martes, 22 de enero de 2019

HORDA



   Los enojos superaban su historia de castigos y encierros.
   Vivía solo, con el instrumento de viento que le llevó tanto tiempo comprar y hacerlo suyo. Tocaba una mezcla de Jazz Negro, con melodías de Nino Rota y Frank Zappa.
   En definitiva lograba una impronta propia. Los intentos de convivencia con otros solos, eran para compartir alquileres. Tenía perfiles esquizoides y ataques de odio sin control, donde rompía lozas, vidrios, arrancaba sanitarios y gritaba como lobo a luna llena. Después de una internación terapéutica, consiguió por internet un compañero para una casa chica, pero con ventanas hasta en el techo.
   —Me llamo Sebas ¿vos sos Chicho?
   Esas fueron las únicas palabras que pronunció Sebas. Chicho le contó: —Quiero que sepas, recién salgo de una internación, no tengas miedo, pero soy inestable, imprevisible e insoportable, me dieron un chaleco químico discreto, vos dirás.
   Mientras Chicho describía, Sebas bajaba cajas y cajas, Chicho flasheó cuando lo vio entrar con un bajo, que la rompía. Lo ayudó a desarmar cajas con almohadones, una cama que se armaba en dos segundos, con un colchón artesanal.
   —Mirá, Chicho, yo también soy loco, pero manso, me gusta el orden y la limpieza, no puedo hacer mi música si todo es un quilombo. ¿Te va? Te pregunto porque si no, me voy.
   Chicho le contestó con su saxo y Sebas entendió. No se sabe, pero existen flechas que atraviesan el aire y les gusta atacar donde existe la armonía. Es humano.
   Una noche cayeron unos amigos de Sebas, con un grado de agresión, que no hacía juego con él. Tomaron birra de todos colores y después whisky, cachaa, mojito, pisco…
   Chicho tenía prohibido hacer mezclas con la medicación. Pero todas sus agresiones germinaron y con las botellas rompía los vidrios de las ventanas, la vajilla del prolijo Sebas, herencia de su Abuela, la hizo añicos contra el piso.
   Los demás ayudaban a la destrucción, Chicho tomó el saxo, se mandó una zapada con Sebas, que lloraba sobre su bajo.
   Apareció un cortamambo gallito, con un pedazo de hierro, le partió el saxo a Chicho, mientras otros rompían en pedazos, el bajo a Sebas.
   Chicho le gritaba a Sebas. —Son una horda, nos dejaron sin instrumentos. ¡¡Yo me mato!!
   Tomó el hierro y se lo incrustó en la carótida. La sangre salpicaba la casa mientras Chicho agonizaba. La horda huía en motos y autos cacharros. Sebas usó sábanas, toallas, relleno de colchón, pero era un grifo abierto, Chicho, dejó de latir.
   A Sebas lo internaron en el mismo neuropsiquiátrico que su amigo.
   Pasa días enteros escuchando la música que grabaron juntos.

lunes, 21 de enero de 2019

ZAPATOS, PRECISO



   —Buenos días, Señorito del sillón es para mí un bombón.
   Chau, me trajeron otra loca que me cuide, me saque a pasear. El Médico lo dice, me molesta un montón que la gente mire mi silla de ruedas, antes que mi cara y soy tan boludo, no quiero piedad ni asombro, bastante mi castigo “pobrecito yo”. Prefiero el jardín de mi casa.
   —Señorito ¿quiere que leamos algo?, hacer un paseo, tomar un helado batido, hay mil cosas. ¿Cuál?
   Prefiero que te vayas, no la quiero herir, es inválida del mate.
   —Sos como tu nombre Freudtrotska. ¿A quién se le ocurrió?
   El Señorito sillón bombón, todavía ni sé cómo se llama, no le digo nada, bastante tiene con su parálisis.
   —A mi vieja se le ocurrió, bombón con ruedas, ella era trotskista y admiraba a Freud. Yo leo el pensamiento y sé que te parezco burra, fea, narigona y de gambas gordas, pero te supero, papi, yo camino y vos no. Te accidentaste cuando eras bebé, tu nombre es Santo y un milagro te hizo crecer hasta los veinte. Tu viejo murió para que no lo muerda la culpa.
   Estoy encerrado aquí y no voy a cambiar mi postura. Me gusta que venga la loca, diga pavadas, lea el pensamiento y yo le creo, si tiene cara de Picasso, no me importa. Quiero la alegría que me entrega, sabia, grasa y generosa. Tiene mis llaves, las olvidó, porque tocó el timbre. Le abrí la puerta y no pudo emitir sonido, yo estaba de pie, en piyama, corrí a ponerme un traje con corbata.
   —Buenos días, Señorita bombón, la invito a un paseo, tomar un helado batido, leerle algo que definió Freud, o lo que usted quiera hacer. Yo también sé leer el pensamiento y mi respuesta es sí. Espero que no tome a mal, cuando tuvo que lavarme el culo después de cagar. Quise ponerla a prueba y su puntaje fue el máximo. Perverso de mi parte. Sepa aceptar mis disculpas.

domingo, 20 de enero de 2019

CON OTRA PIEL



   El sueño me sigue como una droga, ante el miedo, el deber ser, el viaje, el espanto, la primera memoria, la Escuela.
   —Que vaya a la mañana, el día trae más concentración, es como inscribir el saber en páginas nuevas.
   Fue una agresión, la primera, despertar de noche, caminar despacio y asistir con ojos abiertos al izar la bandera, símbolo del odio a la esclavitud.
   Mi Abuela siempre supo, cuando me dejaban un mes en su casa, dormía hasta el mediodía y después del desayuno, podía seguir durmiendo.
   Mis otras Abuelas andaban en pantuflas para no alterar mi sueño. Cuando hablaban despacito me hacían cosquillas de acunar, para que siguiera durmiendo. La adolescencia, en su placer más alto, era que mis padres se ausentaran y dormir hasta las tres de la tarde. Había una Señora que trabajaba en casa, Dionisia. —Cuando regresen tus Padres, les diré que estudiaste hasta muy tarde y te agotó, caíste dormida en el sillón verde, yo te quité los zapatos. Cuando llegaba el testimonio nefasto del boletín, dijeron que era producto de dormir tanto. Los Profesores consideraban una virtud, que en lo más profundo del sueño, los mirara con ojos abiertos. Me llevaron a un Neurólogo loco, les aseguró que con un primer novio, se fugaría el sueño y permanecería diurna, despierta, bien despierta.
   —Doctor, ¿cuándo tendré novio?
   —Aparece sólo, te vas a dar cuenta, porque la adrenalina, la libido, las mariposas en la panza, el corazón que acelera sus latidos, cuando lo veas. Los primeros acercamientos, los besos, los abrazos, el placer de estar juntos, te llevarán a la cama y no para dormir, precisamente.

