lunes, 14 de enero de 2019

KNOSSOS



   Apareció como un fantasma, dijo: —Yo te juré, pero tengo amigos que me obligaron. Veían que iba a la playa con anteojos enormes y túnicas tapalotodo, así nadaba en el mar, después de las escolleras. Con anteojos y túnica, me agarró Prefectura y me llevaron como inmigrante fuera de borda.
   “—Señor Capitán de este barco, si me lleva a tierra, dados mis rasgos medio orientales, terminaré en un campo. Soy argentina y no preciso el amparo o encierro, de ningún país de Uds. Tengo la visa en la playa y los documentos que prueban que yo, soy yo.”
   —Lo alegró que fuera argentina, allá ser argenta, es como no ser nadie. Me llevaron hasta la playa y vi el canasto con mis amigos corriendo, alcanzando los papeles. Los tipos aceptaron y pidieron que me fuera de inmediato.
   Todo un logro, alcanzar a Quintina, con su nuevo cuerpo embalsamado, flaca, con pómulos rellenos, la boca y la nariz igual que antes, por ser lindas y discretas.
   —Te queda muy bien haberme mentido, igual las sotas se te notan.
   ¿Por qué Valentina habla con desprecio? —Sí son cuarenta ¿y?, peor vos que te prohibiste cualquier cambio de afuera, testaruda, igual sos una vieja hermosa, Valentina.
   Ésta quiere que le ponga una piña. —Tenemos la misma edad, basta, no quiero discutir estupideces.
   Las dos vimos el último sol, metido en el horizonte y más abajo, los amigos de Quinti, en cuatriciclo, con el canasto y las visas de ambas.
   —Yo sé dónde viven, son traficantes de documentos, tienen excelentes cirujanos, que le  operaron la cara a Yabrán. Vive en Mallorca, como un Conde. Ellos están orgullosos del viejo mafioso, con una novia de veinte. Lo van a visitar y la mina se los coje a los dos al mismo tiempo.  
   —Tenés que ir vos a pedir los documentos, aquí te doy mil euros, decí que vas de mi parte y que necesito el mío también, me tienen confianza, te lo van a dar. Se van a tirar el lance, vos dales la guita, cuidate el culo, con eso no tienen piedad. No te pongas mal, cara de monja, las viejas no les gustan.
   Pasó una semana y volvió hecha unas pascuas, la invitaron a un crucero, le pidieron que no la llevara, porque era una pesada.
   —Todo bien, Vale, pero, ¿te hicieron los docu?
   Ni le interesa saber si tuve sexo con alguno.
   —Acá tenés lo tuyo, antes que preguntes, no me acosté con ninguno. Vamos a Creta, al Mar Egeo, quiero conocer todo Knossos y las cariátides. Voy a hacer un artículo con videos para Internet, me lo pagaron por adelantado. ¡Ja! ¿Y vos qué?
   Puso cara de gitana tramposa. —Mis “qué”, son arbitrarios, por ahí voy a Argentina, a ver a los viejos. Pero vuelvo enseguida, mucha mierda me intoxica.   

domingo, 13 de enero de 2019

RÁPIDO Y DESPACIO



   —Yo me pongo adelante y pregunto los precios del sector que abarca mi cuerpo. Uds, chicas, toman las bolsas de papel y meten shampoo, jabón de tocador, crema para párpados night and day. Hidratantes para todo el cuerpo, tapa ojeras, delineador peremne y pestañas postizas importadas. Confúndanse con la gente, está la cámara que las va a seguir como novio celoso, pero hay viejas conchetas, con sombreros de paja, de alas exageradas, se pegan a sus espaldas. De a ratos exclamen “¡Mirá qué barato está esto!”, lleven dos y toman dos cada una. Yo mientras tanto acoso al Dueño, por los aumentos y me acerco tanto, con mis gracias nuevas, que acepta hacerme descuentos. Uds se acercan a la Caja y pagan con el dinero falso que nos dio su Padre. Sus caras deben estar convencidas de haber pagado una nada. Esperen que se junten compradores, con sus bolsas, pagando tarjetas. En el aluvión salgan tranquilas. Yo le voy a dar un beso ambiguo al Dueño gordo, que le haré subir la presión. Nos encontramos en la esquina, hay ofertas de marcas importadas. Como son las Fiestas, permiten llevar hasta tres conjuntos a los probadores.
   —¿Por eso nos pusiste a dieta y ahora somos dos palitos?
   —También les hago masticar chicles.
   —Sé lo que debemos hacer, te leo el pensamiento, lo de los chicles no entendí.
   —Es simple, los mastican y los pegan encima de los ojos que ven y hacen sonar las alarmas. Se ponen los modelos, uno encima del otro, no notarán nada. Son telas que entran por los brazos y se anudan en las rodillas, fueron a Diseño de Indumentaria, podrán salir del brete, cazando al aire una cloche de verano. Les puse una tijera, para  que recorten las alarmas y no suenen cuando salgan del lugar. Igual van a sonar, porque la gente aprovecha las Fiestas, para afanar. No se molestan en elaborar estrategias como su Madre. Las espero en el Café de la esquina. El gordito de la Farmacia, me regaló un vestido blanco para la cena de Navidad, tiene buen gusto el gordo. Será divertido llegar a casa y bajar con paquetes y paquetes, los vecinos van a creer que somos ricos, al vernos tan paquetas. Hijas mías, que Dios nos perdone, en esta época, Él también se pone bueno y perdona.

sábado, 12 de enero de 2019

LA RETIRADA



   En cosas grandilocuentes, convencía hasta las piedras, llenaba de adjetivos imprudentes a una mujer delgada, que alguien abandonó en la playa, junto a una jauría robada, con nombres de números periódicos. Era viejo el hombre y le faltaban los dientes superiores, le quedaban los de abajo, bien completos menos uno.
   —Tal vez Ud, mi bella doncella desnutrida, ignore, que con los alimentos que porto en mi humilde carroza, en dos semanas saldrán sus tetitas de cabra, redondas y cerca de su cuello principesco. En cuanto a su culo, le aseguro que tendrá con qué sentarse. Ud pensará en mi frivolidad, como algo superfluo para Ud, que es una dama joven y ahora despertará el hambre de algún mecenas distinguido y culto, que modelará su cabeza de chorlito huérfano con sabias palabras e historias sin dueño, por si aparece alguien, con ganas de desposar una mujer de dotes físicas, más que perfectas y voz sabia, que continuarían sus pequeños conocimientos de Príncipe Idiota.
   Misha, en cuclillas sobre la arena, soplaba un viento helado y alrededor los perros la protegían en fila cerrada. —A mí me trajeron a este lugar, para representar una hija perdida. Una mentira de un hombre, a una mujer niña, compartí algunos días, hasta que se fue sin despedida. Crecí en soledad, con la jauría, que me daba de comer sólo pescado, eso arruinó mi salud. Encontré una biblioteca en medio de unas piedras y no hice otra cosa que leer y dormir. Ese reparo cubierto es mi casa. Uno de los perros periódicos me hacía de almohada y los otros, recortados cerca de mí, eran mantas de perros periódicos, tibios. A pocos metros, detrás de aquel médano, hay un pequeño lago de agua dulce, intuyo que proviene de una napa destinada a salvar mi vida. Su imagen del siglo pasado y todo su discurso de memoria, es la primera visita que recibo. Disculpe Ud, le pido y ruego que se vaya cuanto antes. Sería un regalo de despedida, valga la redundancia, que se fuera. Yo crecí sola en este páramo, donde tengo palabras que me atienden en tristezas y alegrías, no sé cuánto tiempo viviré, escupo sangre como Kafka, sus libros me anoticiaron de qué trata la vida y cuándo se avecina la muerte. Estoy tranquila y me da paz no tener persona alguna cerca de mí. Vaya, vaya, que se hace tarde cuando atardece.

