martes, 19 de marzo de 2019

PROSAPIA DEPILADA



   Salía poco desde que sintió que dentro de su piso, era mejor que afuera. Virolo era descendiente de altas alcurnias, Evita le expropió su su palacio construido por trabajadores franceses. Virolo lo usaba una vez por mes, sus amigos le dieron la razón, era un insulto la expropiación, después de todo, una vez por mes no es nada.
   —No te aflijas, Virolo, te quitaste un palacio de encima, de noche daba miedo y de día te arrastra fortunas en empresas de limpieza  cristaleras.
   Virolo se comía las uñas con los dientes, previo quitarse la mugre, con los gemelos. —Mi querida y aristocrálica Madre, era prima del Príncipe de Orleáns, le hacía regalos cada vez que mi Madre viajaba, con invitación especial, en tinta de oro. Tenía diamantes engarzados o sueltos, todas piezas diseñadas, que sólo el Príncipe conocía.
   Virolo no recorría ni una vuelta manzana, volvía blanco teta.
   —Tengo náuseas, la gente que circula es sucia, se visten plebeyos, hasta vi una linda, pero Sirvienta, la muy asquerosa se sacaba mocos secos, los hacía bolita entre el índice y el pulgar, se lo daba de comer a los pajaritos. Su pobreza me dio vértigo, no vomité por educación y mi prosapia lo impedía. Tomé un micro, viajé de pie y una negra peronista, apoyó su sobaco peludo y maloliente, en mis narices. Un adolescente negro, como los negros, se reventaba granitos y su contenido aterrizaba en mis pestañas, heredadas de mi Tía, Princesa de Cacabona. Recordé el protocolo, que los de buena estirpe descendemos, o comemos tarde o no comemos. Eran las tres de la mañana, toqué mi copa de cristal, con badajo de agua de mar. Apareció la Fámula, que sin decir palabra alguna, trajo una bandeja de pollo a la naranja, con puré de puré. Todo con sus tapas correspondientes, de plata francesa, para que la Fámula no le esparciera sus microgotas de flush, que los Sirvientes, tenían de nacimiento.
   A los postres: —No lo deseo, ¿sabe qué, sí quiero? ¿conoce Ud, el Derecho al Rodillazo?, Reemplaza los postres con creces. Lave sus partes, con esponjas de bronce, cuide que no sangren, porque me impresionan. La espero en el dormitorio principal, hágase presente, con sus rodillas separadas, odio trabajar en hacer el verso. Yo estaré en la cama, con mi camisón enrollado en la cintura. Ud, permanezca mansa, produciré un remanso que le hará creer que es algo del Príncipe de Orleáns. Shsh, no hay palabra que valga. Si una visita plebeya, repentina de aristócrata, hagámoslo delante de él. Disfrutará el infeliz. Al terminar, porque yo no moveré un ápice, lo empuja con delicadeza y le cierra la puerta en la nuca. Duerma siesta, preví para hoy, cocina algo breve, papas fritas con huevos fritos. Una grasada. Que luego se dé un baño intensivo, la traerá a dormir la siesta conmigo, virgen de mentira. Si escucha ruidos a su lado, no olvide que la soledad, me hizo experto en turbarme más.

lunes, 18 de marzo de 2019

DE MANOS Y VILLANOS



   —Decime, ¿vos me sacaste la remera blanca?
   Empieza con la blanca, sigue con la negra, la bufanda que me regaló, era de ella. Todo mal con mi vieja. —Escuchame, vieja, son cosas que no usás más, ser tan pijotera conmigo, me recuerda que mi viejo tiene para comprarme un guardarropas entero.
   Mira torcido, del viejo no se banca ni que se lo nombren.
   —Mirá, nena, viejos son los trapos.
   Es una pobre mina. —Qué original, Mami, es la primera vez que lo escucho.
   Tenía cuatro años y vi cómo Papá la arrastraba del pelo al último cuarto, no se molestaban en cerrar la puerta, las piñas eran más rápidas que las uñas de Mamá. Él estaba celoso de los ascensos laborales de ella. Apareció un tipo alto, de bigotes negros y voz gutural. Papá no estaba. —Conseguí dos deptos en Bs As, uno para nosotros y al lado otro para tus tres hijos. La semana que viene te dan traslado a tu nueva oficina, contigua a la mía.
   Nosotros estábamos contentos con Flavio, recorríamos lugares desconocidos, montábamos caballos mansos, caminábamos arroyos pisando cantos rodados. Mi Papá que era nómade, se fue a vivir a La Quiaca. Flavio quería a mis hermanos como hijos y a mí también, yo le notaba actitudes raras. Él bañaba a los chicos primero y después a mí sola. Con mis hermanos usaba esponja, a mí me bañaba a mano.
   —Dejame que te enjabone la cola. ¡Mirá cómo crecés, tenés tetitas incipientes!- Y me besaba cada una-.
   —Sos muy linda. ¿Te gustaría que me meta y nos bañamos juntos?
   Comprendí por qué a Mamá le gustaba tanto, daba besos y suaves caricias, era un Príncipe. Nunca conté lo que pasaba, ni a mi mejor amiga. Esos recuerdos quedaron en mi cabeza.
   Cuando ya estábamos en Buenos Aires, Flavio no me jodió más, parecía tener miedo que yo contara y nunca me miraba a los ojos. Nosotros nos quedamos solos en ese depto y Mamá y Flavio, al lado, ella quedó embarazada. Instalaron aire acondicionado y calefacción. Los días de altas temperaturas, nos dejaban entrar, para que jugáramos con el Bebé y ellos se iban al cine.
   Cuando volvían, Flavio le daba plata a mi hermano más grande, para que nos compráramos una pizza y volviéramos a nuestro depto. Durante una semana les tocamos timbre y no atendían, tampoco se escuchaban sonidos ni palabras. Igual nos criamos solos, Flavio se fue con otra mina y Mamá quedó internada en un neuropsiquiátrico, en pocos días volvería. Esto nos lo contó la Portera, dijo que si necesitábamos algo, la llamáramos, igual venía a vernos todos los días. Yo lavaba y tendía la ropa en la terraza.
   Un día lo ví, estaba flaco, con barba y fumando en pipa. Tenía un pie al borde del lugar y con el otro se balanceaba como danzando. Se me ocurrió sin pensar, lo empujé y pude ver su pipa por un lado, le faltaba un zapato y el pañuelo que llevaba al cuello, tardó más que Flavio en llegar a las baldosas.

domingo, 17 de marzo de 2019

UNA BONDAD EXQUISITA



   Complicaba sus certezas, quedaba suspendido en un pasado y le molestaba revisar lo que no pudo terminar. Ella no volvería, pero la extrañaba y no era consciente del por qué. Recurrió al Analista de siempre, aunque hacía siete años que suspendió sus sesiones.
   —¿Vos estás seguro de no saber las razones de la extrañadura?
   —Sí, por eso vengo, no tengo deseos de revolver lo anterior. Es como vaciar una bolsa de consorcio, para encontrar la tapa de una mermelada.
   —Gustavo, ¿no será que todavía la querés? ¿Y negás ese sentimiento, por saber que ella no volverá?
   —Yo estoy seguro que podría perdonar las tres horas que le lleva ducharse, depilarse las piernas, sacarse los bigotes, ponerse rimel, desodorante y repasar el baño. Olvidar el beso de la despedida. Salir de noche y volver a la madrugada, con el calzón en la cartera, los botones desabrochados, el cierre abierto y la pintura corrida. La perdono porque son formas de ser.
   —Gustavo, me parece que tu mujer es ninfómana y es una enfermedad.
   —Sin embargo tiene una salud privilegiada, sale todas las noches con ex compañeros de la Primaria, del Secundario y de la Facultad. A mí me comenta que no quiere quedar mal con ninguno y todos tienen problemas que ella trata de solucionar, claro, llega a casa, muerta. Hace dos días, me dijo que se iba y no volvería. ¿Qué te parece que haga?
   —Yo en tu lugar, Gustavo, averiguo dónde vive, voy y la mato. Nos vemos el miércoles venidero, a las cinco de la tarde. Si no solucionás tus problemas como te señalé, no vengas.