sábado, 19 de enero de 2019

VERANO



   El Señor Frapet, kioskero, el Tendero Siroco, de Tiendas Del Pueblo y Pablo Elotro, Ferretero Y Maestro Menor de Obra, todos en la puerta, veían pasar a Martín Frula, cliente de toda la vida, ya no les compraba nada y saludaba con culpa.
   La Señoritas Del Huerto, ahorraban para ir un día o dos al mar, si eran tres días, se consideraba vacaciones. Éste año fue desgraciado para las Del Huerto, tuvieron dos días de lluvia y uno de sol haragán.
   Las hijas del Juez “me quedo con el retorno”, volvían quemaditas y con alguna pilcha nueva.
   Los señores Frapet, Siroco y Elotro, se indignaban y cerraban antes. Mentían con cartelitos anunciando vacaciones por quince días.
   Los Bancos Nación, Provincia y otros, estaban vacíos. El Provincia y otros, cerraron. El Nación, de siete cajeros activos, dejaron uno, Heriberto Mosso. Éste se dormía en la Caja soñando una ola de mar que le llegara.
   Las chicas, hijas del Juez “Me quedo por el retorno”, se ponían endogámicas, se bañaban en bolas, el recurso de la pelopincho les calmaba el odio y el calor. Tuvieron hasta 40°.
    Usando las tarjetas y algo de lo que tenían enterrado en el jardín, la Familia Patilludo, mandó hacer una pileta de material, con malaquitas vivas, que hacían olitas. Ahí sí se ponían mallas y las piruetas acuáticas eran la envidia de los vecinos, que piantaban para adentro y hacían siesta con aire acondicionado. O ventilador, dependía de la situación económica de cada uno.
   Las hijas del Juez no comían, porque el calor no daba hambre de día, pero de noche morfaban la heladera completa y seguían mordisqueando los Expedientes del Padre, como si fuera mortadela feteada. El Juez les tenía prohibido comer los Expedientes de Culpables Sobreseídos, eran por los que más retorno recibía.
   Había algunos, como los bancarios, que leían bajo la parra, enriquecían su lenguaje con palabras nuevas, Alberto Viso llegó a publicar una poesía en el Diario local. Otros llenaban las bañaderas y cuando el agua se calentaba, abrían las canillas de agua fría. Se balanceaban como si estuviesen en el mar.
   Nadie miraba televisión, porque Norita Tetox y Sabina Sinbono, estaban en todos los canales. Por una hora sonriendo, se les pagaba un millón de pesos. El pueblo entero se indignaba porque esas dos, oriundas del lugar, antes tiraban la chancleta por dos mangos.
   A todos les daba calentura, los aumentos con que los preparaban, para cuando empezaran las clases.
   Las Señoritingas de la Escuela 1578, con su Directora a la cabeza, Señora Deldomingo, las Maestras más ignorantes, exigían manuales, cuadernos, laptops, lapiceras no, porque los niños desconocían su existencia. Les ponían películas con subtítulos, pero no pasaban de la primer palabra. Se ponían tan histéricos, que por lo tanto, les daban películas en castellano, ahí sí, no volaba un piojo.
   Después venían las huelgas, donde disfrutaban vacaciones suplementarias. Las Maestras aprovechaban, para tomar sol en el patio cerrado de la Escuela. La Señora Deldomingo, como autoridad máxima, hacía topless y en ocasiones nudismo, para tostarse entera y hacer creer a su marido que tenía sexo con una senegalesa.  

viernes, 18 de enero de 2019

NUNCA EN LA CARA



   Lili era Anestesista y manipulaba drogas que hacían a su trabajo, le gustaba experimentar. Como sabía que yo la quería como a una hija, me propuso la ingesta del frasquito de la verdad. También sabía que me resultaba imposible negarme a sus pedidos.
   Empecé una mañana, con medio frasquito, en ayunas. Unas amigas, que hacía años que no nos veíamos, nos juntamos. Lo peor que puede hacer una persona a otra, es decirle la verdad en su propia cara, con testigos.
   El frasquito tenía la propiedad, de uno no poder detenerse. A Lila, que tenía una historia con la vejez: —Es increíble cómo se carrujó tu cara y la papada te hace collares.
   Quedó tiesa. —No sé qué ves, pero me operé el mes pasado y la gente dice que estoy regia.
   Le tomé sus manos, textura cocodrilo. —Te mienten, para reírse cuando te vas, sé de bastantes que no te quieren, a mí, por ejemplo, no me terminás de caer.
   Miré las sandalias de Coca, con piedritas incrustadas en el pie sangrante. —Cómo impresionan tus juanetes, parecen piecitos supernumerarios. Yo acá tengo curitas. ¿No te querés tapar un poco? Te lo digo de corazón, es un agravio para los ojos de los demás.
   No me volvió a dirigir la palabra. —Vos sos una envidiosa, Celita,
   No quise enterarla, pero el frasquito de la verdad, obliga. —Para nada, Coca, jamás envidiaría a una cornuda como vos.
   Llegó Pepa, con unas lolas tan inmensas, que parecían glúteos, recién compradas. —¡Qué impresión, Pepa, tus tetas parecen un culo!, fíjate si al medio no te hicieron un ano, por las dudas llevá siempre papel higiénico en la cartera.
   Y no podía parar, hasta que juntaron sus calenturas, se tiraron sobre mí y me arañaron, patadas en la panza, nariz partida en tres. Se enteró Lili por casualidad. Trabaja enfrente del boliche y Puerto Madero, es uno de los lugares más chusmas de Buenos Aires, me pasó a buscar, en moto y derecho a la Clínica. Yo seguía bajo los efectos del frasquito de la verdad. Cuando aparecieron dos Médicos regios: —No los quiero ni ver, doctorcitos matasanos cobracaros y esa Enfermera, cara de prácticas sexuales nocturnas, con los doctorcitos, que salgan de esta pocilga donde me metieron.
   Lili no podía parar de reírse, me llevó a su casa en moto y tranquilizó los golpes con bolsas de arvejas, zanahorias y duraznos sacados del freezer, los repartió por todo el cuerpo y me enyesó la nariz.
   —Celita, otra vez tenemos que ir juntas, al Ministerio de Economía, tomamos un frasquito cada una y los reputeamos.
   Miré a Lili: —Después de lo que pasé, no me hables por una década, pendeja de mierda.