viernes, 11 de enero de 2019

CAMBIO DE ERA



   Las personas sufrieron ataques confusionales, así como el clima que era verano el martes, otoño el miércoles, invierno el jueves y los sábados comenzó a nevar.
   Irene llegó de jugar al golf, vivía en un country, con espacios de cinco hectáreas entre casa y casa. —Irene, ¿por qué venís tan tarde?, te faltan las camas, la comida, te olvidaste de mandar los chicos al Colegio, los baños. Si seguís así quedás sin trabajo y a mí me llamás Señora Amparo y los tuteos no van más. Está claro?
   Y sí, está todo tan raro, que soy la Mucama explotada, de esta casa. ¿Pero y los palos de golf? Capaz que la Señora Amparo los olvidó en el Club y me mandó a buscarlos. Prefiero ser la dueña de casa…
   —Irene, no pienses que perdí la razón, ocurrió algo raro. Helena apareció con mi mejor ropa, enjoyada y los zapatos de tacos altos. ¿Sabés lo que me dijo?
   —Parece una pesadilla.
   —Sofía, Ud es tan lenta, que me voy sin comer y los chicos también. ¿Por qué no cocinó?, no lavó ropa, no planchó, no ordenó, no pasó la aspiradora: Sofía, si no mejora, out.
  Estas reversiones se produjeron en todos los countrys del país.
   Los chicos daban clase y los Maestros aprendían, entraba el chico a cargo de 2° grado: —De pie, Señores.
   Y los Señores y Señoras, contestaban: —Buenos Días, Maestro niño Alfredo.
   Eran exigentes los niños Maestros. No hacían los deberes, no sabían el abecedario, las cuatro operaciones básicas. Igual los chicos les ponían la nota que merecían, casi siempre 0 y los hacían pasar de grado, para no verles la cara al año siguiente.
   Casi todos los recolectores de basura, eran Gerentes de Banco y algunos, Presidentes del Banco Nación, Provincia y otros. En los negocios atendían los compradores y los Dueños, pagaban precios altísimos, por un calzón de nylon.
   Como era de esperar, todo terminó en sangre, las vacas comenzaron a tratar el tema de hacer reses humanas y ellas atendían las carnicerías, vendían manos, pies, vejigas, narices, bocas, músculos, estómagos y esófagos.
   Los humanos no sufrían cuando eran sacrificados, del asombro, se dejaban dar un palazo en la cabeza. Los toros pedían precios altísimos por medio kilo de tetas o un kilo de rodillas.
   La Clase Política, Senadores, Diputados, Jueces y demás chorros, pasaron a ser obreros aprendices. Capataces, Albañiles, Limpiavidrios y Obreros competentes fueron autoridades de la República.
   Las personas en situación de calle, se mudaron a Puerto Madero, palacios, pisos en altura donde podían ver el mar.
   Así se pasó a otra Era, la Sextuenaria.

jueves, 10 de enero de 2019

LADY MACBETH



   —¿Empresa de limpieza “María e Hijos”?... Es para dejar una casa en condiciones, la Inmobiliaria Rolón, le entrega las llaves mañana por la mañana, lunes 4.
   Fue un recurso de María, cordobesa y trabajadora, quedó sin laburo y sus hijos también. De allí salió la idea: “Empresa de Limpieza de Lunes a Sábado, las 24 horas, Edificios, Oficinas, Casas, Escuelas y Negocios”.
   A las 8 en punto, María, sus hijos y la chata con toda clase de productos, dispuestos en impecable orden.
   —Miren Señores que es una casa grande, con un sótano inmenso, tres terrazas, cuatro baños. Uds la ven. Yo los acompaño en mi auto, quiero que me den un presupuesto.
   La casa estaba rodeada de casuarinas, piñoneros, magnolias, acacias y fresnos. El terreno ocupaba una manzana. El tipo de la Inmobiliaria les abrió y ellos casi pierden pie.
   —Vea, Sr Rolón, este trabajo, si nos da cinco días, mis hijos más grandes pueden hacer un recorte en los árboles y el césped que está altísimo. Baja el nivel de esta hermosa casa. No solemos hacer jardín, pero este lugar lo amerita.
   Departieron entre todos, el trabajo era importante. Hicieron una lista de gastos, de insumos, mano de obra y tiempo de trabajo.
   —El presupuesto hace un total de 24.000 pesos, con jardín, el costo total es de 30.000 pesos.
   —Lo que me dan es una cifra alta, pero si el resultado es impecable, aceptamos, les damos mitad ahora y el resto…
   La flia no lo dejó terminar, fueron una sola voz. 
—Sr Rolón, el pago preferimos que sea al finalizar el trabajo.
   La casa estaba recién pintada y restaurada, pero se veía, que la limpieza de obra les quedó todita para ellos. La primera sorpresa fue la cocina, que parecía de tierra apisonada, decía María: —Mirá si una casona como esta, va a tener piso de tierra? Vamos chicas, acá hay que rasquetear, tengo buen pálpito.
   Fue así nomás, bajo los 10 cm de tierra, aparecieron unos baldosones de mármol blanco y negro. Le hicieron un proceso de encerado y máquinas de lustre. Quedó como un espejo.
   Almorzaban comidas frugales y dormían 6 horas por día. María, para levantarles el ánimo, decía: 
—Vamos a adelgazar, chicas y los chicos sacarán músculos.
   En el sótano, los hermanos más chicos y una de las chicas, encontraron manchas que no salían con nada, descubrieron unas cavas con olor extraño. Laurita, que era la más vivaz de las hermanas, preguntó en el vecindario, si ellos sabían algo de aquella casa. Todos contestaron calcado. En los setenta vivía una pareja joven que recibía gente joven, a través de los vidrios se apreciaba que estudiaban, discutían, a veces bajaban los tonos. A los dos años cayó un camión del Ejército, traían un grupo de personas jóvenes. Estuvieron una semana, había dos de la zona, que fueron invitados a participar en lo que ellos llamaban “tareas”. Cuando advino la Democracia, la casa quedó vacía. Algunos jóvenes que lograron zafar, bajaron al sótano y encontraron compañeros apilados, muertos, destruidos. Parecía una escena nazi. Por eso la casa no podían venderla. Las manchas eran de sangre, la inmobiliaria tenía la obligación de advertir su historia al comprador.
   —Algún gil sin escrúpulos la va a comprar.
   Otro acotó: —Las manchas de sangre nunca pudieron borrarlas.
   La Empresa de Limpieza dejó una nota: “Inmobiliaria Rolón: Nuestra empresa recuperó la memoria, gracias a la memoria de otros. La casa está abierta, las llaves en el sótano.”