sábado, 16 de marzo de 2019

VERTIGINOSO



   Trajo sánguches de miga, rellenos con palmitos, de pan negro. Otros de jamón crudo y rúcula, de lechuga salame y queso. Acompañó con una botella de vino, eligió borgoña, latitud 46. Puso un mantel recién lavado e invitó a la hija de la criada. Comieron hasta terminar todo. Se arrastraron hasta la tranquera. Los Padres de las dos, que eran del mismo Padre, antes era común, detuvieron los caballos y saludaron con un odio fastidiado. El Padre reconocía una pero a la otra no.
   —Vos sos mi Papá, me lo dijo Mami, pero me parece que la dejaste sola. A mí cuando me retás, me decís “hija de puta” y mi Mamá no es ninguna puta, es una santa.
   —Andá a dormir, boca de loro, la mía, la verdadera, que también vaya. No quiero despertar en medio de la noche y ver que duermen juntas, les daré cuatro latigazos a cada una, todos serán para la negroide, ocho latigazos para ella. La otra no cargará con ninguno, por bella, por blanca y legítima.
   El cumpleaños de Clarisa, sería la semana siguiente, le hicieron un vestido de seda, con miriñaque de tul y polizón de mimbre.
   —Quiero que vengas, Areta, diré que sos mi nueva amiga, del Colegio. -La miró con ojos de huevo duro asustados-.Tendrás un vestido que era de la Abuela, el escote es generoso llevará tus sorprendentes y nuevas deidades, del lado de adentro, por supuesto, y el corset te hará cintura de abeja. Deberás hacer respiración corta, para poder sobrevivir.
   El color de la piel preocupaba a Areta y su pelo mota.
   —A la piel le pondremos talco y a las sobresaliencias, engrudo esparcido con delicatesen. El pelo ya te lo pensé, usaremos plancha de carbón y te haremos lacia, mota por mota.
   Areta pensó que le quedarían los pelos parados, tal vez chamuscados. Fue tal como previó, quemados y duros, si trataba de aplastarlos se partían.
   —Todo tiene solución.-Dijo Clarisa-. Te voy a depilar la cabeza y ensartaremos la peluca de Tía Rebeca, que cuando le hicieron la quimio, quedó calva. El engrudo que sobró del montaje, hará que la peluca adhiera como si fuera tu propio pelo, tan rubio como el mío. Vamos a entrar juntas, no pongas cara de negra asustada, entorná los párpados y lucís tus pestañas verdaderas. Diremos que sos mi dama de compañía.
   Areta se dejó y quedó como una porcelana embalsamada. Clarisa abrió la fiesta, el vals lo bailó con su Padre, que preguntaba: —¿Quién es esa belleza que te acompaña?
   Clarisa sonreía a uno y otro lado y evitó contestar. Los jóvenes más ricos y apuestos de Catamarca, se abalanzaron sobre Areta, con sigilo y desesperación.
   Areta pasó de brazo en brazo, hasta terminar con el más apuesto y atrevido. Clarisa la miraba con envidia, por ser aquel, de su predilección. El joven, llevó a pasear por un laberinto sin salida a Areta, él le respiraba calentito en la oreja y con una mano, le sacó las gracias del corset, como no se pudo prender más, el joven siguió investigando y Areta conoció el cielo.
   En el medio del laberinto, un pedestal vacío, fue ocupado por Clarisa desnuda. Cuando el joven la descubrió: —Areta, nos veremos con frecuencia, nunca conocí nada igual, ahora me retiro, me esperan mis amigos.
   El joven corrió hacia Clarisa desnuda, preparada, sin corset y sin nada. El joven arremetió como un caballo y Clarisa gimió como una yegua. Escucharon pasos de los custodios de pelucas blancas, eran todos maricones. Pero el joven se asustó, tiró a Clarisa en el pasto:     
—Clarisa, nos veremos con frecuencia, nunca conocí nada igual, ahora me retiro, me esperan mis amigos.

viernes, 15 de marzo de 2019

NIRVANA



   Un homicidio de dos personas, la casa estaba en venta, tenía un riacho de tres metros de profundidad, con un puente japonés, un estar enorme, con aperturas vidriadas y lucarnas por donde entraba el sol.
   La compramos sin saber su historia anterior, siendo legalmente obligatorio, que el vendedor informa el comprador, tales hechos. En el puente instalamos una techada para tomar el té. Sucedían cosas extrañas, desbordó el riacho e inundó la casa, me di cuenta cuando desperté, acariciando el agua que no llegó al colchón.
   Nos calzamos botas de pesca, pero se inundaron, optamos por andar el agua en patas. No había llegado al puente, tomamos un desayuno frugal bajo la techada. Él se fue con el termo a la casa más próxima, bastante alejada. Quedé mirando ranitas y sapos, aparecieron unas manos, teniéndose del puente, blancas, con líquenes entreverados. Salté del puente al primer escalón de la casa, resbalé y pegué con la cabeza en un soporte de bronce. Por suerte llegó, me desperté en un gomón, preguntando.
   —Te desmayaste, flor de golpe. ¿Cómo fue?
   No pude creer, la casa inundada y nosotros haciendo remo, le conté el episodio de las manos y contestó: —¡Qué delirio! Eso fue por el golpe.
   Si eso lo dejaba tranquilo, suprimí que las manos fueron el móvil de mi caída. Yo, desequilibrada, era preferible a la ignorancia del otro. Llamamos al tipo que nos vendió la casa. Vivía en Misiones, cuando le dijimos quiénes éramos, se reía a carcajadas y cortó. Éramos jóvenes, ni se nos ocurrió hacer la denuncia. Llamamos personal de Bomberos, desagotaron la casa y bajó el nivel del riacho. El olor a humedad no se iba, ventilamos, días. Cuando secó pintamos, pero el olor a humedad persistía.
   —Flaca, el otro día, no te pongas mal, pero leyendo el diario en el puente, unas algas como serpientes, treparon desde el estanque, al ritmo de mis ojos, me rodearon la garganta, casi me asfixian, pero tenía la sevillana en el bolsillo y me liberé. Vos sabés que se metieron en el agua como si nada hubiera sucedido?
   Después del relato la casa volvió a inundarse, había una fuerza ajena que nos acostumbró a circular en botes por la casa. Dormíamos en los botes, nos alimentábamos con sándwiches, que aparecían misteriosamente en el puente. Descubrimos que los líquenes daban un calor superior a un acolchado, eran suaves, mansos.
   Dejamos de usar ropa, las algas crecían de nuestros poros. No sé si era el principio o el fin, nuestros botes chocaron y nos hundimos en el riacho, nadamos por abajo del agua, fue providencial que pudiéramos respirar en ese líquido fangoso y no salimos más. Teníamos una capa de agua gruesa, echamos raíces, me depilaban los líquenes, era algo tan diferente de lo que habíamos vivido, que allí nos quedamos.

