viernes, 16 de septiembre de 2022

¿INSENSATO? MMM...

 

   Todos me dicen la diferencia de edad:

   —Mirá que entre vos y ella hay muchos años en el medio.

   Si es por el tiempo, me parece totalmente en vano, el que inventó las horas, los días, los meses, los años, junto con el obsesivo del reloj, tajeando la vida con dos agujas. Es multimaravilloso vivir despacio, que los ojos se llenen de verdes, amarillos, azules, que el banco de madera tenga un ángulo faltante y debería arreglarlo. Debería no quiere decir que deba.

   ¿Es casi una adolescente? ¿Una joven? ¿Una vieja operada?¡Qué me importa! Si podemos hablar el mundo con ella. Su figura frágil, los ojos tristes y el pelo fucsia. Todos me dicen:

   —Parece tu hija, che.

   Ojalá hubiera tenido una hija así. La mía carece de existencia para mí y es mutuo.

   El más preocupado era Eugenio. Nunca encontraba el espacio para contarle, éramos amigos, no quería dañarlo.

   —Eu, me voy a casar con ella.

   Él fruncía la cara completa.

   —Vos sabrás cómo proceder, es triste para la joven, aunque seas   un payaso divertido.

   Yo le digo, es ahora o nunca dejará de ser una traición.

   —Mañana nos casamos y quiero que seas el padrino, ella está sufriendo en casa, hecha un rollo, te tiene miedo.

   Volvió a fruncir la cara:

   —¿Quién es la chica? Quiero saber su nombre al menos.

   —No necesitás saber su nombre, la chica… qué se yo… no sé explicar… la conocés… La chica es tu hija.

jueves, 15 de septiembre de 2022

¿A DÓNDE VA?

 

   —Estamos más cerca del arpa que de la guitarra y sabés que toda la vida toqué el arpa. Ahora dejé, con todo lo que voy a tocar en el cielo. Si Dios es piadoso y me perdona.

   El Viejo daba pena, le regalé mi guitarra de concierto, no la usaba y él quedó tan agradecido que me regaló el arpa.

   —Necesito alguien con experiencia, buen oído, buena digitación, si vos decís que el Viejo toca bien, mandálo.

   Tenía miedo el Viejo, era modesto como todos los genios. Se hizo el grupo, sus cuerdas armonizaban cualquier desperfecto. Hicieron recitales, grabaron cuatro discos, batieron record de ventas. Les entregaron el Grammy, dos veces consecutivas. Me irritaba ver el arpa en el ángulo oscuro del living. El Viejo quería hablar algo conmigo:

   —Te vengo a cambiar el arpa por tu guitarra. No tendré problemas de dinero, hasta que la parca me señale.

   Llevó su arpa y tocaba en iglesias, casamientos, discursos políticos, colegios, subterráneos, almuerzos empresariales. Dormía en la Terminal de micros.   En el banco donde dormía murió abrazando el arpa. Una sola cuerda replicó en el recinto, cuando se perdió pregunté igual que una arpista antes de ser cubierta de escombros “¿Dónde va la música cuando ya no suena más?”

   Fui a buscar la guitarra para seguir la música junto a él, que parecía dormir. Busqué, pregunté, describí a él y su arpa. Nadie sabía. No les creí, me senté en el mismo banco y su luz guiaba mis cuerdas y la música volaba por los pasillos, se metía en todos los micros, allí me quedé. A veces hacíamos duetos. Sus acordes ordenaban los míos.

   Pasó la Parca y nos llevó a los dos. Cuando Dios observó que no teníamos los instrumentos, llamó a la Parca:

   —Hace Siglos, de Siglos, que trabajás acá, por ser tan inoperante, bajá y traé los instrumentos. ¿No se te cruzó por la hoz?

   ¡Qué lindo que es tocar recostado en una nube! Y tener a tu mejor amigo en la nube de al lado.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

FACTOR AG

 

   Si en un sillón circular se está arreglando el mundo, siempre hay uno que se tira un pedo, sin querer, se le cayó, lo hizo a propósito, no asume su culpabilidad. Entonces todos dudarán de todos, menos él, que fue un hipócrita, corriendo a abrir las ventanas. Cuando vuelve restriega sus manos.

   —Lindo tomar algo de fresco, además de los jueves, nos podríamos ver acá, otros días.

   Nos miramos con más confianza, de pronto nos trajo el recuerdo que alguno se desgració, con cara de yo no fui, fue él, o aquel, o todos.

   Algún pedo tenemos todos en nuestro haber pasado, en el presente nadie puede contener a nadie, así es de ingrata la vejez, se escapa todo, los recuerdos inclusive.

   —Vos te quedaste con mis Hauser I, II, y III. Hace veinte años, devolvelos, ya es tiempo.

   El tipo permanece impertérrito, es sordo. Me olvidé, a él no le gusta usar el aparato, de coqueto nomás.

   La casa de las reuniones es la del sillón circular. Anoche, el dueño, hizo una carbonada patriótica. Cuando llegamos, nos puso una banderita a todos. Después nos obligó a jugar al gran bonete. Entró un pájaro, nos recorrió y se posó en su hombro.

   —Viene todas las noches, me caga todo, pero como estoy al pedo, no es ninguna molestia. Terminamos la carbonada, se pueden ir, vamos, vamos, vayan.

   Quería que nos fuéramos, se avecinaba un pedo que requería la libertad de la soledad.

   La estridencia se escuchó desde la ruta.

martes, 13 de septiembre de 2022

AMURADA

 

   Hay quienes conviven con la alegría y otros con la tristeza. Inés era adicta a la alegría, los brotes amorosos que le crecieron con Ramón eran bellos, hasta que se transformaron en enredaderas. Quedó sin aire y pidió a Ramón que se fuera. Él, con la humildad del que perdona, se alejó encorvado dejando brotes secos que Inés miró con tristeza.

   Sucedió igual con Martín, Tomás, Augusto, Pepe y Rolando. Todos fueron sus amados, hasta que mutaban enredaderas que volvían a dejarla sin aire. Caminaba plazas y calles con el corazón latiendo, como los jóvenes que buscan alguien. Apareció de frente, casi en un tropiezo sin disculpa. Se reconocieron de inmediato, aunque jamás se habían visto. Muy a su pesar, Inés se brotó con Juan ni bien se sentaron en el banco. Él se dio cuenta y pidió permiso para quitarle los cotiledones que tenía en los brazos y en las mejillas. Inés ayudó por temor a la futura enredadera. Juan hizo un ramo de flores robadas, como son los verdaderos regalos de flores y preparó milanesas, bien escurridas, que Inés devoró con pasión sibarita. Nunca concertaban los encuentros, se producían a diario y ninguno de los dos se atrevía a poner en palabras aquellos milagros.

   Inés, plena de alegría, dejó de reparar en los detalles del mundo. Se miraba el cuerpo, sin asomo de brotes y besaba a Juan como a un dios nuevo. Y así fue como él se brotó todo, hasta quedar cubierto de enredadera. No entendía Juan, hasta que le faltó el aire.