miércoles, 9 de enero de 2019

TAN



   La conocí en la casa de artículos para librería, compro dos cuadernos y tres biromes por mes. Es un lugar largo y estrecho, no me dan ganas de ir hasta el fondo para elegir. Le especificaba que quería rayados.
   —Los que llevo siempre.
   Odio cuando los cuadernos tienen florcitas, antes era más cuidadosa. Los atardeceres se la ve tomando una birra con tipos distintos. Por eso la bauticé Birri.
   —¿Qué tal, cómo va, Birri?
   Y ella contesta: —Yo trato de pasar la vida lo mejor posible.
   Me pregunto cómo carajo hace, quiero la receta. La interrogo cuando me da el vuelto.
   —No hay recetas, a mí me hace volar, tomar birra, siempre con un tipo distinto, pero vos no sos mujer. Así que, no sé.
   Le miro esos ojos soñadores, entornados y olvido que siempre me cobra demás. Hoy la esperé enfrente, por el reflejo en el vidrio, la vi. Birri se dirigía a tomar una birra.
   Miro las mesas y está ella. Me detengo: —¿Y el tipo no vino?
   Tenía cara triste. —¿Sabés que ahora, les hago pagar mi consumición?, se corrió la bola y algunos ni me saludan. Si querés sentate.
    De repente pensé pagarle, pero no tenía un cobre. Acepté la sentada y pedí una birra, después vería.
   —Hace un mes me separé, todo mal, lo encontré justo cuando…disculpá, tuve un déjà vu, tenés cara de bueno vos.
   No supe qué decir, me salían frases hechas, tipo “ya vas a encontrar otro”, “todo pasa”, “no te tortures, vos lo perdiste, pero él te perdió a vos”. Esa última me gustó, no era tan remanida.
   Birri recitó hablando…—“Quisiera esta tarde divina de octubre, pasear por la orilla lejana…”, antes me lo sabía entero, el desgraciado me lo enseñó. Me gusta Alfonsina, tengo un libro de poesías que me parte.
   ¿Qué hago?, ¿le sigo el tren con Alfonsina?, mejor no.
   —No te gustaría conocer poesías de Juan Gelman?, mañana lo lee una mujer que dice bien, el lenguaje te va a resultar raro, es subliminal, se dirige al corazón, a mí me emociona. Murió y le pasaron mil. Te invito.
   Se hizo un silencio prolongado. —¿Sabés que es la primera vez que alguien me invita a otra cosa que no sea coger? Soy grosera, para abreviar. Acepto tu invitación, hoy pago yo porque cobré, me ofendo si no aceptás.
   Me salvó Birri, es tan oportuna.
   Tan…tan…

martes, 8 de enero de 2019

PRE VERTE



   —Ahora llueve fuerte, no me dan ganas de ir a comprar puchos.
   Ella miraba por la ventana, el agua ocupaba el espacio exterior. Pidieron dos cafés, ella revolvía con furia el azúcar que no puso. Él quiso decir algo, pero no le salió nada. Tenía un cubito de azúcar en la boca, lo lanzó en la taza de ella. Buena puntería. Trató al mozo como una lady, cuando pidió que cambiara su café. Luego comió una media luna, que sumergía en el café, que ya no tenía ni café. Les dieron permiso para fumar en el No Fumadores. Él se prendió del cigarrillo, como un búfalo en postura de comenzar la carrera.
   Lo de la lady fue toser y toser. El dueño del bar le acercó un jarabe que paralizaba la tos. La lluvia se puso finita hasta que el arcoíris dijo, ¡Basta!
   Ella se levantó sin hablar, sin decir. —Tantas veces le dije pelotudo, ¿Qué más?
   Él movía con la lengua el aparato multidental. Recordó su costo. Siguió con la vista a la mujer, que se perdía hasta desaparecer en la entrada del subte.
   —Yo no sé para qué todo, si al final nada.
   Tomó su piloto, el triste portafolio, la cartera de ella y el piloto.
   Llegaron casi juntos. Ella casi le dice gracias.
   Él casi le da un beso. Entran a la casa, parecen casi un matrimonio.

lunes, 7 de enero de 2019

TOSTADO PAREJO



   Canícula 15°. Sonreí y no pasé por alto los “Buenos Días”.
   Canícula 20°. Despierta mis sospechas de un aumento, acostumbrada a los aumentos que me impedirán ver el mar. Si la canícula sube a 39°, antes de iniciar cualquier trámite, me tiro de cabeza en la pileta, cago y meo en la rejilla. Busco lavandina, Mr músculo y Espadol en aerosol, con la manguera observo cómo se va todo a la calle, dejo abierto hasta que las deposiciones lleguen al declive de mi vecina que odio. Después uso la manguera, me doy una ducha con champú, cabeza y cuerpo.
   Por la ventana siento el olor a jaboncito, mis deposiciones ya van por la plaza. Casi ni me sequé, tengo un vestido propicio para este clima, el puro agujero. Subo al auto, lo pongo en marcha y prendo el aire acondicionado al máximo. Hasta siento alegría, que a mí nunca. Miro la cola para que me atiendan, llamo a un ex-trapito, le pido que me saque un número, le pago 200 pesos y el pibe chocho. Me salvo del olor a sucio que despide la gente, a pelo sin lavar, a caspa, a pata sucia. Los comprendo, los elementos de limpieza, están por las nubes.
   Estoy en el Café, frente al Banco, con aire acondicionado, viene el mozo a preguntar qué quiero tomar. Le contesto que lo estoy pensando. —Cuando elija lo llamo.
   El pibe me hace señas. No tomo nada, porque no tengo un mango. Igual hace tanto calor, que nadie se da cuenta. Agradezco al ex-trapito. Hecho mi trámite, salgo y lo invito al pibe a meternos en la fuente. Siento que el salto me llevó el corpiño, salgo en tetas, un auto de Policía me espera. Pregunto por qué, me contestan: “Alteración del orden”. Por suerte el Patrullero, tiene aire acondicionado.  

