al depto de su novio, no le contó nada. Él dijo: —Quiero que nos casemos y tengamos muchos hijos.

   Ella lo miró  con ojos hinchados: —Tendrás que cambiar de novia, estoy enferma de espanto, ni en pedo tendría hijos.

miércoles, 12 de agosto de 2020

PARA TAPAR

 

   En todas las películas yanquis, ni bien llegan a su casa, se toman una copa de vino. Después llega su pareja, su amante, o un amigo y hacen el amor de parados. O en el baño de algún boliche. Cierran la puerta con llave y hacen el amor o lo deshacen, sobre las mesadas de las bachas. Él se desprende los pantalones y ella abre las piernas, la empuja una vez y otra vez. Cuando se tiran en la cama, ella lo monta como si fuera yegua y él se toma de las tetas, que son las bridas. Hasta un cunilingus, he visto. Los sonidos de las Mujeres, parece que las están matando. Con las duchas abiertas, se meten los dos, enjabonan sus cuerpos, para que deslicen mejor. Las duchas tienen vidrios transparentes, para que el público esté presente, en aquel encuentro.

   Roban, matan, venden drogas y las consumen, la cocaína siempre presente y las pastillas multicolores, las mezclan en jarras y convidan a los adolescentes. No conformes con esto, tienen un guión: “Basado en historias reales”. Son porno con argumento. Los jóvenes aprenden mirando, se dedican a la actuación, donde quedan más turbados por las indicaciones del Director. Estas cosas son vistas por personas inescrupulosas, que luego hacen lo que vieron.

   En la Facultad me encargaron un trabajo, sobre este tema y dar mi propia opinión.

   —Es todo producto de la decadencia globalizada. Y agregar algo más, a los Políticos corruptos, les viene bien, para que la gente no piense, en las cagadas que se mandan. Aquí dejo porque es la hora de la Serie que estoy mirando, tiene todos los ingredientes que describí.

martes, 11 de agosto de 2020

REDOBLE

 

   Tenía la clásica hoja en blanco, me pareció tan sola que puse mis anteojos en el medio. Tomé mi cabeza y la golpeé tres veces sobre la mesa. Escuché unos pasos que se acercaban y alguien rodeó mi cuello con un metal. Era una gargantilla de plata, regalo de mi primer novio. Hacía muchos años que no lo veía.

   Pensé en un asesinato y me di vuelta. Había tanta bruma, que apenas alcancé a vislumbrar una sombra, corriendo con mi gargantilla.  

   Me senté a escribir lo que casi sucedió. La página en blanco, los anteojos al medio, escuché pasos que se acercaban y mi cuello rodeado con un metal. La gargantilla de plata. Cuando pensé en un asesinato, que casi se cumplió. La sombra era parecida a mi primer novio. Una bruma que alcanzó hasta la mesa y entonces desperté.

   Salía sangre de mi cabeza. Me pasé DG6 y después una curita. Recordé que los tres golpes fueron por la bronca de no poder escribir un cuento, con palabras inventadas.

   Prescindí de los anteojos, tenía los vidrios rotos. Aunque nunca tuvieron vidrios, sólo era el armazón, los usaba igual. Cualquier intelectual que se precie, debe portar anteojos.

   Se me ocurrieron algunos artilugios. El principio de algún cuento, que tuviera tanta sangre y matara al Escritor.

lunes, 10 de agosto de 2020

YO NO SÉ NADA

 

   Era una visita común, cuando se fue, la heladera dejó de funcionar. La compu desapareció de mi casa, el día que ella me visitó.

    El tapado de piel no lo pude encontrar, estaba colgado en el perchero de la entrada y ahora no estaba más. Justo cuando la despedí desde mi escritorio.

   Fueron muchas las sorpresas relacionadas con ella.

   Estaba viviendo una depresión profunda, porque él me dejó.

   Tomé todo un frasco de pastillas, quedé suspendida en la nada. Tal vez, si me hubieran hecho un lavado de estómago, pensaba sin poder moverme. Se acercó ella y desde lo alto me miró y sonrió. Del otro lado estaba él, que sabía, por ver el frasco vacío en mis manos. El único sentido que todavía funcionaba, eran mis oídos. Debieron pasar unas horas, los pude escuchar.