   Cuando la vio llegar casi se ahoga, pero como la quería más que a nada sobre la tierra, le dio un beso tan largo y tan profundo que se juntaron personas de todas las edades a mirar aquella expresión de amor que había dejado de existir hacía bastante. Cuando Inés llegó al éxtasis más alto al que pueda acceder un ser humano, Juan cayó en la vereda y flores multicolores nacieron de aquel montón de enredadera.

   Murió Juan, murió de Inés. Ella perdió la razón, vive pegada a las paredes que encuentra, todos olvidaron su nombre, ahora la llaman enamorada del muro.

lunes, 12 de septiembre de 2022

¿UN ESPEJO SÓLO?

 

   Ella dice, que frente al hombre que se le impone, dirige sus ojos a los ojos de él. Fuerte, lo mira, hondo, para que el tipo sienta que ella es alguien más que cualquier otra. Yo la miro, no veo esos ojos profundos que dice tener. Son oscuros, tienen brillos, pero les falta cosmogonía. Conocí ojos, de pupilas negras, donde caí como Alicia, en tirabuzón y sin garantía de retorno. En el país de las maravillas hubo miradas que me llevaron a lugares desconocidos, abrieron puertas y ventanas. Salieron soles, corrieron nubes, para ellos y para mí. Vi llover con arco iris levantando el telón de todos los colores.

   Tenía endorfinas, adrenalina, neuronas perfectas, la demencia sin excesos. Los ojos de los demás me importaban porque tenían fortaleza, generosidad y sentimientos piadosos. Algo se dividió, se fragmentó, hasta extravió la memoria y junto con todo, la mirada.

   Ahora hay ojos perdidos en cualquier persona. Terminan ahí, justo en la forma, no tienen adentro ni fondo, ni dicen, ni quieren. Pobres las miradas de hoy, tanto deterioro por ambiciones ciegas. Recién levanté la vista de mi cuaderno y encontré unos ojos que miraban genuino.

   Me quise por primera vez, gracias al espejo que tengo enfrente. Tienen que existir otros, que no sean tan tristes y añosos.

domingo, 11 de septiembre de 2022

SIGUIÓ LLOVIENDO

 

   Era el casco viejo de “La Estrella”, fue mi primer estadía de siete días. La lluvia constante y copiosa no paraba los relinchos agónicos del caballo. Todos estábamos en la casa. Mi viejo caminaba de una punta a la otra. Tenía una radio a pilas, donde Radio Colonia colonizaba el espacio auditivo.

   Mi madre tejía y puteaba, porque no le alcanzaría la lana. Me envolví en una manta de conejo, tapaba mis oídos con almohadones y leía “Viaje de un largo día hacia la noche”, una lectura acerca de episodios más grandes que la agonía del caballo. Pasaron más de treinta horas y el Veterinario no aparecía, con tanta lluvia, estaba cantado que no vendría.

   Cuanto más me adentraba en la lectura y lo demás se diluía, una mano familiar tomó mi libro y lo desapareció.

   —Leé Historia, así aumentás la posibilidad de aprobar ¿Trajiste los libros?, los abandonaste. Los libros muerden, es tu consigna. Eugene O’Neil no es para vos, ya vas a tener tiempo.

   Cerró los postigones para no ver la lluvia, para no escuchar al caballo, ni a mi madre, ni a la radio.

   —Hacé algo Jorge, no podés ser tan cagón…

   Mi viejo decía que sí, que ya, antes tenía que rezar. Sólo Dios lo ayudaría a tomar la decisión. No sé por qué Mamá le dijo cagón y él no se defendió. Tomó mucho vino, jamás tomaba vino. Me dormí rápido, como cuando una es muy joven. Soñé que se divorciaban y yo me alegré. A las seis de la mañana se escucharon dos disparos. Hablaban usando tonos bajos, silencios largos. Entreabrí mi postigón, los dos hacían un pozo, no pude dejar de mirar, mis piernas no me daban, pero quería saber. Había una mancha marrón. Vi a mis padres abrazados. Recuerdo el rifle, despareciendo en la tierra junto con el caballo.

   Paró la lluvia, Mamá cebaba mates y vi a mi padre llorar, por primera vez. Corrí a buscar mi manta de conejo, le envolví el dolor con la manta que fue de su madre.

   Cuando volvimos al pueblo, comprendí que el dolor no se envuelve con trapos…

sábado, 10 de septiembre de 2022

EN CASA

 

   Como no podían salir, jugaron a sincerarse. Él confesó que antes la engañaba con cualquiera.

   —¿Vos sabés que yo antes hacía lo mismo?, pero no con cualquiera, con los Maridos de mis amigas, eran los que tenía más a mano, ahí comprendí, por qué estaban de acuerdo. Se quitaban los Maridos de encima. Yo les hacía el favor y me acosté con todos. Eran diez. Decidieron separarse de sus Mujeres, para casarse conmigo, yo les dije que sí a todos. Entonces te inventé que llevaba un contingente de turistas, por un tiempo. Vos seguías leyendo, mientras yo me bajaba cada salame al sótano, no cabíamos, éramos muchos. Les empecé a cobrar, ninguno quiso pagar. Los largué o se largaron. En casa no vivieron más, por fin logré descansar.

   —Te tengo que decir algo, todo lo que te conté, es mentira, vos te lo creíste. ¡Ja!

   —Yo también te inventé todo. Es para condimentar este tiempo de la pandemia. Un matrimonio con aburrimiento, se nutre de inventar historias o de cagarse a trompadas.

   —A mí me dieron ganas de varias cosas, cortarte la cabeza, tirarte por la ventana, me brotó el instinto asesino y te empiezo a correr hasta que te alcance y te sugiero que para despedir esta historia, nos acostemos.

   —¡Qué disparate! ¡Qué ascoo!!

viernes, 9 de septiembre de 2022

PROHIBIDO PROHIBIR

 

   Juntaba hongos todas las mañanas, conocía distintas formas, tamaños y diferenciaba los venenosos de los inocuos. Era una Abuela rodeada de un bosque de piñoneros intrincados. Los nietos comían diferentes alimentos con alguna variedad de hongos. La mayoría prefería los de sombrerito y tallo gordo. Reprochaban a la Abuela que nunca encontraba los de sombrerito rojo con lunares blancos. Había sido muy bella de joven y su marido era fanático de cualquier verdura o carne, con hongos. Él mismo, también juntaba cuando volvía de su trabajo de leñador, la Abuela los doraba en manteca y los agregaba a las comidas. Un día él apareció muerto.

   La Abuela llamó al Médico de campo, que diagnosticó envenenamiento por ingesta de hongos venenosos, otra explicación no había. La Abuela llamó a la Policía, para deslindar responsabilidades por el deceso de su Marido. La base de aquel matrimonio era el amor mutuo. Los policías se ocuparon del sepelio, sus hijos no podían creer lo que le pasó al Padre.