domingo, 6 de enero de 2019

GERMINACIÓN



   —Vengo a decir, Señora Chanchoti, la Maestra Pretlosk trata mal a los chicos, usa la violencia como método de aprendizaje, pasen y vean, Ud y su Secretaria. Es lamentable, pero encubre con esa sonrisa falsa que tiene. Aparezcan por sorpresa, así la perversa no está preparada.
   Fueron ambas, disfrazadas de Autoridad autoritaria. —Sra Pretlosk, ¿por qué levantó la mano a esa inocente criatura?, ¿por no saber cuánto es cuatro por cuatro?
   La Señora Pretlosk se asustó ante los testigos y negó su castigo de mano. —Yo les doy con el puntero, no arruinaré mis manos por estos niños que no quieren saber nada, con los números combinados elementales.
   Estas pirujas pretenden saber más que yo y lo peor, Domingo Fausto Sarmiento, es el Padre de mis métodos infalibles.
   —Mire, Señora Pretlosk, se ha hecho acreedora de su próxima renuncia. Los chicos siempre tienen razón, por ser ángeles nóveles. Los moretones se deben al uso de métodos obsoletos. Ud, tal vez, sin darse cuenta, entrena futuros delincuentes.
   Las voy a denunciar, a ella y su secuaz, tengo contactos.
   Padres y alumnos se reunieron y compararon las marcas que dejaba, la Sra Pretlosk, en el cuerpo de sus niños. Llamaron al 911 y reclamaron las pericias correspondientes. La Policía, que quiere mejorar su imagen, se hizo presente de inmediato.
   —Efectivamente, los daños fueron causados por la Señora Maestra, que presenta un nivel de psicopatía de un 100%.
   Los niños dejaron la Escuela y negaron el cambio a otras. De uno en uno, fueron al Instituto Pedagógico de Gonnet, donde se aprende jugando y se realiza un estudio psiquiátrico, anterior al nombramiento de cada Maestra.
   La Señora Pretlosk, luego de un juicio, fue declarada  culpable, con un castigo de cinco años de cárcel. La señora Chanchoti y su secuaz, Caminotti, recibieron el retiro efectivo, de por vida.
   Cuando los chicos terminaron su Escuela de paz, entraron en una sociedad agresiva, donde eran golpeados sin razón alguna. Sólo les quedó aprender a defenderse, tomando clases de Artes Marciales.
   La Derechización en todo el mundo, avasalló las Izquierdas nunca competentes. Los hombres de bien, trataban de encontrar una tercera posición. En estos momentos, todavía están en eso.

sábado, 5 de enero de 2019

PROPIO



   —No tiene corrector.
Onorato escribe muy bien, es meticuloso, revisa cuatro, cinco veces, si lo considera necesario.
   —La historia la cierro, que me guste a mí y al Abuelo, que publicó “Los tutores del sexo”, con seudónimo, sino las damas de aquel tiempo, lo compraban a escondidas y a él le quitaban el saludo. Fue un éxito, le siguió “Respete al meritorio”, éste resultó un fracaso, pero no le importó. Tenía éxito con el público femenino, que ni siquiera leyeron su primera publicación, lo invitaban porque era buen mozo, maniquí vivant. “Esta gente descendiente de buena estirpe”, decía, “comen tarde o no comen”. Éstos, no comían. El Abuelo, por frívolos, los alejó de su lado. Se llamaba Onorato, por el Bisabuelo, que era fanático de Honoré de Balzac.
   —Julieta, confieso que no me gusta publicar nada de lo que escribo. Te prefiero como lectora, a vos y a mi Abuelo. Son bichos, saben de qué trato lo que trato.
   No quería escuchar mi propuesta, se notaba. 
   —Onorato, la bestia de mi Editor, no tiene correctores y le están bajando las ventas por sus horrores gramaticales. Al viejo, contale cuanto querés, te agradecerá pagándote más. No sé si es puto. Se dará cuenta que sos un capo corrigiendo, también, modular ciertos textos que modifiquen su sintonía.
   Onorato se tomaba del mentón, a la frente, postura de pensar.
   —Bueno, Julieta, acepto tu oferta.
   El Editor lo recibió con bombos, sin platillos, le entregó ciento veinte libros para corregir. Le dio un mes de tiempo.
   —¡El viejo está loco, ciento veinte en un mes!
   Julieta decidió, por afecto y respeto: —Onorato, yo corrijo sesenta, no soy tan buena como vos, pero sí rápida. Yo no cobro nada más que me invites a tu casa en Orense.
   El viejo quedó conforme con las correcciones, pagó más que bien, mientras miraba a Onorato, como “puto no me atrevo”.
   Llegamos a Orense, la casa vacía y re-limpia.
   Su Sobrina fregona, había estado la semana anterior. Dormimos doce horas, las correcciones, joda, joda, nos dejaron extenuados. Fuimos a la playa y mirando el mar le pregunté: —¿Porqué la negación de publicar?
   —No sé muy bien, es como si preguntaras por qué no visito a mi viejo. No te rías. Cuando termino una historia, es mía. Y con las sucesivas, me ocurre igual. Sería como mostrar lo único que me pertenece, el diseño de mi vida, conmigo adentro.

viernes, 4 de enero de 2019

CHAMPAGNE



Truenos eléctricos partían la tierra, el protagónico era cielo embravecido de nubes confundidas, ejércitos de relámpagos. Un disco rayado que seguía, una nota brutal a otra mortal. Después la lluvia fuerte como miles de ríos, cauces perpendiculares a la tierra. Amo la lluvia en las tardes, sé que algunos odian que lo manifieste. El sol me recuerda la vida que no supe vivir, si tengo alegría, tirarme a la pileta, con calor afuera, permanecer en el fondo del agua, hasta no dar más, sacar la cabeza y respirar.
Fue este fin de año, los pirotécnicos no pudieron arrojar casi nada, factores económicos y agua, lo impidieron. Soy hábil para sufrir, me alegró la ausencia de cuetes, pero me dio tristeza tanto viento, tanta agua y el cielo indignado.
   La comida, pura lata, en cuencos, champagne, champagne, champagne, postre, champagne, champagne, champagne. No sé si estaba triste o contenta, más bien triste. Nunca olvido, me queda un año menos. Y me meto en el cajón de las píldoras, dos de éstas, tres de aquellas, media de no sé y largué todo. ¿Para qué tanto que no cura?
   Quiero diluir las sesiones, los Médicos especialistas, las prácticas nuevas, la Medicina en general. Los gastos que implican, ningún resultado próspero y dejar mi familia sin futuro económico. Champagne, champagne, cham…

jueves, 3 de enero de 2019

NORA INVIERNO



   Entró al negocio como un rayo, Quintina producía electricidad.   Ahora me llamo Nora Invierno, me inspiré en la naturaleza. Tengo otra identidad, sale dos mangos y los hacen los mismos tipos que hacen las verdaderas.
   Aparece Quintina y la abraza, de lejos, porque su ropa podría arrugarse. —Nora Invierno ¿Qué pasó con los libros? ¿Qué son esas porquerías metálicas además del kiosco? 
   No me gustó nada lo que dijo con respecto a mis objetos, con un desprecio que no le conocía. 
   —Mirá Quintina, acá vivimos como podemos, lo que no podemos. Está Iván, mi marido, que se encarga del kiosco.
   Quintina pensó que nunca pensó en los deseos o los proyectos de Nora y dejó que hablara.
   —¿Sabés qué hice con los libros? Los vendí por kilo, fue más redituable que entren tres gatos locos y se vayan sin comprar. Traté de olvidarme de mí, pero no pude, mi mí viene conmigo.
   —Nora cómo voy a despreciar tu emprendimiento, sos una reina verdadera, pero sacáte esos collares y pulseras que son horribles. Venía a proponerte un negocio ¿Te acordás que en una época, vendía aire en lata y la gente compraba? Charly, que es como mi marido, me dio la idea. La venta de Pitotangas, en un pack moñoso, con etiqueta de importación. Las viejas te lo compran de cabeza, se harán el bocho con el nombre.
   —Quintina, si para tener mejores ingresos tengo que vender Pitotangas, contá conmigo. Una intriga ¿Qué tienen adentro los packs de Pitotangas?
   Quintina la miró como quien se asombra de la ignorancia.
   —¡Por favor, Nora! ¿Qué van a tener? Pitotangas ¡Obvio! 