jueves, 17 de enero de 2019

FLATEANDO



   Traía una mochila de dimensiones para montaña. Escuchamos unos pasos en la galería, tímidos pero ruidosos. Mi amigo más grande, se encerró en el baño y nos dejó solas, a mi prima de quince años y a mí de veinte. A través del vidrio del comedor nos cegó la linterna que llevaba. Golpeó las puertas, antes que  se vinieran abajo, Anita mi prima le abrió con sonrisa forzada. El oso vio la mesa, con platos sucios, vasos a medio tomar y migas por todos lados. Se quitó la mochila, con desesperación se comió las sobras de los platos, lo que quedaba en la fuente, le daba a los pedazos de pan, como una aspiradora. Mi amigo salió del baño, el muy cobarde, nos dejaron a su cargo. Se abalanzó sobre el oso, con un puño que dio al aire.
   El oso lo agarró de la espalda, abrió la ventana y lo tiró a la nieve.
   —¿Este pendejo pelotudo, es algo de ustedes?
   Tenía razón. —Sí, es así, lo que me asombra es cómo dejaste la vajilla, limpita, como para guardar, gracias, oso.
   —Mi nombre es Olaff, no oso, pero si prefieren llamarme así, me cabe, ya que estamos, ¿me puedo armar la carpa al lado de la casa?
   Quedamos paralelas, le contamos que hacía cinco años que no íbamos ni al pueblo. A nuestro amigo, el más grande, le pagaban para cuidarnos.
   —Que vengas a nuestra casa es un honor rústico, para las dos, las habitaciones sobran, están plagadas de mueblería burguesa, pero se duerme bárbaro.
   Cuando subió las escaleras, se tiraba un pedo en cada escalón, mi prima corrió y le dio una botella de agua, con una caja de Factor AG. El hombre montaña agradeció con un eructo importante. Le dimos dentífrico y un cepillo de dientes. Le ordenamos que se lavara, porque el olor de su eructo, tenía resonancias que llegaban a la galería. Se puso colorado el grandote y nos fuimos a dormir tranquilas. Los perros alerta, los primeros en percibir los ruidos generosos, pasando de pieza en pieza. Mi amigo, el más grande, de competitivo, lo siguió, era el hombre montaña revolviendo cofres con dinero, sacó todo de su mochila y lo llenó de dinero que nosotros ni idea. Pero de los cofres provenían. La bestia se sintió observada.
   Mi amigo, el que nos cuidaba, se le sentó en el cogote, mi prima en la espalda y yo en las piernas. Creíamos que teníamos fuerza y le dábamos piñas que nos lastimaban las manos. El hombre montaña sacó una cuchilla y tajeó a mi prima de quince en los muslos. A mí casi me degüella y a nuestro amigo le cortó dos dedos.
   —Pendejos de mierda, no me dejaron ni robar tranquilo. Ni se les ocurra ir al pueblo a denunciarme, porque soy el Encargado de la Seguridad en todo el Condado.
   Nos curamos entre nosotros, como pudimos, teníamos hasta instrumental quirúrgico y toda clase de medicamentos. Buscamos los dedos de mi amigo y los encontramos, se los cosimos al revés, pero por lo menos los tiene.
   Para reponernos nos sentamos en la galería, nuestro Padres nos pidieron que no saliéramos de ahí, hasta que regresaran. De esto hace cinco años. Les debe haber pasado algo. Eso lo pensamos todos, pero nadie lo dice. Solos lo pasamos muy bien, mucho mejor que con ellos.
   Juramos los tres no abandonarnos nunca.

miércoles, 16 de enero de 2019

...Y QUÉ MÁS?



   Vi una película, no quería que se fuese de mi cabeza ni de mis ojos y sentir la butaca que dejé al salir. Qué golpe bajo el olor de hamburguesa, papas fritas y mugre, con que te recibe el mundo.
   —¿Te gustó la peli? Después que me invitaste, me arrepentí de no haber ido.
   La tía Nela es así, vive arrepentida de lo que no hizo.
   —La tengo en la cabeza, te la perdiste. ¿No me la ves en la cara? Me dio vergüenza, en el micro la gente me miraba, pensé que tenía la película en la cara, quise borrarla y no pude. ¿Nunca te pasó?
   Mi sobrina vive de mirar películas, la entiendo, como una vez me dijo: —No tengo plata para viajar. En el cine conocí casi todo el mundo. Nunca se gestaron en mí, historias de guionistas y directores que me den vuelta la cabeza. Hay actores y actrices entrañables, me gustaría tomar el té con alguno de ellos y que me cuenten detalles de sus personajes, como el de los gestos donde aparecen sentimientos nuevos, o acciones que anuncian lo que no se dice.
   Nela suspiró con dulzura, es diabética, no podría suspirar de otra manera.
   —Sobrina, te invito a la plaza, a mirar caras, ver formas de caminar, las distintas edades, el olor de una librería vacía. Escuchar palabras perdidas que te pintan un mundo estridente, lleno de secretos.
   Mirá la tía Nela, fue como un regalo que nunca imaginé de ella. Tengo la esperanza que tomando un té, con alguno, me cuente historias de su vida. Es pródiga la tía Nela, será por eso que siempre se arrepiente de no salir a ningún lado. Dice: —Hice de todo, hasta fui Jueza. ¡Cuánta ingenuidad! Éste es un país de yeso. No me cabe más nada, no hay más butacas, ni espacio, ni entradas.

martes, 15 de enero de 2019

GUARRADA NO



   Al Editor personal le pareció ordinario mi cuento, como si él fuera tan distinguido. No tengo problemas, las ideas me surgen solas, a veces ni estoy. Me refiero a que pienso en otra cosa. Vivo en un Petit Hotel, somos cinco mujeres y un varón, bastante delicado para ser varón. Cuenta chistes verdes de sobremesa, más aburridos que el aburrimiento y todas se ríen.
   Yo les bostezo con mi bocota, para que alcance para todos, me tiro en la chaise longue, cerca de la mesa, es importante fórmula para diferenciar el día de la noche, que es con cama adentro. En una habitación, estilo policromo, francés, con inglés, con italiano, con ruso y con alemán. Representan países que Argentina fue a pedirles dineros prestados, todos se negaron y como gentileza, les mandaron uno que otro mueble. Les pidieron que no volvieran más, porque ellos, bastante tenían con los dólares y euros. Los argentinos volvieron de pesados, a gestiones sin salida. Las mujeres europeas comenzaron a tirarles aceite hirviendo, desde todas las terrazas. Sobre todo los ingleses, que no olvidan cómo (los raja…), perdón Sr Editor, los echaron con quemaduras de quinto grado. Luego robaron las Islas Malvinas y ya que estaban siguieron mandoneando en otras islas y sectores inmensos de continentes, que fueron obligados a concurrir al Instituto Cultural Argentino-británico, donde aprendían ese idioma de diez palabras y adjetivos bisexuales.
   Le pido Sr Editor, que esto no lo publique, asisto a todas las mesas de negociación europea, aunque soy Embajadora, ningún país quiere que yo abra la boca.