jueves, 14 de marzo de 2019

SENTIMIENTOS INSENSATOS



   Esos reproches insoportables, con esa voz de enfermo.
   —¿Quién comió mi mermelada anoche? ¿Quién tiró una miga y ensució la alfombra?
   Debe ser por eso que Mamá se fue de casa, no nos dijo ni a nosotros, su nuevo paradero. Se quedaba sin aire cuando mi hermano Agustín la miraba.
   —¿Quién cambió mi oso del estante de arriba?, sé quién fue, mi Mamá metiche.
   Papá, antes de acostarse, miraba bajo la cama. —Veo dos pelusitas de pantuflas rosas, yo así no puedo dormir.
   Mamá tenía una aspiradora de mano y las sacaba. Después abría la cama: —¿Quién puso este juego que pica? Hacé las camas con las sábanas blancas, sin arrugas, porque si no tengo pesadillas. ¡Ya!
   Creo que esa noche Mamá tomó el piróscafo. La respuesta de Papá fue superlativa: —El que se va sin que lo echen, vuelve para irse con permiso y llevándose uno de sus hijos, Agustín, que come hasta lo de sus hermanos.
   Un día apareció con una mujer llamada Dulcinea, alta, con la piel blanca como la lecha larga duración y el pelo color oro 18k, hablaba susurrando. En una comida, Papá anunció que en quince días, se casaría con Dulcinea, pudo divorciarse porque era amigo del Juez, que usó la figura: “Por abandono de persona, mándese a casar con otra, tal como dicto yo”.
   Forró la casa con tules blancos, usó la vajilla blanca del casamiento anterior, nosotros vestidos de blanco y con pajaritas negras. Mandó hacer una torta con escalones. Arriba la decoró con Dulcinea, casi no tenía peso específico, por su levedad levitosa. La torta tenía escalones que daban a donde mi Padre la esperaba con admiración. Ella tenía diez años más que Agustín, tan contento como nosotros, por tener una Madrastra que lo sacara a Papá de los reproches permanentes. Nosotros hicimos de mozos, encargados de repartir los manjares y las bebidas, entre los invitados, eran pocos, pero venían con hambre atrasado. No dejaron ni una miga.
Papá no hacía jamás reproches a Dulcinea, a nosotros nos mandaría a un Internado, para poder repartir su amor en cualquier lugar que se encontrara Dulcinea. Sufríamos hasta el domingo, único día libre para vivir en nuestra casa. Papá pasaba ese día en lo del Juez, no soportaba nuestra presencia, decía que le dábamos jaqueca.
   Dulcinea quedaba con nosotros, a Papá no le gustaba ir con ella, porque el Juez no le sacaba los ojos de encima. Ella jugaba con nosotros como una más. Nos hacía dormir siesta, su único defecto. Dulcinea llevaba a Agustín a dormir con ella: —Es el que más cariño necesita, extraña a su Madre, pobrecito.
   Ese día llegó mi Padre a devolvernos al Internado. Faltaba Agustín que partió con Dulcinea, desconociendo su nuevo paradero. Mientras Papá se arrancaba los pelos, decía: —Qué desagradecida, Dulcinea, cómo la extrañaré, a Agustín no, porque siempre fue un pendejo de mierda.

miércoles, 13 de marzo de 2019

EL TROFEO



   El año pasado le compré una mochila con cabeza de gato y porta inútil colgando de la cola. Piensa la Madre y escucha Indiana: —Me costó un montón, pedí prestado a tu Abuela. ¿Por qué otro más?
   Tenía la nariz pegada a la vidriera de artículos escolares.
   —Porque este año me tocan más libros y cuadernos pesados, mi espalda va a doler. Ahora vienen con rueditas, porfa, Mami, no sigas caminando, desde acá veo una barata, con ruedas y caños de aluminio.
   Indi es pertinaz, hace tres meses que lleva rastas, se las hizo el Padre, la novia del Padre, que no le cobró nada.
   —Vos tenés ahorros, Indiana, comprala con tus ahorros.
   —Bueno, la compro con mis ahorros.-Ahora, que nunca me venga a pedir de mi chanchito, un peso, porque se le termine el sueldo-.
   La novia de mi Papá es vegetariana, lo convenció a él y a mí lo dio por sentado. Odio las verduras. Mi Papá sabe, ella no. Cuando le toca el turno de visitarme, me dice: —Indi, hoy comemos carne.
   A mí me dio miedo, por la novia, le pedí que no le contara, pero comí cordero, estaba buenísimo. Mis Papis están divorciados, pero se hablan, Papá consiguió una novia re-divertida y Mamá, un novio que vive en casa, hace de comer. La vamos a buscar Mami al trabajo, cuando salimos a la vereda, dice: —Dame la mano, Indi.
   La primera vez que lo escuché, me puse feliz. Tengo dos Mamis, dos Papis, seis Abuelos, ocho Tíos y dieciséis Primos. Ojalá todos me regalaran plata, hay tantas cosas lindas para seis años.  

martes, 12 de marzo de 2019

¡VIVA LA VIDA, COÑO!



   —Cuidado cuando salís de tu casa y cuando entrás. Para estacionar y salís, cuidado. Hay minas que recién empiezan a manejar y como todas las minas, te llevan la puerta. No hagamos cuestión de género, hay hombres que ven doble, por tomar copas y te pasan encima. Hay que cuidar la sombrilla, la lona y las ojotas, cuando vas al mar. Hasta con tus hijos tenés que tener cuidado, les encanta drogarse en los boliches. A tu mujer vigilala, sobre todo si está buena y es sensible a los halagos. Cuidado si te divorciás, te dejan en pelotas. Visitá a tu vieja, que le robaron dos veces, tiene alarma, rejas, desea estar ausente cuando vayan los chorros. Cuidado, porque ella está sola, en la cama y los tipos le pueden hacer de todo. Eso lo dijo ella, que parece ansiar ser violada. Cuidado con la billetera, mirá que los chorros se la saben todas, mandan una tipa con buenas asentaderas y mientras vos la mirás, te afanan el ochenta por ciento de tu vida, que es la billetera. Cuando te sientes a tomar un café, cuidado con tus amigos, que ruegan que les prestes guita. Deciles que volvés del Banco donde pagaste todas tus cuentas. No te joden más. Ni te saludan porque vislumbran otro amigo en la mesa del fondo.
   —Bueno, loco, pará con cuidarte tanto, me pudre pasar la vida con cuidado.
   —Mirá que te advertí, vos no quisiste escuchar, yo te desvalijé la casa. Me llevé tu mujer, que dio un sí inmediato.
   El boludo piensa que me perjudicó. Ahora no tengo que limpiar nada, ni soportar los gritos indecentes de mi jermu. Los chicos son drogones, yo me prendo y comparto. Cumpliré mi sueño, dejar de tener cuidado. ¡Viva la Vida, coño!  

lunes, 11 de marzo de 2019

QUÉ TUL?