miércoles, 2 de enero de 2019

COMUNACHO MENTIROSO



   No alcanzó la guita que me dio el Editor, para la libertad vacacional. Necesito laburar, en pleno verano, para el avaro.
   —Buen día Señora, yo trabajo para el Señor Editor y quiero hablar con él.
   La mujer, muy alegre, me hizo pasar al escritorio.
   —Revise tranquila mija, él se fue de pesca y regresa…no sé cuándo.
   —Con su permiso.
   Vi sus carpetas desordenadas, la de arriba llevaba mi nombre, número de Ediciones y su mentira, no era una, como me dijo a mí el viejo hucha, mandó tres y se dio el lujo de traducirme al inglés. Se lo pagaron, los piratas de la Corona. Desconocí el Traductor, pero lo supuse ignorante como los fenicios. Sentí más degradación, cuando vi sus bibliotecas cargadas de libros míos, para vender a puerta cerrada.
   —Mire hija, me voy a dormir siesta, hoy me tocó limpieza general, Ud es persona de confianza, si se retira, eche llave y la tira por el receptor que dice Cartas, gracias, mire tranquila.
   Fue muy común, pero no tengo la culpa que la gente se repita a sí misma, será por eso que la vida, en definitiva, es aburrida. Detrás de su retrato, estilo Beethoven, había una cajita fuerte. ¡Con la combinación dibujada! Operé el número, se abrió la puertecita de inmediato y como un resorte asomó un cajón largo y angosto. Nunca robé, ni palabras fui capaz de robar, que me hubieran venido de perlas, como decía mi Profesora del Secundario: “Cara de Vaca”.
   Abrí mi mochila y metí todo el dinero que había, no me gusta ser deshonesta y le dejé una nota, “Sr Editor: llevé lo que correspondía por todos mis trabajos. No quiero que Ud, tan generoso, tenga problemas de conciencia.”

martes, 1 de enero de 2019

CHUIK - CHUIK – CHUIK



   Tan linda y rara. Una amiga de la Facultad de Piter. Durante la comida, la amiga, con voz de visón, de gatita miau miau y maquillaje infobae. 
—¿ Sabés que Piter es el primer profesor con onda, que tuve desde que empecé?
   Primero miré a Piter, luego la miré a ella. 
   —Piter, vos me dijiste. ¿Cómo era tu nombre?, dejá ya me acuerdo, Vane. Dijiste que era una amiga, no una alumna.
   Él casi se atraganta, como todo obvio mentiroso. —Bueno, amor, una amiga puede ser alumna, estoy todo el día en la Facultad, tengo alumnas amigas, Vane es la mejor, me alcanza cafecitos, prepara unos canapés a-lu-ci-nan-tes. Por eso la invité, para que la conozcas.
   Es grasa Piter, me dice “amor”, por no decirme puerta, mesa, llave, o cuchillo, que me gustaría ensartar en su mejilla. Lo único que falta es devolverla a su casa.
   Antes del postre, caché las llaves del auto, Piter estaba en el baño.
   —Hay una tormenta fea, Sra amor, hice el amor un día con su marido, fue sólo una vez, está todo olvidado, perdone, no sabíamos lo que hacíamos. Nunca sucedió más nada que nuestra amistad.
   —Te llevo yo, Vane, que no tomé nada. Vamos, vamos.
   La agarré de los hombros, con decisión agresiva, le crucé su carterita. Vivía por la loma del orto. 
La dejé a cuatro cuadras.
   —No me alcanza la nafta, Piter se olvida de todo, viste cómo es.
   Volví como suspiro de diablo, dejaron de existir los semáforos rojos y en cinco minutos estaba. 
  Él tirado en el sillón, con el control de sus videojuegos, poniendo el alma en esa nada.
   La mesa tal cual cuando me fui, la cocina un campamento de platos sucios y charolas engrasadas.
   —¡¡¡Piter!!! Te voy a partir esos videojuegos de oligofrénico, limpiá la mesa, juntá las copas, pasá la aspiradora que tu Vane, plagó de migas, una guarra, salpicó todo lo que pudo. La cocina dejala impecable, repasá y encerá el piso. Empezá ya, abusador, traidor, rata inmunda, cuando termines andá a dormir a la concha de tu madre, jamás vuelvas aquí.
   Por surte tengo el celular en el cuarto de servicio.
   —Hola conejito ¿ya te habías dormido?, sí, sí nos vemos temprano a las siete treinta. Del idiota no me preguntes nada, lo eché, mañana te cuento. Estoy deseando que lo hagamos acá, no sabés lo que es esta cama. Te quiero a vos, conejito y a tu enorme conejo.
   —¿Un beso de lengua, como adelanto? Bueno, no me digas más, faltan unas horas. Chuik chuik chuik.

lunes, 31 de diciembre de 2018

LABORATORIO



   El padre arquitecto, construyó un monoblock, en una zona de casas bajas, hubo movidas para no tapar las Sierras y romper la idea de paisaje quebrado por intereses espurios. Fue un fracaso el mamarracho. Sentó precedente para que otros se dieran permisos encubiertos, vaya a saber para quiénes. El adolescente escuchaba lo que de su padre se decía: psicópata, corrupto, con el agravante de su homosexualidad, ahora permitida y legal, en aquel tiempo encubierta y vergonzante.
   El adolescente hacía oídos sordos, pero necesitaba a su padre, tener algún tipo de complicidad. Una noche el viejo le hizo probar cocaína, al pendejo le encantó y resultó una comunión que se daba por vez primera.
   El resto del tiempo estaba solo, al borde de una depresión obvia y sin testigos, algún amigo que le preguntaba, si estaba triste. Sentía ausencia de refugio y cientos de cosas dolorosas, que ni él mismo sabía responderse. Lo mantenía el consumo de droga. Una chica que lo quería de lejos, le puso en el bolsillo un papel que decía: “Eso tomado por vos, como si tal, es la venganza del Inca, duerme en la hoja de coca y despierta en el laboratorio del blanco”.
   Se acercó a la chica y se hicieron amigos, él puso secretos en ella y ella lo escuchaba, tratando de bajar los decibeles de su angustia. Eran amigos, nunca pasaron a otro tipo de relación.
   Ese día despertó con náuseas de vacío, llamó a su padre a los lugares donde podía encontrarlo. Estaba en otra localidad, dijo no poder atenderlo, porque era una situación muy complicada.
   Él miró el techo transparente, miró la viga solitaria, enroscó una sábana. El padre llegó al mediodía, miró el techo transparente, miró la viga, miró el hijo pendiendo de una sábana blanca, enroscada en su cuello.

domingo, 30 de diciembre de 2018

DR, ¿POR QUÉ SE TOCA?