   —¿Viste amor, qué bien me sienta el tapado de piel?

   —A mí me encantó el truco de la heladera y cómo pudiste llevarla a tu casa, funciona a la perfección.-Dijo él, con alegría-.

   Sentí cómo ella trató de escuchar si todavía latía mi corazón.

   —Está muerta, amor. Vamos para casa y por fin solos, como queríamos o más sencillo.

   Él le dio un beso en la boca.

   —Decime una cosa, ¿la compu la tenés vos? Y no me mientas, decí la verdad. ¿Dónde la escondiste?-Ella lo miró con ojos entornados-. Estás tan buena, que si querés te la regalo.

   Lo último que escuché fue el portazo cuando se fueron.

domingo, 9 de agosto de 2020

REPORTAJO

 

 

   No pensaba lo que decía o decía lo que pensaba, ahora la están preparando, para la entrevista que le haré. Ya está aquí.

   —Alexandra, ¿te parece justo, recibir el Premio “Desnudas”.

   —Soy actriz y mi seudónimo es Alexan. En cuanto a tu primera pregunta, es lo único que encontré, no hay trabajo para actrices como yo. Por eso me parece justo el Premio “Desnudas”.

   —Decime cuál será tu próximo paso.

   —Se va a llamar “Vestidas”.

   —Alexan, me contó un pajarito, o un pajarón, que vas a bailar vestida de monja. ¿Cómo es eso?

   —Fui monja de verdad, no fue necesario vestuario, yo tenía un montón de cuando presenté mi renuncia a ser monja.

   —Con tanta ropa, ¿la vas a mostrar toda?

   —Sí, claro, hay uno que lleva hábito negro, con un sombrero de dos alas blancas, almidonadas y paradas. La fruta del postre, el último que mostraré, es verde oscuro, con una tabla angosta, que va con elástico en el cuello. Según me mueva, se sale una teta. Daré la media vuelta y verán que no tengo calzón. Me encantó la idea, es sexi y sensual. En especial, las monjas, ya están sacando sus entradas. Para estimular a sus consoladores y que son…

   —Bueno Alexan, se nos terminó el tiempo, fue todo un honor hablar con vos y enterarme. Ojalá pueda ir a verte, para saber por qué, mi Marido es tu amante.

 

sábado, 8 de agosto de 2020

UN DIA DE CASI FURIA

 

   —Mami, ¿por qué vas tan apurada, si no compramos nada?

   —Tengo que pagar todas las cuentas que llegaron.

   —¿Y por qué no pasaste por el Super?

   —Porque tenía facturas atrasadas, me dio tanta bronca que yo ni miré. El encargado de los pagos es tu Papi, no sé por qué no pudo y entonces, pasó lo que pasó.

   —No te enojes, Mami, pero yo vi a la viejita de al lado, que tiraba en nuestro buzón, dos o tres facturas. Me dio lástima, vive sola, no cobra la jubilación. ¿Estuve bien?

   —No, no, no!!!, por eso me quedé sin un mango para hacer las compras. Por no llevar los anteojos, se las pagué sin darme cuenta.

   —Bueno, Mami, como vos decís: comemos lo que tengamos. El recurso de los fideos, ¿no?, además me tironeaste del brazo, hasta el Banco, corriendo, pasó un auto y casi nos atropella. ¿Qué vale más, pagar las cuentas, o cuidar a un niño  tan lindo y bueno, como soy yo?

   —¿En serio casi nos atropellan? ¡Pero qué hijo de puta!

   —Sí, es como vos decís, pero tratá de no decir malas palabras. Queda feíto, según la Abuela. Mi amiguita de enfrente, tiene a sus Padres, que se dicen cosas feítas todo el tiempo. Por eso la pobre viene tanto a casa. Me cuenta cada cosa, pero le juré que no le diría a nadie. No me preguntes, además en boca cerrada, no entran murciélagos.

   —Se dice moscas. Y cállate, porque estoy harta de hablar con vos todo el día.

   Me encerré en la pieza y me puse a llorar. Es mala Mami, si no fuera por mí, no se reiría nunca. A ella, Papi no le causa ninguna gracia. Golpea la puerta y cuando digo “sí”, entra y me abraza y me dice que soy el niño más lindo y bueno del mundo. Sé que es así.