   A los nietos se lo fueron contando a medida que crecían, en especial, para que no comieran hongos encontrados por cuenta propia. Los niños sienten curiosidad cuando lo prohibido aparece. Jugando en las hamacas encontraron hongos con sombreros rojos y lunaritos blancos. Juntaron unos cuantos e hicieron una comida especial para la Abuela, querían sorprenderla, agregaron copitos de azúcar y yogurth casero. Le llevaron el desayuno a la cama, la Abuela emocionada comió con fruición todo el tazón. Fue algo imprevisto, los hongos aquellos eran venenosos. La Abuela murió.

   Ninguno de los nietos dijo que ellos juntaron los hongos. Ni cuando fueron grandes tocaban el tema.

jueves, 8 de septiembre de 2022

AURIGA, FUSTIGUE

 

   Hacía mi caminata medicinal. Me morí de frío, salí escasa de ropa. Llegó el invierno sin avisar. No podía correr para quitarme el frío, no era medicinal.

   —Tenés unos problemitas en el corazón, hay turno para tu cirugía recién dentro de cuatro meses. Habrá que cuidar tu dieta, tomar oxígeno… Lo vamos a hacer y saldremos invictos.

   —No sé por qué habla en plural, si a la que van a operar es a mi sola ¿O a Ud lo operan de lo mismo? Dr, esto no es un partido de fútbol, lo de “invicto” me sonó a deporte. Tiene que mantenerme viva ¡Ja! Desde que nací estoy enferma y sigo igual. ¿Para qué hacer gastar a mi flia, tanto dinero, si no hay garantía de nada?

   Por un lado, quiero vivir y por otro, quiero morir. Hablo mucho con Dios, él no contesta, pero yo le hablo igual.

   —Dios, no sé por qué lo trato de Ud, tantos años juntos deberíamos tutearnos. Yo no estoy segura si existís, si laburás o te tirás a chanta. Es tan privada tu vida, que nadie sabe nada. Quería agradecerte mi notable mejoría. Al Dr le dije que me salvé gracias a vos. La bronca y la envidia, lo partía, en especial cuando le arrojé las pastillas inútiles en su cara.

   Sucedió algo extraño, el Dr hacía las caminatas conmigo. Salíamos aunque lloviera. Dejé de charlar con Dios, justo cuando el Dr me regaló el mejor medicamento, un beso en la boca y alguna promesa sin pastillas.

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Y SI SIGUE ASÍ, CHAU

 

   El mundo, antes de razonar como adulto, me resultó un lugar inapropiado. Mis padres me prohibieron la palabra Perón, la peor de todas, como Eva, malas palabras. En el Jardín tuve mi primera confusión. La maestra de la Sala Azul pidió que levantaran la mano, quienes querían a Perón y Evita. La única que no lo hizo fui yo. La Señorita me preguntó el porqué, le dije que Pa y Ma me prohibían decir malas palabras y menos quererlas. A Mamá la dejaron cesante. Cuando llegué a casa me dio un coscorrón, mientras me preguntaba si yo era idiota. Pero si ella me había dicho, ¿cómo era? ¿No es que lo que los padres dicen se obedece? En la foto que tengo veo mi cara de no entender, los otros niños están sonrientes y yo con seriedad constipada.

   Mi padre trabajaba en Asesoría de Gobierno, un cargo menor que le permitió terminar su carrera. Un día me llevó para mostrar a sus compañeros qué linda hija tenía. Me preguntaban cosas y como charleta metiche realicé un largo monólogo donde les rogué que no me preguntaran si quería a las malas palabras. Todos quedaron en ascuas, menos el Jefe de mi padre, que me sentó en su falda y me pidió que le dijera en el oído de cuáles palabras se trataba. No hablé pero le señalé su escudito en la solapa y formulé que esos dos eran malas palabras, las peores, según mis papis. Dejaron cesante a mi Padre, que no me pegó, pero tardó una semana en dirigirme la palabra. Mamá hablaba por él, pero pegando empujones, cada vez que me encontraba.

   El castigo fue vivir con mi abuela durante un año, hasta que la mala palabra cayó. En ese pueblo polvoriento, me divertí tanto, que el mundo no me pareció tan inapropiado. Papá me perdonó con un exabrupto de regalos. Mamá no, ella nunca supo perdonar a nadie que no fuera de origen animal.

   Crecí en el agobio de las contradicciones. Fui chica para hacer cosas divertidas y grande para la terribilidad de secar los platos y lavar mis calzones. La juventud a través de ligeros compromisos político-ideológicos desarrollaron la frase consabida: “Casi toda injusticia era dada por las contradicciones del sistema.”

   Seguí imprudente, una noche de dictadura militar, observé desde un auto, unas diez personas con ametralladoras y de civil, formando pasillo en una casa particular. Por el medio arrastraban de los pelos, a puntapiés, a un grupo de chicos de mi edad. Fui a la comisaría más cercana y relaté el episodio rogando que fueran de inmediato, el episodio era cerca. Me pidieron documentos y me llevaron a una celda. Pasé unas tres horas, hasta que tres tipos me arrancaron del jaulón y me abandonaron en una plaza desconocida. Había uno bueno, que les decía a los otros que yo era tonta. Pensaba igual que Mami.

   Fui expulsada de mi grupo anarquista. El mundo no me parecía: era un lugar inhóspito. Y que tenga noticias, lo sigue siendo.

   Cuando fui grande, terminé viviendo en un pueblucho de apariencia inofensivo. Las apariencias son aliadas de lo inhóspito. En plena democracia, habiendo vivido en las ciudades más sanguinarias de este país, sin sufrir ni un rasguño. Vecinos inmediatos, llaman a la policía dos o tres veces por año, presentando quejas de mi conducta inapropiada: gritar por la tala de árboles, protestar por el avance de la construcción sobre las Sierras o dejar gotitas, cuando riego, en el piso encerado del porchecito de mi vecina. ¿Y? ¿Es inapropiado o no?

martes, 6 de septiembre de 2022

EL SECRETER

 

   He leído los cuadernos de Cesárea. Revolviendo su pieza, el olor a humedad invadía las paredes, la mesa de luz, la cama y el ropero. Había una única ventana y entró la luz del sur con una brisa fría, afuera tanta neblina, que tapaba los árboles, la bomba y dos perros viejos y flacos, haciendo un caracol abrazado para darse calor. Un musgo rasante, crecía como enredadera, sobre todos los muebles.

   Sentía sus pasos subiendo las escaleras, con esa dificultad que hacía doler, porque sólo yo sabía el sufrimiento de Cesárea, cada vez que se le partía un hueso. Y murió así, usando una escalera muy alta, para limpiar una telaraña que llegaba al suelo.

   En vida la visitaba seguido, le llevaba placebos para el dolor de sus piernas, le cambiaba las vendas y la pobre apenas recordaba mi nombre. Me llamaba con el nombre de mi Madre. Mucho más chica que Cesárea, se llevaban veinte años o más, mi Abuelo se acordaba de anotarlas un año más tarde o cinco. En el medio del campo, no importaba.