   Vivía con las manos en la bragueta, la mamá le decía: —¡Sacá las manos de ahí, no es normal, a los cinco años, estar todo el día con el pito agarrado.
   Onorato, se lo estiraba y lo medía todos los días, largo y circunferencia. Era casi despreciable su crecimiento. —Yo quiero ser como Papá, tener un pito marrón y grueso, rodeado de pelos. Mami, no sabés lo que es Papi desnudo! Algún día lo tenés que ver. No tiene desperdicio.
   Subió unas fotos del padre a Face, en distintas posturas que resaltaban sus atributos.
   Tuvo diez mil entradas. Pasaron ocho años y Onorato lucía un importante crecimiento, admirado por sus amigos telemáticos, que miraban sus autorretratos con envidia.
   Un día se le ocurrió poner su foto con la de su padre al lado. El hombre disminuyó la superficie de su trofeo. Onorato ya constituía un fenómeno y tenía doscientas mil entradas.
   Dejó la compu abierta y fue a correr con calzas que lo destacaban como si tuviera un push-ball.   El padre encontró las fotos, no le resultaron interesantes, hasta que se vio a sí mismo, primero favorecido y luego enroscado como una lombriz solitaria, con bombinhas tipo pasa de uva.
   —¡¡Onorato!! Inconsciente, no sabés que tengo un laburo importante. Se deben estar agarrando la panza, riéndose a carcajadas, nuestros amigos, la familia!! Sos lo que apareció en tu foto, un boludo.
   Le pegó un puntapié en el trasero, Onorato gritaba porque le dio justo ahí. —¡Pará Papá, mirá que con esto podemos hacer mucha guita y sólo ponés la cara. Y tus órganos sexuales, en pleno deterioro, explicando un poco, cómo los años producen retracciones insolubles.

sábado, 29 de diciembre de 2018

ACTIVISTA MAFIOSO



   Escuchaba, era imposible no hacerlo, porque el tipo hablaba a los gritos. Tendría unos setenta años, frente a una chica cuarentosa, que hacía magia con su helado, para que no se le viniera en banda. —Estuve en Méjico, no sabés qué playas, me quedé dos años para encontrar y copiar los diseños de la Empresa Johansen. Filmé todo lo que pude y en Colombia aceptaron realizar el trabajo de casa con puertas corredizas, ventanas corredizas y pisos corredizos. Tengo que ver todavía, cómo las personas con tanto espacio libre, no se van a ir a la mierda. Me fui a Niza y conocí una mina, viuda, sin hijos, quedé pegado tres años. La pobre quedó embarazada. Yo me borré. Tengo hijos repartidos por todo el mundo, suficiente. Como soy paranoico, huyendo de las casas de aire y de la mina embarazada, me tomé un avión a Islandia. ¿te estoy aburriendo?
   La chica, sin responder a la pregunta del grasa soberbio delincuente, le contó con voz de dirigente: —Yo, con la mitad de lo que vos invertiste, en tus viajes sin ética ni moral, construí cuatro manzanas para familias sin techo, hasta los muebles, copiados de libros de cuentos antiguos, para niños, realizados con materiales plásticos imitando madera, para no joder la Naturaleza. Replantamos donde el hombre había hecho fechorías. El helado que me sobró, queda riquísimo con tu café con leche, aquí lo tenés.
   Lo invirtió en el café doble del quía, fue divertido, el tipo quedó a lunares de café y helado. Se levantó torpe, las sillas quedaron en el piso. —¡Moza, traiga algo para limpiar este despropósito.
   El personal se encerró en la cocina. La conversa fue escuchada por todos. El tipo no veía nada, sus anteojos culo de botella, se los repisó la mina, que se fue.
   Tanteó la puerta, para salir, rompió un vidrio y cayó de espaldas, cuatro escalones. Le brotaba sangre violácea, la gente lo evitaba, como si fuera un sorete de perro.
   Grabé todo para la radio de nombre: “Radio” y sale esta noche, a las veinticuatro, junto con este cuento.

viernes, 28 de diciembre de 2018

AGUABLANDA



   Rosarito cayó tres veces en una cuadra, había encontrado formas para aterrizajes imprevistos. Llegaba a las baldosas con el brazo izquierdo extendido y la pierna izquierda flexionada. La derecha golpeaba la rodilla en la vereda, con la mano de ese lado lo primero que agarraba eran los anteojos. Llevaba su tiempo, pero todavía podía levantarse sola. La gente buena, comedida, la tomaban del torso y la ponían de pie como una muñeca vieja. Detrás venía el coro: “¿Se siente bien, señora?” “Aquí tiene la cartera.” “Le bajó la presión, tal vez.”
   Y ella respondía: —Muchas gracias, me pasa siempre, gracias.
   El marido va caminando a paso de tortuga y le pregunta: —¿Te pasó algo Rosarito?
   Cuando nació el primero, llegó tarde y preguntó: —¿Cómo, ya nació?
   Con el segundo recordó y él mismo la acompañó a la sala de partos, se desmayó enseguida, después preguntó: —¿Cómo, ya nació?
   Le propuso a Rosarito, no tener más hijos. Cuando los chicos crecieron, se fueron a los países más lejanos que encontraron. 
   Tomando mate debajo de la parra: —Rosarito, deberíamos haber tenido más hijos, alguno se quedaría, además vos los parirías sola, siempre te estaré agradecido.
   Ella quedó colgada de los primeros racimos. Las plantas no tienen partos ni sufren, crecen lo más lindas.
   —Rosarito, ¿qué pensás?
   Ella siguió mirando y contestó: —Nada, me gustaría nacer de nuevo, como las uvas, todos los años, pero que a vos te hubieran podado.

jueves, 27 de diciembre de 2018

PRINGUE



   Frío, calor, llueve, auto roto, remís te arranca el moño, estoy sola, debe ser lo mejor que hice en mi vida, atenderme  yo a mí misma y no tener un gandul al lado, como mi amiga Kitty. Se tiene que bancar una tortuga que la borra de su mira, le dice: —¿Querés vacaciones?, soy yo el que necesita descansar de tus demandas absurdas.
   Le dijo que ni lo pensaba.—Me voy al carajo.
   El carajo debo ser yo, que soy su amiga incondicional.
   —Vos, quédate con los chicos, acá tengo mi maleta prolija, limpia y con rueditas.
   Kitty se pone delante de la puerta y no lo deja salir. Él abre la ventana, salta él, luego rueda su maleta, apoya los labios en los vidrios para saludar a los chicos, que hacen lo mismo y le gritan:
   —¡Que te diviertas, Papi!
   Sube al remís y el avión de su trompa lo espera en un campo con pista de aterrizaje. Cancún los espera. El trompa tiene un piso que da al mar. De la cama a la arena, de la arena a nadar. Si se acerca alguna mina, él pregunta: —¿Vos querés que te acompañe?
   —Ni en pedo.
   Le digo que soy gay, así no me jode más.
   Aparece en casa, o sea en el carajo. Mi mejor amiga, Kitty, mira el techo, fuma y duerme. En el cuarto de huéspedes viven los chicos. Los llevo al colegio, les hago de comer. Kitty empezó a salir con el rotisero y yo me encargo del resto.
   Hay tanta humedad, la ropa no se seca, ya no estoy sola, debe ser lo peor que hice en mi vida, llueve, el auto roto. Voy a la Rotisería, casi cierra, compro chocolate. —¿Me llevás al centro en tu camioneta? Son cuatro cuadras.
   Kitty se quedó en casa. Hoy me toca a mí. —Y no te hagas el estrecho, me enteré por Cholo, cuando le dijiste que yo era una potra. ¿Vamos a potrear?