   —Ahora, con la tarjeta, vamos al Super y te comprás todo lo que quieras. Con prudencia.

   —¿Quién es Prudencia, Mami?

viernes, 7 de agosto de 2020

DESPUÉS DE TODO NO SOY NADIE

 

   Vos nunca te enterás que es para siempre, por eso me dejás a cada rato. Después de tantos años, no soporto el olor de tu existencia.

   No me asustes, no me cabe nada más en la cabeza. Mi soporte son los árboles, las flores y todos esos detalles, que antes no había reparado. Los tiempos de atrás prefiero olvidarlos, sino, es demasiado peso y tropiezo muy seguido.

   Es difícil escribir con palabras que expliquen la realidad, es mucha para encerrarla en un cuento, sobre todo si el gato se acuesta a dormir sobre mi cuaderno, me mudo a la biblioteca, allí están y me llaman, para que los lea. Es absurdo, si los sé de memoria. Hace tanto tiempo, que les paso el plumero, para sacarles el polvo y algunas arañuelas.

   Conseguí más biromes Uniball, son las únicas que se deslizan, sobre mi cuaderno rayado. Aquí hay gato encerrado. El viento me sopla en el oído y pide que le cuente mis secretos. Es lo único que es mío, que se vaya a soplar a otro lado.

   No me gusta decir esto, pero estoy enferma de tristeza. Me contradigo, amo vivir en este lugar, hay sierras y caminos desconocidos. Ojalá pueda vivir, para recorrer todo lo que me falta.

   Aflora el agua de las napas y forman lagunas de cristales. Necesito tiempo, al que no puedo manejar. Ahora llueve, es un bautismo para mí, que no tengo paraguas y para la tierra que agradece. Mis manos no pueden escribir. Necesito que las tuyas, me abracen hasta el cielo.

jueves, 6 de agosto de 2020

PAÍS



   Vivo enfrente del Puticipio, salí al balcón por una manifestación pagada. Llamé a mi mejor amigo idiota, lo elegí para parecer inteligente. Mi amigo dijo: —Es una manifesta, completamente idiota.
   Era inteligente pero no se le notaba, tenía una novia purateta, que no se merecía. —¿No la podés convencer a tu novia, que se meta en la manifextracción, desnuda?
   Ella le hizo caso, estaba tan enamorada, que lo tomó como una orden. Cuando los manifes la miraron, todos se quitaron la ropa maloliente y la arrojaron dentro, del Cotejo Delirante. Salió el Intredente desnudo y en camisón. Desde su balcón trataba de calmarlos, prometiendo cosas que no pensaba cumplir, el delincuente.
   La gente le gritaba: —¡Viejo Puto! ¡Viejo Puto!
   Él les contestó: —Guarda con lo que dicen, que me voy a postular como Presidente y estoy seguro que ganaré, gracias a sus votos y no saben lo que les espera. Yo tampoco sé. Trataré de copiar al anterior, así tendrán motivos para odiarme.
   Hicieron una avalancha y cuando terminó, el Intredente, desapareció. Ni los custodios se dieron cuenta. Algunos dicen que se suicidó, otros, que se fugó a Camerún. En definitiva, a nadie le importó, lo festejaron respondiendo a la consigna: “El Rey ha muerto. ¡Viva el Rey!”. Y apareció la Reina de Inglaterra. Reinó mucho tiempo. Todos terminaron hablando en inglés británico. Le rendían pleitesía, hasta que un niño gritó: —¡La Reina está desnuda!

miércoles, 5 de agosto de 2020

¡VIVA LA JODA!


   Un hombre que andaba en bicicleta, era seguido por otro en bicicleta, otro en monopatín, otro en skate y una fila interminable que llegaba hasta el horizonte. Tenían que cruzar la Frontera, antes de las cinco de la tarde.
   Se mudaban del país, a otro cualquiera que los recibiera. Mano de obra barata, a cambio de quedarse. No necesitaban documentos y las visas estaban prohibidas.
   Familias convencidas en busca de un mundo, mejor del que partieron, donde sobraban y los mataban de hambre. Eran como soldados de una dictadura, que tornó sus vidas insoportables, ejerciendo sobre ellos, una amenaza permanente.
   Para darse valor en la fila, hicieron un coro que rezaba así: “Vieja perra y ladrona, te vamos a hacer picadillo y saldrán hamburguesas vomitantes, para que se las coma Trump”.
   Llegaron a destino y les dieron la bienvenida, con una fiesta ancestral. Para mostrar que ya los querían, sin conocerlos, intercambiaron mujeres y hombres, permitieron que los chicos mirasen como cojían, así de paso aprendían.  