lunes, 14 de enero de 2019

KNOSSOS



   Apareció como un fantasma, dijo: —Yo te juré, pero tengo amigos que me obligaron. Veían que iba a la playa con anteojos enormes y túnicas tapalotodo, así nadaba en el mar, después de las escolleras. Con anteojos y túnica, me agarró Prefectura y me llevaron como inmigrante fuera de borda.
   “—Señor Capitán de este barco, si me lleva a tierra, dados mis rasgos medio orientales, terminaré en un campo. Soy argentina y no preciso el amparo o encierro, de ningún país de Uds. Tengo la visa en la playa y los documentos que prueban que yo, soy yo.”
   —Lo alegró que fuera argentina, allá ser argenta, es como no ser nadie. Me llevaron hasta la playa y vi el canasto con mis amigos corriendo, alcanzando los papeles. Los tipos aceptaron y pidieron que me fuera de inmediato.
   Todo un logro, alcanzar a Quintina, con su nuevo cuerpo embalsamado, flaca, con pómulos rellenos, la boca y la nariz igual que antes, por ser lindas y discretas.
   —Te queda muy bien haberme mentido, igual las sotas se te notan.
   ¿Por qué Valentina habla con desprecio? —Sí son cuarenta ¿y?, peor vos que te prohibiste cualquier cambio de afuera, testaruda, igual sos una vieja hermosa, Valentina.
   Ésta quiere que le ponga una piña. —Tenemos la misma edad, basta, no quiero discutir estupideces.
   Las dos vimos el último sol, metido en el horizonte y más abajo, los amigos de Quinti, en cuatriciclo, con el canasto y las visas de ambas.
   —Yo sé dónde viven, son traficantes de documentos, tienen excelentes cirujanos, que le  operaron la cara a Yabrán. Vive en Mallorca, como un Conde. Ellos están orgullosos del viejo mafioso, con una novia de veinte. Lo van a visitar y la mina se los coje a los dos al mismo tiempo.  
   —Tenés que ir vos a pedir los documentos, aquí te doy mil euros, decí que vas de mi parte y que necesito el mío también, me tienen confianza, te lo van a dar. Se van a tirar el lance, vos dales la guita, cuidate el culo, con eso no tienen piedad. No te pongas mal, cara de monja, las viejas no les gustan.
   Pasó una semana y volvió hecha unas pascuas, la invitaron a un crucero, le pidieron que no la llevara, porque era una pesada.
   —Todo bien, Vale, pero, ¿te hicieron los docu?
   Ni le interesa saber si tuve sexo con alguno.
   —Acá tenés lo tuyo, antes que preguntes, no me acosté con ninguno. Vamos a Creta, al Mar Egeo, quiero conocer todo Knossos y las cariátides. Voy a hacer un artículo con videos para Internet, me lo pagaron por adelantado. ¡Ja! ¿Y vos qué?
   Puso cara de gitana tramposa. —Mis “qué”, son arbitrarios, por ahí voy a Argentina, a ver a los viejos. Pero vuelvo enseguida, mucha mierda me intoxica.   

domingo, 13 de enero de 2019

RÁPIDO Y DESPACIO



   —Yo me pongo adelante y pregunto los precios del sector que abarca mi cuerpo. Uds, chicas, toman las bolsas de papel y meten shampoo, jabón de tocador, crema para párpados night and day. Hidratantes para todo el cuerpo, tapa ojeras, delineador peremne y pestañas postizas importadas. Confúndanse con la gente, está la cámara que las va a seguir como novio celoso, pero hay viejas conchetas, con sombreros de paja, de alas exageradas, se pegan a sus espaldas. De a ratos exclamen “¡Mirá qué barato está esto!”, lleven dos y toman dos cada una. Yo mientras tanto acoso al Dueño, por los aumentos y me acerco tanto, con mis gracias nuevas, que acepta hacerme descuentos. Uds se acercan a la Caja y pagan con el dinero falso que nos dio su Padre. Sus caras deben estar convencidas de haber pagado una nada. Esperen que se junten compradores, con sus bolsas, pagando tarjetas. En el aluvión salgan tranquilas. Yo le voy a dar un beso ambiguo al Dueño gordo, que le haré subir la presión. Nos encontramos en la esquina, hay ofertas de marcas importadas. Como son las Fiestas, permiten llevar hasta tres conjuntos a los probadores.
   —¿Por eso nos pusiste a dieta y ahora somos dos palitos?
   —También les hago masticar chicles.
   —Sé lo que debemos hacer, te leo el pensamiento, lo de los chicles no entendí.
   —Es simple, los mastican y los pegan encima de los ojos que ven y hacen sonar las alarmas. Se ponen los modelos, uno encima del otro, no notarán nada. Son telas que entran por los brazos y se anudan en las rodillas, fueron a Diseño de Indumentaria, podrán salir del brete, cazando al aire una cloche de verano. Les puse una tijera, para  que recorten las alarmas y no suenen cuando salgan del lugar. Igual van a sonar, porque la gente aprovecha las Fiestas, para afanar. No se molestan en elaborar estrategias como su Madre. Las espero en el Café de la esquina. El gordito de la Farmacia, me regaló un vestido blanco para la cena de Navidad, tiene buen gusto el gordo. Será divertido llegar a casa y bajar con paquetes y paquetes, los vecinos van a creer que somos ricos, al vernos tan paquetas. Hijas mías, que Dios nos perdone, en esta época, Él también se pone bueno y perdona.

sábado, 12 de enero de 2019

LA RETIRADA



   En cosas grandilocuentes, convencía hasta las piedras, llenaba de adjetivos imprudentes a una mujer delgada, que alguien abandonó en la playa, junto a una jauría robada, con nombres de números periódicos. Era viejo el hombre y le faltaban los dientes superiores, le quedaban los de abajo, bien completos menos uno.
   —Tal vez Ud, mi bella doncella desnutrida, ignore, que con los alimentos que porto en mi humilde carroza, en dos semanas saldrán sus tetitas de cabra, redondas y cerca de su cuello principesco. En cuanto a su culo, le aseguro que tendrá con qué sentarse. Ud pensará en mi frivolidad, como algo superfluo para Ud, que es una dama joven y ahora despertará el hambre de algún mecenas distinguido y culto, que modelará su cabeza de chorlito huérfano con sabias palabras e historias sin dueño, por si aparece alguien, con ganas de desposar una mujer de dotes físicas, más que perfectas y voz sabia, que continuarían sus pequeños conocimientos de Príncipe Idiota.
   Misha, en cuclillas sobre la arena, soplaba un viento helado y alrededor los perros la protegían en fila cerrada. —A mí me trajeron a este lugar, para representar una hija perdida. Una mentira de un hombre, a una mujer niña, compartí algunos días, hasta que se fue sin despedida. Crecí en soledad, con la jauría, que me daba de comer sólo pescado, eso arruinó mi salud. Encontré una biblioteca en medio de unas piedras y no hice otra cosa que leer y dormir. Ese reparo cubierto es mi casa. Uno de los perros periódicos me hacía de almohada y los otros, recortados cerca de mí, eran mantas de perros periódicos, tibios. A pocos metros, detrás de aquel médano, hay un pequeño lago de agua dulce, intuyo que proviene de una napa destinada a salvar mi vida. Su imagen del siglo pasado y todo su discurso de memoria, es la primera visita que recibo. Disculpe Ud, le pido y ruego que se vaya cuanto antes. Sería un regalo de despedida, valga la redundancia, que se fuera. Yo crecí sola en este páramo, donde tengo palabras que me atienden en tristezas y alegrías, no sé cuánto tiempo viviré, escupo sangre como Kafka, sus libros me anoticiaron de qué trata la vida y cuándo se avecina la muerte. Estoy tranquila y me da paz no tener persona alguna cerca de mí. Vaya, vaya, que se hace tarde cuando atardece.