   Dentro de su ropero, había un secreter, con una cerradura y ninguna llave, fui hasta la cocina y tomé un cuchillo de la mesada, me sentí en falta cuando lo hacía, pero le arranqué la cerradura entera. Encontré varias pilas de cartas atadas con nudos y flores de espliego. En ese lugar no había humedad, sólo a las florcitas retorcidas hacía tiempo. Cesárea mantenía relaciones epistolares que escribía con plumas y tinta violeta.

   El nombre del remitente era Felipe Oviedo y la dirección, el domicilio de su prima, la menor, cínica e histriónica. Con mi Madre no se hablaban desde chicas. La primer carta que leí decía: “Querida Cesárea, cuando nazca nuestra hija, la llamaremos María, que es el nombre de la pureza. Estaré contigo lo más que pueda y los gastos correrán de mi parte. A mi mujer, nunca le diré nada, es capaz de atravesar nuestra hija con una sevillana oxidada. No sabés cómo te amo y privarme de vos, me va matando de a poco. Te extraño mon chéri.

   Me pareció una carta entrañable y me llenó de alegría que los amantes tuvieran una hija, producto de la pasión. Después leí la respuesta, mucho más austera y despojada que la anterior: “Querido Felipe mío, tengo que decirte que ya estoy al parir y quisiera tenerte a mi lado. Quiero que nazca en esta cama, testigo de nuestro amor. Lo digo sin culpa, porque mi hermana vive odiando a sus propias hijas, a mi Madre y a mi Padre, tal vez por equivocación, se casó contigo. De mí no te digo nada, porque vos ya lo sabés…”

   Siguieron las cartas para leer, me pareció un pecado enorme, meterme en un amor tan complicado, que ni ella, llegada la bebé, que se fue casi de inmediato, sin poder disfrutarla.

   Volví las cartas al secreter. Le arreglé la cerradura, dejé una historia detrás, que lloré como si fuera mía. Cuando llegué a la tranquera, era casi de madrugada, seguí adelante el camino para mi casa, donde yo tuve una hija que se llamaba Cesárea, eso otorgó fuerza a mi debilidad. Mañana será otro día y con suerte, un día diferente.

lunes, 5 de septiembre de 2022

LISTO EL POLLO

 

   —No tenés que estar tan ansiosa, dos noches sin dormir, te alimentás con tostadas y agua, eso no es bueno, Inés ¿me escuchás?

   —No soy sorda, flaca. Pero quedamos en vernos el miércoles, el tipo está rebueno, copado y sé que le gusto desde que era chica. Me pongo el vestido negro, me favorece, tengo un corpiño y un calzón exiguo ¿Te parece?

   —Pero sí, es perfecto, te diré que lo primero que vuela es la ropa, no olvides que los tipos mueren con tus ojos verde cielo.

   —¿Cómo verde cielo? Son azules o verdes. No me gustan, yo me los veo color escupida de mate.

   —Él te va a mirar otras cosas, Inés, no te pintes porque con este calor de mierda se corre todo.

   —Me da miedo este encuentro, seguro que me va a preguntar cosas…no sé, ¿viste? Pensá que es un tipo culto y yo una bestia, por ahí se aburre…

   —Inés, no te olvides de depilarte, en especial, donde ya sabés.

   —Jamás me saqué los pelos, ni de las axilas, dicen que es malo, para algo están.

   —Inés ¿cómo vas a ir así? Dejá de joder, te afeitás con una máquina y listo el pollo, pelada la gallina.

   —¿Vos me podés llevar hasta la puerta?

   —Por supuesto, te dejo en la esquina.

   —Gracias flaca, después te cuento.

   Entré enseguida, el tipo sonreía, preguntó dos o tres boludeces de rigor. Dijo que me quitara la ropa. Apretó mis tetas con delicadeza. Pidió que abriera las piernas y aseguró que no me dolería nada. Tuve vergüenza. Fue mi primer papanicolao. Seguro que se dio cuenta que soy virgen.

domingo, 4 de septiembre de 2022

OSLO

 

   ─Recordá que tu personaje es de un labrador tan humilde, despojado hasta de su rancho. Deprimido y sin trabajo consiguió una familia muy adinerada que lo contrató gustoso. Hubo algo inesperado, la hermana más grande de la familia se enamoró del labrador. Vos sos tan haragán que ni leíste la obra, ¿sabés tu letra?, ¿y la de tus compañeros también?

  ─Por favor, no me suprima como actor, es lo único que tengo. Mi personaje lo comprendo, también entiendo la relación con la hija del patrón. Yo trabajé en el campo y sé perfectamente lo que es vivir sin mujer.

   ─Hay algo de soberbia en ese gesto y te vas a avergonzar. No te quiero como actor en esta obra, ni en ninguna.

   ─No se preocupe, tengo cientos de ofertas que tuve que rechazar, porque como mi mujer es rica, quiere conocer Oslo, el único lugar donde no existen los tilingos como usted. Y como despedida le digo, que usted es un fracasado. Y no creo que cambie.

sábado, 3 de septiembre de 2022

ALOPECÍA

  

   Eli Cuevas era la alumna más concentrada, respetuosa y la mejor en todas las materias. Sus boletines tenían tantos dieces que cegaban, tan autoexigente como si en ello le fuera la vida. Una maestra vio que a Eli se le veía el cuero cabelludo, como un kipá redondo, había pelos de ella en todas partes.

   Después empezaron las cejas a perder espesor y las pestañas se le quemaron por el estudio desaforado que continuaba en su casa. La Directora pidió una entrevista con la Sra Cuevas. Explicó la preocupación de los docentes que enseñaban a Eli, le sugirieron llevarla al médico

   —Por favor! Fue lo primero que hice, los estudios salieron excelentes, diez como sus boletines. Eli tiene calvicie que incrementará hasta carecer de pelo en todo el cuerpo. El padre estudió tres carreras en seis años y quedó calvo total.

   La Directora la miró, con cara de Directora:

   —Bueno Sra, pero a su marido le pueden decir “pelado”, no importa, él es hombre. Pero la niña tiene derecho a una peluca, implante de cejas y pestañas.

   Eli aceptó, a veces se ponía la peluca al revés, lo hizo por los otros, a ella no le interesaba el aspecto exterior, sólo tenía ansiedad por seguir estudiando. Hizo su secundario con notas sobresalientes. Entró en Medicina, se recibió en tiempo récord. Durante su Residencia curó y atendió a más de dos mil pacientes. Tomó distancia, luego de recibir su diploma.

   Se anotó en Letras, Filosofía y Derecho. Los profesores iban a escuchar sus exámenes, porque eran clases de conocimientos que los entusiasmaban. Llegó a los finales de las tres y le ofrecieron siete becas viajadas. Le quitarían espacio para estudiar Geología. Allí conoció a un hombre joven. Estudiaban juntos. Adquirieron la costumbre de hacer el amor luego de los libros. Se llamaba León.