martes, 4 de agosto de 2020

LA TIBIEZA


   Me midió como miden las serpientes y cerrando los ojos, aplaudió con la cola y la cabeza. Mi refugio lo construí, con ramas de árbol seco, casi un tejado, bien apretado, no entraba el agua cuando llovía y si nevaba, le daba calor los cueros de oveja que lo cubrían por dentro. Yo, para que comiéramos, cazaba todo el día. Me recibía mi Mujer con pociones calientes, que le enseñó su Madre. Entré con la serpiente asomada del bolsillo. Fue reptando hacia mi Mujer y pareció querer darle un beso. Permaneció en nuestro refugio, muy apichonada.
   —¿Tendrá hijos, o será estéril como nosotros?
   No contesté, no quise que se afligiera. Una mañana escuchamos un camión, protector de especies en extinción. Saludaron con la mano en alto y se fueron como vinieron, seguros que el trabajo de ellos, nosotros lo hacíamos mejor.
   Le salieron varios huevitos, que ella esperó que rompieran la cáscara, era una Madre abnegada. Nos llamaba con golpes suaves de cabeza, para presentar a sus 25 hijitos.
   Nos visitaron cuatro histéricos de la National Geographic, filmaron nuestro refugio y nos hicieron preguntas. De pronto apareció “Mamá serpiente”, así la llamábamos, con sus 25 hijitos. Éramos un ejemplo de vida singular. Las serpientes se abalanzaron y los picaron a todos. No pudimos hacer nada, porque no sabíamos, sólo morder y escupir, para quitar los venenos.
   Seguro que a las serpientes les dieron celos. No dejaron ningún sobreviviente. Las serpientes aplaudían y durmieron en el medio de nosotros. Hablamos de la National Geographic. Fue una pena, la verdad.  

lunes, 3 de agosto de 2020

KANDEMIA


   A mí me produce depresión, otros tienen miedo, otros, ansiedad. No sé cómo haré para pagar las cuentas, todos guardan su impotencia, que no se note, porque van por más y más.
    Malú vendió el auto.
   —Debo pagar deudas atrasadas y las facturas vinieron multiplicadas por el doble del mes pasado.
   —A mí me pasa lo mismo que a vos, siento que tengo la soga al cuello. Mi Marido se fue a vivir con otra, no porque la quisiera, la mina le pagó 2.000 dólares, para que la acompañe tiempo completo. Los dos aceptamos, viste cómo es Alfredo. Me pasa la mitad y algún día nos encontramos para vernos. La cifra que recibo me parece grande, pero con cinco hijos demandantes, cambia de tamaño y se achica. Tengo que colaborar con mis Padres, están enfermos los dos. Duermen todo el día, para olvidar que tienen hambre. A veces les llevo pan y salame, lo van feteando para que les dure.
   Malú tuvo una entrevista con un Abogado amigo, quiere hacerle juicio al tipo que le alquila, su amigo le dijo: —La Justicia dejó de existir, Malú, te la tenés que bancar como hacemos todos.
   Una mañana la fui a visitar. Toqué el timbre y no me atendió, entré por el garaje. —Malú, Malú!, dónde carajo estás.
   Se había colgado de una viga, miré la banqueta tirada y su cara de niña espantada.
   Tomé el revólver de mi Marido y llegué a la casa, donde vivía con la otra mujer. Ella misma me atendió, le pegué cuatro balazos y por las dudas, uno más.  