   —Roldán, quiero el Expediente Sorti contra Morales.
   —No hay más Expedientes, todo se pasa a Internet.
   —Roldán, se está subestimando nuestra tarea, el papel escrito da seguridad a la investigación y los resultados o búsquedas.
   —Dr, permita que lo contradiga, la inmediatez de los sistemas tecnológicos, hace que cualquier resolución, interdictos, postergaciones, lo solicite en su computadora, que no está exenta de un mentiroso: “no hay señal”, pero finalmente Ud encuentra lo que busca. No tiene que esperar tres meses para una respuesta somera, pueden faltar papeles húmedos, pegados.
   —Momento, Roldán, me jubilo dentro de tres meses, Sorti contra Morales fue un caso complicado. Mis contactos, hombres de bien, que ya no quedan, los descubrieron en el toilette de las damas corruptas, por fin encarceladas, los expedientes que solicito se encontraban en un pilón deshecho, dentro de un inodoro. Los fui a buscar en persona, con el Ordenanza, para que metiera mano y los sacara. No había nada.
   —Tengo un buen argumento, todo el papelerío, fue incendiado y la gente de manos sucias, ha hecho desaparecer, aquello que comprometiera su mal nombre y olor. Dr, créame, es así.
   —¿Sabe qué pasa, Roldán?, Sorti y Morales depusieron su enemistad, manejaban fortunas incalculables. Ambos murieron en un desgraciado accidente, ninguno tiene parientes. Yo le propongo, Roldán, que vayamos haciendo un trabajo detectivesco, imagino dónde se encuentra esa fortuna y soy de imaginar bien. Si Ud me ayuda, vamos fifty fifty.
   —Cómo negarme, Dr, he estado toda la vida a sus servicios, incluso puedo hacerlo solo.
   —Ud sabe, Roldán? Siempre aprecié su obediencia debida, pero para estar seguros del punto final, hagámoslo de a dos.

domingo, 10 de marzo de 2019

EL ARTE DE COMBINAR



   Tenían dos camas juntas, el primer tiempo dormían cucharita en una sola. El segundo tiempo, uno en cada cama. El tercer tiempo, pusieron mesa de luz al medio. Cholo abría la ventana del dormitorio: —Está nublado, hoy llueve.
   Y Alba contestaba: —Si llueve falto al laburo.
   Él desayunaba en la mesada, ella de espaldas, en la mesa. Escucharon los truenos. —Se largó con todo, hoy no trabajo ni mamado.
    Alba se desperezó, luego de múltiples bostezos se metió en la cama y puso una película. Cholo pasó al baño mirando la pantalla: —Esta peli la viste tres veces.
    Por suerte tenían dos teles, él se fue al escritorio a ver películas mudas. A las 13, Alba pidió catering: pizza a los cuatro quesos. 13.30 Cholo sintió hambre, fue a la cocina a ver si Alba había dejado algo y no. Pidió un catering: milanesa con ensalada.
   A las 15 Alba se duchó y sus ropas nuevas salieron a la calle, no dijo dónde iba ni hasta luego. Cholo entró al baño, puteando, porque ella no secó nada. Se vistió con esmero y agregó perfume, nunca hacía eso. Fue la primera vez que Alba se encontró con un amante a estrenar.
   Caminó por un boulevard, compró flores, Cholo tenía las llaves, pasó casi un año que andaban con horarios alternados. Coger con otro, es el arte de combinar los horarios.
   Cholo y Alba llegaron al mutismo diario, ni el servicio meteorológico los unía. Dormían en cuartos separados, Cholo roncaba y Alba mandó a hacer doble puerta. Hubo una reunión de amigos reencontrados. Alba se sentó al lado de una mina joven y pizpireta, entre plato y plato cambiaba el peinado, con rodete, suelto, una trenza.
   —¿Sabés por qué hago esto?
   Recién la conocía: —Ni idea, contame.
   Fue al baño a renovar su rouge: —Disculpá, pero quiero sorprenderlo, me pidió que cambiara mi peinado a cada rato, le re-gusta que haga cualquiera con mi cuerpo.
   Habló despacio, pero señalando con el dedo: 
—¿Ves ese tipo, el de la corbata roja? Es ése, ¿no es buenmocísimo?
   Alba moría de odio, pero no quiso escándalo público. Se acercó a su amante y le dijo que lo esperaba en el baño, él se enganchó.
   —Cómo en las películas, decís vos?
   Alba cerró con traba. Él salió primero. Alba arregló su maquillaje y enderezó su ropa.
   Volvieron juntos, en el auto no hablaron, habían tomado todo, fumado todo, jalado todo. Cholo perdió el control del auto y se incrustaron en un árbol.
   La vida de ellos terminó como empezó, juntos…

sábado, 9 de marzo de 2019

YO TENGO, TONTITO



   No debe haber idiotez más grande que poner a hervir una pava con agua y quedarse al lado con la mirada perdida, colgarnos de la nada de quitar la tapita para ver si ya está. Uno puede hacer otra cosa en el mientras tanto, surge un inconveniente, Ud va a hacer pis, vuelve y la pava ya hirvió. Está apagada, el agua rebalsó y apagó la hornalla, dejando un olor a gas estupefaciente.
   Prepara el mate, lo toma bajo la parra, el olor a gas expulsó hasta las moscas. Toma el primero y se quema el interior de la boca, la lengua es una brasa. Llama a la oficina para pedir el día. Justo hoy que visitaba a su reciente novia, por primera vez. Se presenta más temprano de lo que ella esperaba, o desesperaba, ni cierra la puerta, le da un beso garganta profunda, le muerde la lengua, él casi se traga la de ella que está fresca. Ese beso desmedido es una invitación para seguir con lo demás. Piensa la novia. Él la toma de los hombros y la sacude, la empuja contra la pared.
   Sube al ascensor la puerta de abajo no abre, la llama por celular y le dice que está cerrado. Ella baja con ruido de llaves. —¿Por qué tanto apuro, mi amor? Olvidaste comprar forros y yo tengo, tontito.
   Ni sabe lo que hizo, sus dientes feroces, mordieron la boca ampollada, el agua que contenían salía hirviendo, como el mate y ella masticaba las pielcitas, cual si fueran chicle. La tomó de la remera y la metió en el ascensor, la veía doble, o cuádruple, porque había un espejo, cuando llegaron, bajó él primero, le agarró las crenchas cerró el ascensor, le dejó la cabeza afuera y el cuerpo adentro. Llamaron de otro piso, escuchó una voz desconocida que gritaba:
   —¡Hay un cuerpo sin cabeza!
   Él bajó por la escalera, las llaves estaban en su bolsillo, un regalo que le dejó la putita. Cruzó al Bar de enfrente, tomó veinticinco gaseosas con hielo y siguió pidiendo.