   Sucedió algo fuera de lo previsto. Eli comenzó a tener malas notas y León superiores. Un fin de año, León le acarició la cabeza:

   —Qué lindo pelo tenés, ese corte jugado te va de diez.

   Ella sintió que no le estaba tomando el pelo, se tocó la cabeza y tenía pelo corto y espeso.

   En sucesivos exámenes. Para ella fracasos y para él éxitos, le llegaba el pelo a la cintura, las cejas espesas y las pestañas abanicos.

   No quiso estudiar más, se convirtió en una compradora compulsiva, iba de Shopping y compraba cosas innecesarias.

   Se convirtió, poco a poco, en una rubia tarada.

viernes, 2 de septiembre de 2022

A OJOS CERRADOS

 

   Estoy enervioso:

   ─Mami, quiero saber qué me van a regalar para mi cumpleaños.

   ─Niño lindo y bueno, tenés que tener paciencia.

   ─Sí, voy a tener la misma paciencia que vos tenés con papi, cuando llega tarde y lo reputeás, te tirás de los pelos y te encerrás en el dormitorio.

   ─Yo jamás digo malas palabras.

   ─Es mentira, te escucho cuando las decís y parecés fea y mala, te lo digo porque papi últimamente, duerme conmigo. Están separados aunque vivan juntos. Igual me gusta, porque me cuenta cuentos que terminan bien. Antes que termine yo me duermo.

   ─¡Por fin llegó tu cumple! Tenés muchos regalos, llegan hasta el techo. Vas a cerrar los ojos y vas a elegir.

   Me molestó cerrar los ojos, otros hacen trampa y parece que no ven, pero ven. Yo no.

   El primer regalo lo tanteé y era el más grande. Cuando lo abrí con sonrisa, no lo pude creer. Mis comisuras se fueron para abajo. Había un pijama con ositos, el uniforme del año que viene, zapatos de viejo y alpargatas desteñidas.

   ─¿A quién se le ocurrió este regalo? ─dije con ceño fruncido.

   ─Los compraron entre tus abuelos, tus tíos, papi y yo.

   Abrí otra caja, contenía muñecos astronautas, apretando un botón tiraban balas de juguete. Volaban y se daban órdenes con voz de radio. Tenían luces que llenaban el techo y las paredes con estrellas de todos los colores.

   ─¿Quién me hizo este regalo?

   ─Tu amiguita de al lado, sus padres están furiosos por gastarse todos sus ahorros en vos.

   Esa noche dormí con mis regalos, esa vez mi papi no vino conmigo. No hubiera cabido.

   El mejor regalo para mí, fue que a mami y papi que recontra reconciliaron. Por los ruidos que hacía su cama, me di cuenta y los aullidos de mami.  

jueves, 1 de septiembre de 2022

CARA A CARA

 

   —¿Vos pensás que con esto me alcanza para las compras del día? 

   Él arreglaba el nudo de su corbata y puso esmero. Hizo todo frente al espejo. No la escuchaba, en diez años de convivencia él decidió ausentarse de las protestas, exigencias o reproches.

   Sonó el teléfono, ella atendió, una voz edulcorada pidió comunicarse con él. Le pasó el tubo, decía:

   —Sí, sí, sí, en diez minutos estoy.

   —¿Quién era? 

   —La secretaria.

   Ella miró de sol rayo y preguntó por la señorita anterior.

   —Le dieron su retiro por edad avanzada ─tenía cincuenta años, más eficiente que una compu. Ella la conocía sólo por teléfono, pero se entendieron siempre, con respeto y bonhomía.

   La empresa decidió que el personal debía cambiar, gente joven, para dar una imagen nueva.

   Cuando calculó que él ya había llegado a su oficina, llamó de inmediato, atendió la secretaria edulcorante. Cuando él tomó el tubo repitió más de tres hola, hasta escuchar la voz de su mujer. Le decía que la plata le alcanzó para la mitad, él cortó y pidió que no le pasaran ninguna llamada. Cuando entró, taconeando fuerte, con dos bolsitas del súper, la vio: calzas rojas, rubia teñida, con una voz de mariposa cazadora, no tenía más de veinte años. El marido quedó sorprendido por la visita de fuego, antes que le pidiera nada, le advirtió que no tenía un centavo. Ella se fue, no sin antes sacarle la lengua a la señorita buscona.

   Ni bien abrió la puerta de su casa, sonó el teléfono, escuchó a su marido con voz confundida:

   —Me despidieron, querida.

   —¿Por qué razón? ─preguntó ella con voz derrotada.

   —Quieren gente joven en los cargos jerárquicos. Dicen que mi edad es avanzada.

   Comieron en silencio, fideos sin queso y dos mandarinas. Agua de la canilla. Él apoyó la mano en la mesa, ella depositó la suya por encima. Sonó el teléfono:

   —Señor, lo llamamos de la empresa, necesitamos entrenar a la gente nueva, le abonaríamos la mitad de lo que percibía.

   Él cortó y su mujer lo desenchufó. 

miércoles, 31 de agosto de 2022

CULO EN TIERRA

 

   Se globalizó, gracias a los pocos humanistas sobrevivientes del Holocausto Tecnológico, la idea de arrojar a la estratósfera todos los celulares del mundo, las computadoras, los electrodomésticos y todos los miasmas al servicio de la nada, inclusive los consoladores y los consuelos políticos mendaces. Los Cónsules también, nada más al pedo que los Consulados. A los adictos al celular, diestros, sólo les pudieron despegar el aparato con aguarrás, thinner y ácido muriático.   En cuanto a los zurdos, que siempre fueron históricos opositores, se les cortó la mano. Los árabes sabían hacer el trabajo, con oficio. Reciclaron las computadoras, devinieron en ladrillos para la construcción de viviendas, las pantallas fueron ventanas y con las teclas jugaban a los dados.

   Los niños, por fin, hablaron con sus padres, cara a cara. Aprendían en sus casas, suprimieron Escuelas y  Facultades, consideraron que en ellas desaprendían. Leían en libros de culto y amaron escribir a mano, los mouse eran ratas que debieron combatir con granadas de mano, que el Tío Sam dejó de usar para las guerras. Cada ser humano de la tierra plantaba árboles de todas las especies. Suprimieron la palabra dinero, euros, dólares y yenes de todos los Diccionarios. En los tiempos libres jugaban al Ajedrez, así ampliaban la memoria y el Go les sirvió para respetar al otro, con estrategias gentiles. Las estrellas se cansaron de vivir tan lejos y bajaron a la tierra, para chusmear las novedades. El sol y la luna se quedaron en el molde, eran las encargadas de dar calor y sueño, respectivamente.

   Desaparecieron las fronteras, todos paseaban por donde más les complaciera. Nacieron niños chinos de pelo mota y ojos eslavos, mujeres africanas, rubias, con ojos japoneses. Nadie tomaba vino ni birra. Por sus poderes terapéuticos, fumaban porro. Sembraban en el mundo entero. Los narcos fueron arrasados por tsunamis, que los hundieron en el fondo de los océanos, junto a la Estúpida y sus K-chorros.