domingo, 2 de agosto de 2020

EL PENTÁGONO


   Recibimos una herencia, decía que podíamos ocupar la casa donde vivió nuestro Tío Abuelo. Había un testamento dejándonos esa propiedad. Quedaba lejos, pero nos mudamos. Tenía forma de iglesia pentagonal.
   —Nuestro Tío era muy católico.
   Decidimos darle una vuelta antes de entrar. Las ventanas daban a un jardín florido y descuidado. Encontramos la puerta principal y ocupamos la casa. No tenía electricidad, ni gas, ni agua. Cuando anocheció, pensamos buscar una persona que realizara las conexiones. Caminamos cuatro metros y había electricidad, todas las ventanas estaban iluminadas. Optamos por regresar a la casa. Ni bien retrocedimos dos metros, todas las luces se apagaron.
   —Volvamos a nuestra casa, total mañana viene el tipo que solucionará estos inconvenientes.
   Entramos y nos tiramos a dormir. Había sonidos extraños y pasos de alguien que se arrastraba. Nos despertaron, usamos nuestras linternas y buscamos en todo lugar, no encontramos nada, ni en la cúpula. Volvimos a nuestras camas y nos tapamos los oídos y la cabeza.
   El sol de la mañana nos despertó y el ruido de la aldaba. Era el Señor que solucionaría los problemas. Trabajó casi doce horas. Cuando terminó: —Usted dirá cuánto le debemos.
   El Señor dijo: —Se los cambio por una comida caliente. Yo hacía el jardín en esta casa y jugaba al ajedrez con vuestro Tío Abuelo, nos divertíamos mucho. Era un hombre exótico que los quería, sin conocerlos.
   Prendimos todas las luces, cocinamos con gas y encendimos las estufas. Cuando el buen hombre partió, nos dio miedo quedar solos. Entramos a la cocina y alguien se había encargado de la limpieza.
   —Bueno, hermano, este es el primer paso, que si de fantasmas se trata, es seguro que son buenos.
   Cuando entramos al dormitorio, teníamos las camas tendidas, con sábanas de seda y acolchados mullidos. En los días siguientes ocurrieron cosas raras. Algunas ventanas se abrieron, como si tuvieran vida propia, de repente se cerraban. Los dos teníamos pesadillas. Una mañana, despertamos con arañazos en la cara y las cabezas peladas.
   Apareció un anciano consumido, que salió de un dormitorio clausurado. En una mano llevaba una tijera con sangre y en la otra, una bolsa llena de pelos.
   —¿Por qué no se muere, viejo de mierda?
   —No me puedo morir. Hay alguien, no sé quién, que no me lo permite.
   Nosotros nos entendimos, sin palabras, le arrancamos la tijera y lo cortamos en pedacitos. Mi hermano, el más agresivo, sin querer, me mató también a mí. Cavó en la tierra del jardín abandonado, un pozo, negro, de tan profundo. Allí, descargó al anciano, picado y a mi cuerpo.
   Entró en la casa, se miró al espejo, su imagen reflejaba un viejo, sin dientes, había envejecido repentinamente. Siguió viviendo allí y más que caminar, se arrastraba, se encerró para siempre, en el dormitorio clausurado.