viernes, 8 de marzo de 2019

PATER NOSTER



   Las abandonaron en la puerta de un Convento. La Madre Superiora decidió llamarlas Martirio y Jesusa. Ella consiguió Nanas para alimentarlas con leche materna. Más tarde las mandaba al Asilo de enfrente, para que hicieran el Colegio Primario.
   Pero esta buenaventura tenía un reverso. Martirio y Jesusa, eran llamadas a las cinco de la mañana con una taza de mate cocido y una galleta dura. La Madre Superiora, que era una santa, había fallecido. Las chicas limpiaban el piso de todo el Convento, de rodillas y sin dejar mácula.
   Todas las sábanas eran lavadas por Jesusa y Martirio, después de las coladas las tendían al sol, en filas interminables. 8.30 cruzaban al Asilo. Eran inteligentes y tenían diez en todas las materias. Muchas veces no se las consideraba por ser huérfanas. Estaban obligadas a asistir a misa. Trataban de retirarse antes, porque curas y monaguillos las tocaban.
   —Están creciendo las guachas.-Decía el cura más viejo-.
   —Algún día, cuando las monjas duerman profundo, tenemos que aprovechar.-Calculaba un cura nuevo- Son lindas, limpias y tiernas. Si les nombramos el castigo de Dios, ante sus seguras negativas, aceptarán cualquier cosa.
   Las monjas del Convento y las del Asilo, hacían de cuenta que las niñas no existían. Sus notas nadie las miraba, ni las elogiaban. Jesusa y Martirio, sabían de los curas abusivos y presentían lo peor.
   Jesusa decía: —Nadie nos va a salvar.
   Martirio callaba y trataba de pensar cuál sería la mejor salida. Jesusa era devota de San Jorge y el Dragón, miraba la escultura y la espada que brillaba cuando daba el sol.
   Antes del amanecer se escucharon pasos entre pastos y mosaicos, entraron dos encapuchados. Las dos tiritaban de miedo. —Apretá los dientes, Jesusa y cerrá los ojos, esto lo arreglo yo, ya verás.
   Cuando los pecadores se abalanzaron sobre ambas, Martirio tenía la espada de San Jorge y los atravesó a los dos de lado a lado.
   La monja que las despertaba para la limpieza, preguntó qué había sucedido y Martirio contestó: 
—No se asuste, Hermana, fue la mano de Dios, las dos lo escuchamos decir: “Ésta es la sangre de Cristo…”

jueves, 7 de marzo de 2019

SE TRABAN



   El señor Watson, ocupaba un cargo de alta jerarquía en la sucursal principal de Western Union. Salió de su casa temprano, trabajaba tiempo completo, como sus subalternos. Llegó en un Cooper negro, lustrado al espejo perdido. Supervisó documentos para su reunión agendada, a mitad de mañana.
   Era concentrado y autoexigente, el Sr Watson. Circulaba pensando cómo desarrollaría él su tema, sin el recurso de mirar los documentos, la mirada firme, la columna erguida y las manos sobre la mesa. Ese gesto daba sensación de confiable. Doblando en una esquina, se distrajo y el Cooper le dio un golpe seco y fuerte a una moto, que conducía una chica de mensajería, de unos dieciocho años.
   El Sr Watson no se detuvo, por el contrario, aceleró para llegar puntual a la reunión. Dejó el auto en el último piso del building. Tomó el ascensor, se miró en el espejo, estaba blanco transparente y le temblaban las manos y las piernas, se le deslizaron papeles al piso. Trabó el ascensor, buscó la píldora para estados paranoicosos, la tomó sin agua, se atildó, hizo tres respiraciones profundas y bajó del ascensor. Alguien que esperaba dijo: —Este ascensor se traba a cada rato, ¿Nadie lo arregla?
   El Sr Watson se mordió el labio inferior para darle la razón al comentario sobre el ascensor. Dentro del recinto dio el saludo de rigor, todos lo miraban estilo “Tiene la palabra”. El Sr Watson hizo una exposición tan impecable y promisoria, que más que una intervención, fue una conferencia. Hubo sonrisas beneplácitas y palmadas de felicitación. Se despidió con rapidez, adujo tener otra reunión en breve. Esta vez usó la escalera, no fue a buscar el auto. Tomó un Uber hasta su casa. Era invierno y estaba empapado, de pies a cabeza. Tomó un baño de inmersión para estabilizarse.
   Salió en televisión, diarios, revistas, todos los medios de comunicación informaron como noticia principal del día, que una joven falleció luego de ser embestida por un auto veloz, nadie alcanzó a ver, hubo un testigo que dijo que era de alta gama, pero no dio tiempo a ver ni de qué color se trataba. El cuerpo de la joven, Sara Genoveva Virtual, sufrió una hemorragia terminal. El Sr Watson salió temblando de la bañadera. Se puso su bata inglesa, tomó asiento en el living.
   A las dos horas tocaron el timbre, eran tres Policías Federales, lo saludaron con cara de verdugos. —Sres policías, no fue mi culpa, la moto se me tiró encima, no atiné a nada, es más me pareció tan sólo un roce, por eso seguí, tenía una reunión más que importante.
   —Nosotros veníamos para anoticiarle que pasó dos semáforos en rojo y olvidó su auto en el building de Balcarce. Bueno, como Ud lo ha dicho, fue el autor del femicidio, deberá acompañarnos. Oficial, puede ponerle las esposas.  

miércoles, 6 de marzo de 2019

UN MAESTRO CASUAL



   Buenos Aires era más grande de lo que pensé. En mi edificio no existía el saludo, ni el “pase Ud primero”.
   El Encargado estudiaba Medicina y no socorría a nadie: —Tiene que ir a la Inmboliaria, yo rindo hoy.
   Lo viví como un ejemplo de primero yo. Fui a una Editorial, de un viejo solitario que pasaba el tiempo leyendo, y sabía tanto que abrumaba. No usaba lentes, se notaba su genio antividrio. Ni me miró.
   —Trae algo para que sea impreso?  La ambición asfixia. Deje lo que trajo, sobre esa pila. Lo leeré cuando termine con los otros, si en las primeras dos páginas despierta mi asombro, la llamo. Deje el nro. de celular. Y lea, la persona que no lee, no tiene palabras. En esa mesa hay cosas interesantes, llévese lo que quiera, no le cobro nada. Ud tiene cara de honrada.
   Arribé a mi edificio y se despertaron mis manos para enriquecer aquel texto.
   —Desciende de irlandeses, me di cuenta, me llama el segundo día de su visita, está ansiosa. Relájese, mujer, ya le di una hojeada a su texto, es interesante pero sus personajes no hablan con verdad. Deje su caballo suelto, de él aprenderá el ritmo y vuelque su alegría joven. Principia con esperanza y misterio. No se lee el misterio. Modifique esa parte, lo sensible ante todo. Piensa que son dos viejos que se aman, de toda la vida. ¡No! Nadie ama para siempre y si es así se pierden de muchas cosas. El principio es perfecto, se va quebrando de a poco y muere antes del fin. Le doy un consejo, lea todo lo que pueda y deje que las palabras decanten. Escriba sin prisa. Nadie la corre. Construya temas diferentes, nada de melodramas, ni situaciones obvias. Dos años serán suficientes, para doce cuentos. Ud necesita de mí y yo de Ud, no llene su cabeza con que me voy a morir antes, o que le pasará lo mismo. Quiero leer algo asombroso, si no sale ahora, tome el laxante de ponerse las pilas…como hacemos todos.