miércoles, 26 de diciembre de 2018

EL ABRAZO



   No me bañaba ni me cambiaba el camisón, para sintetizar, la higiene dejó de ser un hábito, dejó de ser. No tenía fuerzas y lloraba para no sufrir, si me detenía, me arrastraba por el piso, hasta llegar al jardín y mirar las plantas desde abajo. Un vecino y amigo, maravilloso, apareció caminando en cuatro patas y se acercó al sillón verde, donde estaba acostada, seguro fue Andrew, que habló con preocupación sobre mi estado. Gustavo, apoyado en cuatro patas, dijo —Mm…qué olor feíto que tenés hoy, ¿por qué no te das un buen baño y cambiás de camisón? Pensá en una ayuda, un buen psicólogo.
   Hice todo lo que me señaló y aparecí en su casa, a unos pasos de la mía. —Gus, ¿vos no me podés pedir turno con un buen profesional?, si es hombre, mejor.
   Al siguiente día me llevó mi Papá, a la sesión correspondiente. Flavio, con su pipa inseparable, un cuadro de Freud colgando a sus espaldas y dos cuadritos chicos, de los relojes blandos de Dalí, por primera vez me reí por dentro.
   Sus primeras palabras: —Patricia, ¿por qué mandaste a pedir un turno y no llamaste vos?
   Le dije que me daba vergüenza. Le hablé de mi depresión morbosa, era estacional, más grande que yo y me quitaba todo, hasta el placer de jugar con mi hijo de tres años y la libido ausente. 
—Decime qué hago, Flavio.
   Me habló directo, flecha. —Vos tenés treinta y ocho años, no sos ninguna nena, sos una mujer. ¿Y si te preguntás qué podrías hacer vos, por vos?
   Yo iba a seguir hablando, pero vino el clásico: 
—¿Lo dejamos acá?
   Fue mi psicólogo durante cinco años. Mi situación iba y venía. Un invierno de lluvia y frío, llegué antes, me metí en la cocina, donde departía con sus colegas. —Flavio, por favor me muero si no me atendés ya.
   Me hizo pasar, me senté en el borde del sillón. 
   —No puedo vivir, tengo miedo de suicidarme, en mi flia todos murieron en accidentes de autos o suicidados. Yo no soy ellos, entendés? Tengo adentro hecho trizas y estas lágrimas de mierda, que no paran, y los mocos, como mi vida, que es un montón de mocos y astillas, que fueron un todo y ahora no encuentro los pedazos para juntarlos y la soledad y la tristeza.
   Mi cabeza tocaba las rodillas y mi espalda era un signo de interrogación que dolía. Flavio se levantó, se sentó a mi lado y me abrazó redondo, como mi Abuela.
Me hamacó diciendo: —Bueno…bueno.
   Le dije yo, que lo dejábamos acá.
   —¿Te espera alguien?
   Estaban Andrew y Simón abajo. —Sí, no te preocupes, una vez me dijiste que había que saber andar entre las balas y es lo que estoy haciendo. Gracias.
   Me sostenía volver el miércoles, a las cinco de la tarde.  

martes, 25 de diciembre de 2018

BORDE



   —Qué suerte que me atendés.
   Para mí eso no es suerte. —Estás solita, como siempre. ¿Se puede saber que hacías? ¿Mirar películas?, leer libros deprimentes, llamar al delivery y comer pizza, pensando en lo que pasó, tonta, Meli, ya aparecerá alguno. ¿…Y…?
   Le hice hilo de muzzarela, del sillón a la boca, la puta pizza.
   —¡¡¡Sí!!!, mamita querida, acertaste, estoy haciendo todo eso, ¿estás contenta?, bueno yo también me quiero morir…no se te ocurra aparecer acá y si me seguís jodiendo por teléfono, lo tiro a la mierda, ¿te quedó?
   Lo que pasó lo pasa por alto, tiene miedo que la inculpe, no lo quiso nunca, por adoptado y por negro. Era hiperkinético y border, dijo la psi, puse cara de que la entendía, Marito estaba siempre al borde. Me lo dieron por sus problemas psíquicos. Soy soltera y quería uno, no me importaron sus problemitas, como decían las asistentes para minimizar las reacciones de Marito. Al principio me produjo tortícolis, porque daba vueltas, se escondía, me decía “puta, boluda”. —Marito no me digas así, porque son malas palabras.
   El chico recordó a su abuela. —Tu mamá, cuando no la atendés dice “Qué hija de puta”, “boluda” y me echa la culpa, no sé, parece que yo tengo la culpa.
   Me levanto de mal humor, lo tengo que llevar al Jardín, él se viste solito, se peina de adelante, piensa que tiene una sola faz. Con el auto en marcha lo llamo. —¡Vamos, Marito, se hace tarde! Mirá que me voy sola.
   Se me fue el auto, él estaba atrás, sufrió tanto que Dios se lo llevó enseguida.
   Ahora soy católica practicante, necesité y creo. No tengo amigos, ni nada que se le parezca, tampoco tengo ganas de hablar. Tengo Madre, es peor que nadie.