sábado, 1 de agosto de 2020

FARMACIA LAS 24 HS


   Lo echaron de la ferretería del centro, antes le pasó igual, en la casa ortopédica.
   Como mesero, aceptó en negro, prescindieron de sus servicios al tercer día. Buscaban personal de ojos celestes, tez clara, él era morocho argentino. Un parroquiano grosero gritó: —¡Negro, traé un café!
   El dueño escuchó y decidió echarlo de inmediato.
   El mismo día apareció un aviso: “Farmacia las 24 horas del día, de lunes a domingo, limpia presencia y hablar fluido, únicos requisitos.” Nicolás fue aceptado, quiso saber condiciones de pago, horario, días de trabajo. Los pagos no podían traducirse a números, hasta no conocer el rendimiento del empleado. El horario era corrido, tal cual rezaba el cartel de la farmacia: veinticuatro horas. Las jornadas, de lunes a domingos, incluyendo feriados. El jefe lo informó, mientras le extendía un ambo blanco, de médico antiguo:
   —Inspira confianza al cliente y resta importancia a su tez oscura.     
   Así habló el tipo, que desapareció en un pasillo blanco sin fin. Tres compañeros ojerosos, le advirtieron que no hablara ni con ellos, ni con los clientes, sólo leves sonrisas. Para ahorrar energía y descansar trabajando, a ellos les había dado resultado.
   Nicolás no quiso pensar, se calzó el ambo y tomó posesión del mostrador.
   Soportó doce horas, pero tuvo hambre, preguntó a la cajera. Mirando el reloj, ella contestó que podía hacer uso del baño y al lado del papel higiénico, encontraría la merienda, cuya ingesta, debía ser simultánea a otras necesidades que tuviera. No podía exceder los diez minutos. Soportó estoico las condiciones y hasta se permitió realizar, todo lo que el cuerpo pidiera, en cinco minutos, dejando otros cinco, para cerrar los ojos en el sanitario. Anteriores trabajos, fueron de catorce horas, oficio tenía.
   Las doce horas restantes, casi se desmorona, pero el personal de mandados, una sola persona, le entregó una pastilla, que lo haría resistir, hasta la otra jornada. Esa vez, le fue mejor, hizo catorce horas y habló con su esposa, cinco minutos por celular. No comió, usó los cinco restantes para dormir, con los ojos abiertos en el reloj.
   Al cabo de cuatro semanas, con catorce kilos menos y la respiración corta, como para un: “Buenos días”, agonizante. Apareció el jefe, le palmeó la espalda y lo felicitó, por su constancia y dedicación. Le entregó un cheque, a quince días, explicando que el negocio no andaba todo lo bien que se esperaba. Nicolás preguntó con timidez, en qué momento podía ir a su casa, para entregar el pago, o el cheque. El jefe puso cara de no entender, pero usó el verso aprendido: —El cheque se lo llevará el personal de mandados, que es uno sólo, hasta su propio domicilio.
   Se tranquilizó, gracias a los sedantes que tomaba, copiando a los clientes nerviosos.
   Al mes siguiente, su mujer fue a visitarlo, con la excusa de comprar aspirinetas. Él apenas la reconoció, algo familiar tenía, llevaba dos niños que dijeron: “¡Hola papá!”, También le resultaron familiares. A esa altura, estaba lejos, muy lejos de razonar y de reconocer. Sólo escuchó la voz chillona de la mujer, que le decía que todos vivían muy bien, pero que no vendría nada mal, que hiciera unas horas extras, para cancelar algunas deudas. Nicolás pensó que la mujer había perdido la razón y por eso tenía dos hijos loquitos, que le decían: “¡Hola, papá!” Preguntó, a la mujer, si las horas del día, también habían aumentado. Ella asintió.
   Habló con su jefe para pedir un adelanto. Antes de emitir palabra alguna, la respuesta fue negativa, era norma de la casa, el trabajo por tiempo indeterminado. Nicolás, lo abrazó como a un hermano. Cuando el jefe quiso apartarse del empleado tan efusivo, comprobó que Nicolás era de hielo, no se le movía ni un pelo. Se enojó mal y echó el empleado a la calle.
   Cuando sintió que había perdido su trabajo, quedó tirado en la cuneta y emitió sus últimas palabras. Un barrendero municipal, nonagenario y esquelético escuchó las maravillosas palabras de Nicolás: —Muero contento, hemos batido a La Farmacia.
   El barrendero, emocionado, lo metió en su tubo de recolección, sobre él volcó los residuos del cordón. Nicolás, mirando al cielo, gritó débil:
   —¡Viva la Patria!