   Los Argentos por fin sonreían de oreja a oreja.

   El uso de la silla fue olvidado y los humanos descansaban culo en tierra.

martes, 30 de agosto de 2022

ALLÍ

 

   Toribio jugaba solitarios y las horas pasaban.

   —¿Vos no naciste para peón?

   —Si sabía que nacía para peón, no nacía.

   Se cansaba de manejar tractores, ayudar en el tambo. Las vacas lo conocían y Toribio a ellas, hasta le puso nombre a cada una. Cuando se enteró cual era el destino de los animales, ordeñó sin mirarles las caras.

   Sabía montar en pelo y un día se largó a campo traviesa. Le gustó salirse de la explotación cruel del patrón. En medio de la noche más oscura vio una luz y un ranchito. Ató el caballo y abrió la puerta, un viejo tomaba mate, levantó los ojos:

   —Haga de cuenta que es su casa.

   Toribio entendió bien, pidió disculpas:

   —Están acectadas, si gusta un mate con tortafritas.

   Extendió el primero con manos de árbol. Se habló todo, desde que nació allí y seguía allí:

   —Usté que anda con cara de sueñear, consigase un allí, como hice yo.

   El viejo tenía razón. Partió al día siguiente y corrió bajo la lluvia intensa, no daban más ni él ni el caballo. Se guarecieron en un bosque, donde se produjo el milagro, un rancho desvencijado sin nadie. Con una cama usada por muchos. Acondicionó el su allí, con maderas del bosque. La bomba de agua funcionaba. Cuando teminó su trabajo sintió orgullo. No quedaba lejos del camino de autos. Amasaba barro todo el día, construía conejos, abejas, ovejas, cuises y gatos de los pajonales. Los cocinaba al sol. Cortó los pastizales hasta el asfalto y puso un cartel “Vendo animalitos de mentira”. Ubicó las piezas a los costados, camino a su rancho, de mayor a menor.

   Pasaban autos y le compraban, una señora se llevó media docena de conejos. Otros le encargaban, tuvo que renovar la producción. Mientras amasaba barro, recordó al viejo diciendo “No esperes mujer, porque ese es el precio de encontrar un allí”. Justo ahora que Toribio andaba extrañando mujer, sin querer le salían mujeres de tetas grandes y culonas. Esos diseños fueron vendidos a una empresa.

   Una mañana de sol apareció una chica de piernas largas, pelo largo, lisa como una tabla, austera se presentó con lenguaje citadino:

   —Me llamo Nora, ando buscando un lugar.

   Y señalando todo, encontró un allí, lejos de Toribio. Él la acompañó, era un rancho sin dueño.

   —No quiero ayuda, yo puedo sola.

   Él se fue con el sonido terminante de su voz. Pasó una semana, cuando apareció Nora con una mula cargada de bultos.

   —Si no te jode, me gustaría trabajar con vos, soy profe de escultura y cerámica. Podemos intercambiar conocimientos, técnicas…no sé ¿Te parece?

   Brindaron con grapa para festejar la asociación, se aflojaron los cuerpos, Nora armó un porro, quedaron blandos y se abrazaron fuerte, para sellar, no sé bien qué…

lunes, 29 de agosto de 2022

SOLIVIANTAR MALARIA

 

   Me voló la cabeza con ¡Cuánto costaba la verdulería, cuánto costaba el supermercado, cuánto costaba la farmacia, cuánto costaba la carne, cuánto costaba viajar en micro! 

   —¿Porqué no te vas a acostar un rato a tu casa?

   Miró con resignación:

   —¿Sabés cuanto costaba el alquiler? Tuve que rescindir el contrato, tengo un banco en la plaza, me costaba dormir, dios provee, un ropavejero me vendió un colchón usado ¡Cuánto costaba! Al hombre le di pena y me lo regaló.

   Después del relato de mi amiga, la cabeza se me agrandó diez centímetros. Entré al departamento y caí de cabeza en la alfombra. Cuando me desperté, Roberto me daba sacudones, con voz sin oxígeno:

   —¿Sabés cuanto costaba la Escuela de los chicos? La mitad de mi sueldo.

   Enloquecí, me quedé sin pensamiento, le hablé despacio al oído:

   —Quedan dos papas y una zanahoria, prepará una sopa, los chicos llegan con hambre, yo no doy más, se me terminó la carga.

   —¿Tan pronto? Si lo cargaste ayer.

   No le contesté, es común en Roberto, entrar en estados confusionales. Los chicos volvieron cuatro horas más tarde. Nos dormimos ambos en la alfombra, abrazados, no por amor, para darnos calor, tuvimos que vender la estufa hace días. Nuestro hijitos volvieron tiznados, con los uniformes desgarrados, arrastraban dos bolsas de consorcio:

   —Peleamos con otros chicos, que estaban en la misma, trajimos comida, de las bolsas de gente rica, salames caganolis, queso espartano, lomo al curro, aros de cebolla perenne, chorizos con piel de nutria, sushis de bofe tiernizado, bananas con crema moco y mermelada de ruda hembra, media botella de vino con corcho y dos cocas casi llenas, selladas con salsa kétchup.

   Pusimos el mantel de salir y las bandejas de Sebrelli, copas de caristal y platos polinaicos. Comimos y bebimos, teníamos una avidez chimanga.

   Esa noche fuimos felices, no costaba nada.

domingo, 28 de agosto de 2022

BLINDADO

 

   Abrí la puerta y un hombre mal entrazado, flaco, alto, de ojos hundidos, preguntó si  no lo reconocía, le dije que no.

   —Tal vez en la casa de enfrente.

   Él miró el interior de nuestra casa y casi al oído dijo llamarse Chicho, claro que treinta años desfiguran a cualquiera. Le dí un abrazo, con temor a quebrarlo y llamé a Maggie. También lo abrazó y le dio un beso. Me dio náuseas, por la mugre de él y el gesto de ella.

   Chicho pidió bañarse. Le alcancé mi rasuradora. Envuelto en la  toalla me pidió ropa limpia, no importaba si era vieja. Llevó tiempo encontrar ropa para su cuerpo de astilla. Le llevé un traje de secundario y unas zapatillas recién compradas. Maggie lo esperaba en la cocina para tomar una sopa caliente. Me molestó, como una picadura de abeja, cuando escuché a Maggie llamarlo Chichito. Chicho pidió una cama por una noche. Pensé que se iba a quedar una semana y también pensé alguna estrategia para que se fuera.

   Cuando llegaron nuestros hijos les presentamos a Chicho, con un:

   —Éste es Chicho. 