martes, 5 de marzo de 2019

VOYERISTAS


        
   Olvidé qué píldoras eran por la mañana, una la de vivir, otra era una masa en la nuca, había algo convertido en veneno, por si decidía morir dormido. Corté por lo insano, todos dicen que estoy loco y como seguía sin recordar, tomé una de cada una, menos la de dormir para morir. La locura potenciaba mi inteligencia y tenía una visión planisférica del desastre humano. La moral agonizaba. Una pareja practicaba su primer sexo. No tenían casa propia y fueron a vivir con sus Padres. Las habitaciones tenían una separación de espejos. Al otro lado del espejo, era vidrio transparente, los viejos asistían a las prácticas sexuales de su hija e invitaron a los Padres de su yerno. Temblaban de espanto y comenzaron a vender entradas para los parientes secundarios, tíos, abuelos, primos, mayores de dieciocho años y al Personal de Servicio, a cambio de no pagarles sus sueldos. Éstos últimos llevaron a sus niños, vivían en la misma pieza, los chicos ya estaban al tanto de todo.
   —Nosotros no hacíamos esas cosas, la primera noche de bodas, yo tenía un camisón con un agujerito por delante y mi marido también, un camisón con agujerito y gorro de dormir, mi camisón tenía otro agujerito atrás, mi Madre aconsejó no usarlo, porque me haría ver las estrellas…-Testimonió la Abuela con horror-.
   Luego dijeron los Padres: —Nosotros sí éramos nudistas en ese momento, pero yo iba abajo, mi marido encima. Él hacía dos o tres pulsiones y terminaba, siempre me quedé con ganas de algo más, él se dormía de inmediato y yo pensaba que debía ser así. Hace años que ya no…ni sé cuántos.
   Un tío viejo relató que le gustaba rasgar las ropas de su mujer, era un hombre grande cuando se casó, luego de ver a su mujer desnuda, olvidó qué debía hacer y le gritaba que no fuera descarada y se vistiera. Mientras, los chicos parecían equilibristas del Cirque du Soleil, giraban levitando, confundían los orificios del cuerpo y todo les complacía. Los espectadores se dormían y los novios seguían sus prácticas exóticas.
   Los únicos que permanecían despiertos eran los hijos del Personal de Servicio. Masturbación colectiva de los niños, bajo las frazadas.

lunes, 4 de marzo de 2019

AGARRATE



   Salgo del Banco con mi jubilación, decido hacerme un regalo, entro a un negocio, viene la que atiende.
   —Deme lo que quiera, total si pregunto por esos zapatos, dice que no son mi medida, miro un vestido y me informa que está vendido.-Lo tiene en la vidriera, para cazar giles como yo. Termino por aceptar esta perversa realidad.- Bueno, deme lo que quiera.
   Pone cara de pensar, se decide: un batón de vieja con tierra y dos botones faltantes.
   —Buéh, lo llevo.
   Cuando estaba por pagar y ella miraba mis manos con codicia:
   —¿Sabe qué Srta vendedora? Ud me vende lo que se le cante, yo no le pago un carajo. El batón se lo llevo a mi mejor amiga, que tiene un mal gusto que agarrate.
   —Sra, tranquilícese, Ud pertenece a otra generación.
   —Sí, y vos pertenecés a esta degeneración.
   Justo que me voy me cruzo con mi amiga “Mal gusto” y le regalo el batón recién no comprado. 
—Esperame un momentito.
   Volvió hecha unas pascuas, se lo vendió a quinientos pesos, le hizo el verso que la confección era inglesa y lo llevaron tres generaciones. La vieja se hizo pis de emoción.
   —Ahora te invito a comer, te dan una porción de pizza, dos galletitas y un vaso de agua para las dos. ¿No es una pichincha?
   Antes de no comer nada, la acompañé. Nos atendió la dueña del negocio del batón, con el batón puesto, los dos negocios le pertenecían. Pedimos huevos fritos con papas fritas y flan casero.
   Nos fuimos sin pagar, tenía muchas mesas que atender, ni cuenta que se dio, degenerada.

domingo, 3 de marzo de 2019

DESCONOCIDOS



   El Subte-tren, cuyos asientos estaban enfrentados, tenían dos características, o sentirse llevado hacia atrás, que a Trosna le daba náuseas, o el asiento que transcurre todo el viaje mirando el paisaje hacia adelante, a Balto le interesaba la Señorita Trosna, su gesto de desprecio hacia un pasado reciente. Él miraba el perfil de la amargura de Trosna, imaginó que antes de subir al transporte había matado a su marido. Tan blanca, la postura del culpable que no se perdona.
   Balto era un profundo inquisidor de las posturas y los gestos. Pasaba por alto que la mujer tendría una indisposición por tomar un té abundante y al ser llevada hacia atrás, la ingesta se pegó a su espalda y la digestión le dio náuseas.
   Por tanto era inocente del crimen de su marido, el irrefrenable deseo de comer todo lo que en la mesa estaba. Sonaron las campanadas de la Iglesia y con la boca llena llegó al Subte-tren. Balto se reía solo, de la invención. Esa mujercita, con esa cara angelada, no podría matar una persona. Quedó vacío el asiento de al lado, Trosna cambió su lugar y se sentó al lado de Balto. De inmediato abrió la ventanilla y el viento le dio color a sus mejillas, le despeinó el pelo y los ojos se achinaron. Pidió disculpas a Balto: —Sabe qué pasa?, tomar el asiento que el paisaje va hacia atrás, me marea. Estoy embarazada. Mi marido es un hombre viejo, si se entera que viajé sola en el Subte-tren, me mata. No quiere que hable con desconocidos. Es una persona mala, golpeador y mafioso. Hice una salida para comprar este revólver. -Abrió la cartera y se lo mostró-. Cuando vuelva a casa, en el abrazo con púas que me va a dar, le meto cuatro balazos en la espalda, no quiero que mi hijo tenga ese Padre, aunque el verdadero Padre, es el hijo del viejo.

sábado, 2 de marzo de 2019

LA DEVOLUCIÓN



   —Es el primer jazmín que salió, te lo traje en un frasquito con agua, si querés apóyalo en el escritorio, si no ponelo en tu rodete. Te invito a comer a las 21hs, si veo el jazmín en tu pelo, es que aceptás. Nada de cambiarnos, vamos como estemos. Así notarás que no es una redada para otra cosa, que no sea charlar.
   —Por eso acepto, no me gusta hacerlo con hombres casados y vos sos casado.
   —Bueno, Acacia, es una salida inocente.
   —Tu mujer dijo que sos un hombre sin mácula, fiel hasta el fin, espero no manchar con rouge tu camisa, es una broma, ja, ja!
   La maldita llama a todas mis Secretarias, se hace la amiga y si se entera de algo, me lo dice con soberbia. Debo despedirlas. Me da tanta pena, ellas aceptaban, por temor a perder su puesto. Soy un cretino, no me lo perdono. Con Acacia fue distinto, me enamoré como un pendejo, nunca tuvimos sexo. La maldita de mi mujer, no creyó mi historia.
   Estaba en mi computadora y un repentino mensaje: “Su mujer, Rosa María, salió con todos los hombres que eran de su agrado, y no para jugar a las figuritas. Le paso por celular los mensajes de su mujer, hay llamadas perdidas, todas tienen respuesta.”
      A él se le nublaron los ojos, los años juntos… El dueto ignorado. Los perdones falaces.
   Salió de la Oficina, dejó el sombrero, las carpetas, el sobretodo, caminaba sonámbulo, la memoria se le perdía a cada paso. No percibió el sonido del tránsito, el peso de las ruedas pasaba por su cuerpo. Sintió alivio.