viernes, 11 de enero de 2019

CAMBIO DE ERA



   Las personas sufrieron ataques confusionales, así como el clima que era verano el martes, otoño el miércoles, invierno el jueves y los sábados comenzó a nevar.
   Irene llegó de jugar al golf, vivía en un country, con espacios de cinco hectáreas entre casa y casa. —Irene, ¿por qué venís tan tarde?, te faltan las camas, la comida, te olvidaste de mandar los chicos al Colegio, los baños. Si seguís así quedás sin trabajo y a mí me llamás Señora Amparo y los tuteos no van más. Está claro?
   Y sí, está todo tan raro, que soy la Mucama explotada, de esta casa. ¿Pero y los palos de golf? Capaz que la Señora Amparo los olvidó en el Club y me mandó a buscarlos. Prefiero ser la dueña de casa…
   —Irene, no pienses que perdí la razón, ocurrió algo raro. Helena apareció con mi mejor ropa, enjoyada y los zapatos de tacos altos. ¿Sabés lo que me dijo?
   —Parece una pesadilla.
   —Sofía, Ud es tan lenta, que me voy sin comer y los chicos también. ¿Por qué no cocinó?, no lavó ropa, no planchó, no ordenó, no pasó la aspiradora: Sofía, si no mejora, out.
  Estas reversiones se produjeron en todos los countrys del país.
   Los chicos daban clase y los Maestros aprendían, entraba el chico a cargo de 2° grado: —De pie, Señores.
   Y los Señores y Señoras, contestaban: —Buenos Días, Maestro niño Alfredo.
   Eran exigentes los niños Maestros. No hacían los deberes, no sabían el abecedario, las cuatro operaciones básicas. Igual los chicos les ponían la nota que merecían, casi siempre 0 y los hacían pasar de grado, para no verles la cara al año siguiente.
   Casi todos los recolectores de basura, eran Gerentes de Banco y algunos, Presidentes del Banco Nación, Provincia y otros. En los negocios atendían los compradores y los Dueños, pagaban precios altísimos, por un calzón de nylon.
   Como era de esperar, todo terminó en sangre, las vacas comenzaron a tratar el tema de hacer reses humanas y ellas atendían las carnicerías, vendían manos, pies, vejigas, narices, bocas, músculos, estómagos y esófagos.
   Los humanos no sufrían cuando eran sacrificados, del asombro, se dejaban dar un palazo en la cabeza. Los toros pedían precios altísimos por medio kilo de tetas o un kilo de rodillas.
   La Clase Política, Senadores, Diputados, Jueces y demás chorros, pasaron a ser obreros aprendices. Capataces, Albañiles, Limpiavidrios y Obreros competentes fueron autoridades de la República.
   Las personas en situación de calle, se mudaron a Puerto Madero, palacios, pisos en altura donde podían ver el mar.
   Así se pasó a otra Era, la Sextuenaria.

jueves, 10 de enero de 2019

LADY MACBETH



   —¿Empresa de limpieza “María e Hijos”?... Es para dejar una casa en condiciones, la Inmobiliaria Rolón, le entrega las llaves mañana por la mañana, lunes 4.
   Fue un recurso de María, cordobesa y trabajadora, quedó sin laburo y sus hijos también. De allí salió la idea: “Empresa de Limpieza de Lunes a Sábado, las 24 horas, Edificios, Oficinas, Casas, Escuelas y Negocios”.
   A las 8 en punto, María, sus hijos y la chata con toda clase de productos, dispuestos en impecable orden.
   —Miren Señores que es una casa grande, con un sótano inmenso, tres terrazas, cuatro baños. Uds la ven. Yo los acompaño en mi auto, quiero que me den un presupuesto.
   La casa estaba rodeada de casuarinas, piñoneros, magnolias, acacias y fresnos. El terreno ocupaba una manzana. El tipo de la Inmobiliaria les abrió y ellos casi pierden pie.
   —Vea, Sr Rolón, este trabajo, si nos da cinco días, mis hijos más grandes pueden hacer un recorte en los árboles y el césped que está altísimo. Baja el nivel de esta hermosa casa. No solemos hacer jardín, pero este lugar lo amerita.
   Departieron entre todos, el trabajo era importante. Hicieron una lista de gastos, de insumos, mano de obra y tiempo de trabajo.
   —El presupuesto hace un total de 24.000 pesos, con jardín, el costo total es de 30.000 pesos.
   —Lo que me dan es una cifra alta, pero si el resultado es impecable, aceptamos, les damos mitad ahora y el resto…
   La flia no lo dejó terminar, fueron una sola voz. 
—Sr Rolón, el pago preferimos que sea al finalizar el trabajo.
   La casa estaba recién pintada y restaurada, pero se veía, que la limpieza de obra les quedó todita para ellos. La primera sorpresa fue la cocina, que parecía de tierra apisonada, decía María: —Mirá si una casona como esta, va a tener piso de tierra? Vamos chicas, acá hay que rasquetear, tengo buen pálpito.
   Fue así nomás, bajo los 10 cm de tierra, aparecieron unos baldosones de mármol blanco y negro. Le hicieron un proceso de encerado y máquinas de lustre. Quedó como un espejo.
   Almorzaban comidas frugales y dormían 6 horas por día. María, para levantarles el ánimo, decía: 
—Vamos a adelgazar, chicas y los chicos sacarán músculos.
   En el sótano, los hermanos más chicos y una de las chicas, encontraron manchas que no salían con nada, descubrieron unas cavas con olor extraño. Laurita, que era la más vivaz de las hermanas, preguntó en el vecindario, si ellos sabían algo de aquella casa. Todos contestaron calcado. En los setenta vivía una pareja joven que recibía gente joven, a través de los vidrios se apreciaba que estudiaban, discutían, a veces bajaban los tonos. A los dos años cayó un camión del Ejército, traían un grupo de personas jóvenes. Estuvieron una semana, había dos de la zona, que fueron invitados a participar en lo que ellos llamaban “tareas”. Cuando advino la Democracia, la casa quedó vacía. Algunos jóvenes que lograron zafar, bajaron al sótano y encontraron compañeros apilados, muertos, destruidos. Parecía una escena nazi. Por eso la casa no podían venderla. Las manchas eran de sangre, la inmobiliaria tenía la obligación de advertir su historia al comprador.
   —Algún gil sin escrúpulos la va a comprar.
   Otro acotó: —Las manchas de sangre nunca pudieron borrarlas.
   La Empresa de Limpieza dejó una nota: “Inmobiliaria Rolón: Nuestra empresa recuperó la memoria, gracias a la memoria de otros. La casa está abierta, las llaves en el sótano.”