   Y los chicos mirando sin curiosidad. Los comprendí, hablar con un viejo triste y ausente no era una alegría. Chicho los miró con detenimiento uno por uno y sus ojos quedaron pegados en el más grande. Luego de dos días de estancia, al más grande, futuro psicólogo, le dio por la piedad y le preguntaba cosas todo el tiempo. Chicho se sometía a los interrogatorios como un rehén, que lo que no recuerda, lo inventa. Maggie y yo tardamos en cerrar aquellos recuerdos con puertas y blindajes. Ni nosotros sabíamos por qué lo recibimos. Le paramos el carro con las invenciones, lo que no se recuerda no es. Una noche, en el jardín, todos dormían, menos Maggie, Chicho y yo. En medio del silencio contó que bajo tortura uno puede llegar a decir que su madre es una puta. Fueron sus razones para justificar la delación y nuestro silencio, la respuesta.

   Maggie le pidió que se fuera y el preguntó y Maggie le dijo que nada era cierto, que se olvidara. Lo vio partir, encorvado y arrastrando los pies. Como cuando lo conoció, le nacieron ganas de protegerlo y fue a vivir a su casa, un mes, donde sucedieron muchas veces cosas de dos solos, adolescentes. Cuando conocí a Maggie me contó todo, los dos elegimos un muro. Tuvimos tres hijos, el primero era de Chicho.

   Chicho dejó su esperanza de vida y en la mañana ya no estaba. Mientras caminaba al costado de la ruta pensó que nos lo debía. Metió las manos en los bolsillos. En uno sintió el tacto tibio del osito que le robó al más grande de los hijos.

sábado, 27 de agosto de 2022

MI CHAPLIN PREFERIDO

 

   Para comer un huevo pasado por agua, una cucharadita en cada escalón de la escalera de caracol. Si no, no.

   Si le preguntaban como estaba, decía: ”Contento”, si lo interrogaban acerca de cómo le iba en el colegio, él respondía: ”Contento”. Las mujeres lo querían, porque era el primer miembro de la familia que estaba contento, de aquella enorme multitud, de depresivos tristes.

   Era el único alumno del Sagrado Corazón, que no penitenciaba sobre garbanzos. Había tenido parálisis infantil. Su padre, para asegurarse, les dijo a los curas, que el niño iba a ser interrogado a diario. Si lo pactado no se cumplía, le mostraría los garbanzos y el niño, al Obispo.

   Le encantaba la colimba, sabía que no sería aceptado, por su pierna, hizo el intento y recibió como respuesta, risas contenidas. Lo que no le gustaba de algo, lo borraba de su memoria, por eso tenía un lugar tan inmenso para jugar.

   Cuando todos los que lo rodeaban se convencieron, que era un hombre santo, empezaron los abusos. El precio de la bondad. Tuvo su amor soñado, celestial y su enlace definitivo, al desamor de una pesadilla infernal. Él que era tan inefable como Goya, ante los pedidos reiterados de su hija, para que se divorcie de su madre, respondía algo acerca de lo privado y algo acerca de que sin su madre, quién iba a cocinar como ella. Nadie, decía. Por si a la niña se le ocurría otra pregunta incómoda.

   Dibujaba a mano alzada lo que fuera: barcos de carga, fragatas, selvas, batallas, próceres, mujeres Divito, escenas cómicas. Sin embargos, siguiendo los mandatos familiares, tan tontos, se recibió de abogado. Siguió dibujando, crónicas de sus avatares cotidianos. Hacía caricaturas, de cuanta persona conocía y las escondía en el escritorio, como si fuera un pecado, bajo llave.

   Él sí era un buscador de coincidencias, si alguien decía, que su apellido era Casanova, ponía cara de pensar lejos y preguntaba si no era nada de un bahiense Casenave. Se le aclaraba que las vocales eran diferentes. Él contestaba que a veces, donde anotaban los bebés, ponían cualquier apellido. Además, él conocía gente que era pariente, con una letra de diferencia. Decía que en los Registros Civiles, estaba lleno de analfabetos acomodados.

   La hija, de retorno a su casa, vio una fogata inmensa que casi llegaba a cocina, no pudo creer, su padre quemando todos sus libros, los de estudio también, por si eran peligrosos. Ante el llanto de su hija, todo negro de quemazón, le dijo que a partir de ahora, sólo podría leer revistas mejicanas, lo más boludas posible. Y a la facultad, la iba a llevar él de ida y vuelta. Estaba jodido, jodido. Decía. Y no se hable más. Decía. Mientras revolvía la tierra, con odio y miedo.

viernes, 26 de agosto de 2022

EL ODIO GANA SIEMPRE

 

   Eran de la misma altura, claro, una sentada y otra de pie. El parto resultó exótico, primero salió una larga y luego, lo que pensaron placenta, resultó una bebé cortita como un salame. Para mí, que hubieran nacido fue un karma. Lloraban el día entero, ocupaban mi pieza. Venía gente a verlas y yo los prevenía:

   — Encontré una con forma de mortadela y otra enroscada a los pies de mi hermana.

   Para calmar el agotamiento de mi madre, llevé a la más chica. Era bastante tonta, se mojaba los zapatos en los cordones de las veredas para sacarse las deposiciones de perro que había pisado. La llevé a un Mc Donald y comía con las manos como un cerdo. Fui al baño, cuando volví la ví sentada, pasando la lengua a mi plato. Salí sola. Y bueno, yo no tengo la culpa, ella se quiso quedar.

   —¡Mamá! Se perdió la melliza.

   Gritaba desesperada: 

   —¿Dónde?¿Cómo?¿Cuándo?

   Le contesté, porque la vi superada por la situación:

   —En una casa de comida chatarra, se le ocurrió tener hambre, no sé la hora exacta.

   Mamá llamó a la policía. Estaba sentada en el umbral de la vereda, cuando me vio, dijo que había perdido lo mejor, el parque de diversiones y la vuelta al mundo.

   —Después corrí para alcanzarte, pero vos corrés más rápido que yo.

   La pena fue de un mes sin salir, terminé siendo amiga de mis hermanas. Me llevaron al psiquiatra, porque hubo episodios confusos. La más alta dijo que intenté ahogarla con la almohada. La enana contó  que cuando la bañaba, le sumergía la cabeza en la bañera, hasta dejarla sin aire. Esto sucedió antes que fuésemos amigas para siempre. Hasta que la larga se casó con mi novio, la enana se quedó durante mi disgusto y el resto de mi vida. Nuestra hermana tiene la entrada prohibida, a veces viene, la espiamos por los visillos y no le abrimos. Las dos terminamos odiándola.

   Por pasarse de lista, la última vez que vino, puso el ojo en un visillo, la enana no podía, no llegaba. Me encargué de pasar una aguja de tejer que llegó a su retina.

jueves, 25 de agosto de 2022

ALTA EN EL CIELO UN

 

A Esperanza San Martín de Belgrano, le dio por envidiar a su criada de toda la vida, Aurorita.

Esperanza, cuya familia había sido muy rica, tanto que ni ellos sabían cuántos dineros, propiedades y esclavos poseían aquí y en el resto del mundo, quedó sin un centavo.

Sola y sin amigos, su única compañía era Aurorita, que siempre trabajó sin sueldo y comiendo mendrugos.