viernes, 31 de julio de 2020

LO MEJOR DE LO PEOR


   Mi querido auto rojo bolita, con varios abollones que no pienso arreglar, chocó con un macetero enorme en el estacionamiento. Quedó partido en cuatro, un montón de tierra, su contenido y un ficus que agonizaba. Acostumbro tomar un café, comprar cigarrillos y cruzar a la plaza, donde luego de terminar medio café, la otra mitad la derrama mi torpeza. Me fumo un pucho y le doy tres vueltas a la plaza arbolada.
   El Encargado no aceptó que le pague la maceta estrellada. Un acto de generosidad, en tiempos de cuarentena. Fue una devolución por ser cliente permanente, gastar más de lo que tengo y dejar propina.
   Mi Viejo me enseñó que la propina es de buena educación. El mismo día se quemó mi estufa eléctrica. Hizo cortocircuito y no prendió más. Fue el día más frío del año, en el lugar donde leo, escucho música. Tengo encuentros diarios con mi hijo, que hace más de cien días que no veo. Él vive a mil kilómetros de mi casa y la compu arregla encuentros virtuales, no es lo mismo, pero es lo que hay.
   Salí a comprar una estufa, los horarios eran tan arbitrarios, estaba todo cerrado. Como sin querer, vi en la vidriera una estufa, una sola. No pude elegir y me llevé esa marca pirulo. Me costó lo que me quedaba. Los comerciantes, del pollo aprovechan todo. Cuando estaba entrando al garaje, pasó un tipo y me la dio, no a mí, al auto. Por putearlo cerré la puerta con mis dedos adentro. ¡Ay qué dolor! ¡Ay qué dolor!
   Entré la estufa que pesaba medio kilo, me enganché el pie con la alfombra y caí de boca sobre las llaves. Me importó más prender la estufa, que la sangre que me salió de la herida. Puse la bolsa de hielo sobre mis dedos. Llegó mi mejor amigo, que en vez de preguntar por mí, preguntó por el nuevo bollo del auto.
   Luego encontró dónde estaba la herida y él mismo me curó.
   —Esto debe ser, porque te hiciste mala sangre. Se cura solo, no te pongas nada. ¿Cómo te vas a apoyar bolsa de hielo sobre los dedos, con el frío que hace?
   Preparé mate, que nos quemó, pero nos dio calor. Fumamos flores, cosecha propia, anestésico excelente. Al rato no sentimos nada. Nos acostamos bien cerquita del calor, nos tapamos con una frazada y descubrimos las cosas maravillosas, que ocurren debajo de una frazada.

jueves, 30 de julio de 2020

NO TE LASTIMES LOS OÍDOS


   Elijo este rincón por la vista gran angular. Me alimentaban las charlas de los otros. Los solos hablaban con celular y en voz alta. Las Señoras amigas, tenían sus respectivos celulares. Eran tiempos muy celularísticos.
   —Me llama, disculpá, tengo que atender sino, llama de nuevo.
   —Sí, yo sigo tejiendo, vos seguí con lo tuyo.
   —¿Sabés lo que me dijo?, está embarazada, me pone los pelos de punta. No pone la cara, prefiere que me entere por celular y lo va a tener. Dice que será una alegría para todos. Para mí es una desgracia. Dejá el tejido.
   —No puedo dejar, me falta terminar estos escarpines.
   —¿Puedo saber por qué tanto apuro?
   —Me los pidió tu hija.
   —Sos su cómplice, te contó a vos antes que a mí, la muy sinvergüenza!
   —No me grites, no soy sorda, además la gente nos mira.
   —Pero si nadie nos conoce.
   —El tipo del rincón nos escucha, me doy cuanta porque lee al diario al revés, es todo un honor que un Escritor, preste atención a nuestras pavadas.
   Dejé de escucharlas, aburren sus inútiles dramas, sobretodo lo de la hija embarazada, tiene más ganas que aborte a que lo tenga. Si yo fuera ella, la agarro de los pelos y le digo al Gineco, que lo pase como práctica quirúrgica.
   Paso mi escucha al que está solo y habla con el aparato.
   —Ché, Ramón, ¿cerraste las tranqueras? Mirá que el campo es grande, no tardes mucho, lleva tiempo. ¿Y por qué va a ser? Se filtra el frío por ahí y después en la casa, no hay leña que alcance. Vos porque dormís en la matera, con tu Mujer que te calienta, he podido comprobarlo. ¡Je! Corto.
   Quería que le escucharan, todo el verso, para hacer ver, que todavía quedaba el derecho a la pernada. Había tomado dos cafés grandes, cuatro tostadas y seis medialunas. Tenía guita el corrupto. Lo conocía de antes que ocupara ese campo. Nadie se lo vendió, era Testaferro del Intendente. Un asco.
   Me voy porque no queda nadie. Vengo mañana y buscaré otro ángulo, necesito material para mis cuentos. Voy a observar el comportamiento de los chicos, aunque me ensucien con helado y los Padres se hagan los boludos. Los chicos son más maduros y escuchar sus charlas, concilia con la vida. Entonces será hasta mañana.