miércoles, 9 de enero de 2019

TAN



   La conocí en la casa de artículos para librería, compro dos cuadernos y tres biromes por mes. Es un lugar largo y estrecho, no me dan ganas de ir hasta el fondo para elegir. Le especificaba que quería rayados.
   —Los que llevo siempre.
   Odio cuando los cuadernos tienen florcitas, antes era más cuidadosa. Los atardeceres se la ve tomando una birra con tipos distintos. Por eso la bauticé Birri.
   —¿Qué tal, cómo va, Birri?
   Y ella contesta: —Yo trato de pasar la vida lo mejor posible.
   Me pregunto cómo carajo hace, quiero la receta. La interrogo cuando me da el vuelto.
   —No hay recetas, a mí me hace volar, tomar birra, siempre con un tipo distinto, pero vos no sos mujer. Así que, no sé.
   Le miro esos ojos soñadores, entornados y olvido que siempre me cobra demás. Hoy la esperé enfrente, por el reflejo en el vidrio, la vi. Birri se dirigía a tomar una birra.
   Miro las mesas y está ella. Me detengo: —¿Y el tipo no vino?
   Tenía cara triste. —¿Sabés que ahora, les hago pagar mi consumición?, se corrió la bola y algunos ni me saludan. Si querés sentate.
    De repente pensé pagarle, pero no tenía un cobre. Acepté la sentada y pedí una birra, después vería.
   —Hace un mes me separé, todo mal, lo encontré justo cuando…disculpá, tuve un déjà vu, tenés cara de bueno vos.
   No supe qué decir, me salían frases hechas, tipo “ya vas a encontrar otro”, “todo pasa”, “no te tortures, vos lo perdiste, pero él te perdió a vos”. Esa última me gustó, no era tan remanida.
   Birri recitó hablando…—“Quisiera esta tarde divina de octubre, pasear por la orilla lejana…”, antes me lo sabía entero, el desgraciado me lo enseñó. Me gusta Alfonsina, tengo un libro de poesías que me parte.
   ¿Qué hago?, ¿le sigo el tren con Alfonsina?, mejor no.
   —No te gustaría conocer poesías de Juan Gelman?, mañana lo lee una mujer que dice bien, el lenguaje te va a resultar raro, es subliminal, se dirige al corazón, a mí me emociona. Murió y le pasaron mil. Te invito.
   Se hizo un silencio prolongado. —¿Sabés que es la primera vez que alguien me invita a otra cosa que no sea coger? Soy grosera, para abreviar. Acepto tu invitación, hoy pago yo porque cobré, me ofendo si no aceptás.
   Me salvó Birri, es tan oportuna.
   Tan…tan…

martes, 8 de enero de 2019

PRE VERTE



   —Ahora llueve fuerte, no me dan ganas de ir a comprar puchos.
   Ella miraba por la ventana, el agua ocupaba el espacio exterior. Pidieron dos cafés, ella revolvía con furia el azúcar que no puso. Él quiso decir algo, pero no le salió nada. Tenía un cubito de azúcar en la boca, lo lanzó en la taza de ella. Buena puntería. Trató al mozo como una lady, cuando pidió que cambiara su café. Luego comió una media luna, que sumergía en el café, que ya no tenía ni café. Les dieron permiso para fumar en el No Fumadores. Él se prendió del cigarrillo, como un búfalo en postura de comenzar la carrera.
   Lo de la lady fue toser y toser. El dueño del bar le acercó un jarabe que paralizaba la tos. La lluvia se puso finita hasta que el arcoíris dijo, ¡Basta!
   Ella se levantó sin hablar, sin decir. —Tantas veces le dije pelotudo, ¿Qué más?
   Él movía con la lengua el aparato multidental. Recordó su costo. Siguió con la vista a la mujer, que se perdía hasta desaparecer en la entrada del subte.
   —Yo no sé para qué todo, si al final nada.
   Tomó su piloto, el triste portafolio, la cartera de ella y el piloto.
   Llegaron casi juntos. Ella casi le dice gracias.
   Él casi le da un beso. Entran a la casa, parecen casi un matrimonio.

lunes, 7 de enero de 2019

TOSTADO PAREJO



   Canícula 15°. Sonreí y no pasé por alto los “Buenos Días”.
   Canícula 20°. Despierta mis sospechas de un aumento, acostumbrada a los aumentos que me impedirán ver el mar. Si la canícula sube a 39°, antes de iniciar cualquier trámite, me tiro de cabeza en la pileta, cago y meo en la rejilla. Busco lavandina, Mr músculo y Espadol en aerosol, con la manguera observo cómo se va todo a la calle, dejo abierto hasta que las deposiciones lleguen al declive de mi vecina que odio. Después uso la manguera, me doy una ducha con champú, cabeza y cuerpo.
   Por la ventana siento el olor a jaboncito, mis deposiciones ya van por la plaza. Casi ni me sequé, tengo un vestido propicio para este clima, el puro agujero. Subo al auto, lo pongo en marcha y prendo el aire acondicionado al máximo. Hasta siento alegría, que a mí nunca. Miro la cola para que me atiendan, llamo a un ex-trapito, le pido que me saque un número, le pago 200 pesos y el pibe chocho. Me salvo del olor a sucio que despide la gente, a pelo sin lavar, a caspa, a pata sucia. Los comprendo, los elementos de limpieza, están por las nubes.
   Estoy en el Café, frente al Banco, con aire acondicionado, viene el mozo a preguntar qué quiero tomar. Le contesto que lo estoy pensando. —Cuando elija lo llamo.
   El pibe me hace señas. No tomo nada, porque no tengo un mango. Igual hace tanto calor, que nadie se da cuenta. Agradezco al ex-trapito. Hecho mi trámite, salgo y lo invito al pibe a meternos en la fuente. Siento que el salto me llevó el corpiño, salgo en tetas, un auto de Policía me espera. Pregunto por qué, me contestan: “Alteración del orden”. Por suerte el Patrullero, tiene aire acondicionado.  