Aurorita, era feliz, aún durante su edad avanzada y no se explicaba la envidia de la niña. Esperanza sinceró con palabras de mandatario sus deseos, quiso saber cómo hacer para obtener felicidad, siendo tan pobre o indigente, como se usa nombrar hoy día.

Aurora le dio una idea inmediata. Le propuso habilitar esa inmensa casa, forrada de madreselvas, como un lugar para producir alguna alegría, al que necesitara privacidad y demás perversiones, que trajeron estos tiempos.

Esperanza le preguntó quienes podían habitar ese lugar, que dejó de ser bello hacía tiempo; Aurorita, hiperinformada, era su pasión, la puso al tanto de políticos, empresarios, diplomáticos, curas, monjas y gremialistas, que necesitaban espacios como ése, para desarrollar sus bajos instintos. A Esperanza la idea le pareció excelente, proviniendo de una india inexperta. La desesperanzó el estado de la casa. Aurorita, para hacerla corta, le dijo que el estado no existía hacía tiempo y eso que llamaban “estado”, era un conjunto de grasas descerebrados, drogadictos, corruptos, de lenguaje soez y prácticas aberrantes. Gente acostumbrada a revolcarse en la mierda.

Ahí Esperanza, tuvo un brillo de esperanza. El caserón era perfecto para alquilar sus habitaciones. Y le alegró no tener que limpiar, ni disfrazar de distinguido.

Aurorita le dijo que cobrarían en euros, el uso de la casa; a esas gentes los precios altos, los hacían sentirse altos y rubios. Emocionadas, ambas se abrazaron.

Actualmente, viven entre Londres y Oxford, en un castillo de habitaciones impecables y discretas. Las alquilan a los primeros ministros, a veces a terroristas musulmanes. A ellas no les importa la proveniencia, mientras paguen.

Argentinos no aceptan. Obvio.

miércoles, 24 de agosto de 2022

LA MEMORIA DEL INVIERNO

 

   Busqué un banco acostumbrado a recibir mi presencia. Antes traje un café cortado del bar de la Estación de Servicio. Hacía tanto frío que lo tomé de un solo trago para calentarme por dentro. Alguien se sentó a mi lado y me protegió del viento que empezaba a soplar.

   —Tal vez no me recuerde, soy la anciana que antes se sentaba, árbol por medio y usted un día se acercó y preguntó cuáles eran los acordes de esas melodías tan bellas. Se me borran los recuerdos, tal vez porque son muchos. Soy muy fisonomista y te reconocí. Por eso cambié de banco para entregarte este regalo.

   Miré y era una bufanda, tan larga  que cruzaba la plaza.

   —Me llevó todo el invierno tejerla, por suerte encontré la destinataria. Noté tus ojos nuevos, como los que tuve yo cuando era joven.

   Le traje un café del Bar.

   —Muchas gracias, esto abriga más que una bufanda. ¿Por qué no te la ponés? Si le das cuatro vueltas, dejarás de temblar.

   Y así fue, me abrigó como un sobretodo. Crucé de nuevo y le compré otro café. Lo agradeció de modo exagerado y me lo quiso pagar.

   —Se me hace tarde, me tengo que ir.

   La saludé con la mano en alto. La bufanda se enganchó en un paragolpes y comenzó a destejerse. Fui haciendo ovillos y cuando terminé, volví a mi banco. Pero la anciana Dama, ya no estaba.

   Era mi Abuela con alzheimer, no recordaba ningún nombre y menos, que yo era su nieta.

martes, 23 de agosto de 2022

CANALLAS

 

   Un depto. En un primer piso. Él dormía. El gato le amasaba la panza. Eso le daba quietud.

   Los despertó una manifestación repentina, abajo quemaban papeles, botellas plásticas y lo peor, neumáticos, diez pilas ardiendo como el Averno.

   Por los intersticios de las ventanas, se colaba humo negro. Se puso un gorro de lana que tapaba su cara, abrió la manguera y mojó a los manifestantes, que le agradecieron el agua porque el calor era demoledor.

   Él quería apuntar a los neumáticos. Largaron más humo y más negro. Le pareció atinente salir del edificio. Había tizne en las paredes, el piso, techo y habitaciones. Él ya no veía, fue a buscar al encargado.

   —Lo que te conviene es hablar con el dueño.

   El dueño le dijo que lo más conveniente era ir a la Municipalidad. Lo atendieron de inmediato.

   —Nosotros pedimos Denuncia Policial, ARBA, AFIP, ANSES, ALEPH, con eso vuelve aquí mismo y vemos.

   Se fue cabizbundo y meditabajo. A las seis cuadras, mirando un gato se acordó del suyo y corrió hasta abrir la puerta. El living, blanco, encerado, al igual que los dormitorios, cocina, sanitarios. Le habló como si fuera a una persona.

   —Vos, gato gordo. ¿No sabés quién produjo este milagro?

   El gato, dándole la espalda, mirando por la ventana, respondió

   —Yo, ¿Quién va a ser?   

lunes, 22 de agosto de 2022

LA LUZ MALA

 

   —Güenas y Santas, Don Acevedo, no terminé mi trabajo, pero lo sigo mañana.

   —Si son buenas no son santas, ¡jah! Usted se ha equivocado, veo que no lo terminó como habíamos convenido. Sigue mi consejo pero al revés, no dejes para hoy lo que puedes hacer mañana. Eso lo digo yo en rueda de amigos, pero usté es personal contratado y hasta debe trabajar o lo dejo de respetar. Además se dice “buenas”, con b larga.

   Agaché la cabeza:

   —¿Sabe que ando medio sordo?, ¿qué letra es b?, no la conozco, no tengo estudios.

   Se exasperó don Acevedo:

    —Es fácil, b de boludo, úselo como una regla nemotécnica.

   —Patrón, no me hable en difícil, le voy a entender menos de lo que entiendo. Pero yo hago de todo, Patrón, le cebo mate cuando amanece, preparo lo que va a comer, le lavo la ropa, es trabajo de mujer. Suelto los animales, ordeño las vacas a mano, le doy maíz a las gallinas. Y además es difícil sacar murciélagos podridos del entretecho. Tengo la nariz lastimada de ponerme un broche en la nariz, para que ese olor no se meta en mis pulmones.

   Me llevó dos días quitar los cadáveres de murciélagos. Hasta le pasé cera Suiza y lustré el entrepiso de rodillas. Don Acevedo me felicitó y me pagó con aumento, cinco pesos de aumento.

   Parece joda lo que me hace el patrón, pero qué le voy a decir, tiene su propio castigo, se han cerrado las exportaciones y eso le hace mierda el capital, que antes era su orgullo y ahora su humillación. 

   Su casa está quedando vacía, vendió hasta la vajilla y duerme en el piso.Flaco está el Don Acevedo, se fue la mujer y sus hijos ni lo visitan ni lo llaman. Hay goteras, hace frío, se terminó el combustible.