lunes, 24 de diciembre de 2018

XENOFOBIA IRRACIONAL



   Expatriados de Rulanda, negros violáceos, altos, dignos, Padre, Madre y dos Hijas. Trajeron ropa de lino, es lo que pudieron. Tenían la propiedad de no portar ni una arruga. Un conjunto por persona. El Padre llevaba un sombrero panamá y un bastón con remate de plata.
   Tomaba todas las mañanas un café doble, en la parte soleada de la cafetería, el resto de los parroquianos ocupaba un sector techado, con la mirada siempre dirigida al señor del sombrero, que con educación, lo semilevantaba como saludo cotidiano. Con parsimonia regresaba a su casa, que tan lejos de las primeras sierras quedaba, salía un humo de su cuerpo con gusto a rico. En el último trecho, ya tenía los dedos asados. La más chica de sus hijas, corría a saludarlo. —Père, ¿trajiste algo para comer?, estamos con tanto hambre que nuestros estómagos han comenzado a comerse a sí mismos, te siento rico olor, como en la casa de los blancos, ¿me das un pedacito?
   El negro casi no sentía sus dedos. —Aquí tiene, mi chiquita.
   Y se partió el dedo meñique, la niña lo deglutió en segundos.
   —¡Qué rico, Papi! ¿No tendrás otro?
   El Padre se corrió bajo un árbol. —Sí, mirá acá tengo uno bien cocido, pero es para tu hermana, hay que saber compartir.
   Su mujer le pidió su nariz, él contestó que no tendría dolor, estaba casi quemada, como le gustaba a ella. Le echó una lágrima y su mujer la tomó en sus manos, masticando con fruición. Se vendó las manos y la cara, empezando el rito del café doble. Con su traje y su sombrero, disimulaba el estropicio. Se sentó en una mesa de fuera, mientras el resto de los parroquianos evitaban mirarlo. Sentado en silla de lata, salía humo de sus nalgas, cuando dejó de sentirlas, no esperó ni a pedir su café. Salió con paso largo, llegó a su casa y le sorprendió la mesa tendida para cuatro personas. La Madre pidió permiso y cortó los glúteos como bifes. Él se reía y su autoestima lo recuperó como Padre proveedor. Le sirvieron un bifecito a él que lo merecía. Comieron a mandíbula batiente con ensalada de yuyos.
   La Madre pensó que no era justo y pasaba la mañana subiendo la sierra más alta, donde se munía de macachines para acompañar su espalda asada, que hacía tiempo, dejó de sentir.
   Esta vez el marido comió de pie, en la mesada de la cocina, vio cuán buena y útil era su mujer. Una noche, marido y mujer, decidieron asarse por completo. Las chicas tuvieron un banquete, hasta con achuras, riñón, hígado, mollejas, intestinos gordos y delgados.
   Ahora le tocaba el turno a la más grande. Dedicaba sus siestas hasta llegar a la catarata, donde se refrescaba, al atardecer volvía con rajas de carne, punto medio.
   Su Hermanita, era servida en una mesa enana, egoísta como casi todos los niños, comía las rajas punto medio, no sentía culpa. De su Hermana no quedaba casi nada. La querubina fue la última, comió tanto de sí misma, que explotó.
   Un poblador vecino, dijo que era una lástima que no hubieran decidido volver a Rulanda. El Intendente del pueblo, ordenó un sepelio múltiple, le explicaron que no quedaba nada. El sacerdote, dio una misa en francés, para cuatro. Dudaba si era pecado moral.

domingo, 23 de diciembre de 2018

REVERSA



   Darío nunca tuvo noticias de tener Madre, o Padre. Vivía en una Casa de Contención, hasta que una Señora, sin hijos, decidió adoptarlo. Le contaba cuentos, hacía comidas que educaron su paladar y a su pedido, le construyó una casita en un árbol. Dos leñadores, siguieron los diseños del niño. Fue ateniéndose a la ecología, usando maderos extinguidos por tormentas y restos de talas brutales. Realizaron un ascensor, con roldanas sustraídas en astilleros abandonados y sogas, conservadas en recipientes, que impidieron desgaste alguno. No era un árbol menudo, se trataba de una sequoia, de dimensiones imponentes.
   Darío se inspiró en arquitecturas medievales campesinas. A su Madre le preocupaba cómo el niño, dedicaba todo su tiempo a la casa. Cuando cumplió diez años, él tenía conocimientos que asombraban a los que trabajaban junto a él.
   Se negó a concurrir a colegios o profesores particulares.
   —Madre, no llore, yo crezco solo, mis Maestros son, la Naturaleza, el Mundo, el trato con gente humilde, de corazón. Me voy a recibir de Ser Humano, ése es mi objetivo.
…………………………………………
   —¿Sabés que no me importa un carajo quiénes son tus Padres? Las Casas de Contención no existen, acá no hay guita para Casas de Contención. Te criaste en la calle. Ninguna vieja te adoptaría, porque sos negro, fiero y tenés olor a osamenta. No sé a quién se le puede ocurrir, hacer una casa en la única sequoia que vive en Canadá y le pasan autos por el medio, flor de puta la sequoia. Darío, me parece que sos medio putito, como todos los arquitectos, ¿una casa en un árbol? Mataste árboles, asesino de mierda. Sos mitómano, cabeza. Lo de las roldanas y la soga, el único astillero que conozco es “El Astillero”, de Onetti, un grande que vivía en la cama, porque se enfermó. Fumaba chimenea y tomaba whisky, todas sus sábanas tenían quemaduras. Además a mí, ¿qué coño me importa tu estúpida casa medieval, campesina? ¿en qué cabeza cabe?, inventaste mal. Darío, sos un personaje que no existe, como la vieja que te recogió, de eso no me cabe duda, seguro que te recogió. Esperan a ser viejas bagallos, para trincarse un pendejo. Decías que te gusta la gente humilde, porque tienen corazón, mitómano analfasocial, la gente humilde no le gusta a nadie, sobre todo porque son humildes y el corazón hace rato que se lo pisotearon. ¿De qué Naturaleza hablás? Si para vos sirve sólo para jugar fulbo y pelar el pasto, o la usás para cagar y mear  si no tenés una letrina a mano. Te odio, Darío, quise escribir un cuento, lo necesito para esta noche y esa aparición blandengue de tu persona mentida, me dieron ganas de escupir tu cara. Sos una bestia que me cortó internet. Por eso ¿sabés lo que voy a hacer? ¿ves esta birome, boludo?, te la meto hasta el fondo del ojo derecho, porque el izquierdo es de vidrio. ¿Después sabés lo que voy a fumar?, un porro más grande que tu pija, no ese paco inmundo que fumás vos, para ponerte más tarado de lo que sos.

sábado, 22 de diciembre de 2018

SUMMER



   Me pidió que siga en el verano, un artículo para el Diario diario y un cuadernillo, que si se vendía bien, lo transformaba en libro.
   —Me parece un abuso, Sr Editor.
   Se puso verde. —Por favor, no me denuncie, ahora está de moda.
   El viejo está confusionista. —Sr Editor, me refiero al exceso de trabajo, no tema.
   Puso en mis manos los temas a desarrollar. 
   —¡Ah, no! Encima debo obedecer su mandato.
   En verano me gusta nadar, tomar sol, llamar a mi vecino que como no tiene pileta, viene a la mía. Le alcanzo el bronceador chino y le pido, que por favor, me lo pase por todo el cuerpo. Tiene manos tímidas, pero boca abajo, abro el corpiño y lo toma el entusiasmo, sin perder suavidad. —¿Vos te ponés así para emparejar? Ya que estoy te paso por los elásticos de la bikini, tengo suerte, es con hilo dental. Tenés glúteos firmes, no tiembles, ya está. Ahora se usa broncear las lolas, si te das vuelta, así, así, suavecito, me gustan, no son compradas.
   Sé que se calienta, yo también estoy recaliente. —¿Si nos tiramos bajo los fresnos, nos enfriamos, tengo un coy de dos plazas.
   A ésta la ensarto, me mira con ganas.
   Recorrimos el jardín y la casa, lo hicimos en la mesa de la cocina, como en las películas, de pie, en el bidet, en mi cama, es más tradicional, me aburre, en la casilla del perro, que tirado a nuestros pies nos miraba con ojos de: ¿Qué carajo hacen? ¿Querrán que yo participe? Cuando la idea de la zoofilia se nos pasó, el vecino quiso que le entregara el…como despedida. —Dejá que lo piense, mañana te contesto.
   Y este viejo de mierda quiere que le escriba artículos playeros, es pijotero el Editor, esto que pasó, se lo mando como trabajo, le va a encantar.
   Seguro que después de leerlo, se pone a mirar pornos. Chancho.