domingo, 6 de enero de 2019

GERMINACIÓN



   —Vengo a decir, Señora Chanchoti, la Maestra Pretlosk trata mal a los chicos, usa la violencia como método de aprendizaje, pasen y vean, Ud y su Secretaria. Es lamentable, pero encubre con esa sonrisa falsa que tiene. Aparezcan por sorpresa, así la perversa no está preparada.
   Fueron ambas, disfrazadas de Autoridad autoritaria. —Sra Pretlosk, ¿por qué levantó la mano a esa inocente criatura?, ¿por no saber cuánto es cuatro por cuatro?
   La Señora Pretlosk se asustó ante los testigos y negó su castigo de mano. —Yo les doy con el puntero, no arruinaré mis manos por estos niños que no quieren saber nada, con los números combinados elementales.
   Estas pirujas pretenden saber más que yo y lo peor, Domingo Fausto Sarmiento, es el Padre de mis métodos infalibles.
   —Mire, Señora Pretlosk, se ha hecho acreedora de su próxima renuncia. Los chicos siempre tienen razón, por ser ángeles nóveles. Los moretones se deben al uso de métodos obsoletos. Ud, tal vez, sin darse cuenta, entrena futuros delincuentes.
   Las voy a denunciar, a ella y su secuaz, tengo contactos.
   Padres y alumnos se reunieron y compararon las marcas que dejaba, la Sra Pretlosk, en el cuerpo de sus niños. Llamaron al 911 y reclamaron las pericias correspondientes. La Policía, que quiere mejorar su imagen, se hizo presente de inmediato.
   —Efectivamente, los daños fueron causados por la Señora Maestra, que presenta un nivel de psicopatía de un 100%.
   Los niños dejaron la Escuela y negaron el cambio a otras. De uno en uno, fueron al Instituto Pedagógico de Gonnet, donde se aprende jugando y se realiza un estudio psiquiátrico, anterior al nombramiento de cada Maestra.
   La Señora Pretlosk, luego de un juicio, fue declarada  culpable, con un castigo de cinco años de cárcel. La señora Chanchoti y su secuaz, Caminotti, recibieron el retiro efectivo, de por vida.
   Cuando los chicos terminaron su Escuela de paz, entraron en una sociedad agresiva, donde eran golpeados sin razón alguna. Sólo les quedó aprender a defenderse, tomando clases de Artes Marciales.
   La Derechización en todo el mundo, avasalló las Izquierdas nunca competentes. Los hombres de bien, trataban de encontrar una tercera posición. En estos momentos, todavía están en eso.

sábado, 5 de enero de 2019

PROPIO



   —No tiene corrector.
Onorato escribe muy bien, es meticuloso, revisa cuatro, cinco veces, si lo considera necesario.
   —La historia la cierro, que me guste a mí y al Abuelo, que publicó “Los tutores del sexo”, con seudónimo, sino las damas de aquel tiempo, lo compraban a escondidas y a él le quitaban el saludo. Fue un éxito, le siguió “Respete al meritorio”, éste resultó un fracaso, pero no le importó. Tenía éxito con el público femenino, que ni siquiera leyeron su primera publicación, lo invitaban porque era buen mozo, maniquí vivant. “Esta gente descendiente de buena estirpe”, decía, “comen tarde o no comen”. Éstos, no comían. El Abuelo, por frívolos, los alejó de su lado. Se llamaba Onorato, por el Bisabuelo, que era fanático de Honoré de Balzac.
   —Julieta, confieso que no me gusta publicar nada de lo que escribo. Te prefiero como lectora, a vos y a mi Abuelo. Son bichos, saben de qué trato lo que trato.
   No quería escuchar mi propuesta, se notaba. 
   —Onorato, la bestia de mi Editor, no tiene correctores y le están bajando las ventas por sus horrores gramaticales. Al viejo, contale cuanto querés, te agradecerá pagándote más. No sé si es puto. Se dará cuenta que sos un capo corrigiendo, también, modular ciertos textos que modifiquen su sintonía.
   Onorato se tomaba del mentón, a la frente, postura de pensar.
   —Bueno, Julieta, acepto tu oferta.
   El Editor lo recibió con bombos, sin platillos, le entregó ciento veinte libros para corregir. Le dio un mes de tiempo.
   —¡El viejo está loco, ciento veinte en un mes!
   Julieta decidió, por afecto y respeto: —Onorato, yo corrijo sesenta, no soy tan buena como vos, pero sí rápida. Yo no cobro nada más que me invites a tu casa en Orense.
   El viejo quedó conforme con las correcciones, pagó más que bien, mientras miraba a Onorato, como “puto no me atrevo”.
   Llegamos a Orense, la casa vacía y re-limpia.
   Su Sobrina fregona, había estado la semana anterior. Dormimos doce horas, las correcciones, joda, joda, nos dejaron extenuados. Fuimos a la playa y mirando el mar le pregunté: —¿Porqué la negación de publicar?
   —No sé muy bien, es como si preguntaras por qué no visito a mi viejo. No te rías. Cuando termino una historia, es mía. Y con las sucesivas, me ocurre igual. Sería como mostrar lo único que me pertenece, el diseño de mi vida, conmigo adentro.

viernes, 4 de enero de 2019

CHAMPAGNE



Truenos eléctricos partían la tierra, el protagónico era cielo embravecido de nubes confundidas, ejércitos de relámpagos. Un disco rayado que seguía, una nota brutal a otra mortal. Después la lluvia fuerte como miles de ríos, cauces perpendiculares a la tierra. Amo la lluvia en las tardes, sé que algunos odian que lo manifieste. El sol me recuerda la vida que no supe vivir, si tengo alegría, tirarme a la pileta, con calor afuera, permanecer en el fondo del agua, hasta no dar más, sacar la cabeza y respirar.
Fue este fin de año, los pirotécnicos no pudieron arrojar casi nada, factores económicos y agua, lo impidieron. Soy hábil para sufrir, me alegró la ausencia de cuetes, pero me dio tristeza tanto viento, tanta agua y el cielo indignado.
   La comida, pura lata, en cuencos, champagne, champagne, champagne, postre, champagne, champagne, champagne. No sé si estaba triste o contenta, más bien triste. Nunca olvido, me queda un año menos. Y me meto en el cajón de las píldoras, dos de éstas, tres de aquellas, media de no sé y largué todo. ¿Para qué tanto que no cura?
   Quiero diluir las sesiones, los Médicos especialistas, las prácticas nuevas, la Medicina en general. Los gastos que implican, ningún resultado próspero y dejar mi familia sin futuro económico. Champagne, champagne, cham…