viernes, 1 de marzo de 2019

TRAMPOLANDIA



   Admiro EEUU, con esos edificios que tocan el cielo, cuando querés comprar un departamento no te preguntan qué número: — ¿Dónde lo quiere, abajo de las nubes, mitad, arriba de todas, el piso con piscina privada? y hasta puede saludar a sus finados que viven en el cielo.
   Están los biulding, donde al cumplir los 40, lo dan de baja y no  paga ninguna cuenta que adeude. Desde el Gobierno Trumpiano, le darán un trabajo en algún subsuelo. Prenderá y apagará las luces, controlará la calefacción. Si Ud se pone viejo, lo sacan a la calle y el Ejército de Salvación le otorga una cama con liendres y sopa de cucarachas, se acostumbra y le parecerán hasta saludables.
   Si cumplió 25 años y desea contribuir con la patria grande, se anota en la lucha contra Kuwait y si resulta buen tirador, lo mandan a Irak. Le pagan, pero es difícil que lo dejen retornar. La comida es cuatro estrellas, le dan una hora, se llena la panza. Recuerda al enemigo con las tripas afuera y vomita.
   Tiene la suerte de encontrar una mina muy joven, cuya juventud se debe a infinitas operaciones, la mina le dice que tiene 23 y Ud se lo cree. Mira por el balcón-patio, con vista al Central Park y piensa que New York, tiene campo.
   Ella trabaja casi todos los días, menos los domingos. Ud se aburre y se sienta en un banco de la plaza. Le empieza con un inglés chapucero y le pregunta: —¿Cómo hago para llegar a Brooklyn?
   — ¡Oh! Very cool, podemos hablar español, soy latino cruza con negro, aquí me despreciaban, hasta que encontré un sótano y toqué el saxo, mis notas se casaban con el humo, a partir de ahí vivo en New York como un bacán, conseguí un piso frente al Central Park, es de una mina que le pagan muy bien por obtener sexo. Lo único molesto es que de noche pide que me vaya, de día es toda mía, vive con otro tipo que toca el saxo mejor de lo que la mina hace sexo. Los domingos son para él. La vida es una casualidad, los dos tocamos el saxo, en el mismo lugar. Le podemos proponer a la mina, dormir los tres juntos, ella no pedirá nada, el trabajo la deja mortadela. ¿Sabés cuántos años tiene?
   —A mí me dijo 23.
   —Tiene 73, te das cuenta por las flatulencias, provienen de un ano dilatado de muchos años. No hay que quitarle méritos. En la cama es una Diosa, te hace olvidar los pedos.

jueves, 28 de febrero de 2019

NEGOCIA Y CASTIGA



   —Escribí polenta, poné carne a la parrilla.
   Es como pretender mar azul en Las Toninas, agua marrón, gordas gritonas… —Nunca me gustó la polenta y la carne tampoco. Tirame alguna idea.
   Qué va a tirar éste, ¿un estímulo?, si tiene tres neuronas es demasiado.
   —Vení flaco, mirá por la ventana, ¿qué ves?
   Me dan ganas de preguntarle: Veo veo ¿qué ves?
   —Hay un árbol y abajo un hombre apoyado con una mano, con la otra se busca el pito. Su proyecto está a la vista, hace pis. Una mujer lo llama, tiene un sólo zapato, el otro casi no se ve, pero está, lejos. Hay un policía que la llama desde un balcón, o es el amante, o el marido, trabaja en la policía, lo lleva en la cara y le dice con una voz que se traga el viento: “Vení, no lo vayas buscar, está loco, hace pis en la calle, vos que amás los árboles, está meando uno.” Ella corre con desesperación y lo alcanza, se dan un abrazo como el primer abrazo. Suben a la camioneta a buscar un mar azul y tibio.
   —¿Y después?
   ¿Qué quiere que le diga el mandril? —Ya está, ahí lo tenés, es el cuento corto que me pediste, dame un adelanto, en casa lo único que hay para comer es polenta.

miércoles, 27 de febrero de 2019

CAUSA Y EFECTO



   —…Ya estás?
   —Me fumo un pucho y vengo.
   Ella había largado y el olor a cigarrillo le molestaba. Siempre afirmaba que si dejaba de fumar no le importaría que otros lo hicieran. Sucedió lo contrario, recuperó el olfato que anula la nicotina y le molestaba el olor de la leña para un asado, el olor del escape de los autos, el olor de las bocas de tormenta y otros, como el pelo sucio, el perfume vencido, los perfumes en general. Ni hablar del olor a frito o a pescado viejo. Pasaba mucho tiempo haciendo comidas, únicamente vegetarianas, semillas de lino, sésamo…y amapola. Él era carnívoro, cafetero, fumador y mujeriego. Se divorciaron de común acuerdo, debió ser lo único que sus vidas tuvieron en común.
   Sus amigas le hicieron una fiesta, para despedir el año del fracaso. Se enteró que la consideraban La Reina del Fracaso. Le iban a entregar una estatuilla. Alquilaron un Hotel en Venezuela. La alfombra para la entrega del “Maduro”, era verde.
   Había fotógrafos y periodistas que ansiaban sus palabras, para plasmarlas y grabarlas en la Historia del Disparate. A ella se lo soplaron. Dijo a sus más allegados que no asistiría y una fuerza nacida de la debilidad, la hizo aterrizar en Maduro, con una máquina de moler personas. Fue molido hasta quedar baldosa hundida.
   Siguió con su Justicia Argentina y en la sesión semanal de botox de la Ex Presi-k, la pinchó con agujas para caballos, la infló más y más y más, hasta que explotó. Se dieron cuenta porque el cielo se llenó de dólares.
   A Marqui le compró un vestido de mujer, blanco, con plumas de ganso. Ella misma lo vistió y lo mandó en un Uber hasta la alfombra verde, él fruncía el ceño, para que todos creyeran, que era un Presidente en serio.

martes, 26 de febrero de 2019

NO HABRÁ PECADO



   Hermanos pegados, Remedios y Pedro, primero la Madre dijo a todos que eran muy unidos. La Madre de Remedios se encargaba de bañarlos. Todo comenzó cuando se irritó la piel que iba al lado de su hermano, le ponían talco, pero la piel se le abría punto hilván y cada tanto se lastimaba y no cicatrizaba. El Médico diagnosticó: Cicatrización lenta, muy raro a su edad. A Pedro lo bañaba su Padre y sucedió lo mismo que a su hermana, pero del otro lado.
   En la Clínica les dijeron que los mandaran a Estadosunidos, era un trabajo que los Médicos de allá lo resolverían. Primero se pusieron contentos, hasta que la Mutual les informó que podían pagar la intervención, pero no la estadía, de modo que los niños sólo podían retornar en un asiento individual para ambos, sin pos operatorio y sin atención médica, viajaron.
   Le tenían terror al avión y se apretaban uno contra el otro, en los pozos de aire parecían un bulto con dos cabezas. Los Padres los recibieron y fueron llevados a la casa. Les quedó el trauma de todo lo que sufrieron y no querían separarse ni para dormir. Los Padres les cedieron su cama matrimonial.
   Cicatrizaron muy extraño, las pieles de ambos se unieron, Remedios y Pedro eran felices. Los bañaban juntos en un recipiente de dos plazas, no sentían vergüenza por sus partes pudendas, la costumbre de estar pegados.
   Cuando se desarrollaron, Remedios se enamoró de un chico y Pedro de una chica. Fueron muy comprensivos y encubicularon como pudieron, un acto acrobático donde el chico de Remedios y la chica de Pedro, se enamoraron y batieron la retirada.
   Tuvieron parejas de toda índole, pero terminaban igual, el chico y la chica se gustaban y piantaban. Remedios y Pedro, sin pensarlo, empezaron a tener sexo entre ellos, se convirtieron en incestuocidas y tomaron las precauciones para que Remedios, no quedara unpregnant.
   Pero quedó. Por suerte fue hijo único y le enorgullecía que sus Padres eran tan unidos, que no se separaban ni para ir al baño. Sólo Pedro y Remedios sabían, lo mantuvieron en secreto para siempre. Los Padres lamentaron mucho que Remedios fuera Madre soltera, pero a la llegada del niño, decían que fue un regalo del cielo.

lunes, 25 de febrero de 2019

HAY POR DÓNDE...