miércoles, 29 de julio de 2020

OBSESIÓN


   Mientras me vestía, no sabía que lo vería por última vez. Parecía decir: “Cuántas celulitis, mirá cómo se te mueve”, pero no lo dijo. Se puso a reír, la despedida era tácita, sentí todo su desprecio y me fui.
   Tenía una depresión llorada, no me convencía y lo llamaba a su celular apagado. No podía dormir. Porque me dejó así, si yo lo quería, hasta el día de hoy lo sigo queriendo.
   Él me hacía el amor una vez por mes, lo hacía todo tan bien, no importaban las distancias. Hasta que alguien perverso, me dijo: —Va diariamente a la casa de una mujer, que tiene un hijo de catorce años.
   La depresión aumentó su volumen, no quise vivir en la misma Ciudad que él. Me mudé a Buenos Aires.
   Lo crucé en el Jardín Botánico, iba con esa mujer, ése era mi amante, no el de ella. Eso lo imaginaba. Sí, me dio gajos nuevos desconocidos. Después se metió en un invernadero, de vidrios rotos, donde encontró claveles del aire, un manojo importante. Tiró los gajos, los claveles y arreglate para llevarlos. Desde que lo conocí su ropa era la misma, jogging gris y zapatillas de correr. Un hombre pequeño, vulgar, cursi, e ignorante. Para mí era lo de menos, extrañaba su cuerpo, su manera de acariciar.
   Regresé a mi Psicólogo, Salvador. Hice un breve relato.
   —Estás anémica, puro hueso, tenés que comer y tratar de olvidar. Por lo que me contás, el chico es psicópata.
   Casi no le digo nada. —¿Sabés que lo que más le complacía, era atarme a la cama?
   —Sos una buena chica, generosa y sensible. No lo llores más, vos lo perdiste a él, pero él te perdió a vos.
   —Salvador, en mi caso dio positivo, gracias igual.

martes, 28 de julio de 2020

PAPÁ NYLON


   Todos perdimos la memoria de los nombres, de las cosas y las personas. Andábamos perdidos de nosotros. Con tanta parafernalia, barbijo, anteojos y alcohol, nadie sabía dónde estaba, ni para qué se usaban.
   Llamó el Médico y me dio un turno. Me perdí, ignoraba quién era el Medico, ni el turno, ni la hora. Anoté en un papelito y lo pegué al espejo. Llegó el momento donde mi casa parecía empapelada, de tantas cosas para recordar, que después olvidaba.
   Olvidé dónde quedaba mi casa y me metí en otra. Una familia preparó un omelette, lo comí de un solo bocado. A la familia le asombró que no les había dejado ni el pedacito de la vergüenza. La Mujer preguntó: —¿Cómo andás, Clara? Hacía mucho que no nos visitabas, en realidad no queríamos que nos visitaras, o sí. No sé si sí es no, o no, es sí.
   Me tomé una coca cola grande, eructé y me fui. No sabía quién era Clara y ella no me conocía. Me di cuenta porque anotó en un papelito “Clara”.
   No recordaba quién era mi Marido, creo que nunca me casé. Un buen hombre, que me detuvo por la calle, dijo: —Te veo cara conocida, no sé de dónde.
   Resultó ser mi Marido, no nos reconocimos. Caminábamos por la calle, tomados del brazo. La gente nos saludaba con mucho afecto. Yo no recordaba a nadie.
  Fui la primera en contraer Corona Virus. Me hicieron un homenaje, por ser la primera y me pusieron una corona de brillantes. No entendí si era una Reina, o una enferma. Pidieron que les devolviera la corona. Ignorábamos que todos éramos pandemia. Además de contagiarnos Covid-19, perdí la memoria, cómo sabré si jugué a ganador o a placé. Volví a ser coronada con la corona, pero esta vez asistí yo sola a mi homenaje, los demás tenían tanto miedo de salir, que se quedaron en sus casas. Yo no me ofendí, ni nada. La nada es el todo.
   Poco a poco fuimos recuperando la memoria. Fue peor, hay cosas que es mejor olvidar. Si no, pesa mucho y encima el hostigamiento de internet: lávese las manos, cumpla con el proctólogo.
   Los que quedaron solos, en este camino del terror, fueron todos políticos y sus estúpidos seguidores.
   Quedé clavada en una cama del Hospital, rodeada de paredes de nylon y personas que me abrazaban y besaban mi boca. No me cojieron, por el nylon. Aunque ahora que veo bien, hay un tajo en el nylon, que rodeaba mi cama. Fue un regalo de no sé quién. Le perdono el regalo, pero el embarazo no.