jueves, 3 de enero de 2019

NORA INVIERNO



   Entró al negocio como un rayo, Quintina producía electricidad.   Ahora me llamo Nora Invierno, me inspiré en la naturaleza. Tengo otra identidad, sale dos mangos y los hacen los mismos tipos que hacen las verdaderas.
   Aparece Quintina y la abraza, de lejos, porque su ropa podría arrugarse. —Nora Invierno ¿Qué pasó con los libros? ¿Qué son esas porquerías metálicas además del kiosco? 
   No me gustó nada lo que dijo con respecto a mis objetos, con un desprecio que no le conocía. 
   —Mirá Quintina, acá vivimos como podemos, lo que no podemos. Está Iván, mi marido, que se encarga del kiosco.
   Quintina pensó que nunca pensó en los deseos o los proyectos de Nora y dejó que hablara.
   —¿Sabés qué hice con los libros? Los vendí por kilo, fue más redituable que entren tres gatos locos y se vayan sin comprar. Traté de olvidarme de mí, pero no pude, mi mí viene conmigo.
   —Nora cómo voy a despreciar tu emprendimiento, sos una reina verdadera, pero sacáte esos collares y pulseras que son horribles. Venía a proponerte un negocio ¿Te acordás que en una época, vendía aire en lata y la gente compraba? Charly, que es como mi marido, me dio la idea. La venta de Pitotangas, en un pack moñoso, con etiqueta de importación. Las viejas te lo compran de cabeza, se harán el bocho con el nombre.
   —Quintina, si para tener mejores ingresos tengo que vender Pitotangas, contá conmigo. Una intriga ¿Qué tienen adentro los packs de Pitotangas?
   Quintina la miró como quien se asombra de la ignorancia.
   —¡Por favor, Nora! ¿Qué van a tener? Pitotangas ¡Obvio! 

miércoles, 2 de enero de 2019

COMUNACHO MENTIROSO



   No alcanzó la guita que me dio el Editor, para la libertad vacacional. Necesito laburar, en pleno verano, para el avaro.
   —Buen día Señora, yo trabajo para el Señor Editor y quiero hablar con él.
   La mujer, muy alegre, me hizo pasar al escritorio.
   —Revise tranquila mija, él se fue de pesca y regresa…no sé cuándo.
   —Con su permiso.
   Vi sus carpetas desordenadas, la de arriba llevaba mi nombre, número de Ediciones y su mentira, no era una, como me dijo a mí el viejo hucha, mandó tres y se dio el lujo de traducirme al inglés. Se lo pagaron, los piratas de la Corona. Desconocí el Traductor, pero lo supuse ignorante como los fenicios. Sentí más degradación, cuando vi sus bibliotecas cargadas de libros míos, para vender a puerta cerrada.
   —Mire hija, me voy a dormir siesta, hoy me tocó limpieza general, Ud es persona de confianza, si se retira, eche llave y la tira por el receptor que dice Cartas, gracias, mire tranquila.
   Fue muy común, pero no tengo la culpa que la gente se repita a sí misma, será por eso que la vida, en definitiva, es aburrida. Detrás de su retrato, estilo Beethoven, había una cajita fuerte. ¡Con la combinación dibujada! Operé el número, se abrió la puertecita de inmediato y como un resorte asomó un cajón largo y angosto. Nunca robé, ni palabras fui capaz de robar, que me hubieran venido de perlas, como decía mi Profesora del Secundario: “Cara de Vaca”.
   Abrí mi mochila y metí todo el dinero que había, no me gusta ser deshonesta y le dejé una nota, “Sr Editor: llevé lo que correspondía por todos mis trabajos. No quiero que Ud, tan generoso, tenga problemas de conciencia.”

martes, 1 de enero de 2019

CHUIK - CHUIK – CHUIK



   Tan linda y rara. Una amiga de la Facultad de Piter. Durante la comida, la amiga, con voz de visón, de gatita miau miau y maquillaje infobae. 
—¿ Sabés que Piter es el primer profesor con onda, que tuve desde que empecé?
   Primero miré a Piter, luego la miré a ella. 
   —Piter, vos me dijiste. ¿Cómo era tu nombre?, dejá ya me acuerdo, Vane. Dijiste que era una amiga, no una alumna.
   Él casi se atraganta, como todo obvio mentiroso. —Bueno, amor, una amiga puede ser alumna, estoy todo el día en la Facultad, tengo alumnas amigas, Vane es la mejor, me alcanza cafecitos, prepara unos canapés a-lu-ci-nan-tes. Por eso la invité, para que la conozcas.
   Es grasa Piter, me dice “amor”, por no decirme puerta, mesa, llave, o cuchillo, que me gustaría ensartar en su mejilla. Lo único que falta es devolverla a su casa.
   Antes del postre, caché las llaves del auto, Piter estaba en el baño.
   —Hay una tormenta fea, Sra amor, hice el amor un día con su marido, fue sólo una vez, está todo olvidado, perdone, no sabíamos lo que hacíamos. Nunca sucedió más nada que nuestra amistad.
   —Te llevo yo, Vane, que no tomé nada. Vamos, vamos.
   La agarré de los hombros, con decisión agresiva, le crucé su carterita. Vivía por la loma del orto. 
La dejé a cuatro cuadras.
   —No me alcanza la nafta, Piter se olvida de todo, viste cómo es.
   Volví como suspiro de diablo, dejaron de existir los semáforos rojos y en cinco minutos estaba. 
  Él tirado en el sillón, con el control de sus videojuegos, poniendo el alma en esa nada.
   La mesa tal cual cuando me fui, la cocina un campamento de platos sucios y charolas engrasadas.
   —¡¡¡Piter!!! Te voy a partir esos videojuegos de oligofrénico, limpiá la mesa, juntá las copas, pasá la aspiradora que tu Vane, plagó de migas, una guarra, salpicó todo lo que pudo. La cocina dejala impecable, repasá y encerá el piso. Empezá ya, abusador, traidor, rata inmunda, cuando termines andá a dormir a la concha de tu madre, jamás vuelvas aquí.
   Por surte tengo el celular en el cuarto de servicio.
   —Hola conejito ¿ya te habías dormido?, sí, sí nos vemos temprano a las siete treinta. Del idiota no me preguntes nada, lo eché, mañana te cuento. Estoy deseando que lo hagamos acá, no sabés lo que es esta cama. Te quiero a vos, conejito y a tu enorme conejo.
   —¿Un beso de lengua, como adelanto? Bueno, no me digas más, faltan unas horas. Chuik chuik chuik.