   —¿Dijeron que sí?
   Les voy a decir la verdad: —Sí, pero dos lados del canal, hasta el fondo de la reja y después volver.
   —¿Y por qué primero nos aceptan y después nos echan?
   —Nos usan, les hacemos el trabajo gratis, para volver con los demás que son los que están demás. Nos fuimos para no morir y nos traen para matarnos.
   —¿Y dónde está la democracia?
   —La Democracia está en los libros.
   Inés trajo mate y tortas fritas. Es una mujer con esperanzas, su alegría es tonta. El viejo loco y andrajoso sube a una mesa: —Soy loco, pero no estúpido, siempre hubo que esperar, para encontrar, trabajo, en el Banco, en la Caja del Súper, en el Colegio, en el Hospital…
   —Bajate, loco, que ahora sigo yo, debemos ser lúcidos. Lo que nos pasa tiene un lado bueno, no tenemos que esperar más y al otro lado no hay nada.
   —Es mi turno, soy el loco tres y no preciso mesa. Mido dos metros, tengo una vanidad infinita, mi consejo es dejar los discursos para otro momento.
   Apareció un Enfermero del loquero: —Yo no entiendo nada, pero la reja está abierta. Pueden pasar despacio, sin avalanchas. Les agradezco, volveré con Inés que tiene mate y tortas fritas, Uds me estaban volviendo loco. El último, que cierre la reja.

domingo, 24 de febrero de 2019

CAMINOS



   Su techo era el cielo, su cama el pasto, su refugio los árboles, para las deposiciones tenía letrinas abandonadas, conocía las direcciones. Sus baños predilectos eran las lluvias del verano y en el invierno aguas termales que descubrió andando la tierra, libre de personas. Para Adán, el animal más peligroso del mundo era el hombre.
   Frecuentaba basurales a cielo abierto, para encontrar ropa, cubrirse y poder entrar a la ciudad a mirar cómo crecían los edificios y desaparecían plazas y árboles. Esquinas sin ochavas, quedaba una, fue un Almacén de Ramos Generales. Su Padre, Dionisio, lo llevaba de chico a tomar media copita de grapa. Cuando murieron los dueños del Almacén, más tarde su Padre, Dionisio. Quedó la hija de los dueños, Violeta. Para descansar de la Naturaleza, Adán propuso a Violeta, realizar una instalación en el Almacén con pedazos de requechos citadinos, azulejos antiguos, dinteles encontrados en baldíos, pedazos de balcones con botellones. Les llevó cuatro años, pero era la casa más exótica que podían ver los pocos que gustaban pataperrear. Cuando aparecieron turistas a sacar fotos o filmar la casa, solicitarla para escenas de películas, Adán daba consuelo a Violeta, que lloraba y decía: —Es como si violaran la casa de mis Padres, nuestro trabajo, el increíble resultado, no entienden nada, renuncio, Adán. Vos tomá tu propia decisión, yo me voy.
   —Violeta, conozco lugares donde te prometo el mundo real y mágico de la Naturaleza, libre del despreciable ser humano.
   Atravesaron la ciudad caminando y dando los adioses al lugar del maltrato. Violeta no podía creer que Adán conociera lugares tan bellos y adaptaciones que le fue enseñando.
   —Violeta, nos une estar juntos y compartir, pero no mezclar, tal vez te resulte extraño, pero no quisiera que encuentres un árbol de manzanas, tomes la más brillante y me convides, así se pudre todo.
   A Violeta le pareció raro el pedido y más tarde lo olvidó. Un día, de algún mes, encontró una manzana tan perfecta que le dio un mordisco, era blanda como una nube húmeda de dulzura. Se acercó  Adán y ella lo convidó. Aparecieron los convites del cuerpo, los confites de la boda, el traslado a la ciudad, el nacimiento de dos hijos, las peleas, el divorcio y el rencor.
   —Es por eso que la manzana, se come, pero no es conveniente convidar un cacho.

sábado, 23 de febrero de 2019

LAS COSAS ES ASÍ



   —Vengan los cinco, de mayor a menor.
   —Adolfo, se portaron muy bien, ¿te parece?, todavía no dejaste el uniforme, pensá lo que hacés. Sufren los chicos.
   Adolfo pasaba por cada uno y le daba una bofetada. Empezaba por la más intensa al más grande y su mano se iba suavizando hasta la panza de Genoveva.
   —Y a éste no le doy la bofetada, porque todavía no nació, cuando nazca, ya veremos.
   Trabajaba en el Ejército, allí suprimía la bofetada, por el grito de milico liero. Los fines de semana dejaba el uniforme en la tintorería china y suprimía las bofetadas. Jugaba con los chicos al football, al basket y con las chicas hacía shopping en el kiosco de la esquina.
   Genoveva limpiaba el caserón, escuchando las risas de los niños, jugaban con la manguera hasta que el barro venía perfecto, para las carreras del resbalón. A las doce de la noche del domingo, iba mutando lento, sin beso de despedida para ninguno. Su vida era un GPS cuya estructura espantaba al mundo.
   El único cuadro en toda la casa era un enorme óleo de Adolfo Hitler, del brazo de Marilyn Monroe, lo mandó a hacer con un amigo judío que no le cobró nada y Adolfo, en agradecimiento, le regaló cuatro cachorritos de dóberman. La única lectura permitida a la familia era “Mi Lucha”. Hizo que sus hijos aprendieran páginas de memoria.
   Genoveva no daba más con sus nueve meses de embarazo, estaba por llegar su marido y los chicos formaban la fila acostumbrada. Escucharon sus botas un dos, un dos. Mientras los niños hacían coro murmurando: “Apretando el paso, cerrando el culo”. En ese momento, Genoveva rompió bolsa.
   Antes de cachetear los chicos: —Adolfo llevame ya, porque voy a parir.
   —Un momento, acá nadie se me indisciplina, Genoveva, secá el piso, mientras abofeteo los chicos, que es lo que corresponde.
   Genoveva pidió una ambulancia, las contracciones le dieron vuelta la cabeza, trajo una ametralladora de la Segunda Guerra.
   —Adolfo, apoyate en la pared, los geranios del primer piso se soltaron y te van a aplastar la cabeza.
   Adolfo se incrustó en la pared, Genoveva, traía escondida la ametralladora, funcionaba perfecta, le disparó de arriba abajo y de derecha a izquierda, Adolfo seguía hablando semi muerto: —Que nazca varón y bautizalo Jorge Rafael.
   Vino el más grande, con una pistola, última generación y le disparó en la frente: —Callate puto.